Carlos M. Rodríguez

Apóstol Laico de Puerto Rico

 


 

 

 

16 A - 16 B
Caguas, Puerto Rico
19 de enero de 1950

Sr. José Álvarez Stéfani
Santurce, Puerto Rico

Estimado hermano e Cristo:

Ayer, día 18 de enero, nuestra Iglesia comenzó la anual SEMANA DE ORACIÓN por la unidad de la Iglesia, es decir, por la llegada del día feliz y glorioso en que todos los cristianos del mundo formen “un solo rebaño bajo un solo pastor” , según el deseo ardiente del mismo Cristo, y tal como lo declara San Juan en su Evangelio, Cap. X, vers. 16.

Tengo entendido que es usted uno de los muchos cristianos que anhelamos la llegada de ese día tan grato a nuestro divino Maestro y tan necesario a los cristianos. Por lo mismo le estoy enviando una copia de las oraciones que estamos ofreciendo por tal fin. Como usted podrá ver, algunas están tomadas directamente de la Sagrada Escritura, y las otras están compuestas en el mismo espíritu de la Escritura.

Sobre todo deseo aclararle que no es mi intención hacer una propaganda barata. ¡Lejos de mí tal móvil! Preferiría mejor no hacer nada, antes que tal cosa. El motivo genuino que me mueve es el deseo ferviente que debe tener todo cristiano de cooperar con todas sus fuerzas en acelerar el día ansiado por todos. Sólo me mueve la buena voluntad y una caridad sincera.

Cierto es, y muy triste, que no es posible una unión inmediata debido a las muchas diferencias doctrinales entre unos y otros. Pero la mayor traba, el obstáculo principal para la unión, a mi humilde entender, es la falta de comprensión mutua que generalmente existe entre los cristianos. Yo estoy completamente seguro que hay muchos puntos doctrinales en que todos estamos de acuerdo, y sin embargo, no lo sabemos debido a las palabras que usamos para expresar tales puntos. Cada grupo da con mucha frecuencia distinto sentido y distinta carga al mismo vocablo. Ya Don Pedro Salinas, en su discurso APRECIO Y DEFENSA DEL LENGUAJE, pronunciado en ocasión de la cuadragésima colación de grados de la Universidad de Puerto Rico, celebrada el día 24 de mayo de 1944, nos ha llamado la atención a las dificultades creadas por el modo o el vocabulario que usamos para expresar nuestras ideas. Sin embargo, ya que no es posible al presente una unión perfecta, tal como lo desea Cristo, según le expresó en la Cena diciendo: “Que todos sean una misma cosa y como Tú ¡oh Padre están en Mí y yo en Ti, así sean ellos una misma cosa en Nosotros...” (Juan XVII, 21), a lo menos podemos unirnos por medio de la oración mutua, los sinceros deseos, y sobre todo por la caridad.

¡Quiera Dios que pronto llegue la aurora de ese día ansiado!

Con la seguridad de que verá usted mis mejores deseos y buena voluntad al enviarle el panfletito adjunto, y con el anhelo ferviente de que el mismo sirva para aumentar nuestro amor a Cristo,

Alfa y Omega, principio y fin de todas las cosas, y aumentar nuestro mutuo amor y caridad, quedo de usted

Su seguro servidor en Cristo,



Carlos M. Rodríguez
 

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21 A - 21 B

30 de agosto de 1951


Muy apreciado Pablo:

Hace varios días estoy por hablar contigo y no me ha sido posible. Viendo que últimamente estás muy ocupado y teniendo entendido que muy pronto saldrás para los Estados Unidos, he decidido hacerlo por escrito. Así te enteras a tu mayor conveniencia y sin que yo te tome un poco de tiempo que con toda seguridad necesitas para otros asuntos.

Antes que nada, espero seas comprensivo y veas mi buena voluntad, pues lo hago con mi mejor intención. En cierto sentido preferiría no decirte nada - sería lo mas fácil para mí-pero creo sinceramente que mi lealtad para contigo como amigo y aún como empleado tuyo me obliga a ello.

He leído en El Mundo del día 27 una información sobre el nuevo libro del Dr. Emilio Cofresí - Realidad Poblacional de Puerto Rico - en el cual él aboga por un amplio programa de instrucción, fomento y práctica de los inmorales métodos contraconceptivos. Llega a pedir que se use hasta la escuela para tales prédicas. Insiste en que las prácticas contraconceptivas son el medio esencial y sin el cual sería imposible solucionar nuestro problema poblacional.

Quizás la obra sea excelente en otros aspectos, pero me ha sorprendido grandemente que tú, que eres un buen católico, no hayas tenido para ella nada más que frases de elogio y promesas de laborar por la difusión de la misma, dándole un respaldo incondicional sin la más mínima señal de protesta, disgusto o desaprobación de la tesis de subida inmoralidad del doctor Cofresí: Estoy seguro que tú no puedes estar de acuerdo y mucho menos respaldar lo que pide en su obra el doctor Cofresí. Pues sería muy doloroso (y desgraciadamente es algo que sucede con mucha frecuencia) que aquellos buenos católicos en quienes tenemos puesta nuestra confianza y la esperanza de que precisamente por su posición o su preparación intelectual salgan en defensa de los principios católicos siempre que sea necesario, no sólo no lo hagan, sino que por una razón u otra lleguen hasta hacer causa común con el enemigo.

Pudiera ser que tú no hayas caído en la cuenta del tremendo alcance de esas prédicas y prácticas, de la suma objetividad de la Iglesia al oponerse a ellas y de las múltiples razones de peso que para ello tiene, así como de la enorme responsabilidad de aquellos que de un modo u otro las fomentan. Yo estoy seguro que bajo ningún concepto tú querrás cooperar en la desmoralización de nuestro pueblo o dar aliento a los que eso pretenden.

Tú, mejor que yo, sabes que existen muchos medios de solucionar el problema poblacional-que de ningún modo es el mayor que nos aqueja en la actualidad-sin tener que recurrir a métodos tan bajos y repugnantes. Claro está, para los irresponsables que no quieren tomarse el trabajo de buscar esos medios les resulta más fácil echar mano a las prácticas contraconceptivas y la esterilización, que viene a ser el medio menos inteligente de solucionar el problema. A la larga esas prédicas y prácticas resultarán en infinidad de problemas sociales, de moralidad, de salud y de rechazo en nuevos problemas económicos. Aún suponiendo algo que no es cierto, es decir, que las prácticas contraconceptivas y la esterilización fuesen el único medio de solucionar el problema, aún entonces sería ilícito, pues lo que de por sí es inmoral jamás puede justificarse, y tales prácticas son en sí mismas inmorales. Más aún, no sólo van contra la moral cristiana, sino contra la más elemental moral natural. Luego nuestro deber, no sólo como católicos, sino como simples humanos con un sentido elemental de moral, es oponernos incondicional y enfáticamente a tales prédicas.

Precisamente estoy esperando un libro que encargué y cuyo título es “Judgment on Birth Control” (el nombre del autor no lo recuerdo en estos momentos). Promete ser muy interesante pues el asunto está enfocado no solamente desde el punto de vista moral, sino también desde el social y el económico así como del punto de vista médico. Tan pronto lo reciba te lo voy a traer para que lo leas, pues creo te puede interesar.

Como te dije al principio espero veas mi buena voluntad al decirte esto. Creo que mi lealtad como amigo me ha movido a hacerlo. He querido que reflexiones sobre algo que estoy seguro sabes y aceptas igual que yo. Lo he hecho con mi mejor intención y como quisiera y espero que hagas conmigo si alguna vez lo juzgas conveniente.

Te aprecia,
 

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22 A - 22 B

MOVIMIENTO LITÚRGICO
Apartado 515
Caguas, Puerto Rico

Festividad de San Pedro Crisólogo
4 de diciembre de 1953

Carísimos hermanos en Cristo:

La Liturgia es la OBRA MAGNA por excelencia del universo. Es la OBRA gloriosa y maravillosa a la cual todos los hombres están llamados, para colaborar en ella y para beneficiarse de ella, dando así gloria a Dios y alcanzando su propia salvación, santificación y felicidad.

La palabra LITURGIA nos viene del vocablo griego leiturgia, el cual a su vez se deriva de dos palabras griegas: leitos (pueblo) y ergon (obra o trabajo). Querría decir obra o trabajo público. En la antigua Grecia, cuando un ciudadano ejecutaba una obra para beneficio de todo el pueblo y que requería la colaboración de todos, se decía que había realizado una obra litúrgica, y a él se le llamaba un liturgo. Por ejemplo, si un ciudadano cualquiera contribuía con sus bienes y sus esfuerzos para la construcción de un teatro o un barco de guerra o un templo, de lo cual se había de beneficiar todo el pueblo, hacía con esto un acto litúrgico. Con el correr de los años, esta palabra LITURGIA se reservó al campo religioso exclusivamente.

Cristo, nuestro Señor, ha realizado la OBRA LITÚRGICA por excelencia: la Redención de la humanidad. El Hijo de Dios se hace hombre, padece, muere, es sepultado y resucita, no para su propio beneficio, sino para beneficio de toda la humanidad. Por eso el Apóstol San Pablo le llama “nuestro Liturgo”. Pero al igual que en la antigua Grecia, si nadie colaboraba y se beneficiaba en la obra de aquel ciudadano, no podía llamarse aquello una obra litúrgica, así ahora, la OBRA por excelencia de nuestro Señor exige nuestra colaboración y nuestro beneficio.

Cristo realizó la Redención veinte siglos atrás. Cada uno de nosotros tiene que aplicarse esa Redención ahora en el siglo veinte. De nada nos vale a cada uno de nosotros personalmente que Cristo haya redimido a la humanidad si cada uno no se aplica a sí mismo esa Redención, así como de nada vale al enfermo los esfuerzos del médico y la medicina que éste le receta y le regala si el enfermo no usa la medicina.

La Obra de la Redención continúa a través de los siglos en la Iglesia Católica mediante los Sacramentos instituidos por Jesucristo para comunicarnos y aplicarnos su Redención. Ahora bien, esto exige nuestra colaboración en esa OBRA de Cristo para que podamos beneficiarnos de ella.

Mediante la Iglesia y a través de su Liturgia, Cristo continua redimiendo a la humanidad, santificando a los hombres, y glorificando a Dios. Es por la Liturgia que nosotros podemos rendir a Dios un culto perfecto por Cristo, con Cristo y en Cristo.

Desgraciadamente, la mayoría de los fieles tiene un desconocimiento muy grande de la Liturgia. No conocer la Liturgia equivale, hasta cierto punto, a no conocer a la Iglesia, pues la Liturgia es la vida íntima de la Iglesia; y nosotros somos la Iglesia. La Liturgia es el medio por el cual nosotros podemos vivir la misma vida de Cristo.

Durante el año pasado os hemos estado enviando nuestro “Itinerario Litúrgico”. Iba con nuestros mejores deseos de que pudieseis conocer, comprender y amar, así como disfrutar y beneficiaros de aquello que es vuestra herencia cristiana y vuestro glorioso privilegio. Hubiese sido más propio que primeramente os hubiésemos enviado artículos en que se os diese una introducción a la Liturgia. Pero al comenzar el Año Litúrgico, en noviembre del año pasado, quisimos que gozarais, de la mejor manera posible dentro de las circunstancias, de algo que no tiene parangón. Muchas veces el “Itinerario” os llegó tarde, otras veces su presentación no fue la mejor, con frecuencia encontraríais errores de mecanografía, etc. Hicimos lo mejor posible dentro de las circunstancias. La escasez de dinero, las limitaciones de material, la falta de tiempo, etc. no nos permitieron hacer algo mejor, como hubiésemos deseado. Pero ya que nuestros interés estaba en que conocierais y disfrutarais de algo maravilloso, nos lanzamos a la obra a pesar de las dificultades y limitaciones, creyendo con el conocido escritor G.K. Chesterton que lo que vale la pena hacerse, vale la pena hacerse pobremente.

Después de un año de contacto por correo, os consideramos como miembros de nuestra familia litúrgica. Este año no nos será posible, ni creemos sea necesario, enviaros el “Itinerario”, ya que la literatura que tenéis es siempre de actualidad y podéis repasarla todos los años a su debido tiempo. Os estamos enviando adjunto una lista de los artículos enviados el año pasado durante el Ciclo de Navidad. Si alguno de ellos se os ha extraviado, o, por algún error involuntario de nuestra parte, no lo recibisteis, os agradeceríamos lo marcarais en la hoja adjunta, la cual podéis devolver por correo lo antes posible y oportunamente os enviaremos copia del artículo o artículos que os falten. Cuando se acerque el Ciclo de Pascua haremos otro tanto. La semana pasada os enviamos copia de la lista, indicando en ella la fecha en que podéis hacer las lecturas este año. Sin embargo, no queremos perder contacto con vosotros. Durante este año nos proponemos enviaros algunos “Itinerarios” que no pudimos enviar el año pasado. Además, tenemos en mente hacer llegar a vosotros, con alguna frecuencia, artículos de interés litúrgico, y, si es posible, una buena introducción a la Liturgia. Haremos cuanto podamos dentro de las circunstancias.

Este año quisiéramos llevar “la buena nueva” de la Liturgia otro grupo de personas y hacer con ellas lo que con vosotros el año pasado. Para ello pedimos vuestra cooperación generosa y voluntaria. No tenemos interés alguno en dinero, pero lo cierto es que nos hace falta. Quizá algunos de vosotros puedan y deseen darnos una pequeña ayuda. Aceptaremos cualquier clase de ayuda - dinero, material, colaboración personal, etc. Cada uno puede juzgar y determinar por sí mismo lo que desee hacer. Si algunos no pueden dar nada, bien. Es una cooperación completamente voluntaria y no queremos que nadie se sienta obligado. Hubiésemos deseado no tener que mencionar para nada el asunto de dinero. Pero para poder llevar nuestro mensaje a otros, es necesario. Toda contribución deberá enviarse al Sr. Carlos M. Rodríguez a la Srta. Felipa Fernández, Apartado 515, Caguas, Puerto Rico.

Una última palabra de sumo agradecimiento a aquellas personas que durante el año pasado nos dieron alguna contribución pecuniaria. El exceso de trabajo y la falta de tiempo nos hizo imposible darles las gracias a cada uno por separado. No por eso dejamos de agradecerlo y pedimos a Dios les recompense debidamente.

Con los mejores deseos de poder continuar ayudándoos a que podáis disfrutar plenamente de vuestra herencia cristiana, quedamos

Afectuosamente en Cristo,



LOS MIEMBROS DEL CÍRCULO LITÚRGICO
 

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