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MISA de ACCIÓN DE GRACIAS y PRESENTACIÓN
27 de junio de 2003: Solemnidad del Sdo. Corazón de Jesús
Demos
gracias a Dios porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Con estas palabras abría, hace un año, dos meses y dos días, mi primer
saludo, recién ordenado Obispo coadjutor de Ponce, en esta misma iglesia o
santuario de San Judas Tadeo. Estaban dirigidas a Dios Padre, a Dios Hijo y
a Dios Espíritu Santo, fuente y origen de todo bien.
Hoy vuelvo a entonar mi más profunda acción de gracias a Dios, uno y trino,
de quien procede toda, gracia, que en su infinita bondad se ha dignado
llamarme y elegirme para ocupar la sede episcopal de la Diócesis de Ponce,
en la más genuina línea de la sucesión apostólica. A El le sean dados todo
honor y toda gloria. Confiado y apoyado en la infinita misericordia que
brota del corazón de Cristo, cuya solemnidad hoy celebramos, manifestación
del amor de Dios a los hombres, asumo la misión que Dios me ha confiado de
pastorear la Diócesis de Ponce, con humildad, temor y temblor, pero con toda
la confianza puesta en Dios, y que hoy pongo bajo el patrocinio del Corazón
de Jesús.
Reitero mi gratitud y fidelidad al Santo Padre por la confianza depositada
en mi persona, y a su representante en Puerto Rico el señor Delegado
Apostólico, Monseñor Timothy Broglio, por su buen quehacer, y a mis hermanos
los señores Obispos que, desde el primer momento me acogieron con alegría y
compartida fraternidad.
Quiero destacar a Monseñor Ricardo Suriñach, a quien deseo expresar mi más
sincero y leal agradecimiento por haber sido el padre y tutor en mis
primeros pasos como Obispo, su total disponibilidad y generosa ayuda, y
agradecer, como sucesor suyo, sus veinticinco años de servicio a la diócesis
de Ponce como
Obispo Auxiliar, y los dos años y medio largos en calidad de Obispo
Diocesano, que han dejado huella profunda en parroquias, colegios,
instituciones y personas que de verdad lo quieren y aprecian.
Es con gozo y alegría que tomo el batón de sus manos y, como dije en su día,
espero no defraudarlo, Monseñor. Siempre a su mejor disposición y para
servirle.
En días pasados tuve la oportunidad de dirigirme a los sacerdotes a los que
considero los colaboradores más cercanos del Obispo y expresarles mis
sentimientos.
En estos momentos quisiera dirigirme a todos los fieles de la Diócesis de
Ponce, representados en los aquí presentes, en esta mi presentación oficial,
para expresaros mi total y entera disponibilidad en el servicio de Dios y de
la Iglesia, para la alabanza de Dios y utilidad del prójimo, como reza el
lema de San José de Calasanz, de quien lo aprendí. Para la mayor gloria de
Dios y utilidad del prójimo.
Disponibilidad y servicio en el buen quehacer episcopal, desearía fueran mi
mejor carta de presentación al pueblo de Dios aquí congregado.
Las lecturas de hoy marcan toda una línea a seguir.
El profeta Oseas, llamado el profeta del amor, en la primera lectura muestra
el amor de Dios para con su pueblo Israel, como el amor de un padre para con
su hijo. Israel es el hijo de Dios, amado desde niño. Dios le enseñó a
caminar, llevándole por el desierto, en brazos, sin tropiezo, alimentándole
y, con amor de padre, mimándolo siempre.
Como pastor de la Diócesis de Ponce, quiero mirarme en el espejo de Dios y,
con amor de padre, amar a este pueblo que me ha sido confiado, tratando de
conducirlo por el desierto, sin tropiezos, alimentándolo y mimándolo como un
padre.
En el Salmo responsorial, el Profeta Isaías invita al pueblo de Israel a dar
gracias a Dios, su Salvador, y a anunciar sus proezas a toda la tierra:
"Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso... gritad jubilosos, habitantes de Sión:
`qué grande es en medio de ti el santo de Israel"'.
¿Qué otra invitación podría yo hacer en este momento a la grey que me ha
sido confiada, sino la de proclamar las hazañas del Señor y gritar cuán
grande es el Señor? Y repetir con el profeta Isaías, "El Señor es mi Dios y
.Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor. El
fue mi salvación'". Ojalá que estas palabras que el profeta pone en boca de
su pueblo, las pudiésemos repetir una y otra vez, a nivel particular y a
nivel de pueblo de Dios: "El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no
temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor".
Estas palabras me traen a la memoria aquellas otras del Salmista: "Si el
Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores". Por eso
pido al Señor que sea El el artífice que construya y edifique la casa, y
conduzca la Diócesis de Ponce y poder cantar juntos: "Qué grande es el Santo
de Israel".
En la segunda lectura, San Pablo se proclama ministro del Ministerio de la
Salvación. La lectura diferencia dos momentos: la exposición doctrinal de la
economía de la salvación y la oración al Padre.
Es con profundo respeto que me atrevo a repetir las palabras de Pablo a los
fieles de Efeso, en mi caso a los fieles de esta amada parcela de la
Diócesis de Ponce: "Porque a mí, el más insignificante de todo el pueblo
santo se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles" diría él, a los
fieles de la diócesis de Ponce, en Puerto Rico, digo yo, "la riqueza
insondable que es Cristo, e iluminar la realización del misterio, escondido
desde el principio de los siglos en Dios''.
Si me preguntáis cuál va a ser mi misión, os respondo desde ahora, anunciar
a Cristo. Cuál mi programa, os diré que Cristo. Cuál mi plan de acción, os
respondo: Cristo. Que la Diócesis de Ponce, conozca, ame y gire en torno a
Cristo. Que Cristo el centro, el alfa y la omega. Cristo ayer, hoy y siempre.
El es nuestra salvación. Que Cristo habite por la fe en todos los corazones.
Anunciar el Evangelio de Cristo, evangelio de amor y de vida, de paz y
justicia, de gracia y verdad... Que el pueblo de Dios descubra lo ancho, lo
largo, lo alto y lo profundo del corazón de Cristo. ¿No es este, acaso, el
mensaje y significado de la solemnidad del día de hoy?
El evangelio atestigua que "no le quebraron las piernas sino que uno de lo
soldados con la lanza lee traspasó el costado, y al punto saltó sangre y
agua". Verdaderamente, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin,
hasta dar la última gota de su sangre, que brota, que salta, del corazón
abierto de Cristo.
Quiero predicar un evangelio de amor. El evangelio de Jesús.
Hay una circunstancia particular que no quiero pasar por alto, y es que me
inicio como Obispo de Ponce, en el año del Rosario, la oración predilecta
del Papa: "Plegaria maravillosa. Maravillosa en su sencillez y profundidad",
como él la llama, y de la que dice que le "ha acompañado en los momentos de
alegría y en los de tribulación."
El Rosario "concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico,
del cual es como un compendio", afirma el Santo Padre, quien añade, que
rezando el rosario "el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la
belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor"
porque "recitar el rosario es en realidad contemplar con María el rostro de
Cristo".
No es de extrañar, pues, que Juan Pablo 11 confíe a la eficacia de esta
oración la causa de la paz en el mundo y la de la familia".
Y no es de extrañar que en esta mi presentación oficial os invite,
queridísimos hijos de esta entrañable Diócesis de Ponce a hacer del
Rosario una cadena ininterrumpida de oración, por la paz en el mundo y por
la familia, por la consolidación de la familia, por la instauración en todos
los hogares del modelo de la familia cristiana instituído por Dios y
promulgado por Cristo, y también una cadena ininterrumpida de oración por
las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
No es de extrañar, pues, que os invite: a hacer del Rosario un arma para
combatir el mal, ahuyentar los peligros y recuperar el sentido cristiano de
la vida. a convertir el Rosario en distintivo y enseña de nuestra fe
católica. a obsequiar el rezo del Rosario a nuestra patrona la Virgen de
Guadalupe, como buenos ponceños. a recorrer, de la mano de María, en el rezo
del Rosario, el camino que lleva a descubrir el rostro de Cristo.
Charitas Christi urget nos: el amor de Cristo nos apremia. Desde aquí, desde
el altar, desde la Eucaristía, a los niños, a los jóvenes, a los confinados,
a los enfermos y ancianos, a los caballeros del Santo Sepulcro y caballeros
de Colón, a los miembros de los Movimientos y Asociaciones apostólicos, a
los miembros de las diferentes familias religiosas e Institutos Seculares, a
los sacerdotes y seminaristas, a los miembros de la Prensa, a la gran
familia de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, a la
Superintendencia de Escuelas Católicas y Colegios, a las Parroquias, a todos
y cada uno, mi saludo y abrazo de pastor, padre, amigo y hermano.
Que el Sagrado Corazón de Jesús, en un día tan significativo como el de hoy,
derrame su amor y su gracia sobre todos Ustedes.
(Homilía pronunciada por Mons. Félix Lázaro, Sch.P. en el día de su
presentación como Obispo de Ponce, en el Santuario de San Judas Tadeo,
Ponce).
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