Puerto Rico: tiempos peligrosos

Por Giuseppe Zaffaroni

   Puerto Rico está atravesando tiempos peligrosos: por su bienestar, por su convivencia pacífica y por su identidad como pueblo. Por confrontaciones e intereses de partido se está dejando que el País vaya a la deriva, como un barco en el que la tripulación está demasiado ocupada peleando por el control del cargamento, en lugar de prestar atención a la ruta de la navegación.
Por todas partes se levantan gritos de alarma, pero no se ve una vía de salida.

No se trata de ser una voz más en esta pelea pública; pero es evidente que Puerto Rico ha llegado a una etapa decisiva de su historia. Sea cual sea el juicio sobre lo que ha pasado en las últimas décadas es evidente que las economías del Estado Libre Asociado están colapsando: como una sábana demasiado corta, que al halarla, algo queda siempre descubierto. De hecho, la confrontación entre Gobernador y Legislatura acabará simplemente con hacer pedazos la sábana y es lógico que sean los sectores más débiles e indefensos los que quedarán desamparados.

Urge un nuevo modelo de desarrollo. Hay que pasar de las discusiones acerca de cómo repartir el dinero que queda, al estudio de cómo es posible volver a producir riqueza en Puerto Rico. En estos días se está hablando poco de trabajo. No se tiene el valor de reconocer que la vida es difícil. Queremos mecernos en la ilusión de que la responsabilidad es siempre de los otros (del otro partido, de los políticos, de los delincuentes…), de que basta quejarse o protestar y luego seguir cuidando sólo de nuestros intereses individuales. No habrá desarrollo, bienestar y paz si no estamos dispuestos a sacrificar nuestras vidas. Por amor, y no por necesidad.

Es necesario un cambio de mentalidad. Es necesario empezar a estudiar en serio, innovar, estar disponibles a los cambios. Los tiempos de crisis como éstos son también tiempos de oportunidades nuevas, en los que pueden salir a la luz potencialidades y energías renovadas, a condición de que se tenga una razón para arriesgarse y sacrificarse primero, sin esperar que antes lo hagan los demás. Tendremos que llevar con nuestros sacrificios el peso de quien no tendrá la fuerza para seguir los cambios (ancianos, inválidos, discapacitados…).

No existen recetas, pero hay dos condiciones para el desarrollo de Puerto Rico que parecen evidentes:

- que se dé prioridad absoluta a la educación, porque el verdadero protagonista del desarrollo de un País es la persona; se necesitan hombres y mujeres capaces de conocer la realidad, de comprenderla y amarla en la totalidad de sus aspectos; personas que hayan descubierto necesidades reales y razones ideales por las cuales trabajar, invertir, sacrificarse por la propia familia y el propio pueblo;
- que los bancos y quienes tienen dinero dejen de jugar con especulaciones en la búsqueda de ganancias fáciles y rápidas y acepten el riesgo de invertir en todas las iniciativas que surgen de la libre creatividad de las personas que intentan responder a alguna de sus exigencias (empresas con o sin fines de lucro, cooperativas, servicios sociales y educativos…), creando trabajo y riqueza real para el País, aunque, de esta manera, las ganancias puedan obtenerse en más tiempos y con mayor fatiga.

Sin un renovado amor a la verdad nada de todo esto se llevará a cabo. Por eso los cristianos tenemos una grave responsabilidad, ya que se nos ha dado conocer el nombre y el rostro de la Verdad sobre el hombre y la compañía que guía, corrige, conforta, perdona y sostiene en el camino hacia la realización del destino propio y de toda la humanidad. A nosotros se nos ha dado la razón por la cual vivir y dar la vida por el otro: y ésta es, sin duda, una buena premisa para un nuevo posible desarrollo de nuestro País.



El Dr.Giuseppe Zaffaroni es profesor de
Filosofía en la Pontificia Universidad Católica
de Puerto Rico y Director del
Instituto de Doctrina social de la Iglesia