![]() |
ROTUNDO NO A LA PENA DE MUERTE
Aunque la doctrina de la Iglesia reconoce el derecho a la legítima autoridad pública, de imponer la pena de muerte, (Catecismo de la Iglesia Católica, # 2266), sin embargo, hoy son muy pocos los católicos que todavía defienden la pena de muerte. Pues sólo se reconoce tal derecho, como última alternativa, (Carta Encíclica: El Evangelio de la Vida, # 56), después de haber agotado todas las demás; lo que, en realidad, no ocurre, en la práctica, nunca, pues se supone que el Estado tenga medios suficientes para impedir que el delincuente o el reo continúe matando o haciendo el mal y sea un peligro para la sociedad.
Recurrir hoy a la pena de muerte, es reconocer la impotencia y la incapacidad de un Estado de recurrir a otros medios adecuados, para impedir que el delincuente continúe obrando el mal.
Recurrir hoy a la pena de muerte, es retroceder en los avances que la sociedad y la Iglesia han realizado en el reconocimiento de la dignidad humana y de los derechos del hombre.
Recurrir hoy a la pena de muerte, es no creer en la posible rehabilitación del ser humano y propiciar la futilidad de nuestras cárceles
Recurrir hoy a la pena de muerte, es ignorar que el perdón tiene su fundamento y razón de ser en el perdón divino.
Recurrir hoy a la pena de muerte, es excluir ‘a priori’ otras posibilidades de rehabilitación y conversión del reo, ya que la muerte cierra toda otra vía.
Recurrir hoy a la pena de muerte, significa que se maximaliza la función defensiva de la sociedad, con la eliminación del delincuente, a la vez que se minimaliza, hasta anularla, la recuperación moral del delincuente.
Recurrir hoy a la pena de muerte, no es aplicar una pena reivindicativa proporcionada, entre el delito y la pena. Una muerte, por ejemplo, no se reivindica con otra muerte, en este caso, la del delincuente. Y si el delincuente hubiese matado varias personas, ¿cuántas penas de muerte habría que aplicarle? De lo que se trata, en realidad, es de reivindicar el orden moral y el orden social lesionados. Toda reivindicación llevada al extremo, como es el caso de la pena de muerte, puede llevar a una doble consecuencia: a) cometer un hecho irreparable, v. gr.: penas de muerte que posteriormente se ha descubierto que fueron injustas; y b) la no posibilidad de rehabilitación del reo. Se corre el riesgo de no ser verdadera reivindicación de justicia, y sí una ulterior injusticia.
Recurrir hoy a la pena de muerte, es para preguntarse si más que una pena, no es un desahogo o válvula de seguridad de una sociedad exacerbada,
Recurrir hoy a la pena de muerte, no es cristiano.
+ Félix Lázaro Martínez, Sch. P.
Obispo de Ponce