Palabras de Benedicto XVI
en la Jornada de oración y penitencia
por la paz en Oriente Medio
Les Combes, 23 de julio de 2006
Queridos hermanos y hermanas:
Ante todo, excelencia, muchas gracias por este saludo tan cordial, y gracias también a todos vosotros por esta acogida tan cálida y cordial. ¡Gracias!Excelencia, usted ha mencionado que el jueves pasado, ante el agravamiento de la situación en Oriente Medio, convoqué para este domingo una Jornada especial de oración y de penitencia, invitando a los pastores, a los fieles y a todos los creyentes a implorar de Dios el don de la paz.
Renuevo con fuerza el llamamiento a las partes en conflicto para que adopten inmediatamente el alto el fuego y permitan el envío de ayudas humanitarias, y para que, con el apoyo de la comunidad internacional, se busquen caminos para comenzar las negociaciones.
Aprovecho la oportunidad para reafirmar el derecho de los libaneses a la integridad y a la soberanía de su país, el derecho de los israelíes a vivir en paz en su Estado, y el derecho de los palestinos a tener una Patria libre y soberana.Me siento, además, particularmente cerca de las inermes poblaciones civiles, injustamente golpeadas en un conflicto en el que no son más que víctimas: tanto de las de Galilea, obligadas a vivir en los refugios; como de la gran multitud de los libaneses, que una vez más, ven destruido su país y han tenido que dejarlo todo y tratar de salvarse en otro lugar.
Elevo a Dios una dolorosa oración para que la aspiración a la paz de la gran mayoría de las poblaciones pueda realizarse cuanto antes, gracias al empeño común de los responsables. Renuevo también mi llamamiento a todas las organizaciones caritativas a que manifiesten concretamente esas poblaciones la solidaridad común.