BEATO CARLOS MANUEL RODRÍGUEZ

Trasfondo Teológico

P. José Dimas Soberal, Pbro.

Vicario General

Las Universidades Católicas de Puerto Rico han convocado este Primer Congreso de Laicos bajo el tema "Santidad en la Educación y Educación en la Santidad". Se me ha otorgado el privilegio de iniciar las aportaciones al mismo con esta breve reflexión que presento a la consideración de esta distinguida audiencia..

Nuestro Beato Carlos Manuel Rodríguez nació en el 1918 y vivió hasta el 13 de julio de 1963. Me corresponde analizar el transfondo teológico que pudo haber asumido y que se encontraba vigente en esa época, finales de la influencia de Primer Concilio Vaticano y comienzos del Concilio Vaticano II. Considero que asimiló aquellos pensamientos teológicos que estaban presentes en los libros, revistas, programas de radio y televisión durante los cuarenta y cinco años de su corta vida. Reconozco que Carlos Manuel fue un lector asiduo, según los testimonios de personas allegadas como su hermano, f. José Rodríguez, OSB, mejor conocido por Fray Pepe, y poseía una capacidad intelectual privilegiada.

El tiempo para la presentación del tema no me permite abundar en detalles. Me limitaré a señalar las principales corrientes teológicas propias de la época. Las he agrupado en varios campos para que la reflexión pueda discurrir en forma sistemática. He escogido los siguientes temas teológicos: laicado, eclesiología, liturgia, biblia, doctrina social de la Iglesia, y otros del magisterio pontificio de esos años.

1. Laicado

El tema de los laicos ha sido ampliamente tratado en teología dogmática, en la acción pastoral, en la legislación canónica y en la ascética práctica durante los últimos años. El interés por el estudio de los seglares en la Iglesia se incrementó a partir de la Segunda Guerra Mundial. Los autores ofrecen varias razones para explicarlo. La Segunda Guerra Mundial ayudó a una amplia propagación de la Acción Católica que no era muy conocida en toda Europa.

El concepto laico ha sufrido una marcada evolución a través de los años. Laico proviene del vocablo griego laos que significa el pueblo. Cuando al sustantivo laos se le añade el sufijo ikos convierte el vocablo en adjetivo y entonces laico adquiere una connotación que significa una categoría al interior del pueblo opuesta a otra. Cuando los autores bíblicos utilizan laos se refieren al Pueblo de Dios. Para designar a la gente de otras naciones o pueblo la Biblia utiliza el vocablo "ethne" que se traduce luego por "gentes", "gentiles" o los que pertenecen a otras naciones o pueblos. En el Nuevo Testamento y en la versión bíblica de los LXX (Setenta) el vocablo sustantivo laico está ausente. Se encuentran estas palabras: "elegidos, creyentes, escogidos, santos, hertnanos". En el año 95, en la Carta No. 40 de Clemente, por primera vez, se habla de laico pero en contraposición a un diácono o sacerdote. Se encuentra el concepto Laico contestando al presidente en la celebración eucarística. (1)

En los primeros siglos del cristianismo los clérigos y los laicos, a pesar de la desigualdad destacada de su situación, tenían mas fácilmente conciencia de formar un único Pueblo de Dios peregrino, en su marcha a la casa del Padre. (2) Se percibía el mundo con una plena densidad terrenal opuesta, a veces con fuerte violencia, al cristianismo. Son los Padres de la Iglesia quienes comienzan a expresar la oposición de los dos mundos en el plano moral y predican una ascética para superar la concepción platónica de esos dos mundos: material y espiritual. Los clérigos y monjes comenzaron a vivir alejados del mundo. Los laicos, en cambio, estaban inmersos en medio del mundo. La paz constantiniana agravó mas la división. Los clérigos comenzaron a recibir favores, inmunidades y privilegios que les concedía el estado y, por su género de vida, vivieron apartados. Los laicos llevaban una vida mas terrenal, mundana y carnal. La época monacal sirvió para hacer una triple distinción: clérigos, monjes y laicos. El canonista Graciano estableció la famosa división: "Hay dos clases de cristianos: los clérigos y los laicos'. (3)

Los autores coinciden en aceptar que el laico es miembro pleno del cuerpo de la Iglesia. ­Tiene derecho a recibir del clero bienes espirituales y también que debe colaborar activamente en la labor de la Iglesia. Esa colaboración activa no se acepta como parte del magisterio, ni como parte en la misión propia de la Iglesia; se considera como una “Prolongación, extensión y expansión del apostolado jerárquico". Rahner afirma que el apostolado seglar es un "apostolado del amor dentro de la situación mundana del seglar". (4) Los autores coinciden en señalar que los seglares cooperan en 1a misión de la Iglesia, pero en calidad de miembros no oficiales y su campo propio de cooperación es el mundo.

Congar define así al seglar: "Es el cristiano que con su vida y su actuación, dentro de las estructuras y tareas mundanas, realiza su colaboración a la obra de la salvación y al progreso del Reino de Dios, o sea a la noble tarea de la Iglesia". (5) Karl Rahner explica así lo específico del laico: "El cristiano seglar se distingue del no laíco (del clérigo o religioso) por el hecho de que no solo tiene un puesto originario en el mundo para realizar su cristianismo, sino que además lo conserva aún siendo cristiano, con el fin de realizar su mismo cristianismo, sin abandonarlo tampoco en el curso de su existencia..". (b)

La distinción entre el laico y el religioso se estableció sin hacer una crítica científica. Se profundizó en la especificidad del laico. Se presumió un concepto estático de la Iglesia que les permitió trazar una frontera rectilínea entre el mundo y la iglesia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, algunos teólogos comenzaron a profundizar la teología pastoral como advierte el Padre Congar. "El laico es un miembro del pueblo de Dios" y se distingue del sacerdote y del monje porque éstos están orientados exclusivamente al "reino de Dios". (7) Añade mas adelante: "El laico trabaja para el reino de Dios, pero sin restar nada de su entrega a lo terrestre". (8) La dicotomía de dos mundos está. presente. Los teólogos dicen que la Iglesia tiene su poder en el mundo sacral y para ese mundo viven los sacerdotes, los obispos, los clérigos. En el mundo profano la Iglesia ejerce influencia mediante los laicos y éstos son necesarios para que la Iglesia pueda realizar su misión en el mundo. Los laicos, pues, no sirven para constituir la Iglesia como organización o institución. Los laicos sirven para que la iglesia cumpla plenamente su misión: "recapitular todos los valores de la humanidad en conexión con la cabeza, que es Jesucristo". (9) Pío XII- dirigiéndose a los Nuevos Cardenales, se expresó en estos términos: "Los laicos se encuentran en la línea mas avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana- Por eso ellos, especialmente ellos, deben tener un convencimiento cada día mas claro, no solo de que pertenecen a la Iglesia, sino de que son ellos la Iglesia". (10)

En el transcurso de esos años se puede percibir un progreso serio. Al laico se le concede un espacio en la Iglesia. Se le reconoce un papel importante. Cuando nuestro Beato Carlos Manuel Rodríguez comenzó a ejercer su apostolado percibía una influencia teológica que estaba en los escritos de los autores del Movimiento Litúrgico Pre‑vaticano como fueron, entre otros: Chenu, Henry De Lubae, Teilliard de Chardin, Jean Danielou, Gustave Thils, Vonier. Bouyer, mas los que he citado previamente. No estaba al alcance de todos. Los que leían y procuraban estar al día recibían esta información. He encontrado su definición de cristiano: "Lo que hace a uno Cristiano no es otra cosa que la filiación divina donada gratuitamente por Dios mediante la Gracia recibida en el Bautismo. Sólo es Cristiano el que ha sido injertado en Cristo por la Gracia. Es preciso nacer de nuevo, ser una nueva criatura. Y esto en un sentido real, aunque misterioso, no en un sentido metafórico, poético o psicológico." (11) Carlos Manuel asumió tareas en la Iglesia con la fuerza que esa convicción le otorgaba. Considero que se trata de una intuición que brota de su relación íntima con Cristo y no tanto de una reflexión propiamente teológica

2. Eclesiología

El Beato Carlos Manuel Rodríguez nació cuando se concebía a la Iglesia como aquella institución "Sociedad Perfecta". La "Eclesiología de las Decretales" puso gran enfasis en profundizar la distinción entre potestad del orden y de jurisdicción y descuidó el estudio de la Iglesia como Misterio. Se estudió la Iglesia como "realidad institucional y jurídica" y no desarrollaron el aspecto de la Iglesia como "realidad sacramental. como comunidad de culto, reunida en torno a su pastor". Así surgió la doctrina sobre la "Iglesia Sociedad Perfecta", noción que ya estaba presente en la teoría política griega.

San Roberto Bellarmino comenzó a introducir la doctrina sobre la "Iglesia Sociedad Perfecta'". La Reforma Protestante, los ataques directos a 1a autoridad de la Iglesia y los rechazos a la doctrina sacramental precipitaron que la Iglesia optara por esa definición. No llegó a discutirse en el Concilio Vaticano I. Se preparó un documento en donde se reconocía a la Iglesia como sociedad perfecta. Se redactó un canon en el que se afirmaba que la Iglesia tenía plena potestad judicial y coercitiva. Esta enseñanza se encuentra en las encíclicas de León XIII y en la constitución apostólica que sirvió para la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917. Pío XII, en la Encíclica Mystici Corporis escribió: "Nuestra unión en y con Cristo se hace patente en primer lugar por el hecho de que, dado que Cristo quiere que la comunidad cristiana sea un cuerpo, es decir una sociedad perfecta, sus miembros deben estar unidos ya que todos trabajan por un mismo fin". (12) El P. Joaquín Salaverri, S. J. afirmaba que esa doctrina de Iglesia como Sociedad Perfecta era una "verdad de fe católica.°1 (13) El Padre L. Ott se limitaba a decir que es "una verdad cierta." (14)

He procurado dibujar el marco eclesiológico que permeaba el ambiente en el cual nació nuestro Beato Carlos Manuel. Señalaré nuevas luces que llegaron. Carlos Manuel era un asiduo e incansable lector de literatura buena, sólida, teológica y pastoral. Conocía muy bien las encíclicas papales promulgadas durante su vida y considero que ahí encontró las líneas fundamentales que orientaron sus caminos de santidad y vida apostólica.

a) Enciclica Mystici Corporis Christi- Pío XII, 29 de junio de 1943.

La Encíclica llegó cuando nuestro Beato Carlos Manuel estaba en sus mejores

tiempos, a los 25 años de edad. En el primer capitulo se explica que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y se describen las funciones de Cristo en ese Cuerpo. Se concluye que Cristo es el alma y el Salvador del Cuerpo. En el segundo capítulo se explica cómo es la Unión de los Fieles con Cristo y cita las palabras de San Pablo: "El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; mas si Cristo habita en vosotros... el espíritu vive a causa de la justicia" (Rom. 8, 9-10). Describe la Eucaristía como medio singular y en donde los fieles se unen a los sacerdotes para ofrecer juntos el sacrificio eucarístico.

Aquí nuestro Beato comenzó a descubrir motivos sólidos para mejorar su vida litúrgica. "Hablar con Cristo y hablar de Cristo formaba en Carlos Manuel un todo armonioso". (15) La Encíclica presenta una nueva eclesiología animada por la fuerza del Espíritu Santo. Subraya la importancia de la unión con Cristo vivo y resucitado. Nuestro Beato Carlos Manuel descubrió la fuerza de esa iglesia que se refleja en todos sus escritos. Procuraba. estar sintonizado con todos los estamentos de la Iglesia, con la Jerarquia, con los sacerdotes, con las religiosas y con los laicos.

b) Ecelesia Christi Lumen Gentium

Juan XXIII, 11 de septiembre 1962

A un mes de distancia para iniciar las sesiones formales del Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII dice que la Iglesia se encuentra, con la gracia de Dios, en el momento definitivo, animada por las palabras proféticas de Jesús y abre las puertas para que entre un nuevo ímpetu. La Iglesia se siente convocada y resuenan las palabras del canto litúrgico de la Vigilia Pascual "Luz de Cristo" y la Iglesia de Cristo, desde todos los puntos de la tierra, responde "Deo Gratias". El Papa Juan XXIII presentó varios temas que el Concilio abordó luego. Concluyó solicitando la preparación inmediata e intensa de todos los fieles y que fuera una tarea individual y social.

Considero que estas palabras del Papa Juan XXIII tienen que haber despertado una gran esperanza para nuestro Beato Carlos Manuel quien vivió siempre camino de la Pascua. ¿Cómo resonaron en su mente y en su corazón? No lo sabemos. Nos imaginamos que debieron haberle impresionado de una manera, al menos para mi, indescriptible. No dudo que la llamada del Papa encontró buen espacio y respuesta intensa en la vida de nuestro Beato Carlos Manuel. Si la convocación del Concilio motivó aún a los alejados de la iglesia, ¡cuánto más al Beato Carlos Manuel!

c)         Gaudet Mater Ecclesia

            Juan XXIII, 11 de octubre 1962

            Alocución en la Solemne Apertura del Concilio Vaticano II

            El Papa Juan XXIII inició la alocución con las mismas palabras de la Vigilia Pascual: "Gózase hoy la Santa Madre Iglesia". Enumeró los motivos para convocar el Concilio Vaticano II y a renglón seguido señaló los objetivos principales. Presentó la Iglesia abierta todos los hombres de buena voluntad, como una antorcha de la verdad y como una madre amorosa, benigna, paciente y llena de misericordia. Concluyó Juan XXIII que todos los ojos de los pueblos y las esperanzas del mundo entero estaban puestos en el Concilio.

La apertura del Concilio Vaticano II tiene que haber llenado de alegría y esperanza a nuestro Beato Carlos Manuel. Las palabras del Santo, Padre, un mes antes de la apertura, resonaron con los textos de la Vigilia Pascual. El Concilio se inauguró con y esas mismas palabras. La Iglesia que soñaba y proyectaba el Papa Juan XXIII se presentaba como antorcha luminosa. Aunque no haya evidencia escrita del efecto producido en el alma de nuestro Beato Carlos Manuel, considero que ese mensaje fue gratificante.

Observaciones:

Juan XXIII acaba de convocar el Concilio Ecuménico Vaticano ll con carácter universal. En ese momento aún se decía. "Extra ecclesiam nulla es salus": “fuera de la Iglesia no hay salvación" que es la concepción teológica de la Iglesia como "sociedad perfecta" y jurídicamente autónoma. Con este esquema se orientaron los trabajos preparatorios del Concilio. El Cardenal Alfredo Ottaviani fue el promotor de este modelo eclesiológico. Por otra parte, los obispos alemanes, franceses y de los Países Bajos promovían el modelo de Iglesia Profética. (16) En sus escritos, Odo Casell y otros autores promovían esquemas similares subrayando el aspecto de la Iglesia como misterio de salvación. Los autores del Movimiento Litúrgico Pre‑vaticano se apoyaban en esquemas similares. Sin embargo en la vida y en los escritos de nuestro Beato predomina el modelo eclesiológico paulino: Iglesia que vive la presencia de Cristo Resucitado.

3. Biblia

En el tiempo en que nace y crece nuestro Beato Carlos Manuel Rodríguez los laicos no acostumbraban leer la Biblia. Los protestantes, recién llegados a Puerto Rico, citaban la Biblia para atacar a la Iglesia y procurar alejar a los católicos de vida religiosa. El Papa Pío XII, para conmemorar los cuarenta años de la Encíclica Providentissimus Deus, (16) publicó la Enciclica Divino Afante Spiritu (17) sobre los estudios de la sagrada escritura y que vino a llenar un profundo vacío en un momento histórico muy especial.

La primera parte de la Encíclica contiene la historia del magisterio eclesiástico en relación a la Sagrada Biblia. No es el momento para exponer sus importantes contenidos. Subrayó el número veintiseis que explica como se debe utilizar la Sagrada Escritura para la instrucción de los fieles. Se recomienda a los sacerdotes que utilicen la Biblia para sus homilías, sermones y exhortaciones y que procuren exponer con elocuencia para que animen a los fieles, no solo a orientar mejor sus vidas, sino a estimar y apreciar la Biblia. Sugiere a los Señores Obispos que comiencen a difundir ejemplares de la Biblia entre fieles y que recomíenden la lectura santa y cotidiana en las familias. Autoriza, además, que, cuando en la liturgia se permita, se lea en vernáculo la Sagrada Escritura.

Este acercamiento directo a la Sagrada Escritura es una doctrina nueva. Antes no se aconsejaba que los fieles leyeran la Biblia. Esta encíclica proporcionó varias herramientas a nuestro Beato Carlos Manuel. Primero sirvió para el itinerario de su propia santidad y para su formación personal porque podía acercarse libre y directamente a la Biblia. Así se preparaba mejor para defenderse contra los ataques de los protestantes. Carlos Manuel obtuvo permíso para el uso del vernáculo en las vísperas que tanto promovía. Se introdujo, además, la costumbre para que el sacerdote, después de leer el evangelio en latín, lo leyera en castellano antes de la homilía. El apostolado bíblico que realizó Carlos Manuel en el Círculo Universitario, apoyado en la nueva doctrina de la Encíclica Divino Atlante Spiritu, fue amplio. Esta encíclica se encontró en su biblioteca. En el museo de la Catedral Dulce Nombre de Jesús de Caguas se exhibe la última biblia que usara. No se trata de una biblia pequeña, sino muy grande y refleja las huellas del uso.

4. Liturgia

            a) Ambiente en general

Las celebraciones litúrgicas de aquella época se realizaban en latín. La eucaristía se celebraba de espaldas al pueblo. La participación activa del pueblo era mínima y limitada solo para aquellos que podían contestar los diálogos en latín y seguir la celebración en algún misal en castellano. La mayor parte de la gente, mientras asistían a la Misa, se distraían santamente, o rezando el Santo Rosario, o recitando novenas a los santos, o leyendo algún libro de tema espiritual. Se le exigía a la gente ayuno desde las doce de la medianoche anterior hasta la hora de la comunión. La comunión eucarística no era frecuente a no ser para almas privilegiadas, sacrificadas. Por liturgia, además, se entendía aquel conjunto de rúbricas (esas instrucciones estaban escritas en tinta roja) que regulaban las celebraciones. Los estudios de la liturgia eran muy limitados y estaban destinados principalmente para quienes aspiraban a ser maestros de ceremonias. Los laicos no se interesaban.

En el campo litúrgico se registraron varios cambios que nuestro Beato Carlos Manuel supo aprovechar. Mas aún fue un gran profeta muy adelantado a la reforma y renovación vaticana que no pudo disfrutar plenamente porque falleció antes que se implementaran los documentos conciliares.

b)   Mediator Dei et Hominum

            Pío XCL, 20 de noviembre de 1947

A pesar que promueve esta participación activa‑ intima y estrecha en el sacrificio eucarístico, sin embargo Pío XII conluye: "no otorga la potestad sacerdotal"‑ (24)

La tercera parte de la Encíclica está dedicada al Oficio Divino o sea a la Liturgia de las Horas. El Oficio Divino abraza las horas del día, las semanas y todo el curso del año, abarca todos los tiempos y las diversas condiciones de la vida humana. Cita las palabras del Maestro: "Conviene orar perseverantemente y no desfallecer'‑" (Lc. 8, l). El Papa dice que en la edad primitiva numerosos fieles acudían al rezo de la Liturgia de las Horas. Al presente ese rezo es obligatorio sólo para el clero y los religiosos, sin embargo indica su gran esperanza: "Es en gran manera de desear que asistan realmente, cantando o recitando los Salmos al rezo de las vísperas los días de fiestas en su propia parroquia". (25) Ruega encarecidamente se instaure de nuevo dentro de lo posible y se hará con saludables frutos. Concluye con normas pastorales sobre los actos de piedad y sobre el espíritu litúrgico.

"En la liturgia la palabra muerta de la palabra escrita se torna para nosotros en Palabra viva y vivificante. Las enseñanzas de Cristo surgen a la vida y adquieren un sentido nuevo y actual" (26). "El Oficio Divino fue oración que descubrió temprano en la vida como un gran valor para llegar a conocer al Dios vivo y verdadero, fuerte y poderoso. Y a todos sus allegados les comunicó el gusto por esta oración" (27'), Considero que la Encíclica influyó muchísimo en la vida de nuestro Beato Carlos Manuel.

c)  Instruccion Sobre la Disciplina de la Música Sagrada

            Pio XII

Pío XII escribió la Instruccion Sobre la Disciplina de Música Sagrada para exponer con amplitud algunos temas suscitados en esa época y consideró la música como un "don de Dios". Señaló las notas especiales que debe tener la música: ser santa; ser verdaderamente artística y universal. Luego habló de los cantos religiosos populares en lengua vulgar que deben ajustarse plenamente a la doctrina de la fe Cristiana, ser una música sencilla, no sean ampulosos, cortos, fáciles e impregnados de dignidad y cierta gravedad religiosa. Recomendó que los obispos cuiden y promuevan el canto religioso popular.

Nuestro Beato Carlos Manuel fue un gran promotor de la participación laical en 1a liturgia mediante los cánticos religiosos populares. Cooperó para introducir en la Isla los salmos traducidos a español y con esfuerzo de adaptación a la música gregoriana. La música compuesta por Gelianu, S. J. fue ampliamente difundida por el Centro Universitario Católico en esa época. Carlos Manuel apoyó los talleres litúrgicos que se iniciaron en el Bo. El Volcán de Bayamón.

d)  Instrucción Sobre el Ayuno Eucarístico "Sacram Communionem"

            Pio XII

La instrucción Sobre el Ayuno Eucariftico introdujo tres normas nuevas. El

ayuno eucarístico se redujo a tres lloras para los alimentos sólidos y bebidas alcohólicas y una hora para las bebidas no alcohólicas. Los enfermos quedaron exentos de estas normas. Se permitieron las celebraciones diarias de las rnisas vespertinas

Nuestro Beato Carlos Manuel fue un promotor de todas estas nuevas normas para que los feligreses frecuentaran mas las celebraciones 1itúrgicas y pudieran recibir la comunión. La literatura que publicó en el Boletín Círculo Litúrgico sobre estas normas reflejan como aprovechó muy bien esta instrucción pontificia

e)   Instructio De Musica Sacra et Liturgica

            Pio XII, 3 de septiembre de 1958

La última instrucción de Pio XII sobre el tema litúrgico presenta nociones generales sobre música sagrada. Señala cuales son los instrumentos musicales sagrados y los profanos. Prohibe el uso de las grabaciones en la liturgia. Trajo una innovación interesante: "la posibilidad de un comentador en momentos oportunos para explicar brevemente los ritos que el sacerdote realizaba en latín y de espaldas al pueblo".

Nuestro Beato Carlos Manuel aprovechó bien la función del comentador para catequizar a las personas que participaban en la liturgia. Sus comentarios se hicieron famosos porque su dominio de la liturgia le otorgaba gran autoridad. Y con sus breves exposiciones insinuaba con suavidad la participación en los misterios que se celebraban

5. Magisterio Pontificio Sobre Doctrina Social

Durante la vida de nuestro Beato Carlos Manuel se publicaron varios doctiunentos que recogen la doctrina social del magisterio pontificio. Refiero, en forma de síntesis apretada, aquellos documentos sobre doctrina social que me parecen mas influyentes en esa época. Se encontraron, además, en su biblioteca personal y aparecen recogidos en las publicaciones que salieron del Centro Católico Universitario. A principio se llamaron Boletines del Círculo de Liturgia y posteriormente Boletines del Círculo de Cultura Cristiana.

a)  Encíclica Rerum Novarum

            León X111, 15 de mayo 1891

La Encíclica Rerum Novarum de S. S. León XIII, aunque fue publicada el 15 de mayo de 1891, veintisiete años antes que naciera nuestro querido Charlie, la doctrina social promulgada posteriormente hace obligada referencia a la doctrina social de Leon XIII. La encíclica aborda primero la condición de los obreros. Analiza el socialismo y denuncia la gravedad del comunismo. Presenta la obligación que tiene la Iglesia de sacar del Evangelio la doctrina que resuelva el conflicto social, lime las asperezas, ilumine las inteligencias, rija las vidas y las costumbres de cada uno. La Iglesia, señala el Papa León XIII, pretende que todas clases se unan y conspiren juntos para mejorar, en cuanto sea posible, la condición de los obreros. Concluye que la solución final y definitiva se alcanzara si se llegara a crear un clima de caridad.

b) Quadragessimo Anno

            Pío XI, Is de mayo 1,931

El Papa comienza con una breve introducción sobre la ocasión y señala los temas principales. Expone la doctrina social de la Iglesia sobre el derecho a la propiedad, deberes de los proprietarios y los del estado y las obligaciones sobre la renta libre. Desarrolla cuatro temas fundamentales: el salario familiar; la empresa y sus obligaciones con el obrero, el bien común y el orden social. Todo tiene que resolverse con armonía entre las clases obreras, empresariales y del Estado.

Los cambios ocurridos han creado una dictadura económica que trae funestas consecuencias. Denuncia el comunismo como partido de la violenciá y señala el socialismo como partido moderado. Acepta la lucha de clases pero sin odios, Sin enemistades, como una discusión honesta, fundada en el amor ala justicia. E1 mundo ha caído en el paganismo. Hay que salvar la familia humana de su ruina espantosa en que caería si se despreciaran las doctrrinas del Evangelio. Hay que buscar siempre el bien común y no sus propios intereses. Sobre todas las cosas hay que buscar los intereses de Jesucristo.

e) Ad Petri Cathedram, sobre la Verdad, la Unidad y la Paz

Juan XXIII, 29 de junio de 1959

Se trata de la primera encíclica de S. S. Juan XXIII dirigida a todo el mundo. El Papa propone los tres frutos que espera sean alcanzados en el Concilio: la verdad, la unidad y la paz. "Es necesario que todos … amen sinceramente la verdad, si es que quieren gozar de la concordia y de la paz, únicas que pueden garantizar una verdadera prosperidad pública y privada". "Dios ha creado a los hombres no enemigos, sino hermanos".

"La verdad es una gran señora. Es una dama única, de alta alcurnia, de noble estirpe", escribió el Beato Carlos Manuel. (28)

Concluye con exhortaciones paternas con las cuales quiere llegar a todos. Así como en el grupo clerical distinguió a los obispos, sacerdotes y religiosos, así distinguió tres grupos laicales. Recomienda que todos trabajen con entusiasmo y confianza y según sus pasos y se ponga en práctica la doctrina social de la Iglesia. Solicita que haya una renovación de la vida cristiana en tal forma que nos torne a Dios propicio.

Mater et Magístra

Juan XXIII, 15 de mayo de 1961

El Papa Juan XXIII, para conmemorar los setenta años de la Encíclica Rerum

Novarum, presentó la Encíclica Mater et Magistra. En e1 primer capítulo presenta una síntesis de las enseñanzas de los papas anteriores y, en el segundo. los problemas socials que aún persisten: la socialización, su origen, amplitud, valoración, sus criterios de justicia, de equidad y su proceso. Registra la presencia activa de los trabajadores en todos los sectores. Indica los cambios modernos sobre la propiedad privada, la propiedad pública y la función social de la propiedad. Aborda luego los nuevos problemas y graves peligros de esta época. Afrma que Dios es el fundamento del orden moral y por eso la confianza recíproca entre los hombres y entre las naciones no puede hacer y consolidarse sino solamente en el reconocimiento y con el respeto del orden moral. Señala que el reajuste de las relaciones de la convivencia solo podrá realizarse en la vivencia de las virtudes de la verdad, de la justicia y de la caridad. Denuncia que las ideologías emergentes son incompletas y erróneas. Subraya que todos somos miembros vivos del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia (1Cor. 12, 12) y concluye que esta es la doctrina de la Iglesia Católica y Apostólica, Madre y Maestra de todos los pueblos cuya luz ilumina, enciende, inflama, llena de sabiduría celestial y pertenece a todos los tiempos.

d)  Encíclica Pacen in Terris

            Juan XXIII, 11 de abril de 1963

 Considero que esta encíclica tuvo poca influencia en la vida de nuestro Beato

Carlos Manuel. Cuando se publicó, el 11 de abril de 1963. Carlos Manuel se encontraba bastante delicado de salud. Aunque no dejaba de leer y estudiar, sin embargo su apostolado se había limitado al lecho del dolor y del sufrimiento..

OBSERVACIONES:

Estos documentos sobre la doctrina social de la Iglesia tienen una línea de pensamiento que se encuentra en la vida y en los escritos de nuestro Beato Carlos Manuel. En la Encíclica Rerum Novarum el Papa León XIII dice que la solución definitiva se realizará si se llegara a crear un clima de caridad. Pío XII en Quadragessimo Anno que haya armonía entre todas las clases: obreras, empresariales y del Estado. En la Encíclica Ad Petri Cathedram el Papa llama para que todos, juntos con entusiasmo y confanza pongan en práctica la doctrina cristiana de la Iglesia. El Papa Juan XXIII, en la Encíclica Madre y Maestra, pide que se vivan las virtudes de la justicia y la caridad.

Nuestro Beato Carlos Manuel en primer lugar en todos sus trabajos recibió un sueldo limitado. Fuera de lo que usaba para sus gastos mas necesarios, el resto lo usaba para sus limosnas y apostolados. Tenía especial cariño y solicitud por los pobres marginados. Y secretamente los ayuda en la medida de sus posibilidades. (29) Por otra. parte procuró crear ese clima de caridad en donde trabajaba. Le gustaba citar el capítulo 13 de la Primera Carta a los Corintios sobre la Caridad (1Cor. 13. 1‑12). Citaba el pasaje y lo vivía a la perfección. (30) !Qué mucho le gustaba cantar. Donde hay caridad y amor allí está Dios! (31)

6. Otros Temas del Magisterio Pontificio

Refiero tan solo otros dos documentos del Magisterio Pontificio que considero influyeron en la vida de Carlos Manuel.

a) Exhortacion Por un Mundo Mejor

            Pio XII, 10 de febrero de 1952

            Pío XII escribió a los fieles de Roma, y al mundo, apoyando la obra y tarea realizada por el P. Lombardi, S. J. En la exhortación el Papa recomienda a los fieles que "Ya es hora de que nos despertemos del sueño, porque ahora está próxima nuestra Salvación" (Rom. 13. 11) y hace una fuerte llamada a la acción. que debe tener las siguientes características: "iluminante, clarificadora, generosa y amable" E1 Papa concluye que debemos "esforzarnos". Considero que estas palabras calaron muy fuerte en el corazón de nuestro Beato porque su labor apostólica fue: "iluminante, clarificadora, generosa y amable" como en ese momento la recomendaba Pio XII.

b) Enciclica Haurietis Acquas

            Pió XII, 15 de mayo de 1956

Las enseñanzas de la Encíclica Haurietis Acquas Sobre el Culto y la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús calaron fuerte en el Beato Carlos Manuel porque se encuetran mas que recogidas en sus escritos, expresada, en su vida. Carlos Manuel bebió "aguas con gozo en las fuentes de salvación" (Is. 12, 3). Se acercó a Jesús como lo hiciera la samaritana: "Si conocieras el don de Dios" (Jn. 4, 10). Se adhirió a Cristo y en que forma: "Quien al Señor se adhiere, un espíritu es con El" (1Cor. 6, 17).

7. CONCLUSIONES:

Aunque el trasfondo teológico reinante era de una "sociedad perfecta"; la liturgia se celebraba de espaldas al pueblo y en latín; los laicos estaban un tanto marginados; la Biblia no se utilizaba como fuente ordinaria de vida cristiana y los sacramentos nno se celebraban como encuentros con Cristo; sin embargo nuestro Beato Carlos Manuel se adelantó a la renovación.

Su teologia se enmarca en una eclesiologia inspirada por la presencia de Crisio Vivo y Resucitado. Considera la liturgia como el ejercío del sacerdocio de Jesucristo y en donde la palabra escrita se convierte en la Palabra Viva de Dios que alimenta, fortalece e ilumina. Me ha llamado la poderosamente la atención su definición de santidad: “ santo es el pecador que no se rinde”. No se rindió ante los retos y las dificultades. Por eso es no solamente el primer puertoriqueño en llegar a los altares, sino el major teologo boricua que vive anticipadamente el Concilio Vaticano II.

Gracias por haberme obligado a estudiar mejor la vida de nuestro Beato.

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Consideraciones Culturales

 Dr. Anibal Colón

En este escrito me propongo reflexionar sobre la semblanza intelectual y el aporte cultural del Beato Carlos Manuel Rodríguez. Conocemos las virtudes heroicas del laico universitarlo, pero aún no se ha analizado detenidamente su quehacer cultural en el contexto que le tocó vivir y las proyecciones para el siglo XXI.

Aclaremos, desde un principio, que Carlos Manuel no era un simple intellectual católico. Fue más bien un católico intelectual, es decir, un creyente comprometido seriamente con la cultura desde los postulados de la fe. Si la cultura es el efecto de cultivar los saberes, las artes y de afinarse por medio del ejercicio de las facultades del ser humano, Carlos era una persona culta. Si, como afirma Puebla, la cultura consiste en. el modo particular como, en un pueblo, los hombres y las mujeres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios, entonces el Beato es un modelo cabal de nuestra idiosincrasia o autoctonía boricua. En cualquier caso, trasciende la dicotomía entre la catolicidad y la intelectualidad. Ambas crecen intrínseca y orgánicamente unidas. Cultura, fe y vida se nutren solidariamente en el misterio de la Encarnación. El adjetivo católico no es una protuberancia accidental de la persona culta. Tampoco lo es respecto a la identidad comunitaria. Para Charlie, como lo llamamos cariñosamente, toda cultura que aspira a incorporar así misma el mensaje. cristiano adquiere ciertas notas sociológicas que la caracterizan, en vista de la concepción cristiana del origen y del destino del ser humano.          

Los testimonios que aparecen en los dos volúmenes de la Posilio super vittutibus, repiten varios sustantivos y adjetivos relativos a la solvencia intelectual de Charlie, a saber, docto, instruido, culto, sabio, agudo, scholar, teólogo excepcional, memoria prodigiosa, inteligencia sobrenatural y privilegiada, instinto espiritual, trabajador tenaz, enciclopedia ambulante, profesor de catedráticos, pozo de ciencia, profeta de la sencillez, aleccionador, milagro de sabiduría, buen estudiante, joya oculta, autoridad indiscutible, perito, apóstol completo, verdadero místico, portavoz de la palabra, maestro, laico formado, letrado, escritor organizado, estilo azoriniano... Junto a este reconocimiento, aparece otra constante que apunta hacia la solvencia moral de quien posee y administra bien los conocimientos. Los testigos insisten en el hecho de que Carlos Manuel era una persona muy humilde, amorosa y armoniosa. En otras palabras, su cultura no era un instrumento de soberbia o arrogancia, algo estéril o pedante, sino un medio de caridad y apostolado. Repartía el tiempo y los conocimientos a manos llenas, como en aquélla multiplicación de panes y peces. Fue un siervo culto y oculta: alma grande-mahatma- en cuerpo frágil y pequeño. Si bien le adornaban los atributos que hemos mencionado, daba la impresión de que Carlos no estaba enterado de su elevada sabiduría. Efectivamente, no veía el valor de aquella "serie de papeles' que había escrito.

Estamos, pues, ante un paradigma y un enigma, que requieren una interpretación o, como diríamos en términos teológicos, una exégesis. Por un lado se yergue la presencia luminosa de un justo, cual cirio pascual sobre el candelero. Por otro lado, hay signos de una sabiduría escondida y discreta que se añeja en la solera, como el vino generoso. Y todo este drama interior se desarrolló en el escenario dé unos tiempos muy recios ....

Es importante el resaltar algunos rasgos del ambiente social y cultural---Sifz im Leben--en el que crece y actúa el primer Beato puertorriqueño. El trasfondo general se caracterizó por una transformación económica acelerada, un proceso de transculturación y varias crisis políticas. El mismo documento del proceso de canonización traza unas pinceladas del marco histórico. El siglo XX comienza con un cambio de soberanía que acarrea graves repercusiones para la Iglesia católica.

Las sectas protestantes se dividieron en la Isla por regiones y tomaron como lema convertir a la "paganizada y romanizada Isla", responsabilizando a la Iglesia católica de la pobreza, marginación y atraso en que vivía el pueblo. (.. )      

En la época surge en diferentes partes de la Isla un despertar de laicos que, ante la situación difícil de la Iglesia con un clero mayormente extranjero y en continua lucha con el régimen norteamericano, se dedican a la evangelización como predicadores.

Más tarde, el proceso de industrialización y la relativa estabilidad política  impulsaron el desarroilismo que hoy conocemos, con sus secuelas positivas y negativas. Se intensifica la emigración a las ciudades y a los Estados Unidos. El gobierno local y el federal promueven una campaña neomaltusiana y un sistema de educación laico apoyado por los protestantes. El consumismo, la desorientación de las comunicaciones sociales, la crisis familiar, el secularismo y la laxitud en las costumbres provocada en gran medida por la transcúlturación, patrocinan un modus vivendi ajeno a la fe católica. La nueva axiólogía, o mejor, la corriente de antivalores imperante constituye un gran desafio para el Evangelio y un grave escollo para la salud espiritual.

Añádase a lo anterior el efecto de los conflictos bélicos tanto civles corno internacionales. Aquí. no aludiré a los estragos causados por el militarismo, la codicia y la carrera armamentista. Me refiero: más bien a las luchas ideológicas, particularmente las que estallan en Europa a partir del siglo XIX e invaden el siglo XX. Veamos un caso particular que afecta a Puerto Rico. A raíz de la Guerra Civil Española, algunos pensadores peninsulares se establecen en la Isla. Por una parte, aportan sus artes y saberes a nuestro acervo cultural.  Por otra parte, contribuyen a la promoción de ideas que contrastan con el catolicismo, fortaleciendo así las corrientes adversas a la Iglesia.

El testigo Manuel Adolfo Domenech señala la presencia de esta ideología secularista en la Universidad de Puerto Rico. Miembro del Centro Universitario Católico y estudiante de la UPR en 1960, Domenech menciona los fenómenos que inrrumpieron en la vida universitaria de esos tiempos: el protestantismo militante vinculado a los fundadores de la institución, y la situación política española, En cuanto a esta última, recuérdese la Generación del 98 y su repercusión en la Generación del 30; más la Guerra del 36 que envió al exilio y trató de exterminar gran parte de dichas  generaciones. "La Universidad acogió a varios de ellos y en sus cursos se enseñaban las ideas de esos intelectuales. La Iglesia preconciliar y española apoyó incondicionalmente al grupo rebelde que acabó con la ultima república española".

Según Manuel A. Domenech, corría la opinión de que la Universidad era una amenaza para los creyentes, y que algunos profesores usaban toda la astucia intelectual para minar la fe de los alumnos. Recuerdo que todavía en 1973, cuando estudié y enseñé en la Universidad de Puerto Rica, prevalecía dicha aprensión. También recuerdo que una de las razones que motivó la fundación de la Universidad Católica de Puerto Rico fue la filosofía heterodoxa de la universidad pública.

En el fondo de la controversia yace una profunda discrepancia que se manifiesta en la política, la ética, la pedagogía y la cultura. Se trata de dos cosmovisiones aparentemente irreconciliables. Una de ellas acepta la perspectiva metafísica y sobrenatural. La otra siente aversión a la metafísica y reduce la filosofía á los resultados de la ciencia. En este sentido, un sector de la opinion pública consideraba que en la Universidad del Estado reinaba el positivismo. Curiosamente, esta escuela fundada por Augusto Comte comprende una teoría de las ciencias, una reforma social y una religión sui generis. Sólo acata tos hechos y las relaciones entre ellos. Comte propone un naturalismo sin trascendencia; subraya el cómo y no el por qué (Digamos entre paréntesis que contrariamente a lo que podamos inferir, muchos seguidores originales de Charlie y un buen número de vocaciones religiosas procedían de la facultad de Ciencias Naturales. Los intelectuales presuntamente escépticos o agnósticos servían mayormente a la facultad de Humanidades.) Sería conveniente examinar los excesos del modernismo y las implicaciones para la Iglesia, pero nuestra indagación se extendería demasiado. Sea suficiente, por ahora, citar, como lo hizo Carlos en el pasado, las palabras de Mons. Rodríguez a los universitarios argentinos: “Sólo encuentran dificultad entre el dogma católico y la ciencia, los que desconocen uno de los dos campos o no conocen ninguno de los dos”.

Hagamos un recorrido por la vida y las circunstancias de Carlos para descubrir las fuentes de su cultura. Al iniciar esta síntesis, suponemos los dones y carimas paráclitianos (del espíritu) y la gracia divina: Ahora sólo queremos marcar los hitos de su formación en la peregrinación humana. Su infancia y su juventud se nutrieron de tres instituciones que colaboraron al unísono en la edificación de un carácter heroico: la familia, la parroquia y la escuela. Comencemos con la educación primaría que recibió en un buen colegio católico. El Beato estudió en instituciones públicas y católicas, pero prefería las últimas. Conste la huella que dejó la educación católica, específicamente el influjo de las pedagogas religiosas, en el espíritu del joven cagúeño. Las calificaciones de la escuela primaria fueron excelentes, excepto en caligrafía y dibujo. (Me consuela saber que por lo menos nos parecemos en el déficit de caligrafía y dibujo.) Recibió honores y la medalla de religión. Superó la enseñanza secundaria, con un promedio de 3.74 y el rango 14 entre 178 estudiantes. Cursó un año en la Universidad de Puerto Rico donde mantuvo un promedio de 4.00, a pesar de las ausencias causadas por la enfermedad.

Fuera de la instrucción formal, disfrutó el privilegio de un hogar extraordinario y el cuidado pastoral en su comunidad parroquial. Ya a los 5 años su tía maestra lo instruía. Sabía rezar, leer, recitar, aritmética. Desde pequeño gustaba de la naturaleza, la música y la lectura; y desde la primera enseñanza mostró interés por la Biblia. Con el tiempo llegó a dominar el inglés casi a la perfección. También estudió latín y francés; y aprendió a tocar el piano y el órgano. Fue excelente traductor. Dedicó por su cuenta 12 años al estudio profundo de la liturgia. Le encantaba la música clásica y religiosa. Se extasiaba con algunas piezas de Beethoven y Mozart. Logró integrar la lógica, la ética y la estética. Mas sobre la clásica trilogía verdad-bondad-belleza gobernaba Dios.

Su hermano carnal y espiritual, el P. José Rodríguez, O.S.B., declaró que, durante la década del 44 y aun antes, Carlos desarrolló una intensa investigación combinada con estudio y oración, particularmente en torno a las obras católicas. Estas jornadas de inmersión mística e intelectual no descartaban cualquier escrito sano que cayera en sus manos. En cierta medida, Carlos Rodríguez fue autodidacto, pues se instruyó a sí mismo, sin auxilió de maestros en algunas etapas. Pero, por otra parte, contó con muchos maestros y el magisterio celestial: Dios, la Iglesia, los directores espirituales, los libros y las revistas, la liturgia... "Hijo del Espíritu Santo”, le llamó una catedrática. Además, aprendió mucho con toda clase de gentes: incultos e intelectuales. Dominaba un conocimiento extraordinario de la Biblia y del magisterio eclesiástico, conocimiento que apreciaba y aplicaba a su vida y apostolado.     

Era un lector voraz e insaciable. Disfrutaba la lectura edificante, con lápiz y regla en manó para subrayar las líneas más importantes. Meditaba,. Escudriñaba los textos para beneficio propio y provecho ajeno. Aunque leía todo género de libros profundos de diversos temas, no era un lector anárquico." Tenía su agenda intelectual y su plan sistemático de conacimientos integrados. Le interesaba la cultura universal: ciencia, arte, música, sociología, filosofía, teología, política, etc. Siempre le acompañaba un libro, y nunca dejó de estudiar.

Para que tengamos una idea de la profundidad y amplitud de sus lecturas, presento una muestra de los autores y las obras que he espigado en su biografía intelectual: Sagradas Escrituras, Misal, Breviario, Acta sanctorum, San Juan Crisóstomó, San Agustín, San Ambrosio, León Magno, Santo Tomás de Aquino, San Francisco, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Santo Cura de Ars, documentos pontificios (Renum novarum, Quas primas, Fermo proposito, ínter pastoralis officii, Musicae sacrae disciplina, Casti connubii, Medialor Dei, Nlystici Corporis, Divino afflante Spiritu), Edith Stein, Charles de Foucauld, Pier Giorgio Frassali, Cardenal Newman, Cardenal Suhard, Mons. fiuiton Sheen, Thomas Merton (The Seven Stories Uountain, y otros), G. K Chesterton (El hombre eterno, y otros), Paul Muriac, Pius Parsch, ,lean Danielou (The Bíble and Liturgy, y otros), Henry de Lubac, Romano Guardini, Righetti, Plus, Jacques Leclercq, Jungmann, Jacques y Raissa Maritain, P. Teilhard de Chardin, Thils, Pieper, Vonier, L. Bouyer (Líturgical Piety), Lenz, Gradmaisson; L. Van Kersberger (The nonnal School of Sanctity for the Laity), Karl Stern (Pillar of Fire), Sánchez Aliseda, Garrido, Mons. Rodríguez Nuestras razones), P. Laburu (El origen de las especies; Qué es la Iglesia), P. Cl`rfford Howell (Preparing for Easter, El crecimiento del Cuerpo; Of Sácraménts and Sacrificie), Erick 'van KuebnettLeddiln ("Church-State Relafons"), Christopher Dawson ("Socíology as á Science") , Pascual Aguilar, León Bloy (en colección de citas), documentos de la Sagrada Congregación de Ritos, revista Worship, E. Goicoechea y A. Danoz (Visa comunitaria)... De estos escritos le atraían lo profundo de la experiencia espiritual y las virtudes practicadas en grado heroico.

Este breve inventarió no incluye cientos de títulos de libros, folletos y revistas que él leyó, prestó y régaló. Sin embargo lo impresionante no es la calidad de escritos ni la información acumulada, sino la asimilación inteligente de las ideas, la vivencia auténtica de las mismas y lá voluntad de compartir generosamente los conocimientos adquiridos. Llenar los graneros del saber no era su fin; pese a su amor a la cultura.Como Andrés Bello, él aprendió para enseñar y para prodigar el saber. Al hablar parecía como si entrara a lo más íntimo de su ser y extrajera tesoros secretos. Sí, al igual que María, él guardaba perlas escondidas en su corazón. La aspiración esencial de Carlos consistía en conocer a Cristo, darlo a conocer, amarlo y hacerlo amar, pero no de forma abstracta. Por eso Dios lo escogió; y de su fragilidad hizo un vaso de sabiduría.

Aquí viene a mi mente el mensaje paulino sobre la sabiduría del mundo y la sabiduría cristiana, la primera alude a las especulaciones del pensamiento y los artificios de la retórica. La otra es obra del Espíritu en Cristo crucificado, para que el cristiano espiritual pueda juzgarlo todo.

Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el doctor? ¿Dónde el sofista dé este mundo? ¿,Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los. gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debílidád divina, más fuerte que la fuerza de los hombres (I. Cor. 1, 19-25)

En efecto, Dios escogió a lo necio del mundo, para confundir a los sabios; y lo débil, para confundir los fuertes: Dios hizo a Cristo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. San Pablo presenta su apología pro víta sua pues no fue a los corintios con el prestigio de la palabra o de la sabiduría. "No quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucifcado (...) Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios." El hombre psíquico, es decir, el que se abandona exclusivamente a los recursos de su naturaleza, no capta las cosas espirituales ni podrá poseer el pensamiento de Cristo.

Considero que ,el Beato Carlos fue un hombre espiritual, en el sentido más profundo de la palabra, y no puede ser juzgado por los carnales. Poseyó la verdadera humildad del sabio, más allá de todo fariseísmo cátaro. Culto y oculto, podía decir con Jeremías: "la palabra era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en las huesos; intentaba contenerla y no sabía». Cultura y espiritualidad cristiana confluyen en un profeta que sabía decir la verdad.

Maestro de doctores, no se dejaba impresionar por doctorado alguno. Fue un catedrático del amor a la cultura y de la cultura del amor: Enseñaba a niños y adultos. Era misericordioso con los estudiantes porque veía sus esfuerzos, y los consideraba a la hora de corregir los exámenes.

Conocemos otros detalles que revelan su altura espiritual y calibre intelectual. Tanto llegó a preocuparle la cuestión cultural, que a dos de sus grandes apostolados les llamó: Círculo de Cultura Cristiana y revista Cultura Cristiana.

Consumía largas horas de penoso trabajo para mantener y perfeccionar las publicaciones.

Rafael A. Mrabal Condé atestiguó que Charlíe sobresalía por su inteligencia, y más por su humildad. Él era agudo y preciso en la controversia, Tendía a saltar dos o tres escalones en la línea de pensamiento, caso común en las personas inteligentes que han leído mucho y han enseñado poco según la pedagogía formal. "El vuelo de su pensamiento apenas tocaba las varias etapas del edificio intelectual que iba formando y para el no iniciado parecía saltar de la primera idea a la tercera con una rapidez y elocuencia asombrosas. Resultaba maravilloso oírlo hablar aún cuando se discrepara de él. Su ser entero constituía un instrumento de gran precisión y, por definición, de infinita sencillez."

Sabía responder a los escépticos con mansedumbre, fe y comprensión. Su preparación y madurez cristiana le permitían participar serenamente en el diálogo ecuménico. Aunque dominaba los argumentos apologéticos y la dialéctica y defendía, como buen caballero, los principios y la praxis de su credo, rechazaba el proselitismo vulgar. Sus procesos de evangelización eran finos y elegantes. Convencía con el ejemplo de su vida, con la dedicación el conocimiento religioso y los resortes luminosos de la persuasión. Por algo los intelectuales universitarios lo escuchaban, lo admiraban y le hacían muchas preguntas sobre fe y cultura, fe y ciencía, fe y política. A más de un ateo movió a revisar la actitud ante el asunto de Dios. Con su estilo universitario, defendía la verdad sin dobleces, a la vez que compartía en un ambiente de amistad y respeto por la opinión ajena. Cuando aclaraba asuntos relativos a las ciencias sociales y naturales, explicaba ampliamente el hecho en sí, sus implicaciones teológicas y la postura ecclesial, luego recomendaba diversas fuentes donde se podía estudiar el tema.

El P. Alvaro de Boer, O.P. siempre opinó que Charlie tenia los estudios necesariós para el sacerdocio. Se dice que el P. Juan Donovan, C.Ss.R., lo recomendó para ofrecer los cursos teológicos de la extensión de la Universidad Católica en Caguas, ya que era el más capacitado. Poco antes de su hospitalización, se presentó su nombre para los cursos de liturgia en el seminario.

Después de medir la estatura intelectual de Carlos Manuel, y habiendo ponderado la modalidad crística de su sabiduría, consideremos ahora la esencia y la finalidad de su apostolado cultural. La clave hermenéutica de esta peculiar entrega evangelízadora se esconde en el binomio culto‑cultura o liturgia‑cultura. De esta manera, no nos extrañará la razón por la cual cambió el nombra de Círculo de liturgia a Círculo de Cultura Cristiana. Para probar esta hipótesis comenzaré enumerando los fines generales del Circulo de Cultura Cristiana (C.C.C.): lograr que sus miembros lleguen a ser intelectuales católicos y apostólicos; laborar por la restauración y renovación de una cultura verdaderamente cristiana; laborar por la realización de los ideales del movimiento litúrgico. la catolicidad y la apostolicidad se inspiran en estas palabras de Pío XI:

...La educación cristiana comprende todo el ámbito de la vida humana, sensible y espiritual, intelectual y moral, doméstica y social, no para menoscabarla en modo alguno, sino para elevarla, regularla y perfeccionarla según los ejemplos y la doctrina de Cristo. De suerte que el verdadero cristiano, fruto de la educación cristiana es el hombre sobrenatural, que piensa, juzga y obra constante y coherentemente, según la recta razón iluminada por ta luz sobrenatural de los ejemplos y la doctrina de Cristo.

Hermoso texto del Magisterio pontificio que pudo servir de vademécum al Beato. El fundador del C.C.C. señaló una diferencia vital entre un intelectual católico y un intelectual que es católico. La comunidad cristiana comunidad cabal en el sentido sociológico más estricto es “el pueblo que ha transformado toda su actividad cultural por la incorporación de una vida sobrenatural en sus miembros.” Por consiguiente, su quehacer, en todos los ámbitos, adquiere un significado único qué lo caracteriza. El liturgo criollo se remonta al estudio de los clásicos del cristianismo para captar el reconocimiento de este estilo de vida. Paradójicamente, mirar al pasado no es un ejercicio atávico, sino un proyecto de renovación. Acudir a la Biblia, al Misal, al Breviario, al Acta Sanctórum, la patrística y la filosofía perenné nos ayuda a redescubrir lo más genuino de nuestra tradición cristiana. Es como un venero que se multiplica en siete ríos a lo largo de la historia. El bienaventurado Carlos bebió en las ricas aguas de la herencia católica: benedictinos, franciscanos, dominicos, carmelitas, jesuitas, redentoristas, diocesanos...

Carlos percibe el valor de la traditio como entrega y aceptación del tesoro espiritual. Frente a las filosofías de corte positivista e ínmanentista, apuesta por un compromiso fiducial y un cristianismo encarnado. El manifiesto del Círculo favorecía la piedad litúrgica, bíblica, ascética y mística; un fermento cristiano en todas las esferas de la vida: literatura, arte, educación, sociedad, Estado y, en  última instancia; un humanismo cristiano, es decir, teocéntrico. Los católicos deben vivir el presente, despiertos al momento actuar y aprovechar lo bueno del presente y del pasado, superando el arcaísmo y el modernismo. Con los ojos puestos en el futuro, y conscientes de que el escatón ha comenzado con la encarnación del Verbo, saben que ese futuro escatológico se va realizando mediante los sacramentos: “... la última y trascendental novedad les ha sido adelantada por e1 orden sacramental.” La más honda espiritualidad es aquella que se funda en el conocimiento y la vivencia de la realidad sacramental del sacrificio crística y de otras fuentes de la vida sobrenatural que fluyen de ese misterio. Citando a Pío XII, Carlos pregona un credo cuyos límites vienen impuestos por la verdad y el bien, pues lo católico "no excluye por si más que el pecado y el error, y abraza en cambio todo el campo de la inteligencia y la vida entera a través del tiempo y del espacio.

Ahora entendemos por qué, en 1958, la agrupación de profesores y estudiantes pasó a llamarse Círculo de Cultura Cristiana. Ciertamente, se ajustaba mejor a los objetivos de estudio y acción que él tenía en mente: logos y praxis. Más aún, recogía las inquietudes teológicas, culturales y pastorales en una síntesis superior; según la mentalidad de un místico clásico‑vanguardista. Su fundador se dedicó al estudio con seriedad y formalidad, y logró un perfecto equilibrio entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo antiguo y lo moderó. Superó el hiato entre fe y cúltura. Fue promotor del liderazgo renovador, que predicaban los Papas. Le satisfacía su trabajo en el Centro Universitario Católico, apostolado seglar fecundo, porque evangelizaba a los universitarios, por medio de la educación teológica y litúrgica, Estos crecían sólidamente como profesionales, intelectuales y creyentes.

La Hna. Lavinia Ortiz, C.V.V., una de aquellas evangelizadas, propone que se destaque en él la cultura cristiana, tan valorada en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Remito a los lectores a los números 95-104 y 252-271 de las Concusiones de Santo Domingo. Concuerdo con la Hna. Lavinia en el sentido de que la Iglesia ha estado muy preocupada por el asunto de la cultura. Charlie se entregó en cuerpo y alma a la formación espiritual e intelectual de los laicos. Era necesario preparar bien a los intelectuales católicos; de esta manera podían crecer en una fe profunda, firme y  comprometida. Afincado en la sequela Christi y viviendo la liturgia como pedagogía de la fe, el maestro Carlos unía la enseñanza con la experiencia concreta. La religiosidad caminaba, a la par con el universo de las diversas disciplinas. Me aventuro a decir que propició el diálogo interdisciplinario.

Asimismo, mantuvo correspondencia con personas de diversos saberes y de muchos países. Por lo que hemos dicho hasta aquí, tal vez nos asalte la impresión de que la formación y las preferencias culturales de Carlos Manuel son sustancialmente europeas. Si éste fuera el caso, su cosmovisión trasladaría al archipiélago puertorriqueño, los ideales y avatares de un continente lejano. Evidentemente, el teólogo de la sonrisa jíbara y beatifica se debe mucho a la efervescencia europea y a la sana enseñanza romana. Pero también se sirvió de algunos pensadores norteamericanos y de la tradición intelectual católica en general. En efecto, su cultura fue universal, al punto que algunos lo reconocieron como hombre renacentista.

Ahora bien, Charlie fue más allá de la cultura clásica. Asumía todo lo humano, bajo la luz del misterio cristiano. Ese mismo misterio le hablaba de pobreza, fidelidad a su pueblo, encarnación. No le permitía explotar sus conocimientos para ganar privilegios ni fines lucrativos. La vasta erudición lo acercaba a su tierra, en lugar de enajenarlo.  Carlos Manuel fue un gran patriota que vivió su fe como parte de su identidad y viceversa, en una comunión simbiótica. Mostraba un genuino interés por la situación social y política del país y los medios de comunicación. Con su pluma, palabra y acción se esforzaba por solucionar los grandes problemas de su amada tierra: el divorcio, el aborto, las campañas neomaltusianas, la delincuencia, la enseñanza en las escuelas, la injusticia  social, los salarios injustos, los ataques a la dignidad humana. En la búsqueda del bien presente y eterno del ser humano, manifestaba especial solicitud por los pobres y marginados. En cierta ocasión recabó información a El Roto con el fin de defender mejor la postura de la iglesia ante las claudicaciones del Estado. Toda esta obra altruista del laico beatificado responde a la dimensión social del Evangelio en el quehacer diario y no a un reduccionismo de tipo sociológico. El coincidió con J. Maritain en que la renovación del orden social acorde con un patrón cristiano ha de ser fruto de la santidad.

También promovió la cultura autóctona. El asceta y liturgo de altos vuelas practicaba la auténtica religiosidad popular y los sacramentales: bendiciones, santo Rosario, peregrinaciones, velas, imágenes, adornos navideños, devociones, estampas, la candelaria, triduos... Luchó incansablemente por el uso del vernáculo y la participación del pueblo en la Misa; colaboró con la creación de institutos religiosos nativos. En aquellos tiempos la Iglesia necesitaba urgentemente el conocimiento y la experiencia de la cultura propia. Charlie abrigaba la esperanza de un cambio en esta disección. Fue una esperanza profética. Como si predijera la tónica pastoral de Gaudium et spes y Evangelíí nuntiandí, apreció la presencia del Señor en la ríqueza y diversidad de las manifestaciones culturales. Señaló los caminos de la inculturación del Evangelio y la evangelización  de la cultura. Igualmente, valoró las raíces históricas y la identidad cultural de nuéstra fe frente a la ignorancia alienante. Un testigo del proceso declaró que Charlie sufría a causa de la mediocridad aceptada por algunas personas que estaban llamadas a ser líderes.

Las reliquias de Charlie saltaron de alegría cuando escucharon las conclusiones de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Allí se afirma que la acción de Dios se da permanentemente en el interior de todas las culturas. La inculturación es un proceso conducido desde el Evangelio hasta el interior de cada pueblo y comunidad con la mediación del lenguaje y de los símbolos comprensibles y apropiados a juicio de ia Iglesia.

Una meta de Evangelización inculturada será siempre la salvación y liberación integral de un determinado pueblo o grupo humano, que fortalezca su identidad y confíe en su futuro específico, contraponiéndose a los poderes de la muerte, adoptando la perspectiva de Jesucristo encamado, que salvó al hombre desde la debilidad, la pobreza y la cruz redentora La Iglesia defiende los auténticos valores culturales de todos los pueblos, especialmente de los oprimidos, indefensos y marginados, ante la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna (Santo Domingo, 243). .

Ya Carlos Manuel se había enfrentado a las aberraciones de esta sociedad moderna y a los síntomas negativos de la nueva cultura. Había disertado sobre el secularismo y presentía las ambigüedades de la técnica. La cultura modemá abogó por la centralidad del hombre y la absotutización de la razón. Las conquistas científicas, tecnológicas e informáticas de la razón satisfacen muchas de las necesidades humanas. Por otro lado, han buscado una autonomía frente a la naturaleza, a la que el hombre domina; "frente a la historia, cuya construcción él asume; y aun frente a Dios; del cual se desinteresa o relega a la conciencia personal, privilegiando al orden temporal exclusivamente» (Ibid, 252).

La postmodernidad nos dice que el proyecto reduccionista de la razón moderna fracasó. Hoy cuestionamos seriamente algunos “logros” de aquella agenda optimista y la confianza en el progreso indefinido, si bien se reconocen sus valores (cf. G.S.. 57). Todas estas crisis y transformaciones del peregrinar humano plantean graves desafíos a la evangelización de la cultura.

Ardua tarea, ya que la misma iglesia lamenta su escasa presencia en el campo dé las expresiones dominantes del arte, del pensamiento filosófico y antropológico-social y en el ámbito de la educación. Asimismo, hoy como ayer, los laicos comprometidos expresan una sentida necesidad de formación y espiritualidad. Es aquí donde resalta el gran reto de las universidades católicas, llamas a realizar un proyecto cristiano del hombre y la mujer. Nuestra universidad debe estar en diálogo vivo, continuo y progresivo con el Humanismo y con la cultura técnica, de manera que sepa enseñar la auténtica Sabiduria cristiana en la que el modelo del 'hombre trabajador', aunado con el del 'hombre sabio', culmine en Jesucristo. Sólo así podrá apuntar soluciones

para los complejos problemas no resueltos en la cultura emergente y las nuevas estructuraciones sociales..." (S.D. 268). Dichos problemas incluyen la dignidad de las personas, los derechos inviolables, la familia, la solidaridad, el compromiso de la sociedad democrática, la crisis económico-social, la velocidad del cambio cultural, el sectarismo religioso...

Todo lo anterior nos remite á un aggiomamento al estilo de Charlie. De alguna manera, ya él estaba mirando, con los ojos proféticos, hacia el siglo XXI. El Beato Carlos sé santficó en la verdad, en la verdad completa y sin doblez.

Pasó por todos los dolores, pero no por aquel que niega la santidad. Ejerció la caridad en el mundo difícil de los intelectuales. Amó el arte de vivir y el ideal de la sabiduría. Amó la verdad que no se conquista sólo con la razón sino con todo el ser, por la vía amorosa. Fue sabio, y, sobre todo, santo, que es la más alta sabiduría. Que al final de la jornada, el que se salva, sabe; y e1 qúéno, no sabe nada.

Hombre entusiasmado-endiosado, en el genuino sentido etimológico- es modelo de laico responsable y comprometido, que vive una fe adulta y madura, amando  a la Iglesia y al prójimo. Hombre del mundo en la Iglesia y hombre de la Iglesia en el mundo, se hizo respetar como católico instruido y  valiente. Amén.

"Todo hombre sincero e inteligente que investíga y estudia su filosofía y su doctrina [de la Iglesia] en toda su pureza, necesariamente tiene que aceptarla- No apela ella a sentimentalismos y afectividades sino a la razón, la razón tiene hambre de verdad, y ésta tiene tal semblante inconfundible que, una vez reconocida, se la ama. Es preciso atacar el problema espiritual del ser humano de raíz, mostrarle quien puede saciar su hambre espiritual y a la necesidad de la razón como la guía en la búsqueda de la verdad y el descanso de la misma en el amor” (Carlos M. Rodríguez).

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HOMILÍA  MISA DE APERTURA PRIMER CONGRESO DEL BEATO CARLOS MANUEL RODRÍGUEZ POR ROBERTO OCTAVIO GONZÁLEZ NIEVES, OFM ARZOBISPO METROPOLITANO DE SAN JUAN DE PUERTO RICO CENTRO DE BELLAS ARTES, CAGUAS, P.R.

MARTES 9 DE ABRIL DE 2002  

II. Homilía:  Carlos Manuel: Un beato desde la vida laical

Queridos hermanos y hermanas en Jesús Resucitado:

El pasado 8 de marzo de 2001, los Obispos de Puerto Rico, en una exhortación pastoral,  proclamamos como año del Beato Carlos Manuel a partir del 29 de abril de 2001, fecha de la beatificación hasta el 29 de abril de 2002, todo esto con el propósito primordial de agradecer a Dios Padre Todopoderoso, por el don de tener nuestro primer Beato, el laico Carlos Manuel. 

En esa misma exhortación pastoral, exhortábamos a que se realizaran diferentes actividades para “invitar a los fieles a una digna participación de los Sacramentos y fortalecer la vitalidad de la Iglesia” (8); también se propuso iniciar “estudios de su espiritualidad y en iniciativas que promuevan una vida centrada en Cristo.” (8).

Este Congreso que inauguramos en la mañana de hoy, se origina en aquella exhortación pastoral y tiene como propósito, que todo nuestro pueblo abra sus labios para agradecer a Dios por el regalo de un modelo de Santidad tan cercano a nuestra realidad, promover una participación de todos más adecuada en los Sacramentos y vida eclesial tanto diocesana y parroquial como personal y social, y promover que todos los habitantes de nuestra jurisdicción puertorriqueña, mediante los ejemplos y enseñanzas de nuestro Beato tengan una vida centrada en Jesús, quien es nuestro Rey, Resucitado, glorioso y capaz de transformarnos, si nos acercamos a Él, o realmente le encontramos, como sucedió con los apóstoles, con Zaqueo, con María Magdalena y otros tantos y tantas, cuyas vidas tomaron un nuevo rumbo ante la invitación de Jesús a seguirle.

Esta invitación a seguir a Jesús, es una invitación de ayer, hoy y siempre, es una invitación incesante. Esta invitación la vemos oportunamente representada en la parábola de los obreros de la última hora en el evangelio de San Mateo que nos dice: “El Reino de los cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.... Volvió a salir a media mañana y al ver a otros desocupados en la plaza y les dijo- vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo... Al caer la tarde salió de nuevo y encontrando todavía a otros, les dijo-¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada? Ellos le respondieron:-Nadie nos ha contratado- Entonces les dijo: -Vayan también ustedes a mi viña-“ (Mt. 20 1-6)      

Uno de los mensajes principales de esta parábola es demostrar la urgencia que hay en esa invitación a trabajar en la viña del Señor. Los obreros contratados a diferentes horas significan que cualquier tiempo es bueno para unirse a las labores evangélicas, significa también que el Señor sigue haciendo ese llamado constante e incesantemente hasta el fin de los tiempos. 

En esta misma parábola vemos como estamos invitados a trabajar en la viña, obreros de diferentes, ricas y diversas categorías  por lo que realmente significa para nosotros, es que todos y todas y cada uno o una de nosotros estamos invitados a seguir a Jesús y a trabajar en su viña; por eso es que nos dice el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica post sinodal, Christifideles laici (de los fieles laicos) del 30 de diciembre de 1988 que,  “La llamada no sólo se dirige a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión a favor de la Iglesia y el mundo” (2).

Aunque esta Exhortación apostólica fue escrita aproximadamente 25 años transcurrida la muerte del Beato Carlos Manuel, lo cierto es que nuestro Carlos Manuel, accedió con mucho entusiasmo a la invitación del Señor a seguirle. Carlos Manuel entendió que como mejor respondería a ese llamado era desde la vida laical. Aunque él vivió de cerca lo que era el llamado al sacerdocio y a la vida consagrada ya que uno de sus hermanos era y es sacerdote y una de sus hermanas optó por la vida consagrada religiosa. Nuestro Beato quiso trabajar en la viña del Señor desde el laicado.

La invitación que Jesús nos hace a todos a seguirle, es primeramente una invitación a vivir nuestra vocación a la santidad porque venimos de Dios quien es Santo y a Dios vamos como nos dice el libro del Génesis: “Recuerda que eres polvo y al polvo retornaras” (buscar cita). Como decía San Agustín: “inquieta está mi alma e inquieta permanecerá hasta que no descanse en ti”. Hemos sido creados por Dios y para Él vivimos y existimos. Como dice San Pablo, “Somos del Señor.”

Carlos Manuel desde muy temprano comprendió la realidad de nuestra procedencia y conexión con el infinito. Desde muy temprano las palabras del Señor hicieron eco en su alma y corazón, manifestándose así su ardiente y apasionada búsqueda de Dios en los caminos de santidad. Lo interesante es que nuestro Beato inició su camino a la santidad desde la vida laical; no lo hizo en un contexto extraordinario, sino desde su ambiente de estudios, de trabajo, desde su ambiente social y familiar. No se aparto de la sociedad, al contrario, desde un humilde trabajo vivió una  riqueza espiritual y utilizaba su propio dinero para hacer obras de caridad, para invertirlos en materiales que le sirvieran de herramientas útiles en su camino a la Santidad.

Como vimos en la parábola de la viña, la invitación que nos hace el Señor a seguirle, es una invitación a trabajar por su Reino. Cada uno de nosotros en virtud de nuestro bautismo, estamos llamados a trabajar incesantemente para hacer realidad el Reino de Dios aquí en la tierra como en el cielo. Carlos Manuel, desde su vida de laico, trabajó afanosamente, no sólo en sus diferentes trabajos renumerados, sino que trabajó afanosamente por el Reino de Dios en la porción de la viña en que el Señor lo plantó y que nuestro corazón llama Puerto Rico.  Carlos Manuel, desde su vida laical, fue fiel a su fe cristiana y fue fiel a su fe católica. Él vivió para “dar gratis, lo que gratis recibió”. La luz que descubrió en el Evangelio de Jesús, no se la reservó para sí, sino que desde una vida cotidiana, la puso al servicio de la Iglesia, de sus allegados y de su prójimo para que alumbrara los senderos que conducen a Jesús y que muchas veces están llenos de obstáculos y distracciones. 

Recuerdo que el año pasado estuve confirmando en Canovanas y después de la misa conocí a varias personas que habían sido estudiantes del Beato Carlos Manuel quien por un tiempo dicto un curso de liturgia en la parroquia del pueblo, viajando en carro público desde Caguas a Río Piedras y desde Río Piedras a Canovanas.

Este curso lo ofreció gratuitamente, un curso que abundaba el tema central de sus escritos y conferencias, la liturgia y los misterios pascuales de nuestra fe.  Recordemos su celebre frase, “Vivimos para esa noche.” 

Como todo ser humano de su época, la sociedad en que vivió Carlos Manuel presentaba tantos desafíos como la nuestra, aunque en diferentes contextos sociales.  En algunos escritos del Beato, vemos sus esfuerzos por combatir la propaganda que se hacía a favor de los anticonceptivos, de la esterilización de las mujeres, de la secularización de las escuelas públicas. También, leemos de sus escritos, cómo Carlos Manuel se esforzaba por educarse para educar a otros en la fe, cómo fortalecía su fe católica para defenderla ante los demás, quienes muy usualmente renegaban no sólo de la fe, pero de la existencia misma de Dios. En esa porción de la viña en tierra puertorriqueña, llena de tantos desafíos es que Carlos Manuel vivió a plenitud la invitación a la santidad que el Señor le hizo y que continúa, día a día haciéndonos a nosotros.

Somos conscientes del  desolador contexto en que nos estamos desenvolviendo, no sólo en Puerto Rico, sino en todo el mundo entero. Vemos como a nivel mundial la guerra, la violencia, (hoy particularmente en la Tierra Santa el lugar donde nación, vivió, padeció, murió y resucito Nuestro Señor, Jesucristo, Príncipe de la Paz, un hijo de la nación judía y en este día de hoy nos detenemos con nuestros hermanos judíos en conmemoración del Día de la Recordación de las víctimas del holocausto, orando por la paz y la concordia entre todas las razas),  la pobreza, el hambre, el aborto, la eutanasia  y la injusticia atentan contra la dignidad del ser humano afligiéndole y traspasando su corazón usurpándole su derecho a la felicidad, a su libertad y a su paz.

En Puerto Rico, también, vivimos en un contexto social, político y económico muy agitado donde somos víctimas de muchos males, tales como la criminalidad, la corrupción, el aborto, la violencia, la esterilización, el maltrato a niños, mujeres y envejecientes, y los ejercicios militares en Vieques aunque confío que se dé el cese definitivo y permanente de estos ejercicios en o antes de mayo del 2003. También,  lamentablemente nos afecta un indiferentismo religioso el cual tiene su primera manifestación en el hogar, luego en la escuela, que se sigue con la universidad, y continúa en los lugares de trabajo excluyendo el sentido de lo religioso de tantas facetas de nuestro diario vivir.

Todo este contexto puede cambiar si cada uno de nosotros abre su corazón a un encuentro personal e íntimo con  Jesús vivo. Un encuentro que cambie nuestras vidas, que seamos capaces de reconocer que todos los anhelos del ser humanos se ven realizados en la Resurrección de Jesús. Necesitamos un mundo gobernado por padres y madres de familia, maestros, jueces,  líderes políticos, empresarios, obreros, artistas, médicos, abogados, reporteros, etc. llenos del amor y la misericordia de Dios, de su justicia y paz. En Puerto Rico, todos nosotros, creyentes y seguidores de Jesús, y aun no-creyentes,  jóvenes, adultos y ancianos al igual que Carlos  Manuel, podemos impregnar nuestros hogares, labores y áreas de convivencia social con la presencia del Misterio del Amor, y para nosotros y nosotras, cristianos, sobre todo, la presencia gloriosa del Resucitado.

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