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A menudo los Papas adoptaban el escudo de su familia, si existía, o
componían un escudo con simbolismos que indicaban su ideal de vida, que
hacían referencia a hechos o experiencias pasadas, o que aludían a
elementos vinculados a su programa de pontificado. Con frecuencia
aportaban alguna variante al escudo que habían adoptado como obispos.
También el cardenal Joseph Ratzinger, que al ser elegido Papa tomó el
nombre de Benedicto XVI, ha escogido un escudo rico en simbolismos y
significados, para legar a la historia su personalidad y su pontificado.
Como es sabido, un escudo lleva en su interior algunos símbolos
significativos y está rodeado de elementos que indican la dignidad, el
grado, el título, la jurisdicción, etc. El escudo adoptado por el Papa
Benedicto XVI es muy sencillo en su composición: tiene figura de cáliz,
que es la forma más utilizada en la heráldica eclesiástica (otra forma
es la de cabeza de caballo, como la que adoptó Pablo VI).
En su interior, el escudo del Papa Benedicto XVI ha variado con respecto
a su escudo cardenalicio: ahora es de color rojo, con capas de color oro.
En efecto, el campo principal, que es rojo, lleva dos cantones laterales
en los ángulos superiores en forma de "capa", que son de color oro. La "capa"
es un símbolo de religión. Indica un ideal inspirado en la
espiritualidad monástica y, más típicamente, en la benedictina. Varias
órdenes o congregaciones religiosas han adoptado la forma con "capas" en
su escudo, como por ejemplo los carmelitas y los dominicos, aunque estos
últimos lo llevaban sólo en una simbología más primitiva que la actual.
Benedicto XIII, Pietro Francesco Orsini (1724-1730), de la Orden de
Predicadores, adoptó el "vestido dominicano", que es blanco con una capa
de color negro.
El escudo del Papa Benedicto XVI contiene simbolismos que ya había
introducido en su escudo de arzobispo de Munich y Freising, y luego en
el de cardenal. Sin embargo en la nueva composición están ordenados de
modo diverso. El campo principal del escudo es el central, de color rojo.
En el punto más noble del escudo hay una gran concha de color oro, la
cual encierra una triple simbología. En primer lugar, tiene un
significado teológico: alude a la leyenda atribuida a san Agustín, el
cual, al encontrar en la playa a un niño que con una concha quería meter
toda el agua del mar en un agujero hecho en la arena, le preguntó qué
hacía. El niño le explicó su vano intento, y san Agustín comprendió la
referencia a su inútil esfuerzo por tratar de meter la infinitud de Dios
en la limitada mente humana. Esa leyenda tiene un evidente simbolismo
espiritual, para invitar a conocer a Dios, aunque en la humildad de la
inadecuada capacidad humana, acudiendo a la inagotable doctrina
teológica.
Además, desde hace siglos, la concha se usa para representar al
peregrino: un simbolismo que Benedicto XVI quiere mantener vivo,
siguiendo las huellas de Juan Pablo II, gran peregrino por todo el mundo.
La casulla que usó en la solemne liturgia del inicio de su pontificado,
el domingo 24 de abril, llevaba muy evidente el dibujo de una gran
concha.
La concha es también el símbolo que se halla en el escudo del antiguo
monasterio de Schotten, en Ratisbona (Baviera, Alemania), al que Joseph
Ratzinger se siente espiritualmente muy vinculado.
En la parte del escudo denominada "capa" hay también dos símbolos que
proceden de la tradición de Baviera, que Joseph Ratzinger, al ser
nombrado arzobispo de Munich y Freising, en 1977, introdujo en su escudo
arzobispal. En el cantón derecho del escudo (a la izquierda de quien lo
contempla) hay una cabeza de moro al natural (o sea, de color marrón),
con labios, corona y collar rojos. Es el antiguo símbolo de la diócesis
de Freising, erigida en el siglo VIII, que se convirtió en archidiócesis
metropolitana con el nombre de Munich y Freising en 1818, después del
concordato entre Pío VII y el rey Maximiliano José de Baviera (5 de
junio de 1817).
La cabeza de moro no es rara en la heráldica europea. Aparece aún hoy en
muchos escudos de Cerdeña y Córcega, así como en varios blasones de
familias nobles. También en el escudo del Papa Pío VII, Barnaba Gregorio
Chiaramonti (1800-1823), aparecían tres cabezas de moro. Pero el moro en
la heráldica de Italia en general lleva alrededor de la cabeza una banda
blanca, que indica al esclavo ya liberado, y no está coronado, mientras
que sí lo está en la heráldica germánica.
En la tradición bávara, la cabeza de moro aparece con mucha frecuencia,
y se denomina caput ethiopicum o moro de Freising.
En el cantón izquierdo del escudo (a la derecha de quien lo contempla)
hay un oso, de color marrón (al natural), que lleva una carga en el lomo.
Una antigua tradición narra que el primer obispo de Freising, san
Corbiniano (que nació hacia el año 680 en Chartres, Francia, y murió el
8 de septiembre del 730), al realizar un viaje a Roma a caballo,
mientras atravesaba un bosque, fue atacado por un oso, que mató a su
caballo. El santo obispo no sólo logró amansar al oso, sino que también
lo cargó con su equipaje, obligándolo a acompañarle hasta Roma. Por eso,
el oso está representado con una carga en el lomo. La simbología es
fácil de interpretar: el oso domesticado por la gracia de Dios es el
mismo obispo de Freising, y la carga es el peso del episcopado que lleva
sobre él.
Por eso, el escudo del emblema papal puede describirse ("blasonado") de
acuerdo con el lenguaje heráldico de la siguiente manera: "De color rojo,
con capas de color oro, y con una concha también de color oro; en la
capa derecha, una cabeza de moro al natural, con corona y un collar
rojos; en la capa izquierda, un oso al natural, de lampazo, con una
carga de color rojo, atada con cintas negras".
Como hemos descrito, el escudo contiene en su interior los símbolos
relacionados con la persona a la que pertenece, con su ideal, con sus
tradiciones, con su programa de vida y con los principios que lo
inspiran y guían. En cambio, los diversos símbolos del grado, de la
dignidad y de la jurisdicción de la persona aparecen en torno al escudo.
Desde tiempo inmemorial, es tradición que el Sumo Pontífice lleve en su
emblema, alrededor del escudo, las dos llaves "cruzadas" (al estilo de
la cruz de san Andrés), una de color oro y otra de color plata. Varios
autores las interpretan como los símbolos de los poderes espiritual y
temporal. Aparecen detrás del escudo, o por encima de él, con cierto
relieve.
El evangelio de san Mateo narra que Cristo dijo a Pedro: "A ti te daré
las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará
atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en
los cielos" (Mt 16, 19). Así pues, las llaves son el símbolo típico del
poder dado por Cristo a san Pedro y a sus sucesores; y por eso con razón
aparecen en todos los escudos papales.
En la heráldica civil siempre hay por encima del escudo una prenda para
cubrir la cabeza, por lo general una corona. También en la heráldica
eclesiástica aparece normalmente una prenda para cubrir la cabeza,
evidentemente de tipo eclesiástico. En el caso del Sumo Pontífice, ya
desde los tiempos antiguos, aparece una "tiara". Al inicio era un tipo
de "birrete" cerrado. En 1130 fue acompañado por una corona, símbolo de
la soberanía sobre los Estados de la Iglesia. Bonifacio VIII, en el año
1301, en tiempos del enfrentamiento con el rey de Francia Felipe el
Hermoso, añadió una segunda corona para significar su autoridad
espiritual por encima de la civil. Y Benedicto XII, en el año 1342,
añadió una tercera corona, para simbolizar la autoridad moral del Papa
sobre todos los monarcas civiles y reafirmar la posesión de Aviñón. Con
el tiempo, al perder sus significados de carácter temporal, la tiara de
plata con las tres coronas de oro se usó para representar los tres
poderes del Sumo Pontífice: orden sagrado, jurisdicción y magisterio.
En los últimos siglos, los Papas usaron la tiara en los pontificales
solemnes, y especialmente en el día de la "coronación", al inicio de su
pontificado. Pablo VI utilizó para esa función una preciosa tiara que le
regaló la diócesis de Milán (esa misma diócesis le había regalado una a
Pío XI), pero luego la destinó a obras de beneficencia e inició la
costumbre de usar una simple "mitra", aunque a veces enriquecida con
decoraciones o piedras preciosas. Sin embargo, dejó la "tiara"
juntamente con las llaves cruzadas como símbolo de la Sede apostólica.
Con razón, la ceremonia con la que el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha
iniciado solemnemente su pontificado, el pasado domingo 24 de abril, no
se ha llamado "coronación", como se decía en el pasado, pues la plena
jurisdicción del Papa comienza en el momento de su aceptación de la
elección hecha por los cardenales en el Cónclave y no con una coronación,
como sucede con los monarcas civiles. Por eso, esa ceremonia se llama
simplemente solemne inicio de su ministerio petrino.
El Santo Padre Benedicto XVI decidió no poner ya la tiara en su emblema
personal oficial, sino sólo una simple mitra, que por tanto ya no tiene
encima una pequeña esfera y una cruz, como sucedía con la tiara. La
mitra pontificia representada en su escudo, como recuerdo del símbolo de
la tiara, es de color plata y tiene tres franjas de color oro (los tres
poderes citados: orden, jurisdicción y magisterio), unidos verticalmente
entre sí en el centro para indicar su unidad en la misma persona.
En cambio, un símbolo totalmente nuevo en el escudo del Papa Benedicto
XVI es la presencia del "palio". No es tradición, al menos reciente, que
los Sumos Pontífices lo representen en su escudo. Con todo, el palio es
la típica insignia litúrgica del Sumo Pontífice, y aparece con mucha
frecuencia en antiguas representaciones papales. Indica la misión de
pastor del rebaño a él encomendada por Cristo.
En los primeros siglos, los Papas usaban una verdadera piel de cordero
sobre el hombro. Luego se introdujo la costumbre de usar una banda de
lana blanca, tejida con pura lana de corderos criados con ese fin. La
banda llevaba algunas cruces, que en los primeros siglos eran de color
negro, o a veces rojo. Ya en el siglo IV el palio era una insignia
litúrgica propia y típica del Papa.
La imposición del palio, por parte del Papa, a los arzobispos
metropolitanos comenzó en el siglo VI. La obligación que tenían estos de
pedir el palio después de su nombramiento está atestiguada desde el
siglo IX. En la larga y famosa serie iconográfica de los medallones que
en la basílica de San Pablo extramuros reproducen la efigie de todos los
Papas de la historia (aunque en el caso de los más antiguos sus rasgos
están idealizados), muchísimos Sumos Pontífices están representados con
el palio, especialmente todos los que van del siglo V al XIV.
Así pues, el palio no sólo es símbolo de la jurisdicción papal; también
es signo explícito y fraterno de compartir esta jurisdicción con los
arzobispos metropolitanos y, mediante estos, con sus obispos sufragáneos.
Por tanto, es signo visible de la colegialidad y de la subsidiariedad.
También varios patriarcas orientales usan una forma antiquísima, muy
semejante al palio, llamada omophorion.
En la heráldica en general, tanto civil como eclesiástica (especialmente
en los grados inferiores) es costumbre poner bajo el escudo una banda o
un pergamino que lleva un lema, o divisa. Con una palabra, o con pocas,
expresa un ideal o un programa de vida. El cardenal Joseph Ratzinger
tenía en su escudo arzobispal y cardenalicio el lema: "Cooperatores
Veritatis". Esa sigue siendo su aspiración y programa personal, pero ya
no aparece en el escudo papal, según la común tradición de los escudos
de los Sumos Pontífices en los últimos siglos. Todos recordamos cómo
Juan Pablo II citaba a menudo su lema: "Totus tuus", aunque no figurara
en su escudo papal. La falta de un lema en el escudo del Papa no
significa falta de programa, sino una apertura sin exclusión a todos los
ideales que derivan de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Mons. Andrea CORDERO LANZA DI MONTEZEMOLO
Nuncio apostólico
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