Discurso de Benedicto XVI al nuevo
embajador ante la Santa Sede
Señor Embajador:
1. Recibo con alegría las cartas que lo acreditan como Embajador
Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Guatemala
ante la Santa Sede. Me complace darle la cordial bienvenida en
este solemne acto con el que comienza la misión que le ha sido
confiada, a la vez que le expreso mi gratitud por las palabras
que me ha dirigido, así como por el deferente saludo que me ha
hecho llegar de Su Excelencia, Ingeniero Álvaro Colom
Caballeros, Presidente de ese noble País. Le ruego que transmita
mis mejores deseos para él y su Gobierno, asegurando mis
oraciones por la seguridad, el progreso y la armónica
convivencia del querido pueblo guatemalteco.
2. Se cumple en este año el XXV aniversario de la primera Visita
Pastoral que mi venerado Predecesor realizó a esa hermosa tierra
"de la eterna primavera". En aquella memorable ocasión, el
Siervo de Dios Juan Pablo II pudo manifestar la solicitud con
que la Santa Sede ha acompañado a esa Nación en sus diversas
vicisitudes, estando especialmente próxima a ella en los
momentos más delicados, para compartir los desvelos de sus
gentes y, sobre todo, para alentarlas a trabajar con abnegación
por el bien común.
Señor Embajador, me consta que los guatemaltecos corresponden a
esta solicitud con una entrañable adhesión al Obispo de Roma, lo
cual contribuye a estrechar los lazos de amistad que unen desde
hace tiempo a su País con la Santa Sede, que tiene en alta
estima estas relaciones fluidas y formula los mejores votos para
que las circunstancias en que vive Guatemala permitan un
presente colmado de logros en los diversos ámbitos de la
sociedad y consoliden una base firme para encarar un futuro
prometedor.
3. La reciente visita ad Limina de los obispos guatemaltecos nos
ha brindado una oportunidad magnífica para conocer más de cerca
la vitalidad con que la Iglesia en su Nación anuncia el
Evangelio, abre vías de esperanza y tiende una mano fraterna a
todos los ciudadanos, preferentemente a los más desamparados.
Desde esta óptica, la Iglesia comparte la preocupación de las
autoridades de Guatemala, como Vuestra Excelencia ha hecho notar,
ante fenómenos que afligen a una gran parte de la población,
como la pobreza y la emigración. La rica experiencia eclesial,
acumulada a lo largo de la historia, puede ayudar a encontrar
las medidas para afrontar estos problemas desde una perspectiva
humanitaria y para robustecer la solidaridad, indispensable para
lograr soluciones efectivas y duraderas. En este sentido, a los
imprescindibles programas técnicos y económicos, han de añadirse
aquellos otros aspectos que fomenten la dignidad de la persona,
la estabilidad de la familia y una educación que tenga en cuenta
los más importantes valores humanos y cristianos. Tampoco se ha
de olvidar a quienes tuvieron que abandonar su tierra, sin dejar
de llevarla en el corazón. Éste es un deber de gratitud y
justicia hacia ellos que, de hecho, son también una fuente de
recursos significativos para la Patria que los vio nacer.
4. Otro desafío para Guatemala es remediar la desnutrición de
numerosos niños. El derecho a la alimentación responde
principalmente a una motivación ética: "dar de comer a los
hambrientos" (cf. Mt 25,35), que apremia a compartir los bienes
materiales como muestra del amor que todos necesitamos. Como ya
señalé en otra ocasión, "el objetivo de erradicar el hambre y,
al mismo tiempo, contar con una alimentación sana y suficiente,
requiere también métodos y acciones específicas que permitan una
explotación de los recursos que respete el patrimonio de la
creación. Trabajar en esta dirección es una prioridad que
conlleva no sólo beneficiarse de los resultados de la ciencia,
de la investigación y de las tecnologías, sino tener también en
cuenta los ciclos y el ritmo de la naturaleza conocidos por la
gente de zonas rurales, así como proteger los usos tradicionales
de las comunidades indígenas, dejando a un lado razones egoístas
y exclusivamente económicas" (Mensaje al Director General de la
FAO con motivo de la Jornada mundial de la alimentación, 4 de
octubre de 2007, n. 3).
5. Este derecho primario a la alimentación está intrínsecamente
vinculado con la tutela y defensa de la vida humana, roca firme
e inviolable donde se apoya todo el edificio de los derechos
humanos. Nunca será bastante, pues, el esmero que hay que poner
para atender a las madres, especialmente a las que se hallan en
grave dificultad, de modo que puedan traer a su prole al mundo
con dignidad, evitando así el injustificable recurso al aborto.
En este sentido, salvaguardar la vida humana, en particular la
no nacida y ya concebida, cuya inocencia y desprotección es
mayor, es una tarea siempre vigente, con la que está relacionado,
por su propia naturaleza, el facilitar que la adopción de los
niños esté garantizada en todo momento por la legalidad de los
procedimientos utilizados para ello.
6. El flagelo de la violencia social se agudiza a menudo por la
falta de diálogo y de cohesión en los hogares, por lacerantes
desigualdades económicas, por graves negligencias y deficiencias
sanitarias, por el consumo y el tráfico de droga o por la lacra
de la corrupción. Constato con satisfacción los pasos que se han
dado en su Nación en la lucha contra estas tragedias, y que han
de continuar, promoviendo la cooperación de todos para acabar
con ellas a través del cultivo de los rectos valores y el
combate a la ilegalidad, la impunidad y el soborno.
7. Señor Embajador, antes de finalizar este encuentro, quisiera
felicitar a usted y a su familia, así como a los demás miembros
de esta Misión diplomática, y expresarles mis mejores deseos en
el momento en que Vuestra Excelencia vuelve a asumir la
honorable responsabilidad de representar a su País ante la Santa
Sede. No dude que hallará siempre la ayuda que precise de mis
colaboradores en tan alto cometido.
A la vez que encomiendo a la maternal intercesión de Nuestra
Señora del Rosario al pueblo y a las autoridades guatemaltecas,
suplico fervientemente a Dios que bendiga y acompañe el camino
que está recorriendo su Patria, para que en ella brillen sin
cesar las estrellas de la paz, la justicia, la prosperidad y la
concordia fraterna.
[Original en español © Copyright 2008 - Libreria Editrice
Vaticana]