Te comería a besos...

jueves, 5 de octubre de 2000

José Andrés Basols
Sacerdote educador

ESTE VERANO pasado, tuve la oportunidad de ir a estudiar una semana a Tierra Santa, donde había miles de peregrinos de todo el mundo.

Era admirable ver la fe y la devoción de aquellas personas caminando y visitando sitios en los que, según la tradición, vivió Jesucristo hace veinte siglos.

Estoy seguro de que fue una experiencia única para muchos de ellos y que, sin duda, habrá impactado sus vidas. A mí, sin embargo, había otra cosa que me llamaba la atención en cada una de aquellas basílicas construidas para conmemorar algún momento de la vida del Señor; era la certeza de que Cristo estaba allí presente sobre el Altar, si se estaba celebrando una Misa, o en el Sagrario, bajo las especies sacramentales, y que podía hablar con El y pedirle por tantos hermanos cristianos que no creen o valoran su presencia real en la Eucaristía.

En estos días, aquí en Puerto Rico, ha vuelto a surgir el tema de la Virgen del Rosario del Pozo, de Sabana Grande; y la prensa nos ha informado además de que, en Naranjito, hay una pequeña imagen de la Virgen que llora sangre. ¿Será verdad o no? Sólo Dios lo sabe. Pero cuánta gente seguirá peregrinando a esos lugares por fe, por curiosidad, por lograr una curación milagrosa... y pueden suceder los milagros en cualquier parte porque la fe mueve montañas. Es bueno rezarle a la Virgen María donde sea que desees hacerlo. Pero qué pena que se dé más credibilidad a esos posibles milagros que no al milagro de amor, que se repite cada vez que se celebra la Santa Misa. Recuerdo unas palabras de San Bernardo, gran devoto de la Virgen: "Quien oye con devoción la Misa y está libre de pecado mortal, merece más que si hiciera una costosa y sacrificada peregrinación por todo el mundo y diese todos sus bienes a los pobres". ¿Por qué, entonces, la gente no acude con igual o mayor fervor a la Misa dominical o a visitar a Cristo, que se ha quedado con nosotros en el Sagrario para poder hablarle, pedirle su ayuda...? ¿No será que muchos católicos sufren una inversión de valores que hay que denunciar?

En este Año Jubilar y siguiendo las sugerencias del papa Juan Pablo II, la Conferencia Episcopal de Puerto Rico va a celebrar su I Congreso Eucarístico Nacional del 12 al 15 de octubre, para "iluminar la fe en la presencia real de Jesucristo". El Congreso comenzará el jueves 12 en la Catedral de Arecibo con una jornada dedicada a las personas consagradas; el tema del viernes 13 será la cultura, y se desarrollará en la Pontificia Universidad Católica, en Ponce; el sábado 14 estará dedicado a los ministerios laicales en el Santuario de Schoenstatt, en Cabo Rojo; y el tema del domingo 15 será la familia y tendrá lugar en la Catedral de San Juan.

Es muy posible que no puedas participar en alguna de esas actividades; pero piensa un momento en el tema del Congreso, "iluminar la fe en la presencia real de Jesucristo", y verás que sí puede crecer tu fe; y te conviene que crezca, porque seguramente vas a Misa y comulgas por rutina, desde hace tiempo, sin fruto alguno. ¿De qué nos sirvió aquel Congreso Eucarístico Diocesano que se celebró en Ponce, en mayo de 1976? ¿Qué frutos produjo en ti? Ni te acuerdas, ¿verdad? Bueno, perdona, que a lo mejor no habías nacido... Pero si eres católico y has hecho la Primera Comunión, si vas a Misa y comulgas de vez en cuando, ¿se te nota que Cristo está contigo a lo largo del día o de la semana? ¿Le comes con hambre de amor al comulgar? Todavía se canta en la isla una melodía compuesta para un Congreso Eucarístico Nacional en España, hace muchos años: "Cantemos al Amor de los amores,/ cantemos al Señor,/ Dios está aquí, venid adoradores,/ adoremos a Cristo Redentor...". Quizás hasta la recuerdas por haberla cantado alguna vez. ¿Te has dado cuenta de lo que dice su letra: "... Amor de los amores... Dios..."?

Cristo sabía de amores; es el Amor por antonomasia. ¿Le amamos nosotros como El nos ama? A veces, pongo el ejemplo de dos enamorados, que se despiden por la mañana para ir al trabajo. Si el beso que se dan es de cachete, como que no les sabe a nada; pero si se dan un buen beso... es posible que alguien llegue tarde a trabajar. ¿A qué te "sabe" tu comulgar? ¿Te has acostumbrado a hacerlo, verdad? Y como los besos de cachete no saben a nada, así tampoco te aprovecha la comunión. "Por amor se ha de recibir a quien por amor se da", escribió San Francisco de Sales, para que Dios llene tu vida ese día o toda tu semana. Con qué ilusión se espera una cita con el señor Gobernador para exponerle una situación delicada y pedirle su ayuda; con qué afecto saluda la gente a los candidatos a la gobernación estos días de campaña electoral. Pues bien, con mayor anhelo y confianza debiéramos hablarle a Jesucristo, presente en el Sagrario o en ti mismo, tras comulgar. Al ver a un bebé precioso, he oído decir a su abuela: "Está tan sabrosón, que me lo comería a besos". Y empieza a besuquearlo jugando. Más de una vez, en la fogosidad de su amor, los enamorados se muerden. Pensar que todo un Dios ha querido que le comamos... y qué poco nos aprovecha. "Yo soy el pan de vida... Yo soy el pan vivo bajado del cielo; quien coma de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne, para vida del mundo" (Jn 6,48-51). Cuando Santa Teresita del Niño Jesús hacía de sacristana nos cuenta que, al preparar las cosas para la Misa, besaba la hostia que se iba a consagrar, para que al convertirse en Cristo, recibiera su ósculo de cariño. Por eso escribió: "No baja del cielo cada día Jesús para quedarse en el áureo Copón, sino para encontrar otro cielo, el cielo de nuestra alma".

Monseñor Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación extendido por más de 70 países, afirma que "Dios se ha hecho hombre y sólo experimentando su presencia el hombre puede ser verdaderamente hombre. El acontecimiento cristiano vivido en comunión es el fundamento de la auténtica liberación del hombre". ¿Te sientes en verdad libre y plenamente realizado como persona? ¿Se nota en tu estilo de vida al compartir con los demás? El aristócrata y militar francés Charles de Foucauld, habiendo descubierto el amor de Dios, dedicó el resto de su vida a pasar largas horas ante el Sagrario, en medio de las tribus Tuareg en el desierto del Sahara. Acabó fundando los Hermanitos de Jesús, que combinan la adoración al Santísimo con la caridad hacia los más necesitados. Porque déjame decirte que si experimentas a Dios en tu vida no podrás guardarlo para ti y tendrás que compartirlo con los demás. Como bien ha dicho el papa Juan Pablo II: "La Eucaristía une a Cristo y a los hermanos". Ya el Concilio Vaticano II lo había afirmado antes al decir que "participando realmente del Cuerpo del Señor en la Eucaristía, somos elevados a una comunión con El y entre nosotros". Es decir, comulgar nos compromete a interesarnos auténticamente por el prójimo; sobre todo, a pedir por la salvación de los pecadores y la conversión de todo el mundo a Dios.

A LO MEJOR estás frustrado, sin ver el progreso en tu vida espiritual, y piensas: "¿Para qué comulgar? Yo no tengo tiempo para eso, o no quiero caer en la rutina; más aún, conozco a otros que comulgan todos los días y se portan peor...". Por favor, no juzgues a los demás ni tampoco evalúes tu vida por la de ellos. Te diré con San Francisco de Sales: "Dos clases de personas deben comulgar: los perfectos y los imperfectos; los primeros para mantenerse en la perfección, y los segundos para llegar a ella". No decimos antes de comulgar: "Señor, ¿no soy digno..."? Cristiano no es el que nunca cae, sino el que no se queda caído. Comulga, pues, para santificarte y ser mejor cristiano, para vivir más unido a la Iglesia y ser apóstol. Si los enamorados no se manifiestan su amor a menudo, se irá enfriando poco a poco y surgirán otros amores. ¿Cuáles son esos amores tuyos que compiten con Dios? Al ver a quien amas, no has dicho tú también "¿Te comería a besos"? Jesucristo te ha amado primero y te invita a su amor; te invita a que le comas en la Eucaristía y le visites en el Sagrario. Tú debes responderle con amor a su amor. Si lo pones a El primero, lo demás vendrá por añadidura; y si le tienes a El, lo tendrás todo. Te lo aseguro.

El nuevo Día 5 de octubre de 2000

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