SOBRE LA LLAMADA "MISION DE LA VIRGEN DEL POZO"

A LOS FIELES DE LA IGLESIA CATOLICA EN PUERTO RICO

 

Muy amados hijos en el Señor:

Por esta carta Colectiva los Obispos de Puerto Rico les enviamos un cordial saludo en Cristo Jesús, nuestro Salvador, y en el amor de María, la Madre del Señor.

Muchos de Ustedes nos han abordado a lo largo de los años pasados acerca de la "Devoción a la Virgen del Rosario del Pozo," sobre la legitimidad de los Grupos que la promovían y de las actividades masivas que realizaban, especialmente en el Bo. Rincón Pozo de Sabana Grande.

Han sido diversas las providencias que hemos ido tomando, tanto en Puerto Rico como ante la Santa Sede. Después de haber estudiado, incluso con la ayuda de sacerdotes eminentes por sus conocimientos teológicos y por su experiencia pastoral, el contenido de los pretendidos mensajes, después de haber evaluado el montaje doctrinal,    organizativo y publicitario de la llamada "Misión", y después de discernir el espíritu que anima a estos "Grupos", los Obispos de Puerto Rico creemos llegado el momento de nuestra conclusiones y decisiones:

1. No hemos encontrado como sobrenaturales las pretendidas apariciones de la Virgen el año 1953, como tampoco damos validez a los mensajes y "misión" que han ido presentándose a distancia de muchos años.

     2. Que, teniendo en cuenta el bien espiritual de los fieles de la Iglesia, declararnos como inconvenientes y dañinos, a la larga, para la piedad de los católicos las consignas y planteamientos doctrinales de la así llamada "Misión de la Virgen del Pozo" y desaconsejables, para una buena moral de relaciones, las vinculaciones y dependencias creadas entre "padre-madres" e "hijos/hijas espirituales" en las esferas organizativas de los "Grupos".

   3. Que, como guardianes de la fe y la vida cristiana de nuestros fieles, no podemos apoyar ni aceptar corno válidas en la Iglesia Católica las manifestaciones, actividades y convocatorias que en este mismo momento y en varios años anteriores han llevado a cabo estos "grupos" en distintos puntos del país y particularmente en el Bo. Rincón de Sabana Grande.

                  4. Disuadimos, por tanto, a todos los fieles a participar en esos programas y "Grupos" que se hallan al margen de la comunión debida entre los creyentes y sus Pastores. Deben recordar todos que la auténtica devoción a la Virgen María nunca está en contra de la direcci6n de la Jerarquía. Cuando se contradice la orientación de la Iglesia, se convierte en fanatismo religioso que destruye la seguridad y el equilibrio de las almas.

               5. Pedimos en obediencia a los Sacerdotes Diocesanos y Religiosos de nuestras Diócesis y a los que se hallen de paso por la Isla, que se abstengan de participar en estas actividades: la figura del Sacerdote y del Religioso es auténtica sólo en la plena armonía de fe y colaboración con sus Obispos.

Estas decisiones nuestras desean respetar la devoción privada de los fieles. Nuestra Iglesia con todos sus Sacerdotes y Agentes de Pastoral estará siempre dispuesta para ayudar a cada fiel afectado por nuestra decisión, para discernir la verdadera devoción a la Virgen María y su crecimiento y manifestación en la vida de la Comunidad Cristiana. Les pedimos que traten de integrarse en las Asociaciones Marianas que llevan la aprobación y amparo de la Iglesia.

Los Obispos nos vemos obligados a intervenir con pena en la presente situación para cumplir con la encomienda recibida de Cristo y de su Espíritu en favor de la Iglesia. Queremos con profundo afecto a cada uno de los fieles y deseamos acompañarlos por el auténtico camino de la fe y de la imitación y devoción de la Virgen María, Madre de la Iglesia. Oramos al Señor y a su Madre para que les bendiga a todos con su gracia.

Dado en la Sede de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, en San Juan, Puerto Rico, hoy día 17 de marzo de 1997.