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REFLEXIONES
EN TORNO I.
La Teología de la Liberación como Hecho. Difícil
sera encontrar en nuestros días una persona medianamente instruida
que no tenga conciencia de la corriente de pensamiento teológico
conocida universalmente como Teología de la Liberación. Esta
apreciación es exacta, porque el hecho está ahí con rasgos
inconfundibles y expuesto a la curiosidad o valoración critica de
todos los estudiosos. A
partir de la II Guerra Mundial, y más intensamente después del
Vaticano II, germinó en grandes sectores del mundo intelecutal
cristiano, y de modo particular en los centros de estudios eclesiásticos
de Europa, una especie de sentimiento de culpabilidad ante la imagen
del hombre que emergía de los escombros de la guerra degradado en su
dignidad; y ante las Al
paso de los años, el sentimiento de culpabilidad fue adquiriendo
mayor volumen y ahondando en la conciencia de los hombres de Iglesia.
En congresos de ciencias religiosas y en publicaciones de diversa
indole, forjaron estos Un esquema ideológico a partir de sus
inquietudes por reinvindicar la dignidad de la persona ultrajada y
maltrecha, dejando al descubierto las situaciones de flagrante
injusticia que oprime, aun en nuestros días, a los paises en
desarrollo. En la lenta y penosa marcha hacia la ansiada eliminación
de la pobreza tuvieron lugar el Encuentro
Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo del
23 al 30 de abril de 1972, en Santiago de Chile; las Jornadas
de El Escorial, España,
sobre Fe
Cristiana y Cambio Social en América Latina de
julio de 1972, y la Reunión
en Avila, enero
de 1973, de más de 200 cristianos "para reflexionar sobre el
sentido de nuestra fe desde una opción de clase, marxista". Bajo
signo distinto se había celebrado la histórica y noblemente
rnotivada Conferencia
de Medellín, del
26 de agosto al 6 de septiembre de 1968. Fue en aquella ocasión
cuando la Iglesia latinoamericana adoptó oficialmente su "opción
preferencial por los pobres", movida de un sincero afan de
liberación de los pueblos de sus diversas situaciones de servidumbre.
Apareció pocos Perspectivas,
y
más adelante de una segunda La
Fuerza Histórica de los Pobres. De
este modo, progresivamente fueron La
obra del sacerdote Gustavo Gutierrez tuvo notable resonancia en América
Latina y Europa, particularmente en Espafia. En prueba de este hecho
baste recordar a los autores que a continuación se citan, cinendose
todos ellos a la pauta marcada por Gustavo Gutierrez:
Juan Luis Segundo, de Uruguay, autor de una Teología para
los Artífices de una Nueva Humanidad, en
cinco volumenes; José Miguez Bonino, no católico, de Argentina, con Cristianos
y Marxistas: El Desafío Mutuo a La Revolución; Hugo
Assman, de Brasil, Teología
para una Iglesia Nómada; Alfredo
Fierro, español, El
Evangelio Beligerante; Jon
Sobrino, español: Resurrecidn
de La Verdadera Iglesia: Los
Pobres, Lu gar Teoldgico de La Eclesiologla, y
Fray Leonardo Boff, brasileño, prolífico autor de Jesucristo
Liberador; Eclesiogenesis; Iglesia: Carisma y Poder; Teología del Cautiverio y de La Liberación Todos
ellos, o por lo menos la mayoría, se formaron en Europa, y rindieron
vasallaje de forma más o menos explicita a las corrientes de
pensamiento que corrian por aquellas latitudes, y de modo especial al
marxismo, siguiendo la ruta abierta por Gustavo Gutierrez. (Por lo que
se refiere a los autores europeos, el indice de los citados por éste
en su Teología de La Liberación es
harto elocuente respecto a la importaci6n de ideas del viejo
continente al mundo latinoamericano. Son los más repetidos: Y.
Congar, 27 veces; K. Marx, 19; J. B. Metz, 15; K. Rahner, 17; W. Fr.
Hegel, 13; J. Moltman, 14; A. Gelin, 14; G. Von J. Ratzinger, 3; Pablo
VI, 7; E. Althuser, 7. Es
de advertir que, de todos ellos sólo seis son católicos.
Entre los nueve autores más citados hay dos ateos, un
panteista y cinco protestantes. Sería
un grave error pensar que esta modalidad de la llamada Teología de la
Liberación es la unica que ha hecho su aparición en los años
inmediatamente siguientes al Concilio Vaticano II para iluminar teológicamente
la situación de pobreza imperante en el tercer mundo, y de manera
especial en Latinomerica. En la Instrucción
de
la Sagrada Congreación para la Doctrina de la Fe se reconoce la existencia
de otras corrientes de tendencias ciertamente tradicionales y
legitimas. Sus representantes de mayor relieve son: E. F. Pironio, Los
hechos de que parten ambas corrientes son comunes a una y otra:
condiciones sociales, politicas y económicas de opresión;
subdesarrollo y dependencia del tercer mundo en relación a
monopolios, privados o estatales, a grandes empresas multinacionales,
o a paises del mundo desarrollado. Y
les guía a una y otra corriente, con inspiración teológica, la
liberación integral para crear una nueva humanidad, más justa, más
fraterna, más equilibrada social, política y económicamente. Asi la
consigna el texto de la Instrucción mencionada
en los números III 31
4
y IV, 3 y otros. Es
en el método donde difieren la Teología de la Liberación censurada
en la Instrucción,
de
corte marxista como vamos a ver muy pronto, y la que reviste un tono
mas tradicional, de acuerdo con las funciones secularmente asignadas a
la teología y el sentido estrictametne bíblico y teológico de
liberación. Así es, en
verdad, cómo la primera tendencia, partiendo de la praxis (de la acción)
en sentido marxista y una interpretación sociológica de
acontecimiento bíblicos, en especial de los narrados en el Exodo
lleva a formular o rehacer todo el sistema teológico católico sin
excluir la Cristología, la Por
el contrario, la interpretación más sólida y autorizada de la
Teología de la Liberación aborda el problema desde la realidad del
pecado personal, raiz y origen de todas las servidumbres. Es la
liberación del pecado de donde debe partir todo proyecto o esquema de
acción orientada a la supresión en el mundo, en general, de toda
forma de servidumbre (Instrucción,
Introducción). II.
Contenido doctrinal de la Teología de la Liberación de
talante marxista. Se
comprende fácilmente que centremos Asumido
este doble supuesto de la Teología de la Liberación, es preciso
identificar y definir los términos y realidades correspondientes
sobre los que opera o descansa la argumentación de la misma.
Son éstos: La
pobreza de grandes núcleos de población en
Sur América; La
situación de dependencia de
grupos de personas respecto a las clases económicamente fuertes, y de
paises enteros en relación a los estados opulentos; la praxis
histórica, y
la lucha
de clases orientada
a la revolución transformadora de la sociedad actual y proyectada
hacia una nueva humanidad. Todos estos elementos no estan fijados al
azar sino que han aflorado a la superficie, desde el interior de la
sociedad donde permanecian latentes, gracias al análisis
científico marxista. Y
todos ellos los asume la Teología de la Liberación, de suerte que
constituyen el núcleo doctrinal de la misma, y dan lugar implícitamente
a una nueva interpretación de todo el conjunto de enseñanzas dogmáticas
y morales de la teologia católica. Inventada por los autores mas
conspicuos de este movimiento innovador, a.
Pobreza y dependencia Existe
en América Latina, como fenómeno social en extremo humillante para
la innata dignidad de la persona, un estado de pobreza endémica. La
expone así una publicación católica a raiz de la Conferencia de
Puebla: "La
realidad de América Latina viene descrita más bien por estos otros
datos que no son menos visibles y que a casi nadie interesa conocer.
Segun el Banco Mundial, que no es ningún prototipo de demagogia, 120
millones de hombres sobre 280 (43% de la población) viven en América
Latina en situación de lo que técnicamente se llama 'aguda pobreza'.
Así 150 millones del continente carecen de agua potable,
alcantarillados y electricidad. En América Latina hay cien millones
de analfabetos, de los cuales 44 son adultos.
Y sólo el 1.5% de la población termina la educación
secundaria. Y
aun
peor que el analfabetismo: en 1978 han muerto un millón de niños por
desnutrición o condiciones precarias de salud. Las necesidades que se
consideran "elementales" sólo las tiene satisfechas un 25%
de la población; y una pequena parte de ese Ante
un cuadro tan despiadado es, sin duda, una postura muy laudable, y asi
lo reconoce la Instrucción de
la Sagrada Congregación, la que adoptan los teólogos de la liberación
de inspiración marxista frente a las victimas de la pobreza, conmoviéndose
ante ellas y aprestándose a encontrarles remedio, aunque por
derroteros equivocados. Actúan
precipitadamente al denunciar la riqueza de determinadas clases
sociales o paises como causa
única de
la pobreza y dependencia económica de unos respecto a otros. Esta
alegación puede desde ahora descalificarse con sólo recordar el
ejemplo de paises más pobres en recursos y una población tan densa o
más que Latinoamérica, castigados severamente en la II Guerra
Mundial y que figuran hoy entre los pueblos más prósperos y
desarrollados del mundo. Es el caso de Japón, Taiwan, Singapur, Hong
Kong, Corea del Sur, en el Oriente, y de la mayoría de los países de
Europa occidental (Vid. Michael
Novak, "Liberation Theology in Practice", Thought,
vol.
59, no.233, June 1984, pp.136-148). b.
Praxis
histórica Expresión
es ésta - praxis
histórica - difícil
de declarar con exactitud, aún cuando tiene gran relevancia en la
Teología de Ia Liberación. Por de pronto, los teólogos
liberacionistas reconocen su procedencia del "pensamiento
marxista centrado en la praxis, dirigido a la transformación del
mundo" (G. Gutiérrez, op. cit. págs. 31 y 32).
Aparentemente praxis
designa
la La
forma de integrar la praxis histórica en el discurso teológico la
presenta asi G. Gutierrez: "El
redescubrimeinto, en teología, de la dimensión escatológica ha
llevado a hacer ver el papel central de la praxis
histórica. En
efecto, si la historia humana es, ante todo, una abertura al futuro,
ella aparece como una tarea, como un quehacer político; construyéndola,
el hombre se orienta y se abre al don que da sentido último a la
historia; el encuentro definitivo y pleno con el Señor y con los demás
hombres. 'Hacer la verdad' como dice el evangelio adquiere así una
significación precisa y concreta: la importancia del actuar en la
existencia cristiana... Es más, únicamente haciendo esta verdad se verificará,
literalmente
hablando, nuestra fe. De ahí el uso reciente del término, que choca
todavia a algunas sensibilidades, de orto-praxis.
No
se pretende con ello negar el sentido que pueda tener una ortodoxia
entendida como una La
consecuencia inmediata que se deriva de la primacia o superioridad de
la "praxis" sobre el pensamiento y la "teoría",
en la corriente teológica de inspiración marxista, la deduce el
mismo autor: "situarse de ileno en el mundo de la opresión,
participar en las luchas populares por la liberación, llevar a releer
la fe..." (G. Gutierrez, La fuerza histórica de Los pobres, p.13,
354 y 315; cit. por F. Moreno, bc. cit. no.516). c.
Lucha
de clases y revolución Es
un corolario que inevitablemente se desprende de los postulados
anteriormente reseflados. Así lo hizo constar J. Girardi en el Encuentro
Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo en
abril de 1972, en Santiago de Chile. Son sus palabras: "Medellín
espera que la solución de los problemas venga de un impulso de amor
cristiano, de la colaboración de todos y, en particular, de la acción
de los dirigentes. Santiago proclama que el amor cristiano no será
una fuerza histórica, sino al asumir la lucha de clases, ya que la
libertad de los hombres y de los pueblos no será nunca obsequiada:
las burguesías nacionales y el imperialismo norteamericano no
soltarán el poder más que cuando les sea arrancado por las clases
populares" (Cit. J. L. De
esta suerte, comenta Idigoras, "la fe ha de ponerse al servicio
de la revolución que se halla en manos del proletariado y sobre todo
del Partido Comunista. Girardi
define explícitamente la teología de la liberación como la aplicación
a la teología del materialismo histórico" (Ibd). Es conocido el
papel que juega en este sistema la Lucha
de dases. Por
si quedara alguna duda, advierte el Documento de Puebla acerca del
colectivismo marxista: "El
motor de su dialéctica es la lucha de clases... Algunos creen posible
separar diversos aspectos del marxismo, en particular de su doctrina y
su análisis. Recordemos con el Magisterio Pontificio que "seria
ilusorio y peligroso llegar a olvidar el lazo interno que los une
radicalmente; el aceptar los elementos del análisis marxista, sin
reconocer sus relaciones con la ideología, el entrar en la práctica
de la lucha de clases y de su interpretación marxista, dejando de
percibir el tipo de sociedad totalitaria y violenta a que conduce este
proceso: OA, 34" Y
prosigue en términos de evidente severidad: "Se debe hacer notar
aquí el riesgo de ideologización a que se expone la reflexión teológica
cuando se realiza partiendo de una praxis que recurre al análisis
marxista. Sus
consecuencias son la total politización de la existencia cristiana,
la disolución del lenguaje de Con
estas palabras, tan autorizadas, quedan definidos, en sus rasgos más
característicos y reveladores, los postulados sobre que descansa la
Teología de la Liberación. Es lógico proceder a su valoración
critica a la luz de la Instrucción
de
la Sagrada Congregación donde se puntualizan las graves repercusiones
que de ella se siguen en todo el ámbito de la ortodoxia católica. III.
La Teología de la Liberación desde la Instrucción de la Sagrada
Congregación. a.
Observaciones de índole general. Antes
de intentar hacer una sintesis de las observaciones formuladas por tan
respetado organismo, como es el Dicasterio para la Doctrina de la Fe,
cabe mencionar otras de carácter general que obviamente se desprenden
del contraste o discrepancia que existe entre la Teología de la
Liberación de inspiración marxista y la concepción clásica de la
teología. Tradicionalmente ésta se ha entendido como "la
inteligencia de la fe". O sea, el esfuerzo por desentrañar el
mensaje revelado partiendo de la revelación virtual o implícita.
Este proceso se realiza utilizando como medios del discurso teológico
los principios metafísicos de la filosofía perenne deducidos de la
noción del ser, la más fundamental y trascendente en el mundo de la
existencia y del pensamiento. La labor teológica, Se
extiende también el discurso teológico a todo el universo creado,
especialmente al hombre, en cuanto que por su propia naturaleza están
uno y otro orientados a Dios, como a su primer origen y su último
fin. El criterio supremo
en esta segunda dimensión del quehacer teológico permanece el mismo:
la Divina Revelación interpretada por el Magisterio. Como muy
acertadamente escribe Georges Chantraine: "Ser teólogo es
conocer a Dios por medio de Dios a la manera de Dios en razonamiento
humano" (G. Chantraine, Verdadera y Falsa Libertad del Teólogo,
Studium,
Madrid En
una línea y dirección muy distinta se mueve la Teología de la
Liberación inspirada en la dialéctica marxista. Asi parece
desprenderse de la siguiente reflexión de G. Gutierrez sobre la
naturaleza y el método de la teología: "Por
todo esto, la teología de la liberación nos propone, tal vez, no
tanto un nuevo tema para la reflexión, cuanto una
nueva manera de
hacer teología (subrayado del autor). La teología como reflexión crítica
de la praxis histórica es asi una teología liberadora, una teología
de la transformación liberadora de la historia de la humanidad y, por
ende, también, de la porción Concebida
así la teología, orientada al hombre como a su objeto inmediato, no
se distingue de cualquiera otra ciencia que se ocupe del hombre. Aún
más, por estudiar al hombre latinoamericano en su situación de
pobreza y opresión y aspirando a su liberación, parece confundirse
con la sociología, la economía y la política, y cualquier otra
ciencia que persigue la promoción del hombre latinoamericano.
La única diferencia entre Teología de la Liberación y las
ciencias mencionadas consistiría en que aquella busca una liberación
integral, que deberá consumarse en Cristo. Quedan así a salvo las
buenas intenciones de la Teología de la Liberación, pero no sus
métodos:
el análisis marxista, la lucha de clases, la revolución en
contradicción manifiesta con aquellas (Cfr. J. Garcia, "¿Santo
Tomás de Aquino y la Teología de la Liberación?", Medellín,
pgs.
518-533). Por
otra parte, es casi insignificante la atención que se presta al
Magisterio de la Iglesia como lugar teológico.
No figuran en la Tampoco
se aducen, o en escasa medida, las enseñanzas de los Santos Padres y
de los grandes teólogos medievales. Sin embargo, en las diversas
obras de buen numero de unos y otros se encuentran, explícita o implícitamente,
luminosas orientaciones y enseñanzas sobre el abuso de las riquezas y
las exigencias de la caridad y la justicia para remediar la pobreza. Ninguna
referencia se hace a los comentadores del Derecho de Gentes como
Vitoria, Suárez, Domingo Soto del siglo XVI, que tan hondamente
sintieron las angustiosas cuestiones de conciencia suscitadas con
ocasión del descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. Es un
estilo raro de hacer teología el que se nos brinda en torno a la
liberación, en rudo contraste con el usado en otros tiempos. Como
observa un investigador contemporáneo del Derecho de Gentes, P. V. D.
Carro, P.P.: "Las obras de los teólogos medievales están llenas
de citas de la Escritura y de los Santos Padres, de los filósofos
gentiles o cristianos, de San Agustín y de Sto. Tomas; de los
canonistas y juristas con otros maestros del pensamiento
cristiano" (Domingo de Soto, O.P. De La Justicia y del
Derecho, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1967, edit. por
V. D. Carro, O.P., p. XI). Los escritos de los teólogos de la
liberación - cabe observar - se nutren de las ideas de Kant, Hegel, Con
razón ha comentado el Card. López Trujillo a propósito de la Instrucción:
"Esta
corriente de la liberación, que la Instrucción censura,
aunque exhibe un cierto número de autores latinoamericanos, no es
original de nuestro continente, como no es vernáculo el análisis
marxista y no representa ni el sector de nuestros creyentes, ni el filón
más rico de la teología tal como se trabaja entre nosotros"
(L'Osservatore Romano, 18 de noviembre, 1984, Una
nueva observación de carácter general a la Teología de la Liberación
se refiere a la situación de dependencia
económica
de Estados Unidos, que se adivina en gran parte de las publicaciones
de tal signo. El análisis científico parece
haberles fallado en esta ocasión. El escritor católico de temas
socio-religiosos, Michael Novak, norteamericano, ha escrito sobre este
particular: "Los teólogos latinoamericanos prácticamente nunca
ofrecen evidencia económica para sus aseveraciones" (M. Novak,
"Liberation Theology in Practice", Thought,
vol.
59, no.233, June 1984, p.141). Sin
entrar en detalles, que supondria un estudio excesivamente complejo de
la estructura económica, social y politica de Latinoamérica, deberá
bastar la sola mención de las inversiones de Estados Unidos en los
paises suramericanos para poner en evidencia lo insostenible que es la "En
1983, las inversiones en el extranjero del pueblo de Estados Unidos
ascendían a un total de 883 mil millones de dólares. Las tres
cuartas partes de esta inversión se han colocado en Europa, Japón,
Canadá y Méjico. De la
cantidad restante, es cierto que una parte considerable
(aproximadamente el 16 por ciento de la suma total) se halla invertida
en Améica Latina y el resto en Asia y Africa. Cada año, la economía
norteamericana alcanza un nivel del producto nacional bruto de 3
trillones. Uno se percata al instante de que el volumen de la inversión
total de
Estados Unidos
en Latinoamérica es inferior al uno por ciento de su PNB"
(bc. cit. p.141). Para
mejor apreciar el alcance y significado de estos datos, se debe
recordar que un trillón es igual a un millón de billones, que en la
numeración de Estados Unidos de América se expresa por la unidad
seguida de 12 ceros. Luego, parece legítima la consecuencia que
deduce Novak: "Dependencia resulta ser una extrafla palabra para
designar tan modesta relación, y no solamente por el lado de Estados
Unidos" (Ibid). Una Idéntico
sentido lo retiene en Evangelii Nuntiandi: "Liberación de
todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del
pecado y del Maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser
conocido por El, de verbo, de entregarse a El" (n. 9). Esta fue
también la noción de liberación asumida por Juan Pablo II en la III
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla,
ampliandola en estos términos: "Liberación
hecha de reconciliación y perdón. Liberación que arranca de la
realidad de ser hijos de Dios a quien somos capaces de llamar ¡Abba,
Padre! y por la cual reconocemos en todo hombre a nuestros hermanos,
capaz de ser transformado en su corazón por la misericordia de Dios.
Liberación que nos empuja, con la energia de la caridad, a la comunión
cuya cumbre y plenitud encontramos en el Señor. Liberación como
superación de las diversas servidumbres e idolos que el hombre se
forja y como crecimiento del hombre nuevo. Liberación
que dentro de la misión propia de la Iglesia no puede reducirse a la
simple y estrecha dimensión económica, política, social... o
cultural... que no puede nunca sacrificarse a las Por
demás está añadir que estas orientaciones de Juan Pablo II
presidieron en todo momento las deliberaciones de la III Conferencia
General de Puebla. Otro
es, sin embargo, el sentido de liberación en la teología elaborada
en torno a ella y a la que se refiere de modo particular la Instrucción
de
la Sagrada Congregación. Efectivamente, para G. Gutierrez la liberación
es fundamentalmente política. Se
dan segun él tres niveles de liberación: 1) económica, social,
politica; 2) liberación del hombre, o sea, "la conquista
paulatina de una libertad real y creadora", que le permita asumir
consecuentemente su propio destino; y 3) liberación del pecado, que
incluye necesariamente una liberación de orden político" (Fuerza
Histórica de Los Pobres, p.111,
cit. M. Salazar, "Esquema del documento del Card. Ratzinger en
relación con algunas obras de Gustavo Gutierrez", Tierra
Nueva, 51,
año XIII, octubre 1984, p.6 y 7). Y el mismo G. Gutierrez declara:
"Se trata de tres niveles de significación de un proceso único
y complejo que encuentra su sentido profundo y su plena realización
en la obra salvadora de Cristo. Niveles de significación que, por lo
tanto, se implican mutuamente. Una visión cabal de la cuestión
supone que no se les separe" (Teología
de La Liberación, p.68,
69; 131, 132). Se
deduce de aqui que no se da liberación del pecado sin liberación política,
y que toda liberación política-social no difiere esencialmente de la
liberación de Cristo (Cf. M. Salazar, Ibd). Por
otra parte, G. Gutierrez define asímismo la libertad del hombre:
"La conquista paulatina de una libertad real y creadora
lleva a una revolución cultural permanente, a la construcción de un
hombre nuevo, hacia una sociedad cualitativamente diferente" (op.
cit. p. 68). Una vez más: se trata de una liberación política. Y
por si quedara alguna duda, ésta se disipa cuando se refiere al hombre
nuevo con palabras del "Che" Guevara:
"Los revolucionarios - escribia Ernesto "Che"
Guevara -carecemos muchas veces de los conocimientos y la audacia
intelectual necesarios para encarar la tarea del desarrollo de un
hombre nuevo por los me' todos distintos a los convencionales; y los métodos
convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó"
(op. cit. p.132). De
las precedentes observaciones de índole general aparece plenamente
justificada Ia Instrucción de
la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. b.
Observaciones
de cardcter especzfico La
Instrucción
es
un texto plenamente logrado, por su ponderación, lógica exactitud de
conceptos y formas de expresión, dejando a salvo las nobles
intenciones de los autores de la Teología de la Liberación, y
mostrando el máximo respeto a sus personas. El criterio único
que
la preside es la fidelidad absoluta a la pureza de la fe y la
responsabilidad pastoral hacia los millones de creyentes que pueblan
el continente americano. Una y otra exigian ineludiblemente que se señalara
el poder disolvente de esta corriente de pensamiento en el terreno
dogmático, especialmente en Cristología, Eclesiología, Teología
Sacramental y en Antropología. A
modo de síntesis, se expone a continuación la riqueza doctrinal que
atesora la Instrucción vaticana. Como
es de esperar, el texto arranca del mensaje del Evangelio, que es
eminentemente un mensaje de libertad, y liberación del pecado, la
realidad que más radicalmente esclaviza al hombre. A ésta deberan
seguir otras formas de liberación de cuantas esclavitudes, enraizadas
en el pecado, atentan contra la dignidad del hombre y sus derechos más
fundamentales. Se
manifiestan estas modalidades de esclavitud en el orden cultural, económico,
social y político. Ante situaciones tan humillantes para el hombre,
la Iglesia no puede mantenerse indiferente o neutral, pero tampoco
acepta como válido cualquier sistema de liberación ideado con tan
elevado propósito. Se correría el peligro de incurrir en errores
todavia más serios y perjudiciales para la dignidad de las personas
cuya liberación se pretende. Efectivamente,
se han producido desviaciones en que han incurrido "ciertas
teologías de la liberación" (Introducción), que no es posible
conciliar con los auténticos valores cristianos La
Instrucción de la Sagrada Congregación no disimula la parte de
responsabilidad que cabe al capitalismo frente al fenómeno de la
pobreza, pero también advierte que la interpretación hecha por los
teólogos de la liberación no va acompañada de la "suficiente
precaución crítica" (Introducción) y han tendido a
"refugiarse en lo que ellos llaman "el análisis marxista",
y por este afán de simplificación, el "previo examen crítico
le falta a más de una teología de la liberación" Una
simplificación del análisis crítico de la pobreza en Latinoaménca
como la señalada, advierte de nuevo la Instrucción, "impide,
de hecho, el análisis riguroso de las causas de la miseria, mantiene
las confusiones " (n. 11), y nunca podrá servir de base a una
respuesta acertada que garantice la verdadera liberación. ¿A
qué extremos conduce el planteamiento descrito y supuestamente
"científico"? Por de pronto, a la lucha de clases, asumida
como el único mecanismo científicamente válido para superar la
situacián de injusticia. Lo expresa el texto de la Instrucción: "La
praxis, y la verdad que de ella deriva, son praxis y verdad
partidarias, ya que la estructura fundamental de la historia esta
marcada por la lucha de clases. Hay, pues, una necesidad objetiva de
entrar en la lucha de clases" (VIII, 5).
Señala una consecuencia más: "La ley fundamental de la
lucha de clases tiene un carácter de globalidad y de universalidad.
Se refleja en todos los campos de la existencia, religiosos, éticos,
culturales e institucionales. Con relación a esta ley, ninguno de
estos campos es autónomo. Esta ley constituye el elemento determinante a cada uno"
(VIII, 8). Las
derivaciones lógicas de tales premisas son de todo punto inaceptables
por lo que tienen de falsas y contrarias a la Revelación y al Magisterio
de la Iglesia. Se niega implícitamente "la distinción entre el
bien y el mal, principio de la moralidad" (VIII, 8); las
practicas litúrgicas, como la Eucaristía, pasarán a ser una
celebración del pueblo en lucha (IX, 1); "la lucha de clases es
la ley estructural fundamental de la historia" (Thd 2), y ante
ella la ley del amor queda reducida a una ilusión (Ibd) incapaz de
corregir las deficiencias inherentes al capitalismo (IX, 2). Aún más:
la lucha de clases, motor de la historia, excluye la distinción
entre la historia de la salvación y la profana. Escribe G. Gutierrez: "...no
hay dos historias una profana y otra sagrada 'juxtapuestas' o
'estrechamente ligadas', sino un solo devenir humano asumido
irreversiblemente por Cristo, Señor de la historia... La historia de
la salvación es la entrafla misma de la historia humana"
(Teología
de La Liberación,
ed.
cit., p.199). Nada extraño, por tanto, que "se tienda a
identificar el Reino de Dios y su devenir con el movimiento de la
liberación humana" (IX, 4). De esta manera, "la fe, la
esperanza y la caridad reciben un nuevo contenido:
ellas son 'fidelidad a la historia', confianza en el futuro',
'opción por los pobres': que
es como negarlas en su realidad teologal" (IX, 4 y 5), y "de
esta nueva concepción se sigue inevitablemente una politización
radical de las afirmaciones de la fe y de los juicios teológicos" También
se tergiversa la realidad de la Iglesia (IX, 8); se pervierte el
sentido cristiano del pobre, y la defensa de los derechos de los
pobres se resuelve en la lucha de clases (X, 10); y "la
estructura sacramental y jerárquica de Ia Iglesia" queda
reducida a la Iglesia del pueblo, esto es, "una Iglesia de clase,
la Iglesia del pueblo oprimido" (IX, 12 y 13). En
pocas palabras, "la nueva hermenéutica inscrita en las 'teologías
de la liberación' conduce a una relectura esencialmente política de
la Escritura", afirma la Instrucción
vaticana.
Añade más: "el error no está aquí en prestarle atención a
una dimensión política de los relatos bíblicos. Está en hacer de esta dimensión la dimensión principal y
exclusiva que conduce a una lectura reductora de la Escritura"
(X, 5). La
Revelación quedaría supeditada e interpretada a la luz de la misión
histórica asumida por la clase proletaria, en lugar de que ésta se
dejara iluminar y dirigir por ella, pues, como ya se ha advertido,
"se pretende que sólo hay verdad en y por la praxis
partidaria" (VIII, 5 a 7; IX, 6). Frente
a esta degradación y reducción del mensaje revelado, la Instrucción
observa:
"Las exigencias de la promoción humana y de una liberación auténtica,
solamente se comprenden a partir de la tarea evangelizadora tomada en
toda su integridad. Esta liberación tiene como pilares indispensables
la verdad sobre Jesucristo el Salvador, la verdad sobre la Iglesia, la
verdad sobre el hombre y su dignidad" (X, 5). 1.
Verdad sobre Jesucristo Con
la verdad sobre Jesucristo se rechaza la visión de Cristo como el
profeta de una utopía terrena identificada con el Reino de Dios y
modelo de la lucha revolucionaria al servicio de la misma utopía,
despojando al mensaje cristiano de todo sentido trascendente. En consecuencia
el Documento afirma categóricamente: "está claro que se niega
la fe en el Verbo Encarnado, muerto y resucitado por todos los
hombres" (X, 11). Se
llega a tan desafortunada conclusión porque, aun cuando aparentemente
se respetan las fórmulas de fe, "en particular la del Concilio
de Calcedonia, se le atribuye una nueva significación, lo cual es una
negación de la fe de la Iglesia" (X, 9). Se rechaza la
cristologia recibida de la Tradici6n y se retiene el "Jesu's de
la historia", como un agente revolucionano comprometido en la
lucha por la liberaci6n de los pobres. Es
una sola verdad sobre Jesucristo, centro y contenido esencial de la
evangelización, recordó Juan Pablo II en Puebla, con palabras de Evangelii
Nuntiandi, n. 22: "No hay evangelización verdadera, mientras
no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino,
el misteno de Jesus de Nazareth Hijo de Dios" (DP, Discurso
Inaugural, I, 1, 2). 2.
Verdad
sobre La Iglesia Se
reprueba también en la Instrucción
la
concepción de la Iglesia en términos de clase hasta el punto de
identificarla con el proletariado, y comprometida políticamente en la
lucha contra la clase explotadora. Se lee en la Instrucción:
"La
Iglesia, que quiere ser en el mundo entero la Iglesia de los pobres,
intenta servir a la noble lucha por la verdad y por la justicia a la
luz de las Bienaventuranzas, y ante todo de la bienaventuranza de los
pobres de corazón. La Iglesia habla a cada hombre y, por
lo tanto, a todos los hombres...
Ella conduce a tener en cuenta "toda realidad humana, toda
injusticia, toda tensión, toda lucha" (XI, 5). 3.
Verdad sobre el hombre La
antropología o idea del hombre que se refleja en la Teología de la
Liberación censurada por la Instrucción, es de corte
"pelagiano". Se atribuye, en efecto, al hombre entregado a
la praxis revolucionaria, la instauración del Reino de Dios
identificado con la utopía estructural igualitaria (X, 9 y IV, 15).
Además, el hecho de lanzarle por el camino de la violencia equivale a
la degradación y envilecimiento en las personas que la ejercen y en
las victimas (XI, 7) que la padecen. A
tan engañosa imagen del hombre, replica la Instrucción:
"Es
una ilusión mortal creer que las nuevas estructuras por sí mismas
daran origen a un 'hombre nuevo', en el sentido de la verdad del
hombre. El cristiano no puede desconocer que el Espíritu Santo, que
nos ha sido dado, es la fuente de toda verdadera novedad y que Dios es
el Señor de la historia"(IX,9). Y
más adelante: "Una defensa eficaz de la justicia se debe apoyar
sobre la verdad del hombre, creado a imagen de Dios y llamado a la
gracia de la filiación divina... Por esta razón la lucha por los
derechos del hombre, que la Iglesia no cesa de recordar, constituye el
auténtico combate por la justicia (XI, 6). V.
Normas para una acción social Los
juicios contenidos en la Instrucción
"contra
las graves desviaciones de 'ciertas teologfas de la liberación"'
(XI, 1) deberán servir de acicate a todos los creyentes para acudir
en socorro de las victimas de la pobreza, guiados únicamente por el
espiritu del Evangelio. Gozan de perenne vigencia estas palabras de
Pablo VI: "La
evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la
interpelación reciproca que en el curso de los tiempos se establece
entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre.
Precisamente por esto la evangelización lleva consigo un
mensaje explicito, adaptado a las diversas situaciones y
constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda
persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible
el progreso personal, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre
la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un
mensaje especialmente vigoroso en nuestros días, sobre La Liberación
(EN,
29). Cuantos
quieran comprometerse a esta obra de promoción humana, en generosa
respuesta a las exigencias de la justicia, lo hara'n en colaboraci6n
con los obispos y la Iglesia. Los
teólogos se mostraran fieles colaboradores con el Magisterio de la
Iglesia en actitud de respeto filial hacia sus enseflanzas. Toda
obra de promoción humana deberá inspirarse en la verdad revelada
sobre Jesucristo, la Iglesia y el hombre. Conforme a esta verdad se
definiran los términos de la justicia, a la luz de las
Bienaventuranzas, excluyendo totalmente cualquier recurso a la
violencia. Es
también de inaplazable necesidad formular con exactitud rigurosa el
diagnóstico de las verdaderas causas de la pobreza. A la ayuda que
puedan prestar en este empeño las ciencias humanas, deberá sumarse
el valor de la enseñanza social de la Iglesia. Para
tal propósito es indispensable la colaboración de
"personalidades competentes, tanto desde el punto de vista científico
y técnico como en el campo de las ciencias humanas o la politica.
Los pastores estarán atentos a la formación de tales
personalidades competentes, viviendo profundamente del Evangelio. A
los laicos, cuya misión propia es construir la sociedad, corresponde
aquí el primer puesto" (IX,
14). Frente
a las falsas pretensiones de la Teología de la Liberación se opondrán
una catequesis y formación religiosa que presenten "la
integridad del mensaje de la salvación y los En
esta labor de catequesis y formación religiosa, se dará un énfasis
especial a aquellas verdades que quedan pervertidas o eliminadas en
las teologias de la liberaci6n: "En
esta presentación integral del misterio cristiano, - previene la Instrucción
- será oportuno acentuar los aspectos esenciales que las 'teologías
de la liberación' tienden especialmente a desconocer o eliminar:
trascendencia y gratuidad de la liberación en Jesucristo, verdadero
Dios y verdadero hombre, soberania de su gracia, verdadera naturaleza
de los medios de salvación, y en particular de la Iglesia y de los
sacramentos. Se recordará
la verdadera significación de la ética para la cual la distinción
entre el bien y el mal no podrá ser relativizada, el sentido auténtico
del pecado, la necesidad de la conversión y la universalidad de la
ley del amor fraterno. Se pondrá en guardia contra una politización
de la existencia que, desconociendo a un tiempo la especificidad del
Reino de Dios y la trascendencia de la persona, conduce a sacralizar
la politica y a captar la religiosidad del pueblo en beneficio de
empresas revolucionarias" (XI, 17). Por
ultimo, a quienes se han mantenido vigilantes en mantener la
integridad de la ortodoxia se les exhorta a dar particular atención 25 de enero de 1985
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