DECLARACIÓN
SOBRE LA SEXUALIDAD HUMANA
La
Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) dio a La Luz pública Un
importante pronunciamiento sobre La sexualidad humana: "Declaración
de los Obispos puertorriqueños en torno a la sexualidad humana y los peligros
a los que se ve expuesta en una sociedad como la nuestra." A
continuación presentamos una síntesis de los puntos más sobresalientes de
la Declaración del episcopado puertorriqueño: 1.
Los grandes cambios de los últimos tiempos han tocado los valores mas
profundos de la sexualidad humana en todas sus manifestaciones. Surgen
situaciones y argumentos que cuestionan los principios éticos de la Iglesia. 2. Ante este estado de cosas, la CEP reitera la sabiduría de la
moral católica, "fundada sobre la razón humana iluminada por la fe y
guiada conscientemente por el intento de hacer la voluntad de Dios, nuestro
Padre." 3. Entre los aspectos fundamentales de la sexualidad cabe destacar
los siguientes puntos: concepción cristiana de la vida sexual; el sexo en el
contexto de la alianza matrimonial; el amor humano en el misterio de Cristo;
el sacramento del matrimonio; la castidad y la virginidad en el misterio de
Cristo. A.
El cuerpo
revela el sentido de la vida y de la vocación humana. También contribuye a
revelar a Dios y su amor creador. B. Puesto
que el ser humano existe en relación con el otro, el cuerpo manifiesta su
vocación a la reciprocidad y a la comunión; y a la fecundidad como uno de
los significados fundamentales de su ser sexuado. Al entrar en el ámbito de
la alianza, el amor humano posee un arquetipo que ha de realizar: el amor de
Dios para con su pueblo. C. A la luz del misterio de Cristo, la sexualidad está llamada a realizar el amor del Espíritu Santo. Jesucristo sublimó dicha vocación con el sacramento del matrimonio. La teología paulina vincula el misterio Cristo-Iglesia con el misterio del amor cristiano de esposo-esposa. D.
La ascética
de la castidad matrimonial le confiere un valor humano más sublime al amor
conyugal. La cruz de la renuncia tiene significado en la entrega confiada a la
gracia de Dios. E. También
el amor virginal queda iluminado en el misterio de Cristo. El Señor, célibe
y virgen, anuncia y realiza la estructura de los nuevos tiempos. En tomo al
modelo crístico se configura la pureza de los que no se han casado aun y de
los que eligieron la virginidad por el Remo de los cielos. 4.
La tercera parte del documento ofrece algunas aplicaciones prácticas.
La bondad moral de los actos propios de la vida conyugal dependen de criterios
objetivos que guardan integro el sentido de la mutua entrega y de la humana
procreaci6n entretejidas con el amor verdadero. Romper el significado unitivo
y el significado procreador del acto conyugal es contradecir la naturaleza del
hombre y de la mujer y el plan de Dios; reducir la sexualidad a la sola
expresión genital es desvalorizar la vida sexual. La contracepción y el
aborto responden a una visión despersonalizada y utilitarista de la
sexualidad y la procreación. La antropología de tipo individualista se
orienta hacia una independencia absoluta del amor, que termina en el vacío,
la muerte y el pecado. Se abre así el camino hacia el aborto, la eutanasia,
la explotación de los débiles y otras depravaciones. 5.
La cuarta parte de la Declaración lanza una crítica a
los argumentos en favor de la contracepción. A.
Argumentos de orden sanitario. Se alega que algunas personas
seguirán siendo sujetos de alto riesgo. al margen de las consideraciones
morales; por consiguiente, convendría proveerles información y profilácticos.
Respuesta: No es lícito hacer el mal para conseguir un bien; el fin no
justifica los medios. La practica anticonceptiva puede llevar al hombre a
faltarle el respeto a la mujer. B. Argumentos de orden psicológico. Algunos afirman que las relaciones pre-maritales son lícitas bajo ciertas condiciones. A lo cual se responde que todo acto genital humano debe mantenerse en el cuadro del matrimonio. Las relaciones prematuras no garantizan que la sinceridad o fidelidad queden aseguradas contra los vaivenes y deseos de las pasiones. Estas relaciones pueden promover la contracepción y el aborto. Asimismo,
consideraciones de carácter psicológico han intentado justificar las
relaciones homosexuales. Sin embargo, dichas relaciones son actos intrínsecamente
desordenados, que de por sí están privados de su regla esencial e
indispensable. Aquí tampoco se cura el mal con una receta de profilácticos,
sino con una educación para el pudor, la castidad, el amor auténtico y la
amistad. C.
Argumentos
de naturaleza sociológica. Se alega que la Iglesia debería atemperar su
doctrina para evitar la fuga de creyentes y la doble moralidad. Respuesta: Las
encuestas olvidan las múltiples causas de un fenómeno complejo. Piénsese
en la debilidad innata del hombre, la pérdida del sentido de Dios, la depravación
de las costumbres... Solución:
Promoción
de una sana ecología humana y social. El Estado debe defender el ambiente
natural y humano. D.
Argumentos de orden demográfico. Estos insisten en la reducción
de la fecundidad para evitar los presentes males de la explosión demográfica. Respuesta:
No se ha comprobado que cualquier crecimiento poblacional sea incompatible
con un desarrollo ordenado. La solución no estriba en el uso universal de
anticonceptivos. Se descuida la recta motivación del individuo y la conexión
intrínseca entre el desarrollo auténtico y el respeto a los derechos humanos.
DECLARACION
DE LOS OBISPOS I. LOS
GRANDES CAMBIOS que han surgido últimamente a niveles locales, nacionales
e internacionales han producido efectos notables y de diversa índole. Nos
referimos, en concreto, a la desaparición de viejas ideologías, a la formación
de bloques socialistas económicos, a la aparición de estilos de vida
mundiales, al auge de las ciencias biológicas, al triunfo del individualismo,
a la posición de la mujer en la sociedad, etc. Todos ellos, a su modo, han
ido ejerciendo cierta presión en el campo del desarrollo, de las condiciones
de trabajo, de la educaci6n, de la salud, de la familia, de la cultura. Pero
sus influjos han calado más profundo. Han tocado las fibras más íntimas del
valor atribuido a la sexualidad humana, al amor conyugal dentro del
matrimonio, al aprecio que se debe dar al significado de los actos conyugales
en relación con este amor. Finalmente, así como el hombre ha llegado a
dominar y ordenar la naturaleza, también ha querido extender ese dominio a su
propio cuerpo, a su vida psíquica y social y hasta a las leyes que regulan la
transmisión de la vida, (cf. Humanae Vitae, pp 7-8). Este
nuevo estado de cosas nos plantea a todos nuevos interrogantes. Se nos
presentan argumentaciones que sustentan muchos planes de política pública
sobre la salud, el desarrollo demográfico, desarrollos científicos, dinámicas
de cambio, etc., hasta aquellas que presentan un nuevo concepto del hombre, el
carácter creativo de la conciencia, la libertad absoluta, el principio de
totalidad en cuanto a los actos del hombre, etc. Argumentos todos que tienen
por objeto el propiciar un cambio en la posición tradicional de la Iglesia a
la enseñanza sobre la sexualidad humana. POR
CONSIGUIENTE,
la Conferencia Episcopal Puertorriqueña ha considerado que el problema se ha
tornado tan grave y tan difundido que justifica la presente Declaración
dirigida a todos los cat6licos, hombres de gobierno, hombres de ciencia,
promotores de la cultura y del desarrollo y a todos los hombres de buena
voluntad. La
posici6n, al igual que las doctrinas vertidas en esta Declaración sobre la
sexualidad humana, es la posici6n moral católica. Ella esta fundada sobre la
razón humana iluminada por la fe y guiada conscientemente por la intención
de hacer la voluntad de Dios, nuestro Padre. Los
Apóstoles. al igual que todos los Obispos sus sucesores, cuando A
tal efecto. expresaba el Papa Juan Pablo II a los Obispos de Puerto Rico en su
visita "ad limina" del 24 de noviembre del 1983: "por
tanto, os exhorto a continuar comunicando, sin ambigüedad ni disimulo las
enseñanzas de la Iglesia con respecto al tema de la familia... no dejen de
enseñar en toda su riqueza y extensión las enseñanzas de nuestro predecesor
Pablo VI contenidas en la Encíclica Humanae Vitae", (L'Osservatore
Romano, noviembre, 1983). En
distintas ocasiones y a través de varias Declaraciones, la Conferencia de
Obispos Puertorriqueños ha tratado explícitamente el problema de la
sexualidad humana desde diversas perspectivas. Constancia de ello la
encontramos en la Declaración sobre la decisi6n del Tribunal Supremo respecto
al aborto; Declaración en torno al aborto y una decisión del Tribunal
Supremo; Declaración en tomo al aborto ante la moral; Declaración sobre el
uso de profilácticos, (Maestros y Profetas, diciembre, 1989). II. ALGUNOS ASPECTOS FUNDAMENTALES: A.
Concepción cristiana de la sexualidad: La
visión cristiana del hombre confiere al cuerpo una particular función,
puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocación
humana. La corporeidad es en efecto, el modo específico de existir y de obrar
del espíritu humano. Es por esto que decimos que el "cuerpo revela al
hombre", (Juan Pablo II, Audiencia General, 14 de noviembre de 1979), y
"expresa la persona", (Juan Pablo II, Audiencia General, 9 de enero
de 1980). Existe un segundo significado, éste es, que el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la dimensi6n de criatura del hombre, su dependencia de un don fundamental que es el don de amor. Como muy bien lo expresó el Papa Juan Pablo II, cuando dice, "el cuerpo es testigo de la creación como un don fundamental, testigo pues del Amor como fuente de la que nació este donar", (Audiencia General, 9 de enero de 1980). B. El sexo en el contexto de la alianza matrimonial: Todavía
más, el hombre no es un ser solo, (Génesis, 2, 18a.), sino un ser en relación con el otro. Por tanto, el cuerpo manifiesta
la vocación del hombre a la reciprocidad y a la comunión, esto es al amor y
al mutuo don de sí Es por ello que el cuerpo llama al hombre y a la mujer a
su constitutiva vocación a la fecundidad como uno de los significados
fundamentales de su ser sexuado, (Juan Pablo II, Audiencia General, 26 de
marzo de 1980). La
misma idea la vemos recogida en las enseñanzas de Vaticano II, cuando nos
dice que el hombre y la mujer poseen una participaci6n en el Ser divino ya que
han sido creados a su imagen y semejanza. Di cha vocaci6n la realizan ambos no
s(5Io como personas individuales sino asociados en pareja como comunidad de
amor, (Gaudium et Spes, 12). Posteriormente,
según la predicación de los profetas, el amor humano es presentado en el de
la Alianza. Ellos se sirven de la comparación del matrimonio humano para
explicar las relaciones de Dios con su pueblo. Yavé es el esposo y el pueblo
su esposa. El drama de la pareja humana, drama de amor y de infidelidad. de
fecundidad e infecundidad, es la mejor comparación para entender las
relaciones de Dios con su pueblo, (Oseas, 1-3; Jeremfas, 2, 20-25; 3,
1-5; Ezequiel, 16, 23; Isaías, 54, 60-62). En
realidad, lo antes dicho no es una simple comparación. El amor humano, al
entrar dentro del ámbito de la alianza, queda transformado. Posee ahora un
arquetipo que ha de realizar: el amor de Dios para con su pueblo. Cuando los
esposos en Israel viven su amor saben que realizan el misterio del amor de
Dios con su pueblo. C.
El amor humano en el misterio de Cristo: El
Misterio del hombre cobra todo su significado en el misterio del Verbo
Encarnado, al igual que la existencia humana adquiere sentido en la vocación
a la vida divina. A la luz de este misterio, la sexualidad aparece como una vocación que lleva a realizar aquel amor que el Espíritu Santo infunde en el corazón de todos los redimidos. Jesucristo ha sublimado tal vocación con el del matrimonio. A este efecto, San Pablo relaciona este misterio de Cristo-Iglesia con el misterio del amor cristiano de esposo-esposa, (Efesios 5, 21-23), cumpliéndose así las leyes de relaci6n entre la antigua y la nueva alianza: esto es, ley de continuidad y ley de perfeccionamiento. D. La castidad en el misterio de Cristo: La
vivencia en el amor exige, entre los que se aman, poseer sólidas convicciones
sobre los verdaderos valores de la alianza matrimonial y también una
tendencia a procurar un perfecto dominio de sí mismos. Ello impone, sin lugar
a dudas, una ascética para que toda la vida conyugal esté en conformidad con
el orden recto. Esta disciplina propia de la pureza de los esposos, lejos de
perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime, (Humanae
Vitae, 21). Esto
no es otra cosa que la enseñanza del apóstol Pablo a los Gálatas, cuando
dice que el Espíritu produce en la vida del creyente: "amor, gozo, paz,
paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí,"
y aún más, "no podéis pertenecer a Cristo sin crucificar la carne con
sus pasiones y deseos", (Galatas 5, 22). Esta
invitación, sin embargo, se interpreta mal cuando se le considera solamente
como un inútil esfuerzo de autorrenuncia. La cruz constituye ciertamente una
renuncia de sí, pero en el abandono en la voluntad de aquel Dios que de la
muerte hace brotar la vida y capacita a aquellos que ponen su confianza en El
para que puedan practicar la virtud en lugar del vicio. En virtud de este
influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad,
enriqueciéndose de sus valores espirituales necesarios para la realizaci6n de
una vida conyugal y familiar más plena. E.
La virginidad en el misterio de Cristo: Con
la venida de Cristo hace también su aparición una nueva realidad: el amor
virginal. La persona misma del Señor célibe y virgen, y nacido además de
una virgen, es una revelación: anuncia y realiza la estructura de los nuevos
tiempos. Desde ese momento, todo lo cristiano adquiere en Cristo su más
perfecta expresión. Cristo, quien ha vivido su amor en una dimensión de
virginidad, es presencia escatológica, esto es, paradigma perfecto de lo
cristiano en Plenitud. Alrededor
de ese modelo se configuran todos los que no han entrado en la alianza
matrimonial todavía y los que han optado por la vocación a la virginidad por
ci Reino de los cielos, (Sagrada Congregación para la Educación Católica,
Orientaciones sobre el amor humano, pp.9-12). ilL ALGUNAS APLICACIONES PRACTICAS: La
Iglesia, consciente de su misión, asume responsablemente su labor de madre y
maestra como lo ha hecho en el pasado manteniendo los vínculos profundos y
duraderos que la unen a las generaciones que la han precedido en el signo de
la fe. Por
consiguiente, basándose en la Revelación y en la interpretación auténtica
de la ley natural, la Iglesia reconoce que la bondad moral de los actos
propios de la vida conyugal "dependen de criterios objetivos tornados de
la naturaleza de la persona y de sus actos, que guardan íntegro el sentido de
la mutua entrega y de la humana procreación entretejidos con el amor
verdadero" (Gaudium et Spes. 49). Es
por ello, que optar por romper el significado unitivo y el significado
procreador del acto conyugal, es contradecir la naturaleza del hombre y de la
mujer y sus más íntimas relaciones; por consiguiente, es contradecir el plan
de Dios y su voluntad, (Humanae Vitae 12-13; Familiaris Consortio, 32). Reducir,
pues, la sexualidad humana a la sola expresión genital es desvalorizar la vida
sexual ya que es un lenguaje que no tiene correspondencia en la expresi6n de
una alianza manifestada en la unidad, "una sola carne", (Mat 19,5),
y en la fecundidad, "creced y multiplicaos", (Gen 1, 28). La
reprobación de Onán, (Gen 38, 10), como lo indican los autores sagrados, no
se fijó meramente en la violación del percepto que muy bien lo hubiera
merecido por el solo hecho de no tener relaciones con Tamar; pero más bien
fue su participación en el acto de la alianza y su invalidación
contraceptiva del mismo lo que lo hizo pecaminoso, por lo que fue castigado. Por
consiguiente, es preciso darse cuenta de que tanto la contracepción como el
aborto hunden sus raíces en una visión despersonalizada y utilitarista de la
sexualidad y de la procreación ya que parten de una concepci6n mutilada dcl
hombre y de su libertad. Es
por ello que esta Conferencia de Obispos se reafirma en su condena dcl uso de
los contraceptivos como una práctica nefasta y degradante; y el aborto
provocado como un crimen horrendo y abominable, (Maestros y Profetas. Uso
de los profilácticos, p.405). Estamos
frente a una antropología de tipo individualista que lleva a la consideración
de la verdad objetiva como inaccesible, la libertad como arbitraria y la
conciencia como una instancia cerrada en sí misma. Dicha antropología
orienta al ser humano a buscar una independencia absoluta, aun del amor. Pero
el hombre, al separarse de la verdadera riqueza de su ser, se queda vacío,
por lo que la opción contra ci propio ser resulta inevitable. El hombre ya no
es un bien. La lógica de la muerte pertenece al pecado. Queda
abierto así el camino hacia ci aborto, la eutanasia, la explotación de los
mis débiles, etc., al igual que otras prácticas que San Pablo considera como
graves depravaciones que en definitiva reciben la repulsa de Dios, (Rom 1,
24-27; I Cor 6,9; 1 Tim 1.10).
IV. UNA CRITICA A LOS ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA
CONTRACEPCION: Son
muchos los que hoy día reivindican el derecho a la distribución y uso de
contraceptivos, al igual que a la práctica del aborto provocado alegando
razones de salud, de desarrollo, de orden psicológico y sociológico, etc.
Esta lista no agota todas las posibilidades, pero nos limitaremos aquí, a
considerar las mis comunes entre ellas. Los
que justifican el uso de contraceptivos como salvaguardia de la salud afirman
que muchas personas continuarán su actividad sexual a pesar de todas las
consideraciones morales o de otra índole, tornándose así en sujetos de alto
riesgo ante las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA. El
proveerles información y profilácticos, por tanto, contribuiría a reducir
el alto riesgo de contagio. A
esto contestamos, "no es lícito, ni aún por razones gravísimas, hacer
el mal para conseguir un bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de
voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la
persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien
individual" (Veritatis Splendor, 80). En otras palabras, "el
fin no justifica los medios". De no ser así, ¿podríamos hablar de
pecados justificados? Absurda conclusión. Por
otro lado, debemos tener mucho cuidado que la práctica anticonceptiva puede
llevar al hombre a perderle el respeto a la mujer y, sin preocuparse mis de su
equilibrio físico y psicológico, la considere como un simple instrumento de
goce egoísta y no como a una compañera respetada y amada. Esto
es así, ya que no podemos pretender hacer una división entre la libertad y
naturaleza. Por ci contrario, ellas están armónicamente relacionadas entre sí
e íntima y mutuamente aliadas, (VS, #50). Otros
argumentos son de orden psicológico. Entre estos encontramos todos aquellos
que apoyan ci derecho ala uni6n sexual antes dcl matrimonio, al menos cuando
existiese una rcsoluci6n firme de contraerlo y existe un afecto, que en cierto
modo, es ya conyugal. El noviazgo pediría este complemento, que dentro de las
presentes circunstancias, es connatural, sobre todo, cuando la celebración
del matrimonio se ve impedida por las circunstancias, o cuando esta relación
íntima parecería ser necesaria para conocerse más, o para preservar el
amor. Como
hemos indicado, semejante opinión se opone a la doctrina cristiana porque
todo acto genital humano debe mantenerse en el cuadro del matrimonio. Así lo
demuestra San Pablo cuando dice, "mejor es casarse que abrazarse".
(I Cor 7,9). Por otro lado, aunque exista un propósito firme de En
nuestros días, fundándose también en observaciones de orden psicológico,
se ha llegado a juzgar con indulgencia, e incluso a excusar completamente las
relaciones entre ciertas personas dcl mismo sexo, especialmente aquellas cuyo
mal obedecería a una especie de instinto innato o de constitución patológica. Según el
orden natural objetivo, estas relaciones son actos que de por sí están
privados de su regla esencial e indispensable. En las Sagradas Escrituras están
condenados, (Rom, 1,24-27; I Cor 6.10; I Tim 1,10), por ser intrínsecamente
desordenados por lo que en ningún caso pueden recibir aprobación. Por otro
lado, la solución al SIDA en este renglón no descansa en una distribución
de profilácticos, sino en una educación para el pudor y la amistad. Una
educación que desarrolle una conciencia vigilante en defensa de la dignidad
del hombre y del amor auténtico. Al igual que una educación para vivir la
castidad como los demás cristianos que están también llamados a vivirla. Los
que proponen sus argumentos inspirados en la sociología, arguyen que a
consecuencia de la doctrina inflexible de la Iglesia Católica con respecto a
la sexualidad humana, se estarían perdiendo muchos seguidores o se estaría
creando un tipo de cristianismo con dobles valores en cuanto a la vida. Por lo
que, ante los grandes cambios ocurridos en todos las órdenes de la sociedad,
algunos opinan que la Iglesia debería atemperar su doctrina. Es cierto
que las encuestas sociológicas pueden indicar la magnitud del problema a
causa de lo rígido de la doctrina. Sin embargo, demuestran, también, la
relación que el problema tiene con la debilidad innata del hombre a
consecuencia dcl pecado original y también con la pérdida dcl sentido de
Dios, con la depravación de las costumbres engendradas por la comercialización
dcl vicio, con la licencia desenfrenada de tantos espectáculos y
publicaciones; así como también con el olvido del pudor, custodio de la
castidad. La real
solución estriba entonces. en la promoción e implementación de una sana
"ecología humana", y en una "ecología social", (Centesimus
Annus, #76). Ello apunta al deber del Estado de proveer a la defensa tanto
dcl ambiente natural como humano y social, cuya salvaguardia no puede Finalmente,
encontramos los argumentos fundados en los problemas demográficos. Sus
argumentos se basan en el hecho de un mundo excesivamente cargado. Se
necesitaría que la gente pobre sea educada en la reducción de la fecundidad
ya que cualquier incremento poblacional nos perjudicaría a todos. La
simple afirmación de que las dificultades al desarrollo provienen sólo del
crecimiento poblacional no está demostrada. Ni siquiera se ha comprobado que
cualquier crecimiento demográfico sea incompatible con un desarrollo
ordenado, (Sollicitudo Rei Socialis, #25). Por
consiguiente, la solución no estriba en poner sencillamente la promoción y
el uso de los medios anticonceptivos a disposición de todos. Se debe
plantear, en primer lugar, todo el problema en su justa perspectiva. Esto es,
se debe despertar, antes que nada, la motivación dcl individuo con respecto
al comportamiento generativo en consonancia con lo ya explicado. Además,
con respecto a la política pública, se debe reconocer la conexión intrínseca
entre desarrollo auténtico y el respeto a los derechos dcl hombre que se
expresan en: 1. El derecho a la vida humana. 2. El derecho a la integridad corporal. 3. El derecho a vivir una vida digna de seres humanos. 4. El derecho a ejercer su responsabilidad en el campo de la
transmisión de la vida. 5.
Derecho a una cultura digna del hombre y su perfeccionamiento. 6. Derecho a una
formación concorde a las propias tradiciones, valores espirituales y
culturales. 7. Derecho a la
estabilidad dcl vínculo matrimonial y de la institución familiar. 8. Derecho a un
medio ambiente que propicie el desarrollo integral del hombre. V. EXHORTACION
FINAL: Queridos
hermanos, lo que hemos expuesto aquí es la enseñanza ininterrumpida de la
Iglesia de Cristo contra todos aquellos que intentan corromper las sanas
costumbres e intentan destruir la vida humana. Los Obispos de Puerto Rico las
hacemos nuestras. La Iglesia cumple su misión de proclamar y defender la ley
natural grabada en el corazón de todos los hombres, fundamento de la ética,
que obliga a todos en este mundo. En su Que
Nuestra Señora de la Providencia nos ayude a atesorar las enseñanzas de su
Divino Hijo en nuestro corazón... Dada en
la sede oficial de la C.E.P., en San Juan de Puerto Rico, a los 24 días del
mes de febrero del año del Señor 1994. |