DECLARACIÓN SOBRE LA SEXUALIDAD HUMANA

La Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) dio a La Luz pública Un importante pronunciamiento sobre La sexualidad humana:

"Declaración de los Obispos puertorriqueños en torno a la sexualidad humana y los peligros a los que se ve expuesta en una sociedad como la nuestra."

A continuación presentamos una síntesis de los puntos más sobresalientes de la Declaración del episcopado puertorriqueño:

1.  Los grandes cambios de los últimos tiempos han tocado los valores mas profundos de la sexualidad humana en todas sus manifestaciones. Surgen situaciones y argumentos que cuestionan los principios éticos de la Iglesia.

2.  Ante este estado de cosas, la CEP reitera la sabiduría de la moral católica, "fundada sobre la razón humana iluminada por la fe y guiada conscientemente por el intento de hacer la voluntad de Dios, nuestro Padre."

3.  Entre los aspectos fundamentales de la sexualidad cabe destacar los siguientes puntos: concepción cristiana de la vida sexual; el sexo en el contexto de la alianza matrimonial; el amor humano en el misterio de Cristo; el sacramento del matrimonio; la castidad y la virginidad en el misterio de Cristo.

A. El cuerpo revela el sentido de la vida y de la vocación humana. También contribuye a revelar a Dios y su amor creador.

B. Puesto que el ser humano existe en relación con el otro, el cuerpo manifiesta su vocación a la reciprocidad y a la comunión; y a la fecundidad como uno de los significados fundamentales de su ser sexuado. Al entrar en el ámbito de la alianza, el amor humano posee un arquetipo que ha de realizar: el amor de Dios para con su pueblo.

C.  A la luz del misterio de Cristo, la sexualidad está llamada a realizar el amor del Espíritu Santo. Jesucristo sublimó dicha vocación con el sacramento del matrimonio. La teología paulina vincula el misterio Cristo-Iglesia con el misterio del amor cristiano de esposo-esposa.

D. La ascética de la castidad matrimonial le confiere un valor humano más sublime al amor conyugal. La cruz de la renuncia tiene significado en la entrega confiada a la gracia de Dios.

E. También el amor virginal queda iluminado en el misterio de Cristo. El Señor, célibe y virgen, anuncia y realiza la estructura de los nuevos tiempos. En tomo al modelo crístico se configura la pureza de los que no se han casado aun y de los que eligieron la virginidad por el Remo de los cielos.

4.  La tercera parte del documento ofrece algunas aplicaciones prácticas. La bondad moral de los actos propios de la vida conyugal dependen de criterios objetivos que guardan integro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreaci6n entretejidas con el amor verdadero. Romper el significado unitivo y el significado procreador del acto conyugal es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y el plan de Dios; reducir la sexualidad a la sola expresión genital es desvalorizar la vida sexual. La contracepción y el aborto responden a una visión despersonalizada y utilitarista de la sexualidad y la procreación. La antropología de tipo individualista se orienta hacia una independencia absoluta del amor, que termina en el vacío, la muerte y el pecado. Se abre así el camino hacia el aborto, la eutanasia, la explotación de los débiles y otras depravaciones.

5.  La cuarta parte de la Declaración lanza una crítica a los argumentos en favor de la contracepción.

A.          Argumentos de orden sanitario. Se alega que algunas personas seguirán siendo sujetos de alto riesgo. al margen de las consideraciones morales; por consiguiente, convendría proveerles información y profilácticos. Respuesta: No es lícito hacer el mal para conseguir un bien; el fin no justifica los medios. La practica anticonceptiva puede llevar al hombre a faltarle el respeto a la mujer.

B.          Argumentos de orden psicológico. Algunos afirman que las relaciones pre-maritales son lícitas bajo ciertas condiciones. A lo cual se responde que todo acto genital humano debe mantenerse en el cuadro del matrimonio. Las relaciones prematuras no garantizan que la sinceridad o fidelidad queden aseguradas contra los vaivenes y deseos de las pasiones. Estas relaciones pueden promover la contracepción y el aborto.

Asimismo, consideraciones de carácter psicológico han intentado justificar las relaciones homosexuales. Sin embargo, dichas relaciones son actos intrínsecamente desordenados, que de por sí están privados de su regla esencial e indispensable. Aquí tampoco se cura el mal con una receta de profilácticos, sino con una educación para el pudor, la castidad, el amor auténtico y la amistad.

C.      Argumentos de naturaleza sociológica. Se alega que la Iglesia debería atemperar su doctrina para evitar la fuga de creyentes y la doble moralidad. Respuesta: Las encuestas olvidan las múltiples causas de un fenómeno complejo. Piénsese en la debilidad innata del hombre, la pérdida del sentido de Dios, la depravación de las costumbres...

Solución:          Promoción de una sana ecología humana y social. El Estado debe defender el ambiente natural y humano.

D.          Argumentos de orden demográfico. Estos insisten en la reducción de la fecundidad para evitar los presentes males de la explosión demográfica. Respuesta: No se ha comprobado que cualquier crecimiento poblacional sea incompatible con un desarrollo ordenado. La solución no estriba en el uso universal de anticonceptivos. Se descuida la recta motivación del individuo y la conexión intrínseca entre el desarrollo auténtico y el respeto a los derechos humanos.

 

DECLARACION DE LOS OBISPOS PUERTORRIQUENOS EN TORNO A LA SEXUALIDAD HUMANA Y LOS PELIGROS A LOS QUE SE VE EXPUESTA EN UNA SOCIEDAD COMO LA NUESTRA

 

I.   LOS GRANDES CAMBIOS que han surgido últimamente a niveles locales, nacionales e internacionales han producido efectos notables y de diversa índole. Nos referimos, en concreto, a la desaparición de viejas ideologías, a la formación de bloques socialistas económicos, a la aparición de estilos de vida mundiales, al auge de las ciencias biológicas, al triunfo del individualismo, a la posición de la mujer en la sociedad, etc. Todos ellos, a su modo, han ido ejerciendo cierta presión en el campo del desarrollo, de las condiciones de trabajo, de la educaci6n, de la salud, de la familia, de la cultura.

Pero sus influjos han calado más profundo. Han tocado las fibras más íntimas del valor atribuido a la sexualidad humana, al amor conyugal dentro del matrimonio, al aprecio que se debe dar al significado de los actos conyugales en relación con este amor. Finalmente, así como el hombre ha llegado a dominar y ordenar la naturaleza, también ha querido extender ese dominio a su propio cuerpo, a su vida psíquica y social y hasta a las leyes que regulan la transmisión de la vida, (cf. Humanae Vitae, pp 7-8).

Este nuevo estado de cosas nos plantea a todos nuevos interrogantes. Se nos presentan argumentaciones que sustentan muchos planes de política pública sobre la salud, el desarrollo demográfico, desarrollos científicos, dinámicas de cambio, etc., hasta aquellas que presentan un nuevo concepto del hombre, el carácter creativo de la conciencia, la libertad absoluta, el principio de totalidad en cuanto a los actos del hombre, etc. Argumentos todos que tienen por objeto el propiciar un cambio en la posición tradicional de la Iglesia a la enseñanza sobre la sexualidad humana.

POR CONSIGUIENTE, la Conferencia Episcopal Puertorriqueña ha considerado que el problema se ha tornado tan grave y tan difundido que justifica la presente Declaración dirigida a todos los cat6licos, hombres de gobierno, hombres de ciencia, promotores de la cultura y del desarrollo y a todos los hombres de buena voluntad.

La posici6n, al igual que las doctrinas vertidas en esta Declaración sobre la sexualidad humana, es la posici6n moral católica. Ella esta fundada sobre la razón humana iluminada por la fe y guiada conscientemente por la intención de hacer la voluntad de Dios, nuestro Padre.

Los Apóstoles. al igual que todos los Obispos sus sucesores, cuando recibieron su autoridad y misión de parte de Jesucristo, fueron constituidos en custodios e intérpretes de toda la ley moral, cuyo cumplimiento fiel, junto con la ley evangélica, es igualmente necesario para salvarse, (cf. Humanae Vitae, #4).

A tal efecto. expresaba el Papa Juan Pablo II a los Obispos de Puerto Rico en su visita "ad limina" del 24 de noviembre del 1983: "por tanto, os exhorto a continuar comunicando, sin ambigüedad ni disimulo las enseñanzas de la Iglesia con respecto al tema de la familia... no dejen de enseñar en toda su riqueza y extensión las enseñanzas de nuestro predecesor Pablo VI contenidas en la Encíclica Humanae Vitae", (L'Osservatore Romano, noviembre, 1983).

En distintas ocasiones y a través de varias Declaraciones, la Conferencia de Obispos Puertorriqueños ha tratado explícitamente el problema de la sexualidad humana desde diversas perspectivas. Constancia de ello la encontramos en la Declaración sobre la decisi6n del Tribunal Supremo respecto al aborto; Declaración en torno al aborto y una decisión del Tribunal Supremo; Declaración en tomo al aborto ante la moral; Declaración sobre el uso de profilácticos, (Maestros y Profetas, diciembre, 1989).

 

II. ALGUNOS ASPECTOS FUNDAMENTALES:

A. Concepción cristiana de la sexualidad:

La visión cristiana del hombre confiere al cuerpo una particular función, puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocación humana. La corporeidad es en efecto, el modo específico de existir y de obrar del espíritu humano. Es por esto que decimos que el "cuerpo revela al hombre", (Juan Pablo II, Audiencia General, 14 de noviembre de 1979), y "expresa la persona", (Juan Pablo II, Audiencia General, 9 de enero de 1980).

Existe un segundo significado, éste es, que el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la dimensi6n de criatura del hombre, su dependencia de un don fundamental que es el don de amor. Como muy bien lo expresó el Papa Juan Pablo II, cuando dice, "el cuerpo es testigo de la creación como un don fundamental, testigo pues del Amor como fuente de la que nació este donar", (Audiencia General, 9 de enero de 1980).

B.  El sexo en el contexto de la alianza matrimonial:

Todavía más, el hombre no es un ser solo, (Génesis, 2, 18a.), sino un ser en relación con el otro. Por tanto, el cuerpo manifiesta la vocación del hombre a la reciprocidad y a la comunión, esto es al amor y al mutuo don de sí Es por ello que el cuerpo llama al hombre y a la mujer a su constitutiva vocación a la fecundidad como uno de los significados fundamentales de su ser sexuado, (Juan Pablo II, Audiencia General, 26 de marzo de 1980).

La misma idea la vemos recogida en las enseñanzas de Vaticano II, cuando nos dice que el hombre y la mujer poseen una participaci6n en el Ser divino ya que han sido creados a su imagen y semejanza. Di cha vocaci6n la realizan ambos no s(5Io como personas individuales sino asociados en pareja como comunidad de amor, (Gaudium et Spes, 12).

Posteriormente, según la predicación de los profetas, el amor humano es presentado en el de la Alianza. Ellos se sirven de la comparación del matrimonio humano para explicar las relaciones de Dios con su pueblo. Yavé es el esposo y el pueblo su esposa. El drama de la pareja humana, drama de amor y de infidelidad. de fecundidad e infecundidad, es la mejor comparación para entender las relaciones de Dios con su pueblo, (Oseas, 1-3; Jeremfas, 2, 20-25; 3, 1-5; Ezequiel, 16, 23; Isaías, 54, 60-62).

En realidad, lo antes dicho no es una simple comparación. El amor humano, al entrar dentro del ámbito de la alianza, queda transformado. Posee ahora un arquetipo que ha de realizar: el amor de Dios para con su pueblo. Cuando los esposos en Israel viven su amor saben que realizan el misterio del amor de Dios con su pueblo.

 

C. El amor humano en el misterio de Cristo:

El Misterio del hombre cobra todo su significado en el misterio del Verbo Encarnado, al igual que la existencia humana adquiere sentido en la vocación a la vida divina.

A la luz de este misterio, la sexualidad aparece como una vocación que lleva a realizar aquel amor que el Espíritu Santo infunde en el corazón de todos los redimidos. Jesucristo ha sublimado tal vocación con el del matrimonio. A este efecto, San Pablo relaciona este misterio de Cristo-Iglesia con el misterio del amor cristiano de esposo-esposa, (Efesios 5, 21-23), cumpliéndose así las leyes de relaci6n entre la antigua y la nueva alianza: esto es, ley de continuidad y ley de perfeccionamiento.

D.  La castidad en el misterio de Cristo:

La vivencia en el amor exige, entre los que se aman, poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la alianza matrimonial y también una tendencia a procurar un perfecto dominio de sí mismos. Ello impone, sin lugar a dudas, una ascética para que toda la vida conyugal esté en conformidad con el orden recto. Esta disciplina propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime, (Humanae Vitae, 21).

Esto no es otra cosa que la enseñanza del apóstol Pablo a los Gálatas, cuando dice que el Espíritu produce en la vida del creyente: "amor, gozo, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí," y aún más, "no podéis pertenecer a Cristo sin crucificar la carne con sus pasiones y deseos", (Galatas 5, 22).

Esta invitación, sin embargo, se interpreta mal cuando se le considera solamente como un inútil esfuerzo de autorrenuncia. La cruz constituye ciertamente una renuncia de sí, pero en el abandono en la voluntad de aquel Dios que de la muerte hace brotar la vida y capacita a aquellos que ponen su confianza en El para que puedan practicar la virtud en lugar del vicio. En virtud de este influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de sus valores espirituales necesarios para la realizaci6n de una vida conyugal y familiar más plena.

 

E.  La virginidad en el misterio de Cristo:

Con la venida de Cristo hace también su aparición una nueva realidad: el amor virginal. La persona misma del Señor célibe y virgen, y nacido además de una virgen, es una revelación: anuncia y realiza la estructura de los nuevos tiempos. Desde ese momento, todo lo cristiano adquiere en Cristo su más perfecta expresión. Cristo, quien ha vivido su amor en una dimensión de virginidad, es presencia escatológica, esto es, paradigma perfecto de lo cristiano en Plenitud.

Alrededor de ese modelo se configuran todos los que no han entrado en la alianza matrimonial todavía y los que han optado por la vocación a la virginidad por ci Reino de los cielos, (Sagrada Congregación para la Educación Católica, Orientaciones sobre el amor humano, pp.9-12).

 

ilL ALGUNAS APLICACIONES PRACTICAS:

La Iglesia, consciente de su misión, asume responsablemente su labor de madre y maestra como lo ha hecho en el pasado manteniendo los vínculos profundos y duraderos que la unen a las generaciones que la han precedido en el signo de la fe.

Por consiguiente, basándose en la Revelación y en la interpretación auténtica de la ley natural, la Iglesia reconoce que la bondad moral de los actos propios de la vida conyugal "dependen de criterios objetivos tornados de la naturaleza de la persona y de sus actos, que guardan íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación entretejidos con el amor verdadero" (Gaudium et Spes. 49).

Es por ello, que optar por romper el significado unitivo y el significado procreador del acto conyugal, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus más íntimas relaciones; por consiguiente, es contradecir el plan de Dios y su voluntad, (Humanae Vitae 12-13; Familiaris Consortio, 32).

Reducir, pues, la sexualidad humana a la sola expresión genital es desvalorizar la vida sexual ya que es un lenguaje que no tiene correspondencia en la expresi6n de una alianza manifestada en la unidad, "una sola carne", (Mat 19,5), y en la fecundidad, "creced y multiplicaos", (Gen 1, 28).

La reprobación de Onán, (Gen 38, 10), como lo indican los autores sagrados, no se fijó meramente en la violación del percepto que muy bien lo hubiera merecido por el solo hecho de no tener relaciones con Tamar; pero más bien fue su participación en el acto de la alianza y su invalidación contraceptiva del mismo lo que lo hizo pecaminoso, por lo que fue castigado.

Por consiguiente, es preciso darse cuenta de que tanto la contracepción como el aborto hunden sus raíces en una visión despersonalizada y utilitarista de la sexualidad y de la procreación ya que parten de una concepci6n mutilada dcl hombre y de su libertad.

Es por ello que esta Conferencia de Obispos se reafirma en su condena dcl uso de los contraceptivos como una práctica nefasta y degradante; y el aborto provocado como un crimen horrendo y abominable, (Maestros y Profetas. Uso de los profilácticos, p.405).

Estamos frente a una antropología de tipo individualista que lleva a la consideración de la verdad objetiva como inaccesible, la libertad como arbitraria y la conciencia como una instancia cerrada en sí misma. Dicha antropología orienta al ser humano a buscar una independencia absoluta, aun del amor. Pero el hombre, al separarse de la verdadera riqueza de su ser, se queda vacío, por lo que la opción contra ci propio ser resulta inevitable. El hombre ya no es un bien. La lógica de la muerte pertenece al pecado.

Queda abierto así el camino hacia ci aborto, la eutanasia, la explotación de los mis débiles, etc., al igual que otras prácticas que San Pablo considera como graves depravaciones que en definitiva reciben la repulsa de Dios, (Rom 1, 24-27; I Cor 6,9; 1 Tim 1.10).

 


IV.    UNA CRITICA A LOS ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA CONTRACEPCION:

Son muchos los que hoy día reivindican el derecho a la distribución y uso de contraceptivos, al igual que a la práctica del aborto provocado alegando razones de salud, de desarrollo, de orden psicológico y sociológico, etc. Esta lista no agota todas las posibilidades, pero nos limitaremos aquí, a considerar las mis comunes entre ellas.

Los que justifican el uso de contraceptivos como salvaguardia de la salud afirman que muchas personas continuarán su actividad sexual a pesar de todas las consideraciones morales o de otra índole, tornándose así en sujetos de alto riesgo ante las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA. El proveerles información y profilácticos, por tanto, contribuiría a reducir el alto riesgo de contagio.

A esto contestamos, "no es lícito, ni aún por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir un bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual" (Veritatis Splendor, 80). En otras palabras, "el fin no justifica los medios". De no ser así, ¿podríamos hablar de pecados justificados? Absurda conclusión.

Por otro lado, debemos tener mucho cuidado que la práctica anticonceptiva puede llevar al hombre a perderle el respeto a la mujer y, sin preocuparse mis de su equilibrio físico y psicológico, la considere como un simple instrumento de goce egoísta y no como a una compañera respetada y amada.

Esto es así, ya que no podemos pretender hacer una división entre la libertad y naturaleza. Por ci contrario, ellas están armónicamente relacionadas entre sí e íntima y mutuamente aliadas, (VS, #50).

Otros argumentos son de orden psicológico. Entre estos encontramos todos aquellos que apoyan ci derecho ala uni6n sexual antes dcl matrimonio, al menos cuando existiese una rcsoluci6n firme de contraerlo y existe un afecto, que en cierto modo, es ya conyugal. El noviazgo pediría este complemento, que dentro de las presentes circunstancias, es connatural, sobre todo, cuando la celebración del matrimonio se ve impedida por las circunstancias, o cuando esta relación íntima parecería ser necesaria para conocerse más, o para preservar el amor.

Como hemos indicado, semejante opinión se opone a la doctrina cristiana porque todo acto genital humano debe mantenerse en el cuadro del matrimonio. Así lo demuestra San Pablo cuando dice, "mejor es casarse que abrazarse". (I Cor 7,9). Por otro lado, aunque exista un propósito firme de parte de los que se comprometen en estas relaciones prematuras, es indudable que ellas no garantizan que la sinceridad o la fidelidad de la relación de ambos queden aseguradas contra los vaivenes y deseos de las pasiones. A decir verdad, las relaciones sexuales prematrimoniales excluyen las más de las veces la prole, por lo que los contraceptivos y aun el aborto son “soluciones de reserva".

En nuestros días, fundándose también en observaciones de orden psicológico, se ha llegado a juzgar con indulgencia, e incluso a excusar completamente las relaciones entre ciertas personas dcl mismo sexo, especialmente aquellas cuyo mal obedecería a una especie de instinto innato o de constitución patológica.

Según el orden natural objetivo, estas relaciones son actos que de por sí están privados de su regla esencial e indispensable. En las Sagradas Escrituras están condenados, (Rom, 1,24-27; I Cor 6.10; I Tim 1,10), por ser intrínsecamente desordenados por lo que en ningún caso pueden recibir aprobación.

Por otro lado, la solución al SIDA en este renglón no descansa en una distribución de profilácticos, sino en una educación para el pudor y la amistad. Una educación que desarrolle una conciencia vigilante en defensa de la dignidad del hombre y del amor auténtico. Al igual que una educación para vivir la castidad como los demás cristianos que están también llamados a vivirla.

Los que proponen sus argumentos inspirados en la sociología, arguyen que a consecuencia de la doctrina inflexible de la Iglesia Católica con respecto a la sexualidad humana, se estarían perdiendo muchos seguidores o se estaría creando un tipo de cristianismo con dobles valores en cuanto a la vida. Por lo que, ante los grandes cambios ocurridos en todos las órdenes de la sociedad, algunos opinan que la Iglesia debería atemperar su doctrina.

Es cierto que las encuestas sociológicas pueden indicar la magnitud del problema a causa de lo rígido de la doctrina. Sin embargo, demuestran, también, la relación que el problema tiene con la debilidad innata del hombre a consecuencia dcl pecado original y también con la pérdida dcl sentido de Dios, con la depravación de las costumbres engendradas por la comercia­lización dcl vicio, con la licencia desenfrenada de tantos espectáculos y publicaciones; así como también con el olvido del pudor, custodio de la castidad.

La real solución estriba entonces. en la promoción e implementación de una sana "ecología humana", y en una "ecología social", (Centesimus Annus, #76). Ello apunta al deber del Estado de proveer a la defensa tanto dcl ambiente natural como humano y social, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanismos de mercado, de políticas de desarrollo, o de complejos proyectos de programas familiares.

Finalmente, encontramos los argumentos fundados en los problemas demográficos. Sus argumentos se basan en el hecho de un mundo excesiva­mente cargado. Se necesitaría que la gente pobre sea educada en la reducción de la fecundidad ya que cualquier incremento poblacional nos perjudicaría a todos.

La simple afirmación de que las dificultades al desarrollo provienen sólo del crecimiento poblacional no está demostrada. Ni siquiera se ha comprobado que cualquier crecimiento demográfico sea incompatible con un desarrollo ordenado, (Sollicitudo Rei Socialis, #25).

Por consiguiente, la solución no estriba en poner sencillamente la promoción y el uso de los medios anticonceptivos a disposición de todos. Se debe plantear, en primer lugar, todo el problema en su justa perspectiva. Esto es, se debe despertar, antes que nada, la motivación dcl individuo con respecto al comportamiento generativo en consonancia con lo ya explicado.

Además, con respecto a la política pública, se debe reconocer la conexión intrínseca entre desarrollo auténtico y el respeto a los derechos dcl hombre que se expresan en:

1.   El derecho a la vida humana.

2.   El derecho a la integridad corporal.

3.   El derecho a vivir una vida digna de seres humanos.

4.   El derecho a ejercer su responsabilidad en el campo de la transmisión de la vida.

5.          Derecho a una cultura digna del hombre y su perfeccionamiento.

6.          Derecho a una formación concorde a las propias tradiciones, valores espirituales y culturales.

7.          Derecho a la estabilidad dcl vínculo matrimonial y de la institución familiar.

8.          Derecho a un medio ambiente que propicie el desarrollo integral del hombre.

 

V.          EXHORTACION FINAL:

Queridos hermanos, lo que hemos expuesto aquí es la enseñanza ininterrumpida de la Iglesia de Cristo contra todos aquellos que intentan corromper las sanas costumbres e intentan destruir la vida humana. Los Obispos de Puerto Rico las hacemos nuestras. La Iglesia cumple su misión de proclamar y defender la ley natural grabada en el corazón de todos los hombres, fundamento de la ética, que obliga a todos en este mundo. En su cumplimiento el hombre encontrará su verdadera felicidad a la que aspira con todo su ser.

Que Nuestra Señora de la Providencia nos ayude a atesorar las enseñanzas de su Divino Hijo en nuestro corazón...

Dada en la sede oficial de la C.E.P., en San Juan de Puerto Rico, a los 24 días del mes de febrero del año del Señor 1994.