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SOBRE
LA FRATERNIDAD DE SACERDOTES CASADOS En
una reciente edición de El
Interrogador se
anuncia, con fotos y texto, una "Fraternidad de Sacerdotes Católicos
Casados" de la cual es Presidente Luis Román. En la foto superior aparece retratado el pasado Presidente
Antonio Garcia con amigos y familiares del grupo. En la foto inferior
aparecen tres sacerdotes concelebrando Misa. Las fotos y el texto son
de Jorge I. Padró. Los
argumentos que se desarrollan en el texto no presentan novedad alguna,
como tampoco los objetivos que se propone la "Fraternidad".
Dan mucha lástima esos intentos de conciliar lo inconciliable,
propios de los que obran mal y sienten una necesidad vital de aceptación
por parte de los demás. Proponen
mantenerse fieles a los principios
teológicos
morales de
la Iglesia Católica y se asocian para cometer sacrilegios. Quieren fomentar
entre sus miembros la vida
sacerdotal, pero
basada en la infidelidad al sacerdocio. Pretenden desarrollar y
fortalecer entre sus miembros una sana
convivencia social, pero
fundamentada esta en la decepción del público -equiparándose a los
sacerdotes en situación canónica y moral regular- y en la mutua
tolerancia del pecado. Para muestra basta. Los
Obispos hacemos un llamado urgente a los fieles para que no se dejen
engañar por palabras suaves y penetren en el fondo de la realidad. Los
sacerdotes que
componen la
"Fraternidad de Sacerdotes Católicos Casados", si no han
sido dispensados legítimamente por la Iglesia Católica de sus
obligaciones sacerdotales y legítimamente reducidos al estado laical,
están suspendidos
a divinis (canones
1333 y 1394.1 del nuevo Código de Derecho
Canónico). Esta
penalidad les prohíbe ejercer la potestad del Orden Sagrado. En
todo caso, administran los sacramentos sacrilegamente. Si casan y oyen
confesiones, esos matrimonios y las absoluciones recibidas en esas
confesiones son inválidos. Los fieles que se confiesen con esos
sacerdotes, además de que no quedan absueltos de sus pecados, cometen
uno más, cooperando en un sacrilegio.
Asistir a Misas celebradas por esos sacerdotes es un pecado de
cooperación en sacrilegios. Sin embargo por concesión del canon 976,
en peligro de muerte cualquier sacerdote puede absolver validamente. Hay
en la Fraternidad sacerdotes que se han casado por la Iglesia Católica
después de obtener su laicización legítimamente, en virtud de un
rescripto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esos pueden
llevar una vida cristiana genuina, recibiendo los santos sacramentos
como los seglares. Y pueden compensar por sus pasados errores y escándalos
dando buen
ejemplo a los fieles que los conocen y les quieren. Les rogamos que
desistan de querer ejercer un sacerdocio de cuyas obligaciones fueron
dispensados. Salven sus almas como buenos católicos seglares. ¿No
querían ser seglares cuando ejercian el sacerdocio? ¿Por qué se
dejan tentar por el Maligno y pretenden ejercer el sacerdocio ahora
que estan reducidos, por expreso deseo suyo, al estado laical? Ese
camino sólo conduce a la ruina espiritual suya y ajena.
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