CARTA PASTORAL SOBRE

MARIA EN EL PLAN SALVADOR DE DIOS  


Intro ducción

Los Obispos de Puerto Rico nos dirigimos con gozo a los hijos de la Iglesia para hacerles participes de la esperanza que nos sostiene y nos guia en estos momentos difíciles. Damos gracias a Dios por habernos escogido para vivir en estos tiempos. Los retos son difíciles, pero prometedores. Después de la poda reverdece el árbol con mayor vitalidad y su fecundidad aumenta. Estamos en tiempo de poda, y la mano providencial del Senor lleva a cabo su obra con firmeza a traves de los acontecimientos, a veces desconcertantes, de nuestro vivir histórico.

Si dejaramos que la fe se ensombreciera, muchos de los interrogantes que nos acucian quedarían sin respuesta. El momento presente es como caudalosa y desbordada corriente de agua que la multitud de riachuelos, que a través de la historia discurrían tranquilos por las distintas areas del vivir humano, ha formado inesperadamente, y en su fuerza avasalladora e irreversible parece haber trastornado la topografía del pensamiento humano.

Los creyentes claman por un nuevo cielo y una nueva tierra, y los no creyentes reclaman se les devuelva el paraiso que los mitos religiosos les arrebataron. Necesitamos firmeza en la fe, certeza en la esperanza y ardor de caridad. Sin despegarnos de la tierra, debemos levantar los ojos a Dios para construir el mundo segun su designio.  Nos cabe a los Obispos especial responsabilidad en esta tarea que aceptamos en todas sus consecuencias. Nos abruma el peso de nuestra misi6n, pero, en medio de muchos motivos de desanimo, aparecen consoladores acontecimientos, presagio de mejores realidades.

Maria, la Madre, nos sale al paso en el cumplimiento de nuestro cometido. La devoción de nuestro pueblo a Maria ha sido contínua, y su protección maternal es constante a través del tiempo.

En la historia de la evangelización de Latinoamerica refulgen los colores marianos con esplendor. María es, en casi todas las naciones latinoamericanas, invocada oficialmente como Patrona. Poderosos y humildes han encontrado luz y fuerza en su patrocinio maternal.

El amor a María y su popular manifestación nos lleva con gozo a proclamar a nuestra Virgen Madre, con reconocimiento oficial, Patrona de nuestro pueblo. Este momento marca un hito en nuestra historia religiosa, pasando Puerto Rico a ocupar un lugar merecido y reconocido entre los pueblos amantes de Maria. Los gestos religiosos entrañan, en su rico simbolismo, enseñanza, vivencia o proclamación de la fe.

El dia 5 de diciembre, solemne y oficialmente, proclamaremos el patrocinio de Maria sobre Puerto Rico, bajo la advocación de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. En este gesto recogemos el sentir y el amor de nuestro pueblo a Maria, y a Ella dirigimos nuestra mirada como "omnipotencia suplicante".

Deseamos que este gesto religioso no se esfume en su simbolismo, sino que la verdad sobre Maria y el amor a Ella encuentren su más sólida base en la doctrina cierta de nuestra fe, guiada por la luz de la Sagrada Escritura y de la constante Tradición de la Iglesia.

Por esto queremos hablar de Maria a todo nuestro pueblo. Queremos comparhr el gozo de sentirnos especialmente amados de Ella y proclamar, con toda la autoridad y solemnidad que nos compete, el puesto destacado que Ella ocupa en el plan salvador de Dios.

Exhortamos vivamente a todos los fieles que lean detenidamente nuestra ensenanza sobre la verdad de Maria, para que nuestro amor a la Madre nos lleve a su Hijo, y en El encon­tremos al Padre, meta y destino de toda la creación.

 

I María y el Plan Salvador de Dios

1) En el centro de todo el mensaje revelado encontramos la idea de la Salvación. Ella constituye el núcleo de la Buena Nueva predicada por Jesus, y por ella la humanidad se constituye  en  "Reino  de  Dios"  y  su "edificación" y establecimiento es la meta de la esperanza cristiana. La Salvación consiste en la comunicación que Dios hace de Si a los hombres en y por Jesucristo. En Jesucristo se realiza a cabalidad esta comunicaci6n divina, y en El se manifiesta plenamente la misericordia y el amor de Dios Padre.  "Muchas veces y en muchas maneras habl6 Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministeno de los profetas; ultimamente, en estos días, nos habló por su hijo" (Hebreos, 1, 1-2).

La Salvación se opera en la historia y mediante ella. La historia profana es el ámbito donde Dios, Señor de la historia, manifiesta y actúa su voluntad de salvar. "Quiso Dios, con su bondad y sabiduria, revelarse a Si mismo y manifestar el misteno de su voluntad" (Efes. 1, 9). Por Cristo, con el Espiritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de su naturaleza divina (Efes. 2, 18; 2 Pedro 1, 4). En esta revelación Dios invisible (Col. 1, 15; 1 Tim. 1, 17) movido de amor habla a los hombres como amigos (Ex. 33, 11; Jon. 15, 14-15), y trata con ellos (Bar. 3, 38) para invitarlos y recibirlos en su compaflia. Toda la historia de la humanidad puede considerarse como historia de la salvación en cuanto es conducida por Dios y orientada a la salvación del hombre. La historia de la salvaci6n, desde el punto de vista teológico, es una interpretación de la historia profana mediante la misma palabra de Dios.1


María en la Historia de la Salvación

2) Como en toda historia, en la Historia de la Salvación aparecen unos personajes actuando cada uno su propio y personal protagonismo.  Desde Abraham "el padre de los creyentes" (Rom. 4, 1-25), una larga serie de Patriarcas, Profetas, hombres de Dios, llenan los capítulos de esta historia que culmina en Cristo Jesus. Recordemos los nombres de profetisas como Myriam (Ex. 15, 20), Debora (Jueces 4, 4), Joda (II Reyes 22, 14); los nombres de Judit y Esther, salvadoras de su pueblo, 0 la figura de Jael que junto a Debora, llamada "bendita entre mujeres" (Jueces 5, 24) son figuras de Maria. Esta tiene en la Historia de la Salvación un protagonismo singular, único en su relación con Jesus. La fe nos senala que el acontecimiento salvador de Cristo fue, de hecho, por Maria. En la realidad concreta de los hechos Cristo existió por Maria. Dios no llevó a cabo la Salvación al margen de Maria y de su historia, y asi Cristo entró en la historia sometiendose a la maternidad de la Virgen Madre, Maria Santisima. "El diálogo y la alianza inefable entre Dios y los hombres, que comenzó en el paraiso, alcanzó su punto culminante en la Encarnación redentora del Verbo y en el envio del Espiritu Santo, y llegará a su consumación definitiva en la Parusia cuando el Hijo haga entrega de su reino al Padre".2

En el Paraiso comenzó el diálogo y la alianza entre Dios y los hombres. El amor y la esperanza presiden los comienzos de Ia historia. En el capitulo tercero del Genesis (ver. 15) encontramos el primer (Protos) anuncio de la salvación (evangelio). En el se promete, después del primer pecado, que en la lucha constante entre los hombres y el poder del mal habrá un desenlace victorioso.  Aparece el anuncio del Redentor y su Madre.3

Dice el texto sagrado: "Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: "Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y si linaje: el aplastará la cabeza".  Se señala una irreductible oposición y enemistad con el diablo. La enemistad que señala el texto sagrado establecer una enemistad total y absoluta con las fuerzas que personalizan el mal. Así "Dios al vaticinar en los principios del mundo los remedios de su piedad dispuestos para la reparación de la humanidad aplast6 la osadia de la serpiente y levantó maravillosamente nuestra esperanza, diciendo: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya". Desde el inicio de la revelación se manifiesta el singular protagonismo de Maria en la historia de la Salvación.  "Asi como Cristo, mediador de Dios y de los hombres, asumida la naturaleza humana, borrando la escritura del decreto que nos era contrario, lo clavó triunfante en la cruz, asi la Santísima Virgen unida a El con vinculo apretádisimo e indisoluble hostigando con El y por El eternamente a la serpiente mortal y triun fante de ella en toda la linea, trituró su cabeza con el pie inmaculado".

 

Maria en el Antiguo Testamento

4. El papel de María en el plan salvador de Dios sólo puede detectarse debidamente teniendo en cuenta la relación existente entre Cristo y Maria. "Los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvación, en la que, paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelaci6n ulterior y plena, evidencian, poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya profeticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres caídos en el pecado" (Gen. 2, 15) (Lumen Gentium 55).

La Liturgia recurre al Antiguo Testamento para enaltecer a Maria:  "Orgullo de Jerusalen, gloria de Israel, tú honra de nuestra nación", "Bendita seas tu del Señor omnipotente por siempre jamás" (Judit 14, 9-10).  A María se han aplicado los elogios de la Sabiduria y las cualidades con que se le describe en los Proverbios y Eclesiastés: "Diome Yavé el ser en el principio de sus caminos, antes de sus obras más antiguas. Desde la eternidad fui yo ungida; desde los origenes del mundo, antes que la tierra fuese ..." (Proverbios 8, 22-23) "Como cedro del Libano creci, como cipre's de los montes del Hermón... yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza' (Eclesiastico 24, 17-24).4

"Ella es la virgen que concebira y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel" (Is. 7, 14, comparado con Mich. 5, 2-4; Mat. 1, 22-23). Por esto "sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación" (Vat. II Lumen Gent. 55).

 

María en el Nuevo Testamento

5) En los libros del Nuevo Testamento contemplamos con gozo la culminación de este maravilloso proceso histórico de nuestra Salvación. El momento principal y esclarecedor de esta revelación es el anuncio del Angel (Lc. 1, 26-38). Para la vida de Maria la anunciación es la manifestaci6n del plan de Dios. Dios no prescinde de la colaboración libre de María, y por ello mismo la convierte en protagonista de un diálogo con Dios.5

El consentimiento de Maria no es simple consentimiento a ser madre, sino que es una aceptación responsable de la vocación concreta de ser MADRE del Salvador. Esta aceptación de Maria a la maternidad del Salvador abarcaba también en todas sus consecuencias el plan salvífico de Dios para con los hombres.  "El Padre de la misericordia quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esta manera, asi como la mujer contribuyó a la muerte, tambien la mujer contribuyese a la vida... Así María al captar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvifica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Sefior a Ia persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al Ministerio de la Redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente" (Lumen Gent. 56).

El anuncio del Angel y la aceptación de Maria nos permiten entender la función de la Virgen Madre en la obra redentora de Jesus. Su aceptación la constituye en colaboradora inmediata de la obra de la Salvación. La maternidad de Maria no es un simple proceso biológico. La maternidad une dos vidas, dos destinos. El Si de Maria es una aceptación que une su vida a la de Cristo, sus alegrias, sus dolores; a lo largo de su vida, Maria mantiene el Si de su Anunciación, y lo mantiene sobre todo, en la hora de la gran prueba, junto a la cruz en que muere su Hijo.6

A lo largo del evangelio, junto a Jesus, y en la narración de los comienzos de la Iglesia, Maria aparece desempeñando un papel providencial de gracia. La presentación en el Templo (Lc. 2, 22 ), la huída a Egipto (Mt. 2, 13, 21), la pérdida de Jesus y su encuentro en el Templo (Lc. 2, 41-51), las bodas de Caná (Joh. 2, 1-11)8, junto a la cruz (Joh. 19, 25-27), en la Iglesia naciente en la que los apóstoles "perseveraban unánimes en la oración, con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los hermanos de éste" (Hechos de los Apóstoles 1,14).

Y ella acompana tambien a su Hijo en el triunfo, vencedor del pecado y de la muerte.9

 

Maria y la Fe de la Iglesia

6)      La fe de la Iglesia, en su tradición constante, reconoce el puesto de María en el designio salvador de Dios.   El Cardenal Newman resumió de forma maravillosa y concisa esta cuestión, en una carta a Pusey: "¿Cuál es la primera enseñanza de la antiguedad, desde su principio, con respecto a María? Me refiero al enfoque de su persona y de su oficio, a la silueta, aunque oscura, que nos presenta de ella la antigüedad, a la imagen que de ella nos dan los escritos de los Padres: María es la segunda Eva" (Cit. por J. Burghardt).

Maria en los Santos Padres

7) Los Santos Padres se hacen voceros de esta fe de la Iglesia.  San Justino, en Roma, escribe en su Diálogo con Trifón: "Eva, siendo virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra salida de la serpiente, dio a luz desobediencia y muerte; y María, la Virgen, habiendo concebido fe y alegria al darle el Angel Gabriel la Buena Nueva respondió: Hágase para mí según tu palabra. Y de ella nació aquel de quien hemos demostrado hablaron tantas Escrituras, por quien Dios destruye la serpiente con los angeles y los hombres que se le asemejan, mientras que libra de la muerte a quienes se arrepienten de sus malas acciones y creen en el".10

S. Ireneo (s.II) llamado "Padre de la dogmática católica" y considerado como el primer teólogo de María no dudaba en decir:

"La desobediencia de una virgen fue contrapesada por la obediencia de una virgen" (Adversus haeresses 1.5 c.19, 1).  En el norte de Africa Tertuliano reiteraba esta doctrina, cuyo eco se hacia potente en Oriente.  El sino S. Efren enseñaba: "La hermosa y noble gloria del hombre se perdió a causa de Eva; fue restaurada a causa de Maria".  S. Arnbrosio, en Milán exclama: "Eva es llamada madre de la raza humana; Maria madre de la salvación". S. Jerónimo, en frase lapidaria, dice: "Muerte por Eva, Vida por Maria". Nuestro gozo es grande al percibir que nuestra enseñanza es el eco secular de la fe de la Iglesia.

Resulta vano recorrer el esfuerzo de los teólogos en su reflexión sobre esta fe. Recoger las alabanzas de los santos y las devociones de amplia repercusión popular y de robusto contenido dogmático, se haria imposible. ¿Para qué citar nombres si ningun santo ha dejado de sentir la fuerza iluminadora de la afirmación de que Maria, llena de gracia, omnipotencia suplicante, Madre de Jesus, Madre de Dios, es nuestra Madre?11

8)  Esta fe intensamente vivida por la Iglesia tenia que ocupar y ocupa un lugar relevante en la liturgia y en la celebración del culto.

El Papa Pablo VI, en la exhortación apostólica Marialis Cultus de febrero de 1974, expone de una manera completa y autorizada el testimonio liturgico de la fe de la Iglesia. "Cuando la liturgia dirige su mirada a la Iglesia Primitiva y a la contemporanea, encuentra puntualmente a Maria: allí como presencia orante junto a los apóstoles, aqui, como presencia operante Junto a la cual la Iglesia quiere vivir el misteno de Cristo, y como voz de alabanza junto a la cual quiere glorificar a Dios, y, puesto que la liturgia es culto que requiere una conducta coherente de vida, ella pide traducir el culto a la Virgen en un concreto y sufrido amor por la Iglesia, como propone admirablemente la oración después de la comunión del 15 de septiembre... para que recordando a la Stma. Virgen Dolorosa, completemos en nosotros, por el bien de la Santa Iglesia, lo que falta a la pasión de Cristo" (n. 11).12

 

Maria en la Enseñanza de la Iglesia

9)  Esta fe gozosamente vivida por nuestro pueblo ha sido enseñada ininterrumpidamente por el Magisterio de la Iglesia, y como los primeros hijos de esta tierra incorporados al Magisterio Jerárquico queremos unir nuestra voz de manera explicita y autorizada reafirmando la fe de nuestro pueblo en esta doctrina expuesta reiteradamente tanto en forma solemne como ordinaria por el magisterio de la Iglesia.

Bástenos recordar los documentos capitales de los últimos Papas. Pio IX, en la Bula Innefabi/is, proclama la Concepción Inmaculada de Maria y nos brinda segura y consoladora enseñanza sobre la unión de Maria y Cristo y su excepcional santidad. León XIII, en la Octobri Mense, promueve con ardor la devoción al rosario.  Pio X, en el cincuentenario de la proclamación dogmática de la Inmaculada, expone la participación de Maria en la obra redentora de Cristo. Pio XI insta la devoción al rosario como remedio a los males que se cernian sobre el mundo y la Iglesia. Pio XII sobresalió en su enseñanza mariana y en 1942 consagró el mundo al Inmaculado Corazón de Maria. En 1950 declaraba ser de fe la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo. Juan XXIII y Pablo VI ademas de las multiples y ricas alusiones doctrinales dedicadas a este tema, deben ser recordados como artifices del Concilio Vaticano II cuyo documento sobre la Iglesia define el puesto y la función de Maria en la obra de Cristo y la Iglesia (Lumen Gen. 52-69).

Recordamos para alegria y consuelo de todos las palabras de Pablo VI en el discurso de clausura de la tercera etapa conciliar: "Para gloria de la Santisima Virgen y para consuelo nuestro, proclamamos a Maria Santisima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el Pueblo cristiano, tanto de los fieles como de los pastores, que la llaman madre amantísima".

 

Maria, Madre de Dios

10) El título que sitúa a María en la cima más alta y que más confianza y admiración suscita en nosotros, como rechazo en cuantos viven en la sombra de la fe, es el de Madre de Dios. De esfe hecho se derivan todos los demás privilegios de Maria, ya que la Divina Maternidad la sitúa  en  el  orden  de  la  Encarnación (hipostático).13

Esta creencia en la maternidad divina de Maria nace, crece y se desarrolla con Ia misma Iglesia y desde sus comienzos.

La Iglesia se mostró siempre muy sensible a cualquier distorsión de esta doctrina reafirmándose en ella de muchas y variadas formas en las distintas profesiones de fe. El Concilio de Efeso (431) precisaba: "Si alguno no confiesa que Dios es en verdad el Emmanuel, y que por causa de esto, la Santa Virgen es Madre de Dios, pues engendró al que era el Verbo de Dios, sea anatema".

Los Santos Padres enseñaron con amor y vigor esta consoladora doctrina. San Ignacio de Antioquia escribe a la Iglesia de Efeso camino de su martino: "Un médico hay, carnal a la par que espiritual, producido y no producido, encarnado-Dios, en muerte y vida verdadera, de Maria y de Dios".14

La fe que hoy profesamos en la divina maternidad de Maria es la misma fe que profesaron los Padres de la Iglesia. Nuestra fe es la de S. Justino, de S. Hipólito, S. Atanasio, S. Basilio, S. Gregono Nacianceno, S. Gregono de Nisa, S. Cirilo de Jerusalen, S. Ambrosio, S. Agustin, etc., etc.

La fe vivida por la Iglesia y ensen ada por ella proclama la justicia y la verdad del titulo de Madre de Dios conferido a Maria Virgen. Con dolor constatamos el hecho de que algunos que se precian de seguidores de Cristo, niegan a su Madre, o la conducta de otros que, cegados por un equivocado ecumenismo tienden a marginar la presencia de Maria.

Con firmeza, gozo y esperanza nos complace unir nuestra voz a la de Pio XI, en su enciclica Lux Veritatis: "De este dogma de la divina maternidad, como de un manantial oculto proceden la gracia singularisima de Maria y su dignidad suprema después de Dios".

Nada puede haber más grato a Jesús que veneremos a su Madre, conforme a sus meritos y ejemplo y procuremos para nuestras vidas su poderoso patrocinio maternal.

 

Maria, Madre de la Iglesia

11)  El modo concreto con que Maria interviene en la historia de la Salvación hace que su divina maternidad no se reduzca a una prerrogativa y grandeza individual. La plenitud de su gracia, la calidad de su amor, su función maternal libremente aceptada la unen de una manera especial a Cristo Redentor. Al pie de la cruz (Jn. 19, 26) hace que el Sacrificio de Cristo que redime al mundo sea también su propio sacrificio. En la clausura de la tercera etapa del Concilio, Pablo VI recogia esta doctrina declarando solemnemente a Maria, Madre de la Iglesia.

La dimensión social de la maternidad de Maria no puede reducirse ni mucho menos agotarse por ser madre de cada uno de todos los fieles, sino que es madre de los fieles, concreta, individual y personalmente porque es madre de la Iglesia como tal.

Los tiempos que la Providencia nos ha deparado no son ciertamente fáciles para la Iglesia. Vivimos horas de espectación y de gran responsabilidad. A pesar de los esfuerzos de la Jerarquia y de muchos fieles conscientes de su responsabilidad en el ejercicio histórico de su fe "persisten las causas de amargura y tristeza que no  pretendemos  encubrir  ni  atenuar". "Proceden estas, muchas veces, de cierto extremismo comprobado... que denota en las opues­tas facciones una ligereza inmadura de ánimo o una obstinación consumada". Hay "una triste sordera a todas las exhortaciones y avisos para un equilibrio sano". "Hay quienes con todas sus fuerzas rehusan y rechazan los principios mismos del Concilio, aun diciendo profesar fidelidad a la Iglesia y al Magisterio". "Por otra parte hay quienes piensan falsamente avanzar a través del camino abierto por el Concilio... frecuentemente sin ninguna esperanza de rectificación se pronuncian agriamente al juzgar a la Iglesia y a sus instituciones"15 .

Los Obispos de Puerto Rico, en Conferencia Episcopal, hemos llamado en diversas ocasiones y de diferentes maneras la atención sobre estos males que tanto nos preocupan por conturbar gravemente la conciencia católica de los fieles. La fecundidad apostólica de la Iglesia surgirá de la contemplación de su santidad y del cumplimiento fiel de la voluntad del Padre, del cual es María prototipo y ejemplar. Ella debe llevarnos a la unidad por el sentimiento fraterno y por la aceptación unánime del Evangelio de Jesús, su Hijo. María debe impulsarnos a una entrega perfecta, a una aceptación que, como la suya, haga fecundas nuestras vidas. Sobre todo debe incitarnos a la obediencia humilde, sin servilismos ni abdicaciones, pero generosa y sin reservas; humilde, lucida y comprometida.  La obediencia que nos lleva a la edificación de la Iglesia, a la construcción del orden cristiano, segun el pensamiento de Dios (Lumen Gentium, 64).

Con Pablo VI queremos recalcar que la finalidad ultima del culto a la Bienaventurada Virgen Maria es glorificar a Dios y empenar a los cristianos en una vida absolutamente conforme a su voluntad. Los hijos de la Iglesia, en efecto, cuando, uniendo sus voces a la voz de la mujer anónima del evangelio, glorifican a la Madre de Jesus, exclamando vueltos hacia El: Dichoso el vientre que te llevó  y los pechos que te criaron (Lc. 11, 27), se verán inducidos a considerar la grave respuesta del divino maestro: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc. 11, 28). Esta misma respuesta si es una viva alabanza para la Virgen, suena tambien para nosotros como una admonición a vivir segun los mandamientos de Dios.

 

Maria, Madre Nuestra

12)  La Virgen María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, es nuestra Madre. De esta consoladora verdad se ha alimentado la vida de los santos con especial ternura, amor, servicio y entrega fraternal y sacrificada.

María por ser Madre del Redentor de los hombres es forzosamente la madre de aquellos a los que Jesús aceptó como hermanos (Rom. 8. 29).

San Pio X recogía en las siguientes palabras la fe perenne de la Iglesia:  "Todos nosotros, por consiguiente, que estamos unidos con Cristo y somos, como dice el Apóstol miembros de su Cuerpo, de su carne, y de sus huesos (Efes. 5, 30), hemos salido del seno de María, como el cuerpo unido a su Cabeza. Por eso, en un sentido místico y espiritual, nos llamamos hijos de María y ella es nuestra Madre" (A d diem Ilium).  No es extraño que el amor del pueblo hacia su Madre Virgen la reconozca como Reina de Misericordia, Madre del Amor Hermoso, Omnipotencia Suplicante.

Hijos de Dios en el Hijo de Dios, somos hijos de Maria en el Hijo de Maria. "Si lo esencial de la Virgen en su relación con el Hombre Dios es ser la Madre, lo esencial de la misma en su relación con todos los hombres y su divinización, serA ser para ellos tambien la Madre. Ya que estos son la plenitud de Cristo y misticamente están en el, y ya que por otra parte Ella es la Madre de Aquel, se impone que Ella sea tambien la Madre de estos, Madre de todos, Madre universal y católica, imagen de la Iglesia".16

Nuestro pueblo siente de manera especial este amor filial a Maria y su devoción siempre ha tenido un puesto relevante en la fe de nuestra gente.

A Ella confiamos nuestro gozo en las alegrias, nuestras penas en el padecimiento y en Ella encontramos lo mejor de nuestras esperanzas.

En los momentos difíciles cuando parece que la fe pierde su fuerza y el amor se hace ausente, cuando se relajan las costumbres, y la paz y la convivencia están en peligro, a Ella acudimos en demanda de auxilio. Y "En el peligro supremo de la muerte, cuando en ninguna otra parte hallamos esperanza y ayuda, levantemos a Ella nuestras manos temblorosas y nuestros ojos llenos de lágrimas, pidiendo por medio de Ella el perdón de su Hijo y la eterna felicidad del cielo" (Pio XI, Lux Veritatis).17


III  Maria Santisima en Nuestra Vida Cristiana

Modelo y Prototipo de Nuestra Vida Cristiana

13)  Con razón el Concilio Vaticano II sen ala que Maria "es miembro excelentisimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad" (L. Gent. 53).

En María encontramos el modelo y prototipo de nuestra vida cristiana. Ella fue la primera incorporada a Cristo fisica, moral y sobrenaturalmente; fue la primera que vivió de acuerdo con la gracia de la Nueva Alianza y en Ella y por Ella culmina la etapa de preparación de la Alianza Antigua.

"La Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arrugas (Efes. 5, 27), mientras que los fieles luchan todavia por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos" (Lumen Gentium, 66 y 65).

En Maria encontramos la obra de mayor santidad realizada por Dios y el modelo más perfecto que puede darse en la vida cristiana. Ella realiza a plenitud la obra salvadora de Jesus. La lectura de los primeros capitulos de S. Lucas nos presenta a Maria como ejemplo de fe en la obra salvadora de Dios. Unida a la vida del Hijo de Dios en la pobreza y en la humildad, ocupa su puesto junto a su hijo en el Calvario y junto a los apóstoles la encontramos en el nacimiento mismo de la Iglesia recibiendo el Espiritu que la empuja hacia su plena catolicidad (Hechos de los Apóstoles, 1, 14; 1, 8, 2).  Ella realiza la consumación final del hecho salvífico en el misterio de su glorificación corporal.

Al reconocer el pueblo fiel a Maria, Inmaculada en su Concepción, llena de gracia, Madre de Dios y Virgen Madre, recurre acertadamente a Ella como Mediadora de Gracia. En el mismo origen de la existencia cristiana por su maternidad, y por su especial vinculación a la obra de Cristo, María es por ser Santa, Inmaculada y Asunta al Cielo, el modelo en el arduo y glorioso ejercicio de las virtudes y en la firmeza de nuestra esperanza.  Celestial intercesora ejerce su oficio de mediación maternal para que nazca y crezca en los hijos de la Iglesia la gracia de la filiación, por la que llaman Padre a Dios, y la gracia equivalente de la fraternidad con todos que a todos nos compromete hoy.

 

El Ejemplo de Maria

14) Esta doctrina, que queremos recordar a nuestros fieles, el Papa Pablo VI nos la brinda, en sintesis clara, precisa y actualizada en la exhortaci6n apost6lica Maria/is Cultus.

Nos recuerda el Papa que Maria es "La Virgen oyente".

Ella acoge con fe la palabra de Dios. Como Maria, intenta la Iglesia dar cabida a la palabra de Dios y que ésta, acogida con fe, la guíe en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Sobre todo en la liturgia en que la fe ilumina la palabra y la palabra robustece la fe. En la liturgia la Iglesia escucha la Palabra, la acoge, la venera y la distribuye, a fin de poder escudriñar a la luz de esta misma palabra los signos de los tiempos para interpretar y vivir, segun la fe, los acontecimientos de la historia.

En nuestros días, tan llenos de confusión, cuando se multiplican los que llamándose "profetas", anuncian su propio evangelio al margen o, desgraciadamente, en contra de la Tradición y de las enseñanzas del Magisterio, queremos subrayar esta llamada para una aceptación humilde de los que Ia Iglesia enseña.

No queremos amordazar la verdad ni pretendemos que la autoridad apague la profecía, pero queremos recordar que el sentido de la fe, que el Espiritu de Verdad suscita y mantiene en el Pueblo de Dios, hace que este se adhiera indefectiblemente a la fe confiada de una vez para siempre a los santos (Jud. 3), penetre más profundamente en ella con juicio certero y de más plena edificación en la vida, guiado en todo por el Sagrado Magisterio, sometiéndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (I Thes. 2, 13) (Lumen Gentium, 12).

Maria es la "Virgen orante".

Asi aparece en el Magnificat (Lc. 1, 46-55) como igualmente en Caná donde con su delicada suplica obtiene, con la solución de una necesidad temporal, un efecto de gracia (Jn. 2, 1-12). La presencia orante de Maria en la Iglesia naciente (Hechos 1, 14) se prolonga a lo largo de la historia.

En nuestro tiempo se tiende a minimizar el valor de la vida interior. Se pretende buscar en el afán de convertir el orden de la convivencia social, económica y politica, un sustituto de la necesidad fundamental que tiene el hombre de Dios. Un activismo fácil niega la vida teologal, y atentos algunos que se llaman "maestros" al orden presente, olvidan que si, a instancias de Maria, el Señor obró el milagro de Caná, no fue solamente para remediar la necesidad de vino, sino para que sus discípulos creyeran en El.

Maria es la "Virgen oferente".

En la presentación de Jesús en el Templo (Lc. 2, 22-35) se vislumbra un misterio de salvación: la continuidad del ofrecimiento que el Verbo Encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo (Hbr. 10, 5-7); la universalidad de la salvación (Lc. 2, 32). "La misma Iglesia sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalen para presentarlo al Sefior (Lc. 2, 22), una voluntad de oblación que trascendía el significado ordinario del rito" (Pablo VI).

 

Llamada al Compromiso Cristiano

15)  Con la ayuda de Maria queremos apelar a la fe y a la caridad de sus hijos para que hagan de su vida y de todas sus posibilidades una entrega eficaz en favor de sus hermanos. Hoy se habla de compromiso temporal, de opciones y denuncias, pero corremos el peligro de olvidar que ni el gesto basta, ni puede salvar la proclama. Unicamente el servicio abnegado, el criteno de la fe ordenando nuestra conducta, el sentido fraternal que vive con solidez las exigencias de la justicia, el oído atento al clamor de los pobres, de los desamparados, puede imitar el ofrecimiento de Maria. La redención exige que salgamos al paso de los problemas como al encuentro del Señor, para hacer, con nuestra entrega, que sea posible el Reino de Dios en la historia: "Reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz" (Prefacio "Jesucristo Rey").

 

IV.  La Piedad Mariana

Validez y Actualidad

16) Después del Concilio Vaticano II se han detectado dos corrientes de pensamiento, dos modos de estilo y conducta religiosa que, sin negar su legitimidad y su bondad básica, han llevado con frecuencia a negar valores y a olvidar costumbres que tradicionalmente habian enriquecido la vida religiosa y habían ayudado a la legitima piedad popular.

Por una parte, notamos una desvalorización del puesto de María, de su teología, acentuando excesos del pasado, generalizando acusaciones y cediendo con ligereza a las presiones de un ecumenismo superficial y peligroso; por otra, se manifiesta una desestima de la piedad popular como si el esfuerzo de reforma conciliar se agotara exclusivamente en el Ambito eclesial de la liturgia.

La veneración de los fieles hacia la Madre de Dios, enraizada en la fe de la Iglesia, va tomando distintas formas adaptándose a las distintas circunstancias y sensibilidad de los pueblos.  

Los Obispos de Puerto Rico queremos iluminar esta fe, animar esta devoción y estimular el amor de nuestros fieles hacia la Madre común. Conocemos el mandato de Pablo VI, al que queremos dar el máximo cumplimiento y difusión, de impulsar a la comunidad de los fieles a una genuina actividad creadora y a una diligente revisión de los ejercicios de piedad mariana.18

 

Maria en la Fe de Nuestro Pueblo.

17) La fe de nuestro pueblo no puede comprenderse correctamente ni atenderse debidamente sin tener en cuenta la profunda devoción mariana que siempre la ha animado. Porque somos conscientes que algunas formas tradicionales quedaron vacias de sentido teologal, estamos empeñados en una diligente y responsable revisión que les devuelva aquel contenido doctrinal que enriqueció la fe de nuestro pueblo. La solución no está en negar todo, sino en corregir y orientar, iluminar, enseñar, conseguir densidad de vida para las fórmulas que son validas y aceptadas por nuestro pueblo.

No es admisible la "actitud de algunos que tienen cura de almas y que, despreciando a priori los ejercicios piadosos, que en las formas debidas son recomendados por el Magisterio, los abandonan y crean un vacio que son incapaces de colmar" (Pablo VI, Marialis Cultus).

 

Características de la Devoción Auténtica a María

18) "Con el fin de hacer más vivo y más sentido el lazo que nos une a la Madre de Cristo y Madre nuestra en la comunión de los santos" (Pablo VI) queremos hacer especialmente nuestras algunas orientaciones señaladas por el Papa en la exhortación apostólica Marialis Cultus.

a) Necesidad de una impronta bíblica en toda forma de culto.

Debemos recurrir a la Sagrada Escritura, como libro fundamental de oración, en busqueda de inspiración genuina y modelos insuperables. "El culto a la Strna. Virgen no puede quedar fuera de esta dirección tomada por la piedad cristiana" (M.C., n. 30; Dei Verbum, 25).

La Revelación Biblica ilumina el ser de Maria y su puesto privilegiado en la Historia de la Salvación, y será la Biblia la que proporcione los mejores temas para catequesis mariana y la que nos facilite las mejores fórmulas para las oraciones, los cantos y contenido del culto a Nuestra Madre.


b) Unir sin confundir la devoción y la liturgia mariana.  

La piedad de nuestro pueblo no puede discurrir al margen del proceso litúrgico.  El pueblo fiel en el ejercicio de su piedad debera tener en cuenta los tiempos litúrgicos y su contenido para que su vida religiosa, se desenvuelva en armonía con la Liturgia, se inspire de algún modo en ella y encuentre así mayor fuerza y vigor.

Este es el camino eficaz para que la Liturgia robustezca la piedad popular y esta introduzca al pueblo cada vez más en la oraci6n liturgica de la Iglesia.

c) La devoción a María es una llamada a la unidad eclesial.

El verdadero culto a Maria debe reflejar las preocupaciones de la Iglesia. Una de ellas es el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos (Pablo VI) y Maria ha sido invocada como Madre mesiánica y Senora de la Unidad.

Los excesos que puedan haberse dado y las exageraciones que puedan haberse cometido no justifican el negar la vinculación especial de María a la obra redentora, ni la implicación de su vida en la obra de su Hijo.

Invitamos encarecidamente a una sana cautela tanto para no herir susceptibilidades doctrinales, como para evitar manifestaciones culturales contrarias al recto pensamiento católico.

Al orar por la unidad católica del Pueblo de Dios, redimido por la sangre de su Hijo, no olvidemos que el culto a María es camino que lleva a Jesús, fuente y centro de toda comunión eclesial.

d) Profundo sentido antropológico de la devoción a María.

No pocos confunden las fórmulas tradicionales con el contenido doctrinal de la devoción a María; por ello, a algunos, los horizontes de la vida de María resultan estrechos en comparación con las amplias zonas de actividad del hombre de hoy. Al no encajar las formulaciones tradicionales en la imagen de la mujer de hoy, con sus compromisos sociales, politicos y profesionales desconocidos antes, niegan la validez de la devoción misma a María.

El amor, la devoción y el culto a Maria no estan atados a fórmulas precisas e invariables. Debemos decubrir el contenido real, inmutable, que en esta devoción profesa la Iglesia. Ella cree y profesa que en María se da un modelo y ejemplar de vida cristiana, sin tener en cuenta su tipo de vida ni su ambiente socio-cultural. La razón fundamental es la aceptación responsable de la voluntad de Dios.

Es su disponibilidad sin excepciones, su fe total y su caridad que la empuja al servicio del amor. Esto constituye el valor universal y permanente de la devoción mariana.

Cada epoca puede verificar en María sus propias connotaciones. Cada edad de la historia ha sabido traducir a sus concepciones circunstanciales el valor permanente y absoluto de Nuestra Señora, que realiza en el ambito de la fe las situaciones más características de la vida femenina: Virgen, Esposa y Madre.

La mujer de nuestros días puede encontrar en la Virgen un camino para la respuestas a sus problemas y concepciones peculiares. Ella es un llamamiento a la esperanza; realiza el modelo de la mujer que participa libremente en la gestión de su vida y en las decisiones de la comunidad en que vive. Proclamó a Dios vindicador de los humildes, marginados, injustamente oprimidos por las estructuras de un poder que, en vez de servir al bien comun, se atiene a los intereses de los poderosos de la tierra (Lc. 1, 51-53).

Su función maternal nos recuerda necesariamente la condición fraterna de todos los hombres siendo un vivo clamor a que en nuestra condición pluralista, se haga posible el diálogo constructivo y la colaboración ciudadana.

V            Siempre con María

María, Defensora de Nuestra Fe

10) La devoción a Maria es de palpitante actualidad y de urgencia inaplazable para que nuestro pueblo encuentre el camino de la renovación espiritual.

No se trata de abolir ni de resucitar fórmulas, sino de renovar nuestro espíritu en la linea de entrega a la voluntad de Dios, cuyo modelo y prototipo lo encontramos en la Virgen Madre.

En los momentos difíciles para la fe de nuestro pueblo fue la devoción a Maria la contraseña para discernir lo auténtico, mantener, estando en lastimoso desamparo espiritual, lealtad a la fe de nuestros padres.

Circunstancias histórico-politicas provocaron situaciones de abandono para los fieles católicos. Nuestros campos fueron invadidos de toda doctrina y ensenanza contraria a la recibida. La voz de los pastores era débil, y raramente podia ser escuchada.   Fueron horas de desconcierto y desolación espiritual. Pero la fe se mantuvo leal y firme, generosa y sacrificada. En cada casa una imagen de Maria presidia el hogar, del pecho de nuestros jibaros colgaba el rosario. Aunque hablaran del mismo Cristo y leyeran el mismo evangelio, era difícil llevarles la confusión, porque la mirada de nuestra gente se dirigía a Maria. Nuestro pueblo buscaba a Jesús y sabia que lo encontraría con María su Madre (Mt. 2, 1; Lc. 2, 16).

Por Maria la fe de nuestro pueblo no sólo sobrevivió sino que maduró y se acrecentó.

20) Si aquella circunstancia histórica fue traumática para la fe de nuestros fieles, no menos peligrosa es la coyuntura del momento presente. El materialismo invade todas las areas del existir, y en sus distintas formas y manifestaciones intenta matar el espíritu. La exaltación de la materia, del poder humano, del placer desenfrenado, pretende sustituir los grandes valores del espiritu frenado, pretende susituir los grandes valores del espíritu.

La dignidad humana ha recibido sus peores golpes en la imagen de la mujer. Las leyes favorecedoras del divorcio y del aborto, como los programas promotores de las esteri­lizaciones en masa, han sido presentadas como conquistas de la mujer, cuando no son sino el ataque más cruel y despiadado a su dignidad. Más que nunca precisamos volver la mirada a Maria para descubrir en ella estos valores tan necesarios a nuestra sociedad.

La esperanza nos sostiene, porque vemos y constatamos que el amor a Maria no ha desaparecido del corazón de Puerto Rico.

En nuestros cañaverales se levantaron ciudades y se construyeron fábricas. Grandes avenidas cruzan aquellos campos, conocidos solamente por el caminar cansino de bueyes arrastrando la carreta. Nuestros jibaros abandonaron el campo y bajaron a las ciudades populosas e industrializadas. La familia perdió consistencia, y con la desintegración peligró su función como educadora en la fe.

Hemos podido tomar el pulso a nuestro pueblo y, con alegría, hemos auscultado su corazón amante de María.  La familia reza a María. La familia ha acudido a la llamada de María mediante la Cruzada de Oración.  La familia siente la necesidad de María.

Ni la industrialización ni la concentración urbana han podido apagar el cariño filial de nuestro pueblo a María. Como antaño en el campo, hoy en las urbanizaciones se recorren las calles durante el mes de octubre rezando el rosario a María. Costumbre delicada y consoladora es la de llevar el rosario colgado del retrovisor del carro como una constante admonición materna. Cambian las cosas, pero, gracias a Dios, el corazón de nuestro pueblo sigue fiel a María.

 

María, Madre de la Providencia

21) Otra vez María se hace presente en nuestro caminar. Hoy, cuando nuestro pueblo, hacia su destino histórico, busca el mejor camino y el puesto que le corresponde como encrucijada de pueblos, razas y continentes, Ella le tiende la mano para conducirlo maternalmente segun los designios de la Providencia. Como Madre de la Divina Providencia ofrece su amor y su ayuda a Puerto Rico. Agradecidos tendemos nuestros brazos a Ella a fin de sortear los escollos que se ofrecen a nuestra dignidad, a nuestra fe y a nuestra paz.

El Santo Padre, el Papa Paulo VI, ha querido alentarnos en la lucha por los valores cristianos reconociendo solemnemente ante toda la Iglesia como Copatrona de Puerto Rico a Nuestra Señora de la Providencia.  Con profunda complacencia Os comunicamos las palabras del Santo Padre: "...Habiendo solicitado el Venerable Hermano Luis Aponte Martinez, Arzobispo de San Juan de Puerto Rico, y Presidente de la Conferencia Episcopal de su pais, en nombre de su clero y de su pueblo, que Nuestra Señora de la Providencia sea constituida y declarada por Nos Patrona principal de toda la nación puertorriqueña - titulo concedido ya por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, en virtud de la facultad que dicho Dicasterio posee - NOS, habida cuenta del singular amor que el pueblo puertorriqueflo ha profesado a la Bienaventurada Madre de Cristo bajo esa advocación, por las Presentes Letras ratificamos y confirmamos el honor concedido.

Nos es muy grato, pues CONSTITUIR Y DECLARAR A NUESTRA SEÑORA DE LA PROVIDENCIA PATRONA PRINCIPAL DE TODA LA NACION PUERTORRIQUENA.

Dado en Roma, junto a San Pedro, sellado con el anillo del Pescador, el 19 de Noviembre de 1969, año séptimo de nuestro pontificado."

22) El dia cinco de diciembre coronaremos solemnemente a María como patrona de nuestro pueblo bajo la advocación de Nuestra Señor de la Providencia. Es la culminación de un proceso histórico en el que el amor a la Madre se manifiesta confiandose, cada vez más, a su protección y amparo.

Fue a mediados del siglo pasado cuando Don Gil Esteves y Tomás, trigesimo séptimo de la serie de nuestros Obispos, dio fin a la edificación de la Catedral de San Juan, y quiso resaltar su contenido religioso estableciendo en ella el culto de Nuestra Señora de la Providencia.

En las palabras de Roberto Biescoechea Lota se recoge el tierno sentir de la devoción de nuestro pueblo a Nuestra Sefiora de la Providencia: "Su representación iconografica tocó al parecer las fibras más sensibles de nuestro pueblo católico. El tierno conjunto de la Virgen Madre, en cuyo regazo duerme en confiado abandono el Dios niño, la misma Divina Providencia, despierta profunda simpatía en el alma puertorriqueña, que acaso ve tambien en la imagen el símbolo de su propio genio nacional, naturalmente inclinado al amor a los niños, al amparo de los huérfanos, y a todos los ejercicios de una providencia misericordiosa".  Dice el mismo autor, quien con dedicación y fidelidad ha seguido la historia de nuestro pueblo, que "desde el principio acogió el país la nueva advocación".

Para 1876 escribe el P. Domingo Romeu: "el culto era... ya popular". El amor a María encontró cauce adecuado en la advocación de Madre de la Providencia y pudo escribirse, en las mismas fechas, que el culto habia llegado a ser "el más esplendido y brillante que se rinda al cielo en Puerto Rico...

Los procesos politicos de nuestro pueblo, anteriormente mencionados, apagaron en parte esta devoción a María. Surge no obstante una renovación de la misma a partir del año 20. Paso a paso, vuelve a abrirse camino, llegando a recorrer la Isla como Imagen Peregrina siendo entronizada solemnemente en el Seminano Interdiocesano de S. Ildelfonso.  En el 460 aniversario del descubrimiento de la Isla recibe la Virgen de la Providencia el homenaje de una grandiosa multitud, que acudió para presenciar su coronación con la diadema que le ofrendara el pueblo puertorriqueño.

Como culminación de este proceso asistimos al hecho jubiloso de ver proclamada la Virgen de la Providencia patrona de Puerto Rico.  Como hijos de esta tierra, sentimos el gozo inmenso de poner en su cabeza la insignia de su maternal patrocinio.

 

VI            Fieles a su Amor

23) Debemos recoger con amor filial el contenido doctrinal que la fe nos ofrece y traducirlo en amor, imitación y culto a la Madre, Virgen Maria.

Desde la oraci6n litúrgica a la más sencilla devoción popular, todo lo concerniente a María debe mirarse con cariño, revisarse con deli­cadeza y conservarse como herencia sagrada.

Durante mucho tiempo ha sido, y sigue aun siendo, el Santo Rosario compendio de la piedad de los fieles. Por el Rosario se llega a los misterios de Cristo, y en y por Cristo a los brazos del Padre. Esta razón, teológica e histórica, nos impulsa a recomendar con ahínco la devoción y practica del Santo Rosario.

"El Santo Rosario, en efecto, hasta en su simplicidad, nos enseña y nos ayuda a meditar los misterios que son como la base de la fe y de la civilización cristiana y nos muestra a Jesús, primero adolescente, después doliente y, en fin, triunfante para confirmar que no hay obstaculos ni persecuciones que puedan invalidar la palabra divina: "Yo soy la resurección y la vida" (L'Osservatore Rom. 8 oct.1961).

 

Valor del Sto. Rosario

24) No se minimice el Santo Rosario con la excusa de ser una oración privada reducida al campo de la devoción puramente personal. El Papa Juan XXIII al considerar el valor social de la oración, no titubeó en decir:  "El Rosario de María viene elevado a la condición de una gran plegaria publica y universal frenta a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia Santa, de las naciones y del mundo entero" (Juan XXIII, 29 - IX 61, ns. 4, 5, 6).

Como oración, el Santo Rosario debe llenar nuestras ansias interiores, y al mismo tiempo fortalecer nuestra esperanza ya que "es bien conocida de quienes siguen, desde el punto de vista histórico, los acontecimientos de las transformaciones políticas, la influencia ejercitada por la piedad mariana como preservación de amenazas desventuradas, como reanudación de prosperidad y de orden social, como testimonio de las espirituales victorias obtenidas".

Verdadero Sentido del Rosario Como Oración

25)  Exhortamos a toda la comunidad católica a ahondar en la verdadera sustancia del Santo Rosario. En el Rosario descubramos, mediante la reflexión de los episodios que asocian la vida de Jesús y de María, la actitud de fe, esperanza y caridad que debemos mantener en las varias condiciones de nuestra vida como también ante las aspiraciones de la Iglesia universal.

Superemos el rezo mecánico mediante una contemplación pura, luminosa y rapida de la doctrina y vida de Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María. Traduzcamos la oración en vida por la reflexión intima que aplica a las condiciones particulares las soluciones de fe que con viva luz se difunde en nuestro espiritu y ensanchemos nuestra alma a la medida de la Iglesia universal mediante la intención piadosa que convierte el Rosario en suplica universal de las almas particulares.

 

Llamada a la Oración Familiar

26) De manera especial nos dirigimos a la familia para que renueve la practica del rezo del Rosario. Hoy es más necesario que nunca, ya que es la familia especial objeto de ataque y erosión moral. Por el Rosario encuentre la familia puertorriqueña la consolidación y forfalecimiento tan necesario en nuestro tiempo. Por el Rosario encuentre la familia su puesto en la sociedad, y redescubra la unidad familiar, la dignidad de la mujer, los sentimientos de amor y amistad de la comunidad y de la familia y asi ilumine nuestra alma con un sentimiento mas amplio de caridad universal.

Con el Papa Pablo VI "nos interesa recordar a vuestra atención y a vuestra piedad la conveniencia de que todos tomemos de nuevo en nuestras manos las cuentas del Rosario y de que lo recemos con la sencillez y el fervor de los humildes, de los pequeños, de los devotos, de los afligidos; por la paz de la Iglesia y por la paz del mundo" (Marialis Cultus, nn. 42-55).

 

Conclusión  

Ha sido interés especial nuestro extendernos en los presupuestos teológicos del puesto de María en el plan salvador de Dios. Porque más allá y por encima de los actos de devoción, que la expresan y fomentan, hay que llegar al contenido y sustancia de la misma.

Será un hecho la influencia transfo­mante de María, si por la devoción a Ella, logramos:  UNA FE CONSCIENTE DE SU RESPONSABILIDAD. Nuestra fe no puede justificar una huida del mundo, sino un servicio evangélico al mismo.

Debemos llegar a UNA FE COMPROMETIDA.  El cristiano no puede permanecer insensible o ajeno a la marcha del mundo. Es parte de él y responsable de su edificación. Estamos empeflados en la cristianización de todos los ambientes. Ello presupone la justicia, la solidaridad, la libertad y la dignidad de todos los seres. Nuestra FE DEBE SER FRATERNAL. La perspectiva del Cristiano arranca de Dios Padre que con amor "hace salir el sol sobre buenos y malos". Nuestra fe deberá ser comprensiva, caritativa y diligente.

Nuestra fe, alma de la devoción a María, será ECLESIAL. Abramos nuestro espiritu a una aceptación plena de la revelación, según se expresa en la Tradición y la expone el Magisterio.

Que el amor a María nos haga testigos de su hijo como miembros del Pueblo de Dios, e hijos de quien se proclama "Madre de la Iglesia".

 

1"La teología católica de la historia de la Salvación está todavia en sus comienzos", K. Rahner - H. Vorgrimler en Diccionario de Teologia, p.672; La Teología en el siglo XX, vol. III; Gracia e historia de la Salvación, p. 123 ss.; Blaser y A. Darlap, "Historia de la Salvación" en el v.11 de los Conceptos fundamentales de Teología; A. Darlap: Teología fundamental de la his toria de la salvación (v. I, tomo 1, c.1 49-202 de la obra Mysterium Salutis).

2Barauna, "La Stma. Virgen al servicio de la Economía de la salvación" en La Iglesia del Vaticano II (edt. Flors) Vol.11, pag. 1, 167.

3Diccionario  Teológico, Rahner-Vorgrimler; Roschini, "Come e quando e sorto il titolo di Protovangelo" en Marianum (Roma) 18, pa gs. 344-347.

4Véase el texto de Jeremías 31-22, que en el comentario de S. Jerónimo (In Jeremian Prophetam L. 6, C 31. Migne P. Lat. 24, 914) lo refiere literalmente a la maternidad virginal de Nuestra Señora. Turnay, Les Psaumes (1964) p.223; A. Rivera "LSentido mariológico del Cantar de los Cantares?   II Investigación patrística", en Ephemerides mariológicas 2, pags., 25-42.

5Pablo VI en su alocución del 30 de mayo de 1973.

6Rhaner, "Le principe fondamental de la theologie mariale", en Recherches de science religieuse 42 p.491; P. Alfaro, "Significatio Mariae in mysteno salutis", en Gregorianum 40, 9-37. - ci. Lumen Gentium 57-58.

7Laurentin, Structure et theologie de Luc. I-lI (Paris) 1957.

8L. Deiss, Maria, Hija de Si6n, Cristiandad, 1967, pa gs. 255-273; Gachter, Maria en el Evangeho (Bilbao) 1959.

9Apoc. c.12 - Pio XII Ad coeli Reginam, de octubre

1954; Lumen Gentium 59).

10Didlogo con Trif6n, c.100 (Migne P. G. 6,709) cfr. Apologistas Criegos BAC.

11Martimort, La Iglesia en oracidn (Herder) p.795-

811; Cuthbert Gumbinger, Maria en las liturgias orientalesl Simeon Daly, Maria en la liturgia occidental (Carroll, t. 1).

12Misal Romano, Oraci6n del Comun de Ia Virgen Maria, 6 En tiempo pascual; Oraci6n de la misa del 15 de septiembre; Qraci6n del 31 de mayo.

13Cf. Simbolos primitivos en ultimas ediciones de E nchiridion symbolorum, dephinitionum, et declarationum de rebus fidei, Denzinger - Schotnetzer. En Aldama, Maria en la patristica de los siglos I y II c.1 - los elementos mario­l6gicos de la primera predicaci6n de la Iglesia.

14Carta a los Efesios 7, 2.  Padres Apostólicos (BAC) p.451.

15Discurso de Pablo VI a los Cardenales el 24 de mayo de 1976.

16E. Mersch, La theologie de corps mystique, 1946 I p. 226.

17Cf. Peguy, Palabras cristianas, La Reina de los Santos, p.49 (Edic. Sigueme, Salamanca).

18Marialis Cultus, Por una renovación de la piedad mariana, 24.

 

7 de octubre de 1976, en Ocasión de la Proclamación y Coronación Canónica de Nuestra Sra. de la Providencia

                             Patrona de Puerto Rico