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DECLARACION
SOBRE LA MORAL
PUBLICA Introducción: El comienzo de un año nuevo es una fecha propicia para
examinar nuestras conciencias y hacer buenos propósitos. El año de
1981 adquiere un significado adicional para los puertorriqueños, ya
que marca el inicio de un nuevo ciclo en la vida política del pais.
Hemos vivido la experiencia de un delicado proceso electoral y la
novedad de unos resultados electorales muy cerrados.
Hoy más que nunca se impone la necesidad del diálogo y de la
colaboración entre las fuerzas políticas para beneficio del pueblo. Por feliz coincidencia, la Iglesia ya habia dado los
primeros pasos hacia la edificación de la paz. En efecto, el primer
domingo de enero celebramos la Decimocuarta Jornada Mundial de la Paz,
bajo el tema: "Para servir a la paz, respeta la libertad". Esta Jornada es un llamamiento a los
hombres de buena voluntad para que luchen por la libertad, eliminando
la intolerancia, la opresi6n, los insultos y toda clase de inmoralidad,
que son amenazas abiertas contra la democracia. En estos momentos de promesas de
unidad, de pureza administrativa y de respeto a la libertad, la
Conferencia Episcopal Puertorriqueña ha considerado oportuno ofrecer
algunos puntos de reflexión a los lideres políticos
de nuestra amada Isla; sobre todo, a los que ostentan posiciones en
las diferentes ramas de nuestro Gobierno. 1.
Atentos a los signos de los tiempos y con el corazón sobre el Evangelio,
la Conferencia de los Obispos Católicos de Puerto Rico desea expresar
su preocupación sobre los asuntos que conciernen a la moral publica.
En nuestra "Declaración sobre los Comicios
Electorales" señalamos la existencia de un orden público
cristiano y la realidad de que las elecciones no constituyen el unico
medio de expresión, ni la única responsabilidad del ciudadano. En
efecto, los miembros de la comunidad política estan llamados a
influir en la vida publica continuamente, y a analizar objetivamente
la obra gubernamental. 2.
Nosotros somos parte de esa comunidad y "compartimos con
nuestro pueblo las angustias que surgen de la inversi6n de valores,
que está a la raiz del deterioro de la honradez publica y
privada" (Pu ebla 54, 58). Reconocemos que hay políticos
y servidores públicos que se esfuerzan por ajustar su vida al modelo
de la conducta cristiana. Se trata de administradores o ministros en
el sentido literal de la palabra, es decir, servidores de los mejores
intereses del pueblo. Dedicados al arte tan difícil y tan noble de la
promoción del bien comun, se olvidan del propio interés y de toda
ganancia venal; luchan con integridad moral y con prudencia contra la
injusticia y la opresión; "conságranse con sinceridad y
rectitud, más aún, con caridad y fotaleza
social al servicio de todos" (Gaudium
et Spes, n.
75). Todas las personas honradas y fieles a su deber en la vida
publica, reciban nuestro testimonio de gratitud, de admiración y los
mejores augurios. 3.
Del servidor se espera que sea fiel hasta en los asuntos más
insignificantes. En dias recientes el pueblo seleccionó a los
ciudadanos que van a asumir las responsabilidades ejecutivas y
legislativas del pais. Muchas personas seran nombradas para ejercer cargos de
confianza en las distintas ramas, departamentos y agencias del
gobierno. Todos esperamos que los funcionarios publicos conozcan bien
sus tareas y, sobre todo, que proyecten una profunda conciencia moral
en el desempeño de sus deberes. 4.
Hemos notado que cada vez que surge algun escándalo o se presenta un
asunto de indole moral en las esferas oficiales, se insiste en la
urgencia de preparar un código de ética publica. Sin embargo, la
idea se pierde en el mundo de la utopias. Creemos que debe existir un
código de ética gubernamental, con aplicación específica y
efectiva a todas las ramas y dependencias del Estado. 5.
Algunas personas piensan que todo esta permitido, siempre y
cuando se logren los fines del partido o los intereses de un grupo
determinado. Esta línea de pensamiento puede conducirnos hacia unas
consecuencias muy serias en lo que respecta a los valores de la conducta
humana. Amparados por
esta tesis, algunos políticos prominentes de otros paises 6.
Si permitimos la corrupción en las altas jerarquías, los
cuerpos intermedios e inferiores tomaran el mal ejemplo como una
autorización implícita para delinquir. Lo peor del caso no es el
efecto inmediato del fraude o del dano material, sino el escepticismo
y la desconfianza que se apoderan del ánimo del pueblo ante las
instituciones democráticas. Mas aun, los niños, los jóvenes y los
adultos desorientados encontrarán un apoyo social para destruir los cánones
de convivencia y la propiedad pública.
¿Con qué autoridad moral se les va persuadir de lo contrario? 7.
Por lo tanto, recuerden los funcionarios publicos, que su conducta
moral representa un modelo, particularmente para las generaciones jóvenes.
Los Mandamientos no son solamente un asunto de la vida privada;
más bien están ordenados hacia la unión con Dios y la consecución
de una convivencia saludable. El espíritu individualista de la
sociedad actual nos hace creer que la propiedad pública no pertenece
a nadie. Esta es la actitud tambien de quienes practican
el vandalismo. Sin
embargo, los bienes comunes pertenecen en justicia a todos, ya que el
Creador los entregó a la familia humana y el hombre les imprimió el
sello de su trabajo. 8.
El materialismo y el vano deseo de una existencia fácil pueden
conducir a la corrupción. Por eso algunos ciudadanos se apropian de
los fondos públicos, venden influencia, ceden ante el soborno,
desvirtúan los legítimos procesos de subastas, contratos y otras
transacciones económicas. Otros convierten el suministro de servicios
y productos en un negocio lucrativo, sin esforzarse por superar un
evidente conflicto de intereses. 9.
Es necesario señalar tambien que, tanto el Gobierno como el público,
pueden ser victimas de lo que suele llamarse "crimen de cuello
blanco". Existen personas y organizaciones que utilizan sus
cargos, posiciones e influencias para defraudar a sus victimas de
dinero, propiedad u otros conceptos, mediante la estafa o el engaño.
Estos ciudadanos inescrupulosos contaminan la comunidad con el fraude
y el timo. Aunque no causan daño físico aparente, su crimen socava
los cimientos de la moral social. 10.
Atentan contra el bien comun, particularmente contra el bienestar de
los más necesitados, aquellas personas o entidades que evaden el pago
de arbitrios, que venden valores utilizando medios engañosos, que
estafan al cliente en los procesos prestatarios y en las transacciones
comerciales. En estos casos, como 11.
Al referirnos al uso legitimo del poder contra la corrupción, debemos
alertar sobre el abuso de poder en perjuicio del ciudadano responsable.
Las autoridades civiles y los encargados de velar por el orden publico
no deben rebasar su competencia, ni oprimir a los miembros de la
comunidad política. 12. Resulta contradictorio esperar buen trato, fidelidad, respeto a la vida, honradez, vivencia de valores en la familia, la escuela y en las pequeñas comunidades si la moral pública se ve amenazada desde todos los ángulos. El asunto de la moral pública es un reto de credibilidad. Mas grave que la traición a un correligionario, es la traición a todo un pueblo. Son parte de esa traición las promesas incumplidas, las ocultaciones de la verdad, la manipulación de datos y el despilfarro del tesoro común. Los humanistas reservan para tales crimenes el más profundo de los infiernos dantescos. La Iglesia, por su parte, condena firmemente la corrupción que a menudo invade la vida pública y profesional, y lamenta el grado en que nuestro país se encuentra bajo el dominio del idolo de la riqueza. Ese ídolo de la riqueza que tambien domina el escenario del juego ilícito, el contrabando de la drogas y las prácticas abortivas. Por eso nos esforzamos por elaborar una ética social capaz de formular las respuestas cristianas a la gran crisis de confianza de la sociedad actual 13.
Hermanos puertorriqueños, luchemos contra la corrupción económica
y política en los distintos niveles, tanto en la administración pública
como en los negocios particulares.
Seamos los guardianes del bien común y de los altos ideales que
sirven de horizonte moral a la sociedad puertorriqueña. No permitamos
que los problemas económicos y los vicios de la burocracia adormezcan
nuestra conciencia ante los patrones de la moral social. La vida
personal y los asuntos públicos tienen unas implicaciones sociales de
trascendental importancia. Cada
vez se hará más difícil percibir los valores morales dentro de una
sociedad tecnológica y materialista. Sin embargo, la salud moral de la
sociedad nos exige mucha responsabilidad y una justa distribución del
poder, de la riqueza y de las oportunidades. 14.
Finalmente, hacemos un llamado particular a las autoridades
civiles, de todas las esferas y dependencias del gobierno, para que sean
intachables en su conducta personal y sepan erradicar cualquier atentado
contra la moral y el bien común. Que
el Señor Jesucristo, piedra angular de toda sociedad justa, nos de un
corazón nuevo, inmaculado y desprendido y que su verdad nos haga
libres. 3
de febrero de 1981 |