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DECLARACION
SOBRE LAS ENMIENDAS
PROPUESTAS A
LA LEY DE CIERRE La Conferencia de Obispos Católicos de Puerto Rico desea
expresarse respetuosa y claramente sobre los Proyectos del Senado 452,
454 y 525, relativos a la Ley de Cierre. La intención que nos mueve a
pronunciar estas palabras es la tutela del bienestar integral de
nuestro pueblo y la salvaguarda de sus valores más preciados. Al
igual que en Puebla, hoy afirmamos una vez más la necesidad de una
profunda revisión de la tendencia consumista de las naciones mas
desarrolladas; deben tenerse en cuenta las necesidades elementales de
los pueblos que forman la mayor parte del mundo. Un paso firme en esta
dirección redimiria a aquellos "jóvenes que se han
visto defraudados por la falta de autenticidad de algunos de sus líderes
o se han sentido hastiados por una civilización de consumo" (Puebla
496, 1177). Estamos convencidos de que, aunque las enmiendas
propuestas persiguen supuestamente la conveniencia del consumidor, los
proyectos acarrearán graves y profundos perjuicios a nuestra
comunidad. Es cierto que los hábitos de consumo y comercio han
variado. Sin embargo, la exposición de motivos de los tres proyectos
no analiza críticamente las implicaciones humanas y sociales de los
cambios en la política de consumo. Las
enmiendas parecen someter todo el asunto a la dinámica económica,
prescindiendo de otras consideraciones superiores (Cfr. P.S. 452). Y
aun el mismo beneficio de la dinamica econ6mica resultara relativo y
discutible. En el caso de la promoción del turismo, la tónica
dominante está marcada por la "competencia" con
otros mercados (Cfr. P.S. 525). La competencia es una realidad
innegable, pero no es prioritaria o absoluta. Sería necesano
determinar el tipo de servicio que se puede brindar a los turistas, la
imagen cultural que deseamos proyectar y el beneficio publico que
vamos a obtener. El Proyecto 454 presenta, como cuesti6n de hecho, la
urgencia de atemperar el ordenamiento jurídico con aquellas
realidades que caracterizan a la comunidad puertorriqueña.
Aparentemente dichas realidades se reducen a condiciones socio-económicas,
condiciones que no son explicadas.
Más aun, existen factores económicos y sociales que señalan
soluciones contrarias a las propuestas, por ejemplo:
la criminalidad, el consumismo, el mercantilismo, la
desintegración de la familia, el sosiego del trabajador... Como lideres religiosos de este pueblo sentimos una preocupación particular por las posibles consecuencias de las enmiendas. Una sociedad que sufre una gran desorientacion de valores debe examinar cautelosamente cualquier decisión que la pueda conducir a la desintegración de sus elementos esenciales. Nuestro pueblo necesita una tregua ante la despiadada vorágine del consumo y de la competencia. La familia, los amigos requieren condiciones favorables para un encuentro pacífico y espiritual. ¿Qué sentido tiene el hablar del bienestar de la familia, si aprobamos leyes que pueden convertirse en una amenaza contra su integridad? Por eso la Iglesia defiende el domingo como un día de culto y descanso. Hay que acentuar el ocio creador, la vida familiar y respetar el derecho a adorar a Dios en el día consagrado a su memoria. Por encima de los fines mercantiles prevalecen los valores religiosos y culturales. Ya el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha protegido
el derecho de los afiliados a religiones minoritarias al libre ejercicio
de la religión. Con más
razón debemos proteger los dias sagrados de la mayoría de nuestra
población. Sin embargo, algunos comercios han retado la Ley de Cierre
en Puerto Rico, profanando la sabiduría y la santidad de la tradición
dominical y rompiendo la tregua de la competencia econ6mica. Finalmente, exhortamos a los distinguidos legisladores a
buscar alternativas saludables a los difíciles problemas sociales,
alternativas que armonicen con la idiosincrasia de nuestro pueblo y con
los sublimes valores espirituales del hombre puertorriqueño. 17 de marzo de 1980 |