|
EXHORTACION
PASTORAL DE LOS OBISPOS DE PUERTO RICO A TODOS LOS FIELES CATOLICOS
PROCLAMANDO EL AÑO 1996, AÑO DE MARIA Amados hermanos y hermanas en el Señor: El día 7
de octubre de 1976 los Obispos de Puerto Rico enviaron a los fieles una
abarcadora Carta Pastoral sobre MARIA EN EL PLAN DE SALVACION DE DIOS (Cfr.
"Maestros y Profetas", pp. 92-131.) La ocasi6n de dicho
documento pastoral fue la Coronaci6n de Nuestra Señora de la Providencia como
Patrona de Puerto Rico. Al cabo
de 19 años de aquella fecha memorable, la Iglesia se adentra en el solemne
“Adviento” de preparación espiritual y eclesial para el Jubileo del año
2000. Creemos
sinceramente las palabras del Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica
"Tertio Millennio Adveniente": "Ella, la Madre del Amor
Hermoso, será para los cristianos que se encaminan hacia el gran Jubileo del
Tercer Milenio, la Estrella que guía con seguridad sus pasos al encuentro del
Señor" (#59). En la
perspectiva de esta celebración deseamos compartir con todos los fieles
nuestra fe en la singular figura de la Madre del Señor, entregada por Jesús
a su discípulo predilecto y, por su medio, a todos los creyentes de la
Iglesia. No
pretendemos en esta Exhortación Pastoral repetir el desarrollo y formas de la
fe en María, tal como ya se hizo en la citada Carta Pastoral de 1976.
Remitimos a ella a cuantos hayan de meditar y exponer con profundidad el
misterio de María. I.
LA NUEVA EVANGELIZACION Hace muy
poco recordamos los 500 años del inicio de la evangelización de Puerto Rico;
y en esa ocasión nos sentimos poseedores de una rica herencia de fe. Esta fe,
acogida en generaciones de puertorriqueños ha producido frutos de santidad.
Nuestras comunidades de costa y montaña han conocido hombres y mujeres
santos, aunque seamos culpables de no haber recogido su memoria para la
posteridad. A lo
largo de esta empresa de evangelización ha sido central la figura del Señor
Jesús presentado y acompañado por su Madre,
María. Así lo corroboran catecismos, cartas pastorales, predicaciones y
celebraciones marianas que forjaron la entraña de nuestra sociedad. Este eje
ha quedado plasmado en los santuarios, denominaciones de capillas, parroquias,
pueblos, etc., y en el amplio tesoro de arte religioso de nuestra Iglesia. ¿Cómo
explicar las tradiciones, leyendas y costumbres de pueblos y personas en torno
a la Monserrate, Valvanera, la Virgen del Carmen, la Candelaria, la Madre de
la Divina Providencia? Las promesas, las cofradías, los santuarios domésticos,
los rosarios cantados, las rogativas, las imágenes de María erigidas a la
vera de los caminos. etc., son expresiones de esta presencia de María. La
verdadera y entrañable devoción a María es boy mismo el signo por el que se
distingue la fe católica de otras iglesias y formulaciones doctrinales. Con
razón nuestras familias requieren que todo católico lleve como prenda aun en
su mortaja la corona del Santo Rosario. Es señal de identificación religiosa
para vivos y para difuntos. Los
cambios de todo orden que caracterizan la marcha de nuestra sociedad de los últimos
años, son leídos en la Iglesia como "signos de los No cabe
duda de que el post-Concilio y aún más los años 80 y 90 operaron cambios
significativos en Puerto Rico. La poderosa influencia de la cultura contemporánea
va incidiendo en nuestra actitud social y religiosa de cuño hispánico y católico.
Puerto Rico sufre el embate del materialismo, la codicia y la creciente
criminalidad y le van envolviendo la ambivalencia y el indiferentismo
religiosos por el constante acoso personal y colectivo de las sectas y la
mentalidad protestante y atea. Los apóstoles
de la nueva evangelización la contemplararán al pie de la cruz de Jesús,
asumiendo todo su misterio y destino de salvación. Por encima de todos los
valores cambiantes de los hombres, María anuncia la santidad de Dios que
escogerá, defenderá y salvará a los pobres, a los jóvenes expuestos y a
los que, hastiados de la vaciedad del mundo, busquen el rostro y la voluntad
de Dios. María, al pie de la cruz y en Pentecostés, moldea y forma al nuevo
evangelizador. "María medita en su corazón" los acontecimientos
del Salvador y "proclama la misericordia prometida por Dios a Abraham y
su descendencia" (cfr. Luc. 2, 51; 1,55). María,
la humilde mujer de Nazareth, promovida a vivir y a colaborar en la obra de la
salvación de los hombres, es un reclamo para todos los bautizados a asumir su
propio rol de evangelizadores: laicos, Religiosos y Sacerdotes, cada uno según
su carisma. La evangelización al estilo de la Madre del Señor, pide, según
la ocasión, callar, aportar el ejemplo de vida, envolverse en las obras de
caridad, en el liderato cristiano con tareas seculares y profesionales, en la
oración, en el sufrimiento y la soledad, en todas las formas de apostolado a
nivel individual y organizado, etc. El evangelizador de nuestros días proclama la salvación, con la oferta permanente de Dios a los hijos de nuestra sociedad. El nuevo evangelizador es testigo de esta salvación por su experiencia personal y colectiva; y proclama un mensaje eficaz de liberación y promoción personal y social del hombre de hoy. Nuestro
pueblo, apoyado en María, Reina de la nueva Evangelización, necesita: - oír y
sentir el amor que Dios le tiene y su destino a la salvación; - ver la
obra redentora de Cristo que aceptó la muerte por la salvación del pueblo; - saber
que Cristo resucitó e instauró la nueva vida, dando opción al que acepte la
fe, para ser nueva persona forjada en justicia y santidad; -
solidarizarse en la aventura humana, para que a través de una vida terrena
marcada por la fraternidad y la justicia, todos los hombres alcancen los
cielos nuevos y la tierra nueva; -
convencerse de que Cristo ha establecido sobre sí mismo (que es la piedra
angular) y sobre la fundamentación de los Apóstoles, la única Iglesia,
signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y consigo mismos; -
ofrecer, como señal de la fuerza de la Resurrección, el ejemplo de la
caridad recíproca al estilo de Cristo que por nosotros murió en la cruz. II.
MARIA, MODELO Y RECLAMO DE SANTIDAD "Todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a
la grey son llamados a la santidad" (LG. #39). El llamamiento de la
Iglesia para la preparación y celebración del Jubileo del año 2000, intenta
en primer lugar este objetivo. Desde este punto de nuestra peregrinación nos proponemos ante los ojos el
modelo de santidad de María como la Madre del Señor. El ángel la reconoce por "la llena de gracia" (Lc. 1, 28). Es la
que "ha creído lo que le ha dicho el Señor" y es "bendita
entre todas las mujeres" (Lc. 1, 42,45). Es la esclava del Señor" a
quien "el Espíritu Santo cubre con su sombra" de divinidad (Lc. 1,
35, 38). Su plenitud de gracia desde este primer momento de la presencia del
Verbo encarnado sigue el proceso semejante al crecimiento en sabiduría y
gracia del Hijo de Dios. En los momentos decisivos de su acompañamiento a Jesús
la encontrará en la misma actitud de obediencia, de maduración en el
proyecto de Dios y fidelidad a los desafíos de cada paso. 9. SANTIDAD CRISTIANA El
sublime ideal de la purificación espiritual y el crecimiento en la vida de
Cristo es tan actual como que es la sustancia de la personalidad cristiana.
Las figuras de los santos, y especialmente de la Reina de todos los Santos, es
un continuo desafío a todo creyente. Siempre es oportuno recordar a nuestros sacerdotes, diáconos y seminaristas
el máximo compromiso del sacramento del Orden y de los misterios que
administran. Especialmente el mundo y la Iglesia esperan de las personas de
vida consagrada un testimonio de santidad, ejemplaridad de virtudes y
testimonio de cuán fuerte es "el amor de Dios derramado a nuestros
corazones por el Espíritu Santo que Se nos ha dado" (Rom. 5,5). ¿Acaso
no es éste el momento apremiante de preparar y pedir a Dios mayor abundancia
de directores de conciencia, "padres espirituales" que con sabios
consejos y su ejemplo de vida nos estimulen, disciernan y acompañen en los
caminos ascéticos y místicos del crecimiento espiritual'? Es un vacío que
sienten tantos fieles tentados de acudir a sicólogos (que no abarcan la
plenitud de la persona), u otros consejeros o síquicos. La lucha
por la adquisición, valoración y dinámica de la vida de gracia santificante
ha sido uno de los pilares de los Ejercicios Espirituales Ignacianos,
Cursillos de Cristiandad, Retiros de Juan XXIII, Retiros Básicos de Renovación
Carismática, Retiros de los Hermanos Cheos, etc. y de sus programas de
mantenimiento y perseverancia ulteriores. La celebración del Año de María
ha de renovar "la mística" de la vida en gracia, el crecimiento en
la santidad. Se lo proponemos especialmente a conferenciantes, directores y líderes
del apostolado seglar. Que María Santísima con su fidelidad a la luz y
fuerza del Espíritu Santo ayude a sus hijos a caminar tras el perfume y la
gloria de la Madre. III.
MARIA, MADRE 10.
LA ENCARNACION El
Evangeho y los Hechos de los Apóstoles llaman a María "la Madre de mi
Señor", "la Madre de Jesús" (Cfr. Lc. 1, 43, Act. 1,14). El
Concilio de Efeso recoge en el siglo IV el sentir de la Iglesia, la entronca
con madurez teol6gica en la rnisi6n de Cristo y la define como "la Madre 11.
MARIA EN LA OBRA DE LA REDENCION Esta
encomienda de Dios a Maria alcanza una dimensión extraordinaria, cuando
comparte con el Hijo de Dios la obra máxima de la redenci6n de los hombres.
El martirio de corazón de Maria se identifica, en dimensión humana, con la
Pasión, Muerte y Resurrecci6n de Jesús. Esta asociaci6n redentora se
manifiesta especialmente cuando el Hijo de Dios entrega a su cuidado maternal
a aquellos mismos por los que El moría en la cruz. Y "desde aquella hora
el discípulo la recibió en su casa" (Jn. 19, 27), y María acogi6 en su
coraz6n a todos los discípulos que a través de los siglos habían de creer
en su Hijo. 12.
UNIDOS A MARIA Estas son
iluminaciones teológicas que tantos cristianos sencillos han vivido con igual
sublimidad en su confianza y docilidad espiritual a la Madre de todos los
hombres. ¡Qué lindamente han resonado en los corazones de tantos hijos de
nuestra tierra aquellas palabras de María al Beato Juan Diego en Guadalupe:
"¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No
soy yo tu salud? ¿No estás tú por ventura en mi regazo? ¿Qué más has
menester?" Estos
sentimientos se han traducido entre nosotros a nombres como la Virgen de la
Monserrate, Virgen del Carmen, Ntra. Sra. de la Divina Providencia, etc, y han
reflejado la fe en la Madre de Jesucristo en su función de maternidad. A su
amparo han nacido espritualmente y crecido Obispos, Sacerdotes, Diáconos,
Religiosos y Religiosas y tantos laicos servidores de Dios. En la familia, en
los barrios, y los mas remotos sectores han rezado y enseñado a rezar el
rosario, a cantarlo a hacer promesas, a encomendar a Ella los afanes y
angustias de la vida y el alma en la hora de la muerte. Proclamada
como Patrona de Puerto Rico, hoy invocamos a Maria como Madre de la Divina
Providencia. Su nombre tiene resonancias de mediación ante el Dios Poderoso
cuya bondad dispone todo sabiamente y atiende las necesidades materiales y
espirituales de sus hijos. ¿Qué cuadro mejor para entender su mensaje que el
primer signo que hizo Jesús para que creyeran en El: las Bodas de Cana? Nuestra Iglesia puertorriqueña se siente llamada a renovar en familia sus
vínculos con la Madre del Señor y sus vínculos como hermanos. Que la Virgen
Santísima sea expuesta en doctrina y en veneraci6n dentro del contexto de
Cristo, Sumo y Unico Mediador entre Dios y los hombres. Así
también sea Ella contemplada y amada como miembro insigne de la Iglesia,
primera redimida por Cristo, figura de su destino escatológico, Madre de
Pastores y fieles de la Iglesia y venerada a través de los siglos en la
Liturgia de Oriente y Occidente. El
recuerdo de María, madre de nuestra familia creyente, nos pone ante los ojos
nuestra relación de hermanos. Estamos dando los pasos inmediatos de la gran
peregrinación de la Iglesia hacia el Jubileo del año 2000, pero no podremos
presentarnos ante el Señor divididos y enojados. Invitamos, pues, a todos los
hijos de la Iglesia a superar toda quiebra de afecto, justicia, doctrina moral
y dogmática o comunión eclesial. 14.
RECONCILIACION EN EL AÑO DE MARIA Invitamos
a acogernos mutuamente con todas las diferencias, sensibilidades y
deficiencias. Que nuestra fraternidad está siempre bien patente para que
aquel, que erró o se descarrió, sepa que su comunidad de fe le llama, le
espera y lo acogerá siempre con calor. Que
nuestro amor fraterno nos lleve sin descanso a la búsqueda y redención de
los que Satanás ha engañado y esclavizado en los vicios y en la
indiferencia. ¿Podemos acaso celebrar sin inquietud la Eucaristía, sabiendo
que muchos hermanos la desconocen y están ausentes porque nadie los buscó y
amó? O ¿podemos
invocar con sinceridad a María, sin abrir los brazos al mismo tiempo a
aquellos hermanos que, en su afán de valorar y secundar presuntas
"apariciones y mensajes de María" en distintos lugares se han
manifestado en los últimos anos al margen de los deseos de la Jerarquía?
Entendemos que muchos han caminado en buena voluntad. Los Obispos de Puerto
Rico ofrecemos a todos ellos un cordial abrazo de reconciliación y comunión
eclesial en el amor de nuestra Madre, la Virgen Maria. Y a quienes un dia se
sintieron desprovistos del afecto de sus Pastores, les reiteramos nuestra
solicitud paternal y ofrecemos dialogo y atención pastoral. Quisiéramos
invitar también a nuestra fraternidad a todos aquellos hermanos que,
arrastrados por la presión de la mentalidad hedonista y materialista,
pretenden a veces compaginar su identidad de católicos con Queremos,
pues, hermanos, comenzar nuestro camino al Jubileo integrados en una Iglesia
plenamente reconciliada, bien clara y consciente de lo que cree, recibe,
espera y celebra como fruto del común afecto que María, nuestra Madre,
siembra en nuestros corazones. IV.
AL CIELO CON MARIA 15.
LA RUTA DEFINITIVA Iniciamos el recorrido al Jubileo del Año 2000, con la conciencia de la
definitiva peregrinación que nos lleva al cielo. Y "así en la tierra
María antecede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de
esperanza segura y consuelo" (LG. #68). Su vida y, especialmente su
Asunción en cuerpo y alma al cielo, inspira esperanza a los fieles que sufren
las angustias y penas en este valle de lágrimas. Ensalzada a la gloria, no se
olvida de sus hijos, sino que nos ampara y acompaña nuestros pasos, mientras
nos vincula también con nuestros hermanos los santos. Con ellos María es
Reina de Todos los Santos. Y nos estimula a culminar en el cielo la familia
que Ella unió y socorrió en la tierra. 16.
UNA IGLESIA RENOVADA Como
Pastores de la Iglesia, quisiéramos acercamos en este Año a cada uno de los
ancianos, enfermos, trabajadores, abandonados, a cada uno de los que han
perdido la fe, los que se debaten en lucha frente a los vicios, de los que
sufren en cárceles. Muy
particularmente saludamos a nuestros Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y
Religiosas y apóstoles seglares y deseamos entregarles la imagen de Maria,
para que se consuelen, para que escuchen la Palabra de Dios, la vivan y
anuncien al estilo de María. Las
vivencias de todos estos hermanos en la fe penen a la vista la imagen de una
Iglesia en proceso de renovaci6n. Es la Iglesia animada, como Maria por el Espíritu
Santo. acercándose a cada creyente para Al amparo
de Maria nuestra Iglesia desea alcanzar una línea comunitaria y participativa
donde se honren los carismas de cada uno, donde nos complementemos mutuamente
en una comuni6n de fe, lucha y esperanzas. Frente a
un mundo convulso, insolidario, frustrado porque sus avances técnicos le
siguen negando la felicidad, nuestra Iglesia sigue siendo luz del mundo, sal
de la tierra, y fermento en la mesa, porque, con el amor de Cristo, los
hermanos nos queremos, nos honramos, perdonamos y nos servimos al amparo de la
común Madre, María. V.
SUGERENCIAS PASTORALES 1. El Año de Maria,
Madre de la Iglesia, se iniciará en cada Diócesis bajo la guía de su
Obispo, Presbiterio y Consejo Pastoral. 2.
Se sugieren diversidad de actividades evangelizadoras, misiones,
novenas, conferencias, programas de formaci6n permanente de sacerdotes y
laicos, cursos de Mariología para seglares, difusión y exposición del
Catecismo de María por los diversos canales de comunicación social,
especialmente por las radios que opera la Iglesia y el canal 13 de la Arquidiócesis
de San Juan. Cada Diócesis estructurara su propio plan. 3.
La figura de Maria ha de ser propuesta prioritariamente en las
actividades de formación y mantenimiento de los Movimientos Apostólicos. 4.
Se sugieren peregrinaciones a los diversos Santuarios de cada Diócesis.
Merecen particular énfasis las peregrinaciones a los Santuarios de la Virgen
de la Monserrate en Hormigueros y de Nuestra Señora de la Divina Providencia
en Cupey, por su especial significación histórica para toda la Isla. Las
peregrinaciones han de ser previamente preparadas con días de purificación y
mentalización, incluyendo recolección de donativos penitenciales para los
centros asistenciales de la Iglesia. Los Santuarios han de dotarse con
personal de sacerdotes y asistentes necesarios para la celebraci6n de la
Eucaristía, la administración de los demás sacramentos y otras atenciones a
los peregrinos. 5. Han de promocionarse toda suerte de celebraciones a nivel de 6.
Para la Clausura del Año se organizará la gran Peregrinación
Nacional al Santuario de Nuestra Señora de la Divina Providencia el martes 19
de noviembre de 1996. 7.
Se propone que, además de las visitas de Maria a las Parroquias de
cada Diócesis, la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia
visite las cinco Diócesis con un calendario apropiado, concluyendo en la
Peregrinación del 9 de noviembre. Dado en
el Santuario de Maria Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt, Cabo Rojo,
Puerto Rico, 30 de noviembre de 1995. SIGLAS
DE LOS DOCUMENTOS La
Celebración Departamento de
Liturgia del CELAM, La CEP
"Carta Pastoral de la Conferencia de Obispos de Puerto Rico en
tomo a la Música Sagrada", 9 de septiembre de 1980. CO Ceremonial de los Obispos, CELAM. DMN
Directorio para las misas con niños, 1 de noviembre de 1973. DVen.
Directorio de Venezuela. EM
S. Congr. de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, del 25 de
mayo de 1967. MS
"Musicam sacram", Instrucción del Papa Pablo VI,
5 de marzo de 1967. OLM
La segunda edición típica del Ordo lectionum Missae, de 21 de enero
de 1981. OGMR
Ordenación General del Misal Romano. PO
"Presbyterorum Ordinis", Decreto sobre el ministerio y vida
de los presbíteros del Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965. SC
"Sacrosanctum
Concilium", Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio
Vaticano II, 4 dc diciembre de 1963. TLS
"Tra le
sollecitudini", Motu proprio del Papa San Pío X, 22 de noviembre de
1903. PRESENTACION
Estamos, en este año de 1995, en plena celebración de las bodas de plata
del Misal Romano, llamado con cierta justicia el Misal de Pablo VI, ya que con
su autoridad se publicaba el Misal según los decretos del Concilio Vaticano
II. En el año 1974 se publica el "Ritual de la Sda. Comunión y del
Culto a la Eucaristía fuera de la Misa", que completaba así la renovación
del Sacramento de la Eucaristía. En estos Años de postconcilio muchos han sido los frutos espirituales
derivados de la renovación conciliar de la Liturgia, sobre todo en lo
referente al Santísimo Sacramento aunque también es justo confesar, que no
siempre se cumplieron las normas de la Iglesia y esto redundó, no pocas
veces, en desorientación y confusión de los fieles. Sin embargo, el Papa
Juan Pablo II, con motivo de cumplirse los 25 años de la Constitución
Sacrosanctum Concilium decía, "La Constitución Sacrosanctum Concilium
ha reflejado la voz unánime del Colegio Episcopal, reunido en tomo al Sucesor
de Pedro y con la asistencia del Espíritu de la verdad, prometido por el Señor
Jesús. Este documento sigue sosteniendo ala Iglesia en el camino de la
renovación de la santidad fomentando su genuina vida litúrgica. Los
principios enunciados en la Constitución sirven también de orientación para
el futuro de la liturgia, de manera que la reforma litúrgica sea cada vez más
comprendida y realizada. Es, por tanto, muy conveniente y necesario que continúe
poniéndose en practica una nueva e intensa educación, para descubrir
todas las riquezas encerradas en la nueva liturgia" (Vigesimus quintus
annus" no.14). Presidir la Eucaristía es el mis hermoso de los ministerios confiados a los
presbíteros ya que ellos "confeccionan el sacrificio eucarístico en la
persona de Cristo" (LG no.10). El Sacerdote, considerado antes como
"único celebrante", es ahora el que preside una comunidad que
celebra, una comunidad que, como tal, tiene un protagonismo relevante en la
acción litúrgica. Al sacerdote que preside le exige la nueva liturgia tener
en cuenta que "presidir es un arte" y que cada día y cada celebración
deben ir mejorando la calidad de su ministerio presidencial. Por eso, la comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal quiere ofrecer
a los presbíteros, sobre todo, y también a los diáconos y los fieles, este
DIRECTORTO DE LA EUCARISTíA,
que les ayuda a mantenerse fieles al pensamiento que animó la reforma litúrgica.
Así las asambleas litúrgicas, presididas por el sacerdote que actúa
"en la persona de Cristo", celebrará mejor y con más fruto la
Eucaristía por la que "vive y crece la Iglesia". +Fremiot
Torres Oliver Obispo
de Ponce Presidente
de la Comisión Episcopal Puerto
Rico 8 de junio de 1995
|