EXHORTACION PASTORAL DE LOS OBISPOS DE PUERTO RICO A TODOS LOS FIELES CATOLICOS PROCLAMANDO EL AÑO 1996, AÑO DE MARIA

 

Amados hermanos y hermanas en el Señor:

El día 7 de octubre de 1976 los Obispos de Puerto Rico enviaron a los fieles una abarcadora Carta Pastoral sobre MARIA EN EL PLAN DE SALVACION DE DIOS (Cfr. "Maestros y Profetas", pp. 92-131.) La ocasi6n de dicho documento pastoral fue la Coronaci6n de Nuestra Señora de la Providencia como Patrona de Puerto Rico.

  1.  AÑO DE MARIA

Al cabo de 19 años de aquella fecha memorable, la Iglesia se adentra en el solemne “Adviento” de preparación espiritual y eclesial para el Jubileo del año 2000.   Con esta motivación los Obispos de Puerto Rico, conscientes de su misión de guías y padres de nuestra Iglesia, reunidos en Asamblea Anual en el Santuario de la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt en Cabo Rojo, abrimos el pórtico del Trienio Santo. Así proponemos este próximo año 1996, como AÑO DE MARIA. Si, como es deseo de la Iglesia, los años 1997, 1998 y 1999 van a ser, respectivamente Año del Hijo, Año del Espíritu Santo y Año del Padre, este Año de Maria nos preparará para enfocar debidamente los años siguientes, en la línea de la historia de la salvación.

Creemos sinceramente las palabras del Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica "Tertio Millennio Adveniente": "Ella, la Madre del Amor Hermoso, será para los cristianos que se encaminan hacia el gran Jubileo del Tercer Milenio, la Estrella que guía con seguridad sus pasos al encuentro del Señor" (#59).

  2.          OBJETIVOS

En la perspectiva de esta celebración deseamos compartir con todos los fieles nuestra fe en la singular figura de la Madre del Señor, entregada por Jesús a su discípulo predilecto y, por su medio, a todos los creyentes de la Iglesia.   Pretendemos también que una vez más, María sea la Madre que agrupe en caridad y comunión a todos los hijos que buscan sinceramente al Señor.

No pretendemos en esta Exhortación Pastoral repetir el desarrollo y formas de la fe en María, tal como ya se hizo en la citada Carta Pastoral de 1976. Remitimos a ella a cuantos hayan de meditar y exponer con profundidad el misterio de María.

 

I.   LA NUEVA EVANGELIZACION

  3.          MARIA EN NUESTRA CRISTIANIZACION

Hace muy poco recordamos los 500 años del inicio de la evangelización de Puerto Rico; y en esa ocasión nos sentimos poseedores de una rica herencia de fe. Esta fe, acogida en generaciones de puertorriqueños ha producido frutos de santidad. Nuestras comunidades de costa y montaña han conocido hombres y mujeres santos, aunque seamos culpables de no haber recogido su memoria para la posteridad.   Nuestra fe ha sufrido ataques de los mismos hijos de la Iglesia por conductas indignas y por la insuficiente atención pastoral a lo largo de siglos. Ha resistido también en el último siglo el embate de las sectas.

A lo largo de esta empresa de evangelización ha sido central la figura del Señor Jesús presentado y acompañado por su Madre, María. Así lo corroboran catecismos, cartas pastorales, predicaciones y celebraciones marianas que forjaron la entraña de nuestra sociedad. Este eje ha quedado plasmado en los santuarios, denominaciones de capillas, parroquias, pueb­los, etc., y en el amplio tesoro de arte religioso de nuestra Iglesia.

¿Cómo explicar las tradiciones, leyendas y costumbres de pueblos y personas en torno a la Monserrate, Valvanera, la Virgen del Carmen, la Candelaria, la Madre de la Divina Providencia? Las promesas, las cofradías, los santuarios domésticos, los rosarios cantados, las rogativas, las imágenes de María erigidas a la vera de los caminos. etc., son expresiones de esta presencia de María.

 La verdadera y entrañable devoción a María es boy mismo el signo por el que se distingue la fe católica de otras iglesias y formulaciones doctrinales. Con razón nuestras familias requieren que todo católico lleve como prenda aun en su mortaja la corona del Santo Rosario. Es señal de identificación religiosa para vivos y para difuntos.

  4.          NUEVA ETAPA HISTORICA

Los cambios de todo orden que caracterizan la marcha de nuestra sociedad de los últimos años, son leídos en la Iglesia como "signos de los tiempos". Las culturas evolucionan, se masifica la sociedad, se deprecia el valor de la vida y la persona humana, las comunicaciones son instantáneas a nivel mundial, todos los grupos humanos buscan un puesto en la mesa de los bienes materiales y estrenan libertad y autonomía, etc.

No cabe duda de que el post-Concilio y aún más los años 80 y 90 operaron cambios significativos en Puerto Rico. La poderosa influencia de la cultura contemporánea va incidiendo en nuestra actitud social y religiosa de cuño hispánico y católico. Puerto Rico sufre el embate del materialismo, la codicia y la creciente criminalidad y le van envolviendo la ambivalencia y el indiferentismo religiosos por el constante acoso personal y colectivo de las sectas y la mentalidad protestante y atea.

  5.  EL EVANGELIO DE MARIA

Los apóstoles de la nueva evangelización la contemplararán al pie de la cruz de Jesús, asumiendo todo su misterio y destino de salvación. Por encima de todos los valores cambiantes de los hombres, María anuncia la santidad de Dios que escogerá, defenderá y salvará a los pobres, a los jóvenes expuestos y a los que, hastiados de la vaciedad del mundo, busquen el rostro y la voluntad de Dios. María, al pie de la cruz y en Pentecostés, moldea y forma al nuevo evangelizador. "María medita en su corazón" los acontecimientos del Salvador y "proclama la misericordia prometida por Dios a Abraham y su descendencia" (cfr. Luc. 2, 51; 1,55).

  6.          TODOS EVANGELIZADORES

María, la humilde mujer de Nazareth, promovida a vivir y a colaborar en la obra de la salvación de los hombres, es un reclamo para todos los bautizados a asumir su propio rol de evangelizadores: laicos, Religiosos y Sacerdotes, cada uno según su carisma. La evangelización al estilo de la Madre del Señor, pide, según la ocasión, callar, aportar el ejemplo de vida, envolverse en las obras de caridad, en el liderato cristiano con tareas seculares y profesionales, en la oración, en el sufrimiento y la soledad, en todas las formas de apostolado a nivel individual y organizado, etc.

  7.          EVANGELIZACION, HOY

El evangelizador de nuestros días proclama la salvación, con la oferta permanente de Dios a los hijos de nuestra sociedad. El nuevo evangelizador es testigo de esta salvación por su experiencia personal y colectiva; y proclama un mensaje eficaz de liberación y promoción personal y social del hombre de hoy.

Nuestro pueblo, apoyado en María, Reina de la nueva Evangelización, necesita:  

- oír y sentir el amor que Dios le tiene y su destino a la salvación;

- ver la obra redentora de Cristo que aceptó la muerte por la salvación del pueblo;

- saber que Cristo resucitó e instauró la nueva vida, dando opción al que acepte la fe, para ser nueva persona forjada en justicia y santidad;

- solidarizarse en la aventura humana, para que a través de una vida terrena marcada por la fraternidad y la justicia, todos los hombres alcancen los cielos nuevos y la tierra nueva;

- convencerse de que Cristo ha establecido sobre sí mismo (que es la piedra angular) y sobre la fundamentación de los Apóstoles, la única Iglesia, signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y consigo mismos;

- ofrecer, como señal de la fuerza de la Resurrección, el ejemplo de la caridad recíproca al estilo de Cristo que por nosotros murió en la cruz.

 

II.          MARIA, MODELO Y RECLAMO DE SANTIDAD

  8.          SANTIDAD DE MARIA 

"Todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a la grey son llamados a la santidad" (LG. #39). El llamamiento de la Iglesia para la preparación y celebración del Jubileo del año 2000, intenta en primer lugar este objetivo.

Desde este punto de nuestra peregrinación nos proponemos ante los ojos el modelo de santidad de María como la Madre del Señor.

El ángel la reconoce por "la llena de gracia" (Lc. 1, 28). Es la que "ha creído lo que le ha dicho el Señor" y es "bendita entre todas las mujeres" (Lc. 1, 42,45). Es la esclava del Señor" a quien "el Espíritu Santo cubre con su sombra" de divinidad (Lc. 1, 35, 38). Su plenitud de gracia desde este primer momento de la presencia del Verbo encarnado sigue el proceso semejante al crecimiento en sabiduría y gracia del Hijo de Dios. En los momentos decisivos de su acompañamiento a Jesús la encontrará en la misma actitud de obediencia, de maduración en el proyecto de Dios y fidelidad a los desafíos de cada paso.

9.  SANTIDAD CRISTIANA

El sublime ideal de la purificación espiritual y el crecimiento en la vida de Cristo es tan actual como que es la sustancia de la personalidad cristiana. Las figuras de los santos, y especialmente de la Reina de todos los Santos, es un continuo desafío a todo creyente. Necesitamos acompañar a nuestro pueblo, educar a nuestros niños, ilusionar a nuestros jóvenes, acompañar a los espesos y padres cristianos, a cuantos sufren por ancianidad y por el peso de la cruz, hacia la meta tan fascinante como exigente de la santidad.

Siempre es oportuno recordar a nuestros sacerdotes, diáconos y seminaristas el máximo compromiso del sacramento del Orden y de los misterios que administran. Especialmente el mundo y la Iglesia esperan de las personas de vida consagrada un testimonio de santidad, ejemplaridad de virtudes y testimonio de cuán fuerte es "el amor de Dios derramado a nuestros corazones por el Espíritu Santo que Se nos ha dado" (Rom. 5,5).

¿Acaso no es éste el momento apremiante de preparar y pedir a Dios mayor abundancia de directores de conciencia, "padres espirituales" que con sabios consejos y su ejemplo de vida nos estimulen, disciernan y acompañen en los caminos ascéticos y místicos del crecimiento espiritual'? Es un vacío que sienten tantos fieles tentados de acudir a sicólogos (que no abarcan la plenitud de la persona), u otros consejeros o síquicos.

La lucha por la adquisición, valoración y dinámica de la vida de gracia santificante ha sido uno de los pilares de los Ejercicios Espirituales Ignacianos, Cursillos de Cristiandad, Retiros de Juan XXIII, Retiros Básicos de Renovación Carismática, Retiros de los Hermanos Cheos, etc. y de sus programas de mantenimiento y perseverancia ulteriores. La celebración del Año de María ha de renovar "la mística" de la vida en gracia, el crecimiento en la santidad. Se lo proponemos especialmente a conferenciantes, directores y líderes del apostolado seglar. Que María Santísima con su fidelidad a la luz y fuerza del Espíritu Santo ayude a sus hijos a caminar tras el perfume y la gloria de la Madre.

 

III.          MARIA, MADRE  

10. LA ENCARNACION

El Evangeho y los Hechos de los Apóstoles llaman a María "la Madre de mi Señor", "la Madre de Jesús" (Cfr. Lc. 1, 43, Act. 1,14). El Concilio de Efeso recoge en el siglo IV el sentir de la Iglesia, la entronca con madurez teol6gica en la rnisi6n de Cristo y la define como "la Madre de Dios" (Theotokos). Y es que la misión de Maternidad divina motiva su Inmaculada Concepción y todos los pasos y presencia de Dios en su vida. Concebir por obra del Espíritu Santo al Hijo de Dios, darlo a luz, dedicar a su crecimiento y misión su persona con la intensidad de su espíritu y su capacidad física subliman y absorben la existencia de María.

 

11.          MARIA EN LA OBRA DE LA REDENCION 

Esta encomienda de Dios a Maria alcanza una dimensión extraordinaria, cuando comparte con el Hijo de Dios la obra máxima de la redenci6n de los hombres. El martirio de corazón de Maria se identifica, en dimensión humana, con la Pasión, Muerte y Resurrecci6n de Jesús. Esta asociaci6n redentora se manifiesta especialmente cuando el Hijo de Dios entrega a su cuidado maternal a aquellos mismos por los que El moría en la cruz. Y "desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa" (Jn. 19, 27), y María acogi6 en su coraz6n a todos los discípulos que a través de los siglos habían de creer en su Hijo.

 

12.          UNIDOS A MARIA  

Estas son iluminaciones teológicas que tantos cristianos sencillos han vivido con igual sublimidad en su confianza y docilidad espiritual a la Madre de todos los hombres. ¡Qué lindamente han resonado en los corazones de tantos hijos de nuestra tierra aquellas palabras de María al Beato Juan Diego en Guadalupe: "¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás tú por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester?"

Estos sentimientos se han traducido entre nosotros a nombres como la Virgen de la Monserrate, Virgen del Carmen, Ntra. Sra. de la Divina Providencia, etc, y han reflejado la fe en la Madre de Jesucristo en su función de maternidad. A su amparo han nacido espritualmente y crecido Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y Religiosas y tantos laicos servidores de Dios. En la familia, en los barrios, y los mas remotos sectores han rezado y enseñado a rezar el rosario, a cantarlo a hacer promesas, a encomendar a Ella los afanes y angustias de la vida y el alma en la hora de la muerte.

Proclamada como Patrona de Puerto Rico, hoy invocamos a Maria como Madre de la Divina Providencia. Su nombre tiene resonancias de mediación ante el Dios Poderoso cuya bondad dispone todo sabiamente y atiende las necesidades materiales y espirituales de sus hijos. ¿Qué cuadro mejor para entender su mensaje que el primer signo que hizo Jesús para que creyeran en El:  las Bodas de Cana?

Nuestra Iglesia puertorriqueña se siente llamada a renovar en fa­milia sus vínculos con la Madre del Señor y sus vínculos como hermanos. Que la Virgen Santísima sea expuesta en doctrina y en veneraci6n dentro del contexto de Cristo, Sumo y Unico Mediador entre Dios y los hombres.

Así también sea Ella contemplada y amada como miembro insigne de la Iglesia, primera redimida por Cristo, figura de su destino escatológico, Madre de Pastores y fieles de la Iglesia y venerada a través de los siglos en la Liturgia de Oriente y Occidente.

El recuerdo de María, madre de nuestra familia creyente, nos pone ante los ojos nuestra relación de hermanos. Estamos dando los pasos inmediatos de la gran peregrinación de la Iglesia hacia el Jubileo del año 2000, pero no podremos presentarnos ante el Señor divididos y enojados. Invitamos, pues, a todos los hijos de la Iglesia a superar toda quiebra de afecto, justicia, doctrina moral y dogmática o comunión eclesial.

 

14.          RECONCILIACION EN EL AÑO DE MARIA

Invitamos a acogernos mutuamente con todas las diferencias, sensibilidades y deficiencias. Que nuestra fraternidad está siempre bien patente para que aquel, que erró o se descarrió, sepa que su comunidad de fe le llama, le espera y lo acogerá siempre con calor.

Que nuestro amor fraterno nos lleve sin descanso a la búsqueda y redención de los que Satanás ha engañado y esclavizado en los vicios y en la indiferencia. ¿Podemos acaso celebrar sin inquietud la Eucaristía, sabiendo que muchos hermanos la desconocen y están ausentes porque nadie los buscó y amó?

O ¿podemos invocar con sinceridad a María, sin abrir los brazos al mismo tiempo a aquellos hermanos que, en su afán de valorar y secundar presuntas "apariciones y mensajes de María" en distintos lugares se han manifestado en los últimos anos al margen de los deseos de la Jerarquía? Entendemos que muchos han caminado en buena voluntad. Los Obispos de Puerto Rico ofrecemos a todos ellos un cordial abrazo de reconciliación y comunión eclesial en el amor de nuestra Madre, la Virgen Maria. Y a quienes un dia se sintieron desprovistos del afecto de sus Pastores, les reiteramos nuestra solicitud paternal y ofrecemos dialogo y atención pastoral.

Quisiéramos invitar también a nuestra fraternidad a todos aquellos hermanos que, arrastrados por la presión de la mentalidad hedonista y materialista, pretenden a veces compaginar su identidad de católicos con toma de posturas morales ajenas a nuestra fe. El relativismo e individualismo doctrinal son incompatibles con el Magisterio con que Cristo dotó a su Iglesia. Nuevamente ofrecemos a Sacerdotes, Religiosos, y fieles la Exhortación Pastoral "LA VIDA CRISTIANA, TESTIMONIO DE FE EN CRISTO", que hace un año les dirigimos y cuya lectura y difusión sigue siendo necesaria y urgente. Pensamos que su estudio y explicación puede ser de gran utilidad para la purificación moral y el testimonio cristiano de los católicos.

Queremos, pues, hermanos, comenzar nuestro camino al Jubileo integrados en una Iglesia plenamente reconciliada, bien clara y consciente de lo que cree, recibe, espera y celebra como fruto del común afecto que María, nuestra Madre, siembra en nuestros corazones.

 

IV.  AL CIELO CON MARIA

15. LA RUTA DEFINITIVA

Iniciamos el recorrido al Jubileo del Año 2000, con la conciencia de la definitiva peregrinación que nos lleva al cielo. Y "así en la tierra María antecede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y consuelo" (LG. #68). Su vida y, especialmente su Asunción en cuerpo y alma al cielo, inspira esperanza a los fieles que sufren las angustias y penas en este valle de lágrimas. Ensalzada a la gloria, no se olvida de sus hijos, sino que nos ampara y acompaña nuestros pasos, mientras nos vincula también con nuestros hermanos los santos. Con ellos María es Reina de Todos los Santos. Y nos estimula a culminar en el cielo la familia que Ella unió y socorrió en la tierra.

16. UNA IGLESIA RENOVADA

Como Pastores de la Iglesia, quisiéramos acercamos en este Año a cada uno de los ancianos, enfermos, trabajadores, abandonados, a cada uno de los que han perdido la fe, los que se debaten en lucha frente a los vicios, de los que sufren en cárceles.

Muy particularmente saludamos a nuestros Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y Religiosas y apóstoles seglares y deseamos entregarles la imagen de Maria, para que se consuelen, para que escuchen la Palabra de Dios, la vivan y anuncien al estilo de María.

Las vivencias de todos estos hermanos en la fe penen a la vista la imagen de una Iglesia en proceso de renovaci6n. Es la Iglesia animada, como Maria por el Espíritu Santo. acercándose a cada creyente para comunicarle un aliento de empuje vital, de renovada juventud.

Al amparo de Maria nuestra Iglesia desea alcanzar una línea comunitaria y participativa donde se honren los carismas de cada uno, donde nos complementemos mutuamente en una comuni6n de fe, lucha y esperanzas.

Frente a un mundo convulso, insolidario, frustrado porque sus avances técnicos le siguen negando la felicidad, nuestra Iglesia sigue siendo luz del mundo, sal de la tierra, y fermento en la mesa, porque, con el amor de Cristo, los hermanos nos queremos, nos honramos, perdonamos y nos servimos al amparo de la común Madre, María.

 

V. SUGERENCIAS PASTORALES

1. El Año de Maria, Madre de la Iglesia, se iniciará en cada Diócesis bajo la guía de su Obispo, Presbiterio y Consejo Pastoral.

2. Se sugieren diversidad de actividades evangelizadoras, misiones, novenas, conferencias, programas de formaci6n permanente de sacerdotes y laicos, cursos de Mariología para seglares, difusión y exposición del Catecismo de María por los diversos canales de comunicación social, especialmente por las radios que opera la Iglesia y el canal 13 de la Arquidiócesis de San Juan. Cada Diócesis estructurara su propio plan.

3. La figura de Maria ha de ser propuesta prioritariamente en las actividades de formación y mantenimiento de los Movimientos Apostólicos.

4. Se sugieren peregrinaciones a los diversos Santuarios de cada Diócesis. Merecen particular énfasis las peregrinaciones a los Santuarios de la Virgen de la Monserrate en Hormigueros y de Nuestra Señora de la Divina Providencia en Cupey, por su espe­cial significación histórica para toda la Isla. Las peregrinaciones han de ser previamente preparadas con días de purificación y mentalización, incluyendo recolección de donativos penitenciales para los centros asistenciales de la Iglesia. Los Santuarios han de dotarse con personal de sacerdotes y asistentes necesarios para la celebraci6n de la Eucaristía, la administración de los demás sacramentos y otras atenciones a los peregrinos.

5. Han de promocionarse toda suerte de celebraciones a nivel de Diócesis, Vicarías o Decanatos, Parroquias, Barrios y Sectores, enseñando a meditar y rezar particularmente el Santo Rosario. Pueden tener particular significado la Fiesta de la Luz en la Candelaria, (2 de febrero), final de mayo y dentro del mes de octubre, la Fiesta del Carmen y la de la Natividad de María (8 de septiembre) y otras advocaciones en Santuarios de cada Diócesis.

6. Para la Clausura del Año se organizará la gran Peregrinación Nacional al Santuario de Nuestra Señora de la Divina Providencia el martes 19 de noviembre de 1996.

7. Se propone que, además de las visitas de Maria a las Parroquias de cada Diócesis, la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia visite las cinco Diócesis con un calendario apropiado, concluyendo en la Peregrinación del 9 de noviembre.

Dado en el Santuario de Maria Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt, Cabo Rojo, Puerto Rico, 30 de noviembre de 1995.

SIGLAS DE LOS DOCUMENTOS

La Celebración  Departamento de Liturgia del CELAM, La Celebración de la Eucaristía, según el misal de Paulo VI, Bogotá: Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM, 1 989.

CEP   "Carta Pastoral de la Conferencia de Obispos de Puerto Rico en tomo a la Música Sagrada", 9 de septiembre de 1980.

CO   Ceremonial de los Obispos, CELAM.

DMN   Directorio para las misas con niños, 1 de noviembre de 1973.

DVen.   Directorio de Venezuela.

EM   S. Congr. de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, del 25 de mayo de 1967.

MS   "Musicam sacram", Instrucción del Papa Pablo VI, 5 de marzo de 1967.

OLM   La segunda edición típica del Ordo lectionum Missae, de 21 de enero de 1981.

OGMR                              Ordenación General del Misal Romano.

PO                                     "Presbyterorum Ordinis", Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros del  Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965.

SC                                   "Sacrosanctum Concilium", Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio  Vaticano II, 4 dc diciembre de 1963.

TLS                                "Tra le sollecitudini", Motu proprio del Papa San Pío X, 22 de noviembre de 1903.

 

PRESENTACION

Estamos, en este año de 1995, en plena celebración de las bodas de plata del Misal Romano, llamado con cierta justicia el Misal de Pablo VI, ya que con su autoridad se publicaba el Misal según los decretos del Concilio Vaticano II. En el año 1974 se publica el "Ritual de la Sda. Comunión y del Culto a la Eucaristía fuera de la Misa", que completaba así la renovación del Sacramento de la Eucaristía.

En estos Años de postconcilio muchos han sido los frutos espirituales derivados de la renovación conciliar de la Liturgia, sobre todo en lo referente al Santísimo Sacramento aunque también es justo confesar, que no siempre se cumplieron las normas de la Iglesia y esto redundó, no pocas veces, en desorientación y confusión de los fieles. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II, con motivo de cumplirse los 25 años de la Constitución Sacrosanctum Concilium decía, "La Constitución Sacrosanctum Concilium ha reflejado la voz unánime del Colegio Episcopal, reunido en tomo al Sucesor de Pedro y con la asistencia del Espíritu de la verdad, prometido por el Señor Jesús. Este documento sigue sosteniendo ala Iglesia en el camino de la renovación de la santidad fomentando su genuina vida litúrgica. Los principios enunciados en la Constitución sirven también de orientación para el futuro de la liturgia, de manera que la reforma litúrgica sea cada vez más comprendida y realizada. Es, por tanto, muy conveniente y necesario que continúe poniéndose en practica una nueva e intensa educación, para descubrir todas las riquezas encerradas en la nueva liturgia" (Vigesimus quintus annus" no.14).

Presidir la Eucaristía es el mis hermoso de los ministerios confiados a los presbíteros ya que ellos "confeccionan el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo" (LG no.10). El Sacerdote, considerado antes como "único celebrante", es ahora el que preside una comunidad que celebra, una comunidad que, como tal, tiene un protagonismo relevante en la acción litúrgica. Al sacerdote que preside le exige la nueva liturgia tener en cuenta que "presidir es un arte" y que cada día y cada celebración deben ir mejorando la calidad de su ministerio presidencial.

Por eso, la comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal quiere ofrecer a los presbíteros, sobre todo, y también a los diáconos y los fieles, este DIRECTORTO DE LA EUCARISTíA, que les ayuda a mantenerse fieles al pensamiento que animó la reforma litúrgica. Así las asambleas litúrgicas, presididas por el sacerdote que actúa "en la persona de Cristo", celebrará mejor y con más fruto la Eucaristía por la que "vive y crece la Iglesia".

+Fremiot Torres Oliver

Obispo de Ponce

Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica

Puerto Rico

8 de junio de 1995