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Reflexiones
pastorales con motivo del V Centenario de
la Evangelización de Puerto Rico I.
PROPOSITO La Iglesia Católica, bajo la guía del Papa Juan Pablo II
se suma gozoza y responsablemente a las celebraciones del V Centenario del
Descubrimiento de América. Pero lo hace desde su perspectiva pastoral: con
clara conciencia de lo que fue y debe seguir siendo la "evangelización,"
propiciada y consecuente al hecho histórico del Descubrimiento. "Lo que
la Iglesia celebra en esta conmemoración, ha dicho Juan Pablo II, no son
acontecimientos históricos más o menos discutibles, sino una realidad espléndida
y permanente que no se puede subestimar: la llegada de la fe, la proclamación
y difusión del mensaje evangélico" al Nuevo Mundo”1. Es
decir, no conmemora los acontecimientos históricos en sí, a los que en ningún
modo quita su valor ni aminora su alcance, sino el acontecimiento salvífico.
Celebra, y continua a Cristo en América, dándole a este hecho-a esta
presencia- pleno sentido teológico y litúrgico, y reflexionando sobre los
retos y problemas actuales para proyectarse a lo que Juan Pablo II ha
calificado 'proféticamente' de nueva evangelización,2 aventura
urgente ya, cuando la humanidad se halla expectante del tercer milenio
cristiano. La
Iglesia, por tanto, reconoce que "la conmemoración del V Centenario es
ocasión propiciara un estudio histórico riguroso y ecuánime y para un
balance objetivo de aquella empresa singular, que debe ser considerada en la
perspectiva de su tiempo y con una clara conciencia eclesial."3 Y,
en la medida de sus estructuras dinámicas, está promoviendo el estudio científico
de aquel hecho que fue tan decisivo en la historia humana y la abrió a la
Edad Moderna. Pero,
lectora de los signos de los tiempos y de las rápidas transformaciones y
cambios profundos del mundo contemporáneo,4 quiere prepararse
también para responder a los retos que esos cambios, a veces perturbadores,
propician, y preparar los caminos de la nueva evangelización En sintonía,
pues, con las directrices de Juan Pablo II, la Conferencia Episcopal
Puertorriqueña (CEP) hace las reflexiones que van a continuación sobre el V
Centenario desde la propia perspectiva. 2. PUNTO DE PARTIDA Tomemos
como lema o punto de partida los pasajes en que Cristo, En
efecto, Jesús, enviado del Padre a liberar a los hombres del pecado y a
anunciarles la "Buena Nueva,"5 dijo que su Evangelio
seria predicado en todo el orbe,8 a todas las naciones.7 Y
al enviar a los Apóstoles a cumplir esa misión les mandó "enseñar a
todas las gentes,"8 "predicar el Evangelio a toda la
creación.”9 El
despliegue, pues, de la Iglesia primitiva se inicia bajo el impulso divino de
ese mandato, según nos relatan los Hechos, en los que San Lucas recogió el
momento supremo del mandato de la evangelización y la exigencia de testimonio
y de universalidad que lo debe acompañar: "Seréis mis testigos... hasta
el último confín de la tierra.”10 La
Iglesia, por tanto, nació como sacramento de evangelización, precisamente
porque es "sacramento universal de salvación"11 y porque
realiza esa tarea salvadora 'anunciando' a todo el mundo el Evangelio de
Cristo y responsabilizando en ella a todos los bautizados.12 ‘colaborando'
con los Apóstoles y sus sucesores, los obispos, a quienes "el Señor Jesús
eligió para enviarlos a predicar el reino de Dios" y apacentar y regir
su Iglesia.13 El carácter radicalmente evangelizador de la Iglesia
ha sido gozosamente reafirmado por el Concilio Vaticano II y explicado por el
magisterio de Pablo VI en su Exhortación Apost6lica Evangelii nuntiandi (1975)
y por Juan Pablo II en su encíclica
Redemptoris Missio (1991). "Evangelizar,
según Pablo VI, significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los
ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar
a la misma humanidad: he aquí que hago nuevas todas las cosas (Apoc
21, 5). Pero la verdad es que no hay humanidad nueva Si no hay en primer lugar
hombres
nuevos, con
la novedad del bautismo y de la vida según el Evangeho (cf. Rom 6,4). La
finalidad de la evangelización es, por consiguiente, este cambio
interior."'4 "Con
el mensaje evangélico, explica Juan Pablo II, la Iglesia ofrece una fuerza
liberadora y promotora de desarrollo, precisamente porque lleva la conversión
del corazón y de la mentalidad, ayuda a reconocer la dignidad de cada
persona; dispone a la solidaridad, al compromiso, al servicio de los hermanos;
inserta al hombre en el proyecto de Dios, que es la construcción del Reino de
paz y de justicia, a partir ya de esta vida .[....]. El desarrollo del hombre
viene de Dios, del modelo de Jesús, Dios y hombre, y debe llevar a Dios. De
ahí por qué entre el anuncio evangélico y la promoción del hombre hay una
estrecha conexión."15 Es la
conexión que con tan estimulante clarividencia cristológica expuso el
Concilio Vaticano II al auscultar los problemas del mundo contemporáneo,
solidarizándose con todo 'el género humano y su historia' y proponiendo
soluciones que ella saca del arca de la revelación divina: "En El gran
'evangelizador' de los gentiles, San Pablo, esculpió su vivencia personal en
f6rmulas lapidarias: 1) la misión fundamental de la Iglesia consiste en
"evangelizar a Cristo."17 2) los apóstoles-los de ayer y
los de hoy- 'son agentes de Dios" que llevan y reparten el Evangeho por
el mundo.18 3) "¡ay de mí si no evangelizare!"19 En suma:
el anuncio
profético de Cristo -el Evangelio será predicado en todo el orbe-se elevó a mandato
primordial a los Apóstoles -id, pues, enseñad a todas las gentes, predicad el
Evangelio a toda criatura-y en quehacer fundamental de la Iglesia, en su vocación
propia. La evangelización constituye la nusi6n esencial de la Iglesia,
repite, con dramático y acerado acento Pablo VI en la Evangelii
nuntiandi, es
su gozo y su ministerio, su "identidad más profunda," existe para
evangelizar, para ser canal-sacramento-de la gracia redentora de Cristo. para
reconciliar a los hombres con Dios, para "perpetuar el sacrificio de
Cristo," para predicar y enseñar a vivir el Evangelio.20 Las
reflexiones que a continuación hacemos al filo de la historia humana. con
ocasión del V Centenario del descubrimiento y Evangelización del Nuevo
mundo, parten de las anteriores premisas bíblico-eclesiológicas y en ellas
se engastan. 3. LA EVANGELIZACION DEL NUEVO
MUNDO A través
de un prisma histórico del cumplimiento del mandato de Cristo-id,
pues, predicad el Evangelio a toda criatura,- es obvio que la
evangelización apostólica se contuvo en los límites geográficos del mundo
entonces conocido. San Pablo expresó su deseo y parece ser que tuvo
oportunidad de realizarlo-de 'predicar el Evangelio' en España, considerada
entonces como "confin de la tierra" (Finis terrae). Bajo este aspecto, el descubrimiento de América en 1492
ensanch6 las fronteras del mundo, y abrió inmensos horizontes a la
evangelización, haciendo posible, por así decirlo, que se cumpliese "a
cabalidad" el anuncio y el mandato de Cristo: la predicación del
Evangeho "hasta el confin de la tierra." La
Iglesia, fiel a su identidad y a su vocación, no desaprovechó la ocasión
que el hecho histórico del Descubrimiento de un Novus
Orbis le
brindaba. En
los
escritos de Cristobal Colón, realizador de la hazaña, late y aflora este
gozo de la inminente posibilidad de una nueva difusión del Evangelio y de
haber hallado "la tierra nueva y el nuevo cielo "del que
habla el Apocalipsis.22 En clave apocalíptica gozosa vio también
el famoso Fray Bartolomé de las Casas el Descubrimiento del Nuevo Mundo: por
él, escribe, abri6 Dios "el camino para el principio de la última
predicación del Evangelio en lo
último ya del mundo.’23 Los
primeros historiadores y cronistas de Indias, y más aún los primeros
evangelizadores, fueron sensibles a esta singular y providencial oportunidad
del Evangelio y la interpretaron como designio de Dios para "dilatar su
santa Iglesia." Una fértil antología se puede reunir con los
testimonios de esas historias y crónicas. Y es de justicia recordar el alto
valor que, en orden a la evangelización del Novus Orbis, tuvieron
las condicionantes 'donaciones' que. en virtud de la teocracia pontificia
entonces indiscusa, otorgó a los Reyes Católicos el Papa Alejandro VI. Por
su parte, los Reyes Católicos aceptaron y se esforzaron en cumplir esas
condiciones, teniendo a gala el haberlas asumido y responsabilizándose con
ellas. El codicilo del testamento de la Reina Isabel es en extremo elocuente,
y marca, por así decirlo, toda la epopeya evangelizadora del Nuevo Mundo.
continuación a gran escala de la que se llevó a cabo en la Iglesia de los
primeros siglos cristianos. Es conmovedor, además de aleccionador, releer el
pasaje del testamento de la Reina Isabel: "Por
cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las
Islas y Tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, nuestra
principal intención fue [...] procurar inducir y traer los pueblos de ellas y
convertirlos a nuestra Santa fe católica, y enviar a las dichas islas y
tierra firme prelados y religiosos y clérigos y otras personas Por ende,
suplico al Rey mi señor, y encargo y mando a la Princesa, mi hija, y al Príncipe,
su marido, que así lo hagan y cumplan y que este sea su principal fin, y que
en ello pongan mucha diligencia."24 No
necesitó espuelas el Rey, que demostró siempre, al igual que la Reina, una
viva preocupación por cumplir la palabra empeñada: "mi principal
deseo-dec1aró en unas instrucciones dadas en 1509 a don Diego Colón, hijo de
Cristobal Colón-siempre ha sido y es, en estas cos as de las Indias, que los
indios se conviertan a nuestra santa fe católica [...].
Por tanto, tendréis muy gran cuidado cómo [...] las personas
religiosas [...] los instruyen e informen en las cosas de nuestra santa fe
cat6lica con mucho amor, para que los que se han convertido ya a nuestra santa
fe perseveren en ella y sirvan a Dios como buenos cristianos, y los que no se
hubieren convertido hasta ahora, se conviertan lo más presto que se pueda. Y
debéis mandar que en cada poblaci6n haya una persona eclesiástica cual
convenga, para que esta persona tenga cuidado de procurar c6mo sean bien
tratados, según lo tenemos mandado, y que tenga asimismo especial cuidado de
enseñarles las cosas de la fe: y a esta persona mandaréis hacer una casa
cerca de la Iglesia, donde habéis de mandar se junten todos los niños de la
tal población para que allí les enseñe las cosas de nuestra santa fe."25 La instrucción
de
Fernando el Católico es una real orden, que pasará a las primeras "Leyes
de
Indias (1512), que aluden expresamente a la voluntad de la "serenísima
Reina Doña Isabel,"28 y se inculcará a los oficiales reales
que se ocupan de la organización de las distintas regiones antillanas. El análisis
de esos textos pone en evidencia la responsabilidad evangelizadora de los
Reyes Católicos y el alto sentido 'misional"27 que anima la
Ley. Por eso un i1ustre historiador del derecho
indiano ha
podido
escribir que "la conversión de los indios a la fe de Cristo y la defensa
de la religión católica en estos territorios fue una de las preocupaciones
primordiales de la política colonizadora de los monarcas españoles."28 Por otra parte, los compromisos, vigorizados por las leyes, se fueron poniendo en práctica ya en 1493, en el Segundo viaje de Colón, pues en él pasó una copiosa leva de misioneros o evangelizadores, dirigida por Bernado Boil. El despliegue será lento, sobre todo por la dificultad de comunicación idiomática e ideológica, teniendo que recurrir a los pictogramas, y a otros recursos: pero pronto los misioneros aprenden las lenguas indígenas, y se organiza, Según mandan las instrucciones, una catequesis formal, con casa propia, que se llamaban casas de la doctrina. La El primer
período de la evangelización del Nuevo Mundo se puede decir que se cierra en
1516, con la muerte de Femando el Católico. Y se abre uno nuevo, que va a
seguir la misma trayectoria, pero ensanchándola y difundiéndola a lo largo y
a lo ancho del Continente o, como entonces se decía, la tierra firme. Juan
Pablo II ha entonado un cántico de alabanza y admiración a los
evangelizadores del Nuevo Mundo: "¡Qué
profundo estupor produce todavía hoy la gesta de aquellos mensajeros de la
fe! Siendo pocos para tan inmenso
territorio, sin los medios modernos de transporte y comunicación, con pocos
recursos médicos, van cruzando imponentes cordilleras, ríos, selvas, tierras
áridas e inhóspitas, planicies pantanosas y altiplanos que van del Colorado
y la Florida a México y Canadá: de las cuencas del Orinoco y del Magdalena
al Amazonas; de la Pampa al Arauco! Una verdadera epopeya de fe, de servicio a
la evangelización. de confianza en la fuerza de la Cruz de Cristo!'~ Al
celebrarse el IV Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América,
León XIII 'conmemoró la extraordinaria labor evangelizadora, labor que ha
dado sentido y estilo a este Nuevo Mundo. Pocos años después, en 1899, se
celebró en Roma el Concilio Plenario de América, y proclamó que, gracias a
ese fecundo y abnegado apostolado, "toda nuestra América nació para
Cristo y para su Iglesia."30 Es lo
que, con especial énfasis, subrayó Puebla '79: "Nuestro radical
substrato católico con sus vitales formas vigentes de religiosidad, fue
establecido y dinamizado por una vasta legión misionera de obispos,
religiosos y laicos."31 Recientemente,
los obispos de Estados Unidos recordaban que la evangelización ha desempeñado
una función crucial en la configuración del país.32 De modo
semejante y aun unísono a nuestros hermanos en el episcopado queremos
reconocer y glosar a continuación, después de habernos referido a los
fundamentos bíblico-teológicos y al proceso histórico de la evangelización
de América-- "una de las páginas más bellas en toda la historia"
de la Iglesia33-a Puerto Rico. 4. LA EVANGELIZACION DE PUERTO RICO Dentro
del proceso de evangelización de América hay que subrayar la temprana erección
de 'Iglesias particulares' o diócesis y el espectacular Este
primado, incontrovertible, suelen o desconocerlo o pasar por él como por
ascuas o contarlo con sordina los historiadores de la Iglesia de América. Y
es justo, y oportuno, recordarlo, porque es un honor para la antigua
Borinquen, que tiene a gala ese primado, como también el nombre precursor de
San Juan Bautista. Algunos
opinan que la creación de la di6cesis fue prematura, pues se hace cuando la
organización civil y la evangelización de la Isla estaban aun en ciernes.36
Pero ello no cambia la realidad histórica: lo único que resalta es la
voluntad decidida del Rey Cat6lico, que sentía especialísima predilección
por Puerto Rico, y se había interesado en su evangelización,37 y
quiso honrarla con una 'catedral' o sede episcopal. Y si algo más queremos
ver en la 'gracia y merced' de la diócesis, es de presumir que la recién
nacida Iglesia de Puerto Rico tendrá una infancia dura o, para usar un epíteto
más veraz, heroica. Por otro lado, don Alonso Manso, primer obispo de América,
apacentó su grey luengos años (+21 de septiembre de 1539). Desde 1512 hasta
el presente, la Iglesia de Puerto Rico tuvo, salvo los intervalos de las
sedevacancias, pastores que la han regido con 'cayado corvo', según la
expresión que don Juan Alejo Arizmendi usó, y con generoso y amoroso
servicio. En conjunto, el ministerio del episcopado ray6 en ci heroísmo,
debido a la vastísima extensión de la diócesis y a las dificultades de la
visita pastoral. Es
impresionante el territorio que llegó a tener la diócesis por anexión
o
encomienda. Al erigirse no se había advertido su relativa pequeñez geofísica.
El primer obispo don Alonso Manso, conocedor de la territorialidad de la diócesis
y de su escasa población, pidió la anexión de las islas vecinas, con la
promesa de 'evangelizarlas."38 La petición no sólo fue
escuchada, sino que se 'alargó' a todo el Oriente de Venezuela. Los obispos
de Puerto Rico estaban obligados a 'evangelizar' y 'visitar' los anexos, como
se llamaba a aquel inmenso territorio, hasta que en 1790 se desgajó para
erigir en él la diócesis de Guayana.39 Por eso se buscaron
candidatos peculiarmente idóneos para la dura tarea: "conviene que (el
candidato) sea La dureza
de la visita pastoral de los anexos puede medirse por la que conllevaba la
visita del territorio borinqueño: las penalidades de los viajes y las
incomodidades de estancia las 'describen' algunas cartas de los protagonistas,
y las rubrican la muerte en el camino de dos preciaras figuras de nuestro
Episcopologio: don Juan Alejo de Arizmendi y Fray Pablo Benigno Carrión. El heroísmo
fue también una constante histórica de la diócesis en áreas concretas,
como las de la educación, la beneficencia y la reforma de costumbres: la acción
de muchos obispos en estos campos entra también en la "zona de lo
heroico."42 La evangelización tenía un precioso instrumento
en la catequesis.
En
ella "apostolearon" numerosos laicos, obviamente los c1éngos y casi
todos los obispos se preocuparon de organizarla. Es grato recordar dos
catecismos, hoy testigos mudos de aquel instrumental de la evangelización,
redactados por fray Martín Vázquez de Arce en y para los anexos, y el que
fray Damián López de Haro insertó en las constituciones
sinodales, que
han servido de
estatuto
de la diócesis durante varios siglos. Vázquez
de Arce, "maestro en teología," promulgó en 1604, en la
Isla Margarita, un código, que se abre por el siguiente prólogo: "Siendo el primer y principal cuidado dcl oficio pastoral atender a que se
conserve la integridad y sinceridad de la fe católica, principio de
nucstrajustificaci6n, raíz de las virtudes y de todo merecimiento y
fundamento de todo espiritual edificio, justo es lo sea de estas ordenaciones,
dándoles principio con el Catecismo y Doctrina cristiana que todos los fieles deben saber, poniéndoles delante
este escudo de la fe, sin la cual, como dice el apóstol San Pablo, es
imposible agradar a Dios (Hebr 11,5-6), y así nos llamamos no sabios o filósofos,
sino fieles, cuya voz es creo."43 El prólogo es, sin duda, de
alta teología, pero a continuación la prosa en extremo sencilla y popular. López de
Haro, también "maestro en teología," redactó y publicó las Constituciones
del
Sínodo diocesano celebrado en 1645. En ellas inserta un
catecismo
más extenso, pero igualmente práctico, que el de Vázquez de Arce. "Todo
fiel cristiano-dice la constitución primera- es obligado a saber, creer y
confesar nuestra santa fe católica, aunque sea en peligro evidente de la
vida. Sin noticia y confesi6n de fe, ninguno puede agradar a Dios, ni
salvarse. Por esta causa los Santos Padres en los Sínodos universales y
particulares procuraron en primer lugar establecer la doctrina cristiana, con
todas las cosas tocantes a la fe y compendiosa explicación de sus
ministerios; y Nos, siguiendo tan santas huellas, damos principio a este Sínodo
con una breve declaración de la doctrina cristiana y misterios de la fe, para
que por ella los curas y padres de familias procuren instruir a sus
parroquianos y súbditos.”44 Junto a
esas humildes y luminosas piedras miliares, habría que colocar en toda
justicia y verdad los catecismos que los misioneros redactaron en las lenguas propias de los anexos, que
constituyen otra valiosa página de evangelización en la diócesis. La
catequesis ha estado vigente en ella desde los orígenes, y ha tenido trato
preferencial en el ministerio de algunos obispos, como Gil Esteve en el siglo
XIX, que publicó también un texto. Paralelamente
a los catecismos. instrumento primario de evangelización, la Iglesia promovió
la instrucción
primaria y la educación integral del pueblo puertorriqueño. Ya don
Alonso Manso proyect6 una 'escuela,' que no pudo abrir por falta de recursos;
y su sucesor, don Rodrigo de Bastidas, propuso fundar un "estudio" o
colegio "en que se leyese gramática a los hijos de los vecinos de este
obispado."45 Andando el tiempo, la "escuela
catedralicia" abrirá sus aulas, y en las visitas pastoral es los obispos
se preocupan de la apertura de escuelas" en los pueblos, no sólo en la
Isla, sino también en los anexos.46 La
educación de la juventud-abarcando las letras, la doctrina cristiana y las
costumbres-fue un asunto prioritario de la pastoral evangelizadora, el
"negocio principal," como decía don Francisco Padilla (1683-1695),
que tanto se desveló por atenderla.47 Mención de honor merecen
los religiosos dominicos y franciscanos, que suplieron las lagunas de la
'escuela catedralicia' y mantuvieron sus aulas de estudios superiores hasta
bien entrado el siglo XIX. En la evangelización y educación de Puerto Rico,
el convento de Santo Tomás, de San Juan, fue fragua y faro de la cultura de
la Isla.48 Si no se
puede escribir o contar la historia verídica de América "haciendo
abstracción de la Iglesia y su labor,"49 como advirtió Juan
Pablo II en 1984, cuando empezaban a removerse las aguas para conmemorar el V
Centenario del Descubrimiento, sería "imposible y deformante"
presentar una historia de nuestro país prescindiendo de la labor, casi
exclusiva,50 de la Iglesia en el campo de la educación: la Iglesia
nos enseñó a creer, nos enseñó Otro de
los rasgos más hondos de la evangelización de Puerto Rico fue la lucha o
esfuerzo por remediar la pobreza y por atender a los enfermos en esta área
tan vital y condicionante, lo que hoy se llama "opción por los
pobres" constituyó una situación permanente y angustiosa. La Iglesia de
Puerto Rico "profesó" pobreza desde los inicios de la colonización,
y entraba en el grupo de las diócesis de caja: es decir, las que dependían
econ6micamente del subsidio de la hacienda pública. No obstante esos límites,
o quizá por ellos, la Iglesia realizó una constante ayuda a los necesitados.
que eran legión ya que la pobreza estaba generalizada. alcanzando a veces
cuotas altísimas, que se reflejan en los informes desgarradores de los
obispos, solicitando ayuda. La Iglesia, pues, puertorriqueña fue pobre.
"Aquí se vive como los obispos de la primitiva Iglesia," informaba
don Rodrigo de Bastidas, refiriéndose al fervor religioso y a la escasez de
recursos.51 Con todo, el servicio y la atención a los pobres y
enfermos fueron extraordinarios. Símbolo del amor limosnero a los pobres es,
sin duda, don Juan Alejo de Arizmendi, que procedía de familia acaudalada y
murió abrumado de deudas, porque su corazón y sus manos estaban siempre
abiertas a las necesidades del prójimo: José Campeche lo 'retrató' tejiendo
cestitos de mimbres para socorrer con el producto de su venta a 'los pobres.52
Y en cuanto a la 'opción pastoral' por los enfermos, que fue obra de
misericordia también preferencial de los obispos, testifican los hospitales que construyen, desde don Alonso Manso, que funda el primero, hasta
Arizmendi, que procura recuperar el que construyó en San Juan don Manuel Jiménez
Pérez (1770-1781), y el de San Germán que remodeló y agrandó Fray Juan
Bautista Zengotita (1794-1802). La obra,
pues, del episcopado, agente "principal" de evangelización53
por esencia, esta "en los cimientos de nuestra social estructura,"
en las raíces de historia de Puerto Rico, ya que ha sido
fundamentante del
despliegue de nuestra sociedad, de nuestra religiosidad, de nuestra educación
y de nuestras costumbres. En visi6n de síntesis, Salvador Brau, corrigiendo
viejos prejuicios, reconocía en sus arios maduros que la Iglesia, a través
de los obispos y de sus 'cooperadores' o auxiliares-clérigos, religiosos y
laicos comprometidos,-realizó una fecunda labor en la configuración de la
identidad puertorriqueña, 'interviniendo eficazmente en la corrección de las
costumbres, realzando la vida conyugal en el hogar doméstico, refrenando las
demasías autoritarias, sufriendo la deficiencia de los administradores
civiles, defendiendo el derecho de los oprimidos contra las violencias
codiciosas, fundando poblaciones, reclamando emigrantes, venciendo miserias y
personales quebrantos los prelados por extender la influencia de su palabra,
elevada con frecuencia hasta el Trono, para exponer allí la alteza Así ve
Brau, en admirable síntesis, la realidad hist6rica del episcopado de Puerto
Rico, cancelando los prejuicios que empañaron algunas páginas de sus
escritos de antaño. Es
grato recordar la opinión madura y autorizada de un prócer de Ia
historiografía puertorriqueña. Al elogio de Brau y a la sumaria exposición
que precede queremos añadir, como broche de oro, que la Iglesia de Puerto
Rico tiene también la aureola del testimonio irrefragable de los protomártires
del Nuevo Mundo. No hay, en efecto, ningún testimonio mayor ni más
conmovedor que el de quien da la propia vida en aras del amor a Dios y al prójimo.55
El magisterio de la Iglesia, antiguo y actual, no se cansa de repetir
que "la Buena Nueva debe ser proclamada mediante el testimonio"
personal del evangelizador, testimonio a veces silencioso y siempre elocuente,
teniendo su ápice en el martirio, que es, por antonomasia, el testimonio fundante.56 Ese
testimonio se dio por primera vez en el Nuevo Mundo en el territorio de la diócesis
de Puerto Rico; Fray Francisco de Córdoba y Fray Juan Garcés fueron los
primeros mártires de América, testificando y regando con su sangre la tierra
de Cumaná, en la segunda dicada del siglo XVI. Y a mediados de ese siglo,
fray Luis Cincer, uno de los fundadores del convento de Santo Tomás de San
Juan, fue protomártir de la Florida. La comunidad alegaba con contenida emoción
que el convento "se fundó con la sangre de algunos mártires y
santos."57 Y es obvio que esa "predicación" -esa
sangre, ese testimonio-cimentó y fecundó la Iglesia de Puerto Rico. 5. LA "NUEVA EVANGELIZACION" El
breve recuento de la historia de la evangelización de Puerto Rico y de la
trayectoria de su Iglesia y de los títulos que la abrillantan es, ante todo,
legítimo. Y es, además, estimulante, ya que 'redescubrir' las propias raíces
y fundamentos da ánimos para proseguir la tarea pastoral, que es 'perenne' y
no tiene rupturas, ni solución de continuidad. Es, en fin, nuestro modo de
"conmemorar" y de "celebrar" el V Centenario del
Descubrimiento y de la A
ese "nuevo impulso" Juan Pablo II lo ha llamado "nueva
evangelización," que es la consigna que lanzó en Puerto Príncipe el 9
de marzo de 1983, inaugurando el novenario preparativo con que la Iglesia ha
querido asociarse desde su perspectiva peculiar, a las festivas y variopintas
celebraciones del V Centenario: "La conmemoración del medjo milenio de
la evangelización de América tendrá su significación plena si es un
compromiso [...] no de reevangelizaci6n, sino de una nueva evangelización. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión."59 A
lo largo de sus viajes apost6licos Juan Pablo II no ha cesado de insistir en la
nueva evangelización, en
sus desafíos o retos, en sus problemas o dificultades, y en las áreas que
debe abordar.60 Ante todo, en su necesidad y en su mensaje
esencial: "Hoy es particularmente necesaria una nueva evangelización,
que vuelva a proponer con fidelidad el modelo fundamental del Cristianismo: Dios
te ama, Cristo ha venido por ti.'61 Ese mensaje hay que evangelizarlo encarando
"las nuevas situaciones de los pueblos de América," y dando
"una respuesta a los retos de la hora presente," y proyectándolo a
"la perspectiva del III milenio del Cristianismo."62 Por
consiguiente, la nueva evangelización ha empezado ya, y tendrá un largo camino que recorrer en
el tercer milenio cristiano. Tarea, pues, actual, y sobre todo proyecto de
futuro. Por
lo que a Puerto Rico atañe, la
nueva evangelización se
encuadra en el anchuroso diseño que Juan Pablo II hace en la encíclica Redemptoris
missio y
en los temas y problemas que indicó como 'prioritarios' en sus alocuciones
durante la visita a nuestra Isla en 1984. En
el cuadro analítico que el Papa bosqueja en la encíclica, Puerto Rico Se
puede fácilmente ubicar en situación intermedia entre los pueblos que aún
no han recibido la evangelización primera y los que gozan de una La
nueva
evangelización tiene
que concentrarse entre nosotros en las siguientes áreas: 1)
La catequesis. Tarea
siempre antigua y siempre actual, nuestro pueblo ha padecido en los siglos
pasados de falta de instrucción religiosa, según observó fray Iñigo Abad.65
Las causas que él alega boy ya no existen, y sin embargo continúa, por
otras, la carencia de una sólida instrucción en las verdades de la fe y en
los deberes cristianos. En la vieja y en la nueva evangelización, la
catequesis es primordial. Es, como recordó Pablo VI en su exhortación apostólica
sobre la evangelización del mundo contemporáneo, "un medio que no Se
puede descuidar." "La inteligencia, sobre todo tratándose de niños
y adolescentes, necesita aprender mediante una enseñanza religiosa sistemática
los datos fundamentales, el contenido vivo de la verdad que Dios ha querido
transmitirnos y que la Iglesia ha procurado expresar de manera cada vez mis
perfecta a lo largo de la Historia." No se trata de simple instrucción
Intelectual, sino de educarlos en la fidelidad a la fe del bautismo, de
formarlos en las costumbres cristianas, de hacerlos hijos de Dios y hermanos
del prójimo. Por eso, ha de impartirse a todos los niveles, no sólo a los niños,
sino también a las personas mayores, en una especie de "formación"
permanente. El lugar apropiado para la catequesis es vario: en los hogares
cristianos, en las escuelas católicas, en cursos de
"aggiornamento," utilizando los textos "puestos al día"
bajo la autoridad de los obispos. De hecho, la Iglesia va a promulgar un catecismo universal, es decir, válido para todos los países.
Sen el gran instrumento de la nueva evangelización. Catequesis,
pues, progresiva, adaptada a la edad y a la capacidad de los beneficiarios,
"tratando siempre de fijar en la memoria, en la inteligencia y en el
corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera"
del cristiano.~ 2)
La familia. La
base de la sociedad, su primer núcleo, es la familia.67 Lo ha
sido, gracias a Dios, del pueblo puertorriqueño. Pero hoy se halla gravemente
insidiada por el divorcio, que la destruye en su raíz. El divorcio acarrea
incalculables males para los cónyuges y para los hijos, produciéndoles
traumas y heridas espirituales difíciles de curar. La destrucción de la
familia abarca también, en comprensible medida, a la Iglesia mis ma. Por eso
Juan Pablo II puso, con su palabra clarividente, el 3)La
juventud. Los
jóvenes de hoy son los hombres y los rectores de la sociedad civil y eclesial
del mañana. Por eso, la nueva evangelización ha de poner preferencial empeño
en la educación de la juventud. A ella se refirió Juan Pablo II en su homilía
puertorriqueña con palabra entrañablemente programática: "la Iglesia
en Puerto Rico," indicó, "habrá de dedicar una de sus solicitudes
preferenciales" a los jóvenes. "La juventud huye de la mediocridad,
vive la esperanza y quiere encontrar su debido puesto en la sociedad de
hoy." A la par, esta expuesta a graves peligros, y hay que ayudarla a que
no caiga en ellos, ayudarla a que no sea "víctima de la frustración, la
evasión y la droga." Por
consiguiente, uno de los retos fundamentales que nos brinda la nueva
evangelización es
"llenar de ideales válidos el alma del joven" dándole una sólida
educación moral y cultural. El Papa alabó, bendijo y alentó a la Iglesia de
Puerto Rico en su esfuerzo por la formación y el porvenir de la juventud.69 4)
Las vocaciones.
La
Iglesia, en su dimensión temporal o histórica, consta de hombres y Cristo
asoció a los hombres a su misión salvífica. Como hemos visto, los hombres
son agentes
de la
evangelización
y
ésta es la misión primordial que Cristo encomendó a su Iglesia. En ella
ocupan un puesto de vanguardia, con la consagración y el servicio, los clérigos
y los religiosos. Son "las fuerzas vivas de la Iglesia en esta hermosa
Isla," como 5)
El
laicado. La
Iglesia ha reivindicado a los laicos y los ha llamado y los ha lanzado a la
tarea de un apostolado vivo, a "una acción católica" generalizada.72
Juan Pablo II nos instó a revalorizar la figura y la misión de los
laicos, que sin duda desempeñaran un papel importante de la nueva
evangelización de
"la Iglesia en Puerto Rico." "Es consolador, dijo, saber que en
este país surgen grupos dej6venes y adultos que, conscientes de las
exigencias del propio bautismo, quieren colaborar con generosidad en el
servicio apostólico a la comunidad eclesial, siendo ellos mismos los primeros
en vivir íntegramente su fe.' "Quiero, por ello, añadió, alentar a los
laicos en su dinamismo cristiano, exhortándolos a ejercer su misión en íntimo
contacto con los obispos y sacerdotes [...]. A
ellos corresponde imbuir la realidad temporal de los valores del Evangelio y
luchar desde dentro en la transformación de la sociedad según Dios. A ellos
se abre un inmenso campo de acción, para contribuir con todas sus fuerzas a
la mejora social en la difícil situación económica presente. A su tarea
generosa queda abierta la necesaria obra de moralizaci6n de la vida publica,
el esfuerzo para que el peso mayor de la situaci6n no caiga sobre los más,
pobres, la lucha contra lo que trastorna la convivencia social, contra la
delincuencia, la drogadicción, la corrupción, el alcoholismo: con ideales de
insobornable sentido ético y de amor al hombre imagen de Dios, podrá el
laico cristiano cambiar los corazones y elevar así el tono moral de la
sociedad."73 Ponemos
estas reflexiones pastorales y la realizaci6n de la nueva evangelización bajo
ci patrocinio de Nuestra Señora, de la que los puertorriqueños han sido y
son tan filialmente devotos. Fray Iñigo Abad testimonia esta devoción, que
tenía y tiene su expresión en el rezo dcl Santo rosario en familia.74 Ella
ha estado presente en la evangelización de América desde el alba del
Descubrimiento. Ella es "para el mundo esperanza y aurora de salvación,"
como rezamos en la liturgia de su natividad.75 Ella nos guía, nos
alienta a renovar, al filo de la conmemoración festiva y reflexiva del V
Centenario de la Evangelización, nuestra voluntad y nuestro compromiso de
continuar el irrenunciable ministerio de la evangelización, seguros de que el
Señor está preparando, según preconiza Juan Pablo II, "una gran
primavera cristiana" para el mundo en el tercer milenio de la Redención.76 Puerto Rico, 19 de noviembre de 1992, solemnidad de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, Patrona de Puerto Rico 1. JUAN PABLO II, Alocución 5 enero 1992: L'Osservatore
romano, ed. española 10 enero 1992, p.1. 2. JUAN PABLO II. Alocuci6n en Puerto Príncipe (Haití), 9
marzo 1983 L'Osservatore romano, ed. española, 20 marzo 1983, P.
24. 3. JUAN PABLO II, Carta apost6lica Los caminos del Evangelio,
29junio 1992, numero 4. 4. Cf. CONCILIO VATICANO II: Constitución pastoral Gaudium
etspes, nn. 5-8. 5.
Cf. Mt. 1,21. 6.
Cf. Mt 24,14. 7.
Cf .Mc l3,10. 8.
Mt 28,19. 9.
Mc 16,
15. 10.
Act 1,8. 11.CONCILIO
VATICANO II: Constitución dogmática Lumen gentium, n.48. 12.
Cf. ib. n. 33. "Todos los cristianos están lkamados a este
testimonio yen este sentido, pueden ser verdaderos evangelizadores,"
PABLO V, Exhortación apostólica Evangalii nuntiandi, n. 21. 13.
Cf. CONCILIO VATICANO II: Constitución dogmática Lumen gentium, n.
19. 14.
PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 18. 15.
JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio, 8 diciembre 1991,
n. 59. 16.
CONCILIO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n:
22. 17. Gal
1, 16. 18.
I Cor3, 5 19.
I Cor 9, 16. 20. PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 14. 21. lb., n. 22. 22.
Viajes
de Cristobal Colón, ed.
M. Fernández Navarrete (BAE 75) Madrid, 1954, p.217: "Del nuevo cielo y
tierra que decía Nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis, después de
dicho por boca de Isaías, me hizo mensajero y amostró en cuál parte."
Alude a Apoc 21, 1 y a Is 65, 17. El sentido literal, sin
embargo, no se refiere a cielos y tierras físicos, sino escatológicos, según
lo aclara 2 Petr 3, 16, que usa también la famosa expresión:
"Novos vero caelos Ct novam terrain secundum promissa Ipsius
exspectamus." 23. Bartolomé de LAS CASAS, Historia de Indias, Cd. J. Pérez de
Tude1a, t.1, Madrid, 1957, p.236. 24 Testamento y codicilo de Isabel la Católica,
Madrid. edición Ministerio de Asuntos Exteriores, 1956, pp.66-67; Rafael
GARCIA Y GARCIA DE CASFRO, arzobispo de Granada, Virtudes de la Reina Católica,
Madrid, 1961. p, 418; cf. V. RODRIGUEZ VALENCIA, 'Isabel la Católica y la
libertad de los indios" en Anthologica annua 24/25, 1977/ 78, pp
~45-680. 25.
Viqjes (cit .supra,
nota
22) 1, 499. 26. Texto de las leyes de Burgos
de 1512, ed. R. Altamira en Revista de Historia de América 4,
1932, pp.306-321. 27. Cf. Vicente SIERRA, El sentido misional de la conquista de América,
Buenos Aires, 1944. 28. J. M. OTS CAPDEQUI, El estado español en las indias, México,
Fondo de Cultura Económica. 1976. P.13. 29.
Juan PABLO II, Alocución en Santo Domingo, 11 octubre 1984: AAS 77, 1985, pp. 255~256. 30."Tota
América nostra, per religiosas praesertim familias, Christo et Ecclesiae
genita et in christiana urbanitate educata est," Acta et decreta, Romae, 1900, p.135. 31.
Documento de Pueblo, Madrid, BAC, 1982, p.427, número 7. 32. Cf. Carta pastoral de los obispos de Estados Unidos ante el V
Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, vers. española
en Ecclesia 2521-2522 (1991)pp. 34-50. 33. 'Se aprestan ahora los pueblos o iglesias de América a celebrar el V
Centenario de su primera evangelización. Una tarea ingente y secular que tuvo
su origen aquí, en tierras ibéricas. Una siembra generosa y fecunda la de
aquellos misioneros españoles y portugueses que sembraron a manos llenas la
Palabra del Evangelio, en un esfuerzo que llega hasta hoy y que constituye una
de las páginas más bellas en toda la historia de la evangelización llevada
a cabo por la Iglesia:" JUAN PABLO II, Alocución en Zaragoza, 10
octubre 1984; L 'Osservatore romano, Cd. esp., 21 octubre 1984, p.4. 34. Cf. F, SCHAFER, El Consejo Real y Supremo de la
Indias, t, II. Sevilla, 1947, p.226; Paulino CASTANEDA-Juan MARCHENA,
"La jerarquía de la Iglesia en Indias, 1504-1602," en: AA:VV., Evangelización
y teología en América (siglo XVI). Pamplona. Universidad di Navarra, 1990,
pp.299-346. 35.
Archivo General de Indias, Contaduría 1071, ramo 3, f. 308r.
Cf. Documentos de la Real Hacienda de Puerto Rico, Vol. 1, Cd. A. Tanodi, Río
Piedras, 1971, p.158. 36. “No se concibe
la erección de una sede episcopal en colonia tan rudimentaria como Puerto
Rico": Salvador BRAU, La colonización
de Puerto Rico, San Juan, 21966, p.210. 37. "Es razón que en esa Isla haya frailes y clérigos que
administren los sacramentos y curen de la salud de las ánimas [...]; luego, en llegando, procuraréis que se
haga
un monasterio de frailes [...] . y asimismo procuraréis SC comience la capilla de la iglesia": Instrucción a
Juan Cer6n y Miguel Díaz, Tordesillas, 25 de julio de 1511: Cedulario
Puertorriqueño, Cd. V. Murga, vol.1, Río Piedras, 1961, p.89. 38.
Cf. Episcopologio de Puerto Rico, vol.1, Ponce, Universidad Católica
de P.R., 1987, doc. 27, p.387, y doc. 35, p.393. 39.
Cf. Episcopologia de Puerto Rico, vol. IV, Ponce,
Universidad Católica de P.R., 1990, p.186. 40. Parecer del Consejo de Indias a S. M.: Archivo General de
Indias, Santo Domingo, legajo 535 A. s.f. 41. En Episcopologio IV (ed. cit. supra, nota 39) Se pueden
ver las relaciones de visita pastoral a la Isla y a los anexos, de los
obispos Sebastián Pizarro, F. Pérez Lozano, Francisco Julián, Pedro Martínez
de Oneca, Manual Jiménez, Juan B. Zengotita. Son documentos de primera mano
para conocer la geografía y la vida de la diócesis y de los anexos. 42. Cf. D. VECILLA DE LAS HERAS, La evolución religiosa de la diócesis
de Puerto Rico (im), Madrid, 1966, pág. III. 43. Episcopologia de Puerto Rico, vol.II, Ponce, Universidad Católica
de P.R., 1988, p.371. 44. Damián LOPEZ DE HARO, Constituciones sinodales de Puerto Rico
J645, ed. A. Huerga, Ponce, Universidad Católica de P.R., 1989, p.21. 45.
Episcopologio II (cit. supra, nota 43), p.201. 46. Cf. Episcopologio IV (cit. supra, nota 39). pp.323-324. 47. Cf.
ib., pp.663-666, doc. 394. 48. Cf. A. HUERGA, La implantación de la Iglesia en el Nuevo Mundo, Ponce,
Universidad Católica de P.R., 1987, pp.319-343: "Presencia
evangelizadora de los dominicos en Puerto Rico". 49.
JUAN PABLO II, Alocución en Zaragoza, 10 de octubre de 1984:L'Osservatore
romano, ed. espallola, 21.X.1984, p.2. 50.
Al finalizar el siglo XVIII encontramos que la enseñanza en la ciudad
permanecía exclusivamente en manos de los religiosos: [...] debemos a la
Iglesia el inapreciable servicio de impedir que se extinguiera totalmente,
durante más de dos siglos, la llama del saber en la ciudad manteniendo las cátedras
de gramática, lógica, física y metafísica y teología escolástica y
moral": Adolfo de HOSTOS, Historia de San Juan, ciudad murada,
1521/1898, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña,2 1983,
p.360. Cf.
A. CUESTA MENDOZA, Historia de la educación en el Puerto Rico colonial, vol.
I, México, 1946; J.J. OSUNA,A History
of Education in P.R., Río Piedras, 1949. 51. Episcopologio II led. cit. supra, nota 43), p.211. 52.
CL A. DAVILA,
"La iconografía de San Julián de Cuenca y el retrato del obispo
Arizmendi”, Revista del
Institu to de Cultura Puertorriqueña 5, 1965, num. 15, pp. 53-57. 53. Cf.
C. VATICANO II, Const. Dogm. Lumen gentium, n. 19; PABLO VI, Exhortación apost6lica Evangelii
nuntiandi, n. 68. 54.
Cart aa Mons. WA. Jones, San Juan, l5 de marzo de 1910: publicada en la revista Borinquen 7, 1915,
num. 10, pp.1-3. 55.
Cf. Jn 15,13. 56. Cf. PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n.
41. 57. Carla a SM.: Archivo General de Indias, Santo Domingo, legajo
175, 58. JUAN PABLO II, Exhortación apost6lica Christltideles laici, n.
34. 59. JUAN PABLO II, Alocuci6n en Puerto Príncipe (Haití), 9 di marzo 1983,
L'Osservatore romano ed. esp., 20 marzo 1983, p.24. 60. Cf. Mons. Cipriano CALDERON, "La nueva evangelización de América,
Desafíos y perspectivas," L'Osservatore romano, ed. esp., 21 di
agosto 1992, pp.4-6. 61. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Christi£jdeles laici, n.
34. 62. JUAN PABLO II, Alocución del 18 de junio 1991: L'Osservatore
romano, ed. esp., 21. VI, 1991,p, 1. 63. Cf. JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio, 7 diciembre
1990, n. 33. 64. Cf. Exodo 32, 8-9 65. Cf. I. AB AD, Historia geográfica. civil y natural de la
isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, ediciones Universidad de Puerto
Rico, 1959, p.193. 66.
PABLO VI, Exhortación apostólica Evagelii nuntiandi, n. 44. 67. Cf. AA.VV, Temas del pensamiento cristiano: la familia, Ponce,
Universidad Católica de P.R. Instituto de doctrina social de la Iglesia, 1977 68. JUAN PABLO II, Las exigencias de la vida cristiana (Homilía
del 12 di octubre 1984 en Plaza Las Américas, San Juan de Puerto Rico). 69.
lb.: cf. también PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii
nuntiandi, n. 72. 70.
Cf. Mt 9, 37-38. 71
JUAN PABLO II, Discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y
seminaristas, San Juan de Puerto Rico, 12 de octubre de 1984. 72.
"Los laicos [...] estáni llamados, a fuer de miembros vivos, a
contribuir con todas sus fuerzas [...] al crecimiento de la Iglesia y a su
continua santificación": C. VATICANO II, Const. dog~ Lumen gentium, n.
33; Decreto Apostolicam actuositatem, n. 20. 73. JUAN PABLO II, Las exigencias de la vida cristiana (homilía citada supra,
nota 68). 74. "Estos is1ños son muy devotos de Nuestra Señora: todos llevan
el rosario al cuello, lo rezan por lo menos dos veces al día: todas las
familias lo empiezan con este santo ejercicio, algunos lo repiten al mediodía,
sin omitirlo a la noche": I. ABAD, o.c. (supra, nota 65),
p.193. 75.
Oración en la fiesta de la Natividad de la Virgen María: Nuevo misal
del Vaticano II, Bilbao Desclée de Brouwer, 1989, p.2176. 76. JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio, n.
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