DECLARACION DE LOS

OBISPOS SOBRE LAS

ELECCIONES

Dentro de pocos meses los electores de Puerto Rico se acercarán a las urnas para expresar su voluntad ciudadana en los comicios elec­torales. Cada cuatro años las personas legalmente inscritas seleccionan, a través del instrumento democrático del voto, a los lideres que han de ejercer el gobierno de nuestra sociedad. Al indicar su preferencia por un politico o por un partido, los electores también se hacen solidarios de una determinada filosofía social, de un sistema de valores, de una visión especifica del propósito de Puerto Rico.

Siendo, pues, el momento eleccionario una coyuntura política de trascendental importancia para los pueblos, la Conferencia de los Obispos Católicos de Puerto Rico considera un deber ineludible el decir una palabra orientadora a los fieles católicos y a todos los hombres de buena voluntad de nuestra amada Isla.

Reconocemos que corresponde al sagrado recinto de la conciencia individual la prerrogativa de realizar la decisión concreta en el campo de las opciones politicas. Por lo tanto, no se espere de nosotros una prescripción de preferencia a favor de un partido, o de un candidato en particular. Por otro lado, a pesar de que nuestro ambiente está politicamente susceptible, no debemos guardar silencio, bajo el pretexto de que se puedan tergiversar nuestras palabras.

Cuando la Iglesia se pronuncia sobre las cuestiones temporales, lo cual considera un derecho y un deber, no lo hace con ánimo de administrar la vida publica. Tanto es así, que Su Santidad Juan Pablo II ha insistido en varias ocasiones en desvincular al clero y a las comunidades religiosas de toda actividad inscrita en el campo de la política partidista. Esto no significa que el cristiano renuncie a su vocación profética ante la injusticia y la opresión. El mismo Papa ha denunciado las situaciones en las que la justicia y la libertad se ven amenazadas. No obstante, es el laico el llamado a organizar y dirigir la sociedad civil.

Establecida esta aclaración, partimos del presupuesto de que existe un orden público cristiano.  La espiritualidad y la moral cristianas tienen mucho que ofrecer a los proyectos políticos. Es por esta razón que proponemos algunas orientaciones con el propósito de iluminar el mismo proceso electoral y los ideales de una sociedad justa y pacífica.

En cuanto al proceso electoral, deseamos exhortar a los candidatos y a los promotores partidistas a preservar la nobleza de espiritu en todo momento. Es necesario salvaguardar la pacifica convivencia del pueblo puertorriqueño y la profundidad en el debate politico. Si bien es cierto que en una sociedad sofisticada las técnicas publicitarias son instrumentos de persuasión, también es cierto que los ciudadanos deben alimentar una conciencia ilustrada para elegir de una manera inteligente y recta. Más que a una publicidad superficial, el electorado tiene dere­cho a un conocimiento claro y completo de los programas de los partidos, del expediente de servicio y de conducta moral de los candidatos, del panorama sociológico objetivo del pais, de la dignidad y la funcionalidad de las opciones. En pocas palabras, el debate eleccionano puede convertirse en una ocasión privilegiada de educación social. Evidentemente, esta finalidad no se logra a través del fanatismo, la demagogia ni la difamación.

Las exigencias de la ética social trascienden las fronteras de la campaña política para proteger la pureza de las urnas electorales. El voto es un derecho democrático y un instrumento de decisión libre y voluntario. Cualquier fraude, engaño, mercantilización  presión que atente contra la libre determinaci6n del elector vicia en su misma esencia el proceso electoral. Por lo tanto, corresponde a las legitimas autoridades, y a los ciudadanos en general, velar por la integridad de las instituciones democráticas.

Realizado el escrutinio de los votos y verificada la legitimidad del proceso, aceptemos dignamente el veredicto de la mayoria. Ni la arrogancia de la Victoria, ni el trauma de la derrota, deben prevalecer sobre los sentimientos de respeto y colaboración. Recordemos que las elecciones no constituyen el unico medio de expresión, ni la única responsabilidad del ciudadano. Los miembros de la comunidad política están llamados a influir en la vida pública continuamente y a analizar objetivamente la obra gubernamental.

En efecto, los partidos politicos, aunque plasman los ideales de un determinado grupo de personas, son instrumentos humanos ordenados al bien comun. Pero son entes relativos, y su bondad se mide en relación a la promoción de los grandes valores de la humanidad y del progreso social. Aqui hablamos de un progreso social que supera el simple desarrollo econ6mico. Como bien afirmó Juan XXIII en la Enciclica Mater et Magistra, el verdadero pro­greso trasciende el desarrollo material para ofrecer una felicidad integral a todo el hombre y a todos los hombres.

Los católicos, y los hombres de buena voluntad, encontrarán en las fuentes del pensamiento social cristiano un profundo marco de referencia a la hora de examinar el progreso de una comunidad y de optar por alternativas sociales y políticas. Los criterios y los principios cristianos juzgan las ideologias y las estructuras políticas que se proyectan en los caminos de la historia a partir de unos valores trascendentales: la dignidad de la persona humana, la integridad de la vida familiar, la prioridad del bien comun y de las realidades espirituales, la opci6n preferencial por los pobres, el respeto a la vida, el servicio a la verdad, a la justicia y a la libertad, el amor a la patria y a la cultura, la paz y la solidaridad internacional.

A la luz de los principios cristianos, los puertorriqueños tenemos el derecho a aspirar a unas condiciones materiales 6ptimas sin sacrificar la tranquilidad espiritual, el equilibrio siquico y ecológico, los valores morales, culturales y religiosos, en fin nuestra alma.  El cristiano que conozca bien el pensamiento de la Iglesia - fundado en el Evangelio -y la situación social del país, los programas y la acción de las entidades políticas cuenta con un parámetro razonable para realizar una decisión sabia y responsable en el ámbito politico. Una tal decisión reviste seriedad y compromiso debido a las repercusiones politicas, sociales, económicas, culturales y religiosas de las elecciones de Puerto Rico.

Puerto Rico es un pais casi en su totalidad cristiano y mayormente católico. Este contin­gente de cristianos podria ejercer una influencia saludable a partir de los altos ideales que contrastan con los idolos del poder, la riqueza y el sexo.

El mensaje cristiano es un antídoto profético para que el hombre obsesionado por una cosmovisión pragmática entienda que el fin no justifica los medios. Tanto los fines, como los medios, han de ser examinados día a día. Antes, durante y después de los comicios electorales prevalece esta verdad fundamental: el sábado es para el hombre, y el hombre para Dios.

Concluimos esta Declaración afirmando la nobleza y la dignidad del compromiso político, la consecución del bien común (Puebla,1230). Invitamos a todo el pueblo puertorriqueño, particularmente a nuestros líderes, a ser fieles a esta nobleza, a respetar la dignidad del sufragio y a dar ejemplo de cultura y civismo. Los electores sabrán elegir a las personas que garanticen una convivencia pacifica, un ambiente de fraternidad y un debate respetuoso

Que el Señor, fuente de toda autoridad y fundamento de nuestras leyes, bendiga a nuestro pueblo y a todos los hombres del universo.

8 de agosto de 1980