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DECLARACIÓN SOBRE EL SIDA El
"Dí'a Mundial de Alerta Contra el SIDA" fue celebrado durante la
semana pasada mientras los Obispos nos encontrábamos en nuestra Asamblea
Anual en la Casa Manresa en Aibonito. Naturalmente, en aquel momento nos
unimos en oración a esta celebración pensando, no solamente en los pacientes
del SIDA, sino también sus familiares y amigos. Como
es de general conocimiento, desde el primer momento que apareci6 este virus,
la Iglesia Católica inició sus planes para establecer lugares de cuidado
para estos pacientes. Al presente, la Arquidiócesis de San Juan cuenta con el
Albergue Santo Cristo de la Salud; y la Diócesis de Ponce con el Hospicio
Nuestra Señora de la Providencia. Hemos
estado también muy atentos a la información y a la orientación que se viene
ofreciendo sobre esta enfermedad y, como es natural, a las soluciones que se
ofrecen para protegerse del mal. No cabe duda que se han hecho estudios o
investigaciones muy positivas, las cuales no podemos menos que alabar. Por
otra parte, tampoco han faltado las recetas fáciles. Nosotros desde el primer
momento insistimos, y seguimos insistiendo, en que la mejor receta para este
males la continencia. Insistimos, y seguimos insistiendo, en que el uso de
profilácticos es intrínsecamente inmoral, y además es una invitación a la
promiscuidad sexual y al sexo fácil. Por eso fue penoso observar que la
Fundación SIDA escogiera celebrar la ocasi6n con jóvenes estudiantes, de
ambos sexos, para distribuir profilácticos a diestra
y siniestra como si se tratara de bombones. Qué ridículo y qué poco
profesional y ético sonaba aquello, en boca de nuestras jovencitas, "ponte
el sombrero." Igualmente ridículo suena el anuncio televisivo donde
aparece una joven ofreciendo un profiláctico a su novio en la ocasión de su
primera salida. Cualquiera diría que vamos a cambiar el anillo de compromiso
matrimonial por el profiláctico. A
diario se nos informa que la enfermedad, lejos de disminuir, sigue teniendo
mayor número de víctimas. De hecho. uno de los médicos más versados en
este asunto ha dicho que no tardará mucho en que cada familia puertorriqueña
tenga un miembro afectado con el mal del SIDA. Cabe preguntar entonces: ¿dónde
está la seguridad que brindan los profilácticos?; ¿por qué, con toda la
campaña que se ha hecho por activa y por pasiva para promover el gran negocio
de los profilácticos, la enfermedad sigue aumentando y no disminuyendo? Si ésta
es la realidad, ¿por qué insistir en seguir recetando los profilácticos
como algo seguro, si está más que probado que el uso de profilácticos no ha
evitado el avance de la enfermedad? Entonces tenemos que concluir que la mejor
solución es la nuestra: la continencia. Si para todo lo demás se nos
considera seres humanos racionales, Suplicamos
a aquel los que son responsables de la salud de nuestro pueblo que insistan más
en el sentido de responsabilidad de cada individuo y no en que se hagan presas
fáciles de los placeres y las pasiones. Nosotros, por nuestra parte,
seguiremos cumpliendo con nuestro deber de Pastores, orientando a nuestros jóvenes
sobre el respeto que deben al gran don de la vida y el deber que tienen de
protegerla, no con medios artificiales
de muy dudosa seguridad y segura inmoralidad, sino con la gracia y la ayuda de
Dios, Nuestro Señor. Igualmente seguimos orando por aquellos pacientes y
familiares que ya hayan adquirido esta enfermedad y les prometemos que la
Iglesia Cat6lica jamás les olvida y estará siempre dispuesta a prestarles
los auxilios humanos y divinos que estén a su alcance. 19
de diciembre de 1992 DECLARACIÓN SOBRE EL SIDA
Es
un hecho notorio la extensión y gravedad que ha adquirido el SIDA en nuestra
Isla de Puerto Rico. El peligro de discriminación a que pueda dar lugar es
también evidente. Ante esta doble realidad consideramos nuestro deber
pastoral orientar al pueblo cristiano acerca de tan delicado tema. Con tal
propósito hacemos nuestras las conclusiones adoptadas en un seminario
celebrado por Profesionales sanitarios cristianos de toda España durante el año
1992, sobre "Aspectos éticos asociados al SIDA" (Ecelesia, 2598,
19 septiembre 1992). Son las siguientes: 1.
"Todos los pacientes VIH+ y afectados de SIDA, tienen derecho a ser
tratados como los demás enfermos y a no ser discriminados por el sistema
sanitario y por los profesionales de la salud. 2.
Los pacientes VIH+ y los enfermos de SIDA, dada la marginación social que
esta enfermedad conlleva, tienen derecho a que se respete de manera especial
la confidencialidad del diagnóstico, a que se preserve el secreto profesional
y a que se vele por su intimidad. 3.
Los pacientes afectados de SIDA tienen derecho a rechazar el tratamiento,
salvo en casos de grave incapacidad o incompetencia, pero no les debe ser
negada la asistencia sanitaria por ese motivo. 4. Los pacientes VIH+ y afectados de SIDA tienen derecho a ser los primeros en recibir del médico la información de su estado de salud y de los riesgos que comporta la enfermedad para las personas que conviven con ellos. 5.
Las personas con riesgo de contagio por la convivencia con estos pacientes
tienen derecho a ser informadas. Si el paciente se negara a ello, el médico
tiene la obligación de intentar convencerle de su deber de hacerlo, comunicándole
que, en caso contrario, será é1 mismo quien les informe por motivos de salud
pública. 6.
Se procurará dar la información con el debido soporte psicosocial
interdisciplinar, siempre en las mejores condiciones posibles, y deberá darse
también la educación sanitaria correspondiente. 7. Los profesionales de la salud tenemos derecho a ser informados de la
afectación del paciente y a tomar las medidas preventivas adecuadas. 8. Como profesionales sanitarios cristianos debemos tener una gran
sensibilidad hacia estos enfermos y adoptar una especial actitud de acogida,
comprensi6n y servicio, sin prejuzgar sus situaciones particulares. 9.
Como profesionales sanitarios cristianos nos comprometemos a impulsar
en nuestra sociedad los valores éticos y cristianos de la sexualidad y
promover estilos de vida saludables. Consideramos necesaria la "Educación"
sexual en la escuela con el control de los padres. 10.
Como profesionales sanitarios cristianos pedimos y colaboraremos desde
la Iglesia para que promueva la creación de centros de acogida de enfermos
terminales de SIDA. 11.
Como profesionales
sanitarios cristianos no propondremos el aborto a una mujer embarazada VIH +, sino que le ofreceremos la ayuda material y humana, el
apoyo anímico y el compromiso de seguir acompañándola." 20 de marzo de 1993 |