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DECLARACION
SOBRE LA DECISION DEL TRIBUNAL SUPREMO RESPECTO AL Los Obispos de la Iglesia Católica en Puerto Rico en su
reunión del miércoles 28 de febrero de 1973 han abordado colegialmente el asunto de la reciente
decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en favor de la
liberalización de las leyes del aborto. Han querido abordar colegialmente este tema, aunque ya
algunos miembros del Episcopado se habían manifestado
individualmente al respecto. En firme y abierto respaldo de esas
manifestaciones individuales, el Colegio de los Obispos hace ahora la
siguiente declaración sobre el aborto: Los Obispos han tomado el acuerdo de repetir una vez mas y
de hacer bien clara y precisa la posición de la Iglesia en reprobación
de todo ataque intencional y directo a la vida humana, sea por medios
intencionalmente preventivos, corno la contraconcepción y la
esterilización directa, sea por medios intencionalmente supresivos,
como lo es el aborto directo, que tiene todas las características
morales y legales de un asesinato. Al adoptar esta posición, los Obispos quieren advertir
que la Iglesia, frente al ataque intencional y directo contra la vida
humana no La Iglesia se limita sólo a proclamar y defender una ley
natural, basada en la naturaleza de todo ser dotado de razón, de una
ley grabada por Dios en la conciencia del hombre, la cual, por
consiguiente, obliga a todo hombre sin excepción alguna de
diferencias religiosas. Que ello sea así lo demuestra el hecho de que
instituciones publicas, profesionales, culturales y sociales
como también personas privadas han manifestado su
abierta oposición a tal liberalización de las leyes del aborto con
argumentos fundamentados en la cultura y en la tradición de nuestro
pueblo, en razones medicas, o en razones de decencia ciudadana. A
tales instituciones públicas y a tales personas privadas los Obispos
se complacen altamente en expresarles su profundo reconocimiento y su
estrecha solidaridad. Con sus renovadas declaraciones los obispos han denunciado
el aborto como la consecuencia inevitable de una sistemática propaganda
publica -oficial y privada- en favor del fomento de las
practicas anticonceptivas. Al respecto, los Obispos señalan la deplorable, cuanto De la misma manera que los Obispos advirtieron más de una
vez que la anticoncepción conduciría al aborto, ahora advierten que,
Si no se pone coto al desenfreno moral, entonces el próximo paso será
la aprobación de la eutanasia: el sistemático ataque intencional y
directo contra la vida incipiente nos arrastrará inevitablemente al
ataque intencional y directo contra la vida decadente; y se justificará
entonces la supresión de los ancianos, de los enfermos, de los
desvalidos, como seres útiles e improductivos en una sociedad
crudamente materialista que avanza irrefrenable hacia la idolatría
del mas grosero utilitarismo. Se alega un llamado derecho de la mujer a disponer de su
propio cuerpo. El Siguiente paso en esa argumentación será lógicamente
la justificación de la prostitución. La reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados
Unidos es una ley creada por los hombres, que los obispos proclaman
como opuesta a la ley de Dios. Con los Apóstoles, los Obispos, sucesores de ellos,
repiten: Y hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Por otro lado, Si se alegare que es discutible que haya
vida humana en un feto de tres De modo que hasta tanto la ciencia no haya probado que un
feto de tres meses no es un ser humano, lo más que podría existir en
tal caso seria una duda de conducta; y, ante tal duda, la intención
de correrse el riesgo de eliminar un ser humano equivaldría en términos
de moralidad a la decisión de matar y de cometer asesinato. Finalmente, los cristianos han de darse cuenta de que los
tiempos son aciagos y totalmente desfavorables para la moral
cristiana. Pero el reconocimiento de tan lamentable realidad no ha de
llevarnos al desaliento. Las señales de los tiempos nos indican que si
alguna época de la historia humana tuvo características de dureza y
de aversión en contra de la fiel observancia de los principios de la
vida cristiana, esa época es la nuestra. No obstante, Cristo, que nos ha amonestado diciendo quien
quiera venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígueme
también nos ha consolado y confortado, al decirnos "tened
confianza: Yo he vencido
al mundo”. 28 de febrero de 1973
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