CONCLUSION

Al inaugurar el Año de Jesucristo, nuestras Iglesias sienten el ansia de ser preparadas para la siembra; cuentan con líderes y almas orantes que nos conduzcan al mejor conocimiento íntimo de Jesucristo, a la experiencia vital de la presencia del Señor, a la ilusi6n de "reproducir en nosotros la imagen de Jesús" (Rom. 8, 29), al privilegio de ser testigos del Evangelio ante el mundo de hoy.

Cada Obispo, con sus Presbíteros, Diáconos y la asistencia de nuestros Religiosos y seglares comprometidos, elaboraremos nuestros programas diocesanos. ¡Quiera darnos el Señor la gracia de celebraciones comunitarias para el testimonio de nuestra fe, alegría y paz en Cristo Jesús a quien sea dado todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén!

Dado en la Casa de Retiros de Juan XXIII, Caguas, Puerto Rico, 5 de diciembre de 1996