DECLARACION SOBRE EL CONTROL DE LA NATALIDAD Y PLANIFICACION DE LA FAMILIA


El Problema

En los últimos tiempos  ha  habido periódicamente ciertas llamadas de alerta de Centros y Autoridades competentes de diversas partes del mundo, para hacer caer en la cuenta a las personas responsables del tremendo pro­blema que ha venido a llamarse la "explosión demográfica".  De verificarse los cálculos estadísticos, en lo que queda de siglo, la población mundial se vería aumentada en más de tres  millones de habitantes. Los Estados Unidos alcanzaría un crecimiento de otros cien millones. Puerto Rico tendría cerca de los seis millones a comienzos del Siglo XXI.

Intentos de Solución en Puerto Rico

Entre los diversos intentos que aquí en Puerto Rico se han tenido en búsqueda de una solución esta el de la Legislatura de Puerto Rico, a cuya consideración se ha presentado un proyecto de ley sobre el problema de la súper-población entre nosotros. El Consejo asesor del Gobernador para el Desarrollo de Programas Gubernamentales le ha presentado un Informe sobre la forma de implementar esta ley; y le ha hecho "algunas recomendaciones de acción" específicamente en el campo del "control de la natalidad" y la "planificación de la familia".

Como ciudadanos, cristianos y ministros del Pueblo de Dios nos preocupa en la misma medida que a las altas autoridades del Estado este problema poblacional de dimensiones tan alarmantes, y estamos dispuestos a colaborar en cualquier intento de solución que esté de acuerdo con las doctrinas de la Iglesia.

Autoridad y Limitación del Estado

Siguiendo esta misma doctrina recono­cemos, con el Concilio Vaticano II, que "los gobiernos respectivos tienen derechos y obliga­ciones, en lo que toca a los problemas de su propia población, dentro de los limites de su especifica competencia. Tales son, por ejemplo, la legislación social y familiar, la emigración del campo a la ciudad, la información sobre la situación y necesidades del Fafs" (Gaudium et 5~s n.87). Más aun, uniéndonos a Su Santidad Pablo VI, en su Encíclica Humanae  Vitae, "decimos a los gobernantes, que son los primeros responsables del bien común y que tanto pueden hacer para salvaguardar las cos­tumbres morales: no permitáis que se degrade la moralidad de vuestros pueblos; no aceptéis que se introduzcan legalmente en la célula fundamental, que es la familia, practicas contrarias a la ley natural y divina. Es otro el camino por el cual los poderes públicos pueden y deben contribuir a la solución del problema demográfico el de una cuidadosa política familiar y de una sabia educación de los pueblos, que res­pete la ley y la libertad de los ciudadanos" (n.23.

Aplicando estos principios generales a la realidad puertorriqueña queremos recordar las normas que esta Conferencia Episcopal tuvo a bien emitir el ano próximo pasado:

a)  Un estado que se limita a ilustrar simplemente a los ciudadanos sobre los proble­mas de la explosión demográfica, y aun sobre la existencia y uso biológicamente inocuo de los anticonceptivos, con el fin de evitar males que la falta de ilustración habría de causar en la población, no merecería reproche, a condición de evitar toda propaganda o recomendación posi­tiva de los mismos, aunque su ilustración fuera para mas de uno la ocasión de adquirirlos, que no hubiese tenido de otro modo.

b) La tolerancia de su importación al país y la reglamentación legal de su venta, que tienda a disminuir un mal que no se pueda hacer desaparecer totalmente, parece asimismo libre de reproche, pero requiere gran discreción.

c) La propaganda; positiva de los contra­conceptivos, y, sobre todo, la imposición de los mismos en determinados casos, aunque sea para evitar grandes males demográficos o económicos no tienen justificación ética posible.

Señala muy bien el Papa el peligro evidente que puede tener una campaña masiva en favor de la anticoncepción. No cabe duda de que se puede ayudar a los esposos para que ellos, libremente, puedan planificar sus familias; pero no es menos cierto que tal campaña puede pro­porcionar una enorme brecha hacia la relajación de las costumbres, al poner quizás en manos inescrupulosas la información y los medios para burlar la fidelidad y la santidad del matrimonio, sin temor a consecuencias de la procreación. Creemos que, tanto la Iglesia Católica como las demás Iglesias de Puerto Rico, debemos estar conscientes de este real peligro que se le presenta de nuevo a nuestro pueblo.

Como Pastores, sensibles a los problemas de todo el pueblo de Puerto Rico, haciendo nues­tros sus dolores y angustias, queremos hacer constancia de que estamos dispuestos a ayudarlo, en la medida de nuestras posibilidades, para aliviar la magnitud de este grave problema. Específicamente nos referimos, y nos compro­metemos, a una campana intensiva de educa­ción e instrucción de los esposos para que sepan, libremente, ejercer el derecho de una paternidad responsable.

B. Derecho de los Esposos - Paternidad Responsable

Porque reconocemos con Pablo VI, en su Encíclica Populorum Progressio, que aunque "es cierto que los poderes públicos, dentro de los limites de su competencia, pueden intervenir, llevando a cabo una información apropiada y adoptando las medidas convenientes con tal de que estén de acuerdo con las exigencias de la ley moral y respeten la justa libertad de los esposos, no obstante sin derecho inalienable al matrimonio y a la procreación, no hay dignidad humana. Al fin y al cabo es a los padres a los que les toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el numero de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante ellos mismos, ante los hijos que ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la Ley de Dios auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en El" (n.37.

Y el mismo Papa Pablo VI, Maestro Supremo de la Iglesia, sostiene en su Encíclica Humanae Vitae que la interpretación autentica de la Ley de Dios contiene la reprobación del uso de los medios anticonceptivos, como también condena la inducción directa del aborto o de la esterilización.

C. Medios para Asegurar la Libertad de los Esposos

Nos permitimos pedir a la Legislatura y demás autoridades competentes que vigilen estrechamente, tomando las medidas necesarias para que se cumpla "la premisa básica", de que "los matrimonios... sean instruidos adecuadamente para que utilicen la información y los servicios que habrá de suministrarle el Estado, con arreglo a los dictados de sus conciencias, de tal manera que nadie se vea obligado a actuar contra sus convicciones morales, o excluido de los beneficios y facilidades que la ley puede ofrecer". Y apreciamos que "la única consideración acreedora al respeto de todos es el bienestar de la familia puertorriqueña, y su derecho al disfrute pleno de los logros de la civilización contemporánea" (Citas del Informe al Gobernador.

Pero en este punto deseamos traer a la memoria un principio de moral publica: que es el Estado el que tiene la función de velar por el bien común. Y por lo tanto nos atrevemos a proponer que todo este programa debe estar manejado directamente por el mismo Estado, ya que la única razón valedera para implantarlo es el "bien común", que es función propia del Gobierno. Nuestra experiencia nos dice, además, que es muy peligroso que entidades privadas se encarguen de una función tan íntimamente ligada a la moral publica. Por lo demás, con humildad pero con entereza, queremos que quede constancia de que como Pastores nos sentimos obligados a velar por que se respete la integra libertad de conciencia de nuestro pueblo cristiano.

Graves Problemas Económicos y Sociales

Faltaríamos a nuestro deber de Pastores responsables de la parte mayoritaria católica de nuestro pueblo Si no señaláramos que hemos visto con cierta pena que tanto el proyecto de Ley de la Legislatura como el Informe al Sr. Gobernador, para la solución al grave problema de la explosión demográfica y planificación de la familia en nuestro país, se hayan ceñido sola­mente al control de los nacimientos.

Estamos totalmente de acuerdo con los Obispos latinoamericanos reunidos el año pasado en Medellín, Colombia, cuando decla­raron que "todo enfoque unilateral, como toda solución simplista respecto a estos problemas, son incompletos...  Aparece como particularmente dañosa la adopción de una política demográfica antinatalista que tiende a suplantar, sustituir  relegar al olvido una política de desarrollo, mas exigente, pero la única aceptable".

Insistimos que debemos reconocer que el problema poblacional en Puerto Rico es un problema sumamente complejo, con muchísimos factores envueltos: sociales, económicos, políticos, morales... Insistimos, además, en que el eje central de todo el planteamiento debe ser la dignidad del hombre, la dignidad de la vida humana, una visión global del hombre.

Es indudable que tenemos grandes problemas económicos, sociales y educativos que es necesario atender decididamente cuando tratamos de la planificación de la familia. Las estadísticas son bastante conocidas; recordemos algunas solamente.

Según un estudio del Departamento del Trabajo de 19ó3, el 43% de las familias de Puerto Rico tenia ingresos de menos de $2,000 al año, y alrededor de 77,000 familias vivían con un ingreso per capita anual de menos de $200. Y en un estudio más reciente de la Junta de Planificación se nos dice que 112,000 familias, es decir, la cuarta parte de todas las familias puertorriqueñas, recibían menos de $500 al año. Si por otro lado tenemos en cuenta que el 9% de las familias participan de casi el 45% de la renta nacional, podremos constatar la enorme desigualdad en que nos movemos.

Nos asusta que haya miles de jóvenes desempleados pero, ¿somos conscientes de la tragedia que significa para nuestra juventud que del total de 17,939 estudiantes graduados de Escuela Superior que solicitaron ingreso a la Universidad Estatal en el año 1968-69, sólo 11,347 fueron autorizados a ingresar?  ¿Y los demás?

En un país, como el nuestro, que camina rápidamente hacia la industrialización es inconcebible que no tengamos ya grandes Escuelas Tecnológicas o Universidades Laborales para formar a los obreros técnicos especializados, que necesita nuestra industria e importa del extranjero.

Hemos visto con grande regocijo que el nuevo programa federal, conocido como "Job-70" que ha comenzado a implantarse en Puerto Rico, vendrá a aliviar en gran manera la necesidad de un entrenamiento de aprendices en las empresas e industrias de la isla.

No queremos abrumar con estadísticas; sólo deseamos aprovechar la ocasión para llamar la atención de que tenemos otros grandes problemas económicos, sociales y morales, en distintos sectores, como la vivienda, la salud, el divorcio y otros males que afectan hondamente a la familia puertorriqueña.

La Solución Debe Ser Múltiple - No Hay Una Única Solución al Problema

Reconociendo la complejidad del problema, deseamos también insistir en que hay medios múltiples de solucionarlo: cambio drástico y valiente de las estructuras económicas y sociales para lograr una mejor distribución de las riquezas; re-estructuración de todo nuestro sistema educativo para ponerlo mas en consonancia con el cambio que se está verificando en nuestro país, hacia una sociedad industrializada; Campaña masiva de educación de base a todos los niveles. Todo esto nos lo están pidiendo los 65,000 jóvenes menores de 25 años que están desempleados, y los 70,000 jefes de familias sin educación escolar alguna. De una cosa debí amos estar conscientes: no hay una solución única al problema.

No podemos ocultar el temor que nos embarga de que pongamos todos nuestros esfuerzos en el control de la natalidad, como Si solamente el resultado de este esfuerzo pudiera solucionar el desbalance entre población y la distribución de la riqueza.

La Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica de Puerto Rico, al mismo tiempo que ofrece su colaboración y expone sus inquietudes, ruega a Dios para que ilumine las inteligencias de nuestros Legisladores y Gobernantes, y para que a todos nos dé' el valor suficiente a fin de afrontar con energía los trabajos necesarios para la promoción integral, es decir, material, cultural y moral de todo nuestro pueblo.  

Por lo demás, la situación a que nos enfrentamos exige de los católicos dar testimonio de su fe en el ideal de la castidad matrimonial; con su conducta ajustada generosamente a la moral: que ser fielmente cristiano en nuestros días implica aceptar de antemano el riesgo de enfrentarnos a condiciones difíciles, y las mas de las veces insuperables, para el solo esfuerzo humano desprovisto del auxilio divino.

1969


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