Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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16 de diciembre de 2003

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Francia considera establecer festividades musulmanas y judías

15 de diciembre, 2003

PARIS

Francia está considerando romper siglos de tradición europea convirtiendo en feriado oficial en las escuelas dos conmemoraciones, una judía y otra musulmana.

Sorprendentemente, la idea vino de una comisión del gobierno que tiene como objetivo promover la separación oficial entre la iglesia y el estado. Su reporte sugirió prohibir velos musulmanes, kipás y grandes cruces cristianas en las escuelas públicas.

La sugerencia fue tan inesperada que líderes judíos y musulmanes parecieron sentirse incómodos por el tratamiento especial. Sin embargo, la necesidad política de atenuar la prohibición al uso de velos podría conducir a los franceses a establecer un precedente en el mundo occidental.

"Si esto es aprobado e incluido en un calendario basado sólo en feriados católicos o patrióticos hasta ahora, sería una verdadera revolución", dijo el diario izquierdista Liberation.

"Francia será el único país no musulmán en reconocer el Eid al Fitr y el único país aparte de Israel en celebrar el Yom Kippur", dijo Patrick Weil, miembro de la comisión especial que propuso las nuevas festividades.

Los musulmanes, cuya festividad de Eid al Fitr marca el fin del mes de ayuno musulmán, el Ramadán, son alrededor de cinco millones de personas, o el ocho por ciento de la población francesa.

Yom Kippur es el Día del Perdón para los judíos, de los cuales hay unos 600.000 en Francia.

Irónicamente, la comisión sugirió los nuevos feriados escolares sólo semanas después que Francia decidiera eliminar el descanso del lunes siguiente a Pentecostés para ayudar a pagar por más cobertura médica para personas de la tercera edad.

Las escuelas religiosas privadas en Europa y Estados Unidos usualmente pueden establecer sus propios feriados mientras cumplan un número mínimo de días escolares durante el año.

(CNN)

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Se triplican casos de ETS en adolescentes ingleses, informa estudio

LONDRES, 14 Dic. 03

La Asociación Médica Británica (BMA) publicó un reporte titulado “Salud Adolescente” que revela que una de cada diez mujeres británicas entre 16 y 19 años tiene chlamydia, una nociva enfermedad de transmisión sexual que puede causar la infertilidad.

El informe explica que el número de casos con esta enfermedad ha aumentado en 300 por ciento desde 1996; detalla diversas estadísticas “preocupantes” sobre la salud física, mental y espiritual de los adolescentes en el país; y revela también un crecimiento en el uso de cocaína por parte de los jóvenes en el mismo periodo.

Al ser preguntado sobre las causas de estas alarmantes cifras, la directora de la organización de caridad infantil Kidscape, Michele Elliott, afirmó que “necesitamos una mejor educación sexual y que sea recibida desde edades menores”.

Asimismo –agregó Elliott–, “tenemos que estar atentos sobre lo que estamos exponiendo a nuestros niños. No me parece que deberíamos estar permitiendo a nuestros hijos tener revistas que explican a un niño de 12 años cómo tener relaciones sexuales anti-natura”.

“Tenemos que decirles a nuestros niños que está bien el abstenerse del sexo”, añadió la directora de Kidscape.

Por su parte, el doctor Trevor Stammers, profesor del Colegio Médico de Saint George en Londres, reiteró el problema y afirmó que “el peso de la falta de modelos masculinos para los jóvenes es indiscutible, aunque a algunos no les guste”. “También necesitamos enseñarles a nuestro niños que no tiene nada de malo ser virgen a los 15 o 16 años”, agregó el doctor.

(Aciprensa)

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El Papa a la República Dominicana: La evangelización, motor de promoción humana
Discurso en la presentación de las cartas credenciales del nuevo embajador ante la Santa Sede

CIUDAD DEL VATICANO, 15 de diciembre de 2003

 Publicamos el discurso que entregó Juan Pablo II este lunes al nuevo embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede, el señor Carlos Rafael Conrado Marion-Landais Castillo, en la presentación de sus cartas credenciales.

* * *

Señor Embajador:
1. Le recibo con mucho gusto en este solemne acto de presentación de las Cartas Credenciales que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana ante la Santa Sede, y le agradezco sinceramente las amables palabras que ha tenido a bien dirigirme.

Le quedo muy reconocido por sus expresiones de felicitación con motivo de la reciente celebración del los XXV años de mi elección a la Cátedra de San Pedro, a la cual el Supremo Pastor quiso llamarme para prestar este servicio a la Iglesia y, por extensión, a la humanidad. Por eso, le agradezco mucho sus oraciones para que Dios me siga confortando con su ayuda en el ejercicio de este ministerio eclesial.

2. Vuestra Excelencia viene a representar a una Nación que, como ha recordado Usted en su discurso, se siente profundamente católica. Sobre el suelo de lo que es hoy la República Dominicana se celebró la primera Misa en los inicios de la Evangelización del continente americano, y más tarde se administraron los primeros bautismos de indígenas. Con estos dos Sacramentos crece y se edifica la Iglesia de Cristo y así se puede decir que fue en la Isla Hispaniola donde nació la Iglesia católica en América. Desde allí partieron luego los evangelizadores hacia la tierra firme americana; aquellos hombres que iban a anunciar a Jesucristo, a defender la dignidad inviolable y los derechos de los pueblos indígenas, a favorecer su promoción integral y la hermandad entre todos los miembros de la gran familia humana.

En un período relativamente corto los senderos de la fe atravesaron la geografía dominicana. El Papa Julio II apenas iniciado el siglo XVI erigió en la Isla Hispaniola la Iglesia Metropolitana de Yaguate, con las sufragáneas de Bainoa y Maguá, primeras del Nuevo Mundo. Estas diócesis fueron sin embargo suprimidas tiempo después y el mismo Pontífice el 8 de agosto de 1511 erigiría definitivamente las diócesis de Santo Domingo, Concepción de la Vega y San Juan, como sufragáneas de la Sede Metropolitana de Sevilla. Para celebrar esos quinientos años de existencia el Episcopado dominicano prepara un Plan Nacional de Pastoral de Evangelización, al que deseo desde ahora los mejores frutos.

En estos cinco siglos la Iglesia ha acompañado el caminar del pueblo dominicano, anunciándole los principios cristianos, que son fuente de sólida esperanza e infunden un renovado dinamismo a la sociedad, y llevando a cabo su obra de evangelización y promoción humana, acciones que no se contraponen sino que están íntimamente vinculadas, pues «la promoción humana ha de ser la consecuencia lógica de la evangelización, la cual tiende a la liberación integral de la persona» (Discurso en Santo Domingo, 12.X.1992, 13).

3. La Santa Sede se complace por las buenas relaciones entre la Iglesia y el Estado, y formula fervientes votos para que continúen incrementándose en el futuro. Existe un amplio campo en el que confluyen y se interrelacionan las propias competencias y acciones, tal como recoge el Concilio Vaticano II.

Es justo reconocer la acción llevada a cabo en su País a través de las diócesis, las parroquias, las comunidades religiosas y los movimientos de apostolado. Deseo, al respecto, mencionar la acción eclesial en favor de los discapacitados, los enfermos de sida, las minorías étnicas, los emigrantes y refugiados. También es motivo de gozo la presencia de la Iglesia en el campo educativo, a través de una Universidad Pontificia en Santiago con un recinto también en la Ciudad Capital, cuatro Universidades Católicas, varios Institutos Técnicos, Institutos Politécnicos Femeninos y casi trescientos Centros educativos y escuelas parroquiales. Además otras instituciones de la Iglesia católica ofrecen una aportación significativa en el esfuerzo común por fomentar una sociedad más justa y atenta a las necesidades de sus miembros más débiles.

4. Aunque en su servicio a la sociedad no le incumbe a la Iglesia proponer soluciones de orden político y técnico, sin embargo debe y quiere señalar las motivaciones y orientaciones que provienen del Evangelio para iluminar la búsqueda de respuestas y soluciones. En la raíz de los males sociales, económicos y políticos de los pueblos suele estar el repudio u olvido de los genuinos valores éticos, espirituales y transcendentes. Es misión de la Iglesia recordarlos, defenderlos y consolidarlos, particularmente en el momento actual, en el que causas internas y externas han producido en su país un grave deterioro y un cierto descenso de la calidad de vida de los dominicanos. En la solución de esos problemas no debe olvidarse que el bien común es el objetivo a conseguir, para lo cual, la Iglesia, sin pretender competencias ajenas a su misión, presta su colaboración al gobierno y a la sociedad.

En el mundo de hoy no basta limitarse a la ley del mercado y su globalización; hay que fomentar la solidaridad, evitando los males que se derivan de un capitalismo que pone el lucro por encima de la persona y la hace víctima de tantas injusticias. Un modelo de desarrollo que no tuviera presente y no afrontara con decisión esas desigualdades no podría prosperar de ningún modo.

Los que más sufren en las crisis son siempre los pobres. Por eso, deben ser el objetivo especial de los desvelos y atención del Estado. La lucha contra la pobreza no debe reducirse a mejorar simplemente sus condiciones de vida, sino a sacarlos de esa situación creando fuentes de empleo y asumiendo su causa como propia. Es importante incidir en la importancia de la educación y la formación como elementos en la lucha contra la pobreza, así como en el respeto de los derechos fundamentales, que no pueden ser sacrificados en aras de otros objetivos, pues eso atentaría contra la verdadera dignidad del ser humano.

5. Antes de concluir este encuentro deseo expresarle, Señor Embajador, mi cercanía a todos los afectados por el terremoto del pasado mes de septiembre y las recientes inundaciones. Deseo alabar la solidaridad efectiva de las otras regiones de la misma República Dominicana y de otros Países del Caribe. Pido al Señor que conceda a los damnificados fortaleza y capacidad de entrega generosa para hacer frente a las devastaciones sufridas y que no les falte, con prontitud, la ayuda necesaria para poder continuar la vida ordinaria.

6. Finalmente me complace formularle mis mejores votos para que la misión que hoy inicia sea fecunda en copiosos frutos y éxitos. Le ruego, de nuevo, que se haga intérprete de mis sentimientos y esperanzas ante el Señor Presidente de la República y las demás las Autoridades de su País, mientras invoco la bendición de Dios, por intercesión de la Virgen de Altagracia, que venerada desde 1541 acompaña con su presencia amorosa a los fieles de esa noble Nación, sobre Usted, sobre su distinguida familia y colaboradores, y sobre los amadísimos hijos dominicanos.

(ZENIT.org)

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La Ley sobre Fecundación Artificial aprobada en Italia no es «católica»
Advierte el vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida

ROMA, 15 diciembre 2003

 Una ley que admite la fecundación «in vitro» no es lícita desde el punto de vista de la moral católica, constató monseñor Elio Sgreccia, vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida, respecto a la Ley sobre Fecundación Artificial que aprobó el Senado italiano el jueves pasado.

Con 169 votos a favor, 92 en contra y 5 abstenciones, la nueva norma prohíbe el recurso a la fecundación heteróloga --con gametos que no pertenezcan a los progenitores-- y limita el acceso a estas técnicas a parejas de mayores de edad, de sexo distinto, casados o con convivencia estable, en edad potencialmente fértil y ambos vivos.

Además, el texto prohíbe las pruebas genéticas preventivas, la experimentación en cualquier embrión humano, su congelación y su clonación, sin olvidar duras sanciones para los médicos que se salten estas restricciones.

A causa de estas restricciones, la norma ha sido calificada por muchos detractores en la prensa como «católica», un «primer equívoco que hay que aclarar» porque la ley «no refleja la moral católica», advirtió monseñor Sgreccia ante los micrófonos de Radio Vaticana.

«Todos saben --y es bueno que se repita--, que para la visión católica de la vida y de la procreación» el hijo debe ser concebido «dentro de un acto de amor conyugal», explicó el prelado.

De ahí que «una ley que admite una concepción en probeta nunca sea considerada lícita», aclaró.

«Aquellos que han promovido esta ley, la han llevado adelante con insistencia y valor, católicos y no católicos --recalcó el obispo Sgreccia--: han trabajado como ciudadanos preocupados por los daños que pueden venir no sólo del “salvaje lejano oeste” que existía hasta [el jueves], sino por la procreación artificial en sus distintas tecnologías, que se multiplican cada vez más».

En su opinión, «han intentado reducir el perjuicio en puntos importantes: por ejemplo, evitar la congelación de embriones», de «criaturas humanas» en un «infierno de hielo que este siglo, armado de tantas posibilidades científicas, ha puesto por obra por un utilitarismo despiadado, para hacer de estas criaturas víctimas de experimentaciones, en cualquier caso destinadas a la supresión».

La nueva ley limita «las posibilidades de la procreación artificial al menos dentro de la familia, de forma que el hijo que nazca pueda reconocer a un padre y a una madre».

Ello constituye «una ventaja muy importante para la educación, para la identidad, para el crecimiento psicológico y moral del hijo», observó.

«No es una broma lo que se ha conseguido», constató monseñor Sgreccia. Pero «con todo, no podemos decir que la ley se ajuste a la moral católica o que sea perfecta en todos sus puntos», subrayó.

(ZENIT.org)

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La amnesia de la memoria

Alvin Toffler, gurú de la sociedad del futuro, ha escrito, el pasado jueves, un artículo, en el diario El Mundo, titulado Una generación en el poder sin memoria histórica, en el que leemos: «El concepto de amnesia generacional es importante para comprender las visiones conflictivas del mundo y los insólitos derroteros políticos que están adoptando algunos integrantes de estas nuevas generaciones que, en estos momentos, están alcanzando posiciones de poder. La nueva generación no comparte la advertencia del filósofo George Santayana de que aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. Aunque quizá puedan estar de acuerdo con Santayana quienes viven en sociedades de evolución lenta, es posible que, para quienes están inmersos en el vértigo de cambios que en la actualidad barre de un extremo a otro buena parte del mundo, las cosas sean muy diferentes.

De hecho, podrán aducir que allí donde el cambio es rápido, el pasado se repite muy poco. Incluso en el caso de que parezca que se reproduce un hecho concreto, habrá cambiado el contexto que lo rodea, lo que le confiere un significado nuevo y diferente. Están en lo cierto. Los cambios cambian la manera en que pensamos acerca de los cambios.
Tampoco es que la falta de interés de la nueva generación en el pasado se haya visto reemplazada por su interés en el futuro. Son tantas las cosas que están sucediendo simultáneamente y a tal velocidad, que mucha gente ha abandonado la esperanza de comprender, y aun menos de prever, el acontecimiento que vendrá después. Si tanto el pasado como el futuro están excluidos del conocimiento, lo que queda es el presente».

Ecclesia
La amnesia de la memoria constitucional llega hasta la contribución de la Iglesia a la transición política y al diseño constitucional. Sólo quienes quieren dar un paso más en el vacío de su laicismo han escrito y reescrito sobre la necesidad de reformar la Constitución en los artículos que se refieren a la Iglesia y, sobre todo, a los Acuerdos Iglesia-Estado hoy vigentes.
El profesor Juan María Laboa ha escrito un artículo, en el último número de la revista de la Conferencia Episcopal Española, Ecclesia, sobre Iglesia y comunidad creyente, en el que afirma: «En efecto, en esta conmemoración agradecida de una convivencia mayoritariamente serena y enriquecedora, en la que casi todos hemos crecido y madurado, podríamos, al menos, hacer las siguientes reflexiones:
Se ha manifestado con intensidad y acritud creciente un anticlericalismo hosco –y, a menudo, anacrónico– que, admitiendo el chador, los derechos de todos los inmigrantes y las inclinaciones morales más subjetivas e individuales, parecen negar el pan y la sal a los católicos, tanto individual como colectivamente.
Existe una indiferencia atroz a cuanto significa religión, devociones, creencias e instituciones religiosas. A menudo pienso que, para muchos, Cristo y la Iglesia tienen la misma actualidad que Buda y los templos egipcios. Son puras expresiones culturales de un tiempo ya pasado que no han vivido y no les afecta. Evidentemente, no podemos achacar a la Constitución esta situación.
En una democracia, son los ciudadanos quienes influyen, alteran, modifican las prioridades y las grandes líneas. Si esa mayoría de católicos –que son también ciudadanos con todos sus derechos– no sigue las normas y consejos de la jerarquía ni se esfuerza por conseguir que sus valores tengan más relevancia, habrá que preguntarse qué clase de valores tienen, o si son tan razonables y evangélicos todos los valores que les exigimos, si tenemos la necesaria capacidad de diálogo con los miembros de la comunidad, si explicamos con realidad y transparencia la situación eclesial. La Constitución no puede ni debe suplir nuestras carencias y debilidades. No sólo esto; el artículo 16, tal como está redactado, presupone una mayoría, al menos sociológica, de católicos. Si ésta se pierde, se pierde el fundamento de la argumentación».

ABC
El teólogo y académico Olegario González de Cardedal publicó una esclarecedora Tercera de ABC, el jueves día 4 de diciembre, bajo el encabezameinto de El régimen de los príncipes, en la que afirmaba: «El matrimonio del Príncipe ha suscitado muchos comentarios en la prensa del corazón. No sé si tantos en las revistas de la razón analítica. Existe también el problema ético. A la monarquía no le basta apelar a la historia pasada o a la mera legalidad jurídica, sino tiene que ganarse su perduración por la diaria ejemplaridad, la diaria eficacia, la diaria significación. Ésa es la gloria y la conquista de Doña Sofía y Don Juan Carlos. Ellos han sabido que no basta la potestad jurídica, sino que es necesaria la autoridad moral. Y es autor quien acrece, precede en el deber cumplido, dignifica, alienta y sostiene. No puede ejercer real autoridad quien carece de la ejemplaridad necesaria para suscitar adhesión. Quien nos preside, con su vida nos dignifica o indignifica a todos. Nosotros podemos ser malos y pecadores, pero necesitamos que el bien siga siendo bien; la verdad, verdad; y la justicia, justicia. Hacer eso real es la regia tarea de los Reyes.
Junto al problema político y al ético, surge el problema religioso, ya que su prometida había vivido previamente en matrimonio, civilmente contraído, y divorciada después. Al mismo tiempo, la Casa Real manifestaba su intención de que fuera un matrimonio católico. Esto es una decisión de su libertad, que ya no viene exigida por la condición real ni por la Constitución, sino por su voluntad personal. La monarquía es y será católica no por tradición y herencia sólo, sino sobre todo por voluntad. Situados en la perspectiva religiosa hay tres problemas: el canónico, el intelectual y el moral. En las discusiones públicas casi sólo ha aparecido la dimensión canónica. ¿Se puede casar el Príncipe con una mujer divorciada? ¿Es posible hacerlo en la Iglesia? La respuesta verdadera tiene que ser más compleja. Para la Iglesia, un matrimonio entre cristianos debe realizarse en la forma prevista en el Código de Derecho Canónico; es comprendido como sacramento y, por ser expresión del amor definitivo e irrompible de Dios a los hombres, pecadores o santos, tal como él se ha manifestado en Cristo, tiene las características de unidad, fidelidad e indisolubilidad. Al matrimonio no realizado como sacramento, no le reconoce el carácter de indisolubilidad. Por eso es canónicamente posible el nuevo matrimonio sacramental de Letizia».


José Francisco Serrano

(Alfa y Omega #377)

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P. Raniero Cantalamessa
Adviento 2003 en la Casa Pontificia
Segunda predicación


«AUNQUE CAMINE POR UN VALLE OSCURO...»

(Continuación)

4. Al lado de los ateos

En lugar de santos «arcaicos», los místicos son los más modernos entre los santos. El mundo de hoy conoce una nueva categoría de personas: los ateos de buena fe, aquellos que viven dolorosamente la situación del silencio de Dios, que no creen en Dios pero no se jactan de ello; experimentan más bien la angustia existencial y la falta de sentido de todo; viven también ellos, a su modo, en una noche oscura del espíritu. Albert Camus les llamaba «los santos sin Dios». Los místicos existen sobre todo para ellos; son sus compañeros de viaje y de mesa. Como Jesús, ellos «están sentados a la mesa de los pecadores y han comido con ellos» (Cf. Lc 15,2).

Esto explica la pasión con la que ciertos ateos, una vez que se han convertido, se han lanzado sobre los escritos de los místicos: Claudel, Bernanos, los dos Maritain, L. Bloy, el escritor J.-K. Huysmans y muchos otros sobre los escritos de Angela de Foligno; T. S. Eliot sobre los de Giuliana de Norwich. Allí encontraban el mismo paisaje que habían dejado, pero esta vez iluminado por el sol. Este año se celebra el 50º aniversario de la primera representación de «Esperando a Godot», el drama más representativo del teatro del absurdo, pero pocos saben que su autor, Samuel Beckett, en su tiempo libre leía a San Juan de la Cruz.

La palabra «ateo» puede tener un sentido activo y un sentido pasivo. Puede indicar uno que rechaza a Dios, pero también uno que –al menos así les parece— es rechazado por Dios. En el primer caso, se trata de un ateismo de culpa (cuando no es de buena fe), en el segundo de un ateismo de pena, o de expiación. En este último sentido podemos decir que los místicos, en la noche del espíritu, son los a-teos, los sin Dios. Madre Teresa tiene palabras que nadie habría sospechado en ella:

«Dicen que la pena eterna que sufren las almas en el infierno es la pérdida de Dios... En mi alma yo experimento precisamente esta terrible pena de la pérdida, de Dios que no me quiere, de Dios que no es Dios, de Dios que en realidad no existe. Jesús, te lo ruego, perdona mi blasfemia» [16].

Pero se da cuenta de la naturaleza distinta, de solidaridad y de expiación, de este «ateísmo» suyo:

«Quiero vivir en este mundo tan lejano de Dios y que ha dado la espalda a la luz de Jesús, para ayudar a la gente, cargando con algo de su sufrimiento» [17].

Los místicos han llegado a un paso del mundo donde viven los sin Dios; han experimentado el vértigo de precipitarse hacia abajo. Escribe Madre Teresa a su padre espiritual:

«He estado a punto de decir “no”... Me siento como si algo, un día u otro, se tuviera que romper en mí». «Ruegue por mí, para que yo no rechace a Dios en esta hora. No quiero hacerlo, pero temo que pueda hacerlo» [18].

Por esto los místicos son los evangelizadores ideales en el mundo post-moderno, donde se vive «etsi Deus non daretur», como si Dios no existiera. Recuerdan a los ateos honestos que no están «lejos del reino de Dios»; que les bastaría dar un salto para encontrarse en la orilla de los místicos, pasando de la nada al todo. Tenía razón Karl Rahner al decir: «El cristianismo del futuro, o es místico o no será». Padre Pío y Madre Teresa son la respuesta a este signo de los tiempos. No debemos «desperdiciar» a los santos reduciéndolos a dispensadores de gracias o de buenos ejemplos.

5. Nuestra pequeña noche

Los místicos tienen sin embargo algo que decirnos a los creyentes, y no sólo a los ateos. No son una excepción, o una categoría aparte de cristianos. Muestran más bien, como de forma ampliada, lo que debería ser la plena expansión de la vida de gracia. Una cosa aprendemos especialmente de la noche oscura de los místicos, y en particular de la de Madre Teresa: cómo comportarnos en tiempo de aridez, cuando la oración se convierte en lucha, fatiga, un golpe de la cabeza contra un «muro de lamentación».

No es necesario insistir en la oración de Madre Teresa en todos aquellos años pasados en la oscuridad; la imagen de ella en oración es la que todos tenemos aún ante de los ojos. Una serie de bellísimas oraciones se encuentran entre la herencia más preciosa que ella dejó a sus hijas y a la Iglesia. De Jesús, el evangelista Lucas dice que «sumido en agonía, insistía más en su oración», factus in agonia prolixius orabat (Lc 22,44). Es lo que se observa también en la vida de estas almas.

La aridez en la oración, cuando no es fruto de disipación o de pactos con la carne, sino permisión de Dios, es la forma atenuada y común que adopta la noche oscura en la mayoría de las personas que tienden a la santidad. En esta situación es importante no rendirse y comenzar a omitir la oración para entregarse al trabajo, visto que se consigue bien poco estando en oración. Cuando Dios no está, es importante al menos que su lugar permanezca vacío y que no sea ocupado por algún ídolo, especialmente el que llamamos activismo.

Para impedir que esto ocurra es bueno interrumpir cada rato el trabajo para elevar al menos un pensamiento a Dios, o para sacrificarle sencillamente un poco de tiempo. En tiempo de aridez hay que descubrir un tipo de oración especial que la beata Angela de Foligno definía como la oración forzada y que dice haber practicado ella misma:

«Es bueno y muy agradable a Dios que tú ores con el fervor de la gracia divina, que veles y te fatigues al realizar toda acción buena; pero es más agradable y aceptable al Señor si, faltándote la gracia, no disminuyes tus oraciones, tus vigilias, tus buenas obras. Actúa sin la gracia como lo hacías cuando la poseías... Tú haz tu parte, hijo mío, y Dios hará la suya. La oración forzada, violenta, es muy agradable a Dios» [19].

Esta es una oración que se puede hacer más con el cuerpo que con la mente. Existe una secreta alianza entre la voluntad y el cuerpo y hay que usarla para reducir la mente... a la razón. A menudo, cuando nuestra voluntad no puede ordenar a la mente que tenga o no ciertos pensamientos, puede ordenar al cuerpo: a las rodillas que se doblen, a las manos que se junten, a los labios que se abran y pronuncien algunas palabras, por ejemplo, «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo».

Un místico oriental, Isaac el Sirio, decía: «Cuanto tu corazón está muerto y ya no tenemos la mínima oración ni súplica alguna, cuando Él venga que nos encuentre postrados con el rostro en tierra perpetuamente». Madre Teresa conoció también esta oración «forzada».

«No puedo decirle lo mal que me sentí el otro día; hubo un momento en el que por poco rechacé aceptar. Entonces tomé decididamente el Rosario y lo recé lentamente y con calma, sin meditar ni pensar en nada» [20].

Simplemente permanecer con el cuerpo en la iglesia, o en el lugar elegido para la oración, simplemente estar en oración, es entonces el único modo que queda para continuar siendo perseverantes en la oración. Dios sabe que podríamos ir y hacer cientos de cosas más útiles y que nos agradarían más, pero permanecemos allí, consumimos en blanco el tiempo a Él destinado por nuestro horario o por nuestro propósito.

A un discípulo que se lamentaba continuamente de no poder orar a causa de las distracciones, un anciano monje, al que se había dirigido, le respondió: «Que tu pensamiento vaya donde quiera, ¡pero que tu cuerpo no salga de la celda!» [21]. Es un consejo que también nos sirve a nosotros, cuando nos encontramos en situación de distracciones crónicas que ya no está en nuestras manos poder controlar: que nuestro pensamiento vaya donde quiera, ¡pero que nuestro cuerpo permanezca en oración!

En tiempo de aridez, debemos recordar la dulcísima palabra del Apóstol: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza...» (Rm 8,26 s). Él, sin que lo notemos, llena nuestras palabras y nuestros gemidos de deseo de Dios, de humildad, de amor. El Paráclito se convierte, entonces, en la fuerza de nuestra oración «débil», en la luz de nuestra oración apagada; en una palabra, en el alma de nuestra oración. Verdaderamente, como dice la Secuencia, Él «riega lo que es árido», rigat quod est aridum.

Todo esto sucede por fe. Basta que yo diga: «Padre, tu me has regalado el Espíritu de Jesús; formando, por ello, “un solo Espíritu” con Él, yo rezo este salmo, celebro esta Santa Misa, o estoy simplemente en silencio, aquí, en tu presencia. Quiero darte la gloria y la alegría que te daría Jesús, si fuera Él quien te orara aún desde la tierra». Con esta certeza, concluimos nuestra reflexión orando:

«Espíritu Santo, Tú que intercedes en el corazón de los creyentes con gemidos inenarrables, llama al corazón de tantos de nuestros contemporáneos que viven sin Dios y sin esperanza en este mundo. Ilumina la mente de aquellos que en este momento están delineando la fisonomía futura de nuestro continente; hazles comprender que Cristo no es una amenaza para nadie, sino hermano de todos. Que a los pobres, a los pequeños, a los perseguidos y a los excluidos de la Europa de mañana no les sea quitada, con culpable silencio, la garantía que hasta ahora más les ha defendido del arbitrio de los grandes y de la dureza de la vida: el nombre del primero de ellos, ¡Jesús de Nazareth!».


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[16] “They say people in hell suffer eternal pain because of the loss of God.... In my soul I feel just this terrible pain of loss, of God not wanting me, of God not being God, of God not really existing. Jesus, please forgive the blasphemy” (JN).

[17] “I wish to live in this world which is so far from God, which has turned so much from the light of Jesus, to help them - to take upon myself something of their suffering” (JN).

[18] “I have been on the verge of saying - No … I feel as if something will break in me one day”. “Pray for me that I may not refuse God in this hour - I don’t want to do it, but I am afraid I may do it” (AH).).

[19] Il libro della Beata Angela da Foligno, ed. Quaracchi, Grottaferrata, 1985, p. 576 s.

[20] “The other day I can’t tell you how bad I felt - there was a moment when I nearly refused to accept - deliberately I took the Rosary and very slowly without even meditating or thinking - I said it slowly and calmly” (AH).

[21] Apophtegmi dei Padri, del manuscrito Coislin 126, n. 205 (ed. F. Nau, en “Revue de l’Orient Chrétien” 13, 1908, p. 279.
 

(ZENIT.org)

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Lecturas del 16-12-03 (Martes de la Tercera Semana de Adviento)

SANTORAL: Santa Adelaida (o Alicia)

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 1-2. 9-13

Así habla el Señor:
¡Ay de la rebelde, de la impura, de la ciudad opresora! Ella no escuchó el llamado, no aprendió la lección, no puso su confianza en el Señor ni se acercó a su Dios.
Entonces, yo haré que sean puros los labios de los pueblos, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan con el mismo empeño. Desde más allá de los ríos de Cus, mis adoradores, los que están dispersos, me traerán ofrendas.
Aquel día, ya no tendrás que avergonzarte de las malas acciones con las que me has ofendido, porque yo apartaré a esos jactanciosos prepotentes que están en medio de ti, y ya no volverás a engreírte sobre mi santa Montaña.
Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor . El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23 (R.: 7a)

R. El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Señor rechaza a los que hacen el mal,
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando los justos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias. R.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en él no serán castigados. R.

X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña." El respondió: "No quiero." Pero después se arrepintió y fue.
Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
«El primero», le respondieron.
Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.»

Palabra del Señor.

Reflexión
Jesús compara a Dios con el padre que tenía dos hijos, uno, aparentemente desobediente y el otro, bien dispuesto, sólo en apariencia.

En la parábola del Evangelio, curiosamente, quien en un principio se niega a secundar la orden, es el único que acaba por cumplirla; en cambio, quien con prontitud se declaró dispuesto a ir a la viña, no se molestaría después en presentarse a trabajar; el padre que tenía una viña podía tener dos hijos, pero sólo contaba, en realidad con uno, aquel que, a pesar de las apariencias y en contra de su primera decisión, hizo lo que su padre quería de él.

El verdadero hijo se reconoce no por lo que dijo a su padre sino por hacer lo que su padre quería.

Es verdad que quien se negó al mandato del padre, ofendió a su padre; pero su falta primera no lo llevó a faltar al trabajo en la viña que es lo que el padre deseaba de él. Más grave, sin duda, fue la falta de quien prometió ir y no fue. Este hijo si bien no le faltó el respeto al padre porque acató la orden, no se presentó a trabajar, faltó a la palabra empeñada y ofendió a su padre doblemente.

Ambos hijos, dijeron una cosa e hicieron la contraria, pero el único que contrarió al padre fue el que no hizo lo que se había comprometido a hacer.

Si grave es negarse a un deseo paterno, más imperdonable aún es dejar de hacer lo que le hemos prometido.

El Dios de Jesús soporta mejor en sus fieles una negativa que la omisión, perdona más fácilmente una mala palabra o un gesto desabrido que el desconocimiento de su voluntad.

Hay que tomar en serio la advertencia de Jesús, que es el centro del evangelio de hoy: lo que todos reconocen como pecadores entrarán en el reino de Dios antes que los que todos estimaban como santos.

Para el Dios de Jesús no son buenos los que se lo creen, sólo porque se repiten a sí mismos todos los días y todo el día le prometen a Dios que harán un día cuanto Él desea de ellos; prometer que mañana seremos mejores no nos hace buenos hoy; la bondad que Dios quiere ver en los suyos radica en las obras buenas que se hacen y no en las que se prometen.

Es curioso que Jesús pida hoy en el Evangelio, conversión a los que nos creemos ya buenos y elogia a cuantos todos estimaríamos peores. Y es que sólo los que se saben indignos de su Dios, pueden iniciar el camino de vuelta hacia Él. Nos estamos perdiendo lo mejor de Dios, sólo porque nos creemos ya suficientemente buenos. Dios exige conversión a todos sus hijos, malos y buenos; y sólo le satisface aquel que, bueno o malo, hace su querer.

Por el hecho de que Él sea nuestro Padre, no podemos ilusionarnos con hacer lo que se nos da la gana: creernos que nos merecemos a Dios es una buena manera de perderlo para siempre.

Pidamos hoy al Señor que siempre tratemos de hacer su voluntad y que cuando por alguna causa no lo logremos, pidamos perdón y volvamos a intentarlo.

SANTORAL: Santa Adelaida (o Alicia)

Hoy celebran su onomástico las mujeres que llevan el nombre de Adelaida o Alicia, diminutivo de aquél, por ser la fiesta de santa Adelaida, esposa de Otón el Grande, emperador de Alemania. Esta santa vivió en el siglo X.
Cuando Rodolfo I, rey de Borgoña, murió, su hija Adelaida (cuyo nombre significa "de linaje noble") sólo contaba con seis años de edad. Transcurrida una década, contrajo matrimonio con el piadoso rey de Italia, Lotario II. Fue un matrimonio por amor. Emma, su hijita, llegará a ser más tarde reina de Francia.
pero Lotario murió muy joven. Adelaida se dedicó a prácticas de caridad. Berengario III se apoderó de toda Lombardía, sucediendo a Lotario con el título de rey de Italia. Enemigo de su antecesor, recluyó a Adelaida en en castillo del lago de Garda, donde sufrió injurias y penalidades. Más tarde logró libertarse, mediante una escala de sabanas anudadas que la bajó al foso, y luego huyó a Alemania. Por consejo de su capellán, envió un mensaje secreto a Otón I, en demanda de apoyo y justicia. Éste, al frente de un ejército, se apoderó de Pavía y otras comarcas. Prendado de las cualidades de Adelaida contrajo matrimonio con ella en la Navidad del año 951 y restituyó a Berengario el reino con la condición de que se declarase feudatario del Imperio. Berengario no cumplió sus pactos y promesas.
A ruego del papa, entonces, Otón envió a su hijo contra el monarca perjuro. En esta lucha el joven príncipe encontró la muerte. El emperador entonces pasó a Italia, tomó prisionero a Berengario y lo desterró a Alemania, donde terminó sus días. En el año 963, Otón fue coronado en Roma por el sumo pontífice Juan XII.
La emperatriz Adelaida, consejera sabia y prudente, usó de sus riquezas y de su poder para proteger, consolar y socorrer al necesitado.
Otón I reinó treinta y seis años, como undécimo emperador. Lo sucedió en el trono Otón II, quien se casó en segundas nupcias con Teofanía, princesa de origen griego. Mujer colérica y caprichosa, urdió intrigas para que Otón II desterrara a su madre. Tiempo después éste, reconociendo su error, arrepentido, la restituyó al país; pero murió en breve y Teofanía reinó en nombre de su hijo, Otón III.
Adelaida, en medio de su pena, encontraba fuerzas y consuelo en la oración. Retribuía todo el mal recibido con muestras de amor, mansedumbre y paciencia.
Una extraña enfermedad terminó con Teofanía en el año 991 y Adelaida se vio obligada a gobernar como regente del reino en nombre de su nieto, menor de edad. Fue para sus súbditos una madre bondadosa. Ignoraba el odio y no tenía resentimientos. El pueblo conocía su recta y piadosa conducta. "En el mundo -decía- no hay bien alguno puro; todos están mezclados con las adversidades". supo dirigir los negocios públicos, ganando la confianza de sus vasallos.
Fundó casas de religiosas y promovió la conversión de los infieles. Su último viaje fue el reino de Borgoña, para reconciliar a familiares distanciados. La muerte le llegó en el camino, en el convento de Seltz, cerca de Estrasburgo, el 16 de diciembre del año 999.
Su nombre es honrado en los calendarios de varias Iglesias de Alemania, aunque no en el romano. Parte de sus reliquias se conservan en una urna del tesoro de reliquias de Hannover.

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