Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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Suplemento Especial del Papa en Mexico y Guatemala

www.pucpr.edu

31 de julio de 2002

Guatemala
México

 

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El Papa canoniza al primer santo centroamericano y canario
800.000 personas en la proclamación de la santidad del Hermano Pedro

CIUDAD DE GUATEMALA, 30 julio 2002 

 Juan Pablo II canonizó este martes al Hermano Pedro de San José de Betancur, acontecimiento que la Iglesia en Centroamérica esperaba desde hace 335 años.

En el Hipódromo de la Ciudad de Guatemala participaban casi 800.000 personas, muchas indígenas, incluidas decenas de miles de peregrinos de otros países de América Central, de México, e incluso de España, pues el nuevo santo nació en las Islas Canarias.

El pontífice, en la homilía, hizo un llamamiento a recoger la herencia del Hermano Pedro que «ha de suscitar en los cristianos y en todos los ciudadanos el deseo de transformar la comunidad humana en una gran familia, donde las relaciones sociales, políticas y económicas sean dignas del hombre».

El pontífice pidió promover «la dignidad de la persona con el reconocimiento efectivo de sus derechos inalienables».

«Pensemos en los niños y jóvenes sin hogar o sin educación --añadió--; en las mujeres abandonadas con muchas necesidades que remediar; en la multitud de marginados en las ciudades; en las víctimas de organizaciones del crimen organizado, de la prostitución o la droga; en los enfermos desatendidos o en los ancianos que viven en soledad».

El Hermano Pedro de San José de Betancur (1626-1667), de la orden terciaria de San Francisco, se hizo famoso por limpiar las heridas de los indigentes que encontraba en la calle antes de llevarlos al sanatorio a hombros.

Su obra de atención a enfermos, indígenas, marginados ha sido continuada por la Orden de los Bethlemitas y de las Bethlemitas. La gran mayoría de estos religiosos y religiosas estaban presentes en la celebración.

Haciendo una excepción, en esta ocasión el Papa no pronunció la fórmula de canonización en latín sino en castellano: «Declaramos y definimos santo al Beato Hermano Pedro de San José de Betancur y lo inscribimos en el catálogo de los santos».

Le siguió la ovación que resonó durante varios minutos en el hipódromo y el canto del «amén», acompañado por la campana fraguada con motivo de esta canonización.

El evangelio había sido cantado en español y en cakchiquel, idioma común entre los indígenas guatemaltecos.

El arzobispo de Guatemala, Rodolfo Quezada Toruño, dio la bienvenida al obispo de Roma a «la tierra del quetzal y del maíz, tierra de muchas etnias y muchas culturas», y dijo en lengua cakchiquel «Bienvenido el que viene en nombre del Señor».

Detrás del hipódromo se había desplegado un enorme cartel que decía «Bienvenido Su Santidad Juan Pablo II» en español y en lengua quiché.

La gran mayoría de los participantes no había podido dormir en la noche anterior. Vigilias de oración se habían organizado en varias partes del país. A las 4.00 de la madrugada, columnas humanas avanzaron para reunirse en el hipódromo.

Algunos de los fieles habían recorrido centenares de kilómetros en autobuses y coches por maltrechas carreteras provenientes de Salvador, Panamá, o Chiapas... Todos tuvieron que afrontar la lluvia, el viento, y el calor. Los cantos de la eucaristía, sin embargo, sorprendieron por el entusiasmo general.

«Al llegar Juan Pablo II en el papamóvil, parecía como si los gritos de la gente nos levantaran del suelo», comentaba el joven costarricense Luis Solano.

«La emoción es enorme, nunca había experimentado algo así. Voy a rezar por la paz y la tranquilidad para mi familia y mi país», confesaba Sergio Tib, joven indígena de origen maya kiché, quien había llegado el lunes procedente de Sacatepequez, al oeste del país.

Envuelta por los cantos, Maritza Molina, joven religiosa de Panamá, rezaba con las manos unidas y los ojos cerrados: «El Papa es el símbolo de la dignidad --explicaba con voz cristalina--. Es un hombre bueno y generoso. La voluntad y el valor que ha tenido para venir aquí, a este país pobre, es un ejemplo para todos».

Entre los presentes se encontraban también 500 peregrinos de las Islas Canarias, quienes vinieron junto al obispo de Tenerife, monseñor Felipe Fernández.

Entre ellos se contaba el «niño del milagro», Adalberto González, de 22 años, cuya curación de un linfoma canceroso en 1985, a los cinco años, se convirtió en el milagro atribuido a la intercesión del Hermano Pedro que le abrió las puertas de la canonización. En el momento de la proclamación de la santidad, las campanas de Tenerife tocaron a repique.

Al final de la eucaristía, el Papa demostraba el cansancio acumulado por las exigentes intervenciones en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Toronto, pero quiso entonar todas la partes cantadas de la liturgia eucarística, y pronunció un mensaje que había preparado a última hora.

«Deseo deciros que me habéis conmovido una vez más», confesó y añadió: «Guatemala, te llevo en mi corazón».

Al concluir la canonización, el Papa regresó a la nunciatura apostólica, donde había dormido la noche anterior. Horas después, a inicios de la tarde, se despediá de los guatemaltecos en el aeropuerto internacional «La Aurora» para volar rumbo a México.

Este miércoles el pontífice canonizará en la Basílica de Guadalupe a Juan Diego, testigo de las apariciones de Guadalupe, y el jueves beatificará a dos mártires indígenas de Oaxaca. Ese mismo día concluirá su viaje internacional número 97 de estos casi 24 años de pontificado.

(ZENIT.org)

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El Papa satisfecho por la iniciativa de Guatemala de abolir la pena capital
Revelaciones de su portavoz, tras el proyecto del presidente Portillo

CIUDAD DE GUATEMALA, 30 julio 2002 

Juan Pablo II se siente sumamente satisfecho por la iniciativa del presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, de abolir la pena de muerte en su país, indicó el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls.

«El Papa ha manifestado su satisfacción por la decisión del presidente de guatemalteco», anunció el portavoz en declaraciones a los periodistas que le preguntaron su opinión sobre el anuncio del presidente Portillo de suspender las ejecuciones de detenidos condenados a muerte y de presentar un proyecto de ley a favor de la abolición de la pena capital.

Antes de la llegada del Papa a Guatemala, este lunes, el presidente Portillo había anunciado que detendría las ejecuciones de 36 prisioneros condenados a la pena capital.

El gobierno presentó el lunes ante el Congreso un proyecto a favor de la abolición, que será sometido a voto en los próximos días.

Las condenas de los 36 detenidos deberían condonarse con penas de 50 años de prisión.

Al inicio de su mandato, el presidente Portillo había ordenado la ejecución de dos detenidos, condenados a muerte por secuestro y asesinato de un empresario. Ambos habían sido ejecutados en junio de 2000 por inyección letal.

En declaraciones concedidas este sábado, el jefe de Estados guatemalteco consideraba que «la aplicación de la pena de muerte no era disuasiva, y no permitía disminuir la violencia».

(ZENIT.org)

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Homilía del Papa en la canonización del Hermano Pedro de San José de Betancur
«Un apremiante llamado a practicar la misericordia en la sociedad»

CIUDAD DE GUATEMALA, 30 julio 2002 

 Publicamos la homilía que pronunció este martes Juan Pablo II durante la canonización del Hermano Pedro de San José de Betancur (1626-1667), en el Hipódromo de la Ciudad de Guatemala.

* * *

1. «Venid vosotros, benditos de mi Padre; ...Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mateo 25, 34.40). ¿Cómo no pensar que estas palabras de Jesús, con las que se concluirá la historia de la humanidad, puedan aplicarse también al Hermano Pedro, que con tanta generosidad se dedicó al servicio de los más pobres y abandonados?
Al inscribir hoy en el catálogo de los santos al Hermano Pedro de San José de Betancur, lo hago convencido de la actualidad de su mensaje. El nuevo Santo, con el único equipaje de su fe y su confianza en Dios, surcó el Atlántico para atender a los pobres e indígenas de América: primero en Cuba, después en Honduras y, finalmente, en esta bendita tierra de Guatemala, su «tierra prometida».

2. Agradezco cordialmente las amables palabras que me ha dirigido monseñor Rodolfo Quezada, arzobispo de Guatemala, presentándome a estas queridas comunidades eclesiales. Saludo a los señores cardenales, a los obispos guatemaltecos, al obispo de Tenerife y a los venidos de otras partes del continente americano.

También saludo con gran estima a los sacerdotes y a los consagrados y consagradas. Un saludo especial y afectuoso también a los Hermanos de la Orden de Belén y a las Hermanas Bethlemitas, fruto de la inspiración de la Madre Encarnación Rosal, primera beata guatemalteca y reformadora del Beaterio donde fraguó la fundación para recuperar los valores fundamentales de los seguidores del Hermano Pedro.

Agradezco particularmente la presencia en esta celebración de los presidentes de las Repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, del Primer Ministro de Belice y demás Autoridades civiles. Aprecio también la participación en este acto de la Misión oficial que el Gobierno Español ha querido enviar para esta feliz ocasión.
Deseo asimismo expresar mi aprecio y cercanía a los numerosos indígenas. El Papa no os olvida y, admirando los valores de vuestras culturas, os alienta a superar con esperanza las situaciones, a veces difíciles, que atravesáis. ¡Construid con responsabilidad el futuro, trabajad por el armónico progreso de vuestros pueblos! Merecéis todo respeto y tenéis derecho a realizaros plenamente en la justicia, el desarrollo integral y la paz.

3. «Que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender [...] la profundidad del amor de Cristo» (Ef 3, 16-19). Estas palabras de san Pablo que hemos escuchado hoy, manifiestan cómo el encuentro interior con Cristo transforma al ser humano, llenándole de misericordia para con el prójimo.
El Hermano Pedro fue hombre de profunda oración, ya en su tierra natal, Tenerife, y después en todas las etapas de su vida, hasta llegar aquí, donde, especialmente en la ermita del Calvario, buscaba asiduamente la voluntad de Dios en cada momento.

Por eso es un ejemplo eximio para los cristianos de hoy, a quienes recuerda que, para ser santo, «es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración» («Novo millennio ineunte», 32). Por tanto, renuevo mi exhortación a todas las comunidades cristianas, de Guatemala y de otros países, a ser auténticas escuelas de oración, donde orar sea parte central de toda actividad. Una intensa vida de piedad produce siempre frutos abundantes.

El Hermano Pedro forjó así su espiritualidad, particularmente en la contemplación de los misterios de Belén y de la Cruz. Si en el nacimiento e infancia de Jesús ahondó en el acontecimiento fundamental de la Encarnación del Verbo, que le lleva a descubrir casi con naturalidad el rostro de Dios en el hombre, en la meditación sobre la Cruz encontró la fuerza para practicar heroicamente la misericordia con los más pequeños y necesitados.

4. Hoy somos testigos de la profunda verdad de las palabras del Salmo que antes hemos recitado: el justo «no temerá. Distribuyó, dio a los pobres; su justicia permanece por los siglos de los siglos» (111, 8-9). La justicia que perdura es la que se practica con humildad, compartiendo cordialmente la suerte de los hermanos, sembrando por doquier el espíritu de perdón y misericordia.

Pedro de Betancur se distinguió precisamente por practicar la misericordia con espíritu humilde y vida austera. Sentía en su corazón de servidor la amonestación del apóstol Pablo: «Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3, 23). Por eso fue verdaderamente hermano de todo el que vive en el infortunio y se entregó con ternura e inmenso amor a su salvación. Así se pone de manifiesto en los acontecimientos de su vida, como su dedicación a los enfermos en el pequeño hospital de Nuestra Señora de Belén, cuna de la Orden Bethlemita.

El nuevo Santo es también hoy un apremiante llamado a practicar la misericordia en la sociedad actual, sobre todo cuando son tantos los que esperan una mano tendida que los socorra. Pensemos en los niños y jóvenes sin hogar o sin educación; en las mujeres abandonadas con muchas necesidades que remediar; en la multitud de marginados en las ciudades; en las víctimas de organizaciones del crimen organizado, de la prostitución o la droga; en los enfermos desatendidos o en los ancianos que viven en soledad.

5. El Hermano Pedro «es una herencia que no se ha de perder y que se ha de transmitir para un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación» («Novo millennio ineunte», 7). Esta herencia ha de suscitar en los cristianos y en todos los ciudadanos el deseo de transformar la comunidad humana en una gran familia, donde las relaciones sociales, políticas y económicas sean dignas del hombre, y se promueva la dignidad de la persona con el reconocimiento efectivo de sus derechos inalienables.

Quisiera concluir recordando cómo la devoción a la Santísima Virgen acompañó siempre la vida de piedad y misericordia del Hermano Pedro. Que Ella nos guíe también a nosotros para que, iluminados por los ejemplos del «hombre que fue caridad», como se conoce a Pedro de Betancur, podamos llegar hasta su hijo Jesús. Amén.

¡Alabado sea Jesucristo!

(ZENIT.org)

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La visita del Papa revitaliza la Iglesia en un país invadido por las sectas
Guatemala, experimento de grupos fundamentalista para invadir Latinoamérica

CIUDAD DE GUATEMALA, 30 julio 2002 

La canonización del Hermano Pedro de San José de Betancur (1626-1667), uno de los acontecimientos más importantes de la historia del catolicismo guatemalteco, es un empuje decisivo para este país invadido por las sectas.

En los últimos treinta años, según algunos expertos, grupos protestantes y otras sectas religiosas han logrado atraer a casi el 30 por ciento de la población.

El Secretario del Movimiento Internacional de la Iglesia de Dios y de Pentecostés, denominación evangelista, José Elías estima que en Guatemala existen actualmente unos diez mil grupos fundamentalistas.

Se dan casos, como el de la provincia de Sololá, donde los lugares de culto católico son 194 mientras que los de las denominaciones de origen evangélico superan los 500.

Varios representantes de la Santa Sede han denunciado en los últimos años que Guatemala se ha convertido en una especie de experimento para los grupos fundamentalistas de Estados Unidos para penetrar en toda América Latina.

El arzobispo mexicano Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, en declaraciones publicadas por la agencia «Notimex» el 3 de enero de 1999, revelaba que el origen de esta invasión se encuentra en el informe redactado por Nelson A. Rockefeller para el presidente Richard Nixon en agosto de 1969.

El documento sostenía que tras el Concilio Vaticano II «la Iglesia católica ha dejado de ser un aliado de confianza para Estados Unidos y la garantía de estabilidad social en el continente (sudamericano)», por lo que insistía en «la necesidad de sustituir a los católicos por otros cristianos en América Latina».

Rockefeller pedía en el documento apoyar «a los grupos fundamentalistas cristianos (protestantes) y a iglesias tipo Moon y Hare Krishna».

Monseñor Lozano revelaba que las sectas se habían propuesto para el año 2000 tener entre sus filas al 50 por ciento de la población guatemalteca, objetivo que claramente ha fracasado.

Uno de los miembros más influyentes de los grupos fundamentalistas es el antiguo dictador Efraín Ríos Montt, presidente entre 1982 y 1983 gracias a un golpe de Estado.

Ríos Montt, actual presidente del Congreso guatemalteco, fue un predicador virulento en un programa televisivo durante años. Cuando Juan Pablo II visitó por primera vez su país, en 1983, le recibió ejecutando en vísperas de su viaje a seis detenidos para quienes el Papa había pedido la gracia presidencial.

«Antes había un 99 por ciento de católicos» en el país, «pero muchos no tenían nada de compromiso, eran solo católicos de nombre; ahora tenemos un 70 por ciento», reconocía este domingo el obispo de la diócesis de Escuintla, Fernando C. Gamalero, en declaraciones a la prensa.

«Lo más importante es la calidad del católico, que es muy superior. No nos estamos fijando en la cantidad, porque además, desde hace tiempo el compromiso de la Iglesia abarca otros temas como los derechos humanos y lo social. Estamos muy comprometidos los obispos, sacerdotes y laicos», agrega monseñor Gamalero.

El prelado reconoció que el descenso en el número de fieles obedece, en parte, a las técnicas agresivas de reclutamiento de las sectas: «hacen una especie de terrorismo contra la Iglesia católica».

Y responde también, en parte, a la financiación económica que han recibido de grupos estadounidenses y a las posibilidades con las que cuentan: «cuando un administrador en una finca o en una maquila es evangélico, y llega un católico a pedir trabajo, no se lo dan», explica.

(ZENIT.org)

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Jóvenes guatemaltecos participan de manera intensa en visita papal

GUATEMALA, 30 Jul. 02 

 Con motivo de la canonización del Hermano Pedro y de la visita papal, centenares de jóvenes guatemaltecos participan intensamente en la organización de este importante acontecimiento.

Tras un arduo trabajo en la elaboración de las alfombras, Scarlett Flores, uno de los jóvenes organizadores, señaló que estuvieron “desde las 3 de la madrugada fabricando la alfombra para recibir al Papa y ahora tenemos que recuperar fuerzas para reunirnos con el grupo que nos corresponde, a las 4 de la madrugada”.

Luego, Héctor Villavicencia, de 22 años, explicó que luego de la ceremonia de bienvenida muchos jóvenes se reunieron al estadio nacional Mateo Flores, en donde se preparó una vigilia especial de oración y cantos. “Todos estos son eventos a los que se les debe sacar provecho, no hay que ir solo por ir, hay que ir lleno de energía”, añadió.

Según informó la prensa local, en diversas calles de la capital guatemalteca, numerosos feligreses, particularmente jóvenes, manifiestan una gran alegría ante la visita papal.

Asimismo, la prensa señaló que desde tempranas horas de hoy, miles de feligreses, procedentes de todos los puntos cardinales, se reunieron en los cuatro indicados puntos de encuentro para dirigirse desde las cuatro de la mañana al Hipódromo, para presenciar la ceremonia de canonización del Hermano Pedro.

(Aciprensa)

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Al aterrizar, el Papa rinde homenaje a la fidelidad en la fe de México
Exalta los frutos de santidad surgidos en el país

CIUDAD DE MÉXICO, 30 julio 2002 

 Juan Pablo II rindió homenaje a la fe del pueblo mexicano, cuyos frutos de santidad viene a reconocer en su quinta visita al país, al aterrizar este martes en el aeropuerto internacional de la capital.

«México siempre fiel», dijo nada más llegar el Santo Padre en respuesta a las palabras del presidente Vicente Fox, confesando sus «sentimientos de afecto y estima por este pueblo, rico de historia y de culturas ancestrales».

Llegado en vuelo de la compañía Taca, que había sido bautizado con el significativo nombre de «Mensajero de la esperanza», el pontífice descendió en esta ocasión del avión utilizando un ascensor.

El pontífice concluía una agotadora jornada, que había tenido su momento culminante en el hipódromo de la Ciudad de Guatemala con la canonización del Hermano Pedro de San José de Betancur, primer santo centroamericano.

Recordando que este miércoles canonizará a Juan Diego, el indígena testigo de las apariciones de Guadalupe, y el jueves a los indígenas mártires de Oaxaca, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, hizo un llamamiento a la santidad, en este país, el segundo del mundo en número de católicos.

«¡Sed santos!», dijo. «Servid a Dios, a la Iglesia y a la nación, asumiendo cada cual la responsabilidad de trasmitir el mensaje evangélico y de dar testimonio de una fe viva y operante en la sociedad».

El Santo Padre no olvidó saludar a los miles de jóvenes que en ese momento se encontraban reunidos en una vigilia de oración en la Plaza del Zócalo de la Catedral Primada, y que le seguían desde pantallas de televisión.

«Les digo que el Papa cuenta con ellos y les pide que sean verdaderos amigos de Jesús y testigos de su Evangelio», afirmó.

«Queridos mexicanos --añadió--: Gracias por vuestra hospitalidad, por vuestro afecto constante, por vuestra fidelidad a la Iglesia».

Luego se despidió de los 2.600 presentes en el hangar presidencial con la fórmula que antiguamente se utilizaba en México: «Que Dios os haga como Juan Diego». E improvisando, volvió a exclamar: «¡México, siempre fiel».

«Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano», fue el grito de los presentes, que en varias ocasiones le interrumpieron con las famosas «porras» mexicanas.

En el discurso que había pronunciado poco antes, el presidente Fox afirmó que el México que en esta ocasión visita el Papa es «un país democrático, plural, orgulloso de su diversidad étnica y cultural», pero reconoció que afronta muchos retos, entre ellos el de la pobreza.

Prometió al pontífice que su gobierno está empeñado en lograr un crecimiento con rostro humano para incorporar al desarrollo a millones de familias que han estado marginadas. «Un desarrollo verdadero basado en la equidad y la justicia», destacó el mandatario mexicano con voz quebrada por la emoción.

En las calles de la ciudad y especialmente en los alrededores del aeropuerto miles de mexicanos aguardaban para ver pasar al Papa entre cánticos, vistiendo camisetas y gorras amarillas y blancas, colores pontificios.

Del aeropuerto el sucesor de Pedro se dirigió a la nunciatura apostólica, donde pasó la noche. Este jueves concluirá la visita internacional número 97 de su pontificado, que anteriormente le había llevado por Canadá y Guatemala.

(ZENIT.org)

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Discurso de Juan Pablo II al llegar a México
«Que Dios os haga como Juan Diego», afirma

CIUDAD DE MÉXICO, 30 julio 2002

 Pronunciamos el discurso que Juan Pablo II pronunció este martes al llegar al aeropuerto internacional de la Ciudad de México, tras las palabras de bienvenida que pronunció el presidente Vicente Fox.

* * *

Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos,
Señor Cardenal Arzobispo de Ciudad del México,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Ilustres Autoridades y Miembros del Cuerpo Diplomático,

Queridos mexicanos:
1. Es inmensa mi alegría al poder venir por quinta vez a esta hospitalaria tierra en la que inicié mi apostolado itinerante que, como Sucesor del apóstol Pedro, me ha llevado a tantas partes del mundo, acercándome así a muchos hombres y mujeres para confirmarles en la fe en Jesucristo salvador.

Después de haber celebrado en Toronto la XVII Jornada Mundial de la Juventud, he tenido hoy la dicha de agregar al número de los santos a un admirable evangelizador de este Continente: el Hermano Pedro de San José de Betancur. Mañana, con gran gozo, canonizaré a Juan Diego y, al día siguiente beatificaré a otros dos compatriotas vuestros: Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, que se unen así a los hermosos ejemplos de santidad en estas queridas tierras americanas, donde el mensaje cristiano ha sido acogido con corazón abierto, ha impregnado sus culturas y ha dado abundantes frutos.

2. Agradezco las amables palabras de bienvenida que, en nombre de todos los mexicanos, me ha dirigido el Señor Presidente de la República. A ellas deseo corresponder renovando una vez más mis sentimientos de afecto y estima por este pueblo, rico de historia y de culturas ancestrales, y animando a todos a comprometerse en la construcción de una Patria siempre renovada y en constante progreso. Saludo con afecto a los Señores Cardenales y Obispos, a los queridos Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, a todos los fieles que día a día se esfuerzan en practicar la fe cristiana y que con su vida hacen realidad la frase que es esperanza y programa de futuro: «México siempre fiel». Desde aquí, mando también un saludo afectuoso a los jóvenes reunidos en vigilia de oración en la Plaza del Zócalo de la Catedral Primada, y les digo que el Papa cuenta con ellos y les pide que sean verdaderos amigos de Jesús y testigos de su Evangelio.

3. Queridos mexicanos: Gracias por vuestra hospitalidad, por vuestro afecto constante, por vuestra fidelidad a la Iglesia. En ese camino, continuad siendo fieles, alentados por los maravillosos ejemplos de santidad surgidos en esta noble Nación. ¡Sed santos! Recordando cuanto ya dije en la Basílica de Guadalupe en 1990, servid a Dios, a la Iglesia y a la Nación, asumiendo cada cual la responsabilidad de trasmitir el mensaje evangélico y de dar testimonio de una fe viva y operante en la sociedad.

A cada uno os bendigo de corazón, utilizando para ello la fórmula con la que vuestros antepasados se dirigían a sus seres más queridos: «Que Dios os haga como Juan Diego».

(ZENIT.org)

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Impacta el beso de Fox

Histórico: Cinco millones se vuelcan a las calles para recibir por quinta vez a Juan Pablo II

José Luis Ruiz, Sergio Jiménez y Silvia Otero
El Universal
Miércoles 31 de julio de 2002

En un hecho inédito en la historia de México, donde la Constitución ordena la separación entre Iglesia y Estado y donde por años los mandatarios habían evitado hablar en público de sus creencias religiosas, el presidente Vicente Fox besó ayer el anillo papal de Juan Pablo II. En sus cuatro visitas anteriores, el vicario de Cristo había sido recibido con el protocolo oficial que impone la llegada de un jefe de Estado. Ayer, antes del arribo, durante una entrevista con Televisión Azteca, Fox defendió su formación católica y destacó que uno de los mayores cambios en el país lo representa el que ahora el jefe del Ejecutivo pueda asistir a un acto religioso sin tener que esconderse. El presidente recibió en el Aeropuerto de la Ciudad de México a Juan Pablo II, quien inició en esta capital la última etapa de su viaje número 97 al extranjero.

A las 19:34 horas un avión de Taca lo trajo por quinta ocasión a suelo azteca, donde hoy canonizará a Juan Diego y mañana beatificará a los mártires oaxaqueños Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. Acompañado por su esposa Marta Sahagún, miembros del gabinete, gobernadores, representantes del cuerpo diplomático, de la Iglesia e invitados especiales, el mandatario le aseguró al Papa que "llega a un país democrático, plural, orgulloso de su amplia diversidad étnica y cultural". Juan Pablo II, por su parte, expresó su alegría por regresar a México donde, recordó, "inicié mi apostolado itinerante que me ha llevado a tantas partes del mundo".

Impulsados por la alegría de verlo y ante el temor de que por su frágil estado de salud ésta sea la última visita al país, casi 5 millones de personas salieron a la calles a recibir al Pontífice. Inmensas vallas humanas se formaron a lo largo de los 19 kilómetros que recorrió desde hasta la Nunciatura. El único hecho que lamentar fue la muerte anoche de un fotógrafo del periódico La Prensa , quien sufrió un grave accidente de tránsito mientras cumplía con su trabajo.

(El universal)

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Versión íntegra del discurso de bienvenida de Vicente Fox al Papa

Llega usted a un país que enfrenta muchos desafíos, pero que comparte los valores y el mensaje que Su Santidad, ha divulgado por todo el mundo entre las mujeres y hombres de buena voluntad

Ciudad de México
Miércoles 31 de julio de 2002

  Su Santidad, Juan Pablo II:

Con los brazos abiertos, con el corazón lleno de alegría, damos a usted la más cordial bienvenida en esta, su quinta visita pastoral a nuestro país.

Las y los mexicanos nos sentimos muy honrados de recibirlo nuevamente en este México que lo quiere, lo respeta y lo admira.

El cariño que el Papa siempre ha demostrado a México es recíproco. Así lo muestra la gente que se le acerca contenta, que le canta, le sonríe y lo vitorea.

Hoy México lo recibe con la representación de 32 niños de cada una las entidades de nuestro país, que están aquí para expresar su profundo afecto a Juan Pablo II.

Las y los mexicanos nunca hemos olvidado la felicidad y la emoción que cada una de sus visitas ha dejado en nosotros.

Tampoco olvidaremos la gran distinción que hizo a México cuando al inicio de su ministerio papal, llegó hace más de veinte años para emprender su incansable labor espiritual, la cual lo ha llevado a todos los rincones del planeta. Esta quinta visita pastoral de Su Santidad constituye un gran aliento y un poderoso impulso para las y los mexicanos.

Usted representa un destacado ejemplo de respeto y amor al prójimo que debe prevalecer en el corazón de cada ser humano. Su acción y su palabra han inspirado, a lo largo de más de dos décadas, a numerosos niños, jóvenes y adultos mexicanos, que han encontrado en usted la fortaleza, la dicha y la inspiración para entregarse a los demás.

Al igual que numerosos pueblos de la Tierra, México reconoce el trabajo y la dedicación de Su Santidad en la construcción de un nuevo mundo de paz y armonía, su labor ardua y fructífera en favor del entendimiento entre los pueblos, del acercamiento entre las naciones y los diversos credos religiosos.

Reconocemos la labor de Su Santidad para alcanzar un mundo más justo y solidario, cada vez más preocupado por resolver los problemas de pobreza y marginación que aquejan a las sociedades modernas; un mundo cimentado en profundos valores humanistas y centrado en la dignidad de la persona y en sus derechos humanos.

Sin duda, el mundo que hoy vivimos no sería el mismo de no haber contado con el liderazgo espiritual y moral, con la gran labor ecuménica y con el ejemplo constructivo de Juan Pablo II.

Quiero expresarle que en México compartimos los valores que han animado su acción. Hoy llega usted a un país democrático, plural, orgulloso de su amplia diversidad étnica y cultural, caracterizado por una gran riqueza espiritual, la cual se expresa libre y ampliamente en diferentes credos religiosos.

En nuestra democracia se han ampliado todas las libertades, y ahora se ejercen a plenitud; se garantiza el respeto a los derechos que otorga la ley y, sobre todo, se asegura la defensa de los derechos humanos. Asimismo, impulsamos la construcción de un país incluyente, comprometido con un crecimiento con rostro humano.

Estamos trabajando para que todas y todos los mexicanos puedan encontrar en nuestro país las oportunidades necesarias para aprovechar sus capacidades.

Llega usted a una nación con muchos retos, entre ellos --en particular-- el de la superación de la pobreza, pero unida por la esperanza y la fe en su porvenir.

Las y los mexicanos trabajamos juntos para convertirnos no sólo en una nación más próspera, sino también más incluyente y equitativa; una nación que ha revalorado sus raíces indígenas y que desea que se multipliquen las oportunidades para el desarrollo individual y colectivo, en especial para quienes han sido marginados del progreso, para aquellas familias más pobres y humildes; una nación en la que, con la ayuda de todos, cada persona pueda desarrollar su espíritu, su talento y sus capacidades en beneficio propio, de su familia, su comunidad, su país y de la humanidad en su conjunto.

Llega usted a un país decidido a impulsar su crecimiento económico y, sobre todo, su desarrollo humano y social; un desarrollo verdadero, basado en la equidad y la justicia. Llega usted a una nación amante de la paz, que brinda a los demás pueblos respeto, apoyo y amistad, así como su cooperación para construir, de manera conjunta, un mundo en el que imperen, sobre la base del derecho internacional, la armonía y el bienestar compartido. En ese contexto, México es una nación especialmente preocupada por la defensa de los derechos de todas y todos los migrantes.

En fin, llega usted a un país que enfrenta muchos desafíos, pero que comparte los valores y el mensaje que Su Santidad, ha divulgado por todo el mundo entre las mujeres y hombres de buena voluntad. Por ello, y por el inmenso cariño que el Papa ha demostrado siempre hacia el pueblo mexicano, su visita nos conmueve y nos llena de alegría.

Su Santidad:

Hoy, desde su pluralidad de creencias, México lo recibe jubiloso. Hoy, lo recibe con alegría una nación que inició su Independencia al amparo de la imagen de la Virgen de Guadalupe, plasmada en el estandarte del Padre de la Patria; un país que, en su diversidad actual, ha sabido hacer del respeto hacia los demás y de la búsqueda del diálogo y el consenso la base de su fortaleza.

Estoy seguro de que, en esta visita pastoral, millones de mexicanas y mexicanos escucharán con renovada fe y verdadero entusiasmo su mensaje.

Espero que usted disfrute, durante su estancia, de la alegría y el incalculable amor que ha sembrado Juan Pablo II, "nuestro hermano del alma, realmente el amigo", en el pueblo católico mexicano.

En nombre de ese pueblo, de esta nación que tiene puesta su mirada en el futuro de paz y bienestar para todos, doy a usted, Su Santidad Juan Pablo II, la más cordial y cariñosa de las bienvenidas.

(El universal)

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