Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
9 de marzo de 2001
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"Un fin bueno no hace buena una acción en sí misma mala, "

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Acción comunitaria sicosocial en iglesia

EL SACERDOTE Pedro Ortiz, párroco de la Iglesia Nuestra Señora de la Providencia en la urbanización Villa Carmen en Caguas, informó de que bajo el lema "Caminaremos de la Cruz a la Luz" se están preparando para la misión cuaresmal "Impacto 2001".

El propósito de este trabajo es "enfocarnos en la búsqueda de respuesta para el cambio individual y comunitario", dijo el religioso.

Para ello, la Iglesia contará con el apoyo de más de 20 trabajadores sociales y sicólogos, que junto a líderes de la comunidad "auscultarán la realidad social que está viviendo nuestra comunidad parroquial".

"Es como una especie de diagnóstico de la realidad social enmarcado en el plan pastoral de la Diócesis", dijo el Padre.

Se trabajará en una serie de talleres con grupos comunitarios de la Parroquia y dirigidos por trabajadores sociales, miembros del Colegio de Trabajadores Sociales del Capítulo de Caguas.

EL PRIMER taller será el próximo miércoles 14 de marzo, a las 7:00 p.m., en los distintos centros comunales de la Parroquia.

En este taller se pretende hacer un diagnóstico de la realidad social, informó Ortiz.

En el segundo taller, que será el 21 de marzo, también a las 7:00 p.m., "se identificará la problemática existente y luego "se organizará un plan de trabajo que responda a las necesidades básicas comunitarias".

Para iniciar la serie de charlas, el próximo sábado se celebrará la Misa de Envío en la Parroquia Nuestra Señora de la Providencia, y la presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales, Milagros Colón, ofrecerá un mensaje.

Femmy Irizarry

(El Nuevo Día)

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Introducen proyecto de ley para proteger fetos en Estados Unidos

WASHINGTON DC, 9 Mar. 01 

 La Cámara de Representantes del Congreso Estadounidense analiza actualmente un proyecto ley que sancionaría con pena de cárcel a aquellas personas que al delinquir ocasionen la muerte de un no nacido.

El proyecto fue introducido bajo el nombre de Unborn Victims of Violence Act (Acta sobre Víctimas no Nacidas de la Violencia) y según su promotora, la diputada republicana Lindsey Graham, responde a la necesidad de las madres gestantes de contar con protección para sus hijos durante el embarazo.

De aprobarse el proyecto, éste "reconocería también al niño no nacido como víctima de un asalto violento perpetrado por un criminal contra una madre", indicó Graham y aclaró que sería aplicado "sólo donde existe jurisdicción federal".

El proyecto ha sido respaldado por organizaciones como Focus on the Family, cuya vocera Carrie Earll cree que la medida apoya los derechos de la mujer.

Según Earll , el proyecto coincide además con los planteamientos de los pro-choice (pro-opción), nombre con el que se identifican los que apoyan el aborto en nombre de los derechos femeninos. "Es un proyecto de ley pro-choice porque reconoce el derecho de la mujer de proteger la vida de su hijo", insistió Earll.

Aunque el proyecto hace una excepción clara que permite la práctica de abortos legales, el bloque abortista del Parlamento está dispuesto a oponerse unánimemente a la medida según Stephanie Mueller, de la National Abortion Federation.

Para Mueller "parece que el proyecto incluye al tema del aborto como parte de la violencia contra la mujer en un intento por cambiar la definición de persona y minar el derecho de la mujer a elegir".

Sin embargo, Earll considera que los abortistas están planteando un argumento ilógico.

"Es absolutamente psicótico que en esta nación, por un lado, se diga que los niños ‘no deseados’ pueden ser asesinados y destruidos hasta el momento del parto, pero los niños ‘deseados’ no pueden ser protegidos por sus madres de una agresión o de la muerte", explicó.

Hasta el momento, son 25 los estados que ya cuentan con una ley penalizando los ataques criminales en los que se hiere a niños no nacidos. El año pasado, una medida similar a la ahora presentada logró ser aprobada en la Cámara de Diputados pero no ocurrió lo mismo en el Senado. Graham espera lograr más apoyo este año.

(Aciprensa)

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La OTAN permite a los serbios regresar a la frontera con Macedonia, y Bush fija fecha para su visita a la Alianza

BRUSELAS/LIUBLIANA. 

La OTAN permitió ayer el regreso de las tropas yugoslavas a parte de la «zona desmilitarizada» existente en la frontrera entre Serbia y Macedonia, a menudo empleada por la guerrilla albanesa en sus ataques. Es una clara advertencia a los independentistas, a los que se les previene de que la Alianza no está por la ruptura de fronteras ni la creación de una Gran Albania.

Las fuerzas serbias, por ahora, sólo podrán entrar en un pequeño sector de la «zona de seguridad». Aunque el secretario general de la OTAN, George Robertson, afirmó que «se trata de la primera etapa de una reducción escalonada y condicional de la zona de seguridad... que debería tener continuidad lo antes posible».

Fuentes aliadas explicaron que las tropas serbias podrán entrar en toda la «zona desmilitarizada» cuando alcancen un alto el fuego las autoridades de Belgrado y representantes de la comunidad albanesa.

En principio, las negociaciones marchan bien; y si no se complican las cosas, este mismo fin de semana podría alcanzarse el alto el fuego. Ese sería el momento en el que la Alianza Atlántica estudiaría la apertura al Ejército yugoslavo del sector más peligroso, en el que se han desarrollado la mayoría de los incidentes. Ayer mismo. la guerrilla albanesa atacó un convoy de la Policía macedonia y causó un muerto.

SATISFACCIÓN EN BELGRADO

En todo caso, ésta es la primera vez en la que se traducen en hechos las repetidas advertencias de la OTAN a la guerrilla albanesa. La «zona de seguridad» consiste en una franja de cinco kilómetros abierta a lo largo de la frontera entre Kosovo y Serbia después de la pasada guerra con la intención de alejar a las tropas yugoslavas.

Por su parte, el presidente yugoslavo, Vojislav Kostunica , declaró ayer que acepta la decisión de la OTAN autorizando la entrada del Ejercito a la franja de seguridad, sin ocultar su satisfacción por la medida tomada en Bruselas.

Kostunica expresó su esperanza de poder ya este mes enviar fuerzas militares yugoslavas a esa zona, que calificó de «muy peligrosa». Kostunica no desaprovechó la ocasión para criticar a su vez la gestión de la KFOR, afirmando que la decisión de la OTAN demuestra que las fuerzas internacionales no han cumplido con su tarea de garantizar la seguridad.

Por otra parte, fuentes oficiales de la Casa Blanca anunciaron ayer que el presidente George W. Bush visitará la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas el próximo mes de junio.

A. Sotillo, S. Tecco

(ABC)

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CARTA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN EL XVII CENTENARIO DEL BAUTISMO DEL PUEBLO ARMENIO

1. "Dios, admirable y siempre providente, según tu presciencia, has dado inicio a la salvación de los armenios".

El antiguo himno litúrgico, que canta la iniciativa de Dios en la evangelización de vuestro noble pueblo, amadísimos hermanos y hermanas, brota de mi corazón colmado de gratitud en este feliz aniversario, en el que celebráis el XVII centenario del encuentro de vuestros antepasados con el cristianismo. La Iglesia católica entera se alegra al recordar el providencial baño bautismal, gracias al cual vuestra noble y querida nación comenzó definitivamente a formar parte del grupo de pueblos que han acogido la vida nueva en Cristo.

"Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo" (Ga 3, 27). Estas palabras del apóstol san Pablo revelan la singular novedad que da al cristiano el hecho de haber recibido el bautismo. En efecto, en este sacramento el hombre es incorporado a Cristo, de forma que puede afirmar con confianza:  "Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).
Este encuentro personal e irrepetible regenera, santifica y transforma al ser humano, haciéndolo un perfecto adorador de Dios y templo vivo del Espíritu Santo. El bautismo, injertando al discípulo en la verdadera vid que es Cristo, lo convierte en un sarmiento capaz de producir fruto. Hecho hijo en el  Hijo, llega a ser heredero de la felicidad eterna preparada desde el origen del mundo.

Por consiguiente, todo bautismo es un acontecimiento marcado por el encuentro de amor entre Cristo Señor y la persona humana, en el misterio de la libertad y de la verdad. Es un acontecimiento que entraña una dimensión eclesial, como sucede en todos los sacramentos:  la incorporación a Cristo conlleva también la incorporación a la Iglesia, Esposa del Verbo, Madre inmaculada y afectuosa. Al respecto afirma el apóstol san Pablo:  "En un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo" (1 Co 12, 13).

Esta incorporación a la Iglesia resulta especialmente evidente en la historia de algunos pueblos, para los que la conversión ha sido un hecho comunitario, vinculado a acontecimientos o circunstancias particulares. Cuando sucede eso, se habla de "bautismo de un pueblo".

2. Hace diecisiete siglos, amadísimos hermanos y hermanas del pueblo armenio, tuvo lugar para vosotros esta conversión común a Cristo. Ese evento marcó profundamente vuestra identidad; no sólo la identidad personal, sino también la comunitaria, pues con razón se puede hablar de "bautismo" de vuestra nación, aunque en realidad la penetración del cristianismo en vuestra tierra había comenzado mucho tiempo antes. La tradición atribuye sus inicios a la predicación y a la labor de los mismos apóstoles san Tadeo y san Bartolomé.

Con el "bautismo" de la comunidad armenia, comenzando por sus autoridades civiles y militares, nació una identidad nueva del pueblo, que llegaría a ser parte constitutiva e inseparable del mismo ser armenio. Desde entonces ya no será posible pensar que, entre los componentes de esa identidad, no figure la fe en Cristo, como constitutivo esencial. Más aún, la misma cultura armenia recibirá del anuncio del Evangelio un impulso de extraordinario vigor:  la "armenidad" dará una connotación profundamente característica a ese anuncio y, al mismo tiempo, este anuncio será una fuerza propulsora para un desarrollo sin precedentes de la misma cultura nacional. También la invención del alfabeto armenio, hecho determinante para la estabilidad y definitividad de la identidad cultural del pueblo, estará íntimamente vinculada al "bautismo" de Armenia y, antes que como un instrumento de comunicación de conceptos y noticias, será querida y concebida como un auténtico medio de evangelización. El nuevo alfabeto, obra de san Mesrop-Masthoc", en colaboración con el santo Catholicós Sahak, permitió a los armenios aprovechar las mejores líneas de la espiritualidad, de la teología y de la cultura de los sirios y los griegos, y fundir todo ello de modo original con la aportación de la especificidad de su genio.

3. La conversión de Armenia, que tuvo lugar en los albores del siglo IV y que tradicionalmente se sitúa en el año 301, dio a vuestros antepasados la conciencia de ser el primer pueblo oficialmente cristiano, mucho antes de que el cristianismo fuera reconocido como religión propia del imperio romano.

Fue sobre todo el historiador Agatángelo quien, en un relato lleno de simbolismo, narra detalladamente los hechos que la tradición coloca en el origen de esa conversión de todo vuestro pueblo. El relato comienza con el encuentro providencial y dramático de dos héroes que están en la raíz de los acontecimientos:  Gregorio, hijo del parto Anak, criado en Cesarea de Capadocia, y el rey armenio Tirídates III. En realidad, al inicio se trató de un enfrentamiento:  Gregorio, a quien el rey ordenó ofrecer un sacrificio a la diosa Anahit, se negó radicalmente, explicando al soberano que uno solo es el creador del cielo y de la tierra, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Gregorio, sometido por ello a crueles tormentos y asistido por la fuerza de Dios, no se doblegó. El rey, al ver su inquebrantable constancia en la confesión cristiana, mandó que lo arrojaran a un pozo profundo, un lugar estrecho y oscuro, infestado de serpientes, donde antes nadie había sobrevivido. Pero Gregorio, alimentado por la Providencia a través de la mano piadosa de una viuda, permaneció muchos años en ese pozo sin morir.

El relato prosigue refiriendo los intentos que mientras tanto realizaba el emperador romano Diocleciano para seducir a la santa virgen Hrip'sime, la cual, para evitar el peligro, huyó de Roma con un grupo de compañeras, buscando refugio en Armenia. La belleza de la joven atrajo la atención del rey Tirídates, que se enamoró de ella y quiso hacerla suya. Frente al obstinado rechazo de Hrip'sime, el rey se enfureció y mandó que la mataran a ella y a sus compañeras con crueles suplicios. Según la tradición, como castigo por ese horrendo delito, Tirídates se transformó en un jabalí salvaje, y ya no pudo recuperar su figura humana, salvo cuando, obedeciendo a una indicación del cielo, liberó a Gregorio del pozo en el que había permanecido durante trece años.
Obtenido el prodigio de volver a tener figura humana por la oración del santo, Tirídates comprendió que el Dios de Gregorio era el verdadero y decidió convertirse, juntamente con su familia y el ejército, y promover la evangelización del país entero. Así los armenios fueron bautizados y el cristianismo se impuso como religión oficial de la nación. Gregorio, que mientras tanto había recibido en Cesarea la ordenación episcopal, y Tirídates recorrieron el país, destruyendo los lugares de culto de los ídolos y construyendo templos cristianos.

A raíz de una visión del Hijo unigénito de Dios encarnado, se construyó luego una iglesia en Vagharshapat, que, por ese prodigioso evento, tomó el nombre de Echmiadzin, es decir, lugar donde "el Unigénito descendió". Los sacerdotes paganos fueron instruidos en la nueva religión y se convirtieron en ministros del nuevo culto, mientras que sus hijos constituyeron el núcleo del clero y del sucesivo monacato.

Gregorio se retiró pronto al desierto para llevar vida eremítica, y el hijo más joven Aristakes fue ordenado obispo y constituido cabeza de la Iglesia armenia. En calidad de tal, participó en el concilio de Nicea. El historiador armenio conocido con el nombre de Moisés de Corene define a Gregorio "nuestro progenitor y padre según el Evangelio"(1) y, para mostrar la continuidad entre la evangelización apostólica y la del Iluminador, refiere la tradición según la cual Gregorio habría tenido el privilegio de ser concebido cerca de la sagrada memoria del apóstol Tadeo.

Los antiguos calendarios de la Iglesia aún indivisa lo celebran, tanto en Oriente como en Occidente, el mismo día como apóstol incansable de verdad y santidad. San Gregorio, padre en la fe de todo el pueblo armenio, también hoy intercede desde el cielo para que todos los hijos de vuestra gran nación puedan reunirse finalmente en torno a la única mesa preparada por Cristo, divino Pastor de la única grey.

4. Esta narración tradicional, junto con aspectos legendarios, incluye elementos de gran significado espiritual y moral. La predicación de la buena nueva y la conversión de Armenia se fundan, ante todo, en la sangre de los testigos de la fe. Los sufrimientos de Gregorio y el martirio de Hrip'sime y de sus compañeras atestiguan que el primer bautismo de Armenia fue precisamente un bautismo de sangre.

El martirio constituye un elemento constante en la historia de vuestro pueblo. Su fe permanece indisolublemente unida al testimonio de la sangre derramada por Cristo y por el Evangelio. Toda la cultura e incluso la espiritualidad de los armenios están impregnadas de un sano orgullo por el signo supremo del don de la vida en el martirio. Se escuchan los ecos de los gemidos por el sufrimiento padecido en comunión con el Cordero inmolado por la salvación del mundo. Su emblema es el sacrificio de Vardan Mamikonian y de sus compañeros que, en la batalla de Avarayr (año 451) contra el sasánida Iazdegerd II, que quería imponer al pueblo la religión mazdea, dieron la vida a fin de permanecer fieles a Cristo y defender la fe de la nación. Como narra el historiador Eliseo, en vísperas del enfrentamiento, a los soldados los exhortaron a defender la fe con estas palabras:  "Quienes creían que el cristianismo era para nosotros como un vestido, ahora sabrán que no podrán arrebatárnoslo, como no nos pueden quitar el color de la piel"(2). Se trata de un testimonio elocuente del valor de esos creyentes:  morir por Cristo significaba para ellos participar en su pasión, afirmando los derechos de la conciencia. No podía permitirse renegar de la fe cristiana, que el pueblo consideraba como el bien supremo.

Desde entonces episodios análogos se han repetido muchas veces, hasta las matanzas sufridas por los armenios en los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX, que culminaron en los trágicos acontecimientos de 1915, cuando el pueblo armenio sufrió violencias inauditas, cuyas dolorosas consecuencias son aún visibles en la diáspora a la que se han visto obligados muchos de sus hijos. Es un recuerdo que no puede perderse. En diversas ocasiones, durante el siglo que acaba de concluir, mis predecesores quisieron rendir homenaje a los cristianos de Armenia, que perdieron la vida de forma violenta(3). Yo mismo he querido recordar los sufrimientos padecidos por vuestro pueblo:  son los sufrimientos de los miembros del Cuerpo místico de Cristo (4).

Los acontecimientos sangrientos, además de marcar profundamente el alma de vuestro pueblo, han modificado muchas veces incluso la geografía humana, obligándolo a continuas migraciones en todo el mundo. Es digno de admiración el hecho de que, dondequiera que se han establecido los armenios, han llevado la riqueza de sus valores morales y de sus estructuras culturales, indisolublemente unidas a las eclesiales. Los cristianos armenios, guiados por la certeza de la ayuda divina, han sabido repetir constantemente la oración de san Gregorio de Narek:  "Si mis ojos contemplan el espectáculo del doble riesgo en el día de la miseria, ¡que vea tu salvación, oh próvida Esperanza! Si dirijo mi mirada a las alturas, hacia el sendero terrible que lo abarca todo, ¡que me salga al encuentro con dulzura tu ángel de paz!"(5). De hecho, la fe cristiana, incluso en los momentos más trágicos de la historia armenia, ha sido el estímulo que ha marcado el inicio del renacimiento del pueblo probado.

Así la Iglesia, siguiendo a sus hijos peregrinos por el mundo en  busca  de paz y serenidad, ha constituido para ellos la verdadera fuerza moral, llegando a ser, en muchos  casos, la  única institución a la que podían hacer referencia, el único centro autorizado que sostuvo sus esfuerzos e inspiró sus pensamientos.

5. Un segundo elemento de gran valor en vuestra atormentada historia, queridos hermanos y hermanas armenios, es la relación entre evangelización y cultura. El apelativo "Iluminador", con que se designa a san Gregorio, pone muy bien de relieve su doble función en la historia de la conversión de vuestro pueblo. En efecto, en el lenguaje cristiano, "iluminación" es el término tradicional para indicar que, mediante el bautismo, el discípulo, llamado por Dios de las tinieblas a su luz admirable (cf. 1 P 2, 9), está inundado por el esplendor de Cristo, "luz del mundo" (Jn 8, 12). En él el cristiano  encuentra el íntimo significado de su vocación y de su misión en el mundo.

Pero el término "iluminación", en la acepción armenia, se enriquece con un ulterior significado, pues indica también la difusión de la cultura a través de la enseñanza, encomendada en particular a los monjes-maestros, continuadores de la predicación evangélica de san Gregorio. Como subraya el historiador Koriun, la evangelización de Armenia entrañó la victoria sobre la ignorancia(6). Con la difusión de la alfabetización y del conocimiento de las normas y de los mandatos de la sagrada Escritura, por fin el pueblo pudo construir una sociedad gobernada de modo sabio y prudente. También Agatángelo destaca que la conversión de Armenia implicó la emancipación de los cultos paganos, que no sólo ocultaban al pueblo las verdades de la fe, sino que además lo mantenían en una situación de ignorancia(7).

Por esta razón, la Iglesia armenia siempre ha considerado parte integrante de su misión la promoción de la cultura y de la conciencia nacional y se ha esforzado para que esa síntesis permanezca viva y fecunda.

6. La narración tradicional de los hechos vinculados a la conversión de los armenios nos ofrece un motivo más de reflexión. En san Gregorio el Iluminador y en las santas vírgenes resplandece la gran fuerza de la fe, que impulsa a no ceder ante las tentaciones del poder y del mundo, y capacita para resistir a los sufrimientos más atroces así como a las lisonjas más seductoras. En el rey Tirídates se pueden ver las consecuencias que provoca el alejamiento de Dios:  el hombre pierde su dignidad, embruteciéndose, de forma que queda prisionero de sus propios instintos. De todo el relato se desprende una verdad importante:  no existe una sacralidad absoluta del poder, y de ninguna manera se puede admitir que quede justificado todo lo que hace. Al contrario, se debe reconocer la responsabilidad personal de las propias opciones:  si estas son equivocadas, permanecen tales, aunque sea un rey quien las realice. La humanidad se reconstituye en su integridad cuando la fe desenmascara el pecado y el inicuo se convierte y vuelve a encontrar a Dios y su justicia.

En los edificios cristianos, construidos en el lugar donde se rendía culto a los ídolos, se refleja la verdadera identidad del cristianismo:  recoge lo que hay de naturalmente válido en el sentido religioso de la humanidad y, al mismo tiempo, sabe proponer la novedad de una fe que no admite componendas. De ese modo, edificando el pueblo santo de Dios, contribuye también a suscitar una nueva civilización en la que se subliman los valores más auténticos del hombre.

7. Mientras tienen lugar las celebraciones del XVII centenario de la conversión de Armenia, mi pensamiento se eleva al Señor del cielo y de la tierra, al que deseo expresar la gratitud de toda la Iglesia por haber suscitado en el pueblo armenio una fe tan sólida y valiente, y por haber sostenido siempre su testimonio.

De buen grado me uno a esta feliz conmemoración, para contemplar juntamente con vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, el innumerable ejército de santos que ha surgido en esa tierra bendita y ahora resplandece en la gloria del Padre. Se trata de figuras que constituyen un rico tesoro para la Iglesia:  son mártires, confesores de la fe, monjes y monjas, hijos e hijas renacidos de la fecundidad de la palabra de Dios. Entre esas figuras ilustres, quiero recordar aquí a san Gregorio de Narek, que sondeó las profundidades tenebrosas de la desesperación humana y vislumbró la luz fulgurante de la gracia, que también en ella resplandece para el creyente, y a san Nerses Shnorhali, el Catholicós que conjugó un extraordinario amor a su pueblo y a su tradición con una clarividente apertura a las demás Iglesias, en un esfuerzo ejemplar de búsqueda de la comunión en la plena unidad.

Al pueblo armenio quiero manifestar ante todo mi gratitud por su larga historia de fidelidad a Cristo, fidelidad que ha conocido la persecución y el martirio. Los hijos de la Armenia cristiana han derramado su sangre por el Señor, pero toda la Iglesia ha crecido y se ha robustecido en virtud de su sacrificio. Si hoy Occidente puede profesar libremente su fe, se debe en parte a los que se inmolaron, haciendo de su cuerpo una defensa para el mundo cristiano, hasta sus últimos confines. Su muerte fue el precio de nuestra seguridad:  ahora resplandecen vestidos con vestiduras blancas y cantan al Cordero el himno de alabanza en la felicidad del cielo (cf. Ap 7, 9-12).

El patrimonio de fe y de cultura del pueblo armenio ha enriquecido a la humanidad con tesoros de arte e ingenio, que ahora se hallan esparcidos por todo el mundo. Mil setecientos años de evangelización hacen de esa tierra una de las cunas de la civilización cristiana hacia la que se dirige, con gran admiración, la veneración de todos los discípulos del Maestro divino.

Los armenios, embajadores de paz y laboriosidad, han recorrido el mundo y, con el duro trabajo de sus manos, han dado una valiosa contribución para transformarlo y hacerlo más cercano al proyecto de amor del Padre. El pueblo cristiano se alegra de su presencia generosa y fiel, y les desea que encuentren siempre simpatía y comprensión en todo el mundo.

8. Un pensamiento particular quiero dedicar, también, a cuantos están comprometidos para que Armenia resurja del sufrimiento de tantos años de régimen totalitario. El pueblo espera signos concretos de esperanza y solidaridad, y estoy seguro de que el recuerdo agradecido de sus orígenes cristianos es para todo armenio motivo de consuelo y de estímulo. Ojalá que la memoria viva de los prodigios realizados por Dios entre vosotros, amadísimos fieles armenios, os ayude a redescubrir en plenitud la dignidad del hombre, de todo hombre, de cualquier condición, y os impulse a apoyar en bases espirituales y morales la reconstrucción del país.

Formulo fervientes votos para que los fieles prosigan con valentía su compromiso y sus ya notables esfuerzos, de forma que en la Armenia del futuro vuelvan a florecer los valores humanos y cristianos de la justicia, la solidaridad, la igualdad, el respeto, la honradez, la  hospitalidad, que  están en la base de la convivencia humana. Si eso sucede, el jubileo del pueblo armenio habrá producido plenamente su fruto.

Estoy seguro de que la celebración del XVII centenario del bautismo de vuestra amada nación será un momento significativo y singular para continuar con empeño el camino del diálogo ecuménico.
Las ya cordiales relaciones entre la Iglesia apostólica armenia y la Iglesia católica han recibido, en los últimos decenios, un decisivo impulso también gracias a los encuentros de las más altas autoridades de esa Iglesia con el Papa. No podemos olvidar, en este contexto, las memorables visitas al Obispo y a la comunidad cristiana de Roma que realizó Su Santidad Vazken I en 1970, el inolvidable Karekin I en 1996 y 1999, y la reciente de Karekin II. Además, la entrega a Su Santidad Karekin II, en presencia del patriarca armenio-católico, de la reliquia del padre de la Armenia cristiana, que yo mismo tuve la alegría de realizar recientemente para la nueva catedral de Erevan, constituye una confirmación ulterior del profundo vínculo que une a la Iglesia de Roma con todos los hijos de san Gregorio el Iluminador.

Es un camino que debe continuar con confianza y valentía, para que todos seamos cada vez más fieles al mandato de Cristo:  ut unum sint! Desde esta perspectiva, la Iglesia armenio-católica debe dar su decisiva contribución "con la oración, con el ejemplo de vida, con la escrupulosa fidelidad a las tradiciones orientales, con un mejor conocimiento mutuo, con la colaboración y estima fraterna de las cosas y de los espíritus"(8).

Con los armenios y para los armenios presidiré dentro de pocos días una solemne eucaristía de alabanza para dar gracias a Dios por el don de la fe que han recibido, orando para que el Señor "congregue en la unidad a todos los pueblos en su santa Iglesia, construida sobre el cimiento de los Apóstoles y de los Profetas, y la conserve inmaculada hasta el día de su regreso"(9). En esa celebración estarán presentes en la única mesa del Pan de vida los hermanos y hermanas que ya viven en comunión plena con la Sede de Pedro y de ese modo enriquecen a la Iglesia católica con su aportación insustituible. Pero tengo un vivo deseo de que ese sagrado rito de acción de gracias abrace idealmente a todos los armenios, dondequiera que se encuentren, para expresar con una única voz la gratitud de cada uno a Dios por el don de la fe, en el beso santo de la paz.

9. Mi pensamiento se dirige a la "Madre de la Luz, María, la Virgen santísima, que engendró según la carne a la Luz que procede del Padre, y se convirtió en la aurora del Sol de justicia"(10). Venerada con profundo afecto con el título de Astvazazin (Madre de Dios), se encuentra presente en todos los momentos de la atormentada historia de ese pueblo. Sobre todo los textos litúrgicos y homiléticos abren de par en par los tesoros de la devoción mariana que, a lo largo de los siglos, ha marcado la devoción filial de los armenios a la Esclava del gran misterio de la salvación. Además de hacer memoria diariamente en la divina liturgia y en todas las horas del Oficio divino, la oración de la Iglesia prevé fiestas a lo largo del año que recuerdan su vida y sus principales misterios. A ella los fieles se dirigen con confianza, para pedirle que interceda ante su Hijo:  "Templo de la Luz sin sombras, tálamo inefable del Verbo, tú, que destruiste la triste maldición de la madre Eva, implora a tu Hijo unigénito, que nos ha reconciliado con el Padre, que aparte de nosotros cualquier turbación y conceda la paz a nuestras almas"(11). María, Virgen del Perpetuo Socorro, es venerada como la Reina de Armenia.

Fúlgida gloria, en el ejército de los santos armenios que han cantado a la Madre de Dios, es sin duda san Gregorio de Narek, el gran Vardapet (doctor) mariano de la Iglesia armenia, al que yo quise recordar también en la encíclica Redemptoris Mater(12). Saluda a la santísima Virgen como "Sede escogida de la voluntad de la Divinidad increada"(13). Que, con sus palabras, se eleve la súplica de la Iglesia en fiesta, para que este jubileo del bautismo de Armenia sea motivo de renacimiento y de alegría: 

"Acoge el canto de bendición de nuestros labios,
y dígnate conceder a esta Iglesia
los dones y las gracias de Sion y de Belén,
para que seamos dignos de participar en la salvación,
en el día de la gran manifestación
de la gloria indestructible
del inmortal Salvador e Hijo tuyo, el Unigénito"(14).


Sobre todo el pueblo armenio y sobre sus próximas celebraciones invoco la plenitud de las bendiciones divinas, haciendo mía la expresión del historiador Agatángelo:  «Que ellos, dirigiendo estas palabras al Creador, digan:  "tú eres el Señor, Dios nuestro" y que él les diga:  "Vosotros sois mi pueblo"»(15), para gloria de la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Vaticano, 2 de febrero de 2001

(El Vaticano)

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La otra, rara y misteriosa autoridad

LA VERDADERA autoridad es rara y misteriosa. Es otra. Es muy distinta de la que se conoce vulgarmente. Sale de adentro del alma. Es hija única y consentida de la libertad. Nada tiene que ver con puestos ni normas ni obligaciones. Mucho menos con órdenes ni griterías. Menos aún con la amenaza y la violencia o el miedo.

Al contrario, la verdadera autoridad se propone. No se implanta. Se abraza. No se acata. Ella persuade. No tiene autoridad quien, al ejercer un puesto de mando, impone. La tiene quien invita y construye. El que responde al desafío de los tiempos sumando valor. El que engendra un nosotros. Y por, con y en el nosotros, hace crecer una misión.

El ideal de todo grupo humano es lograr ser comunidad. Es alcanzar la solidaridad plena. Lograr que la existencia sea el regalo que se nos da para compartirlo, celebrarlo y realizarlo en común. Pero muchas fuerzas se oponen a este ideal. Venimos de una cultura de profundas raíces autoritarias.

Todavía muchos piensan que el hombremacho puede disponer a su antojo hasta con violencia de la vida de sus hijos y su mujer. Como reacción al absurdo de esa creencia, una corriente divorcista ha privado a varias generaciones de la primera experiencia de vida en común que es la familia.

La ha reducido a un régimen litigioso de torpes visitas. Y, por último, como si no fuera poco, la sociedad en que vivimos arrastra al desboque del egoísmo; al imperio del yo y sus intereses. Compra y vende todo:personas, valores morales, lealtades, poder... ¡hasta el perdón! Clinton, antes de salir de la Casa Blanca, vendió varios de esos.

Ya desde 1912, José Kentenich, un sacerdote alemán, intuyó esa catástrofe. Supo que sería causada por un vacío de autoridad. Pero no se refería a una autoridad entendida como el soberbio ¡aquí mando yo! Hablaba de la autoridad del auténtico padre... la del ¡aquí amo yo!

Su propia torpe experiencia de vida familiar le invitó a, temprano en su vida, intentar superar él mismo ese reto. Apenas se había ordenado sacerdote, le asignaron un pequeño grupo de alumnos. Y les animó a que se acompañaran en un esfuerzo diario de autoeducación y crecimiento compartido.

Les inspiró a que realizaran lo que llamó una "alianza de amor"; que fueran, de veras, familia de Dios Padre, junto a Jesús Hijo, en torno a María madre. Ese pequeño grupo pronto se convirtió en una fuerza importante dentro de la Iglesia Católica en el mundo.

Lo curioso es que él nunca ocupó un puesto de mando en su organización. Sólo les servía con su autoridad. Era como un verdadero padre. Pero no un padre de esos autoritarios que maltratan y ofenden y enemistan la familia. Era una transparencia del Padre del hijo pródigo. El del amor incondicional. El del aquí no importan las circunstancias, o los defectos de las personas, o sus errores ¡aquí amo yo! Esa fue la clave.

Su comunidad vivió esa misteriosa experiencia de autoridad que suscita el abrazo de una misión.

Cuenta Santiago Martín que cuando el clérigo inglés Henry Newman se convirtió al catolicismo, sus amigos anglicanos le advirtieron que perdería su voluntad. Que le obligarían a obedecer ciegamente al Papa. Él, aludiendo a la costumbre de descubrirse al entrar a un templo, contestó: "En la Iglesia Católica, cuando entras, no te obligan a cortarte la cabeza, sólo te piden que te quites el sombrero". Entonces brindó por la autoridad del Papa y por su propia libertad.

La existencia es un regalo. Se nos da para compartirlo, celebrarlo y realizarlo en comunidad. Ése es nuestro ideal. El que requiere esa otra rara y misteriosa autoridad que invita y construye. La que añade valor al responder al desafío de los tiempos. La que como un padre engendra el nosotros. Y por Él, con Él y en Él da a luz la misión del alma... hija única y consentida de la libertad.

                                                                                                        José Alberto Morales Presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

(El Nuevo Día)

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EL PESO DE LA CRUZ

Esta era una vez un hombre que quería seguir a Jesús y alcanzar a través de este servicio el Reino de los Cielos.

En un sueño profundo, aquel hombre quiso entrevistarse con Nuestro Señor, y le indicaron el camino del bosque. A poco andar encontró a Jesús y le expuso sus intenciones.

Nuestro Señor lo miró con inmensa ternura, luego desprendió del suelo de un árbol joven pero alto, y le dijo: "Recorre el camino de tu vida con esta cruz al hombro y así alcanzarás el Reino de los Cielos".

El hombre inició su camino con gran entusiasmo y lleno de buenas intenciones, pero rápidamente cayó en cuenta que la carga era demasiado pesada y lo obligaba a un paso lento y en algunos momentos doloroso.

En una de las oportunidades en que se dispuso a descansar se le apareció el mismísimo demonio, quien le regalo un hacha, ofreciéndosela convincentemente sin condiciones. El la aceptó, pensando que cargarla no constituía un mayor esfuerzo y considerándola una herramienta de mucha utilidad en su cada vez mas difícil camino.

Pasó el tiempo y el hombre mantenía su propósito, aunque nublado por el cansancio y angustiado por la lentitud de su marcha. Entonces, bajo otra forma, volvió a aparecer el demonio y, aparentando buena disposición de ayuda, lo convence de usar el hacha para recortar un poco las ramas. ¡Que distinta se sentía la carga, que sensación tan agradable experimento el hombre al reducirla!

Al pasar algún tiempo, volvió a sufrir el peso agobiante de su cruz y pensó que si recortara otro poco la carga no cambiaría en nada su gran misión y más aún, con ello apresuraría su llegada al encuentro con Jesús; así que volvió a usar su hacha.

De allí en adelante continuaron los recortes, hasta que el árbol se transformo en una hermosa cruz preciosamente tallada que colgaba de su cuello y causaba la admiración de todos. La cruz no tardó en convertirse en una moda, luego vino la fama y el reconocimiento, y adicionalmente un caminar de gacela hasta el Reino de los Cielos.

Alcanzado el final del camino el hombre muere. En medio del esplendor celestial, distingue un hermoso castillo, desde una de cuyas torres Jesús en Gloria y Majestad se dispone a recibirlo. El hombre dice: "Señor, he esperado mucho tiempo este momento. Señálame la entrada."

Jesús le responde: "Hijo, para entrar al Reino deberás subir hasta donde estoy, usando el árbol que te entregue cuando iniciaste el camino hacia mi."

El hombre lleno de vergüenza reconoció haberlo destruido y lloro amargamente su error.

Despertó entonces de su profundo sueño, y agradecido con el Señor, regresó al bosque aquel para tomar su cruz y llevarla entera al Reino de los Cielos.

(Valores org.)

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Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 21-28
 
Así habla el Señor Dios:
Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?
Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.
Ustedes dirán: «El proceder del Señor no es correcto.» Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6ab. 6c-8 (R.: 3)
 
R. Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
 ¿quién podrá subsistir?
 
 Desde lo más profundo te invoco, Señor.
 ¡Señor, oye mi voz!
 Estén tus oídos atentos
 al clamor de mi plegaria.  R.
 
 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
 ¿quién podrá subsistir?
 Pero en ti se encuentra el perdón,
 para que seas temido.  R.
 
 Mi alma espera en el Señor,
 y yo confío en su palabra.
 Mi alma espera al Señor,
 más que el centinela la aurora.  R.
 
 Como el centinela espera la aurora,
 espere Israel al Señor,
 porque en él se encuentra la misericordia
 y la redención en abundancia:
 él redimirá a Israel
 de todos sus pecados.  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26
 
Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»
 
Palabra del Señor.
 
 
 
Reflexión   
 
Este evangelio es un llamado de atención para todos los que interpretan que la verdadera religión es sólo cumplir con ciertas formalidades.
En nuestros días hay quienes piensan que asistir a misa frecuentemente y cumplir con el culto a Dios es compatible con la murmuración, la crítica, el odio o el rencor contra el prójimo.
 
Jesús nos enseñó que el distintivo del cristiano es el amor. El verdadero cristiano no debe fomentar en sí mismo ningún sentimiento de odio, o de mala voluntad hacia nadie.
 
Esto no significa que no podamos experimentar esos sentimientos de antipatía  o mala voluntad hacia alguien que nos ha hecho algún mal, lo que no podemos es consentir en eso que sentimos.
 
Lo que realmente ofende a Dios es lo que consentimos, no lo que sentimos.
 
Por eso, nuestro camino de acercamiento a Dios, es esforzarnos por no fomentar en nosotros sentimientos que lo ofenden.
Ese esfuerzo diario por no consentir en nosotros sentimientos de  antipatía, de rencor, de odio,  irá cambiando nuestro temperamento, lograremos ser más comprensivos, más bondadosos, más humildes.
  
En el evangelio Jesús nos ordena hacer primero las paces con la persona que hemos ofendido antes de ofrecer una ofrenda a Dios.
No hay ofrenda que pueda agradar a Dios, si esa ofrenda no nace de un corazón reconciliado.
 
El Señor nos invita hoy  a que nos miremos sinceramente y pensemos si alguien sufre por nuestra culpa, y  si es así, entonces seamos nosotros en dar  el primer paso hacia la reconciliación.
 
Por eso en este tiempo de cuaresma,  vamos a tratar de practicar el perdón, vamos a proponernos pedir perdón cuando ofendemos a alguien, aunque no lo digamos con palabras, demostremos con nuestras actitudes que queremos a esa persona,  y vamos a proponernos también perdonar, perdonar  con una sonrisa en los labios.
 
Jesús  vino a decirnos, sean  santos. Lo que distingue realmente a un cristiano de un no cristiano es la caridad, es el amor. Esa es la virtud cristiana por excelencia, y el Señor nos pide en este tiempo que pongamos nuestro esfuerzo en estar en paz, en tener un corazón donde no tenga cabida ni el odio, ni el rencor, ni el resentimiento.
 
Solos es difícil  pero el Señor nos da la fuerza que necesitamos para pedir perdón y para perdonar.
 
Busquemos en los sacramentos que Jesús nos dejó para ayudarnos en nuestro esfuerzo por la santidad a la que estamos llamados.
Vamos a pedirle a María que este tiempo de cuaresma nos mueva a una verdadera conversión  y que nos ayude a abrir nuestro corazón a Dios, en una buena  confesión para llegar a la Pascua reconciliados con Dios y con nuestros hermanos.
 
Señor, como quisiera
en cada aurora aprisionar el día,
y ser tu primavera
en gracia y alegría,
y crecer en tu amor más todavía.
 
En cada madrugada
abrir mi pobre casa, abrir la puerta,
el alma enamorada,
el corazón alerta,
y conmigo tu mano siempre abierta.
 
Ya despierta la vida
con su canción de ruidos inhumanos;
y tu amor me convida
a levantar mis manos
y a acariciarte en todos mis hermanos.
 
Hoy elevo mi canto
con toda la ternura de mi boca,
al que es tres veces santo,
a ti que eres mi Roca
y en quien mi vida toda desemboca. Amén
Himno de la Liturgia de las Horas

 

SANTORAL: Santa Francisca Romana

 
La familia de Francisca pertenecía a la nobleza romana de la primera mitad del siglo XV. Al cumplir quince años de edad, se casó con el hombre elegido por su padre, de acuerdo con la costumbre imperante en aquel tiempo.
Llegaron al hogar seis hijos. Francisca sabía unir la oración a sus obligaciones de cariñosa madre y esposa.
El palacio que habitaban en Trastévere fue testigo de un gran dolor. La peste asoló a Roma y con la peste llegaron el hambre y la carestía. El terrible mal entró también en el palacio, y así murió Juan Bautista, el más pequeño. Inés, la única mujer, fue arrebatada a los dos años de edad. Los otros hijos fallecieron al poco tiempo y Lorenzo, el esposo, llegó un día malherido, después de una pendencia callejera.
Francisca quedó sola, llorando su dolor. Pasaba los días en el templo, orando y hablando con Jesús. Y Dios, a quien ella clamaba, se dejó oír: "Francisca, fortifica tu corazón; socorre a los pobres y a los enfermos".
Desde ese momento se la llamó el ángel de Roma. Se desprendió de todos sus bienes; sus riquezas fueron donadas a los necesitados; condujo a los enfermos al palacio de Trastévere. Francisca velaba junto al lecho de los moribundos y asistía con su consuelo a todos. De día recorría en asno la campiña romana y volvía con frutas, flores, leña.
Su nueva familia estaba constituida por los lisiados, los enfermos, los ciegos, los huérfanos, las viudas y los pobres, por los cuales pidió limosna. Después se agregaron a ella otras damas con idénticos sentimientos, y así llegó a constituirse una nueva congregación religiosa, las oblatas de San Benito, aprobada por el Papa Eugenio IV en 1433. El primer monasterio en la torre de Specchi (torre de los Espejos) se ve todavía en Roma.
Muchísimos fueron los milagros obrados por Dios a través de esta Santa.
Santa Francisca Romana murió en Roma el 9 de marzo de 1440. Su sepulcro se allá en  dicha ciudad, en la iglesia de Santa María la Nueva.
 

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