Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
9 de enero de 2001
http://www.pionet.org http://www.pucpr.edu

Suscribir a un amigo

Compartir alguna noticia , documento o link favorito

No desea seguir recibiendo el boletín

"Te empeñas en ser mundano, frívolo y atolondrado porque eres cobarde. 

¿Qué es, si no cobardía, ese no querer enfrentarte contigo mismo? "

José María Escrivá de Balaguer

 


ACTUALIDAD EN PUERTO RICO
DE TODO EL MUNDO
EL PAPA
DIGNIDAD Y VIDA HUMANA
PENSAMIENTO
VIVE HOY TU FE

Castigo por demoler Casa Parroquial

Aguadilla repondrá $2.7 millones asignados al Paseo de la Real Marina

El municipio de Aguadilla tendrá que reponer $2.7 millones de los fondos federales asignados al desarrollo de su proyecto portuario Paseo de la Real Marina por demoler la Casa Parroquial histórica sin permiso y en contra de las recomendaciones de hasta sus propios consultores.

La determinación, que ordena también el retiro de otro millón en fondos federales asignados, es parte de las recomendaciones que la Inspectora General de Vivienda Federal (HUD) hizo a la oficina de HUD local tras una investigación provocada por querellas de múltiples ciudadanos y entidades.

La demolición de la residencia de los padres redentoristas, construida en 1945, se llevó a cabo en agosto de 1998 en medio de un proceso judicial incoado porque el alcalde novoprogresista Carlos Méndez Martínez no esperó a que terminaran las consultas para convertir el lugar en sitio histórico.

"La demolición por parte del municipio de la Casa Parroquial se realizó con conocimiento pleno de las objeciones de oficiales estatales, municipales y ciudadanos privados", indica el informe de la inspectoría emitido el 12 de diciembre pasado.

El documento añade que, como mínimo, el municipio debió evaluar las propiedades afectadas por el proyecto partiendo de los criterios del Registro Nacional y la Oficina de Preservación Histórica (OPH), que debió evaluar el impacto del proyecto en las propiedades, y que debió darle oportunidad de comentario a la OPH.

El retiro de fondos se da en virtud de que la ley requiere que el recipiente de fondos cumpla con la Ley Nacional de Preservación Histórica.

La demolición del edificio donde vivían cinco sacerdotes y el obispo retirado de Arecibo, Monseñor Miguel Rodríguez, ocurrió a pesar de que se tenían más de 4,000 firmas en oposición y de que el 95 por ciento de los aguadillanos encuestados se oponía. 

Oscar J. Serrano 

(Primera hora)

Arriba

Organizaciones hindúes de India premian a Chiara Lubich
En reconocimiento a su servicio incansable a la paz y la unidad

COIMBATORE, 8 ene 2001 

Algunas de las más prestigiosas instituciones hindúes de la India han ofrecido un premio a Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los Focolares, para reconocer su servicio incansable a la unidad y la paz. de entrega del reconocimiento tuvo lugar el 5 de enero en Coimbatòre, en el Estado de Tamìl Nàdu. El acontecimiento se convirtió en un significativo encuentro de diálogo y amistad entre hindúes y cristianos. (Defensor de la paz), fue entregado a Chiara Lubich por la Shanti Ashram, organización dedicada particularmente a la acción social en el campo educativo, a favor de los más necesitados, y por el movimiento Sarvodaya, que toma su nombre de una de las ideas guía del Mahatma Gandhi, es decir, el compromiso a favor de una vida digna para todos. a un público de más de 500 personas, líderes hindúes reconocieron el papel incansable de Chiara Lubich para «echar semillas de paz y de amor entre los hombres. Un signo --se puede leer en la motivación del premio-- que en el mensaje de Jesucristo es relevante, actual y provechoso para resolver las cuestiones contemporáneas». dos conceptos clave: la importancia de la aceptación recíproca y la necesidad del amor para superar las dificultades y divisiones. los orígenes del movimiento de los Focolares: «El Señor nos guiaba hacia el corazón de su Evangelio, que es la ley del amor, para vivir esa "Regla de oro" común a todas las religiones: "Haz a los demás lo que quisieras que te hicieran", o como dijo de manera admirable el Mahatma Gandhi: "Yo y tú somos una misma cosa. No puedo herirte sin hacerme daño a mí mismo"». del Bharatya Vidya Bhavan, de Coimbatòre, un Instituto cultural y religioso considerado como uno de los puntos de referencia de la ortodoxia hindú, insistió por su parte precisamente en este punto: «India es un país que tiene una gran herencia cultural y religiosa, pero hoy tiene que afrontar nuevos desafíos, graves problemas sociales, con frecuencia ligados a una mentalidad materialista, deseosa de poseer y sin valores morales». a continuación Sri Krishna Raji Vanava Rayar, presidente del Bharatya Vidya Bhavan-- está, por tanto, en vencer el odio con el amor, en transmitirlo a los demás. Chiara nos ha mostrado el camino porque ha hecho la experiencia de Dios».

(ZENIT.org)

Arriba

La Santa Sede hace un primer balance del Jubileo
Arzobispo Sepe: «Superadas todas las expectativas»

CIUDAD DEL VATICANO, 8 ene 2001

 Con el objetivo de comentar la carta apostólica de Juan Pablo II para el nuevo milenio que comienza y de hacer un primer balance del Jubileo, los máximos responsables de su organización ofrecieron esta mañana una rueda de prensa en el Vaticano. el cristianismo presidente del Comité Central del Gran Jubileo del Año 2000, quien explicó que la carta «Novo Millennio Ineunte» (El nuevo milenio que comienza) no es una lectura nostálgica del Jubileo terminado, sino un programa para la Iglesia que afronta el futuro con esperanza. de nuevo, con la misma audacia, los mismos compromisos que desde siempre propone la Iglesia a los creyentes: la santidad y la misión». el Jubileo, el arzobispo Crescenzio Sepe, reconoció que es imposible hacer un balance, aunque sólo fuera somero, de los frutos espirituales producidos por el Jubileo. Ciertamente constató oficialmente que los peregrinos venidos a Roma han sido más de 25 millones con una media de tres días de estancia por persona. Ahora bien, la matemática no funciona, añadió, cuando se trata de contabilizar la conversión de los corazones, las innumerables confesiones sacramentales o los gestos escondidos de caridad a los que convocó este año santo. es que «se han superado todas las expectativas». contabilizar, por ejemplo, el indiscutible aumento de peregrinos que, con respecto a 1999, han llegado a Roma y a los lugares de peregrinación de todo el mundo (con la excepción de los últimos dos meses del año en Tierra Santa, tras el estallido de la violencia). En concreto, el arzobispo constató que ha aumentado notablemente el número de peregrinos procedentes de Europa del Este que han venido a Roma en este año. En total han sido un millón. a continuación, recordó que en este año se ha retomado la costumbre de las peregrinaciones nacionales. En total han sido 21. Destacan la de México, Argentina, Polonia, Eslovaquia, Lituania, Estonia, Bosnia-Herzogovina, Rumanía, Hungría... Además, 60 grandes diócesis del mundo han venido en peregrinación a la ciudad eterna. hay que añadir los 350 encuentros de oración que tuvieron lugar por la tarde en la Plaza de San Pedro; la oración mensual de los enfermos en Santa María la Mayor. Roma y en el mundo con motivo del año santo. otra parte, Sepe destacó que han celebrado por primera vez el Jubileo países como las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, Corea del Norte y China continental; mientras en Sudán diez mil jóvenes celebraron en Jartum su jubileo coincidiendo con la Jornada Mundial de la Juventud de Roma. 70 mil voluntarios que han garantizado la acogida de los peregrinos son también, según monseñor Sepe, otro de los frutos de este Jubileo. de las publicaciones del Comité, se refirió al objetivo primario de la Oficina de Comunicación y Documentación, crear un sistema de información dedicado a los temas del Gran Jubileo del que han formado parte las publicaciones «Tertium Millennium», «Diario del Peregrino» (en total se han impreso 25 millones de copias de esta publicación) y el boletín cotidiano de noticias enviado a los principales órganos de información. de la Oficina Internet del Comité para el Gran Jubileo, Luca de Mata, explicó cuáles han sido los servicios que se han prestado a través del portal del Jubileo, http://www.jubil2000.org/. Está estructurado en 30 mil páginas, relativas a la preparación y al desarrollo del año santo, en once idiomas, incluidos el chino, el árabe y el ruso. respondiendo a una de las preguntas de los periodistas, explicó que el Vaticano está estudiando en estos momentos el uso que hará de esta página web en el futuro. transcurso de la rueda de prensa, el directo de la Oficina de Prensa vaticana, Joaquín Navarro-Valls, comunicó que a lo largo del año jubilar 9 mil periodistas se han acreditado para seguir todas o algunas de sus actividades. Diariamente, la página web del Vaticano ( http://www.vatican.va) ha recibido una media de 800 mil contactos. agradeció a los periodistas acreditados ante la Sala de Prensa del Vaticano su labor para hacer llegar al mundo las noticias del Jubileo.

(ZENIT.org)

Arriba

CLAUSURA DE LA PUERTA SANTA

Homilía del Santo Padre

Solemnidad de la Epifanía del Señor, Sábado, 6 de enero de 2001

“¡Te adorarán, Señor, todos los pueblos de la tierra!”. Esta aclamación, repetida ahora en el Salmo responsorial, expresa muy bien el significado de la Solemnidad de la Epifanía que hoy celebramos. Al mismo tiempo ilumina también este rito de clausura de la Puerta Santa.

“Te adorarán, Señor...”: se trata de una visión que nos habla de futuro y nos hace mirar a lo lejos. Evoca la antigua profecía mesiánica, que se realizará plenamente cuando Cristo el Señor volverá glorioso al final de la historia. En efecto, ha tenido ya una primera realización histórica y al mismo tiempo profética cuando los Magos llegaron a Belén trayendo sus dones. Fue el inicio de la manifestación de Cristo – o sea su “epifanía”- a los representantes de los pueblos del mundo.

Es una profecía que se va realizando gradualmente a lo largo del tiempo, a medida que el anuncio del Evangelio se extiende en los corazones de los hombres y hunde sus raíces en todas las regiones de la tierra. ¿No ha sido, tal vez, el Gran Jubileo una especie de “epifanía”? Viniendo aquí a Roma o también peregrinando a tantas Iglesias jubilares en otros lugares, innumerables personas se han puesto de alguna manera sobre las huellas de los Magos a la búsqueda de Cristo. La Puerta Santa no es más que el símbolo de este encuentro con Él. Cristo es la verdadera “Puerta Santa” que nos abre el acceso a la casa del Padre y nos introduce en la intimidad de la vida divina.

“¡Te adorarán, Señor, todos los pueblos de la tierra!”. Sobre todo aquí, en el centro de la catolicidad, el aflujo imponente de peregrinos provenientes de todos los continentes ha ofrecido este año una imagen elocuente del camino de los pueblos hacia Cristo. Han sido personas de las más diversas categorías, venidas con el deseo de contemplar el rostro de Cristo y de obtener su misericordia.

Cristo ayer y hoy/Principio y Fin/Alfa y Omega./Suyo es el tiempo y la eternidad./ A Él la gloria y el poder/ por todos los siglos de los siglos” (Liturgia de la Vigilia Pascual). Sí, este es el himno con el cual el Jubileo, en el sugestivo horizonte del paso hacia el tercer milenio, ha querido ensalzar a Cristo, Señor de la historia, a los dos mil años de su nacimiento. Hoy se concluye oficialmente este año extraordinario, pero quedan los dones espirituales que en él se han prodigado; continúa aquel gran “año de gracia” que Cristo inauguró en la sinagoga de Nazaret (cf Lc 4,18-19) y que durará hasta el fin de los tiempos.

Mientras hoy, con la Puerta Santa, se cierra un “símbolo” de Cristo, queda más que nunca abierto el corazón de Cristo. Él sigue diciendo a la humanidad necesitada de esperanza y de sentido: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso” (Mt 11,28). Más allá de las numerosas celebraciones e iniciativas que lo han distinguido, la gran herencia que nos deja el Jubileo es la experiencia viva y consoladora del “encuentro con Cristo”.

Hoy deseamos hacernos portavoces de la acción de gracias y alabanza de toda la Iglesia. Por ello, al término de esta celebración, cantaremos un solemne Te Deum de agradecimiento. El Señor ha hecho maravillas por nosotros, nos ha colmado de misericordia. Hoy debemos hacer nuestro el sentimiento de alegría experimentado por los Magos en su camino hacia Cristo: “Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”. Sobre todo, debemos imitarlos mientras presentan a los pies del Niño no solo sus dones, sino su vida.

En este Año jubilar, la Iglesia ha intentado desempeñar aún con mayor interés, para sus hijos y para la humanidad, la función de la estrella que orientó los pasos de los Magos. La Iglesia no vive para sí misma, sino para Cristo. Intenta ser la “estrella” que sirva como punto de referencia para ayudar a encontrar el camino que conduce a Él.

En la teología patrística se hablaba de la Iglesia como “mysterium lunae” para subrayar que ella, como la luna, no brilla con luz propia, sino que refleja a Cristo, su Sol. Me es grato recordar que, justamente con este pensamiento, comienza la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II: “¡Cristo es la luz de los pueblos!”, “lumen gentium”! Los Padres conciliares continuaban expresando sus ardientes deseos de “iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo que resplandece sobre el rostro de la Iglesia” (n. 1).

Mysterium lunae: el Gran Jubileo ha hecho vivir a la Iglesia una experiencia intensa de esta vocación suya. Es Cristo quien la ha indicado en este año de gracia, haciendo resonar una vez más aún las palabras de Pedro: “Señor ¿a dónde vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

“¡Te adorarán, Señor, todos los pueblos de la tierra!”. Esta universalidad de la llamada de los pueblos a Cristo se ha manifestado este año de modo más llamativo. Personas de todos los continentes y de todas las lenguas se han dado cita en esta Plaza. Tantas voces se han elevado aquí con cantos, como sinfonía de alabanza y anuncio de fraternidad.

Ciertamente no podría recordar en este momento los diversos encuentros que hemos vivido. Me vienen a la mente los niños, que han inaugurado el Jubileo con su irresistible regocijo, y los jóvenes, que han conquistado Roma con su entusiasmo y la seriedad de su testimonio. Pienso en las familias, que han propuesto un mensaje de fidelidad y de comunión, tan necesario en nuestro mundo, y en los ancianos, los enfermos y los discapacitados, que han sabido ofrecer un elocuente testimonio de esperanza cristiana. Tengo presente el Jubileo de aquellos que, en el mundo de la cultura y de la ciencia, se dedican cotidianamente a la búsqueda de la verdad.

La peregrinación que los Magos realizaron hace dos mil años desde Oriente hasta Belén en búsqueda de Cristo recién nacido, ha sido repetida este año por millones y millones de discípulos de Cristo, que han llegado aquí no con “oro, incienso y mirra”, sino trayendo el propio corazón lleno de fe y necesitado de misericordia.

Por ello hoy goza la Iglesia, vibrando con la llamada de Isaías: “Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz...Caminarán las naciones a tu luz” (Is 60, 1.3). En este sentimiento de alegría no hay ningún vano triunfalismo. ¿Cómo podríamos caer en esta tentación, precisamente al final de un año tan intensamente penitencial? El Gran Jubileo nos ha ofrecido una ocasión providencial para llevar a cabo la “purificación de la memoria”, pidiendo perdón a Dios por las infidelidades llevadas a cabo en estos dos mil años por los hijos de la Iglesia.

Delante de Cristo crucificado, hemos recordado que, de frente a la gracia sobreabundante que hace a la Iglesia “santa”, nosotros, sus hijos, estamos marcados profundamente por el pecado y empañamos el rostro de la Esposa de Cristo: así pues ninguna autoexaltación, sino plena conciencia de nuestros propios límites y de nuestras debilidades. No obstante, no podemos dejar de vibrar de alegría, de esa alegría interior a la que nos invita el profeta, rica de gratitud y alabanza, porque está fundada en la conciencia de las gracias recibidas y en la certeza del amor perenne de Cristo.

6. Ahora es el momento de mirar hacia delante; el relato de los Magos puede, en cierto sentido, indicarnos un camino espiritual. Ante todo ellos nos dicen que, cuando se encuentra a Cristo, es necesario saber detenerse y vivir profundamente la alegría de la intimidad con Él. “Entraron en la casa, vieron al niño con María su Madre y, postrándose, lo adoraron”: sus vidas habían sido entregadas ya para siempre a aquella Criatura por la cual habían afrontado las asperezas del viaje y las insidias de los hombres. El cristianismo nace, y se regenera continuamente, a partir de esta contemplación de la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

Un rostro para contemplar, casi vislumbrando en sus ojos los “rasgos” del Padre y dejándose envolver por el amor del Espíritu. La gran peregrinación jubilar nos ha recordado esta dimensión trinitaria fundamental de la vida cristiana: en Cristo encontramos también al Padre y al Espíritu. La Trinidad es el origen y el culmen. Todo parte de la Trinidad, todo vuelve a la Trinidad.

Y, no obstante, como sucedió a los Magos, esta inmersión en la contemplación del misterio no impide caminar, antes bien obliga a reemprender un nuevo tramo de camino, en el cual nos convertimos en anunciadores y testigos. “Volvieron a su país por otro camino”. Los Magos fueron en cierta manera los primeros misioneros. El encuentro con Cristo no los bloqueó en Belén, sino que les impulso nuevamente a recorrer los caminos del mundo. Es necesario volver a comenzar desde Cristo, y por tanto, desde la Trinidad.

Esto es precisamente, queridos hermanos y hermanas, lo que se nos pide como fruto del Jubileo que hoy se concluye.

En función de este compromiso que nos espera, firmaré dentro de poco la Carta Apostólica “Novo millennio ineunte”, en la cual propongo algunas líneas de reflexión que pueden ayudar a toda la comunidad cristiana a “reemprender” el camino con renovado impulso tras el compromiso jubilar. Ciertamente, no se trata de organizar otras iniciativas de grandes proporciones a corto plazo. Volvemos a las tareas ordinarias, pero esto no significa en modo alguno un descanso. Es necesario sacar de la experiencia jubilar las enseñanzas útiles para dar al nuevo compromiso una inspiración y un orientación eficaz.

Entrego estas líneas de reflexión a las Iglesias particulares, casi como la herencia del Gran Jubileo, para que lo valoren a la luz de sus programaciones pastorales. Hay una urgente necesidad de aprovechar el impulso de la contemplación de Cristo que la experiencia de este año nos ha dado. En el rostro humano del Hijo de María reconocemos al Verbo hecho carne, en la plenitud de su divinidad y de su humanidad. Los más insignes artistas –en Oriente y Occidente- se han confrontado con el misterio de este Rostro. Pero el verdadero Rostro es, sobre todo, el que el Espíritu, divino “iconógrafo”, imprime en los corazones de los que lo contemplan y lo aman. Es necesario “recomenzar desde Cristo”, con el impulso de Pentecostés, con entusiasmo renovado. Recomenzar desde Él ante todo en el compromiso cotidiano por la santidad, poniéndonos en actitud de oración y de escucha de su palabra. Recomenzar también desde Él para testimoniar el Amor mediante la práctica de una vida cristiana marcada por la comunión, por la caridad, por el testimonio en el mundo. Este es el programa que entrego en la presente Carta Apostólica. Se podría reducir a una sola palabra: “¡Jesucristo!”.

Al inicio de mi Pontificado, y tantas veces después, he gritado a los hijos de la Iglesia y al mundo: “Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo”. Deseo hacerlo una vez más, al final de este Jubileo y comienzo de este nuevo milenio.

“¡Te adorarán, Señor, todos los pueblos de la tierra!”. Esta profecía se realiza ya en la Jerusalén celeste, donde todos los justos del mundo, y especialmente tantos Testigos de la fe, están recogidos misteriosamente en aquella santa ciudad en la cual ya no luce el sol, porque su sol es el Cordero. Allá arriba, los ángeles y los santos unen sus voces para cantar la alabanza de Dios.

La Iglesia peregrina en la tierra, a través de su liturgia, del anuncio del Evangelio, de su testimonio, se hace eco cada día de este canto celeste. Quiera el Señor que, en el nuevo milenio, crezca cada vez más en la santidad, para ser en la historia verdadera “epifanía” del rostro misericordioso y glorioso de Cristo el Señor. ¡Así sea!

Juan Pablo II

 (El Vaticano)

Arriba

Historia, presente y predicción 

LOS historiadores esperamos que nuestro oficio nos faculte para reunir conocimientos del pasado que permitan comprender mejor el presente. No parece pretensión excesiva, siempre que la mirada hacia el ayer se haga desde los interrogantes que nos plantea la comprensión de las realidades de hoy. Se ha afirmado muchas veces que el presente no tiene, en sí mismo, su propia explicación. Hay que buscarla en el pasado, en las fuentes de conocimiento que nos dejó. Necesitamos buenos métodos para extraer de ellas información y para tratarlas de modo que puedan darnos respuestas válidas. También se ha insistido en que las grandes obras de historia siempre se han escrito cuando la visión del investigador sobre el pasado se ilumina con un buen conocimiento del presente. Viene a existir, pues, una especie de diálogo del presente con el pasado; entre los intereses de hoy y el acontecer de ayer. Por ello, pudo afirmar Burckhardt que la historia «es el conjunto de lo que una época encuentra digno de atención en otra».

La solidaridad de las edades tiene tal fuerza -en frase de Marc Bloch- que los lazos de inteligibilidad entre ellas son de doble sentido. Se puede ser buen químico o buen matemático sin saber nada de la organización social, política y económica del mundo de hoy. Un historiador que no entienda nada del mundo en que vive o que su conocimiento de él sea falso o tendencioso, es imposible que pueda llegar a conclusiones válidas en sus investigaciones sobre el pasado.

La convicción de que es imprescindible estudiar el pasado mediante el mejor conocimiento posible del presente llevó a Marc Bloch a proponer que los historiadores no adoptásemos en nuestras investigaciones el orden del acontecer. De hecho, en todas las ciencias es conveniente partir en la investigación de lo mejor conocido o de lo menos mal conocido a lo más oscuro e ignorado. Sólo cuando se tiene conocimiento del presente, cabe plantearse con acierto las preguntas que sólo la investigación histórica puede contestar. En este y en tantos otros casos, leer la historia «al revés», como también propuso Maitland, evitaría preguntas inútiles.

Se puede aprender del pasado para la comprensión del presente, sin que perdamos de vista la necesidad de investigarlo desde lo que sabemos de las realidades de hoy. Quizá, mediante esa contemplación recíproca, quepa descubrir principios generales. Mayor problema plantea querer predecir, gracias al conocimiento del pasado y a la comprensión del presente, cómo los humanos organizaremos el futuro y cuáles serán los acontecimientos más sobresalientes que habremos de vivir nosotros y quienes nos sucedan.

Historiadores y humanistas como Vico, Marx, Toynbee y tantos otros tuvieron la pretensión de predecir el futuro. Marx afirmó que el acontecer socio-económico de los países industrializados mostraba, a los atrasados, cuál habría de ser su futuro. Predicciones más o menos sombrías sobre el futuro de la humanidad fueron, una y otra vez, rebatidas por los hechos, tercos en ser encasillados de acuerdo con los esquemas teóricos que tantas veces se formularon sin la conveniente observación de la realidad.

Son conocidas las críticas a los planteamientos de Malthus sobre el aumento de la población mundial en progresión geométrica, mientras que la producción de alimentos aumentaría sólo en progresión aritmética. Se veía a hombres, animales y plantas limitados en su expansión numérica por una naturaleza avara en proporcionarles los recursos necesarios para crecer y multiplicarse: Malthus veía que la naturaleza, en los reinos animales y vegetal, había esparcido «la semilla de la vida» con mano generosa. Esta esplendidez chocaba con la avaricia con que había proporcionado el espacio y el alimento necesarios para que pudiese germinar y crecer aquella semilla tan liberalmente distribuida. Por ello, vaticinó la opresión de animales y plantas por la gran ley restrictiva, sin que pudieran escapar de ella los humanos, a pesar de los esfuerzos de la razón para conseguirlo. Enfermedades, hambres, guerras, vicios, al provocar muertes, evitaban también nuevos nacimientos. Las limitaciones que la naturaleza, de un lado, y la acción humana destructora, de otro, impondrían al aumento de la población el límite necesario para garantizar la estabilidad, aunque a costa de hacer triste y lúgubre la existencia de los supervivientes. De ahí que Malthus propusiera el freno moral o limitación voluntaria de la natalidad mediante la abstención.

Los planteamientos malthusianos fueron popularizados por Ferdinand Lassalle con la formulación sonora de ley de bronce del salario: los salarios no deberían exceder de la cifra que permitiese la subsistencia del trabajador, de su mujer y de los hijos, de modo que no fluctuase la población. Todo aumento del salario por encima del límite de lo estrictamente necesario para subsistir originaría aumentos de la natalidad y de la oferta de trabajo mayores que la demanda y disminuciones posteriores que, a su vez, habrían de promover hambres y aumento de la tasa de mortalidad. Los salarios estarían, pues, fijados por esa Ley de bronce que los constreñiría a no variar, a largo plazo, ni por encima ni por debajo del mínimo de subsistencia. Tan lúgubres predicciones no se han cumplido.

Las posibilidades que ofrece la llamada cliometría, mediante la aplicación de modelos econométricos en las investigaciones de historia económica, permite satisfacer -parece que con objetividad- la vieja aspiración de elucubrar sobre lo que pudo haber ocurrido si hubiera cambiado alguna de las causas de lo que ocurrió de hecho. Los modelos econométricos permiten dar respuesta a suposiciones que son concebibles teóricamente sobre lo que pudo ser y no fue. Al rechazo persistente de considerar tentación en la que jamás deberíamos caer los historiadores, la de hacer hipótesis sobre «si en vez de haber ocurrido tal cosa, hubiera ocurrido tal otra» ha sucedido, hace ya varios decenios, la de plantearse la medición de lo que hubiera podido ser, de no haberse dado alguna de las causas de lo que sí ocurrió.

Los estudios sobre la economía de la esclavitud, en los Estados Unidos, o sobre la importancia de los ferrocarriles en el desarrollo económico de aquel país permanecen como ejemplo de las posibilidades de la llamada historia contrafactual o historia econométrica, también calificada de nueva en los años en que se fundaron en ella las mayores esperanzas.

                                                                                                                    Gonzalo Anes, Director de la Real Academia de la Historia 

(ABC)

Arriba

La primera mujer

ES LA primera vez, en toda la historia democrática de Puerto Rico, que el pueblo ha elegido para gobernadora a una mujer. ¡Enhorabuena!

¿Por qué? o ¿por qué ha tardado tanto? ¿La culpa la han tenido las mujeres? ¿Por qué hay más alcaldes que alcaldesas? Porque así lo han querido las mujeres, me dice Juan, que así suena mucho mejor. ¿Por qué hay muchos más hombres que mujeres en la Cámara de Representantes y en el Senado? Porque así lo han querido las mujeres.

¿Por qué en las asociaciones de maestros y maestras, con mayoría absoluta de mujeres, han sido y siguen siendo los hombres los líderes de estas instituciones? Porque así lo siguen queriendo las mujeres. Juan me mira y dice: ¿Crees entonces que las mujeres, al fin, han votado por doña Sila? Otra cuestión. Estamos ya en el siglo XXI. Dentro de los temas más incandescentes que han revoloteado por los aires y por los medios de comunicación, y en los mismos gobiernos y en reuniones nacionales e internacionales, en este final del siglo, están los derechos de las mujeres y el movimiento feminista. La reivindicación de la mujer. Me pregunta mi amigo si el movimiento de reivindicación de los derechos de la mujer es igual que el movimiento feminista. No veo que sean iguales. Deberían serlo, pero son distintos y, con frecuencia, opuestos.

Mi corazón, mis labios, mi pluma, mis criterios, mi inclinación sicológica y moral y de admiración son cien por ciento "pro mujer". Decir mujer es decir madre, amiga, sacrificada, honesta, admirable, valiente, dulce, tierna, seguridad, comprensión, recato, pudor, maestra y discípula de sus hijos (parecida a la Virgen con Jesús, su hijo), esperanza, amor sin límites, incondicional, ferviente. En dos palabras: amor y vida. Una sola: amor. El amor y la vida es lo mismo. Ahora bien, siendo honesto conmigo mismo, respondo a la pregunta que me acaba de formular mi amigo Juan: ¿Y qué piensas del feminismo? Con hermosas excepciones, es la caricatura de la mujer. Y el machismo, la caricatura del hombre.

Pinceladas al vivo. Grotescas, pero retratan. Unos meses atrás escuchaba en una emisora europea de habla hispana a unas amigas y amigos muy "liberados". Una de ellas decía: que no me hablen del matrimonio que hemos vivido hasta ahora, uno y una. Ni uno para una. Nada de eso. A mí me harían falta tres o cuatro. Se oyó una carcajada olímpica. En serio. Uno para dormir. Los hay que para eso son maestros; son doctores, graduados en esas clases radiales de sexología. Pero, amigos, ¿quién aguanta a un hombre si aparte de esos atributos machistas en acción, su cabeza sólo le sirve para ponerse el sombrero? Así que otro para hablar de temas profundos, de algún libro, de algo intelectual. Y como empresa, otro para mis negocios, un compañero leal, un compañero inteligente y sagaz. ¿Me entendéis? Y siguió. Quiso dialogar de la virginidad, de la fidelidad...; no podía hablar de la risa. Ya con esto le dijeron: No, no, no; mejor no expliques.

Y hablaron del aborto. Debo decir que es el tema más importante de los últimos treinta años de este siglo pasado a nivel mundial. Y junto con el hambre son las dos fuentes que manan constantemente muertes inocentes. Aquellas "tertulianas" eran feministas acérrimas pro choice. Cada día me luce, como dicen los hermanos cubanos, que "las" y "los" pro aborto están formando una secta religiosa amoral, el Abortismo Inc. Tienen dogmas y admiten a ciegas la autoridad legal. ¿Con dogmas?, pregunta Juan. Claro, en la religión verdadera los dogmas elevan la razón. Nunca la contradicen. Aquí son dogmas contra la razón. Una feminista tiene que admitir, contra todo sentido común, que lo que lleva una mujer embarazada es parte de su cuerpo. Si aborta, aborta parte de su cuerpo. Tienen pánico de que alguien razone. Razonar es algo muy anticuado. Y, además, está prohibido. El movimiento feminista rigorista es pro derecho a abortar. No todas las feministas son pro aborto, etc. Pero todas las abortistas y demás familiares son feministas de esta religión amoral. Es la religión de los derechos propios. Intocables. Esos son nuestros derechos. Ahí no manda nadie. Que cada mujer haga lo que quiera con lo que es suyo. Este es el dogma más sagrado de la inconsciencia permitida y querida. Nadie puede preguntar ni menos cuestionar. Los abortistas no escriben. No saben qué decir. Todo se reduce a leyes permisivas, supuestos derechos de falsos principios y encuestas. Pero dejemos de insistir.

Voy entendiendo, me dice Juan, que sigue muy atento. O sea, una mujer, ¿no puede ser mujer y ser abortista? Evidente, Juan. Una madre no puede ser abortista. La mujer y la madre se identifican. La madre es la culminación de la mujer. La mujer, física o espiritualmente, debe ser madre.

¿Y la que abortó, ya no puede ser mujer? Sí. ¿Qué tiene que hacer? Arrepentirse. Dios perdona con gozo y el sacerdote también, con inmensa alegría. No hay ninguna mujer que haya abortado voluntariamente que no le duela el corazón. Ya saben. Es fácil sacarse ese hijo del vientre, pero nunca de la conciencia. O, como acabo de leer en Internet, de un cardenal alemán: "Dios perdona siempre; la naturaleza nunca".

Pero sólo quiero decir hoy que lo peor no es el aborto, sino la defensa de él, como derecho del Estado o de la mujer. Eso es lo trágico.

Permítame doña Sila, que ya que este servidor ha querido luchar tanto por la vida, que al comienzo de su periodo de gobernadora haya tocado este tema y le ruegue vehementemente que, vehementemente, luche por la vida, en su calidad de mujer. Es su mejor título. Espero que esa exposición brillante, limpia, enérgica, comprometedora, de su programa de gobierno, la lleve a cabo. Su expresión y sus líneas de acción de construir un gobierno honesto, de servicio y de transparencia ha contagiado al pueblo de alegría y de esperanza. Me uno a los acertadísimos reclamos de nuestro arzobispo Roberto González y del Obispo en sus respectivas invocaciones, pidiéndole el respeto y amor a la vida humana desde su concepción hasta la muerte digna, natural.

DOÑA SILA Calderón, Vieques está en su corazón y en sus labios. No lo deje. Aún más hondamente arraigado desearía que estuviera su compromiso por la defensa de los puertorriqueños por nacer.

Nadie como una mujer puede hacerlo. Mi petición a Dios sería muy sencilla: Señor, que doña Sila sea siempre mujer. Que defienda a la mujer, con todas las consecuencias y derechos para poder servir a la familia puertorriqueña. Un pueblo vale tanto como valgan sus mujeres. Sea usted, la primera, la mejor. Pida oraciones. Cuente con las mías. ¡Que Dios la bendiga siempre!

Mateo Mateo
Sacerdote

(El Nuevo Día)

Arriba

AVIVEMOS NUESTRA LLAMA ESPIRITUAL

Cuentan que un rey muy rico de la India tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales. Un súbdito quiso averiguar su secreto.

El rey le dijo: "Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré".

Al término del paseo, el rey le preguntó: "¿Qué piensas de mis riquezas?"

La persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara".

El rey le dijo: "Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera".

Avivemos nuestra llama espiritual. No sólo tendremos mejores relaciones interpersonales, sino que seremos más felices.

(Valores org.)

Arriba

Lecturas del 9-1-01 (Martes de la Primera Semana)

SANTORAL: San Adrián,  Abad de Canterbury
 
Lectura del libro de los Hebreos 2, 5-12

Hermanos: Dios no ha sometido a los ángeles el mundo venidero del que nosotros hablamos. Acerca de esto, hay un testimonio que dice: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él? Por poco tiempo lo pusiste debajo de los ángeles y lo coronaste de gloria y esplendor. Todo lo sometiste bajo sus pies.
 Si Dios le ha sometido todas las cosas, nada ha quedado fuera de su dominio. De hecho, todavía no vemos que todo le está sometido. Pero a aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
 Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación. Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea.

Palabra de Dios.


SALMO Sal 8, 2ab y 5. 6-7a. 7b-9 (R.: cf. 7)

R. Diste dominio a tu Hijo sobre la obra de tus manos.

 ¡Señor, nuestro Dios,
 qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
 ¿qué es el hombre para que pienses en él,
 el ser humano para que lo cuides?  R.
 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
 lo coronaste de gloria y esplendor;
 le diste dominio sobre la obra de tus manos.  R.
 Todo lo pusiste bajo sus pies:
 todos los rebaños y ganados,
 y hasta los animales salvajes;
 las aves del cielo, los peces del mar
 y cuanto surca los senderos de las aguas.  R.

X Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28

 Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
 Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios.»
 Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre.» El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.

Reflexión   
 
La fuerza de Cristo, arranca de su Palabra y de sus obras.
Jesús no pide a sus discípulos nada que no haya probado él primeramente. Ninguna cruz que él no haya llevado.
Esto debe ser para nosotros motivo de aliento.
Cada uno de nosotros debe seguir las pisadas de Jesús,  poner nuestro pie en la huella que dejaron los pies de Jesús al precedernos por el camino.
Cuando Jesús usa su poder, lo hace para liberarnos del poder del enemigo, como en la sinagoga de Cafarnaún.
En este pasaje del evangelio, los demonios, reconocen en Jesús al Mesías, le dicen nosotros sabemos que eres el Santo de Dios.
Por eso nosotros, cuando decimos que creemos en Jesús, no decimos nada especial, porque también el demonio cree en Jesús, como vemos en este Evangelio. Lo realmente importante es que nosotros le creamos a Jesús, para así actuar como él nos mostró.
Dice el evangelio que Jesús exponía su doctrina con autoridad.
Esa autoridad surge de su vida, porque Cristo vivía lo que exponía.
Esto nos enseña que para predicar con autoridad, hay que vivir en conformidad con lo que se predica.
Nosotros debemos vivir lo que decimos y hablar de lo que vivimos.
No podemos hablar de la fe, si no vivimos en plenitud la fe.
No podemos pensar que somos discípulos de Jesús, si El no es nuestro modelo
La autoridad para hablar de Dios y de su Reino, nos la da nuestra vida. Si nuestra vida no es acorde con lo que decimos, no podremos convencer a nadie.
Por eso los padres, los educadores, tenemos una gran responsabilidad, porque la educación que trasmitimos a nuestros hijos, o a nuestros alumnos, no es lo que les decimos sino lo que somos.
Hoy vamos a reparar además en el hecho de que Jesús tiene autoridad sobre los demonios.
Los demonios, temen a Jesús, y se ven obligados a acatar sus órdenes.
Esto tiene que enseñarnos a nosotros a no temer la obra del demonio. El demonio existe, pero Jesús venció al demonio de una vez y para siempre.
Si nosotros no nos apartamos de Cristo, el demonio no tiene poder sobre nosotros. Podrá tentarnos, como tentó a Jesús, pero no podrá con nosotros, porque somos de Cristo.
 

Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.
 
Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.
 
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.
 
Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
 
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
 
Te diré m amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén

 Liturgia de las Horas - Himno de II Vísperas del 25 de Diciembre

SANTORAL: San Adrián,  Abad de Canterbury
 
Nació en África. Era abad de Nérida, cerca de Nápoles cuando el Papa San
Vitalinano lo escogió por su ciencia y virtud para instruir a la nación
inglesa de Canterbury, aún joven en la fe. San Adrián trató de declinar la
elección recomendando a San Teodoro para el cargo, pero se mostró dispuesto
a compartir los trabajos de la misión. El Papa accedió a su petición y lo
nombró asistente y consejero del nuevo Obispo. San Teodoro lo nombró abad
del monasterio de San Pedro y San Pablo de Canterbury, donde nuestro santo
enseñó el griego, el latín la ciencia de los Padres, y sobre todo la virtud.
San Adrián ilustró el país con su doctrina y el ejemplo de su vida, durante
treinta y nueve años. Murió el 9 de enero del año 710.
 

Arriba

Pionet.org