Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
6 de febrero de 2002
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"La familia va a prevalecer cuando los esposos y padres acepten la responsabilidad que Dios les ha dado de ser los líderes de la familia y la guíen en amor, justicia, verdad y libertad."

 


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Arranca hoy el Carnaval Ponceño

PONCE

 Resplandece la Ciudad Señorial hoy con su tradicional carnaval.

En su edición 144, Ponce inicia hoy las festividades del ya tradicional Carnaval Ponceño y durante siete días consecutivos en la ciudad reinará la celebración como antesala al período de Cuaresma que guarda la Iglesia Católica.

Esta noche abrirán las festividades el ya conocido Baile de la Máscara, en donde la plaza de Las Delicias de la Perla del Sur se convertirá en una enorme pista de baile en la que 30 grupos de escuelas, comunidades y organizaciones harán despliegue de su arte.

Mañana será la Entrada del Rey Momo, que marca el primer desfile del Carnaval Ponceño. El mismo comenzará en la avenida Las Américas a las 6:00 de la tarde y el recorrido incluirá la avenida Hostos y las calles Salud e Isabel, hasta arribar a la tarima que estará ubicada en la plaza las Delicias, frente a la casa alcaldía. En la tarima estarán Wito Vélez y su "Lion Steel Band" y la Familia Cepeda.

El viernes será la Coronación de la Reina Infantil Cristal I.

El desfile se organizará en el Museo Pancho Coímbre, desde las 6:00 de la tarde, y desde allí partirá a las 7:30 de la noche, pasando por las calles Lolita Tizol e Isabel hasta llegar a la tarima frente a la casa alcaldía.

El domingo es el día del Gran Desfile del Carnaval Ponceño, que comenzará a la 1:30 de la tarde. El recorrido incluye la avenida las Américas, el bulevar Miguel Pou y el Puente de Los Leones hasta la calle Cristina y la Plaza Las Delicias.

(Primera hora)

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Internet no es una amenaza sino una oportunidad
Afirmó monseñor Foley a los periodistas católicos italianos

CAGLIARI, 5 febrero 2002 

 Para el «ministro» para la comunicación social de Juan Pablo II «Internet no es una amenaza sino una oportunidad».

Así de claro lo expuso el arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para Comunicación Social en el congreso promovido por la sección sarda de la Unión Católica de la prensa italiana, el 1 de febrero en Cagliari, Cerdeña.

En el encuentro, dedicado al tema «El hombre en la red», el prelado subrayó que, en el mensaje para este año con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa centra la atención justamente en Internet, presentándolo como «un nuevo foro para proclamar el Evangelio».

A propósito de las críticas que se hacen a la Red, monseñor Foley aclaró que «hay demasiadas voces contrarias, demasiadas personas que condenan Internet, porque algunos hacen un mal uso. Sería como condenar a la raza humana porque todos somos pecadores y porque muchos de nosotros abusan de la propia libertad».

El presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales expresó el deseo de que, a través de un apropiado uso de Internet, se difunda una «cultura del diálogo, de participación, de solidaridad y de reconciliación».

Además puso el acento en la extraordinaria «oportunidad de alcanzar directamente al mundo» que la Iglesia tiene hoy gracias al instrumento Internet.

«Los misioneros --dijo--, pueden alcanzar a aquellos que viven en las naciones cuyas fronteras están cerradas a sacerdotes y religiosas».

Hablando de la presencia de la Santa Sede en el mundo de Internet, el prelado insistió en la necesidad de que el Vaticano pudiera tener un sito suyo independiente que garantizara la autenticidad de las informaciones.

La confusión de identidad --declaró--, es uno de los problemas a considerar a la hora de discutir sobre los valores de la ética en Internet. El arzobispo indicó, en concreto, la importancia de la identidad telemática para las actividades de investigación y detección de los pederastas en Internet.

Por último, el arzobispo Foley hizo un llamamiento a «la educación en valores, en sensibilidad, en responsabilidad» como clave para afrontar el argumento..

«Nuestros sistemas educativos han retrasado durante demasiado tiempo la educación en medios de comunicación --aclaró--, han postergado demasiado el desarrollo de consumidores críticos de filmes, de programas radiofónicos y televisivos, de publicaciones. Ahora estos sistemas se encuentran atrasados en el desarrollo de usuarios críticos y capaces de discernir en el uso de Internet».

(ZENIT.org)

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Descubierto un observatorio solar de hace 9.000 años en Egipto

EL CAIRO

 Los vestigios de un observatorio solar para determinar la llegada de las estaciones, que data de hace 9.000 años, fueron descubiertos en el Alto Egipto, informó ayer el diario "Al Ahram".

El periódico afirma que el observatorio fue descubierto por un equipo arqueológico egipcio-estadounidense en la zona denominada Nabata, en Toshka, en el desierto occidental, unos 1.000 kilómetros al sur de El Cairo.

El observatorio, según los arqueólogos, fue construido por tribus paleolíticas de pastores, que lo utilizaban para conocer la llegada de los vientos de la temporada veraniega, que traían las lluvias que suponían el fundamento de sus vidas en esa región, antes de que se convirtiera en un lugar de clima desértico.

Según Mosalem Sheltut, profesor de investigaciones solares y espaciales, el observatorio seguía a diario el movimiento del sol a través de la sombra que producía en los pilares que lo conformaban.

Junto al observatorio, compuesto por un círculo de grandes piedras, se hallaron las ruinas de una aldea con 18 viviendas construidas en tres filas, en las que había pozos de agua, ahora secos.

Esa zona, que fue una sabana cubierta de yerba hasta que se interrumpieron las lluvias en el paleolítico, estaba habitadas por tribus de pastores nómadas.

"Se cree que esos pastores fueron los antepasados de las dinastías egipcias, que heredaron de ellos las ciencias de la astrología y sus creencias religiosas", declaró Makim Malvil, integrante del equipo arqueológico y profesor de astrología antigua en la Universidad de Colorado, en EEUU.

(El mundo)

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Warhol, Basquiat y Clemente, tres en uno

MADRID. Natividad Pulido

Una niña de 4 años es la «culpable» de esta brillante colaboración artística a cuatro y seis manos.
La pequeña Cora, hija de Bruno Bischofberger, pintó en 1984, con Jean-Michel Basquiat, un lienzo en el garaje de la casa del galerista en St. Moritz. Fue entonces cuando a éste se le ocurrió la feliz idea de unir el genio de Andy Warhol con
el talento de algunos jóvenes creadores que él representaba.

Primero se pensó en Julian Schnabel, pero Bischofberger lo descartó: «Tiene una personalidad difícil, es muy individualista y hubiera complicado el trabajo». Cuentan una anécdota que muestra su carácter. Cuando murió Warhol, espetó: «Ahora sólo quedamos Cy Twombly y yo». Schnabel dirigió la controvertida película «Basquiat» -Dennis Hopper hacía el papel del galerista suizo-, en la que los galeristas no salían muy bien parados. «No estoy nada de acuerdo sobre cómo retrata a los galeristas en esa película», apunta.

Finalmente, Bischofberger optó por Basquiat (ejemplo del mestizaje cultural, mitad sangre haitiana, mitad puertorriqueña, y el mejor representante del arte del graffiti, del artista callejero), al que se sumaría el napolitano Francesco Clemente (puntal de la transvanguardia italiana). La única consigna que dio el galerista a estos tres «espíritus salvajes» fue que pintara cada uno en su estudio, sin consultarse técnicas y estilos, y que se fueran pasando las obras de unos a otros para continuar los cuadros. Algo similar a lo que hicieron los surrealistas con los cadáveres exquisitos. El resultado: quince óleos, que se mostraron en Zurich en 1984.

EL «DÚO DINÁMICO»

Quedaron tan encantados, que Warhol y Basquiat decidieron continuar la experiencia (esta vez sin Clemente). Aunque radicalmente opuestos, había pura química entre este «dúo dinámico» -como los llama Richard D. Marsall-. Les unía el origen humilde; ambos tenían un gran carisma, tenían magnetismo, les gustaban los excesos (drogas, sexo...) Pero también les separaban otras muchas cosas: había 32 años de diferencia entre ellos. Warhol admiraba a Marilyn, a Elvis...; Basquiat, a Charlie Parker, a Miles Davis... Warhol tenía como iconos comerciales la Sopa Campbell y la Coca-Cola; Basquiat, el jabón, la leche...

Ambos estaban obsesionados con la muerte, pero lo expresaba cada uno a su manera: Warhol pintaba sillas eléctricas, accidentes automovilísticos; Basquiat, calaveras y esqueletos. Warhol aportaba el ingenio, la originalidad; Basquiat, la energía, la espontaneidad. Pero no resulta muy fácil determinar en estas obras dónde acaba el trabajo de uno y dónde empieza el del otro. Lo cierto es que Warhol logró que Basquiat trabajara la serigrafía y éste, que el «príncipe del pop» retomara los pinceles.

Esa intensa y fructífera colaboración duró un año. Fruto de ella, nacieron numerosos cuadros de gran formato, de un colorido espectacular, con profusión de iconos e imágenes. Pero aquellos amigos inseparables se distanciaron. Se dice que la culpa la tuvo una crítica demoledora aparecida en el «New York Times» de la exposición conjunta en el 85. El crítico apuntaba que Basquiat se había convertido en la mascota de Warhol. Éste murió en 1987. Año y medio después, una sobredosis se llevó a Basquiat con tan sólo 27 años.

Esta apasionante historia es la que cuenta una gran exposición, «Warhol. Basquiat. Clemente. Obras en colaboración», que ayer se inauguró en el Reina Sofía con 40 obras de gran formato realizadas por Warhol y Basquiat y otras seis, en las que al «dúo dinámico» se suma Clemente. Comisariada por Enrique Juncosa y coordinada por Giulietta Speranza, la muestra resulta realmente espectacular en la Sala A1 del CARS. «Es un festín de pintura», apunta el director del museo, Juan Manuel Bonet. Añade Juncosa que estos cuadros, síntesis de estilos, tienen mucho de jeroglíficos (con referencias a las drogas, la muerte, la impureza de la pintura...), dispuestos a que el espectador los descifre.

BARCELÓ, GOYA Y VELÁZQUEZ

Pero el gran protagonista fue ayer Bruno Bischofberger, padre de la criatura, que sorprendió a todos con su atuendo tirolés y respondió pacientemente a todas las curiosidades de los periodistas. Sobre si los tres artistas quedaron satisfechos con la experiencia, dice que sí, pero «cuando cobraron, lo dividieron entre los tres y a Warhol le pareció poco».

-¿Salieron a la venta estas obras?

-Las primeras se vendieron. Pero de la segunda colaboración entre Warhol y Basquiat, algunos cuadros se los quedaron ellos y otros los compré yo.

-¿No ha pensado en hacer más colaboraciones a dos o tres bandas?

- No hay nada al respecto.

-Imaginemos que se lo propusiese a Miquel Barceló (Bischofberger es su galerista). ¿Qué terna propondría en esta ocasión?

-Barceló, Goya y Velázquez (Se ríe).

Conoció a Warhol en 1967, en su segundo viaje a Nueva York. Se lo presenta otro artista pop, Roy Lichtenstein. Bischofberger convenció a Warhol para que le vendiera 11 piezas y, a partir de entonces y hasta su muerte, se convierte en su marchante más importante. Para el célebre galerista, Warhol es mucho más que un icono pop, porque «amplió el espectro del mundo del arte. Su influencia ha sido enorme para muchos artistas. Utilizó un imaginario muy conocido, con el que abrió la mirada al mundo exterior». A Jean-Michel Basquiat lo conoció en 1982. Bischofberger le propuso una exposición en Zurich. Desde entonces, el ochenta por ciento de las obras que produjo este artista hasta su muerte pasó por sus manos. Destaca de él «su curiosidad, su afán por conocerlo todo... Fue un gran apasionado de la música».

RECONOCER A LOS BUENOS ARTISTAS

La exposición, que puede verse en el Museo Reina Sofía hasta el próximo 29 de abril, ha viajado ya por Italia y Alemania, entre otros países. Warhol, Basquiat y Clemente, tres personalidades tan fuertes y atractivas como interesantes artistas, unidos gracias a la clarividencia de Bruno Bischofberger, cuya clave como marchante -confiesa-, es «concentrarse en los buenos artistas y reconocerlos». Y él ha reconocido a un buen puñado de ellos.

(ABC)

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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA CUARESMA 2002

Queridos hermanos y hermanas,

1. Nos disponemos a recorrer de nuevo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las solemnes celebraciones del misterio central de la fe, el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Nos preparamos para vivir el tiempo apropiado que la Iglesia ofrece a los creyentes para meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz. El designio salvífico del Padre celeste se ha cumplido en la entrega libre y total del Hijo unigénito a los hombres. «Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente», dice Jesús (cf.Jn 10, 18), resaltando que Él sacrifica su propia vida, de manera voluntaria, por la salvación del mundo. Como confirmación de don tan grande de amor, el Redentor añade: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15, 13).

La Cuaresma, que es una ocasión providencial de conversión, nos ayuda a contemplar este estupendo misterio de amor. Es como un retorno a las raíces de la fe, porque meditando sobre el don de gracia inconmensurable que es la Redención, nos damos cuenta de que todo ha sido dado por amorosa iniciativa divina. Precisamente para meditar sobre este aspecto del misterio salvífico, he elegido como tema del Mensaje cuaresmal de este año las palabras del Señor: «Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10, 8).

2. Dios nos ha dado libremente a su Hijo: ¿quién ha podido o puede merecer un privilegio semejante? San Pablo dice: «todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia» (Rm 3, 23-24). Dios nos ha amado con infinita misericordia, sin detenerse ante la condición de grave ruptura ocasionada por el pecado en la persona humana. Se ha inclinado con benevolencia sobre nuestra enfermedad, haciendo de ella la ocasión para una nueva y más maravillosa efusión de su amor. La Iglesia no deja de proclamar este misterio de infinita bondad, exaltando la libre elección divina y su deseo no de condenar, sino de admitir de nuevo al hombre a la comunión consigo.

«Gratis lo recibisteis; dadlo gratis». Que estas palabras del Evangelio resuenen en el corazón de toda comunidad cristiana en la peregrinación penitencial hacia la Pascua. Que la Cuaresma, llamando la atención sobre el misterio de la muerte y resurrección de Dios, lleve a todo cristiano a asombrarse profundamente ante la grandeza de semejante don. ¡Sí! Gratis hemos recibido. ¿Acaso no está toda nuestra existencia marcada por la benevolencia de Dios? Es un don el florecer de la vida y su prodigioso desarrollo. Precisamente por ser un don, la existencia no puede ser considerada una posesión o una propiedad privada, por más que las posibilidades que hoy tenemos de mejorar la calidad de vida podrían hacernos pensar que el hombre es su «dueño». Efectivamente, las conquistas de la medicina y la biotecnología pueden en ocasiones inducir al hombre a creerse creador de sí mismo y a caer en la tentación de manipular «el árbol de la vida» (Gn 3, 24).

Conviene recordar también a este propósito que no todo lo que es técnicamente posible es también moralmente lícito. Aunque resulte admirable el esfuerzo de la ciencia para asegurar una calidad de vida más conforme a la dignidad del hombre, eso nunca debe hacer olvidar que la vida humana es un don, y que sigue teniendo valor aún cuando esté sometida a sufrimientos o limitaciones. Es un don que hay que acoger siempre: recibido gratis y puesto gratuitamente al servicio de los demás.

3. La Cuaresma, proponiendo de nuevo el ejemplo de Cristo que se inmola por nosotros en el Calvario, nos ayuda de manera especial a entender que la vida ha sido redimida en Él. Por medio del Espíritu Santo, Él renueva nuestra vida y nos hace partícipes de esa misma vida divina que nos introduce en la intimidad de Dios y nos hace experimentar su amor por nosotros. Se trata de un regalo sublime, que el cristiano no puede dejar de proclamar con alegría. San Juan escribe en su Evangelio: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3). Esta vida, que se nos ha comunicado con el Bautismo, hemos de alimentarla continuamente con una respuesta fiel, individual y comunitaria, mediante la oración, la celebración de los Sacramentos y el testimonio evangélico.

En efecto, habiendo recibido gratis la vida, debemos, por nuestra parte, darla a los hermanos de manera gratuita. Así lo pide Jesús a los discípulos, al enviarles como testigos suyos en el mundo: «Gratis lo recibisteis; dadlo gratis». Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. Que el itinerario cuaresmal sea para todos los creyentes una llamada constante a profundizar en esta peculiar vocación nuestra. Como creyentes, hemos de abrirnos a una existencia que se distinga por la «gratuidad», entregándonos a nosotros mismos, sin reservas, a Dios y al próximo.

4. «¿Qué tienes --advierte san Pablo-- que no lo hayas recibido?(1 Co 4, 7). Amar a los hermanos, dedicarse a ellos, es una exigencia que proviene de esta constatación. Cuanto mayor es la necesidad de los demás, más urgente es para el creyente la tarea de serviles. ¿Acaso no permite Dios que haya condiciones de necesidad para que, ayudando a los demás, aprendamos a liberarnos de nuestro egoísmo y a vivir el auténtico amor evangélico? Las palabras de Jesús son muy claras: «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?» (Mt 5, 46). El mundo valora las relaciones con los demás en función del interés y del provecho propio, dando lugar a una visión egocéntrica de la existencia, en la que demasiado a menudo no queda lugar para los pobres y los débiles. Por el contrario, toda persona, incluso la menos dotada, ha de ser acogida y amada por sí misma, más allá de sus cualidades y defectos. Más aún, cuanto mayor es la dificultad en que se encuentra, más ha de ser objeto de nuestro amor concreto. Éste es el amor del que la Iglesia da testimonio a través de innumerables instituciones, haciéndose cargo de enfermos, marginados, pobres y oprimidos. De este modo, los cristianos se convierten en apóstoles de esperanza y constructores de la civilización del amor.

Es muy significativo que Jesús pronuncie las palabras: «Gratis lo recibisteis; dadlo gratis», precisamente antes de enviar a los apóstoles a difundir el Evangelio de la salvación, el primero y principal don que Él ha dado a la humanidad. Él quiere que su Reino, ya cercano (cf. Mt 10, 5ss), se propague mediante gestos de amor gratuito por parte de sus discípulos. Así hicieron los apóstoles en el comienzo del cristianismo, y quienes los encontraban, los reconocían como portadores de un mensaje más grande de ellos mismos. Como entonces, también hoy el bien realizado por los creyentes se convierte en un signo y, con frecuencia, en una invitación a creer. Incluso cuando el cristiano se hace cargo de las necesidades del prójimo, como en el caso del buen samaritano, nunca se trata de una ayuda meramente material. Es también anuncio del Reino, que comunica el pleno sentido de la vida, de la esperanza, del amor.

5. ¡Queridos hermanos y hermanas! Que sea éste el estilo con el que nos preparamos a vivir la Cuaresma: la generosidad efectiva hacia los hermanos más pobres. Abriéndoles el corazón, nos hacemos cada vez más conscientes de que nuestra entrega a los demás es una respuesta a los numerosos dones que Dios continúa haciéndonos. Gratis lo hemos recibido, ¡démoslo gratis!

¿Qué momento más oportuno que el tiempo de Cuaresma para dar este testimonio de gratuidad que tanto necesita el mundo? El mismo amor que Dios nos tiene lleva en sí mismo la llamada a darnos, por nuestra parte, gratuitamente a los otros. Doy las gracias a todos los que --laicos, religiosos, sacerdotes-- dan este testimonio de caridad en cada rincón del mundo. Que sea así para cada cristiano, en cualquier situación en que se encuentre.

Que María, la Virgen y Madre del buen Amor y de la Esperanza, sea guía y sustento en este itinerario cuaresmal. Aseguro a todos, con afecto, mis oraciones, a la vez que les imparto complacido, especialmente a los que trabajan cotidianamente en las múltiples fronteras de la caridad, una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 4 de octubre de 2001, fiesta de San Francisco de Asís.

JOANNES PAULUS II

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Telediarios y párroco onubense: una jugada innoble

Cuenta san Lucas que los fariseos quisieron acorralar a Jesucristo llevándole “una mujer sorprendida en adulterio: la ley de Moisés nos manda apedrear a tales mujeres; tú, ¿qué dices?” Y tengo para mí que consiguieron ponerle en un aprieto, pero no en el sentido que ellos pretendían: el aprieto fue más bien cómo lo haría para no coger él mismo las piedras y lanzarlas contra aquella punta de farsantes. Pienso incluso que el gesto de escribir en el suelo no fue sino una manera de contener el furor, algo así como lo que nosotros llamamos “contar hasta cien”.

Pues bien, estas cosas siguen ocurriendo, porque la estirpe de los fariseos ha sido muy prolífica. Y Cristo sigue sufriéndolas en su cuerpo, en la Iglesia. Me refiero ahora al tratamiento informativo que se ha dado al asunto del párroco que, al parecer, confesó su homosexualidad a una publicación del ramo. Hablo del telediario de la 1, que es el que vi, aunque no me cuesta mucho imaginar un tratamiento similar en otros medios. Ahí tenéis, parecen decir, a un hombre honrado, servidor vuestro, con clergyman y todo, estimado en su pueblo (no faltó la correspondiente encuesta ciudadana). Vosotros decís que lo suyo es un desorden y habláis de la obligación del celibato. ¿Es esta vuestra caridad?

El montaje es en todo similar: si la Iglesia agacha las orejas y se inclina por la indulgencia, ¿para qué existís y de qué han servido todas vuestras enseñanzas a lo largo de estos siglos? Si se reafirma en su doctrina, ¡anatema sit a esta panda de intolerantes cavernícolas! Y siempre, la tragedia de un ser humano aireada como un espectáculo, utilizada como arma arrojadiza en mezquinos rencores y abandonada luego sin más.

Por supuesto, la Iglesia tampoco caerá en la trampa. Desconozco el drama de este hombre y los motivos que le hayan llevado a olvidar el valor de la castidad y a confundirla (quizá) con el desamor, como ignoro los condicionamientos que pesaron sobre aquella mujer adúltera, finalmente perdonada y exhortada a “no pecar más”. Un párroco, a poco que descuide su vida de piedad, puede ser un hombre terriblemente solo. Pero la manipulación interesada que se ha hecho (y, que, sin duda, se hará) de este pobre hombre, exhibiéndolo como el gorila blanco del zoo, da, sencillamente, asco. Tanto que algunos lo desahogamos, una vez más, escribiendo, y a pesar de que esta caterva no merecería una línea.

Jesús Sanz Rioja.

(www.piensaunpoco.com

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EL VERDADERO AMOR

Un sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les escuchó con atención y después les relató un testimonio personal:

- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió "llévenme al cementerio".

- "Papá" respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora!"

Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: - "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".

Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:

- "Fueron 55 buenos años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. - "Ella y yo estuvimos juntos en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:

- "Todo está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no tiene que ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones que es posible porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas allá de los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier cosa por el otro."

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato, podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro les había dado la lección mas importante de sus vidas.

(Valores org)

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Lecturas del 6-2-02 (Miércoles de la Cuarta Semana)

SANTORAL: San Pablo Miki y compañeros mártires
 
Lectura del segundo libro de Samuel 24, 2. 9-17
 
 El rey dijo a Joab, el jefe del ejército, que estaba con él: «Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba y hagan el censo del pueblo, para que yo sepa el número de la población.»
 Joab presentó al rey las cifras del censo de la población, y resultó que en Israel había 800.000 hombres aptos para el servicio militar, y en Judá, 500.000.
 Pero, después de esto, David sintió remordimiento de haber hecho el recuento de la población, y dijo al Señor: «He pecado gravemente al obrar así. Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio.»
 A la mañana siguiente, cuando David se levantó, la palabra del Señor había llegado al profeta Gad, el vidente de David, en estos términos: «Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo.»
 Gad se presentó a David y le llevó la noticia, diciendo: «¿Qué prefieres: soportar tres años de hambre en tu país, o huir tres meses ante la persecución de tu enemigo, o que haya tres días de peste en tu territorio? Piensa y mira bien ahora lo que debo responder al que me envió.»
 David dijo a Gad: «¡Estoy en un grave aprieto! Caigamos más bien en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres.»
 Entonces el Señor envió la peste a Israel, desde esa mañana hasta el tiempo señalado, y murieron setenta mil hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba.
 El Angel extendió la mano hacia Jerusalén para exterminarla, pero el Señor se arrepintió del mal que le infligía y dijo al Angel que exterminaba al pueblo: «¡Basta ya! ¡Retira tu mano!» El Angel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo.
 Y al ver al Angel que castigaba al pueblo, David dijo al Señor: «¡Soy yo el que he pecado! ¡Soy yo el culpable! Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre!»
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 31, 1-2. 5. 6. 7 (R.: cf. 5c)
 
R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.
 
 ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
 y liberado de su falta!
 ¡Feliz el hombre a quien el Señor
 no le tiene en cuenta las culpas,
 y en cuyo espíritu no hay doblez!  R.
 
 Yo reconocí mi pecado,
 no te escondí mi culpa,
 pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.»
 ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!  R.
 
 Por eso, que todos tus fieles te supliquen
 en el momento de la angustia;
 y cuando irrumpan las aguas caudalosas
 no llegarán hasta ellos.  R.
 
 Tú eres mi refugio,
 tú me libras de los peligros
 y me colmas con la alegría de la salvación.  R.
 

X Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6, 1-6

 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
 Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa.» Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
 Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

Palabra del Señor.
 
Reflexión   
 
Quienes en el evangelio se describe como los hermanos de Jesús, de acuerdo como se usaba la palabra hermano en el pueblo de Israel, son sus parientes y paisanos de Nazaret.
Como Jesús nunca hizo cosas extraordinarias entre ellos, se extrañaban de lo que se decía, de su actuación en otros lugares y de que ya fuera famoso. Creían conocerlo, pero en realidad no lo conocían: muchas las veces  nosotros también creemos conocer a nuestro prójimo pero la mayoría de las veces no es así. Y esto pasa sobretodo, cuando tenemos que reconocer en los que nos rodean, virtudes o cualidades buenas.
 
La gente que escuchaba a Jesús dice: “¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido?”
Jesús recibió toda su educación humana de María, de José y de sus paisanos de Nazaret. De ellos recibió la Biblia y la cultura de su pueblo. Pero también el Padre le comunicaba su Espíritu para que experimentara la verdad de Dios en todas las cosas. Lo importante, tanto para él como para nosotros, no era leer mucho ni acumular experiencias, sino ser capaz de valorar todo lo que le ocurría. La sabiduría de Jesús salía de él mismo y, en lo más profundo de su ser, la inexpresable sabiduría eterna se volvía evidencia y certeza para nombrar y para juzgar tanto el actuar de Dios como las acciones de los hombres.
 
Pero no era por eso que Jesús conocía el porvenir y obraba milagros. Estos dones que Dios concede a sus profetas, se los comunicó en plenitud a Jesús en el momento del bautismo de Juan.
 
San Marcos en su evangelio relata que la gente decía: “Pero no es más que el carpintero”. El evangelio utiliza un término que tiene un significado muy amplio: «artesano», el que hacía esas cosas sencillas que necesitaba la gente del campo. Pero ya los primeros cristianos de Palestina decían que Jesús había sido carpintero.
 
Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra... Durante el tiempo en que Jesús vivió en medio de ellos, nunca manifestó algún don especial, y tal vez no lo habían designado para ningún cargo en la comunidad de la sinagoga. Si desde ya muchos años se habían acostumbrado a tratarlo como a uno de tantos, ¿cómo le iban a demostrar ahora respeto o fe?
 
Como decíamos, nos puede pasar a nosotros también hoy, que no reconocemos las virtudes o los méritos entre los que nos rodean, y tenemos tendencia a quedarnos falsamente impresionados por todo lo que nos viene de afuera.
 
Pidamos a María que nos ayude a creer siempre en su Hijo Jesús, y que nunca se pueda decir de nosotros, como dice el Evangelio, que Jesús se asombraba de cómo se negaban a creer.
 
 
Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.
 
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven, Señor!"
Quien lo oiga, diga: "¡Ven, Señor!"
 
Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.
 
Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor, Jesús!
 
Himno de la Liturgia de las Horas 
 
SANTORAL:  San Pablo Miki y compañeros mártires
 
En el siglo XVI lo que hoy constituye el Japón, estaba dividido en numerosos y pequeños estados independientes. La evangelización del territorio comenzó con la llegada de san Francisco Javier en 1549, quien realizó una amplia obra misionera. Se calcula que treinta años después había en el Japón más de 150.000 cristianos y medio centenar de sacerdotes jesuitas.
En 1582, facciones contrarias lucharon por el dominio político del país, y del desorden consiguiente supo sacar partido un general, quien se coronó emperador. Alcanzado el poder, decretó la abolición de los templos y entidades cristianas y la deportación de los misioneros.
Poco después, procedentes de Filipinas, llegaron los primeros franciscanos, quienes a la predicación juntaron las obras de caridad en bien de los pobres y los enfermos. El 8 de diciembre de 1596, el emperador ordenó el encarcelamiento de todos los misioneros, contra los que se dictó sentencia de muerte.
Al enterarse los fieles  de lo que ocurría, por los bandos pregonados en las calles, corrieron donde se hallaban los presos para ponerse a su servicio.
Temiendo que se interrumpiera el comercio con los portugueses, que tantos beneficios le reportaba, el emperador resolvió que el edicto se aplicara sólo a los que habían llegado de Filipinas y a sus acompañantes.
Así, pues, en la lista de las personas a ejecutar quedaron solamente seis franciscanos, cuatro de ellos españoles: san Pedro Bautista, san Francisco Blanco, san Martín de Aguirre y san Francisco de San Miguel y también san Felipe de las Casas, mejicano y san Gonzalo García, nacido en India de padres portugueses. Se incluían, además en la lista: un coreano y dieciséis japoneses bautizados (entre los que había un médico, un soldado y tres muchachitos que ayudaban a los sacerdotes en la misa);  a éstos se añadieron otros tres japoneses más, que se encontraban con los jesuitas en Osaka: Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai.
Antes de ejecutarlos, se los llevó en carreta por varias ciudades, con el objeto de infundir temor hacia el cristianismo, pero el resultado fue totalmente contrario.
El gobernador en persona se encargó de dirigir la ejecución. Todos fueron crucificados. A una señal, las veintiséis cruces se izaron en una colina situada frente a la ciudad, que desde entonces se llama Colina de los mártires.
Era el 6 de febrero de 1597. Fueron canonizados en 1862.

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