Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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5 de septiembre de 2002

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"Me dices que sí, que estás firmemente decidido a seguir a Cristo.—¡Pues has de ir al paso de Dios; no al tuyo!"
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Estrena instalaciones un Centro Sor Isolina Ferré

 5 de septiembre de 2002

GUAYAMA

Los Centros Sor Isolina Ferré inauguraron ayer instalaciones en su centro del barrio Jobos, en este municipio, con lo que cerró un difícil ciclo abierto por el huracán Georges.

El nuevo edificio tiene cinco salones de clases y un salón de usos múltiples. Vendrá a suplir la necesidad creada en septiembre de 1998, cuando Georges inhabilitó la casa que sirvió de centro durante ocho años.

José Luis Díaz, primer oficial ejecutivo de los Centros, explicó que a causa de los destrozos del huracán, durante cuatro años se impartieron tutorías y otros servicios debajo de un toldo plástico.

El toldo está en el vivero del centro de Jobos, que también afectó el huracán. Durante estos cuatro -y difíciles- años también se usó una pequeña casa de madera levantada junto al vivero, con espacio para un salón y oficinas administrativas.

José Luis Díaz dijo que bajo esas condiciones se continuó un programa de prevención de deserción escolar, así como tutorías a alrededor de 200 estudiantes y cursos preparatorios para que desertores tomen los exámenes de noveno grado o cuarto año de escuela superior.

En los veranos también se impartieron cursos de horticultura en el vivero.

El centro de Jobos tiene 12 años y sirve a los siete sectores del barrio Jobos: Puerto de Jobos, Puente de Jobos, Miramar, Santa Ana, San Martín, Pozuelo y Mosquitos.

En esas comunidades residen unas 5,000 familias.

(El nuevo día)

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Mary Ann Glendon y el cardenal Rouco, «honoris causa» por Navarra
En los 50 años de la Universidad del Opus Dei

MADRID, 4 septiembre 2002 

Dentro de la celebración de su quincuagésimo aniversario, la Universidad de Navarra otorgará el doctorado honoris causa a tres prestigiosos especialistas. Se trata de Mary Ann Glendon (Universidad de Harvard) y al cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid.

La fecha del acto académico está por concretar, pero será a lo largo de 2003, según informó el centro docente.

En sus 50 años de historia, la Universidad de Navarra ha concedido el doctorado honoris causa a 29 personas de relevancia internacional en sus respectivos campos.

La norteamericana Mary Ann Glendon, catedrática de Derecho de la Universidad de Harvard, es experta en derechos humanos y derecho constitucional comparado de Europa y Estados Unidos. Glendon preside la Asociación Internacional de Ciencias Legales y representó a Juan Pablo II en la Conferencia Internacional sobre la Mujer (Pekín, 1995).

El «National Law Journal» la nombró una de las «cincuenta abogadas más influyentes de Estados Unidos» en 1998.

El cardenal Antonio María Rouco se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca en 1958. Posteriormente, obtuvo del doctorado en Derecho Canónico en la Universidad de Munich. Juan Pablo II le nombró arzobispo de Madrid en 1994, le creó cardenal en 1998 y es presidente de la Conferencia Episcopal Española desde 1999.

Ha publicado numerosos libros y trabajos científicos en revistas españolas y extranjeras sobre la fundamentación teológica del Derecho Canónico y los problemas de las relaciones entre Iglesia y Estado.

La Universidad de Navarra fue fundada en 1952 por el beato Josemaría Escrivá de Balaguer y es una obra corporativa del Opus Dei (prelatura personal de la Iglesia católica).

Cuenta con 12.417 alumnos de pregrado, 1.148 alumnos de doctorado, 2.874 Alumnos de programas máster, especialización y otros estudios. 72.184 antiguos alumnos completan esta comunidad universitaria.

Ofrece 27 titulaciones oficiales y más de 300 programas de postgrado en 10 Facultades, 2 Escuelas Superiores, el IESE, 2 Escuelas Universitarias, ISSA, y otros centros e instituciones.

Incluye la Clínica Universitaria que, con cerca de 1700 profesionales cualificados, atiende a más de 100.000 pacientes al año

(ZENIT.org)

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Universidad católica ofrece curso de ética al gobierno de México

MÉXICO DF., 4 Sep. 02 

 En respuesta al retroceso en la lucha contra la corrupción reconocido por el gobierno, la Pontificia Universidad de México decidió ofrecer un curso de ética a los funcionarios públicos.

Al anunciar la propuesta, Jesús Antonio Serrano Sánchez, profesor de la facultad de filosofía, informó que antes se ofreció el mismo curso, pero el gobierno tenía un convenio con otra institución superior y no se concretó.

Serrano señaló, sin embargo, que el programa aplicado ahora entre los servidores públicos es insuficiente. Una prueba de que "es poco efectivo" es que la agrupación Transparencia Internacional reconoció en México el crecimiento de la corrupción en el ámbito público.

Asimismo, el profesor indicó que "la estrategia de persecución es fallida y corre el peligro de convertirse en una persecución política".

Finalmente, Serrano aseguró que si en el año 2001 México ocupó el lugar 51 en el Índice de Percepción de la Corrupción, esto "no fue más que una ilusión, producto del cambio de partido en el gobierno". Este año se ubicó seis lugares más abajo entre un total de 106 naciones.

(Aciprensa)

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La Cumbre de la Tierra concluye con escasos compromisos y abucheos a Estados Unidos

Un Plan de Acción que ni vence ni convence. Éste era el sentir general entre ONG, ecologistas e incluso mandatarios tras la clausura de una Cumbre de la Tierra de la que tan sólo han salido compromisos sobre el agua potable y el Protocolo de Kioto. El discurso de Collin Powell, recibido con abucheos, provocó el desalojo de varias personas por la Policía.

JOHANNESBURGO.

 «Bush: Personas y Planeta. No Grandes Negocios». Con esa pancarta fue recibida la intervención del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ante la sesión plenaria de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, que concluyó ayer en Johannesburgo. La Policía acudió rápidamente a retirar la pancarta, pero pocos segundos después apareció otra con el mismo mensaje en el extremo opuesto de la sala. Los asistentes al plenario volvieron a aplaudir, esta vez pataleando fuertemente el suelo. Powell interrumpió entonces su discurso, mientras parte de los asistentes empezó a acusarle de avergonzar al mundo con su política unilateral. Después de expulsar a más de diez personas, que salieron esposadas, el plenario volvió a la normalidad y Powell continuó con su discurso. Pero cuando mencionó los compromisos del Gobierno estadounidense para mejorar la situación del cambio climático, la audiencia volvió a abuchearle, acusándole de «mentiroso» y «cobarde».

«Boicot de EE.UU.»

Acto seguido, las tres cuartas partes de los asistentes de las últimas filas se levantaron y se fueron. «Esto es un boicot del sector empresarial y del Gobierno de EE.UU. para monopolizar la agenda del desarrollo», comentó un ciudadano estadounidense. «Esta Cumbre es un montaje y todos nos estamos dejando engañar por su juego», añadió. La actitud de la delegación de EE.UU. durante esta cumbre ha generado grandes rechazos tanto de las ONG como de otras delegaciones por su negativa a ratificar el Protocolo de Kioto y por su política respecto a las energías renovables.

Tras estos incidentes, la Cumbre que reunió a los líderes de los cinco continentes acabó ayer con la aprobación por los representantes de los 191 países presentes de un Plan de Acción que pretende conciliar el crecimiento económico, la justicia social y la protección del medio ambiente. Este documento de 71 páginas, con el que esperaban concretar el espíritu de la Cumbre celebrada hace diez años en Río, produjo una decepción general entre los cientos de organismos de la sociedad civil que durante estos días han presionado a los Gobiernos para que asumieran sus responsabilidades.

Así. la Cumbre más importante de la historia de la ONU y que estaba llamada a ser una «conferencia de acción», acabó tal y como se esperaba, en palabras y vacías declaraciones de buenas intenciones. Los tres únicos compromisos serios que han nacido de esta cita son un programa de acción dotado de asistencia financiera y técnica encaminado a reducir a la mitad de aquí a 2015 la proporción de personas que no tienen acceso al agua potable y al saneamiento (unos 2.400 millones, según la ONU); el anuncio de la ratificación rusa y canadiense del Protocolo de Kioto, que podría suponer que el Tratado mundial contra la agresión ambiental entre en vigor en 2003, y una mayor preocupación por la biodiversidad. Además, estos aspectos han sido los únicos en los que han coincidido políticos y ONG.

La realidad es que más allá de estos compromisos, pocos han sido los avances decisivos que se han adoptado. El fracaso más estruendoso lo protagonizó la energía, según afirman tanto los negociadores como las organizaciones ecologistas, al rechazarse la propuesta de la UE, que pretendía que el 15 por ciento del consumo mundial se basase en energías renovables de aquí al 2010. La presión de Estados Unidos y de la OPEP fue el mayor escollo a la hora de aprobar este punto.

Un acuerdo de última hora en la noche del lunes parecía que iba a cambiar el rumbo de las sesiones, pero pronto se comprobó que el nuevo acuerdo no era más que un vago compromiso para salvar la cara porque no fijaba calendario ni cifras, tal como pretendía EE.UU. Ante esta situación, la UE volvió a pedir a todos los países presentes en la clausura que «vayan más allá» del Plan aprobado oficialmente y aumenten de forma voluntaria el porcentaje de energías renovables. La otra gran asignatura pendiente ha sido la reducción de los subsidios agrícolas del primer mundo, ligada a la necesaria apertura de los mercados, cuestiones en las que no se avanzó nada respecto a la Conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) celebrada en noviembre en Doha.

(ABC)

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Ecologistas radicales fracasaron en "Cumbre de la Tierra", dice experta canadiense

OTTAWA, 4 Sep. 02 

Lorne Gunter, analista de temas ambientales del prestigioso National Post de Canadá, publicó una columna con ocasión de la clausura de la "Cumbre de la Tierra", en la que señala que los ecologistas radicales han reconocido su fracaso en intentar conducir la reunión por el rumbo habitual "anti seres humanos".

Citando a James Glassman, un analista de la organización Tech Central Station, Gunter señala que "el calentamiento global está tomando el asiento trasero, mientras que el combate contra la pobreza y la enfermedad, la distribución de agua potable y los beneficios de la distribución de la energía toman la primera línea" en la reunión de Desarrollo Sostenible de Johannesburgo.

Según la periodista "se trata de una victoria de sentido común" debida en parte a la decisión del Presidente norteamericano George W. Bush de no asistir al evento; una decisión que según Gunter, "dejó sin ocasiones teatrales a muchos y forzó a los delegados a concentrarse en asuntos de la vida real".

"Es un signo positivo que los ‘verdes’ (ecologistas) estén molestos por el tiempo que los delegados le dedican al libre comercio en vez de a crear nuevas superorganizaciones con superpoderes para regular y controlar países y compañías", agrega Gunter.

La periodista expresa su sorpresa por la marcha de campesinos que desfiló frente a la sede del evento con pancartas que decían "No al eco-imperialismo", en referencia a las imposiciones de las organizaciones ambientalistas.

"Los campesinos saben que se verían relegados a una perpetua pobreza si permiten que los ecologistas del Primer Mundo impongan sus sueños de estudiantes de grado de un Edén bucólico en las naciones pobres... y por eso calificaron a la mayoría de ‘verdes’ de ‘eco-imperialistas’", señala Gunter.

"Folklore ecologista"

Entre las organizaciones no gubernamentales, sin embargo, no podía faltar el "Folklore ecologista", dice la analista del National Post, al referirse a algunas declaraciones de personajes como Maude Barlow, una ecologista canadiense opuesta a los alimentos transgénicos que "podrían salvar del hambre a un continente" o Rigoberta Menchú, que habló de la "cosmovisión de mis ancestros mayas que deberían ser tomados como modelos".

"¿Se refiere a la cosmovisión de los mayas que requería de sacrificios humanos para aplacar a los dioses de la tierra? No, gracias", comenta Gunter irónicamente.

Y concluye con una nota no menos irónica: "¿Qué más podía esperarse? Se trata de una cumbre organizada por la ONU, después de todo".

(Aciprensa)

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Juan Pablo II: La civilización del amor, anhelo de la humanidad
Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, 4 septiembre 2002 

 Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general que concedió este miércoles centrada en el Cántico «La nueva ciudad de Dios, centro de toda la humanidad» (Isaías 2, 2a.3a.4b).

Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob:

El nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén, la palabra del Señor".

Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven,
caminemos a la luz del Señor.


1. La liturgia diaria de los Laudes, además de los Salmos, propone siempre un Cántico tomado del Antiguo Testamento. Es sabido que, junto al Salterio, auténtico libro de la oración de Israel y después de la Iglesia, existe otra especie de «Salterio» diseminado en las diferentes páginas históricas, proféticas y sapienciales de la Biblia. Se trata de himnos, súplicas, alabanzas e invocaciones que con frecuencia se caracterizan por su gran belleza e intensidad espiritual.

En nuestro recorrido por las oraciones de la Liturgia de los Laudes, nos hemos encontrado ya con muchos de estos cantos que salpican las páginas bíblicas. Ahora tomamos en consideración uno verdaderamente admirable, obra de uno de los máximos profetas de Israel, Isaías, quien vivió en el siglo VIII a. C. Es testigo de horas difíciles vividas por el reino de Judá, pero también es vate de la esperanza mesiánica en un lenguaje poético sumamente elevado.

2. Es el caso del Cántico que acabamos de escuchar y que es colocado casi en apertura de su libro, en los primeros versículos del capítulo 2, precedido por una nota de redacción posterior que dice así: «Visión de Isaías, hijo de Amós, sobre Judá y Jerusalén» (Isaías 2,1). El himno es concebido por tanto como una visión profética, que describe una meta hacia la que tiende la historia de Israel. No es casualidad el que sus primeras palabras digan: «Al final de los días» (versículo 2), es decir, en la plenitud de los tiempos. Por ello, se convierte en una invitación a no anclarse en el presente, tan mísero, sino a saber intuir en los acontecimientos cotidianos la presencia misteriosa de la acción divina, que conduce la historia hacia un horizonte muy diferente de luz y de paz.

Esta «visión» de sabor mesiánico será retomada ulteriormente en el capítulo 60 del mismo libro, en un escenario más amplio, signo de una nueva meditación sobre las palabras esenciales e incisivas del profeta, proclamadas hace un momento en el Cántico. El profeta Miqueas (Cf. 4,1-3) retomará el mismo himno, si bien con un final diferente (Cf. 4, 4-5) diferente al del oráculo de Isaías (Cf. Isaías 2, 5).

3. En el centro de la «visión» de Isaías surge el monte Sión, que se elevará figuradamente por encima de los demás montes, al ser habitado por Dios y, por tanto, lugar de contacto con el cielo (Cf. 1Reyes 8,22-53). De él, según el oráculo Isaías 60,1-6, saldrá una luz que romperá y deshará las tinieblas y hacia él se dirigirán procesiones de pueblos desde todo rincón de la tierra.

Este poder de atracción de Sión se funda en dos realidades que se derivan del monte santo de Jerusalén: la Ley y la Palabra del Señor. Constituyen, en verdad, una realidad única, que es manantial de vida, de luz y de paz, expresiones del misterio del Señor y de su voluntad. Cuando las naciones llegan a la cumbre de Sión, donde se eleva el templo del Señor, entonces tiene lugar ese milagro que la humanidad espera desde siempre y por el que suspira. Los pueblos dejan caer las armas de las manos, que son recogidas después para ser fraguadas en instrumentos pacíficos de trabajo: las espadas son transformadas en arados, las lanzas en podaderas. Surge, así, un horizonte de paz, de «shalôm» (Cf. Isaías 60,17), como se dice en hebreo, término muy utilizado por la teología mesiánica. Cae finalmente el telón sobre la guerra y sobre el odio.

4. El oráculo de Isaías termina con un llamamiento, en la línea con la espiritualidad de los cantos de peregrinación a Jerusalén: «Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor» (Isaías 2, 5). Israel no debe quedarse como espectador de esta transformación histórica radical; no puede dejar de escuchar la invitación que resuena en la apertura en los labios de los pueblos: « Venid, subamos al monte del Señor» (versículo 3).

También nosotros, los cristianos, somos interpelados por este Cántico de Isaías. Al comentarlo, los Padres de la Iglesia del siglo IV y V (Basilio Magno, Juan Crisóstomo, Teodoreto de Ciro, Cirilo de Alejandría) veían su cumplimiento en la venida de Cristo. Por consiguiente, identificaban en la Iglesia «el monte de la casa del Señor..., encumbrado sobre las montañas» del que salía la Palabra del Señor y al que se dirigían los pueblos paganos, en la nueva era de paz inaugurada por el Evangelio.

5. El mártir san Justino, en su «Primera Apología», escrita en torno al año 153, proclamaba la actuación del versículo del Cántico que dice: «de Jerusalén saldrá la palabra del Señor» (Cf. versículo 3). Escribía: «De Jerusalén salieron hombres para el mundo, doce; eran ignorantes; no sabían hablar, pero gracias a la potencia de Dios revelaron a todo el género humano que habían sido salvados por Cristo para enseñar a todos los pueblos la Palabra de Dios. Y nosotros, que antes nos matábamos los unos a los otros, ahora ya no sólo no combatimos contra los enemigos, sino que para no mentir ni engañar a quienes nos someten a interrogatorios, morimos de buena gana confesando a Cristo» («Primera Apología» --«Prima Apologia»--, 39,3: «Los apologetas griegos» --«Gli apologeti greci»--, Roma 1986, p. 118).

Por este motivo, de manera particular, los cristianos recogemos el llamamiento del profeta y tratamos de echar los cimientos de esa civilización del amor y de la paz en la que ya no haya guerra «ni muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado» (Apocalipsis 21, 4).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit.
Al final de la audiencia, el Papa hizo esta síntesis en castellano]


Queridos hermanos y hermanas:
El Cántico que acabamos de escuchar describe la presencia misteriosa de la acción divina que, en los acontecimientos cotidianos, conduce la historia hacia un horizonte de luz y paz.

Al monte Sión, atraídos por la Ley y la Palabra, afluirán pueblos de todos los rincones de la tierra. Cuando alcancen la cima, las espadas serán transformadas en arados y las lanzas en podaderas. Los Padres de la Iglesia veían cumplido este milagro con la venida de Cristo e identificaban el monte santo con la Iglesia, de la cual salía la Palabra del Señor y a la cual venían los pueblos paganos, en la nueva era de paz inaugurada por el Evangelio.

Saludo a los fieles de lengua española; en especial a los franciscanos de diversas provincias de España, así como a los peregrinos de las diócesis de Alcalá, Murcia, Tarazona y Barquisimento. ¡Interpelados por este cántico, sed constructores de la civilización del amor y de la paz!

(ZENIT.org)

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Situación y perspectivas de la familia y la vida en América Latina
Por monseñor Jorge Enrique Jiménez, presidente del CELAM

SANTO DOMINGO, 4 septiembre 2002 

 Publicamos el análisis sobre la situación de la familia y la vida en América Latina presentado por el obispo Jorge Enrique Jiménez Carvajal, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), al intervenir en el encuentro de presidentes de Conferencias Episcopales de América Latina celebrado del 2 al 4 de septiembre en la capital de la República Dominicana.

“SITUACION Y PERSPECTIVAS DE LA FAMILIA Y LA VIDA EN AMERICA : PANORAMA DE LA SITUACION LATINOAMERICANA"
+ Jorge Enrique Jiménez Carvajal
Obispo de Zipaquirá
Presidente del CELAM

Es ya una frase común afirmar que el mundo de hoy “está en cambio” y que quizás sea ésta la palabra, juntamente con aquella de “crisis”, que más se ha utilizado en el lenguaje del mundo occidental en los últimos 50 años de lo que fue el siglo XX y en los primeros dos --añadiendo para ahora una tercera palabra “globalización”-- de este siglo XXI que encabeza el Tercer Milenio.

En efecto, “la sensación y la urgencia del cambio” han conducido a una enorme crisis de la que solamente --según piensa casi la totalidad de los entendidos-- sólo se puede salir bajo el esquema de la globalización.

André Gluckman, uno de los grandes críticos y analista de la época que hemos vivido, piensa que el final de la guerra fría puso en evidencia el resto de problemas de un mundo que creía estaba condenado a morir en una irremediable confrontación ideológica. Terminada la segunda guerra mundial el “mundo libre” descubrió y confrontó la terrible amenaza del comunismo y puso en esa lucha todo su celo y toda su energía hasta lograr con la caída del Muro de Berlín una victoria definitiva sobre el Marxismo ideológico.

La alegría del derrumbamiento del Muro no fue larga porque si bien hubo un “alivio” en el frente ideológico, en lo político y en el ámbito económico y financiero “se obtuvo la plena percepción que el mundo, la sociedad toda estaba más enferma de lo que se creía y que a pesar del “buen suceso” la sociedad debía ser conducida de urgencia a la “sala de cuidados intensivos”.

Esto tomó de sorpresa a la inmensa mayoría aun cuando no a sus “grupos especializados” de “analistas” que tienen el privilegio de conocer de antemano los problemas, las debilidades y las enfermedades de los otros.

Me refiero con esta afirmación a la “Conferencia para la Cooperación y Seguridad Europeas” comúnmente llamada Conferencia de Helsinki, celebrada entre los años de 1974 y 1975 con la finalidad de preparar el advenimiento del Siglo XXI y del Tercer Milenio poniendo en marcha todos los recursos de las grandes naciones para superar las amenazas que interrogaban la supervivencia del hombre contemporáneo y de la sociedad.

Estas grandes amenazas se expresan en forma externa en el espíritu de violencia desatada que se expresa tanto en la amenaza nuclear como en el armamentismo convencional; en la destructividad ecológica de un ser humano que no ha logrado entender que no debe haber contradicción entre el usufructo y la conservación y enriquecimiento del planeta y que deben marchar juntos, armonizándose, la economía y la ecología; en el redimensionamiento de una pobreza que se degrada mayormente en la indigencia y en la exclusión y que compromete hoy a casi el 80% de las gentes que habitan el mundo y que se van confrontando con el desempleo y las carencias.

Sin embargo y a pesar de la gravedad de los tres fenómenos anteriormente mencionados es la “crisis cultural” la “enfermedad” más grave en esa sala de cuidados intensivos en donde se debate el futuro de la sociedad contemporánea.

Esta crisis cultural es grave porque compromete las razones más privadas de la vida y de la existencia humanas; porque interroga los valores todos; porque quita el sustento a las actitudes; porque compromete la visión del mundo y de la historia; porque mete bajo interrogante la razón del vivir y finalmente porque instala el caos como el espacio en el que ha de sobrevir tan sólo el que demuestre ser “el más fuerte”.

No cabe la menor duda que es la familia el lugar donde se incuban todos los males de la sociedad, como tampoco cabe ninguna duda que es el único lugar por el que debe recomenzar la salvación de la sociedad misma.

Definitivamente todo lo que se observa en la sociedad actual actúa en contra del sentido cristiano de la familia –o bien puede decirse en contra del sentido humano de la familia- y la familia reproduce permanentemente y redimensiona el mal que recibe creando con ello la terrible realidad del reconocimiento que la institución convocada a “salvar” la sociedad es, igualmente, la institución atacada por la sociedad misma.

Los espíritus de la corrupción, de todas las violencias contra la vida; el espíritu de superficialidad, de egoísmo, de desinterés por lo que ocurre, de liviandad, de irresponsabilidad, de una necrofilia reinante, de esa falta absoluta del sentido del porvenir y de ese “cainismo vital” que nos hace suponer que nadie es responsable de nadie y ante nadie. Todo esto ataca la familia, atacará la escuela y se hará evidencia en una sociedad del “sálvese quien pueda” en la que la única lógica es la del “más fuerte”.

En las nuevas generaciones cunden la desilusión y el desencanto; en todas las generaciones se han establecido la desesperanza y el desasosiego y todo parece indicar que el “exitismo económico” que la “riqueza fácil” que el “goce” y el “hedonismo” que el capital produce es la única lógica viable con la que queda claramente establecido que los “valores” son tan sólo un recurso retórico y que de ellos reina tan sólo la consabida “bolsa de valores” que a todo le ha colocado un precio y una oportunidad.

Esta revolución cultural, herencia de la vieja ilustración y del viejo pensamiento Kantiano que supone que la humanidad ha alcanzado el “estado adulto” que le permite utilizar a plenitud la “razón y la libertad” nos ha entregado un ser humano prepotente convencido de ser el “sabio señor” capaz de decidir sobre todo lo imaginable como si fuera Dios. Se recuerda fácilmente la exclamación del gran Víctor Hugo en “La leyenda de los siglos”, cuando el hombre soberbiamente redimensionado en su vanidad exclama: “tierra: yo soy tu rey”. El Siglo XX llamado por Eric J. Hobsbawm “el siglo breve” y marcado como la época más violenta de la historia de la humanidad es igualmente considerado por Robert Conquest como “el siglo de las ideas asesinas” y al que en su último viaje recientemente realizado a su patria natal Polonia Juan Pablo II estigmatiza como el siglo que ha estado “signado, en modo particular por el misterio de la iniquidad"(Juan Pablo II, homilía en Cracovia, 18 de agosto 2.002).

No se quiere decir con esto, indudablemente, que no haya ideas y logros que merezcan valoración en el siglo que acaba de concluir. De hecho en el terreno de los instrumentos, de la ciencia, de la tecnología, ha sido un siglo fascinante, pero en lo que respecta al conocimiento profundo del alma y de la dignidad humanas ha sido en muchos terrenos contradictorio y en los fundamentales decepcionante.

Es cierto --y me adelanto a decirlo-- que fue el siglo de los derechos humanos, de las proclamas sobre la paz, de la existencia en la solidaridad y en la justicia social pero estamos seguros que lo fue porque al mismo tiempo ha sido el siglo que con mayor intensidad ha violado sus derechos y generalizado la guerra y la violencia como instrumentos de poder e instalado el egoismo, entregando a unos cuantos la convicción de ser amos de la tierra y señores del destino de sus prójimos.

De hecho los derechos humanos no son de todos; de hecho la fe en Dios fue sustituida por la fe en el progreso: de hecho la secularización tuvo éxito cuando al proclamar “la autonomía de las realidades terrenas” las desmembró del “plan de la Providencia” desacralizando en su totalidad la vida humana y dejando a Dios como si fuera un recurso consolador de la esfera privada; de hecho el individualismo que se instaló ha logrado aislar a la mayoría de su responsabilidad para con el prójimo poniendo en evidencia un Darwinismo social que colocó el eje de la realización humana en el dinero ("time is money") y abriéndole con ello espacios al imperativo del dinero fácil, del enriquecimiento ilícito y de la corrupción que recorre sin excepción, todas las instituciones.

Dios hace parte del ayer de la humanidad o en el mejor de los casos de la esfera más privada e íntima de cada individuo pretendiendo que “el hombre es la medida de todas las cosas” y que Dios es un intruso en la vida personal y social. Todo esto ha conducido a una ruptura irremediable entre la ciencia y la moral, la técnica y la moral, el arte y la moral, la riqueza y la moral, los negocios y la moral, división que expresa la gente con una gran exactitud cuando repite permanentemente “los negocios son los negocios”.

Retornemos a la predicación del domingo 18 de agosto del Santo Padre: “El hombre de hoy vive como si Dios no existiese y por ello se coloca a sí mismo en el puesto de Dios, se apodera del derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana y esto quiere decir que aspira a decidir mediante manipulación genética en la vida del hombre y a determinar los límites de la muerte. Rechazando las leyes divinas y los principios morales atenta abiertamente contra la familia. Intenta de muchas maneras hacer callar la voz de Dios en el corazón de los hombres; quiere hacer de Dios el gran ausente de la cultura y de la conciencia de los pueblos. El misterio de la iniquidad continúa marcando la realidad de este mundo”(Juan Pablo II, homilía en Cracovia, 18 de agosto de 2.002).

Es bajo este marco que veremos la crisis y los desafíos de la familia en este continente de la esperanza que es América.

Y es bajo este marco que analizaremos cómo el atentado de la cultura moderna contra la familia es un atentado contra la vida, de la misma manera como todo atentado contra la vida se convierte, igualmente, en atentado contra la familia.

En efecto nunca se había matado tanto y nunca se habían extraído del cubilete de las disculpas tantas explicaciones para justificar la usurpación que hacen determinadas personas, determinados grupos y gobiernos, del privilegio que Dios ha reservado para Sí de convocar a la vida temporal o de llamar –a través de la muerte- a alguien al privilegio de la vida eterna.

Alvin Toffler en “Las guerras del futuro” plantea cómo después de la segunda guerra mundial y a través de las pequeñas guerras nacionales, regionales o confrontaciones subversivas en los países del tercer mundo, se han producido ya más muertes que aquellas que hubo en toda la segunda guerra mundial, en el holocausto nazi y en los pogroms comunistas. La muerte de más de 500.000 Hutus, los sucesos de Albania y de la antigua Yugoeslavia en general, la carnicería humana en el Africa, la explosión homicida de la guerra en Colombia, las constantes arbitrariedades en el Medio Oriente, los sacrificios en Chechenia y todas aquellas certezas que van surgiendo del silencio y que están vinculadas a la guerra en Afganistan, se unen a las muertes que causan los sucesos de inseguridad pública alentados por la desesperación, el hambre y el desempleo. Y no todo termina allí, cuando se tiene la información veraz de que se ha convertido en una industria la muerte de niños con el objeto de dotar a personas que pueden pagar los órganos de un posible trasplante o cuando las sociedades y las familias, las comunidades y los grupos deciden deshacerse, mediante la eutanasia, de esos “seres inservibles” que constituyen el grupo humano de los enfermos graves o de aquellos denominados socialmente como “inservibles” o “inutilizables” en los que detrás del pretendido argumento de “aliviarles el dolor”, está presente el argumento real de la lógica de un capitalismo salvaje que estudia el vivir humano bajo la referencia “costo-beneficio”, estableciendo la sustitución del “valor de la vida” por la “rentabilidad de la vida”.

Y si bien este cuadro es macabro, es él una pálida realidad frente a lo que significa la presencia de la muerte en la dolorosa realidad del aborto que es el fenómeno más evidente de la “cultura de la muerte”.

Si se sumara en la totalidad de los países el número de abortos provocados desde el momento mismo en que la vida comienza a despuntar --aquel momento de la concepción-- no hay guerra mundial, ni holocausto crematorio, ni limpieza étnica, ni masacre política que se le compare.

Yendo más adelante de esta gravedad que representa el asesinato innumerable de los más desvalidos entre los inocentes, es preciso comprender cómo quien consciente o disculpa un aborto ha preparado ya espiritual e intelectualmente el terreno para comprender y hasta justificar cualquier genocidio o masacre. Esto es grave porque se ha logrado borrar de esta manera, para decirlo en términos que hoy todos entienden, se ha logrado borrar del “disco duro” de la civilización el sentido y el respeto a la vida.

Preocupa cómo esta sociedad está manipulando el concepto de “calidad de vida” para oponerlo a aquel otro de la “cantidad de vida” necesaria para que la civilización cumpla creativamente su misión en el mundo.

Es absurdo cómo se sigue afirmando que es la cantidad de seres humanos la causante de la pobreza, de la miseria y de la indigencia, cuando todos sabemos a ciencia cierta que ellas son producto de la “injusticia social” reinante, que literalmente va produciendo mayor enriquecimiento de los ricos y el mayor empobrecimiento de los pobres. Nunca antes como ahora hubo tanta riqueza, pero nunca antes como ahora hubo también tanta pobreza. Y en lugar de invertir para que los pobres sobrevivan y alcancen, mediante el trabajo, un nivel de vida digno, la solución aceptada, aún por organismos internacionales que reclaman para sí todo el respeto, es la de eliminar progresivamente de la mesa del “rico Epulón” todos los “Lázaros” posibles impidiendo aún que las migajas caigan de la mesa a fin de que nadie tenga el riesgo de sobrevivir. Así muchísimos hemos vivido, recordarán ustedes, cuando se juzgaba en América como una increíble exageración aquel pensamiento que afirmaba que era más profiláctico dar muerte en los vientres de las madres y no tener que abatir después en los montes o en las ciudades a quienes, económicamente, no poseen el “derecho de nacer”.

La situación es grave con la muerte del no nacido, con la muerte de las madres, pero también con la muerte sicológica y espiritual de quienes intervienen en este tipo de “eliminación selectiva” de la sociedad y de los gobiernos que en este campo están cometiendo el mayor de los pecados de omisión que no es otro que aquel que busca garantizar el buen vivir de unos cuantos mediante la eliminación masiva y sistemática de quienes ya habían recibido una convocatoria inicial a la vida.

Preocupa, en general, cómo se ha instalado en la cultura y en el espíritu de las gentes esta terrible verdad del morir o mejor de la “muerte necesaria” del inocente a fin de garantizarnos a los demás un engañoso “nivel de vida”.

Es por ello que se hace preciso retornar en América Latina a una reflexión urgente sobre la vida que será siempre una reflexión inevitable sobre la familia.

Quiero señalar, sin embargo, cómo esta descomposición está radicándose peligrosamente en la “visión de su pequeño mundo” que tienen los jóvenes de hoy en nuestros países. Va haciendo carrera y preocupando el incremento del suicidio entre los jóvenes y del pecado de muerte entre ellos. Fácilmente se deja ingresar al impulso del movimiento de la “nueva era” la aparentemente inocente idea de la “reencarnación” que ha traído como consecuencia que el joven desesperanzado de hoy carente de empleo, desvinculado de alguna ocupación rentable, lejano de un vínculo espiritual que lo sostenga toma la decisión individual o conjunta por razones del afecto de poner voluntariamente fin a la vida para reencarnarse en un “re-nacimiento” que le permita volver a comenzar nuevamente, a lo mejor con mayor fortuna.

De la misma manera debemos anotar en “nuestra América” el aumento (sobre todo en las clases medias económicas o en ascenso) de padres que dan muerte a sus hijos motivados en algunas oportunidades por el deseo de volver a vivir sin estar atados a ninguna responsabilidad; de la misma manera es creciente el número de niños que dan muerte a sus padres porque cada vez más creen que ellos son un obstáculo para el goce pleno del vivir.

Es por esta razón y es por estos interrogantes a la vida que hablábamos en un comienzo del siglo que acaba de terminar como “el siglo de las ideas asesinas” en el cual arriesga todo sobreviviente a ser un culpable por acción o un culpable por omisión a quien le pesan en su conciencia los acumulados silencios frentes a los atentados contra la vida.

Y no se vaya a pensar que para matar sea tan sólo necesario matar, es decir, ejercer la acción activa de agredir. Matar es también no crear las condiciones necesarias para que la vida sea posible. Una vieja novela española afirmaba que “más cornadas da el hambre” queriendo afirmar que el hambre es uno de los homicidas mayores de la sociedad contemporánea, que mata en silencio y que fuera de hacerlo disloca en cuanto a la familia de las posibilidades de generar un núcleo familiar sano en donde junto a garantizar la supervivencia crezcan el sentido de convivencia y aquel fundamental de la solidaridad. Bien sabido es que la miseria y la indigencia son enemigos raizales de la familia. Bien sabido es que la indigencia, la miseria y la exclusión, así como la desesperada migración de los “condenados de la tierra” están trayendo consigo expresiones aberrantes de la descomposición humana como son aquellas de la prostitución infantil, de la de los jóvenes, de la pedofilia y de una serie de degradaciones que antes eran controlables y curables en el seno familiar. Y digo esto al hablar de la vida porque tenemos que ser conscientes de una “estadística negra” de desapariciones y de muertes de niños y jóvenes utilizados como “mercancía”.

Y si a estas reflexiones sobre la vida nos atrevemos a unir aquel capítulo de la drogadicción que produce la muerte lenta pero eficaz de miles y miles de jóvenes al año en nuestras sociedades; la muerte pronta y lamentable del espíritu juvenil ocasionada por la cocaína, la heroína y el éxtasis tendríamos que “encender todas las alarmas” porque la supervivencia de la especie humana está colocada bajo interrogación.

* * *

Todos nos preguntamos ahora cómo hemos llegado a este punto. Bien creo poder decir que lo hemos hecho por despreocupación, por un falso sentido de tolerancia, por un afán de concebir la libertad como carencia de fronteras y de limitaciones.

Hemos llegado a este punto porque desde hace mucho tiempo encontramos que era más cómodo que marchar con Dios hacerlo de la mano de la razón, del progreso y de la técnica que nos han dado mucho, es cierto, pero nos han robado el entusiasmo y el sentido de filiación a Dios.

Hoy, frente a la gran encrucijada que nos plantea la situación presente nos hemos encontrado con que frente al Dios comprensivo del Evangelio hemos levantado un altar al dios implacable de la economía que exige cada día más sacrificios y paradójicamente como en la antigüedad sacrificios humanos.

Inicialmente se nos dijo al entrar en ese “templo de las equivocaciones” que fuera del progreso económico no había salvación. Hoy cuando ese progreso nos exige “globalizarnos” comenzamos a desconfiar y por ello es comprensible que Juan Pablo II le haya colocado a la globalización de la economía la exigencia de una primera globalización que es aquella de la solidaridad tal como insistió en el Sínodo y tal como se lee en el documento “Ecclesia in America". Ese dios de la economía, de la razón y del progreso exigió en su momento la privatización, el debilitamiento del Estado, el sacrificio de la moral familiar, la adopción del egoísmo anti-natal, y ahora la globalización dentro de la cual quien no se adapte a las formas culturales propuestas pertenecerá a un mundo descalificado por una economía que no acepta ninguna norma moral diversa a aquellas de la ganancia y de la eficiencia. Es por ello que los psicólogos, psiquiatras, educadores, guías espirituales y gentes de buena voluntad estamos conmocionados viendo cómo ha reaparecido en su faceta más pagana el “Carpe Diem” de Horacio, que implica cumplir en la transitoriedad inequívoca de la vida con todas las experiencias posibles, rehuir todo sentido de responsabilidad, instalar un “pensamiento débil” que no asuma compromisos con ninguna verdad, dar curso al pragmatismo, sustituir la historia por el interés de un anecdotario transitorio, profesar la certeza de que no hay criterios morales válidos; confesar que vivir no es otra cosa que el experimentar sensaciones agradables; hacer de la necesidad una regla moral indiscutible; suponer que nada es absoluto y que Dios ha sido creado por mí como un interlocutor desechable de mi propio camino; aceptar que no hay otro límite diferente al de la muerte y que cruzándolo todo termina sin remedio. No creamos, queridos hermanos en el compromiso episcopal, que estamos ante un problema de poca monta. Estamos en el momento en que los caminos se abren, en el momento de la gran bifurcación, allá donde es preciso elegir si continuamos hacia el abismo o derivamos hacia las enseñanzas de Aquel que dijo de Sí mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6).

El siglo XX --no es preciso decirlo-- ha traído consigo también muchos valores y testimonios. En esta lucha entre el bien y el mal es necesario saber de qué lado estamos. La neutralidad no es posible. El Apocalipsis lo decía claramente: “Como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3, 16). O estamos con Dios o contra El, “el que no está a mi favor está en contra mía” (Lucas 11,23), o estamos con la vida o contra la vida. O estamos contra la familia o con la familia.

Sólo reconociendo a Dios, y en El, el sentido de la vida y el de la realidad ineludible de la familia podremos pensar que sea posible, con mucho esfuerzo, salir de esta gran encrucijada fúnebre en la que estamos.

Es preciso renovar compromisos, asumir testimonios; es preciso reeditar permanentemente la obediencia al Evangelio y al magisterio de la Iglesia; es indispensable caminar por los caminos del Papa; es necesario ver que se nos están proponiendo permanentemente nuevos modelos de Santidad de personas que como nosotros fueron convocados a vivir los caminos del Señor con entusiasmo.

Frente a aquellos que pretenden que Dios sea el “gran ausente” de la sociedad debemos ser nosotros los que ratifiquemos su permanente presencia. Frente a aquellos que “quieren hacer callar la voz de Dios en el corazón de los hombres” (discurso en Cracovia del 18 de agosto) debemos ser nosotros quienes optemos por amplificar su mensaje por evangelizar y por sembrar la cultura del Evangelio en una civilización que debe ser permanentemente redimida.

América y en ella América Latina y el Caribe no tiene otra posibilidad en este nuevo milenio que la de reconocer que la fe no niega el concurso de la razón pero nunca podrá someterse a ella; que el esplendor de la verdad debe ser evidente en cada una de las expresiones de este “tiempo de vivir” que se nos ha donado; que hemos de insistir --de cara a estos temas fundamentales-- por el testimonio de los laicos cristianos, y que debemos ser maestros de humanidad en la elaboración de respuestas y alternativas que se plantean desde la realidad misma de los asuntos sociales.

Todos nosotros sabemos que El ha venido para que “tengamos vida y la tengamos en abundancia”. Esta es la verdad de nuestro existir y es a la que debemos ser permanentemente fieles.

El Siglo XXI que amanece apenas y que ha estado acompañado por la presencia del Papa en la Jornada Mundial de la Juventud en Canadá, por la canonización en Guatemala de Pedro de San José de Betancur y en México del Indio Juan Diego es un siglo que se abre a la Evangelización y a la verdad de nuestros testimonios.

Permítanme concluir con una síntesis de lo que podríamos llamar un “Decálogo de exigencias pastorales” sobre la familia y la vida en los países de América Latina y el Caribe:

1. Es urgente reasumir, en nuestra acción pastoral, como una verdadera manifestación del Evangelio para nuestros países de América Latina y el Caribe, la doctrina y la experiencia cristiana de la familia, reafirmada permanentemente por el magisterio de Juan Pablo II. Es preciso anunciar la Familia como una Buena Noticia a las nuevas generaciones y también a todos aquellos que por diversas razones, han experimentado el peso de un matrimonio puesto a prueba o aún destruido. Es importante estar atentos a que quizás el obstáculo más grande para este anuncio hoy en día son aquellas dimensiones de la globalización cultural que son contrarias a la vida y a la familia y que han sido propagadas desde hace mucho tiempo a través de los medios de comunicación social.

2. Acompañar y potenciar a la Familia como “Iglesia doméstica”, primer ámbito apto para sembrar la semilla del Evangelio, donde padres e hijos, cual células vivas, van asimilando el ideal cristiano del servicio de Dios y a los hermanos. Y desde esta perspectiva reasumir el rol evangélico de ser “padres” y la magnífica vocación de ser “hijos”.

3. “La Familia y la Vida caminan juntos”. “El fundamento de la vida humana es la relación nupcial entre el marido y la esposa, la cual entre los cristianos es un Sacramento”(Iglesia en América 46,1). Por eso, atentar contra la familia es atentar contra la vida y atentar contra la vida lo es contra la familia. La pastoral de la familia y la pastoral de la vida caminan juntas.

4. Armonizar la defensa de la cantidad de la vida con aquella justificable de la calidad de la vida es una urgencia y un desafío para los gobiernos de los pueblos de América Latina y el Caribe.

5. Ante el número creciente de familias incompletas, en situación irregular o difícil , nos hacemos eco de las palabras de Juan Pablo II que dice que “es necesario un empeño pastoral todavía más generoso, inteligente y prudente, a ejemplo del Buen Pastor , hacia aquellas familias que tienen que afrontar situaciones objetivamente difíciles” (Familiaris Consortio 77). Esto nos exige dar pasos concretos y efectivos para acogerlas en la Iglesia con signos explícitos y apoyos efectivos que les ayuden a vivir el espíritu del Evangelio desde su compleja realidad.

6. Las Iglesias de América Latina y el Caribe tienen que asumir con renovado empeño la misión de ser defensoras y promotoras de la cultura de la vida. En palabras del Santo Padre “la Iglesia debe manifestarse proféticamente contra la cultura de la muerte. Que el Continente de la Esperanza sea también el Continente de la Vida! Este es nuestro grito: vida con dignidad para todos! Para los que han sido concebidos en el seno de sus madres, para los niños de la calle, para los pueblos indígenas y afroamericanos, para inmigrantes y refugiados, para los jóvenes carentes de oportunidades, para los ancianos y para todos aquellos que sufren cualquier forma de pobreza o marginación. Ha llegado el tiempo de hacer desaparecer para siempre (...) cada ataque contra la vida...”(Juan Pablo II, Homilía al promulgar “Iglesia en América”,n. 8, México 23,0199).

7. Elaborar programas de formación y capacitación de matrimonios en las diferentes diócesis para trabajar con las familias y para ellas, en todas las etapas de su vida matrimonial: prematrimonial, primeros años, familias establecidas y familias en dificultad y/o situación irregular. Debemos intentar una mayor presencia en los establecimientos educacionales y en los medios de comunicación para ofrecer formación a las familias en temas sobre el matrimonio como proyecto de vida, la educación sexual como tarea de los padres, la familia como Iglesia doméstica y santuario de la vida, la familia evangelizada y evangelizadora, etc.

8. Defender en la sociedad el valor político de la familia. Esto implica apoyar y promover en los parlamentos de nuestros países las iniciativas tendientes a fortalecer la familia y a procurar su bien mediante una ley orgánica que la favorezca, así como el deber de comunicar a la sociedad las graves consecuencias que se desprenden de leyes como la del divorcio vincular, o la de la despenalización del aborto y de la eutanasia y otras que están atentando gravemente sea contra la vida naciente y terminal sea contra el núcleo familiar.

9. “La Familia y la paz caminan juntas”. La familia es el lugar donde se dan todas las solidaridades básicas vinculadas a la supervivencia. Cuando en los pueblos de América Latina y el Caribe hablamos de estrategias para lograr la paz nadie puede dudar que el único pacto verdadero se da cuando la paz crece en la familia y la familia es procreadora de la paz. La única negociación de paz con perspectivas de éxito durable es aquella que se hace en la familia.

10. Seguir haciendo de la pastoral familiar una opción prioritaria en la acción evangelizadora de nuestras Iglesias de América Latina y el Caribe. Fue el mismo Juan Pablo II quien en su discurso de apertura de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla nos invitó a que le diéramos este carácter: "Hagan todos los esfuerzos para que haya una pastoral familiar. Atiendan a campo tan prioritario con la certeza de que la Evangelización en el futuro depende en gran parte de la “Iglesia Doméstica” (IV a). En esta tarea necesitamos involucrar a todos los agentes pastorales y a todos los matrimonios católicos, en especial a los matrimonios jóvenes que mucho puede aportar en este caminar.

(ZENIT.org)

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SI YO CAMBIARA

Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me sentiría sereno (a)

Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices.

Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos.

Si yo me aceptara tal como soy, quitándome mis defectos, cuánto mejoraría mi familia, mi ambiente.

Si yo comprendiera plenamente mis errores, sería humilde.

Si yo encontrara lo positivo en todos, la vida sería digna de ser vivida.

Si yo amara al mundo, a mi país....lo cambiaría.

Si yo mediera cuenta de que al lastimar, el primer lastimado(a) soy yo!

Si yo criticara menos y amaras más....

Si yo cambiara...cambiaría el mundo.

(Valores)

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SANTORAL: San Lorenzo Justiniano
 
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 3,18-23
 
Hermanos:
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: El sorprende a los sabios en su propia astucia, y además: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos.
En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 23, 1-2. 3-4b. 5-6 (R.: 1a)
 
R. Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella.
 
 Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
 el mundo y todos sus habitantes,
 porque él la fundó sobre los mares,
 él la afirmó sobre las corrientes del océano.  R.
 
 ¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
 y permanecer en su recinto sagrado?
 El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
 el que no rinde culto a los ídolos.  R.
 
 El recibirá la bendición del Señor,
 la recompensa de Dios, su Salvador.
 Así son los que buscan al Señor,
 los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11
 
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes.»
Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador.» El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.
Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
 
Palabra del Señor.
Reflexión  

Simón y sus compañeros habían pescado toda la noche sin sacar nada. Ya estaban limpiando las redes en la costa, cansados y defraudados, cuando Jesús les manda ir mar adentro y echar las redes al agua nuevamente. Seguramente no eran muchas las ganas que tenía Pedro de cumplir con el pedido del Señor.

Pero la mirada de Jesús, el modo imperativo pero amable de sus palabras, llevaron a Pedro a embarcarse de nuevo.

Frecuentemente, Jesús nos pide hacer cosas sorprendentes, irracionales. "Duc in altum", le dice a Pedro y a nosotros. "Navega mar adentro. Arriésgate, esfuérzate un poco mas. Entrega lo que tengas, sin medida ni especulaciones." Salir de nuevo a pescar cuando nada se ha logrado en toda una noche de esfuerzo.

En muchos momentos, cuando aparece el agotamiento por no ver frutos en nuestra vida a pesar de nuestros esfuerzos, cuando encontramos que todo ha sido un fracaso y encontramos motivos humanos para abandonar la tarea, debemos escuchar la voz de Jesús que nos dice: "recomienza de nuevo, vuelve a empezar".

El secreto de todos los avances de nuestro camino hacia Jesús está en saber volver a empezar., en sacar enseñanzas de cada fracaso y después intentar una vez más.

La fe es algo semejante. Confiar en Jesús. No fiarnos de nuestros propios razonamientos. Partir mar adentro. Partir hacia los misterios: La Eucaristía....la Trinidad....la Encarnación....la Resurrección....la Iglesia. Lo creo porque lo dice Jesús, le creo a Jesús y echo las redes.

Pedro entró en el lago y se dio cuenta de que las redes se llenaban de peces.

Por la noche, en ausencia del Señor, todo el trabajo había sido estéril. También a nosotros, si confiamos solo en nuestras fuerzas y en nuestro juicio nos pasa lo mismo.

Pedro mostró humildad al obedecer a Jesús, quién, por no ser hombre de mar, bien se podía pensar que no sabía nada de pesca. Sin embargo, confía en el Señor y le obedece.

La obediencia nos lleva a querer identificar en todo nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Si permanecemos con Jesús, El llena siempre nuestras redes.

Pedro, al ver el milagro de la pesca, dice a Jesús: "Aléjate de mí Señor, porque soy un pecador", el espanto lo embargó.

En el lenguaje bíblico ese miedo, ese espanto es señal que Dios se ha acercado a nosotros.

Cuando tenemos cerca a Dios, cuando percibimos su Santidad, nos sentimos como Pedro, indignos. Ese es el miedo del que nos habla el Evangelio.

Y el Señor le dice a Pedro : No temas y lo hace pescador de hombres.

Jesús comenzó pidiendo prestada a Pedro la barca, y se quedó con su vida. Y Pedro jamás se arrepintió de su haber seguido en aquella oportunidad al Señor. El, que había sido hasta ese momento en un pobre pescador de Galilea, fue convertido en la roca fundamental de la Iglesia.

Pidamos a la Virgen que nos ayude a ser generosos con el Señor, tanto cuando nos pida que le prestemos nuestra barca , como cuando quiera que le demos la vida entera

 Tu barca de pescador,

que llegó de Roma al puerto,

va siguiendo el rumbo cierto

que le trazara el Señor.

La va llevando el amor

siempre a nuevas singladuras.

En las borrascas oscuras,

para que a Cristo sea fiel,

Simón Pedro, el timonel,

vela desde las alturas.

 Si toda la Iglesia oraba

por ti, ahora tú por ella,

que eres su roca y su estrella.

Cuando se tambaleaba

tu fe, sobre el mar te daba

Cristo fuerza con sus manos.

Boga mar adentro, y danos

-a la Iglesia, que te implora-

tu presencia guiadora

y confirma a tus hermanos.

 Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL:  San Lorenzo Justiniano

Nació el 1 de julio de 1421. Pertenecía a una poderosa familia veneciana. Su juventud transcurrió en medio de halagos y placeres. Pero cuando cumplió veinte años, las cosas del mundo ya no lo atraían. El mismo Lorenzo nos cuenta el motivo de su transformación, de tal modo que su espíritu hasta entonces frívolo, indiferente, incapaz de mirar lo valedero, dio un vuelco súbito. Una aparición resplandeciente, de pie junto a él, le habló: "Soy la sabiduría de Dios. Buscas – le dijo – lo que ignoras que posees. Y es tu espiritualidad". Hubiera querido que aquel momento nunca terminara. Dieron unos pasos, hasta que la señora desapareció.

En los oídos de Lorenzo seguían resonando las hermosas palabras: "Soy la sabiduría de Dios".

El Espíritu Santo lo iluminó. Ya sentía su alma muy cerca del Creador.

– ¿Dejas tus riquezas, tu palacio, tus armas? – le preguntaban sus amigos.

Efectivamente pidió ingresar en el monasterio de San Jorge, de la isla de Alga, en Venecia. Ordenado sacerdote a la edad de veintiséis anos, recorrió los canales y las islas de la ciudad, vestido de harapos. Pedía limosna para comer. Al llegar al palacio de sus padres no quiso trasponer la puerta. Aceptó tan sólo un pan.

Ensalzaba sobremanera la humildad, afirmando que Dios es todo y el hombre sólo arcilla en sus manos. En el año 1413 se lo vio como prior general de su congregación, llamada de canónigos seculares de san Jorge. En 1423, al frente de sus frailes, luchó denodadamente contra la peste que se había extendido por la región. El sumo pontífice Eugenio IV lo nombró, en 1443, obispo de Castelo, y en 1451 Nicolás V lo designó primer patriarca de Venecia.

Doctor de la verdad, esclareció a su patria y a su tiempo. Las muchedumbres lo seguían. La catedral de San Marcos, tan grande en dimensiones, resultaba pequeña para dar cabida a los feligreses, ansiosos de escuchar sus homilías.

Escritor fecundo es autor de trece libros, donde el tema del alma es constante, especialmente en uno de ellos titulado Sobre la disciplina y la perfección espiritual. Otros son los llamados De la lucha triunfal de Cristo, De la lucha interior, Sobre el desprecio del mundo. Su estilo es elegante y florido. De sus sermones se conservan treinta y nueve.

Gran reformador, restableció la disciplina en la Iglesia. Fue un asceta, un místico, y Dios le otorgó el don de las profecías y de los milagros.

Estaba dando fin a otro de sus escritos, el Libro de los grados de la perfección, cuando falleció el 8 de enero de 1456. Hoy es el día de su ordenación episcopal. En nuestro tiempo, el papa Juan XXIII lo propuso como ejemplo de gobierno eclesiástico y corno patrono de su pontificado.

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