Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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31 de julio de 2002

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Red Pionera

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"El perdón no borra lo ocurrido, pero entierra los sentimientos que lo rodean."


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Los vikingos no fueron tan lejos

MADRID

Expertos del University College de Londres afirman haber demostrado la falsedad del mapa, que los escandinavos utilizan para probar que los vikingos fueron los primeros europeos en llegar al Nuevo Continente.

El pergamino, conocido como ‘Vinland’, pertenece a la universidad de Yale y está valorado en 20 millones de dólares.

Según informa la BBC, los investigadores británicos utilizaron una técnica que incluía rayos láser para examinar la antigüedad de los dibujos del manuscrito. El luz del láser cambia intensidad dependiendo de la composición de la tinta.

En el mapa de Vinland se encuentra un componente, el ‘anastase’ (un dióxido de titanio), que no fue sintetizado como parte de la tinta hasta por lo menos 1920. el equipo de la University College sólo encontró este dióxido en el mapa de Vinland.

Por el contrario, la prueba del carbono catorce sobre índica que el manuscrito se realizó alrededor de 1434, unos 60 años antes del viaje de Colón.

El profesor Robin Clark asegura que es la primera vez que se encuentra este componente en un pergamino tan antiguo, lo que refuerza la tesis de que aunque el mapa fuera auténtico, Vinland sería una incorporación muy posterior.

El mapa reproduce no sólo el continente europeo, con una gran precisión, sino que junto a Islandia y Groenlandia se encuentra una isla de gran tamaño llamada ‘Vinland’, que equivaldría a la costa este de América del Norte.

Para muchos historiadores este mapa es la prueba palpable que demuestra que los vikingos navegaron hasta la costas de lo que hoy es EEUU y Canadá mucho antes de que lo hicieran los españoles.

Además de este mapa, hay otras pruebas más sólidas que permiten sospechar que los vikingos si podrían haber conocido el continente americano. En las sagas de Erik el Rojo y de Leif Eriksson se narran unas travesías en unas costas que se sitúan al este de Groenlandia.

(El mundo)

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Las jornadas de Toronto, una fuente de esperanza que algunos diarios intentan relacionar con ideas negativas

Relacionar "al Papa Juan Pablo II" con "vergüenza". Esta parecía la consigna que tenían los responsables de la prensa española para titular la información sobre la Jornada Mundial de la Juventud en las ediciones del lunes 29 de julio. Y es que casi en todos los encabezamientos, se destaca el gran encuentro, a pesar de los 800.000 jóvenes y el positivo mensaje del pontífice, dando máxima importancia a la única referencia pública de Juan Pablo II estos días a los casos de pederastia en que se encuentran implicados sacerdotes norteamericanos. "el Papa siente vergüenza por el comportamiento de los curas pederastas" (AVUI) es uno de los titulares publicados. Un día antes, EL MUNDO había titulado así una información: "El escándalo de la pederastia contagia Canadá en plena visita del Papa", con un subtítulo donde se asegura que "dos sacerdotes están acusados en Montreal de proxenetismo y de relaciones con menores".

En la misma línea de destacar aspectos más morbosos en nombre de un supuesto mayor interés de la gente, LA VANGUARDIA afirmó el viernes 26, sin ningún miramiento, que el Papa había rechazado reunirse con víctimas canadienses de sacerdotes pedófilos, un enfoque atribuido inicialmente a la agencia FRANCE PRESS y en el cual cayeron otros diarios el sábado 27.

Pero no todo es negativo. Aparte de la dimensión positiva del mensaje de Juan Pablo II, de quien también se ha titulado que "pide perdón" en referencia a los casos de pederastia, es también elogiable el editorial publicado por LA VANGUARDIA el martes 30 de julio. Bajo el título El Papa y la juventud, este diario reconoce el mérito que representa haber reunido a 800.000 jóvenes en el "hiperdesarrollado Canadá, que figura regularmente en el grupo puntero de las naciones más adelantadas del mundo". Después de una breve referencia a la salud del Santo Padre, un tema –por cierto - poco comentado estos días en la prensa, el editorial destaca que "en esta ocasión ha podido verse a Juan Pablo II lúcido e incluso enérgico". La frase final merece, por otra parte, un 10: "Con independencia de las creencias individuales, nadie puede negar que Juan Pablo II conecta con la juventud".

(E-Cristians)

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Discurso de Juan Pablo II al llegar a Guatemala
Que Guatemala disfrute de la dignidad que le corresponde, desea

CIUDAD DE GUATEMALA, 30 julio 2002 

 El presidente de Guatemala y otros siete mandatarios de países americanos dieron la bienvenida a Juan Pablo II este lunes al llegar a Guatemala, tras haber concluido las Jornadas Mundiales de la Juventud de Toronto.

La ceremonia tuvo lugar en el área de la Fuerza Aérea Guatemalteca del aeropuerto, en presencia de las autoridades políticas y civiles, de los obispos de Guatemala, y de los mandatarios de otros seis países de América Central.

Se trataba del primer ministro de Belice Said Musa; de los presidentes de El Salvador, Francisco Flores Pérez; Honduras, Ricardo Maduro Joest; Nicaragua, Enrique Bolaños Geyer; Costa Rica, Abel Pacheco; Panamá, Mireya Moscoso Rodríguez.

Se encontraba presente, además, el presidente de la República Dominicana, Rafael Hipólito Mejía Domínguez.

Tras haber escuchado las palabras de bienvenida del presidente guatemalteco, Alfonso Antonio Portillo Cabrera, el Papa pronunció este discurso.

* * *

Señor Presidente,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Miembros del Cuerpo Diplomático,
Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Ante todo quiero expresar mi gran alegría al venir por tercera vez como peregrino de amor y de esperanza a esta querida tierra guatemalteca. Doy gracias a Dios por haberme permitido volver aquí para celebrar la canonización de un personaje tan querido y admirado por vosotros, el Hermano Pedro de San José de Betancurt, hijo de la isla canaria de Tenerife, el cual, impulsado por un gran espíritu misionero, vino a Guatemala, entregándose al servicio de los pobres y necesitados.

2. Me complace saludar, en primer lugar, al Presidente de la República, Excelentísimo Señor Alfonso Antonio Portillo Cabrera, al cual manifiesto mi más viva gratitud por las amables palabras que ha tenido a bien dirigirme dándome la cordial bienvenida. Aprecio mucho la presencia de los Presidentes de las otras Repúblicas hermanas de Centroamérica, de la República Dominicana y del Primer Ministro de Belice. Mi agradecimiento se hace extensivo al Gobierno de la Nación, a las demás Autoridades y al Cuerpo Diplomático, por su grata presencia en este acto y por su preciosa colaboración en los preparativos de mi Visita.

Saludo entrañablemente a mis Hermanos en el Episcopado, en particular al Señor Arzobispo de Guatemala y Presidente de la Conferencia Episcopal, así como a los demás Arzobispos y Obispos. Mi saludo fraterno se extiende también con gran afecto a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, catequistas y fieles, a todos los guatemaltecos, dirigiéndome con afecto a las poblaciones indígenas, y también a las personas venidas de otros Países latinoamericanos y de España.

3. Mañana tendré la dicha de proclamar Santo al Hermano Pedro de Betancurt, que fue expresión del amor de Dios a su pueblo. Esta celebración ha de ser un verdadero momento de gracia y renovación para Guatemala. En efecto, el ejemplo de su vida y la elocuencia de su mensaje son un valioso aporte a la construcción de la sociedad que se abre ahora a los desafíos del tercer milenio. Deseo fervientemente que el noble pueblo guatemalteco, sediento de Dios y de los valores espirituales, ansioso de paz y reconciliación, tanto en su seno como con los pueblos vecinos y hermanos, de solidaridad y justicia pueda vivir y disfrutar de la dignidad que le corresponde.

4. Encomendándome a la protección del Santo Cristo de Esquipulas, y sintiéndome muy unido a los amados hijos de toda Guatemala, inicio este Viaje Apostólico, mientras de corazón os bendigo a todos, de modo particular a los pobres, a los indígenas y campesinos, a los enfermos y a los marginados, y muy especialmente a cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu. A todos mi saludo cordial.

¡Alabado sea Jesucristo!

(ZENIT.org)

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La tentación del poder

Todo lo que toca de cerca o de lejos a la autoridad, su ejercicio y sus abusos gira en torno a una paradoja. El mismo Jesús la ha resumido en esta declaración: «Vosotros me llamáis el Maestro y e l Señor; os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros». Si por una parte se afirma su autoridad, por otra, en el ejercicio de esta autoridad, el Maestro se da y no domina, siendo el primero en ponerse a los pies de los últimos de sus discípulos.

Pedro deduce las consecuencias cuando exige una autoridad «no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño».

Así, a ejemplo del Maestro y Señor, la autoridad en la Iglesia está llamada a hacer oír su voz magisterial, pero al servicio del que, resucitado, no puede ya utilizar públicamente la suya; e igualmente a dar su propio cuerpo para repetir las palabras y los gestos que, aunque de la Iglesia, están al servicio de la memoria viviente de Aquel de quien ninguno en la Iglesia podría prescindir y detrás del cual la Iglesia debe desaparecer aun cuando lo represente hasta que vuelva.

Existe una paradoja común a cualquier tipo de autoridad. Lo revela el origen de la misma palabra. La autoridad se despliega para hacer al otro autor de sí mismo, para aumentar en el otro su capacidad de ser y hacerse persona humana. Entonces la autoridad debe empobrecerse para enriquecer al otro hasta el punto de que alcanza su finalidad cuando el otro es capaz de tomar el peso y asumir a su vez el servicio que toda autoridad está llamada a prestar a la sociedad humana.

Dar lo recibido

Los niños no se hacen hombres sin la autoridad de los padres; si esta autoridad se reduce al mero ejercicio de poder y dominio, no se dará una verdadera educación, la cual consiste en sacar a la luz los talentos y posibilidades que se ocultan en el interior del niño. Sin excluir el eventual empleo de la fuerza, la autoridad se mueve por el don de sí al otro y mira paradójicamente a su perfección, y ésta se realiza cuando ya no es necesaria porque el niño ha adquirido el grado de libertad que le hace capaz de regirse a sí mismo. La misma paradoja condiciona la relación entre maestro y discípulo.

Así la paradoja se concreta. La autoridad existe y subsiste en la medida en que da y entrega lo que ha recibido. Si, al contrario, guarda para sí el don recibido y se encierra en una suficiencia prepotente utilizando su capacidad para sus propios fines, se hace autoritaria y abusa el poder. Junto a la negativa a dar, existe también el caso de una autoridad que no tiene ya nada que compartir y se aferra a la letra de la ley o a la sola fuerza militar o dictatorial. El Señor, que conoce lo que hay en el corazón humano, no se hacía muchas ilusiones sobre la dificultad de vivir una exigencia paradójica fundada en la disponibilidad para morir a sí mismos para que el otro tenga más vida.

No obstante, Jesús no niega su autoridad religiosa: estos jefes ocupan la cátedra de Moisés: por tanto, «haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen». Yel Señor repite la regla de oro de su autoridad: «El primero entre vosotros será vuestro servidor».

La autoridad, según Jesús

Pero no faltan los intentos de hacerse con el poder dentro del grupo de los apóstoles. Durante la cena pascual surgió de nuevo entre ellos la discusión sobre cuál de ellos era el primero. Esta vez Jesús define claramente lo que es la autoridad en el concepto de Dios su Padre, y lo que es la autoridad dejada a la tendencia humana de independencia y suficiencia: «Los reyes de los gentiles los dominan y los que ejercen autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierna, como el que sirve».

El Maestro traza así una línea clara y definida ente la actitud pagana, que en fin de cuentas revela ser inhumana, y el modo cristiano de ejercer la autoridad que, aunque suponga la muerte a sí mismo, conduce a una autoridad verdaderamente fructuosa para el hombre y a una verdadera libertad. Jesús denuncia con realismo una enfermedad congénita en todos los que asumen autoridad y responsabilidad: la tentación a encerrarse en un egoísmo larvado que latentemente o a la luz del sol aspira a la propia independencia y a la dependencia ajena. Para transformar esta enfermedad congénita en sano ejercicio de la autoridad plenamente responsable, hace falta convertirse de continuo, descentrar el pensamiento y la acción de lo que parece espontáneo y del todo natural –el amor propio–, para compartir lo que se es y se ha recibido para servicio ajeno.

Así no hay que extrañarse mucho si el abuso de la autoridad asoma incesantemente por todas partes y en todos los tiempos, y si el ejercicio de la autoridad está constantemente sometido a corrección y conversión, contestación y reconciliación. En la convicción de Pablo de Tarso, de que toda autoridad proviene de Dios, se puede leer la ayuda de Dios que la autoridad necesita en todo instante para vivirla en el espíritu del Maestro y Señor, presente en medio de nosotros como el que sirve.

En la Iglesia de los apóstoles no faltan los abusos del poder. Si la autoridad del templo impone silencio a los discípulos del Resucitado, Pedro y Juan la interpelan sobre su derecho a cerrarles la boca: «¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a Él? Juzgadlo vosotros». La autoridad va más allá de sus derechos: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».

La autoridad y sus tentaciones

Al inicio de este tercer milenio, Juan Pablo II no ha vacilado en pedir perdón por los abusos de autoridad en la Iglesia y por parte de la Iglesia. Si han sido tantos los hombres y mujeres que han sufrido por la Iglesia del Señor, no faltan los que han sufrido por los hechos y actos de las autoridades de la Iglesia, imperturbablemente inmovilizadas a veces en costumbres antiguas, o prisioneras de un poder que sólo el conformismo o el conservadurismo han construido. Con los ojos abiertos a la Historia, la Iglesia puede confesar con el Evangelio que los que detentan la autoridad sufrirán siempre la tentación de abusar de una tal misión, humanamente imposible, igual que Cristo aceptó ser tentado en el corazón de su ejercicio de autoridad, para arrancar a sus servidores de esta aberración; pero puede asimismo declarar que los que detentan la autoridad han resistido a menudo esta tentación de abusar de la autoridad, gracias al Espíritu que ha hecho divinamente posible lo que era humanamente imposible.

«Esta confianza con Dios –escribe san Pablo – la tenemos por Cristo. No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva, no basada en pura letra, sino en el Espíritu, porque la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da la vida».

El Reino no se realiza sino con medios conformes al Reino. Y no es que, por seguir al que, siendo Maestro y Señor, lava los pies a sus discípulos, la autoridad se libre de sus enfermedades congénitas, para hacer a todo hombre hijo del Padre, hermano de Jesús y autor en el Espíritu.

Peter-Hans Kolvenbach, S.J.

en Noticias y comentarios

(Alfa y Omega # 317)

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¡GRACIAS, EMILIA !

Emilia pertenecía a una familia de clase media en un país europeo que sufría estragos y carestías después de una prolongada guerra nacional. Hambre y epidemias amenazaban a toda la población.

Emilia desde pequeña había tenido una salud delicada, que no había podido mejorar por las condiciones en las que vivía. Siendo muy joven, se casó con un obrero textil y se establecieron en una población nueva lejos de familiares y conocidos.

Poco tiempo después nació su primer hijo, Edmundo, un chico atractivo, buen estudiante, atleta y con gran personalidad. Unos años más tarde, Emilia dio a luz a una niña, que sólo sobrevivió pocas semanas por las malas condiciones de vida a la que la familia estaba sometida.

Catorce años después del nacimiento de Edmundo y casi diez de la muerte de su segunda hija, Emilia se encontraba en una situación particularmente difícil. Tenía cerca de cuarenta años y su salud no había mejorado: sufría severos problemas renales y su sistema cardiaco se debilitaba poco a poco debido a una afección congénita. Por otro lado, la situación política de su país era cada vez más crítica, pues había sido muy afectado por la recién terminada primera guerra mundial.

Vivían con lo indispensable y con la incertidumbre y el miedo de que estallase una nueva guerra. Y justamente en esas terribles circunstancias, Emilia se dio cuenta de que nuevamente estaba embarazada.

A pesar de que el acceso al aborto no era sencillo en esa época y en ese país tan pobre, existía la opción y no faltó quien se ofreciera para practicárselo.

Su edad y su salud hacían del embarazo un alto riesgo para su vida. Además su difícil condición de vida le hacía preguntarse: ¿qué mundo puedo ofrecer a este pequeño? ¿Un hogar miserable? ¿Un pueblo en guerra?. Emilia desconocía que sólo le quedaban diez años de vida a causa de sus problemas de salud.

Trágicamente, también Edmundo, el único hermano del bebé que esperaba, viviría sólo dos años más. Algunos años más tarde, estallaría la segunda guerra mundial, en la que el padre de la criatura que estaba por nacer también perdería la vida. Emilia optó por darle la vida a su hijo, a quien puso el nombre de Karol.

Ese niño, ahora anciano, todavía vive, le gusta mucho venir a México y cada vez que pasa por las calles de este país, millones de gargantas exaltadas le gritan: "Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo"...

¡Gracias, mil gracias, Emilia!

(Valores)

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SANTORAL: San Ignacio de Loyola
 
Lectura del libro del profeta Jeremías 15, 10. 16-21
 
¡Qué desgracia, madre mía, que me hayas dado a luz, a mí, un hombre discutido y controvertido por todo el país! Yo no di ni recibí nada prestado, pero todos me maldicen.
Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos.
Yo no me senté a disfrutar en la reunión de los que se divierten; forzado por tu mano, me mantuve apartado, porque tú me habías llenado de indignación. ¿Por qué es incesante mi dolor, por qué mi llaga es incurable, se resiste a sanar? ¿Serás para mí como un arroyo engañoso, de aguas inconstantes?
Por eso, así habla el Señor: Si tú vuelves, yo te haré volver, tú estarás de pie delante de mí, si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos. Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte -oráculo del Señor-. Yo te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 58, 2-3. 4. 10-11. 17. 18 (R.: 17d)
 
R. Señor, tú eres mi refugio en el peligro.
 
 Líbrame de mis enemigos, Dios mío,
 defiéndeme de los que se levantan contra mí;
 líbrame de los que hacen el mal
 y sálvame de los hombres sanguinarios.  R.
 
 Mira cómo me están acechando:
 los poderosos se conjuran contra mí;
 sin rebeldía ni pecado de mi parte, Señor.  R.
 
 Yo miro hacia ti, fuerza mía,
 porque Dios es mi baluarte;
 él vendrá a mi encuentro con su gracia
 y me hará ver la derrota de mis enemigos.  R.
 
 Pero yo cantaré tu poder,
 y celebraré tu amor de madrugada,
 porque tú has sido mi fortaleza
 y mi refugio en el peligro.  R.
 
 ¡Yo te cantaré, fuerza mía,
 porque tú eres mi baluarte,
 Dios de misericordia!  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-46
 
Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»
 
Palabra del Señor.
 
 
Reflexión 

 Jesús hablaba en imágenes, como todos los narradores de Oriente. Esas parábolas han salido del corazón de Cristo y es a ese Cristo a quien tenemos que buscar en primer lugar detrás de esas parábolas.

 Jesús quiere confirmar a sus oyentes que el reino de Dios no está al alcance de todos, pero todos pueden encontrarlo porque está como “el tesoro”, esperando para ser descubierto.

El Señor compara aquí al reino de Dios con un tesoro, sí  “un tesoro”.

No hay nadie en la tierra que no pueda entender; aunque para cada uno se algo distinto; pero un tesoro, es, para todos, algo deseable, algo codiciable.

 Y Jesús dice que quien sabe donde está dispuesto a entregar todo a cambio; quien lo encuentra puede desprenderse de todo cuanto tiene, con tal de obtenerlo.

 Quien no tenga esa capacidad, desconoce el paradero de Dios; si alguien no se siente obligado a liberarse de todas las posesiones, todavía no se ha encontrado con ese “tesoro” que es el “reino”.

 La pregunta que Jesús hace a sus discípulos, sigue siendo actual: la alegría de quien pierde todo, es posible, sólo para quien conoce dónde ganar el reino de Dios.

Dios no impone la renuncia como meta, pero presupone esa renuncia como garantía: se Él no nos merece cualquier renuncia, la renuncia a cualquier bien, es que no lo tenemos aún como “Bien”.

 En época de Jesús, no había bancos, y los ahorros de una familia, las monedas, se enterraban en algún lugar secreto; y solía pasar que el propietario del tesoro moría sin haberle confiado a nadie el lugar del escondite.

 Entonces, más frecuentemente que ahora, alguna persona, descubría un tesoro, y ¿qué hacía al descubrirlo?

 Primero lo escondía nuevamente, teniendo cuidado que no lo vieran y después ¿qué hace?

Con gran alegría, vende todo lo que tiene y compra el terreno con el tesoro.

 ¿Quién de nosotros no hubiera  protegido los bienes descubiertos, enterrándolos de nuevo, hasta que pudiéramos volver y hacernos dueños, aunque fuera a costa de perder todo lo que poseyéramos?

 Si semejante comportamiento no nos parece extraordinario, si comprendemos que se puede uno arriesgar a perder cuanto tiene por ganar lo que todavía no es suyo, entonces, nos pregunta Jesús hoy, como un día lo hizo a la gente con sus parábolas: ¿porqué no actúan así con Dios? ¿qué les falta para decidirse a poner a Dios delante de todos los demás bienes que poseen?

 Quien descubría un tesoro, sabía que sólo vendiendo cuanto tenía, podía ser propietario del “Bien”, recién descubierto. Y porque sabían que el bien descubierto era mayor, y mejor, que cuanto poseían, supieron reaccionar con rapidez.

 Como el tesoro escondido es el reino de Dios, una vez encontrado, se encuentra la fuerza para poner todo en venta con tal de adquirirlo. Un vez descubierto, se descubre que los bienes que se tienen, no valen tanto como vale él; una vez hallado, se halla el coraje para deshacerse de todo lo que nos impide hacernos con él.

 Por eso si el reino de Dios, si “poseer” el reino de Dios, no suscita en nosotros esa misma atracción que desierta el “tesoro”, es que no lo hemos encontrado todavía, es que todavía está escondido.

 Dios está esperando que llegue quien sepa reconocerlo. Dios está al alcance de quien se encuentre con él.

Jesús quiso confirmar a sus oyentes que el reino de Dios no está a la vista de todos ni al alcance de sus manos; se esconde a la mirada de la mayoría.

Pero “puede” ser encontrado.

 Pidamos hoy al Señor, tener el deseo de encontrarlo y con él encontrar la alegría y la fuerza de dejar todo para conseguir el reino.

Llorando los pecados
tu pueblo está, Señor.
Vuélvenos tu mirada
y danos el perdón.
 
Seguiremos tus pasos,
camino de la cruz,
subiendo hasta la cumbre
de la Pascua de luz.
 
La Cuaresma es combate;
las armas: oración,
limosnas y vigilias
por el Reino de Dios.
 
"Convertid vuestra vida,
volved a vuestro Dios,
y volveré a vosotros",
esto dice el Señor.
 
Tus palabras de vida
nos llevan hacia ti,
los días cuaresmales
nos las hacen sentir. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL:  San Ignacio de Loyola

Hacia el año 1521, Francia estaba en guerra con España y sus ejércitos intentaron asaltar Pamplona. Sus antagonistas eran buenos combatientes y la lucha fue cruenta. En el batallón se distinguió por su valor un joven sobre cuyo pecho brillaba el blasón de Loyola, con sus dos lobos. Pero en esa sangrienta lucha, el 20 de mayo de 1521, las esquirlas de un cañonazo hirieron la pierna derecha de don Ignacio de Loyola, que ya llevaba herida también la izquierda.

El cirujano que lo atendía resultó poco experto. Se lo sometió, pues, a una nueva operación y después se le recomendó reposo, ¿Cómo pasaría ese tiempo de inactividad? Pidió libros. Según el gusto de la época, los libros de caballería eran los más leídos. Pero él únicamente tenía a mano una Vida de Cristo y Vidas de santos. Receloso comenzó la lectura. Tal cambio se operaría en él, que dejaría la carrera de las armas para luchar bajo la bandera de Cristo.

Ignacio, cuyo nombre significa "hombre de fuego" , aunque su verdadero nombre era Íñigo, estaba ya repuesto. Lo vemos en el monasterio de Montserrat, en Cataluña. Veló toda una noche, como hacían los escuderos antes de recibir el espaldarazo, y depuso su espada sobre el altar de la Virgen. Comenzó luego su vida de peregrino vistiendo un burdo sayal y mendigando pan en compañía de los pobres. Construyó una ermita entre las rocas y vivió en diálogo con Dios.

Sintió imperiosa necesidad de escribir, para advertir a las personas extraviadas en el camino de la vida que pueden otra vez encauzarla en la oración, la penitencia y el amor de Dios. De este modo nació el libro Ejercicios espirituales, del cual dijo Pío XI que es "el código más sabio y universal de la dirección espiritual de las almas". Fue un texto de educación para todos los tiempos, del que se afirma que ha hecho más santos que letras contiene.

Recorrió toda Italia como peregrino y después, en 1523, se dirigió a los santos lugares, para regresar al año siguiente a España. A los treinta y tres años de edad aprendió gramática latina y completó sus estudios en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca.

A comienzos de 1528 ingresó en la universidad de París y en 1534 obtuvo el título de maestro en artes o doctor en filosofía. Se ordenó sacerdote en 1537. Queriendo formar un pequeño ejército, cuyo jefe sería Cristo, reunió un grupo de jóvenes, con los que fundó después la compañía de Jesús. Esta orden, célebre por las grandes obras llevadas a cabo en todos los campos, en la educación de la juventud y en el ministerio apostólico, fue baluarte providencial en la lucha religiosa del siglo XVI.

La Compañía fundó colegios y organizó misiones. En 1551 Ignacio creó el colegio romano, que después se llamaría universidad gregoriana.

El capitán de Pamplona envejecía; sus fuerzas se debilitaban. Pero cada mañana reanudaba su labor al alba, en alabanza de Dios y como soldado de la compañía de Jesús. Su divisa era: "Todo para la mayor gloria de Dios"-

Así fue el gran campeador de Dios, san Ignacio de Loyola, nacido en 1491 en Azpeitía (España) y fallecido en Roma el 31 de julio de 1556.

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