Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
29 de mayo de 2001
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Bodas de plata en la fe

AGUADILLA - La plana mayor de la Iglesia Católica de Puerto Rico, encabezado por el cardenal Luis Aponte Martínez, acompañó ayer al monseñor Ulises Aurelio Casiano Vargas en las actividades de celebración de sus bodas de plata como obispo de Mayagüez.

Los actos comenzaron cerca de las 4:30 de la tarde con una misa en la iglesia La Milagrosa, en Aguadilla, y una cena en el área de estacionamiento de la iglesia para más de 1,000 personas.

La misa - en sol de Shubert interpretada por el coro de la Diocesis de Mayagüez, miembros del coro de San Germán, miembros del coro de la PUCPR y miembros de la Orquesta Sinfónica y del Conservatorio de Música de Puerto Rico- se inició con una procesión de más de 70 sacerdotes, la mayoría de la Diócesis de Mayagüez, quienes ocuparon los primeros bancos de la iglesia, ubicada en la carretera 107.

También asistieron el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves; el obispo de Arecibo, monseñor Iñaki Mallona; el de Caguas, monseñor Rubén González y el de Ponce, monseñor Ricardo Antonio Suriñach Carreras.

Uno de los invitados especiales fue el obispo emérito de Ponce, monseñor Juan Fremiot Torres Oliver, quien ordenó a Casiano sacerdote el 30 de mayo de 1967.

"LES DOY la más sincera y cordial bienvenida en este gran día. Gracias por acompañarme en este día tan importante en la vida de un obispo. A Dios le debo dar gracias siempre y en todo lugar", expresó Casiano al inicio de la misa de acción de gracias.

El mensaje principal durante la misa estuvo a cargo de Suriñach, quien habló sobre las responsabilidades del obispo en la iglesia.

Al concluir la misa, los obispos y feligreses acompañaron a Casiano en una cena al aire libre. El área de estacionamiento de la iglesia fue habilitado con carpas y mesas con manteles blancos para servir los alimentos.

Casiano dijo que durante el año celebrará una misa de acción de gracias en cada una de las 29 parroquias de la Diócesis de Mayagüez y luego compartirá con los feligreses.

EL OBISPADO de Mayagüez se compone de 14 pueblos, desde Aguadilla hasta Sabana Grande, con cerca de 362,000 católicos y 79 sacerdotes de diferentes órdenes religiosas.

Algunos sacerdotes dijeron sentirse satisfechos por la celebración, porque han sido 25 años de lucha para levantar un obispado nuevo.

"Esto significa algo grande para nosotros por la sencilla razón que son 25 años de haber comenzado una obra que no existía. La labor del monseñor Casiano ha sido extenuante y productiva porque, desde que comenzó hasta ahora, ha sido tratar de levantar una obra que no había en todos los aspectos", expresó Urbano Sáenz, párroco de la Iglesia Santa Rosa de Lima, en San Germán.

 Gladys Nieves Ramírez

(El nuevo día)

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Restos de Beato "Charlie" ya están en su pueblo natal

SAN JUAN, 29 May. 01 

 Una multitud de creyentes se congregó este fin de semana en Caguas para recibir los restos del primer beato de Puerto Rico, Carlos Manuel "Charlie" Rodríguez, trasladados desde el pueblo de Humacao, donde estaba sepultado, hasta su localidad natal al sur de San Juan.

Los restos de "Charlie" fueron trasladados en una procesión que duró siete horas desde Humacao hasta el estadio Solá Morales de Caguas, donde se celebró una Misa.

Tras la Eucaristía, la procesión siguió hasta la catedral de la localidad, donde se colocará una urna con los restos del beato en un retablo. Allí los creyentes católicos podrán orar y pedir la intercesión de "Charlie".

El Obispo de Caguas, Mons. Rubén González Medina, ofició la Misa acompañado por el Cardenal Luis Aponte Martínez, y el Arzobispo de San Juan, Mons. Roberto González.

La gobernadora de Puerto Rico, Sila Calderón, también asistió a la fiesta.

En la homilía, el hermano de "Charlie", el sacerdote José Rodríguez, celebró la llegada de los restos y proclamó que con el acto se disipa "toda idea errónea sobre la santidad".

"Como no hemos tenido aún ningún santo canonizado, solemos imaginar a los santos como seres caídos del cielo, o por lo menos, hombres y mujeres de otras tierras", afirmó el Padre Rodríguez.

"Al depositar los restos de Carlos Manuel, un laico, en la iglesia Dulce Nombre, estamos proclamando que el santo no es un superhombre, sino uno común y corriente, enraizado en una tierra, en un pueblo, en una familia concreta", explicó.

La gobernadora también se dirigió a los presentes y expresó que la ceremonia "encierra una profunda significación para todos los puertorriqueños es un día de celebración y de gozo para Caguas, para Puerto Rico y para toda América".

El beato laico caribeño fue beatificado el pasado 29 de abril por el Papa Juan Pablo II en el Vaticano.

(Aciprensa)

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Roma confirma que el obispo Milingo ya no forma parte de la Iglesia Católica

ROMA. 

Mediante un breve comunicado de su portavoz, el Vaticano confirmó ayer que el ex-arzobispo de Lusaka, Emmanuel Milingo, «se ha puesto de hecho fuera de la Iglesia Católica» y ha dejado de ser obispo católico, por lo que se invita a los fieles a «sacar las conclusiones oportunas». Joaquín Navarro-Valls añadió que las sanciones canónicas complementarias se comunicarán a Milingo antes de hacerlas públicas.

La Santa Sede recibió con «profundo pesar», pero no con sorpresa, un gesto que significa el punto final de una escalada de provocaciones a la Curia romana durante los últimos diez años. El portavoz vaticano fue breve pero claro respecto a Milingo: «Con la participación en el rito público de matrimonio en la secta “Moon”, se ha puesto de hecho fuera de la Iglesia Católica, y ha causado una herida grave a la comunión que los obispos, en primer lugar, deben manifestar con la Iglesia. Por lo tanto, no podrá ser considerado obispo de la Iglesia Católica, y se invita a los fieles a sacar las conclusiones oportunas».

Joaquín Navarro-Valls precisó que la boda en Nueva York «constituye el presupuesto para las sanciones canónicas previstas, que se le comunicarán en breve y se harán después públicas». Según el artículo 1394 del Código de Derecho Canónico, «el clérigo que atenta matrimonio, aunque sea sólo civilmente, incurre en suspensión “latae sententiae”», es decir, inmediata y sin necesidad de sentencia formal. Si el interesado no rectifica, «puede ser castigado gradualmente con privaciones y también con la expulsión del estado clerical». En ese caso, no puede realizar ninguna función sacerdotal excepto absolver a un penitente que esté en peligro de muerte. A su vez, la dispensa del celibato se reserva al Papa.

AUTOEXCOMUNIÓN

Al manifestar que Milingo «con la participación en el rito público de la secta “Moon”, se ha puesto de hecho fuera de la Iglesia Católica», el portavoz vaticano dejó claro que lo sucedido va más alla de un simple matrimonio y constituye un caso de apostasía. Según el artículo 1364 del Código de Derecho Canónico, «el apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión “latae sententiae”». El cuadro resultante es bastante claro: la Iglesia no excomulga a Enmanuelle Milingo sino que, simplemente, confirma que se ha autoexcomulgado.

Cuando las noticias de su inminente boda llegaron a conocerse en Roma, la reacción del portavoz vaticano fue limitarse a expresar la esperanza de que «no fuesen ciertas» y a marcar las distancias añadiendo que «desde hace ya tiempo, el arzobispo Milingo no desempeña cargos diocesanos o en dicasterios de la Curia romana».

PERIODO DE REFLEXIÓN

El drama humano de Milingo comenzó aproximadamente hace veinte años cuando el Vaticano tuvo que relevarle como arzobispo de Lusaka y le dio un encargo en la Santa Sede para facilitar un periodo de reflexión. Sin embargo, el carismático obispo reanudó sus exorcismos y sus estrafalarias misas de sanación de enfermedades, a las que añadió varios pinitos musicales: la participación como invitado en el Festival de San Remo en 1997 y la grabación de dos CD, «Gobudu Gobudu» y «Kavundu vundu».

A su buena voz y simpatía personal, Milingo añade un aire de bondad que tan sólo desmienten sus hechos. En 1997 denunció de modo espectacular «rituales satánicos dentro del Vaticano», naturalmente sin dar nombres o detalles. El febrero de 1999 desafió la prohibición del vicario del Papa para la diócesis de Roma celebrando una misa pública de sanación en la iglesia de San Pietro in Montorio. El cardenal Ruini le prohibió entonces cualquier rito en la diócesis y Milingo respondió presentando en conferencia de prensa una agria carta de denuncia. Su posterior acercamiento a la secta de Sun Myung Moon, que «colecciona» sacerdotes y ministros de todas las religiones, ha terminado en la boda con la doctora seleccionada por el multimillonario coreano. El estilo extrafalario del «portazo» del ex-arzobispo Milingo supone en cierto modo un alivio, pues muestra a las claras el talante del personaje. Hubiera sido quizá más dañino, por ejemplo, un matrimonio civil normal en cualquier país europeo. La entrada en la órbita de Moon limita los daños a sectores ya de por sí marginales en África y en Estados Unidos.

SANCIONES DE LA ÚLTIMA DÉCADA

Los casos de matrimonio, concubinato o abuso sexual entre los 4.500 obispos católicos que tiene la Iglesia son objetivamente escasos teniendo en cuenta las dificultades y riesgos que tienen los religiosos durante la tarea. Durante la última decada tuvieron que dimitir de sus cargos el irlandés Eamon Casey y el suizo Hansoerg Vogel, que dejaron incluso de ser obispos, así como el norteamericano Eugene Marino de Atlanta, fallecido, su compatriota Robert Sanchez de Santa Fe, y el canadiense, Hubert O´Connor. Los dos últimos son obispos eméritos.

Juan Vicente Boo corresponsal

(ABC)

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Exorcista de Roma: Monseñor Milingo ha sido plagiado por una familia
El padre Amorth habla sobre el matrimonio del obispo en la secta Moon

CIUDAD DEL VATICANO, 27 mayo 2001 

 El arzobispo africano Emmanuel Milingo, que en este domingo pretendía contraer matrimonio en Nueva York en una ceremonia organizada por la secta Moon, es víctima de «la caza despiadada» de una familia de ese grupo que vive en Roma y que ahora se ha esfumado en Estados Unidos. Lo afirma el padre Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma.

Monseñor Amorth, quien ha realizado más de 50.000 exorcismos y estimaba personalmente a monseñor Milingo, ex arzobispo de Lusaka (Zambia), revela en esta entrevista detalles inéditos sobre lo sucedido.

El sacerdote acusa a la secta fundada por el coreano Sun Myug Moon y en particular a una familia de la ciudad de Roma que forma parte de la misma de haber plagiado el prelado, es decir, de haberle sometido mentalmente.

Para Amorth, Milingo en estos momentos ha perdido sus capacidades mentales para tomar una decisión por su propia voluntad.

--¿Cómo ha sabido esta increíble noticia?

--Padre Amorth: Me informaron hace algunos días personas cercanas a él.

--¿Cómo puede darse una transformación de este tipo?

--Padre Amorth: Reconstruyendo los últimos años de su vida, nos hemos dado cuenta de que los de la secta Moon le han dado una caza despiadada. Hemos identificado incluso a las personas que le han plagiado: le han hecho un lavado de cerebro. Se trata en particular de una familia de italianos, que con él ha desaparecido en Estados Unidos. Desde hace mucho tiempo muchos han tratado de atraerle, con premeditación y mucho cuidado. Y él se ha dejado atrapar.

--La verdad es que es difícil pensar en un arzobispo sometido de este modo…

--Padre Amorth: Le tomaron en un momento de desaliento y depresión. Se sentía quizá abatido por los rapapolvos recibidos por la Santa Madre Iglesia. Había quedado debilitado por los ataques recibidos. No se dio cuenta de que era presa por la que trabajaban desde hace tiempo y, poco a poco, han logrado que cediera. Ahora, desde mi punto de vista Milingo no podrá recuperarse. En parte, porque ya no es posible acercarse a él…».

--¿Es tan fuerte la capacidad de sumisión que ejercen los seguidores de Moon?

--Padre Amorth: Los que adhieren a esta secta tienen un método letal para «despersonalizar» a las personas. Yo mismo he tenido que vérmelas con padres de familia desesperados porque habían perdido a uno de sus hijos, se esfumó y acabó en Estados Unidos, con esta secta. He conocido casos de mujeres o maridos que han sido plagiados por la secta y que han dejado cónyuge e hijos. Hay psiquiatras especializados en su recuperación.

--¿Qué hacen?

--Padre Amorth: En Estados Unidos los llaman «desprogramadores», pues liberan a las personas plagiadas o sometidas. Algunos se han especializado en curar a los plagiados de esta secta. En ocasiones, la misma policía los saca de las casas de Moon. Una vez «desprogramados» pueden volver a vivir.

--¿Cuál ha sido su reacción a la noticia?

--Padre Amorth: De absoluta sorpresa al ver que precisamente él, arzobispo, curandero y exorcista, haya podido caer en una trampa semejante. Sólo se puede explicar algo así con un lavado total de cerebro. Le conozco desde hace muchos años. Era un curandero válido y sobre todo un óptimo predicador, liberaba de los demonios. Nos tomábamos amablemente el pelo. Como soy calvo, me decía: «Padre Amorth, en vez de cabello usted tiene un demonio». Yo le respondía: «Usted esta negro de rabia contra el demonio».

(ZENIT.org)

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  AUDIENCIA GENERAL 

Miércoles 23 de mayo de 2001

Fiesta de los amigos de Dios

1. "Que los fieles festejen su gloria, y canten jubilosos en filas". Esta invitación del salmo 149, que se acaba de proclamar, remite a un alba que está a punto de despuntar y encuentra a los fieles dispuestos a entonar su alabanza matutina. El salmo, con una expresión significativa, define esa alabanza "un cántico nuevo" (v. 1), es decir, un himno solemne y perfecto, adecuado para los últimos días, en los que el Señor reunirá a los justos en un mundo renovado. Todo el salmo está impregnado de un clima de fiesta, inaugurado ya con el Aleluya inicial y acompasado luego con cantos, alabanzas, alegría, danzas y el son de tímpanos y cítaras. La oración que este salmo inspira es la acción de gracias de un corazón lleno de júbilo religioso.

2. En el original hebreo del himno, a los protagonistas del salmo se les llama con dos términos característicos de la espiritualidad del Antiguo Testamento. Tres veces se les define ante todo como hasidim (vv. 1, 5 y 9), es decir, "los piadosos, los fieles", los que responden con fidelidad y amor (hesed) al amor paternal del Señor.

La segunda parte del salmo resulta sorprendente, porque abunda en expresiones bélicas. Resulta extraño que, en un mismo  versículo, el salmo ponga juntamente  "vítores a Dios en la boca" y "espadas  de dos filos en las manos" (v. 6). Reflexionando, podemos comprender el porqué:  el salmo fue compuesto para "fieles" que militaban en una guerra de liberación; combatían para librar a su pueblo oprimido y devolverle la posibilidad de servir a Dios. Durante la época de los Macabeos, en el siglo II a.C., los que combatían por la libertad y por la fe, sometidos a dura represión por parte del poder helenístico, se llamaban precisamente hasidim, "los fieles" a la palabra de Dios y a las tradiciones de los padres.

3. Desde la perspectiva actual de nuestra oración, esta simbología bélica resulta una imagen de nuestro compromiso de creyentes que, después de cantar a Dios la alabanza matutina, andamos por los caminos del mundo, en medio del mal y de la injusticia. Por desgracia, las fuerzas que se oponen al reino de Dios son formidables:  el salmista habla de "pueblos, naciones, reyes y nobles".
A pesar de todo, mantiene la confianza, porque sabe que a su lado está el Señor, que es el auténtico Rey de la historia (v. 2). Por consiguiente, su victoria sobre el mal es segura y será el triunfo del amor. En esta lucha participan todos los hasidim, todos los fieles y los justos, que, con la fuerza del Espíritu, llevan a término la obra admirable llamada reino de Dios.

4. San Agustín, tomando como punto de partida el hecho de que el salmo habla de "coro" y de "tímpanos y cítaras", comenta:  "¿Qué es lo que constituye un coro? (...) El coro es un conjunto de personas que cantan juntas. Si cantamos en coro debemos cantar con armonía. Cuando se canta en coro, incluso una sola voz desentonada molesta al que oye y crea confusión en el coro mismo" (Enarr. in Ps. 149:  CCL 40, 7, 1-4).

Luego, refiriéndose a los instrumentos utilizados por el salmista, se pregunta:  "¿Por qué el salmista usa el tímpano y el salterio?". Responde:  "Para que no sólo la voz alabe al Señor, sino también las obras. Cuando se utilizan el tímpano y el salterio,  las  manos  se armonizan con la voz. Eso es lo que debes hacer tú. Cuando cantes el aleluya, debes dar pan al hambriento, vestir al desnudo y acoger al  peregrino. Si lo haces, no sólo canta la voz, sino que también las manos se armonizan con la voz, pues las palabras concuerdan con las obras" (ib., 8, 1-4).

5. Hay un segundo vocablo con el que se definen los orantes de este salmo:  son los anawim, es decir, "los pobres, los humildes" (v. 4). Esta expresión es muy frecuente en el Salterio y no sólo indica a los oprimidos, a los pobres y a los perseguidos por la justicia, sino también a los que, siendo fieles a los compromisos morales de la alianza con Dios, son marginados por los que escogen la violencia, la riqueza y la prepotencia. Desde esta perspectiva se comprende que los "pobres" no sólo constituyen una clase social, sino también una opción espiritual. Este es el sentido de la célebre primera bienaventuranza:  "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5, 3). Ya el profeta Sofonías se dirigía así a los anawim:  "Buscad al Señor, vosotros todos, humildes de la tierra, que cumplís sus normas; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá encontréis cobijo el día de la cólera del Señor" (So 2, 3).

6. Ahora bien, el "día de la cólera del Señor" es precisamente el que se describe en la segunda parte del salmo, cuando los "pobres" se ponen de parte de Dios para luchar contra el mal. Por sí mismos, no tienen la fuerza suficiente, ni los medios, ni las estrategias necesarias para oponerse a la irrupción del mal. Sin embargo, la frase del salmista es categórica:  "El Señor ama a su pueblo, y adorna con la victoria a los humildes (anawim)" (v. 4). Se cumple idealmente lo que el apóstol san Pablo declara a los Corintios:  "Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es" (1 Co 1, 28).

Con esta confianza "los hijos de Sión" (v. 2), hasidim y anawim, es decir, los fieles y los pobres, se disponen a vivir su testimonio en el mundo y en la historia. El canto de María recogido en el evangelio de san Lucas -el Magnificat- es el eco de los mejores sentimientos de los "hijos de Sión":  alabanza jubilosa a Dios Salvador, acción de gracias por las  obras  grandes que ha hecho por ella el Todopoderoso, lucha contra las fuerzas del mal, solidaridad con los pobres y fidelidad al Dios de la alianza (cf. Lc 1, 46-55).

(El Vaticano)

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Sin Resurreción no hay cristianismo

Dicen que ha resucitado se titula el último e interesantísimo libro que ha escrito Vittorio Messori y que acaba de editar Rialp en castellano. Aél pertenece este fragmento que, en estos días del tiempo pascual, ofrecemos a nuestros lectores

Para subrayar a los hermanos el fundamento indispensable, Pablo repite la fórmula de fe que, como recuerda textualmente, ha transmitido en primer lugar, aunque precisa que es lo que a mi vez he recibido, en alusión a la predicación cristiana primitiva. Al igual que otros bautizados, los corintios, sin la fe expresada en esta fórmula, habrían creído en vano.

Es la primera vez que se nos refiere cómo era anunciada la resurrección de Jesús, pasados unos veinticinco años del acontecimiento. Mejor dicho: se nos refiere cómo era anunciada desde hacía tiempo. El propio Pablo advierte a sus destinatarios que ha recibido de una tradición anterior la fórmula que ahora repite. Según muchos especialistas, nos aproximaríamos de este modo a un período de tan sólo diez o quince años desde aquel sorprendente suceso. Este fragmento, venerable para el creyente, pero también muy valioso para el historiador que intente reconstruir los orígenes del cristianismo, versificado, tal y como debía estar en el original, para facilitar su aprendizaje de memoria o para cantarlo, si, como afirman muchos biblistas, se trataba de un himno litúrgico, dice: Cristo murió por nuestros pecados/ según las Escrituras,/ fue sepultado y resucitó al tercer día/ según las Escrituras,/ se apareció a Cefas/ y luego a los Doce./ Luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez/ la mayor parte de los cuales vive todavía y otros ya murieron./ Después se apareció a San-tiago/ y más tarde a todos los apóstoles;/ y el último de todos, como a un abortivo, se me apareció también a mí (1 Cor 15, 3-8).

No es casual que los primeros anunciadores del Evangelio no proclamaran, antes que nada, programas sociopolíticos, máximas ejemplares o indicaciones morales del rabbí Jesús. No, porque lo primero que anunciaban, antes que nada, era que aquel Jesús de Nazareth, contado entre los malhechores, y, en consecuencia, ejecutado, había resucitado de entre los muertos. Se unía esta afirmación –Jesús de Nazareth ha resucitado– con esta otra: Y nosotros somos testigos.

Tenemos que ser conscientes de lo siguiente: sin la Pascua, la Iglesia sería tan sólo un club o una asociación de amigos del maes-tro Jesús, al igual que tantos grupos y círculos surgidos en memoria de destacadas personalidades de la cultura, la ciencia o la política.

No habría más que admiradores, fans, que organizarían congresos y publicarían boletines sobre su personaje favorito. Si Jesús no ha resucitado, no se puede creer en Él como Salvador. Únicamente se puede venerarlo como maestro. Se puede evocarlo, pero no invocarlo. Se puede hablar de Él, pero no hablarle a Él. Se puede recordarlo, pero no escucharlo.

Si no ha resucitado, son los cristianos los que le están haciendo vivir. No es Él quien les hace vivir a ellos. De muchos otros, de cientos de sus desgraciados contemporáneos, se puede decir: Padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Pero para que Jesús sea aquel en que la fe cree, es preciso poder añadir: Pero, al tercer día, resucitó de entre los muertos.

Con todo, hay que señalar que esta decisiva afirmación no está sujeta a ninguna verificación científica. Ningún descubrimiento arqueológico futuro podrá nunca demostrar que el cuerpo de aquel condenado a muerte se descompuso en alguna fosa común; o, por el contrario, que el sepulcro perteneciente a José de Arimatea fue abierto y quedó vacío de un inquilino que se puso en pie. Aquí es necesario fiarse de los que dicen haber visto a Jesús resucitado y vuelto a la vida. Hay que dar crédito a otros hombres, a un grupo de testigos privilegiados: la comunidad cristiana; la Iglesia, en una palabra.

Se comprueba, también de este modo, que la fe no puede nacer ni vivir aislada o solitaria, pues por su propio fundamento debe asentarse sobre una comunidad, sin cuyo testimonio no hay anuncio ni certeza de resurrección. Ysi no hay resurrección, tampoco hay cristianismo.

(Alfa y Omega #261)

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EN BICICLETA CON DIOS

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.

Pero luego reconocí a mi Poder Superior; parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear. No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue, que Él sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no ha sido la misma desde entonces. 

Mi vida con Dios es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido, pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él sólo me decía: "¡Pedalea!"

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "¿A dónde me llevas?" Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él.

Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano. Él me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo.

Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, de Dios y mío.

Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra". Y así lo hice... a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.

No confié mucho en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bici... secretos.

Él sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.

Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares. Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.

Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: "¡Pedalea!"

(Valores org.)

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SANTORAL: San Maximino
 
Lectura de los Hechos de los apóstoles 20, 17-27
 
Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo:
«Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios.»
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 67, 10-11. 20-21 (R.: 33a)
 
R. ¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!
 
 
 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
 tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
 allí es estableció tu familia,
 y tú, Señor, la afianzarás
 por tu bondad para con el pobre.  R.
 
 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
 El carga con nosotros día tras día;
 él es el Dios que nos salva
 y nos hace escapar de la muerte.  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 1-11a.
 
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.»
 
Palabra del Señor.
 
Reflexión   
El evangelio de hoy se lee la primera parte de la llamada oración sacerdotal que Jesús hace al final de la Ultima Cena. Se denomina oración sacerdotal porque Jesús se dirige al Padre y,  como sacerdote le ofrece a Dios Padre su inminente Pasión y Muerte en la Cruz.
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Esta oración del Señor nos sirve de modelo y de enseñanza. Jesús podía haber orado en silencio al Padre, pero quiso manifestarse frente a sus discípulos porque es nuestro Maestro.
 
Esta oración consta de tres partes:
 
·        En la primera, Jesús pide la glorificación de sí, y la aceptación por parte del Padre de su sacrificio en la Cruz.
 
·        En la segunda ruega por sus discípulos, a los que va a enviar al mundo a proclamar su Reino.
 
·        En la tercera, que se  lee en las misas de mañana y el jueves, Jesús pide por todos los que han de creer en El a lo largo de los siglos.
 
Dice Jesús: “Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo! Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo”.
  
El Hijo de Dios es igual al Padre, y desde su Encarnación, y principalmente en su Muerte y Resurrección ha manifestado su divinidad.
 
Una vez que Jesús ha rezado al Padre por Sí mismo, ruega por sus Apóstoles, que serán los continuadores de su obra redentora en el mundo. Jesús pide que sus discípulos lleguen a la vida eterna y aclara que la vida eterna consiste en conocer al Padre, lo que significa experimentar la presencia de Dios en el alma y que acaba necesariamente en el amor.
 
Este conocimiento, este amor es el que constituye la felicidad de la vida eterna, el amor al Padre y a su enviado Jesucristo y esto es lo que Jesús pide al Padre para los suyos.
Amar a Dios Padre y amar a su Hijo único Jesucristo, y amarlos con la sinceridad de un corazón que se entrega plenamente, es lo que nos asegura la vida eterna.
 
Dice también el Señor: “Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que son tuyos y que tú me diste”. Siempre, en las palabras de Jesús está la oposición entre El y el mundo, entre sus discípulos y el mundo.
Los discípulos son suyos. Los discípulos han guardado su palabra. Ellos han creído
En cambio, el mundo no ha reconocido a Cristo, ni al Padre que lo ha enviado; y el mundo persigue a sus discípulos.
 
Jesús nos afirma que ruega por nosotros, y esto para nosotros tiene que ser motivo de una profunda paz. Pidamos a Jesús que siempre caminemos por la vida sabiéndonos Hijos de Dios y sin apartarnos de sus caminos que nos llevan a la vida eterna
Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.
 
El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.
 
El ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
El desata nuestras cadenas;
alegraos en el Señor.
 
Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.
 
Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.
 
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas

 

SANTORAL:  San Maximino

Maximino nació al comienzo del siglo IV el Poitiers (Aquitania), al sudoeste de la antigua Galia. Provenía de un hogar muy piadoso.
La santidad de Agricio, obispo de Tréveris, llevó a Maximino a dejar el suelo natal e ir en busca de aquel prelado, para recibir lecciones de religión, ciencias y humanidades. El santo reconoció en el recién llegado una lúcida inteligencia y un firme amor a la doctrina católica, razón por la cual le confirió las sagradas órdenes. En el ejercicio de estas funciones hizo en breve tiempo notables progresos.
Al morir Agricio, conocidos por el pueblo los atributos de Maximino, por voluntad unánime éste fue su sucesor, ocupando la cátedra de Tréveris en el año 332.
Perturbaba en aquel tiempo en la Iglesia el arrianismo, doctrina que negaba la unidad y consustancialidad en las tres personas de la santísima Trinidad; según ellos el Verbo habría sido creado de la nada y era muy inferior al Padre. El Verbo encarnado era Hijo de Dios, pero por adopción.
Contra esta interpretación, que disminuía el misterio de la encarnación y el de la redención del hombre, se levantó Atanasio, obispo de Alejandría, que se había de constituir en el campeón de la ortodoxia.
Reinaba entonces el emperador Constantino el Grande, a quien los herejes engañaron acumulando calumnias sobre Atanasio, y así lograron que lo desterraste a Tréveris en el año 336. Allí Maximino lo recibió con evidencias de la veneración que le profesaba y trató por todos los medios de suavizar la situación del desterrado. Lo mismo hizo con Pablo, obispo de Constantinopla, también forzado a ir a Tréveris después de un remedo de sínodo arriano. Al morir Constantino, el hijo mayor, Constantino el Joven, su sucesor en Occidente, devolvió a Atanasio la sede de Alejandría.
En el año 345, Maximino concurrió al concilio de Milán, donde los arrianos, cuyo jefe era Eusebio de Nicomedia, fueron otra vez condenados. Considerado indispensable para cimentar la paz de la Iglesia celebrar un nuevo concilio ecuménico. Maximino lo propuso al emperador Constante; éste, hallándolo conveniente, escribió a su hermano Constantino, concertándose para tal reunión la ciudad de Sárdica (hoy Sofía, capital de Bulgaria).
Los arrianos quisieron atraer al emperador a su secta y justificar la conducta seguida contra Atanasio. Pero Maximino alertó al emperador, defendiendo así al obispo sin culpa; y Atanasio fue nuevamente restablecido.
Vuelto a su Iglesia, Maximino hizo frente a las necesidades, socorriendo a los pobres. Su familia residía en Poitiers y allá fue a visitarlos, pero murió al poco tiempo en esa ciudad, en el año 349. La fecha de hoy recuerda la traslación de sus reliquias a Tréveris.

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