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Internet desplaza a la televisión como medio informativo en Estados Unidos
25 de julio, 2003
NUEVA YORK
Los adolescentes y los adultos jóvenes en Estados Unidos pasan más tiempo en Internet que viendo la televisión, lo que indica un cambio en el consumo de medios de un sector altamente valorado por los anunciantes, reveló un nuevo estudio.
En promedio, la gente joven dijo que pasa cerca de 17 horas online cada semana, sin contar el tiempo que empleaban para leer y enviar mensajes electrónicos, en comparación con las casi 14 horas que pasaban viendo la televisión y las 12 horas escuchando la radio, indicó el estudio.
El sondeo de 2.618 personas, de 13 a 24 años, fue conducido por las firmas de investigación independiente Harris Interactive y Teenage Research Unlimited a mediados de junio por encargo de la compañía de medios de Internet, Yahoo Inc. y la firma de servicios de medios Carat North America.
La mayoría de los jóvenes encuestados comentó que es más probable que participen en otras actividades mientras usan Internet, como escuchar la radio o hablar por teléfono. Muchos dijeron que eran más propensos a consultar Internet para buscar información sobre películas, música o noticias de celebridades.
"Mientras otras generaciones son más propensas a estar unidas a un solo tipo de medio de comunicación, los adolescentes y los adultos jóvenes de hoy no están abrumados por la abundancia de elecciones de medios, sino más bien se sienten habilitados por el recurso y pueden realizar muchas tareas", dijo el estudio.
Wenda Harris Millard, directora ejecutiva de ventas en Yahoo, dijo que los adolescentes y los adultos jóvenes están usando Internet como el "centro" de su actividad en los medios.
"Hay mucho en el estudio que revela que éste es un medio primario para la información, la información de productos, la información de precios, las necesidades de la escuela", dijo.
"Nunca se les ocurrirá recurrir al periódico para ver la hora a la que empieza una película", agregó.
Se coloca en Dakar (Senegal) la primera piedra del futuro Museo de las Civilizaciones Negras
Era el gran sueño de Léopold Sédar Senghor, el presidente-poeta que gobernó Senegal entre 1960 y 1980. El gran Museo de las Civilizaciones Negras de Dakar está más cerca de convertirse en una realidad física después de que, el domingo 20 de julio, el actual presidente del país africano, Abdoulaye Wade, colocase la primera piedra del nuevo edificio. Se trata de un lugar que pretende mostrar manifestaciones muy diversas de la cultura africana, sobre todo en sus expresiones artísticas más significativas. “Este acto representa un punto de referencia dentro del largo camino de la afirmación de la personalidad del pueblo negro”, dijo el presidente senegalés tras el inicio oficial de las obras.
Wade se refirió, por otro lado, al hecho de que el arte africano ha inspirado muchas escuelas pictóricas del nivel de Picasso o Derain. “La cultura negra ha sabido resistir las peores agresiones que cualquier hombre pueda imaginar. Se ha puesto en entredicho incluso que el hombre afro, como tal, sea un ser humano. Primero fue vendido como un objeto y, después, obligado a adoptar costumbres diferentes a las propias de su cultura de origen”, explicó el mandatario senegalés. En esta línea, añadió que “el genio artístico africano encuentra aún hoy su inspiración en la intimidad de las familias”, sobre todo gracias a una artesanía que “ha permitido dar a conocer la cultura del continente en todo el mundo, también en los museos de las capitales occidentales”.
Y es que África, pese a las terribles noticias que llegan desde este continente olvidado sobre conflictos e injusticias, también tiene su interior y su día a día, con frecuencia mucho más positivo de lo que nos imaginamos. El edificio que acogerá el Museo de las Civilizaciones Negras, con 6 plantas, ha sido diseñado por un joven arquitecto senegalés, que ha preparado una estructura circular de 100 metros de diámetro. El retraso en la construcción tiene su causa principal, como también recordó el presidente de Senegal, en la falta de recursos económicos para llevar a cabo el proyecto.
Inminente documento vaticano sobre uniones homosexuales
No es posible equipararlas con el matrimonio, recordará a los políticos católicos
CIUDAD DEL VATICANO, 28 julio 2003El próximo jueves se hará público un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el que se recuerda a los políticos y legisladores católicos que no pueden votar a favor de leyes que equiparan las uniones homosexuales con el matrimonio.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha confirmado este lunes la publicación del texto que llevará por título «Consideraciones sobre los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales».
El diario «Avvenire», citando como fuente la agencia italiana Ap.Biscon, ha publicado algunos pasajes del documento.
Según esta anticipación, el cardenal Joseph Ratzinger, que firma el documento en calidad de presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explica que «conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo para el bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral».
Las parejas unidas en el matrimonio, aclara, desempeñan el papel de garantizar «el orden de las generaciones y son, por tanto, de eminente interés público».
En los países en los que ya se han introducido leyes que equiparan las parejas homosexuales con el matrimonio, el documento pide al político católico que «se oponga con todos los medios posibles y que dé a conocer su oposición: se trata de un acto de testimonio de la verdad».
Si no fuera posible abrogar una ley de este tipo, el católico comprometido en política tiene el deber moral de tratar de limitar sus daños.
Será el segundo documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe dirigido a los políticos y gobernantes católicos. En enero se publicó la Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política.
El documento alienta la participación política de los católicos en la democracia, pero les pide coherencia con sus convicciones, presentando el respeto de la persona y de la vida como criterio para distinguir entre legítima pluralidad y deber ético.
Los 25 años de la fecundación artificial
El 25 de julio de 2003 se cumplieron 25 años desde que nació en Inglaterra Louise Joy Brown. Su historia había iniciado en noviembre de 1977, cuando Louise fue concebida en un tubo de ensayo, gracias a dos científicos, Patrick Steptoe y Robert Edwards. Bueno, también existe gracias a sus padres biológicos, Lesley y John Brown, que dieron el sí a una nueva técnica experimental para tener hijos. De este modo, se inició una aventura de laboratorio que iba a conseguir su primer resultado humano en el nacimiento de Louise el 25 de julio de 1978.
En estos 25 años las técnicas se han diversificado, y no dejan de aparecer en las revistas especializadas y en la prensa noticias sobre nuevas posibilidades que se abren para los investigadores y para las parejas estériles. Algunos métodos han mejorado sus resultados, otros consiguen un bajo porcentaje de nacimientos de esos niños anhelados desde lo más profundo del amor paterno.
Como son millones los esposos que no pueden tener hijos, las técnicas disponen de un gran “mercado”, especialmente en aquellas zonas más ricas donde es posible cubrir los gastos de cada intento de fecundación artificial (aunque muchas familias no se pueden permitir el “lujo” de un hijo concebido en laboratorio). En otras zonas del planeta, en cambio, es un sueño querer aplicar la fecundación in vitro (FIV) por la pobreza en la que viven millones de parejas estériles y sin recursos económicos. A la vez, muchos esposos que pueden tener hijos de modo natural, ven con dolor cómo mueren uno o más pequeños, simplemente porque no hay dinero para medicinas, porque los hospitales de países pobres no son capaces de atender tantas epidemias semiolvidadas, como la malaria, o porque a veces no es posible respetar normas básicas de higiene.
Uno de los grandes misterios de nuestra sociedad “globalizada”
Quizá este sea uno de los grandes misterios de nuestra sociedad “globalizada”. Mientras en los países desarrollados se invierten grandes cantidades de dinero para dar esperanza a unos esposos con problemas de esterilidad, en zonas pobres de Africa o de Asia hay padres que ven, con impotencia, morir a sus hijos. Algunos, incluso, optan por vender a alguno de sus hijos para dar un poco de comida a los que quedan en casa. Otros esposos ni sueñan con poder tener un hijo por problemas que desconocen, pues les resulta imposible acceder a las más elementales atenciones médicas.
Todos sentimos un profundo dolor ante esta situación de injusticia. Pero a veces podríamos preguntarnos si los países ricos no hemos ido demasiado lejos al fomentar y promover la fecundación artificial, a costos muy elevados, cuando se podría emplear mucho de ese dinero en ayudar a niños pobres y en promover la adopción de niños huérfanos y abandonados.
También es verdad que muchas parejas han sido capaces de descubrir en su infertilidad el inicio de una misión difícil, pero bellísima: poder ayudar a otra familia menos favorecida para ofrecer así a sus hijos un poco de comida y de bienes de primera base. Otras parejas, sin embargo, viven la infertilidad como un fracaso, como una derrota, como un ser “menos” que los demás. Pero ningún hombre ni ninguna mujer son “menos” por no tener hijos, aunque cueste muchísimo vivir esa situación. El amor sabe encontrar el sentido a las situaciones más dolorosas de la existencia humana.
Por cada niño que nace gracias a la FIV mueren en el camino varios embriones
Hay otro aspecto de las técnicas de reproducción artificial que muchas veces es olvidado, y que atenta contra el respeto debido a cada ser humano. Por cada niño que nace gracias a la FIV mueren en el camino varios embriones. Alguno dirá que esto también ocurre en la naturaleza: muchos embriones y fetos no llegan nunca a nacer, a pesar de haber sido concebidos de modo natural. Pero hay una diferencia de fondo entre las dos situaciones: mientras que en cada concepción natural sólo es fecundado un óvulo (pocas veces dos o tres), en la FIV se trabaja casi siempre con números altos, para aumentar los resultados positivos. En otras palabras, se crean artificialmente seres humanos “sobrantes” para que, por estadística, los mejores (o el mejor) pueda sobrevivir y los demás se pierdan en el camino. A veces son destruidos; otras, son congelados indefinidamente, hasta que un día los laboratorios decidan qué se puede hacer con ellos.
Cada ser humano vale demasiado como para ser tratado como un número, como un eslabón “útil” para aumentar el nivel de “éxito” de una clínica de reproducción artificial. Por lo mismo, no es anacrónico defender que cualquier concepción digna del ser humano es la que ocurre en su lugar natural: el útero de la madre. La sensibilidad ecológica del mundo moderno debería ayudarnos a redescubrir esta verdad, para que cada hijo pueda encontrar el inicio de su vida en la mejor casa, la que durante siglos nos ha acogido a todos. Nadie debería apropiarse de una vida humana ni usarla como un eslabón más para los estudios científicos o para lograr “resultados” más o menos seguros.
Después de 25 años del nacimiento de la primera “niña probeta” nos hace falta afrontar de nuevo lo que significa ser hombre, lo que significa la paternidad y la maternidad. La medicina auténtica puede ayudar a muchos padres a mejorar su fertilidad, pero no debe sustituirlos. Cuando el hijo es resultado del trabajo de los científicos, cuando queda sometido a la acción de manos extrañas, puede ser olvidada su dignidad humana, puede llegar a convertirse en un simple medio para un fin más o menos hermoso.
No podemos instrumentalizar a nadie, ni, mucho menos, a los hijos
Después de 25 años del nacimiento de Louise Brown la sociedad debe plantearse si las nuevas técnicas reflejan los principios de la justicia y del respeto con los que hay que tratar a cada ser humano, o si no corremos el peligro de caer en desigualdades y en situaciones de prepotencia en la que muchos débiles (millones de niños usados como “números” para garantizar el nacimiento de pocos afortunados) caerán por el camino.
Estas reflexiones no quitan en nada el valor y la dignidad de cada niño que nace con la FIV o con otras técnicas que puedan aplicarse en el futuro (inclusive la clonación). Pero un método no es juzgado por los resultados, sino por el nivel de respeto que muestre hacia todos los hombres, hijos y padres, pobres y ricos. Ese es el reto de la medicina de todos los tiempos, también de nuestro mundo tecnificado y global. Un mundo necesitado, hoy como siempre, de principios éticos que nos lleven a la justicia y respeto que merece cada uno de los seres humanos, también de los que son todavía embriones, seres minúsculos que inician el camino de la aventura humana.
Fernando Pascual
¿Por qué ocurre lo que ocurre?
Nuestro problema con la telebasura es que consumimos la te-levisión como consumimos la vida; y, ahora, consumimos la vida como consumimos la televisión. Emmanuel Mounier, en su Manifiesto al servicio del personalismo, escribió que «el con-sumo cultural descansa sobre la creación cultural, y la creación cul-tural es la obra, madurada en libertad, de personas singulares, o, para ciertas obras menores, de pequeñas comunidades de personas. En cuanto un organismo un poco pesado presione sobre esta es-pontaneidad creadora a imponer al Creador direcciones trazadas de antemano, en lugar de la ascesis personal de la que sólo él conoce los cambios y el ritmo, en el mejor de los casos se producirán buenos objetos en serie; pero obras, en absoluto. (...) Por encima o más allá de sí mismos, el artista, el pensador, el sabio, van a reconocer la reali-dad pictórica, musical, etc., que transmitirán en sus obras. Entre es-ta realidad y el hombre, la meditación personal es la única vía de co-municación posible. Cualquier obra, cualquier cultura que dirige su impulso hacia un fin situado por debajo de esta realidad, sigue siendo una obra o una cultura menor».
En la entrevista, en El Cultural, del pasado 3 de julio, de Lourdes Ventura a Gilles Lipovetsky, a la pregunta sobre la dirección del hi-perconsumo sin fronteras, el pensador francés señaló: «Hay que ha-cer un intento por ver la complejidad de las mutaciones en las diná-micas del consumo. Hacia finales de los 90 los observadores señala-ban una crisis en las sociedades de la abundancia: pérdida del apeti-to consumista, indiferencia por las marcas. Este titular apareció en L’Express: ¿Ysi nuestro fin de siglo anunciase el final de la sociedad de consumo? Nada más lejos. El cambio a un sistema globalizado de redes de información, la modificación de actitudes en el seno de nuestras sociedades y la búsqueda de la calidad de vida por encima de la acumulación de bienes surgen como algunas de las consideraciones que han modificado el tipo de sociedad de consumo vigente hasta los años 90. Estamos ante un nuevo rostro del consumo de masas, desde el punto de vista de la demanda. El perfil del consumidor hi-permoderno es flexible y nómada, volátil y transfronterizo, inesta-ble y fragmentado, exigente y ético. La observación y el control se de-berían focalizar sobre la presión creciente de la oferta, con unas téc-nicas de marketing cada vez más omnipresentes y sofisticadas; pero mi tarea consiste en realizar un análisis teórico y descriptivo del fe-nómeno, y advertir de sus metamorfosis». El pasado fin de semana hemos leído, en coincidencia argumental, en varios medios interesantes textos sobre la telebasura.
Para Victoria Camps, en el diario El País, «el Presidente de la ca-dena educativa francesa France 5, Jean Pierre Cottet, ha promo-vido un debate entre su equipo y un grupo de investigadores sobre la noción de consentimiento. A saber: ¿por qué ciertas personas consienten ir a exhibirse en los platós televisivos, y otras en con-templar la exhibición? El objetivo es discutirlo, no llegar a prohibir nada. Sencillamente, tratar de explicarse por qué ocurre lo que ocu-rre.
En nuestro país vecino son, por tradición, ilustrados. Reflexio-nan sobre lo que hacen, incluida la telebasura, de la que tampoco ellos han sabido librarse. Saben que es inútil e improcedente poner lími-tes y vetos explícitos a lo que es entendido y visto como un efecto de la libertad de expresión. La telebasura es un género indefinible, aunque reconocible de inmediato. Es la exhibición impúdica e in-controlada de la ordinariez y la grosería, la chabacanería y la vulgaridad, la humillación de los personajes, el lenguaje soez que se complace en una desinhibición desprovista de gusto y gracia. Pero al público parece gustarle. No sólo son programas que mantienen au-diencias envidiables, sino que sus contenidos y personajes desaforados son pasto que sirve de alimento a otros programas en princi-pio más cuidadosos. Todo se mezcla, y la degeneración hacia una te-levisión que es mera bazofia se vuelve imparable. ¿Se puede hacer algo? ¿Hay que hacerlo?»
Javier Lorenzo titulaba su artículo Un estercolero que deforma las mentes, en El Mundo del 20 de julio. Escribía: «Hay, pues, que encontrar otros métodos para eliminar esta repugnante marea que sur-ge de las pantallas. El primero, sin duda, es el de la educación. Una persona educada y con cierto criterio puede enredarse, ocasional-mente, en alguna de estas apestosas algas, pero jamás quedará atra-pado en ellas. Por el contrario, hay que convenir que existen muchas posibilidades de que los jóvenes que hoy berrean en el estudio de Crónicas marcianas, mañana sigan haciéndolo. Cuantas más per-sonas inteligentes rectamente formadas haya, menos telebasura ha-brá. Cuanta más telebasura haya, más pobres de espíritu surgirán.
Existen otros mecanismos que pueden aplicarse con más prontitud para acabar con esta lacra o, al menos, evitar que rebose. Uno de ellos sería la creación –¡ya!– de un Consejo Audiovisual, que es un me-canismo de control del que disponen todos los países occidentales a excepción de Luxemburgo y, obviamente, España. Es curioso que un Estado que se preocupa tanto por la salud física de sus ciudada-nos descuide de tal modo su salud mental, permitiendo alegremen-te que un medio tan poderoso e influyente campe a sus anchas, en-venenando los cerebros de varias generaciones. También sería con-veniente que todas las televisiones autonómicas pudieran captarse en abierto en todo el territorio nacional. Fragmentaría el mercado, aumentaría la oferta y fortalecería la cohesión del país. Asimismo, la iniciativa privada podría dar un paso al frente y crear un canal/es-tercolero donde se acumulasen todos estos productos. Canal Valdemingómez, podría llamarse, por ejemplo. Esto limpiaría un tanto el paisaje y permitiría a los directivos de las televisiones perder el pá-nico que les embarga y apostar por proyectos más interesantes».
Frente al hombre ser racional, el hombre como ser visual. Un ejercicio del que nos ha alertado Antón M. Espadaler, en su co-lumna de La Vanguardia del 19 de julio: «Leer, lo dijo bien claro Italo Calvino en sus propuestas para el próximo milenio, que ya es el presente, es imaginar. Pasarse, decía, una buena sesión de cine men-tal.
El mundo que se avecina, además, sirve a la mente imágenes ya fabricadas, las cuales, en consecuencia, no es necesario tomarse la fatiga de reconvertir. Ya vienen procesadas, y todo se hace más sen-cillo y placentero. Eso quiere decir que nadie va a quejarse. Al me-nos por un tiempo. Pero también quiere decir que el futuro es, des-de la óptica y los valores que hoy sostienen algunos, de los analfa-betos.
O sea, de los que ven en la escritura un sistema abstracto, abstruso e incómodo, pero que ya intuyen que llevan la enorme ventaja, sobre todos los de la letra, de llevar muchos años de en-treno en la nueva manera de moverse entre los llamados bienes culturales. Que también han cambiado lo suyo, para estar a la altura de los medios técnicos que les dan existencia y cobertura.
Permítanme que insista: escribir es raro, rígido, duro, fruto de la disciplina y una convención elaborada por gente distante y dis-tinguida. Entender sin palabras representadas en pantalla o sobre papel es un sueño. Un sueño muy antiguo. Tal vez el más antiguo y, por tanto, tal vez el más profundo de la Humanidad».
José Francisco Serrano
San Simeón el Estilita hizo levantar una columna en la plaza de su pueblo. Luego subió a ella para vivir en lo alto, lejos del mundo de los hombres. La columna era muy elevada; sobresalía del techo de las casas y por encima de las agujas de la catedral. Y sin embargo San Simeón no se sentía cerca de Dios. -¡Señor! -clamó en su angustia-. ¡Acércame a Ti! ... Y sucedió que con esa plegaria la columna se acortó un poco.
Siguió pidiendo San Simeón que Dios lo acercara a Él, y conforme pedía eso la columna se iba haciendo más y más corta, hasta que un día el santo se encontró a ras del suelo, junto a los hombres de los cuales había querido separarse. Entonces San Simeón aprendió algo: Mientras más cerca esta el hombre de su hermano, más cerca está de Dios.
Cuántos de nosotros al tratar de acercarnos a Dios olvidamos a aquellos que necesitan de Él. Es como hacernos médicos y no querer atender a ningún enfermo, sino que queramos estar en el consultorio con nuestros títulos dejando de lado a aquellos quienes nos necesitan. Recordemos que estamos dentro del mundo, y Dios nunca querrá que dejemos olvidados a quienes Dios mismos nos envía a hablar de Él.
Lecturas del 29-7-03 (Martes de la Semana 17)
SANTORAL: Santa Marta
Lectura del libro del Exodo 33, 7-11, 34, 5b-9. 28
Moisés tomó la Carpa, la instaló fuera del campamento, a una cierta distancia, y la llamó Carpa del Encuentro. Así, todo el que tenía que consultar al Señor debía dirigirse a la Carpa del Encuentro, que estaba fuera del campamento.
Siempre que Moisés se dirigía hacia la Carpa, todo el pueblo se levantaba, se apostaba a la entrada de su propia carpa y seguía con la mirada a Moisés hasta que él entraba en ella. Cuando Moisés entraba, la columna de nube bajaba y se detenía a la entrada de la Carpa del Encuentro, mientras el Señor conversaba con Moisés. Al ver la columna de nube, todo el pueblo se levantaba, y luego cada uno se postraba a la entrada de su propia carpa. El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo. Después Moisés regresaba al campamento, pero Josué -hijo de Nun, su joven ayudante- no se apartaba del interior de la Carpa.
El Señor descendió permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor.
El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad. El mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación.»
Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia.»
Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber. Y escribió sobre las tablas las palabras de la alianza, es decir, los diez Mandamientos.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 102, 6-7. 8-9. 10-11. 12-13 (R.: 8a)
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;
él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel. R.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente. R.
No nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.
Cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.
Como un padre cariñoso con sus hijos,
así es cariñoso el Señor con sus fieles. R.
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 36-43
Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.»
El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
¡El que tenga oídos, que oiga!»
Palabra del Señor.
Reflexión
Jesús explicó la parábola a sus discípulos diciendo: El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. Todo bien procede de Dios. Él es el que siembra en los corazones la buena doctrina y la vida del Reino. A Él debemos pedir todo lo bueno que necesitemos.
El campo somos cada uno de nosotros. Es nuestro corazón, en el cual pueden crecer tanto las semillas de trigo, como las de la cizaña. En él pueden crecer, tanto el bien como el mal.
Pero también el campo es el mundo entero, sin discriminaciones, exclusivismos o preferencias. La doctrina de Jesús es para todo el mundo. Nuestra Iglesia es Católica, que quiere decir universal.
Esta parábola nos invita a mirar cómo el Reino de Dios va madurando a través de toda la historia humana.
Jesús nos habla de un juicio... La espera de un juicio de Dios sobre el mundo era un elemento esencial de la predicación de los profetas. No debemos ver en ello un deseo de venganza de parte de las personas honradas que han sufrido el mal. El saber con certeza que nuestra vida va a ser juzgada por Aquel que ve el fondo de los corazones, es una de las bases de la visión cristiana de la existencia. Comprendemos así la importancia que tienen las decisiones que tomamos día tras día y que van trazando como un camino hacia la verdad o un rechazo de la luz.
Esta certeza choca a muchos de nuestros contemporáneos, así como en el pasado asustaba a muchos hombres. Por eso se han refugiado en creer en una serie de existencias después de la muerte, y que los pecados de la vida presente se pueden reparar en la siguiente. Se pone en duda la importancia de las elecciones que hacemos y desaparece el sentido del pecado junto con el de la presencia de Dios. Pronto se llega a dudar del valor único de nuestra vida y del valor único de la persona humana.
La semilla de la cizaña ha sido sembrada mezclándola con la del trigo. Las semillas del mal se confunden con las del bien. El mal no se presenta como mal, sino con apariencias de bien. De lo contrario, sería rechazado de entrada. Por eso tenemos que vivir en una vigilancia constante, para que en nuestras familias, en nuestro medio y en nosotros mismos no se arraiguen costumbres que parezcan inofensivas, pero que en el fondo son contrarias a la voluntad de Dios.
Vamos a pedirle hoy a María que siempre estemos atentos para dejar entrar en nuestros corazones, en nuestros hogares y en nuestro medio, solamente la buena semilla, y así poder participar una día en forma plena del Reino de Dios.
Oh Príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, Rey de las naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los corazones.
Oh Jesucristo, Príncipe pacífico,
somete a los espíritus rebeldes,
y haz que encuentren
rumbo los perdidos,
y que en un solo aprisco se congreguen.
Para eso pendes de una cruz sangrienta
y abres en ella tus divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón atravesado.
Glorificado seas, Jesucristo,
que repartes los cetros de la tierra;
y que contigo y con tu eterno Padre
glorificado el Espíritu sea. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas
SANTORAL: Santa Marta
Marta, cuyo nombre significa "atractiva" , era hebrea. Era hermana de Lázaro y de María. Al morir sus progenitores, los tres hermanos se repartieron los bienes y más tarde fueron a vivir juntos a Betania.
Cuando Jesús iba a dicho lugar, se hospedaba en la casa de los tres hermanos. Marta trajinaba de un lado a otro. Se la veía entrar y salir, unas veces llevando las viandas, otras colocando en la mesa la jarra de vino. Estaba en todo. Era la mujer solícita, hacendosa, buena ama de casa, llena de energía y actividad. Mientras tanto su hermana María se sentaba a los pies del Maestro, silenciosa, embelesada, oyendo sus palabras. Entonces Marta, dirigiéndose a Jesús, dijo:
- ¿No te parece mal, Señor, que mi hermana me deje sola en estas tareas? Dile que me ayude.
Jesús respondió:
- Marta, Marta, te afanas y te inquietas por demasiadas cosas. Pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que nadie le arrebatará.
Comprendió Marta que el Maestro no censuraba su actividad, sino su excesivo prodigarse en cosas externas; en tanto que María, dejados los otros menesteres, atendía a lo que más importa, que es oír la Palabra de Dios.
Tuvieron estas dos santas hermanas gran familiaridad con nuestro Señor. Estando Lázaro gravemente enfermo, enviaron a decirle : "Señor, el que amas está enfermo" Y aunque Jesús permitió que Lázaro muriese y estuviese cuatro días en el sepulcro, lo resucitó luego, llenando de alegría aquella casa. En esta ocasión pronunció aquellas famosas palabras: "Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre".
Después de la ascensión del Señor, los mismos que lo crucificaron desataron una cruel persecución contra los primeros cristianos.
Una tradición muy antigua, aunque carente de fundamento histórico, afirma que Marta, María y Lázaro, junto con otros fieles, consiguieron llegar en un navío a Marsella (Francia).