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27 de junio de 2005 |
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Dos nuevos sacerdotes para la grey del Señor
25 de junio de 2005- Ponce
El pasado sábado 25 de junio fueron ordenados P. Ferdinand y P. Francisco por manos de Mons. Félix Lázaro, Obispo de Ponce. La ceremonia comenzó a las 10:00 a.m. con la acostumbrada procesión a la parroquia Santa María Reina de este municipio. La ceremonia contó con la presencia de Mons. Roberto González Nieves, Arzobispo de la Arquidiócesis de San Juan, Puerto Rico. A continuación el texto íntegro de la homilía de Mons. Félix Lázaro.
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ORDENACIÓN SACERDOTAL DE FRANCISCO Y FERDINAND
Queridos Francisco y Ferdinand:
Recientemente, tan recientemente como el día 13 del pasado mes de mayo, el estrenado Papa, Benedicto XVI les decía a los presbíteros y diáconos de la diócesis de Roma, entre otras cosas, estas hermosas palabras que me gustaría sirviesen como fundamento y base del sacramento del Orden sacerdotal del que hoy vais a ser revestidos: "Es indispensable volver siempre de nuevo a Jesucristo, la raíz de vuestro sacerdocio".
No habéis sido ordenados todavía en el ministerio sacerdotal, lo seréis dentro de breves momentos, y os pido, repitiendo las palabras del Papa, que regreséis, que volváis siempre de nuevo a Jesucristo, la raíz de vuestro sacerdocio. En realidad, lo que quiero deciros es que Jesucristo es el fundamento y la razón del ministerio que váis a recibir. Que la razón por la que váis a recibir el orden del sacerdocio es Cristo, y que en El debéis siempre miraros como el origen y la raíz, eso es, la raíz, de la que arranca y florece vuestro ministerio. Somos sacerdotes en cuanto participamos del sacerdocio de Cristo, somos sacerdotes en cuanto operamos "in persona Christi". Somos sacerdotes en cuanto representantes del Único y Sumo Sacerdote que es Jesucristo.
Al ser ordenados sacerdotes me dirijo a vosotros con las palabras de Benedicto XVI, con el ánimo de que sean faro que ilumine vuestra andadura sacerdotal que vais a iniciar. Jesucristo es el enviado del Padre, El es la piedra angular. En El, en el misterio de su muerte y resurrección viene el Reino de Dios y se realiza la salvación del género humano.
"Esta es también la verdadera naturaleza del sacerdocio... no hemos sido enviados a anunciarnos a nosotros mismos o nuestras opiniones personales, sino el misterio de Cristo y, en El, la medida del verdadero humanismo... en hacernos eco y ser partidarios de una sola "Palabra", que es el Verbo de Dios hecho carne por nuestra salvación".
Creo que no se puede resumir mejor el fundamento y la naturaleza del sacerdocio, que con esta sola palabra, o mejor, con la "Palabra", con mayúscula: Jesucristo
Francisco y Ferdinand, vais a ser ordenados sacerdotes de Jesucristo. Esto lo dice todo. Jesucristo, quien enviado por el Padre, fue totalmente del Padre y para el Padre.
Al igual que Jesús, también vosotros estáis llamados a convertiros en enviados del Padre para anunciar la salvación, el misterio de Cristo en la Iglesia y para la Iglesia. El Señor os confía su cuerpo en la Eucaristía y os recomienda su Iglesia.
El sacerdocio ministerial tiene una relación constitutiva con el cuerpo de Cristo, en su doble e inseparable dimensión, de Eucaristía, e Iglesia. De ahí, que como recordaba el fenecido Papa Juan Pablo I1, la Eucaristía, la Santa Misa, debe ser, de modo absoluto, el centro de la vida y de la, jornada del sacerdote.
Y es que cuando se habla del cuerpo de Cristo, se refiere tanto a la Iglesia, como el cuerpo del que El es la cabeza, como al cuerpo que se nos da corno alimento, el pan de vida, el pan bajado del cielo.
Eucaristía e Iglesia, dos dimensiones de un mismo y único sacerdocio, del que habéis sido invitados a ser dispensadores y administradores y celosos custodios. Lo resumiré en estas palabras: Se os ordena para que seáis hombres de Eucaristía y hombres de Iglesia. Hombres de la Eucaristía, que hacéis de ella el centro de vuestra vicia y el centro y razón de ser de vuestro ministerio sacerdotal, y hombres de la Iglesia, que habéis sido llamados a construir y edificar la Iglesia. Hombres que amáis la Eucaristía y la Iglesia y las defendéis y custodiáis celosamente.
El Papa recuerda las palabras del Apóstol Pablo, en las que urge a poner en práctica el ministerio para el que ha sido llamado: "Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe, y ay de mí si no predico el Evangelio... Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda... Me he hecho esclavo todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (1 Cor 9,16-22).
Estas palabras que son el autorretrato de Pablo, debieran ser el ideal y espejo en el que mirarse todo sacerdote: libre de todos se hace esclavo de todos y se da todo a todos.
Esta entrega y disponibilidad tiene un costo personal: dar vuestro tiempo, vuestras energías, vuestras personas. De ahí que necesitaréis, para poder resistir y crecer como personas y como sacerdotes, la comunión íntima con Cristo, cuyo alimento era hacer la voluntad del Padre.
Por eso, el tiempo dedicado a estar en la presencia de Dios y a la oración, ha de ser una verdadera prioridad pastoral que deberéis tener muy en cuenta desde ahora y, me atrevo a deciros, desde ahora, la más importante. Los fieles quieren ver en el sacerdote un hombre de Dios, que les anuncia a Dios y que les lleva a Dios.
Nadie da lo que no tiene. La condición para que vuestro ministerio sea fecundo y reflejo de la luz de Cristo es estar iluminados vosotros mismos por esa luz. Sólo los "conquistados" por Cristo pueden "conquistar" a otros para Cristo.
Ser sacerdote significa no anteponer nada al amor a Cristo. "Es fundamental el testimonio de vida de los sacerdotes...la alegría que manifiestan por haber sido llamados por el Señor". (Benedicto XVI)
No es mera casualidad que vuestra ordenación tenga lugar en el Año de la Eucaristía. Más bien, diría yo, es un sello, una impronta que debiera reflejarse en vuestro ser y hacer sacerdotales. Que la Eucaristía se convierta en centro y razón de ser de vuestro sacerdocio. Recientemente, el arzobispo de Chieti Vasto en Italia, ha escrito una bella carta pastoral en la que entre otras cosas dice hablando de la misa, que "Quien vive de verdad la misa, gracias al encuentro con Cristo se hace también él cada vez mejor y más hermoso... La misa es una gran escuela de vida, una fuente extraordinaria de luz y belleza, un encuentro contagioso de amor. En ella experimentarnos la verdad de la buena nueva, que enardece el corazón". "La santa misa, dice también, es la escuela de la acción de gracias, el ejercicio fecundo de la gratitud del amor... El que es agradecido, se reconoce amado. Dar gracias es hermoso; dar gracias es alegría
Lo que trato de deciros es que no evadáis la maravillosa escuela que es la Eucaristía, escuela de la acción de gracias, escuela de la esperanza, escuela del amor, de la unidad, de la reconciliación.
Francisco y Ferdinand, no es pura coincidencia, es un signo, una señal de Dios, que si todo sacerdote está llamado a girar en torno a la eucaristía, es de una manera palpable y concreta que a vosotros os llama, teniendo como testigo esta asamblea aquí congregada, a convertiros, desde hoy, en apóstoles de la Eucaristía. Vivida primero hacia dentro, proyectada hacia fuera después.
Y no quisiera pasar por alto un don muy especial que recibe el sacerdote, el de la reconciliación, el poder de perdonar los pecados. Es curioso, uno de los pasajes más interesantes después de la Resurrección del Señor, tuvo lugar, según narra San Juan, cuando estando los Apóstoles encerrados en una casa por miedo a los judíos, Jesús se les apareció y sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos".
No sé por qué, pero al sacerdote se le suele identificar más con la Eucaristía que con el sacramento de la penitencia. Se le ve más celebrando la Misa que sentado en el confesionario. Permitidme que os diga, que no está reñido con lo que acabo de deciros, que la Eucaristía sea el centro y fundamento de vuestra vida. Pero también es cierto que el sacramento de la penitencia es el sacramento de la misericordia y del perdón, necesario para recibir dignamente la Eucaristía.
Para San Juan el perdón y la misericordia, son dones pascuales, fruto de la resurrección. De ahí que les dé a los Apóstoles la facultad de perdonar los pecados como primicia de los dones del Espíritu y ministerio que deberán ejercer ellos y sus sucesores, en la Iglesia y por medio de la Iglesia.
Apóstoles de la Eucaristía, y si, me permitís, apóstoles del sacramento de la reconciliación, en un mundo que necesita del perdón y de la misericordia, en un mundo que necesita del amor y de la eucaristía.
Que la Santísima Virgen María, bajo cuya advocación y mirada de Santa María Reina y en un día dedicado a Ella, como lo es el sábado, estáis siendo ordenados sacerdotes, os acompañe y os enseñe a ser discípulos aventajados de su Hijo, Cristo Jesús, hoy y siempre, de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote.+ Félix Lázaro 25/6/2005
Al final de la ceremonia Mons. Félix Lázaro felicitó y agradedeció a todos y en especial a los padres de los recién ordenados recalcando que es la familia y en especial los padres los principales responsables de las vocaciones al servicio de Dios. También recordó a los fieles que la diócesis de Ponce celebra sus 80 años de formación, celebración a la que invitó a todos a participar.
26 de junio de 2005 - Ponce
La parroquia Cristo Rey de Ponce se vistió de gala para celebrar los trenta años del nacimiento al Señor de san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Mons. Vicente Ariza, Vicario Regional de la Prelatura del Opus Dei en Puerto Rico, estuvo a cargo de la homilía. A continuación el texto de la misma.
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Excelencia Reverendísima, Mons. Félix Lázaro Martínez, Obispo de Ponce, Mons. Juan Rodríguez Orengo, hermanos míos en el sacerdocio, diáconos, seminaristas, hermanas y hermanos míos:
¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor! acabamos de leer en el salmo responsorial de la Misa de este Domingo. Ciertamente son muchos los motivos de agradecimiento a Dios que tenemos cada uno de nosotros. Y uno muy particular es el que nos reúne en este Templo: celebrar las maravillas de Dios en sus santos y hoy de modo especial en la vida fiel de san Josemaría, Fundador del Opus Dei.
I. Hoy se cumplen 30 años del día en que partió a la casa del Cielo. En su humildad nos decía que desde allí nos podría ayudar más, y cuánto lo hemos notado.
Treinta años para quienes hemos tenido la dicha de vivir con él en la tierra son ya un espacio de tiempo apropiado para el examen. Si hace todos esos años no podíamos ni pensar en perdernos ni un detalle de sus palabras y de sus obras, llenas de amor a Jesucristo, ahora ¿cómo estamos procurando ser fieles a todo aquello que aprendimos directamente del Fundador?
La fidelidad exquisita a todo lo que nos dejó esculpido es el único camino, para que los que hemos sido llamados por Dios al Opus Dei, podamos encontrar a Jesucristo.
- Los modos específicos de luchar interiormente para encontrar a Dios en el trabajo de cada día;
- la grandeza de esforzarnos por hacer un trabajo bien acabado;
- el procurar que los demás -nuestros compañeros- consigan acercarse más a Dios a través del trabajo;
- las prácticas diarias de piedad, el recurso a los Sacramentos sabiéndonos necesitados de la gracia de Dios;
- la generosidad en la oración y mortificación para sacar adelante todas las labores que el Señor pone en nuestras manos, etc. etc.;
son algunos de los muchos detalles, concretos y pequeños pero constantes, que san Josemaría nos enseñó para que supiésemos hacer de nuestra vida de cristianos corrientes una vida heroica de auténtica unión con Dios. Detalles que son fidelidad a nuestro Fundador y esa es la fidelidad que bendice el Señor.
Así se entiende mejor una anécdota de Mons. Álvaro del Portillo sucedida el 21 de agosto de 1981, en una tertulia con las pocas personas que en esos días le acompañaban. Uno de los presentes, tratando de recordar la fecha de un determinado hecho, dijo: "debió de ser en tiempos de nuestro Padre". Inmediatamente, don Álvaro, con la claridad, la delicadeza y el cariño que siempre caracterizaron su modo de actuar, comentó que esa expresión no era acertada, que usásemos otra, porque ‑añadió‑ «en la Obra siempre serán tiempos de nuestro Padre».
Efectivamente, hermanos míos: no debemos mirar a la vida heroica de san Josemaría como hacia una época pasada; somos “contemporáneos” suyos, no sólo porque sigue guiándonos desde el Cielo y a su ejemplo e intercesión nos acogemos cotidianamente, sino también porque hemos recibido en herencia el mensaje que Dios quiso entregarle y que hemos de mantener íntegra y fielmente, con toda la exigencia personal y el impulso apostólico que él tenía.
II. Esto es fidelidad. Y, dentro de esa fidelidad a la herencia que san Josemaría nos dejó, brilla de un modo especialísimo su amor a la Sagrada Eucaristía.
Precisamente en este año de la Eucaristía se cumplen los 70 años desde que quedó reservado por primera vez el Santísimo en un Centro del Opus Dei. Fue un acontecimiento largamente esperado y para el cual pidió muchísimas oraciones.
San Josemaría notaba la necesidad de tener al Señor entre ellos. Desde que se instaló la primera residencia en Madrid, ya había reservado para el oratorio la mejor habitación de la casa. Al principio, es decir, a fines de septiembre 1934, solamente se colocó en esa habitación una mesa con un crucifijo y dos candeleros, un banco grande -partido en dos- y una imagen de Nuestra Señora, muy estilizada. Hablando de ello, contaba que los muchachos se reunían en la mejor habitación de la casa para rezar el Rosario o hacer un rato de oración. Como hacía mucho frío, habíamos colocado un radiador que caldeaba un poco la estancia.
Transcurrieron varios meses. A veces, aludiendo al intenso frío del invierno, que les llevaba a agruparse en torno al radiador mientras rezaban, alguno de los muchachos preguntaba a nuestro Fundador, con su chispa de gracia:
‑Padre, ¿cuándo dejaremos de rezar a san radiador?
San Josemaría sonreía comprensivo ante esas expresiones quizá impacientes ‑que no eran falta de respeto: por el contrario, tenían que agradar mucho al Señor‑, al tiempo que les animaba a seguir rezando.
Por fin, el 31 de marzo de 1935 se celebró la primera Misa en el oratorio de la Residencia de la calle Ferraz, y Jesús Sacramentado quedó reservado en el Sagrario. Junto a una inmensa alegría, nuestro Fundador sentía una gran pena, por no poder dar al Señor un tabernáculo y unos vasos sagrados más dignos. Para suplir esa pobreza real, estaba el gran amor a Dios que le movía y que sabía ‑con la ayuda divina‑ encender en tantas almas.
Dos días después de celebrar la primera Misa, nuestro Fundador escribía a don Francisco Morán, Vicario General de la diócesis de Madrid agradeciendo sus gestiones y prometiendo rezar por él en la Misa: Mi muy querido y venerado señor Vicario: Muy pocas líneas, porque me duele molestar a V. E., para darle cuenta de la Obra.
Desde que tenemos a Jesús en la Sagrario de esta Casa, se nota extraordinariamente: venir El, y aumentar la extensión y la intensidad de nuestro trabajo.
Hermanas y hermanos míos: la eficacia apostólica impresionante de san Josemaría sabíamos que procedía de su amor a Jesús en la Eucaristía. Nunca se acostumbró a tratarle y nosotros no podemos acostumbrarnos tampoco. Para él –cuantas veces nos lo decía y lo dejó escrito- el Sagrario era Betania, “el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro. Por eso, al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo, me da alegría descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia; es un nuevo Sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al Señor Sacramentado”[1]. Por eso decía también con tanta frecuencia que el Sagrario ha de ser como un imán, que hemos de sentir la necesidad de acudir allí muchas veces al día, aunque sea un instante.
Procuremos fomentar en estos meses el trato con Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. Cada una y cada uno puede y debe buscar su modo propio de honrar a Jesús Sacramentado, en sintonía con los consejos que reciba en la dirección espiritual y las necesidades específicas de su alma. En cualquier caso, han de ser para todos una ocasión bien aprovechada para poner en ejercicio nuestro deseo de estar con Jesús.
Cuando un hombre demuestra con su vida -y eso es lo se descubría al vivir con el Fundador del Opus Dei- que está enamorado de Jesucristo, este modo de comportarse entusiasma, enciende, alegra y empuja a la entrega: y eso es el apostolado.
Hermanas y hermanos míos: ayuden a sus parientes y amigos a comportarse de este modo: por ejemplo, recuérdenles –porque lo vivan ustedes- que acercarse al Sagrario para saludar al Señor, cuando entran en una iglesia, desde el punto de vista sobrenatural constituye una demostración práctica de fe en su presencia real; y desde el punto de vista humano supone una señal de buena educación: es poner en práctica esa urbanidad de la piedad que san Josemaría tanto recomendaba (Cfr. Camino, n. 541).
Termino con una cita de nuestro amadísimo Juan Pablo II. Pero antes quisiera pedirles que recemos por la inminente apertura del proceso de Beatificación de este gran Papa. Quiera el Señor que sea un ejemplo elocuente y un gran estímulo para que muchas personas busquen decididamente la santidad. Pues bien, Juan Pablo II, el Grande, nos hacía considerar en su Encíclica Ecclesia de Eucharistía como “María es mujer eucarística con toda su vida” y por tanto “puede guiarnos hacia este sacramento porque tiene una relación profunda con él…”[2]. Así se manifiesta en uno de los episodios de su vida:
“Cuando en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» -el primer «tabernáculo» de la historia- donde el Hijo de Dios todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como «irradiando» su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?[3]
Hermanas y hermanos míos, en estas tan tiernas, verdaderamente conmovedoras y a la vez profundas palabras se palpa, se hace evidente como el trato personal con Jesucristo en la Eucaristía es la premisa indispensable para que se vuelva realidad en nuestra conducta la gran aspiración de ser fieles tanto al amor de Dios como a los amores grandes de la tierra.
Amén.
[1] Es Cristo que pasa, 154[2] Cfr. Juan Pablo II, Litt. enc. Ecclesia de Eucahristia, 17-IV-2003, n. 53.[3] Ibid, n. 55.Mons. Vicente Ariza 26/6/2005
Al finalizar la ceremonia Mons. Felix Lázaro, Obispo de Ponce hizo un balance de la virtud de la fidelidad.
Hugo Chávez crea una empresa petroquímica independiente en Venezuela
CARACAS.El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, informó ayer de la creación de una nueva compañía petrolera a nivel nacional y prometió construir numerosas casas de plástico para albergar a los más pobres. Chávez afirmó que la nueva Corporación Venezolana Petroquímica producirá desde plásticos hasta fertilizantes y operará con independencia de la estatal Petroleros de Venezuela S. A. (PDVSA).
Durante su visita a una planta petroquímica en el estado de Zulia, el ex teniente coronel anunció su intención de «convertir a Venezuela en una potencia petroquímica». «Desde hoy, Pequiven, como se llamará la nueva compañía, es independiente», agregó. En cuanto a la construcción de casas de plástico para los más desfavorecidos, Chávez lo consideró una solución económica, ya que costaría un 35 por 100 menos que construir viviendas con otros materiales.
Retirada en 2021
En este sentido, responsables venezolanos firmaron anteayer una serie de acuerdos para proyectos petroquímicos, incluido uno relativo a la construcción de casas de plástico. Los responsables señalaron que serían capaces de producir 1.300 casas de plástico este año y cerca de 30.000 el año que viene. «Guardadme una para 2021», afirmó Chávez, quien ha asegurado que se retirará cerca de ese año, una vez que su «revolución social» para los pobres haya logrado sus objetivos.
Venezuela es el quinto país del mundo en exportaciones de petróleo, aunque su industria petroquímica ha quedado relegada tradicionalmente a un segundo plano.
Hugo Chávez advirtió asimismo este sábado que las transnacionales petroleras con las que Venezuela tiene convenios en el país deben pagar regalías de un 16,6 ó 30 por 100, según el caso, o irse del país. «Se ponen bravos porque estamos aplicando la ley (...) Bueno, caballero, páguennos lo que decía la ley. El que no esté de acuerdo, agarre sus macundales (enseres) y lárguese de aquí. No nos hace falta», dijo.
El gobierno venezolano aumentó a las empresas petroleras extranjeras (que tienen 32 convenios) el impuesto sobre la renta de un 36 por 100 a un 50 por 100 y las regalías de un 1 por 100 a 16, 6 por 100, a partir de las disposiciones de la Ley de Hidrocarburos que entró en vigor en 2001.
Caracas considera que las petroleras, además de no pagar la regalía establecida, están evadiendo impuestos y el organismo recaudador Seniat dijo que sólo por concepto del Impuesto sobre la Renta (ISLR) hay una deuda de 2.000 millones de dólares. Entre las trasnacionales que figuran en estos convenios están la estadounidense ChevronTexaco, la británica British Petroleum y la española Repsol YPF.
El Hubble capta una explosión en el cometa Tempel 1, contra el que se estrellará la 'Deep Impact' el 4 de julio
WASHINGTON | MADRIDEl telescopio Hubble ha captado una espectacular imagen del cometa Tempel 1, contra el que se estrellará una nave de la NASA el próximo 4 de julio, justo en el momento en que este meteorito era sacudido por una fuerte explosión de gas y polvo.
La explosión puede ser un 'calentamiento' de lo que los astrónomos podrán observar el próximo 4 de julio, cuando la sonda espacial Deep Impact, de la NASA, se estrelle contra el Tempel 1, para que los científicos puedan observar por primera vez el interior de un meteorito como éste.La colisión, calculan los científicos, provocará una 'cola de polvo' similar a la que el Hubble ha captado en el Tempel 1.
El telescopio, una de las joyas de la NASA, está situado a unos 120 millones de kilómetros del Tempel 1, pero será uno de los mejores situados para observar 'de cerca' la colisión. Sus telescopios ya transmiten desde hace días imágenes de la Deep Impact acercándose hacia su objetivo contra el que se estrellará.
Las dos imágenes publicadas fueron tomadas el pasado 14 de junio, con algunas horas de diferencia. En una de ellas se ve el cometa justo antes de la explosión de polvo, y la otra muestra la nube de polvo que se generó después, que se extiende por unos 2.200 kilómetros a lo largo de la superficie del meteorito.
Después de un viaje de 173 días y 431 millones de kilómetros, la nave Deep Impact dejará caer el pequeño proyectil que se estrellará contra el cometa Tempel 1 el próximo 4 de julio, coincidiendo con la celebración en Estados Unidos del Día de la Independencia.
Los cometas sufren con cierta frecuencia este tipo de explosiones, aunque los astrónomos no están seguros del motivo de que se produzcan. Podría ser porque el Tempel 1 se mueve en dirección al sol y el calor, cada vez mayor, podría haber abierto una grieta en la rocosa superficie del cometa, que permitiría al gas y el polvo que 'escaparan' del interior.
Los astrónomos esperan que la colisión del 4 de julio les permita conocer más acerca del núcleo de los cometas y el material que lo componen, formado hace millones de años. Los cometas son una especie de 'bolas de polvo y sedimentos' hechas de hielo y roca.
La relación Iglesia-Estado, según Benedicto XVI
Discurso al presidente de Italia, Carlo Azeglio Ciampi
ROMA, viernes, 24 junio 2005Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este viernes al presidente de la República Italiana, Carlo Azeglio Ciampi, en la visita de Estado que cumplió a su residencia del Palacio del Quirinal.
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¡Señor presidente!
Tengo la alegría de intercambiar hoy la cordial visita que usted, en calidad de jefe del Estado italiano, quiso hacerme el 3 de mayo pasado con motivo del nuevo servicio pastoral al que el Señor me ha llamado. Por este motivo, deseo ante todo darle las gracias y, a través suyo, agradecer al pueblo italiano la cálida acogida que me ha ofrecido desde el primer día de mi servicio pastoral como obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal. Por mi parte, quiero asegurar ante todo a los ciudadanos romanos, y después a toda la nación italiana mi compromiso por trabajar con todas las fuerzas por el bien religioso y civil de aquellos a quienes el Señor ha confiado a mi atención pastoral. El anuncio del Evangelio, que en comunión con los obispos italianos estoy llamado a llevar a Roma y a Italia, no sólo está al servicio del crecimiento del pueblo italiano en la fe y en la vida cristiana, sino también de su progreso en las sendas de la concordia y de la paz. Cristo es el Salvador de todo el hombre, de su espíritu y de su cuerpo, de su destino espiritual y eterno y de su vida temporal y terrestre. Cuando su mensaje es acogido, la comunidad civil se hace también más responsable, más atenta a las exigencias del bien común y más solidaria con las personas pobres, abandonadas y marginadas. Repasando la historia italiana, impresionan las innumerables obras de caridad a las que ha dado vida la Iglesia, con grandes sacrificios, para el alivio de todo tipo de sufrimiento. En este mismo camino, la Iglesia pretende continuar hoy, sin buscar el poder y sin pedir privilegios o posiciones de ventaja social o económica. El ejemplo de Jesucristo que «pasó haciendo el bien y curando a todos» (Hechos 10, 38), es para ella la norma suprema de conducta en medio de los pueblos.
Las relaciones entre la Iglesia y el Estado italiano están basadas en el principio enunciado por el Concilio Vaticano II, según el cual «la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre» («Gaudium et spes», 76). Se trata de un principio que ya estaba presente en los Pactos Lateranenses y que después fue confirmado en los Acuerdos de modificación del Concordato. Por tanto, es legítima una sana laicidad del Estado en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según sus propias normas, sin excluir sin embargo esas referencias éticas que encuentran su último fundamento en la religión. La autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que se derivan de una visión integral del hombre y de su eterno destino.
Quiero asegurarle a usted, señor presidente, y a todo el pueblo italiano que la Iglesia desea mantener y promover un cordial espíritu de colaboración y de entendimiento al servicio del crecimiento espiritual y moral del país, al que está ligada por vínculos sumamente particulares, que sería gravemente dañino tratar de debilitar o romper no sólo para ella, sino también para Italia. La cultura italiana es una cultura íntimamente impregnada de valores cristianos, como lo muestran las espléndidas obras maestras que la nación ha producido en todos los campos del pensamiento y del arte. Mi deseo es que el pueblo italiano no sólo no reniegue de la herencia cristiana que forma parte de su historia, sino que la custodie celosamente y con ella siga produciendo frutos dignos de su pasado. Confío en que Italia, bajo la sabía y ejemplar guía de quienes están llamados a gobernarla, siga desarrollando en el mundo la misión civilizadora en la que tanto se ha distinguido a través de los siglos. En virtud de su historia y de su cultura, Italia puede ofrecer una contribución sumamente válida en particular a Europa, ayudando a que redescubra esas raíces cristianas que le han permitido ser grande en el pasado y que pueden seguir favoreciendo hoy la unidad profunda del continente.
Como usted puede comprender, señor presidente, el inicio de mi servicio pastoral en la cátedra de Pedro está acompañado por numerosas preocupaciones. Entre ellas, quisiera señalar algunas que, por su carácter universalmente humano, no pueden dejar de interesar a quien tiene la responsabilidad de la cosa pública. Quiero hacer alusión al problema de la defensa de la familia fundada sobre el matrimonio, como está reconocida también en la Constitución italiana (artículo 29), al problema de la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural y, por último, al problema de la educación y por consiguiente de la escuela, gimnasio indispensable para la formación de las nuevas generaciones. La Iglesia, que está acostumbrada a escrutar la voluntad de Dios inscrita en la naturaleza misma de la criatura humana, ve en la familia un valor importantísimo, que tiene que ser defendido de todo ataque orientado a socavar su solidez y a poner en tela de juicio su misma existencia.
En la vida humana la Iglesia reconoce un bien primario, presupuesto de todos los demás bienes, y pide por ello que sea respetada tanto en su inicio como en su ocaso, si bien subrayando el deber de adecuados tratamientos paliativos que hagan más humana la muerte.
Por lo que se refiere a la escuela, su función está ligada a la familia como natural prolongación de la tarea formativa de ésta última. En este sentido, dejando clara la competencia del Estado para emanar las normas generales de la educación, no puedo dejar de expresar el deseo de que se respete concretamente el derecho de los padres a una libre opción educativa, sin tener que soportar por ello un ulterior peso.
Confío en que los legisladores italianos, en su sabiduría, sepan dar a estos problemas soluciones «humanas», es decir, respetuosas de los valores inviolables que implican.
Expresando por último el deseo de un continuo progreso de la nación, por el camino del bienestar espiritual y material, me uno a usted, señor presidente, para exhortar a todos los ciudadanos y a todos los componentes de la sociedad a vivir y trabajar siempre con espíritu de auténtica concordia, en un contexto de diálogo abierto y de mutua confianza, con el compromiso de servir y promover el bien común y la dignidad de toda persona.
Quiero concluir, señor presidente, recordando la estima y el afecto que el pueblo italiano siente por su persona, así como la plena confianza que tiene en el cumplimiento de los deberes que su altísimo cargo le imponen. Tengo la alegría de unirme a esta estima afectuosa y a esta confianza, mientras le encomiendo a usted y a su esposa, la señora Franca, así como a los responsables de la vida de la nación y a todo el pueblo italiano, a la protección de la Virgen María, tan intensamente venerada en los innumerables santuarios a ella dedicados. Con estos sentimientos, invoco la bendición de Dios sobre todos, portadora de todo bien deseado.
Dos horas y media en la manifestación, acompañado por más de un millón y medio de personas, da que pensar y que recordar. Por ejemplo, aquel texto del entonces cardenal Joseph Ratzinger, publicado en el libro Imágenes de la esperanza (Ediciones Encuentro), dedicado a Wolfgang de Regensburg: un santo europeo. Dice así: «La santidad no es hoy un tema que atraiga especialmente a los hombres o que les parezca importante. Lo que hoy buscamos suena mucho más prosaico, mucho más modesto: credibilidad. Nuestro siglo ha visto continuamente la caída de poderosos que antaño parecían estar en una altura inalcanzable y que ahora, de repente, privados de su esplendor, se sentaban en el banquillo de los acusados de la Historia.
La confianza se ha visto destruida continuamente, y, así, el espíritu de confianza amenaza, en general, con ir desapareciendo progresivamente. Los detractores del hombre y los detractores de Dios, del Creador, encuentran un campo amplio: basta con deshojar la apariencia hermosa para que, tras toda moral y tras toda dignidad, se manifieste siempre la misma miseria. Así, la autoridad se va haciendo poco a poco imposible, y esto parece ser, por de pronto, una victoria de la libertad. Pero, en realidad, el mundo sólo se hace más oscuro y más pobre cuando ya no se puede regalar confianza. Por eso buscaremos continuamente con la mirada a personas creíbles, que sean por dentro lo que representan por fuera. Sólo si las encontramos se podrá superar el tedio político y el cansancio eclesial.
¿Cómo debiera ser realmente el político creíble, lo mismo que el pastor creíble? En una crisis parecida de confianza de la sociedad, Platón dijo que la ceguedad de la política ordinaria se fundaba en que sus representantes luchaban por el poder como si fuera un gran bien. El verdadero político debía ser un hombre que hubiera penetrado este afán de parecer y aparentar. Debía ser un hombre que entendiera la política como servicio y que la tomara sobre sí como carga, como una renuncia a lo más grande que ha saboreado: la belleza del conocer, el estar libre para la verdad. Los criterios para el pastor adecuado dentro de la Iglesia no son esencialmente diferentes.
Quien ambicionara el sacerdocio o el episcopado como un incremento de poder y de autoridad, lo habría entendido radicalmente mal. Quien con tales ministerios quiera ante todo llegar a ser algo, será siempre siervo de la opinión pública. Debe adular para seguir teniendo prestigio. Debe acomodarse. Debe llevar la corriente a la gente. Se ha de acomodar a las corrientes cambiantes, y de ese modo se queda sin verdad, pues mañana debe condenar lo que hoy ha alabado. Tampoco ama, en realidad, a los hombres, sino, en definitiva, sólo a sí mismo: pero, al mismo tiempo, se pierde también a sí mismo por la opinión que precisamente ahora es la predominante. No necesito continuar con tal descripción; por desgracia, sabemos más que suficiente de este tipo de conducta por toda clase de acontecimientos de la vida pública.
Volvamos a la pregunta sobre el pastor creíble. ¿Cómo ha de ser? Ala credibilidad pertenece, en todo caso, la concordancia de exterior e interior. Pero eso no basta. Pues en este sentido también es creíble una persona mala que se confiesa abiertamente como tal. A la verdadera credibilidad pertenece que el interior de tal persona corresponda al verdadero sentido de la condición humana.
Podemos decir sencillamente: quien quiera parecer bueno al exterior, primero, y sobre todo, debe ser bueno por dentro. Y bueno es el hombre que es tal y como Dios ha imaginado al hombre. Bueno es el hombre que es conforme a Dios: el hombre en quien brilla algo de la luz de Dios. Bueno es el hombre que no tapa con su propio yo la luz de Dios, no se interpone, sino que deja que Dios se trasluzca, haciéndose él a un lado. Así, el camino de la exigencia de credibilidad conduce por sí mismo de vuelta a la palabra santidad, siempre y cuando la entendamos correctamente, en su sencillez originaria (...).
Ya he dicho que un sacerdote u obispo no debe buscar en este servicio su propia autoridad, su propia promoción existencial. San Agustín contó en una ocasión que, tras su ordenación sacerdotal, había llorado en silencio, no sólo porque había perdido la hermosa libertad del filósofo, sino también debido a un saber apremiante: ahora ya no llevas sólo tu carga, debes ayudar a llevar las de los demás; ahora no debes rendir cuentas sólo de tu propia vida, también se te preguntará por los muchos que te han sido confiados: ¿podré perseverar en ello?, ¿seré capaz de servirles como merecen?»
El Mundo
En el Foro de debate, de El Mundo, el pasado sábado, 18 de junio, el cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid, señaló lo siguiente a la preguta de los periodistas: «Justino Sinova: ¿Cuáles han sido las razones por las que usted y otros miembros de la Conferencia Episcopal van a asistira la manifestación?
La contestación más directa es apoyar a las organizaciones familiares que la convocan. Desde el punto de vista del ordenamiento jurídico, la familia queda absolutamente desprotegida con la modificación legal que se quiere hacer. Nuestra intención es apoyarles desde el punto de vista doctrinal, desde el punto de vista de su presencia en la sociedad y apoyarles también desde el punto de vista personal; en el fondo, muchos de ellos son católicos, y creo yo que merecen ese apoyo por nuestra parte. Es evidente que, desde el punto de vista doctrinal e intelectual, nuestro apoyo ya lo tienen, porque en este punto la doctrina de la Iglesia no es nada equívoca, sino todo lo contrario, ha sido siempre clara».
José Francisco Serrano
LA CANCIÓN DE DIOS
Un organista de la iglesia estaba practicando una pieza de Felix Mendelssohn y no estaba tocando muy bien. Frustrado, recogió su música y se dispuso a irse. No había notado a un extraño que se había sentado en un banco de atrás.
Cuando el organista se dio la vuelta para irse, el extraño se le acercó y le preguntó si él podía tocar la pieza. El organista respondió bruscamente: «Nunca dejo que nadie toque este órgano.» Finalmente, después de dos peticiones amables más, el músico gruñón le dio permiso con renuencia.
El extraño se sentó y llenó el santuario de una hermosa e impecable música. Cuando terminó, el organista preguntó: «¿Quién es usted?» El hombre contestó: «Yo soy Felix Mendelssohn.» El organista por poco impide al creador de la canción que tocara su propia música.
Hay veces en que nosotros también tratamos de tocar los acordes de nuestra vida e impedimos a nuestro Creador que haga una música hermosa.
Igual que el obstinado organista, quitamos las manos de las teclas con renuencia. Como pueblo Suyo, somos «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano» (Efesios 2:10). Pero nuestras vidas no producirán una música hermosa a menos que le dejemos obrar a través de nosotros.
Lecturas del 27-6-05 (Lunes de la Semana 13)
SANTORAL: San Cirilo de Alejandría
Lectura del libro del Génesis 18, 16-33
Los hombres salieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, y Abraham los acompañó para despedirlos.
Mientras tanto, el Señor pensaba: «¿Dejaré que Abraham ignore lo que ahora voy a realizar, siendo así que él llegará a convertirse en una nación grande y poderosa, y que por él se bendecirán todas las naciones de la tierra? Porque yo lo he elegido para que enseñe a sus hijos, y a su familia después de él, que se mantengan en el camino del Señor, practicando lo que es justo y recto. Así el Señor hará por Abraham lo que ha predicho acerca de él.»
Luego el Señor añadió: «El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su pecado tan grave, que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré.»
Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se quedó de pie frente a Abraham. Entonces Abraham se le acercó y le dijo: «¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?»
El Señor respondió: «Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos.»
Entonces Abraham dijo: «Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?»
«No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco», respondió el Señor.
Pero Abraham volvió a insistir: «Quizá no sean más que cuarenta.»
Y el Señor respondió: «No lo haré por amor a esos cuarenta.»
«Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente treinta.»
Y el Señor respondió: «No lo haré si encuentro allí a esos treinta.»
Abraham insistió: «Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que veinte.»
«No la destruiré en atención a esos veinte», declaró el Señor.
«Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez.»
«En atención a esos diez, respondió, no la destruiré.»
Apenas terminó de hablar con él, el Señor se fue, y Abraham regresó a su casa.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 10-11 (R.: 8a)
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura. R.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente. R.
No nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por os que lo temen. R.
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 18-22
Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que
cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo
sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a
enterrar a mi padre.»
Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
Palabra del Señor.
Reflexión
Este pasaje del Evangelio está también relatado en los evangelios de San Marcos y San Lucas.
San Mateo nos presenta a dos personas que pretenden seguir al Señor. El primero se acerca al Señor lleno de buenas intenciones. Ante esa muestra de generosidad, Jesús quiere dejarle en claro el género de vida que le espera si de verdad le sigue, para que no se llame a engaños.
Al segundo, San Marcos nos dice que es el mismo Señor que le llama: Sígueme, le dice. Es posible que el discípulo estuviera dispuesto a responder al llamado de Jesús, pero no en ese momento porque tenía que cuidar a su padre.
No se da cuenta de que, cuando Dios llama, ese es precisamente el momento más oportuno.
Cuando Jesús dice Sígueme, no se está refiriendo a la necesidad de dejar las cosas o el estado que uno tiene, sino que se refiere a una conversión interior. A hacer las cosas de todos los días con un sentido sobrenatural.
La expresión “seguir a Jesús” adquiere en el Nuevo Testamento un alcance preciso: Seguir a Jesús es ser su discípulo. Ocasionalmente las multitudes le siguen. Pero son los verdaderos discípulos los que le siguen de un modo permanente, siempre. De tal modo que existe una equivalencia entre “ser discípulo de Jesús” y “seguirle”. Por el hecho de ser bautizado, todo cristiano es llamado a ser plenamente discípulo del Señor. Es por eso que no solamente un sacerdote o una religiosa siguen a Jesús. También está llamado a hacerlo todo cristiano corriente.
El hombre se define por la vocación recibida. Cada hombre es aquello para lo que Dios lo ha creado, y la vida humana no tiene otro sentido que ir conociendo y realizando libremente esa voluntad divina.
Todos hemos recibido una llamada a conocer a Dios, una invitación a tener un trato personal con El..., a la oración. Una llamada a hacer de Cristo el centro de nuestras vidas, a seguirle.
A tomar siempre las decisiones tomando en cuenta su querer. Una llamada a conocer a los demás hombres como personas e hijos de Dios, y por lo tanto a superar nuestros egoísmos, y a amar y preocuparnos por nuestro prójimo.
La fidelidad a la propia vocación nos lleva a responder a las llamadas que Dios nos hace a lo largo de nuestras vidas. Por lo general se trata de una fidelidad en las cosas pequeñas. De amar a Dios en el trabajo, en las alegrías y en las penas. De rechazar con firmeza aquello que signifique de alguna manera mirar donde no podemos encontrar a Jesús.
Pidamos a la Virgen María que nos ayude a seguir siempre de cerca a Jesús, su Hijo.
Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.
Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.
Para nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.
Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén
Himno de la Liturgia de las Horas
SANTORAL: San Cirilo de Alejandría
Cirilo, cuyo nombre significa "señorial", nació en Alejandría y se formó - bajo la dirección espiritual de su tío, el patriarca Teófilo- en el conocimiento de los autores antiguos y en los escritos de Orígenes y de Atanasio. Conoció los eremitorios del desierto egipcio mediante su trato con los anacoretas y en el año 412, a la muerte de Teófilo, alcanzó la mayor dignidad, al ser nombrado patriarca de Egipto, cargo que ejerció durante más de treinta años.
Era de temperamento autoritario, obstinado e impulsivo, pero practicó siempre la caridad, resolvió todas las cuestiones que le tocó dirimir con la más estricta justicia y se destacó por la pureza de su ortodoxia al intervenir de manera decisiva en la interpretación de la doctrina cristiana.
En el año 428 surgió la herejía nestoriana. La comprensión de una palabra provocó la contienda: Theotókos, que significa en griego "madre de Dios". En Constantinopla -capital entonces del Imperio romano de Oriente, de la cual era patriarca Nestorio- un clérigo sostuvo en un sermón que tal denominación de la Virgen María era absurda. Aunque el pueblo se manifestó contra él, Nestorio se puso de su parte, agravando el conflicto, y el emperador y la mayor parte de los cortesanos hicieron causa con el patriarca.
San Cirilo fue el primero que salió a rebatir aquella teoría -que negaba la doctrina de la encarnación y la unión real de las dos naturalezas: la humana y la divina, en Cristo-; lo hizo mediante homilías a los fieles y cartas al heresiarca. Y tan tenazmente lo combatió que el emperador llegó a amenazarlo, considerándolo un agitador del pueblo. Cirilo envió al papa Celestino I un detallado informe sobre la cuestión. Después de un prolijo examen, fue encargado nuestro santo de llevar a Nestorio la resolución pontificia, conminándolo a una retractación pública.
Nestorio permaneció obsecado en el error, defendiéndose con sutilezas y vaguedades. Se dedicó, por último, para dirimir la cuestión, celebrar un concilio. El Papa nombró sus legados, designando como su principal representante a Cirilo; el emperador lo convocó para el mes de junio del año 431, en Éfeso, siendo el tercer sínodo universal que se celebró.
Al término del mismo, se dio la sentencia, condenando y excomulgado a Nestorio, en medio del entusiasmo y alegría del pueblo, que mantuvo los festejos toda la noche. Se organizó una procesión con antorchas que se dirigió a la iglesia de Santa María de aquella ciudad. Fue entonces cuando por primera vez se pronunció la plegaria del avemaría: "Santa María, Madre de Dios".
Murió en Alejandría en el año 444, el 27 de junio. En 1882 el papa León XIII lo declaró doctor de la iglesia.