Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
27 de abril de 2001
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"El que conoce su historia no está obligado a que se la repita"

 


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Rumbo a Roma la delegación oficial

LLENOS DE alegría por ser parte de un momento histórico, los miembros de la delegación oficial de la Iglesia Católica partieron ayer hacia el Vaticano, donde el Papa Juan Pablo II declarará beato a Carlos Manuel Rodríguez el domingo.

Más de 300 personas, el grupo de peregrinos más grande que se traslada a Roma, se reunieron frente al terminal de Ponce Airlines para recibir los pases para abordar el avión fletado ("chartered") que los trasladaría a Roma. El vuelo partió a las 7:50 p.m.

La delegación iba acompañada del arzobispo de San Juan, monseñor Roberto González Nieves, quien dijo estar jubiloso por ser parte de "la beatificación de un hijo de esta patria".

Rodríguez, quien era laico, se convertirá en el primer beato del Caribe.

"El fue un mensajero de la paz, de Cristo resucitado, un gran profeta de la Pascua de Resurrección", señaló.

Horas antes de que el vuelo despegara, González Nieves les impartió la bendición a los presentes. Mientras el grupo se organizaba antes de abordar el avión, algunos cantaban y otros comentaban lo afortunados que se sentían.

"Me siento por las nubes; esto es historia para Puerto Rico", dijo María Teresa Rosado, quien formaba parte de un grupo de feligreses de la Catedral de San Juan, mientras sostenía una enorme bandera de Puerto Rico a la cual adhirió una imagen del venerable Carlos Manuel.

González Nieves dijo que "muchas personas han puesto en las manos intercesoras de Carlos Manuel la causa de la paz y la justicia viequenses".

Nada sobre Vieques al Papa

Explicó que no dialogará con el Santo Padre sobre Vieques, pero sí se reunirá con varios de sus asesores a quienes les planteará el tema. Comentó, además, que en la misa de beatificación participará un seminarista puertorriqueño, a quien identificó como Tomás González.

Ayer también partió hacia Roma la delegación de la Diócesis de Caguas, la cual iba acompañada por el obispo Rubén González.

"Este es un momento bien especial para todos los que hemos sido tocados por Carlos Manuel", les dijo el obispo cagüeno a los presentes.

Dijo que cuando regrese de Roma comenzará "la gran etapa de la canonización y el traslado de los restos del beato de la abadía de San Antonio Abad en Humacao a la Catedral de Caguas".

Esta ceremonia tendrá lugar el 27 de mayo.

En la delegación de Caguas también viajaban personas de San Germán, Vega Baja, Manatí, Ponce y Hormigueros.

Entre sus miembros, que sumaban 150, estaba el alcalde de Caguas, William Miranda Marín, quien llevaba la obra artesanal que le regalará al Sumo Pontífice. También viajaron varias personas de las iglesias Luterana, Metodista y Primera Iglesia Bautista.

Nancy Rivera, de la Primera Iglesia Bautista, dijo que viajar a Roma "es una experiencia única, que nos ha unido como pueblo".

Además, viajaron diez seminaristas. Entre ellos estaba Wilfredo Cornier, quien también participará en la misa de beatificación que tendrá lugar el domingo.

"Este es el orgullo más grande que sentimos los puertorriqueños, especialmente los católicos", resumió Carmita Morales, quien viajó a Roma a pesar de que tiene una condición cardiaca. 

Marga Parés Arroyo

(El nuevo día)

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El Senado de México aprueba la ley de derechos indígenas

El pleno del Senado de México aprobó ayer por unanimidad la ley de derechos y cultura indígena, que implica el  reconocimiento constitucional de los pueblos indios. Tras una sesión de cerca de cuatro horas, los senadores aprobaron por 109 votos a favor y ninguno en contra un dictamen redactado por la subcomisión de la Cámara Alta encargada de analizar las reformas en materia indígena.

La aprobación de la ley de derechos y cultura indígena, que aún debe ser ratificada por la Cámara de Diputados, es una de las  condiciones impuestas por la guerrilla zapatista para reanudar el diálogo de paz con el Gobierno, congelado desde 1996. El texto aprobado incluye reformas a cinco artículos constitucionales.

(ABC)

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Republicanos ahora buscan el voto católico en Estados Unidos

WASHINGTON DC, 27 Abr. 01 

 El Partido Republicano lanzó esta semana una campaña para llegar a los votantes católicos, un grupo que no tuvo una opción clara por alguna alternativa política en los comicios presidenciales del año pasado.

El plan fue revelado por el director del Comité Republicano Nacional, Jim Gilmore, en un discurso ofrecido ante el Foro del Liderazgo Católico Nacional en Washington.

Según Gilmore, los republicanos están dispuestos a visitar los estados claves con la mayor población católica y por ende potenciales bloques electores republicanos como Pennsylvania y Michigan, para establecer una red de líderes católicos que trabaje a nivel de base.

"Para sostener y construir sobre nuestros recientes éxitos, debemos seguir saliendo al encuentro de la gente y desarrollar nuevas relaciones para elevar nuestra clasificación", sostuvo Gilmore.

Esta plataforma forma parte del nuevo plan del Partido Republicano que busca llegar a las minorías que tradicionalmente no han sido consideradas como constituyentes del grupo incluyendo hispanos, negros y católicos.

En su nueva arremetida hacia los católicos, los "líderes de equipo" locales participarán en conferencias con legisladores, ofrecerán las direcciones electrónicas de diez compañeros republicanos, participarán a los programas radiales, reclutar otros líderes y enviar los mensajes republicanos a sus amigos.

Los republicanos tendrán su próximo evento católico en Pittsburgh el 3 de mayo y luego tendrán una reunión en Michigan. "Vamos a dar la batalla también en los condados", señaló Ana Gamonal, quien está coordinando la campaña católica.

(Aciprensa)

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El Papa propone testimonio cristiano antes que discurso político

VATICANO, 27 Abr. 01

 El Santo Padre afirmó ayer que en los contactos con los ambientes políticos y diplomáticos es más importante mostrar a Cristo a través del testimonio de vida, que a través de la fuerza de los argumentos jurídicos o diplomáticos.

En su visita a la Pontificia Academia Eclesiástica, con ocasión del tercer centenario de su institución, el Santo Padre explicó que "seréis eficaces en la medida en que quien se acerque a vosotros tenga la sensación de encontrar en vuestra palabra, en vuestro comportamientos, en vuestra vida la presencia liberadora de Cristo resucitado".

En su discurso, el Pontífice puso de relieve que todo lo que los alumnos aprendían en la Academia Eclesiástica estaba orientado a "presentar la Palabra de Dios hasta los confines de la tierra. Por eso, es una Palabra que antes debe tomar posesión de vuestras inteligencias, de vuestras voluntades, de vuestras vidas".

"Si el Evangelio no hunde sus raíces en vuestra vida personal y comunitaria, vuestra actividad podría reducirse a una noble profesión en la que con mayor o menor éxito afrontáis cuestiones concernientes a la Iglesia o a su presencia en determinados ámbitos humanos", afirmó el Santo Padre y agregó que "debéis ser los hombres del espíritu en la búsqueda de la concordia, los heraldos del diálogo, los constructores de la paz más convencidos y tenaces".

Juan Pablo II añadió también la urgencia de "la defensa del hombre y de la imagen de Dios que se encuentra en él". "Estáis llamados a haceros portadores de los valores humanos que tienen su origen en el Evangelio, según el cual cada hombre es un hermano que hay que respetar y amar", afirmó.

Al final del encuentro con los miembros de la Academia, el Papa descubrió una lápida conmemorativa del tercer centenario de fundación.

En la Pontificia Academia Eclesiástica se forman los eclesiásticos que van a representar a la Santa Sede ante las iglesias particulares y los diversos países del mundo. Actualmente, la Academia cuenta con 32 alumnos procedentes de Europa, Asia, Africa y América Latina.

(Aciprensa)

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HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

DOMINGO DE LA MISERICORDIA DIVINA

Domingo 22 de abril de 2001

1. "No temas:  yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos" (Ap 1, 17-18).

En la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis, hemos escuchado estas consoladoras palabras, que nos invitan a dirigir la mirada a Cristo, para experimentar su tranquilizadora presencia. En cualquier situación en que nos encontremos, aunque sea la más compleja y dramática, el Resucitado nos repite a cada uno:  "No temas"; morí en la cruz, pero ahora "vivo por los siglos de los siglos"; "yo soy el primero y el último, yo soy el que vive".

"El primero", es decir, la fuente de todo ser y la primicia de la nueva creación; "el último", el término definitivo de la historia; "el que vive", el manantial inagotable de la vida que ha derrotado la muerte para siempre. En el Mesías crucificado y resucitado reconocemos los rasgos del Cordero inmolado en el Gólgota, que implora el perdón para sus verdugos y abre a los pecadores arrepentidos las puertas del cielo; vislumbramos el rostro del Rey inmortal, que tiene ya "las llaves de la muerte y del infierno" (Ap 1, 18).

2. "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 117, 1).
Hagamos nuestra la exclamación del salmista, que hemos cantado en el Salmo responsorial:  la misericordia del Señor es eterna. Para comprender a fondo la verdad de estas palabras, dejemos que la liturgia nos guíe al corazón del acontecimiento salvífico, que une la muerte y la resurrección de Cristo a nuestra existencia y a la historia del mundo. Este prodigio de misericordia ha cambiado radicalmente el destino de la humanidad. Es un prodigio en el que se manifiesta plenamente el amor del Padre, el cual, con vistas a nuestra redención, no se arredra ni siquiera ante el sacrificio de su Hijo unigénito.

Tanto los creyentes como los no creyentes pueden admirar en el Cristo humillado y sufriente una solidaridad sorprendente, que lo une a nuestra condición humana más allá de cualquier medida imaginable. La cruz, incluso después de la resurrección del Hijo de Dios, "habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre. (...) Creer en ese amor significa creer en la misericordia" (Dives in misericordia, 7).

Queremos dar gracias al Señor por su amor, que es más fuerte que la muerte y que el pecado. Ese amor se revela y se realiza como misericordia en nuestra existencia diaria, e impulsa a todo hombre a tener, a su vez, "misericordia" hacia el Crucificado. ¿No es precisamente amar a Dios y amar al próximo, e incluso a los "enemigos", siguiendo el ejemplo de Jesús, el programa de vida de todo bautizado y de la Iglesia entera?

3. Con estos sentimientos, celebramos el II domingo de Pascua, que desde el año pasado, el año del gran jubileo, se llama también domingo de la Misericordia divina. Para mí es una gran alegría poder unirme a todos vosotros, queridos peregrinos y devotos, que habéis venido de diferentes naciones para conmemorar, a un año de distancia, la canonización de sor Faustina Kowalska, testigo y mensajera del amor misericordioso del Señor. La elevación al honor de los altares de esta humilde religiosa, hija de mi tierra, representa un don no sólo para Polonia, sino también para toda la humanidad. En efecto, el mensaje que anunció constituye la respuesta adecuada y decisiva que Dios quiso dar a los interrogantes y a las expectativas de los hombres de nuestro tiempo, marcado por enormes tragedias. Un día Jesús le dijo a sor Faustina:  "La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la misericordia divina" (Diario, p. 132). ¡La misericordia divina! Este  es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo  resucitado y que ofrece a la humanidad,  en el alba del tercer milenio.

4. El evangelio, que acabamos de proclamar, nos ayuda a captar plenamente el sentido y el valor de este don. El evangelista san Juan nos hace compartir la emoción que experimentaron los Apóstoles durante el encuentro con Cristo, después de su resurrección. Nuestra atención se centra en el gesto del Maestro, que transmite a los discípulos temerosos y atónitos la misión de ser ministros de la misericordia divina. Les muestra sus manos y su costado con los signos de su pasión, y les comunica:  "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Jn 20, 21). E inmediatamente después "exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:  "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos"" (Jn 20, 22-23). Jesús les confía el don de "perdonar los pecados", un don que brota de las heridas de sus manos, de sus pies y sobre todo de su costado traspasado. Desde allí una ola de misericordia inunda toda la humanidad.

Revivamos este momento con gran intensidad espiritual. También a nosotros el Señor nos muestra hoy sus llagas gloriosas y su corazón, manantial inagotable de luz y verdad, de amor y perdón.
5. ¡El Corazón de Cristo! Su "Sagrado Corazón" ha dado todo a los hombres:  la redención, la salvación y la santificación. De ese Corazón rebosante de ternura, santa Faustina Kowalska vio salir dos haces de luz que iluminaban el mundo. "Los dos rayos -como le dijo el mismo Jesús- representan la sangre y el agua" (Diario, p. 132). La sangre evoca el sacrificio del Gólgota y el misterio de la Eucaristía; el agua, según la rica simbología del evangelista san Juan, alude al bautismo y al don del Espíritu Santo (cf. Jn 3, 5; 4, 14).

A través del misterio de este Corazón herido, no cesa de difundirse también entre los hombres y las mujeres de nuestra época el flujo restaurador del amor misericordioso de Dios. Quien aspira a la felicidad auténtica y duradera, sólo en él puede encontrar su secreto.

6. "Jesús, en ti confío". Esta jaculatoria, que rezan numerosos devotos, expresa muy bien la actitud con la que también nosotros queremos abandonarnos con confianza en tus manos, oh Señor, nuestro único Salvador.

Tú ardes del deseo de ser amado, y el que sintoniza con los sentimientos de tu corazón aprende a ser constructor de la nueva civilización del amor. Un simple acto de abandono basta para romper las barreras de la oscuridad y la tristeza, de la duda y la desesperación. Los rayos de tu misericordia divina devuelven la esperanza, de modo especial, al que se siente oprimido por el peso del pecado.

María, Madre de misericordia, haz que mantengamos siempre viva esta confianza en tu Hijo, nuestro Redentor. Ayúdanos también tú, santa Faustina, que hoy recordamos con particular afecto. Fijando nuestra débil mirada en el rostro del Salvador divino, queremos repetir contigo:  "Jesús, en ti confío". Hoy y siempre. Amén.

(El Vaticano)

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El boricua del siglo XX

CIERTAMENTE, NUESTRA isla cuenta con muchas personalidades públicas que nos han enorgullecido a través de los años. Cuando considero quién representó con su vida lo más noble de nuestro ser como pueblo durante esos cien años cruciales de nuestra historia, debo llegar a la conclusión de que no fue alguien que durante su vida fuera famoso o una figura pública.

Todo lo contrario, en quien pienso es alguien que -aunque vivió una vida de gran actividad apostólica en su comunidad, buscando siempre el bien de las personas que tenía a su alrededor- logró destacarse viviendo extraordinariamente su vida ordinaria; santificando las cosas corrientes de cada día y poniendo a nuestro Señor Jesucristo en el centro de su existencia. Me refiero a Carlos Manuel Rodríguez o "Charlie" o "Chali", como le decían familiares y amistades, un hijo de esta bendita tierra que será beatificado el domingo.

Lo maravilloso de Charlie, y lo que atrae a tantos, es que no hizo nada fuera de lo normal; claro está, desde un punto de vista puramente humano. No era sacerdote ni religioso. Era un fiel laico que supo convertir todo lo corriente en su vida en algo digno de ser ofrecido a Dios. Usó su vida para dar testimonio con el ejemplo -el testimonio más poderoso- de que todo ser humano puede ser santo; puede llevar un mensaje de verdadera paz y amor a los demás y cambiar para bien de nuestra sociedad. Charlie nos demostró que se puede "dejar poso" a través de nuestra realidad cotidiana, preocupándonos por los que tendemos a nuestro alrededor, acercándoles a Dios y haciendo bien toda tarea que tengamos por minúscula que parezca. Charlie decía que "la santidad no es una especialización: es la vida cristiana, todas vibraciones del alma, todos los instantes de una existencia dignificada por la gracia de Cristo" y añadía que "la santidad no es la negación de la vida humana. Los santos han sido reyes, artesanos, predicadores, médicos, curas, pintores, poetas". Carlos se desempeñó profesionalmente como oficinista. Su frágil salud no le permitió continuar sus estudios universitarios. A pesar de esto fue un verdadero autodidacta. Hablaba de los buenos libros como "estrellas que alumbran el pensamiento, flores que perfuman el corazón". Cuando no estaba trabajando, aprovechaba su tiempo estudiando y profundizando en la fe para poder crecer en su amor a Dios y para poder ayudar a fomentar una conciencia cristiana en los demás. Su celo apostólico lo demostró organizando charlas y círculos de estudio en el Centro Universitario Católico de Río Piedras y en su parroquia en Caguas o sencillamente a través de conversaciones íntimas con amigos y conocidos.

El testimonio más grande de su vida fue, sin embargo, la manera heroica con que vivió su dolorosa enfermedad que lo fue consumiendo hasta la muerte. Encontró en el cáncer devastador que padeció un gran instrumento para santificarse a sí y a los demás. Ofreció sus dolores por la Iglesia y por todo Puerto Rico. Reconocía, y así lo afirmaba, que "sufrir es transitorio, haber sufrido es eterno".

Carlos no sólo es el primer beato de Puerto Rico, pero también el primero del Caribe y Centroamérica. Es el segundo laico en toda América Latina en ser elevado a los altares, después del beato Juan Diego, a quien se le apareciera la Virgen de Guadalupe, y el primero de Estados Unidos. Cabe aclarar que, aunque la beata Kateri Teckakwitha, una indígena Mohawk que vivió durante el siglo XVII en Estados Unidos, técnicamente era laica, su vocación era una fundamentalmente religiosa.

Charlie vivió en plenitud su puertorriqueñidad; auténtica, que se fundamenta en nuestros principios y valores como pueblo y que trasciende, por supuesto, toda diferencia política e ideológica.

Debemos, pues, todos darle gracias a Dios porque el domingo la Iglesia anuncia al mundo que tiene un santo puertorriqueño.

Alfonso Aguilar
Abogado

(El nuevo día)

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¿Son estos los caminos de Dios?

A la orilla de un bosque y apartado de la gente, vivía un ermitaño entregado a reflexiones espirituales; pero cuanto más consideraba lo que ocurría en este mundo, menos comprendía el trato de Dios con los hombres, lo cual lo tenía muy perplejo y lo confundía cada vez más.

Un día meditando en esto, se durmió y tuvo un sueño de lo mas extraño y aleccionador. Soñó que debía hacer un largo viaje a través del bosque y se hallaba preocupado acerca de como llegar a feliz destino. En esas circunstancias se le acerco un hombre, le dijo, sígueme Andrés, tu solo no hallarías el camino a través del bosque, yo te lo indicaré.

Impresionado por la amabilidad del personaje y la autoridad con la que le hablaba; Andrés se fue con él. Al anochecer llegaron a una casa, cuyo dueño los recibió cordialmente. Les dio una rica cena y les preparo una cómoda cama.

Este ha sido un día especial, uno de los más felices de mi vida y debemos celebrarlo, mi enemigo se ha reconciliado conmigo y en prenda de su amistad me ha regalado esta copa de oro, que guardaré entre mis mas preciados tesoros, les dijo.

A la mañana siguiente, se levantaron temprano para continuar su camino, le agradecieron su atención y le desearon bendición de Dios por su hospitalidad. Pero antes de despedirse, Andrés notó que su compañero tomaba secretamente la copa de oro y se la guardaba entre sus ropas. Quiso reprocharle su ingratitud, pero el extraño le dijo: silencio, estos son los caminos de Dios.

Al mediodía llegaron a otra casa, la de un avaro que les negó hasta el agua para beber y los llenó de burlas para alejarlos de su casa. Pasemos mas adelante, le dijo su acompañante, pero primero sacudamos el polvo de nuestros pies; y al decir esto, se sacó la copa de oro y la entrego al avaro, quien la recibió con sorpresa y codicia. ¿Qué haces?, pregunto intrigado Andrés, pero su compañero poniéndose el dedo sobre los labios le respondió, "Silencio, estos son los caminos de Dios"; y siguieron andando.

A la caída de la noche, golpearon a la puerta de una choza miserable, era de un hombre pobre que luchaba contra la adversidad, que parecía ensañarse contra él, a pesar de todo su trabajo; había tenido que vender su propiedad, parcela por parcela y lo único que le quedaba era esa choza. "Soy muy pobre", les dijo el hombre, "pero no puedo permitir que continúen el camino hasta mañana, la noche es fría y oscura y la senda peligrosa a estas horas, pasen a compartir con mi familia lo poco que tenemos".

A la mañana siguiente le agradecieron su amabilidad y se despidieron. "Dios te ayudará" le dijo el compañero de Andrés, pero cuando el hombre se dio vuelta para llamar a su esposa, el extraño colocó secretamente en el techo un fuego que media hora después habría de reducir a cenizas la choza y todo cuanto en ella se hallaba.

"No seas perverso", casi le gritó al oído Andrés, al mismo tiempo que trataba de retener su mano, pero el extraño le respondió: "Silencio, estos son los caminos de Dios".

Al anochecer del tercer día, llegaron a la casa de un hombre que les recibió cortésmente pero que parecía preocupado y taciturno, ausente de lo que pasaba a su alrededor, no mostraba alegría sino ante la presencia de su hijo único, un muchachito inteligente y despierto. Al otro día al despedirse los acompañó un trecho del sendero, pero luego les dijo, los acompañaré solo hasta aquí, mi hijito les mostrará el camino hasta el puentecillo del torrente, su corriente es rápida y profunda, les ruego que cuiden de él, para que no le suceda algún desagravio. Dios velará por su bien le respondió el extraño personaje, estrechando la mano del padre. Cuando llegaron al puente, el niño quiso volverse, pero el misterioso compañero de Andrés, le ordené, "pasa delante de nosotros", y cuando el niño estuvo en a medio del puente lo hizo caer a la espumosa y fuerte corriente. Andrés grito desesperado: "prefiero morir perdido en el bosque antes que dar un solo paso mas contigo; ¿son estos los caminos de Dios que quieres mostrarme?". En este instante el misterioso compañero se transformo en un ángel de luz y le dijo: "escucha Andrés, la copa que sustraje al hombre hospitalario estaba envenenada, al avaro en cambio de sus pecados y de su inutilidad en el mundo, beberá en ella su propia muerte, el pobre y trabajador, removerá los escombros para levantar de nuevo su casa y hallará bajo las cenizas un tesoro que lo salvará a él y a su familia de la miseria, de aquí en adelante; el hombre cuyo hijito hice caer en el torrente, proyectaba un asalto en el camino mañana, y pensaba llevar por primera vez a su hijo para que aprendiera a ser salteador, así el muchacho habría llegado a ser un asesino, la pérdida del hijo lo hará recapacitar y lo inducirá a buscar el buen camino. Mientras que el niño murió en estado de inocencia y se salvará. Si no te hubiera revelado no podrías comprender los propósitos de Dios en esta serie de hechos inexplicables a tu manera, has tenido un ejemplo de los caminos del Señor. Ahora no te preocupes mas por ellos en el porvenir". Con esto, el ángel desapareció y el ermitaño despertó curado de todas sus perplejidades.

Aunque esta leyenda supone que es Dios quien inflige el dolor y las desgracias, cuando en realidad es Satanás el causante del sufrimiento, con todo sirve perfectamente para demostrar como obra Dios, en medio del mal que acarrea el pecado, para el bien de sus criaturas amadas.

Nuestra mente finita no puede comprender todas los designios del creador, porque como nos lo dice por medio del profeta Isaías: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Yahveh. Como son mas altos los cielos que la tierra, así son mis caminos, más altos que vuestros caminos; y mis pensamientos mas que vuestros pensamientos (Isaías 55, 8-9)

(Valores org.)

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SANTORAL: San Pedro Armengol
 
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42
 
Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, dijo a los del Sanedrín:
«Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios.»
Los del Sanedrín siguieron su consejo: llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 26, 1. 4. 13-14 (R.: 1a)
 
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
 
 
 El Señor es mi luz y mi salvación,
 ¿a quién temeré?
 El Señor es el baluarte de mi vida,
 ¿ante quién temblaré?  R.
 
 Una sola cosa he pedido al Señor,
 y esto es lo que quiero:
 vivir en la Casa del Señor
 todos los días de mi vida,
 para gozar de la dulzura del Señor
 y contemplar su Templo.  R.
 
 Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
 en la tierra de los vivientes.
 Espera en el Señor y sé fuerte;
 ten valor y espera en el Señor.  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
 
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?» El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?»
Jesús le respondió: «Háganlos sentar.»
Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús comó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.»
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
 
Palabra del Señor.
 
Reflexión      
 
Este texto de San Juan, tiene un marcado carácter litúrgico y eucarístico. Aunque Jesús pregunta a los discípulos, en concreto a Felipe, cómo se podría dar de comer a la enorme multitud en el desierto, él sabe perfectamente lo que va a hacer.
 
El Señor toma la iniciativa.
Sin embargo, quiere servirse de la buena voluntad de aquel muchacho que tienen cinco panes de cebada y dos peces.
Y lo hace, para enseñarnos a nosotros que cuando compartimos, Él se hace presente multiplicando los panes.
En este texto, es Jesús mismo, que toma los panes y los pescados, da gracias al Padre y los reparte a los que estaban sentados.
Todos quedaron satisfechos y entusiasmados.
 
Conviene detenerse en la actitud de Jesús. En el respeto con que Jesús toma los panes y da gracias al Padre.
El Señor sabe que siempre cuenta con su Padre. Pero precisamente por eso, es más agradecido con Él.
 
Esto nos enseña mucho a nosotros, que tantas veces, nos olvidamos de agradecer a Dios por todo lo que recibimos de sus manos.
Cuántas veces pensamos que es mérito nuestro el tener en nuestras mesas el pan de cada día.
La actitud de Jesús, debe hacernos reflexionar,...  Aprendamos a agradecer a Dios por los dones que recibimos de sus manos amorosas.
 
Después de dar gracias, Jesús multiplica el pan.
Sólo Jesús puede dar el Pan de Vida.
 
Y después de repartirlo, pide a sus discípulos que recojan las sobras.
En este gesto, el Señor nos enseña a ser cuidadosos, a no desperdiciar los bienes de todos que recibimos de Dios.
 
Este pasaje del evangelio, es figura de la Eucaristía, donde el Señor da en alimento su cuerpo.
Por eso en este tiempo Pascual, no desaprovechemos el alimento que Jesús quiere darnos.
El Señor nos espera en el sacramento de la reconciliación y en la Eucaristía, para alimentar nuestros cuerpos fatigados y devolvernos las fuerzas para seguirlo.
Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte
los méritos de tu muerte,
y el pan de la Eucaristía,
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alianza,
la fe, el amor, la esperanza
y esta bondad de tu empeño
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.
 
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas

 

SANTORAL: San Pedro Armengol

 
Su  padre, el barón Arnoldo Armengol, descendía de los condes de Urgel. Estaba vinculado, a la vez, con los condes de Barcelona y con los reyes de Francia, de Castilla y Aragón.
Pedro, nacido en el pueblo de la Guardia de la Prados en 1230, era el primogénito. Diestro en las armas, pronto ganó fama por su intrépido valor. Así fue en su niñez y adolescencia. Pero ya mozo lo rodearon amigos adulones; compartió con ellos fiestas galantes, frecuentó tabernas y fue hábil jugador de cartas. Un día desapareció del castillo y se transformó en capitán de una temible gavilla de bandoleros.
Por aquel tiempo era peligroso cruzar los Pirineos. Los caminos estaban infestados de ladrones y asesinos que sorprendían a los viajeros. En 1258 el rey don Jaime I de Aragón, llamado más tarde el Conquistador, tenía necesidad de trasladarse de Valencia a Montpellier y ordenó a Arnoldo Armengol que asegurara travesía por el lugar.
Sin reconocerse, lucharon padre e hijo; y después, cuando, herido Arnoldo, el joven reconoció a su padre. lágrimas de arrepentimiento inundaron sus ojos. Pidió fervorosamente a Dios que lo perdonase y su padre, al verlo tan sincero en su dolor, le dijo: "Hijo, no llores, que el que cae y sabe levantarse está como un niño frente al Padre celestial".
Pidió entonces confesión e ingresó en la orden de los mercedarios. Cambió su vida, sintió la gracia y la misericordia divina  lo auxilió. Se ordenó sacerdote. Sus virtudes le dieron fama  y así fue conocido en todos los lugares. En Murcia rescató doscientos cuarenta cautivos. Se hizo muy amigo del rey moro Almohasén  Mahomet, quien atraído por la piedad del mercenario finalmente se convirtió, tomando el nombre de fray Pedro de Santa María.
Pedro siguió su peregrinaje de Argel a Bujía donde con fray Gillermo rescató a otros muchos cautivos. Para evitar la esclavitud  a dieciocho niños se quedó como rehén, por mil escudos que ofreció pagar por ellos.
Lo encerraron en una lóbrega mazmorra. Los mil escudos no llegaban y el plazo se había cumplido.
Durante ocho días fue sometido al suplicio. Al anochecer del octavo llegó  su compañero, fray Gilllermo, con el dinero esperado. Lo encontró pendiente de una horca; pero gracias a la intervención milagrosa de la Virgen, a la que invocaba permanentemente, todavía estaba con vida. A partir de esta terrible experiencia, su carácter maduró profundamente.
Pedro Armengol volvió a Barcelona. Dios le comunicó el don de las profecías y de los milagros. Murió en su ciudad natal el 27 de abril de 1304, en el convento de Nuestra Señora de los Prados, y allí se conservan sus restos.
 

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