Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
24 de abril de 2001
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"Dios quiere que nos abramos paso hasta su presencia, y que pasemos toda la vida allí."

 A.W. Tozer

 


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Un boricua para la historia

EL CÍRCULO Carlos M. Rodríguez ha sido el motor que logró que Puerto Rico tenga su primer beato el próximo domingo.

"Esta causa ha llegado a donde ha llegado tan rápido porque Dios lo ha querido", dice con humildad Delí Aguiló, portavoz del grupo que en 1987 se embarcó en la difícil tarea de gestionar que su querido y recordado Charlie, como le llamaban sus amistades, se convirtiera en el "primer santo puertorriqueño".

El grupo tiene su origen en el Círculo de Liturgia que se organizó en el Centro Universitario Católico bajo la dirección del propio Carlos Manuel a finales de la década de 1940 para escuchar sus enseñanzas y compartir actividades recreativas, según la biografía oficial del futuro beato. La época de mayor actividad de este grupo se sitúa hacia finales de la década siguiente, cuando Carlos Manuel se dedicó de lleno a su trabajo apostólico en el CUC.

Los estudiantes y profesores se dejaron de reunir un año después de su muerte el 13 de julio de 1963. Pero la huella que dejó el próximo beato en un grupo de ellos no desapareció. Sus colaboradores cercanos y amigos estaban convencidos de que Carlos Manuel había muerto "en olor de santidad".

Quizás por eso conservaron con mucho celo sus escritos y guardaron como "reliquias" algunos efectos personales del próximo beato, como recortes de uña y cabello y algodones con sangre desechados por las enfermeras durante su convalecencia en el hospital. Y cada año, se reunían para conmemorar el nacimiento y la muerte de Carlos Manuel en la abadía San Antonio Abad, en Humacao, junto al padre José M. Rodríguez, hermano de Carlos Manuel, a quien todos conocen como Pepe.

En 1987, declarado Año del Laico por el papa Juan Pablo II, se constituyó un comité timón que dio los primeros pasos en el proceso de canonización. De ahí surge entonces el CCMR, que eventualmente se convertiría en el actor de la causa, es decir, en la entidad que solicita la causa de la canonización.

"Cuando nosotros empezamos esto, a nosotros nadie nos creía", admite Aguiló. Fueron años de distribuir libros dos ediciones de "En aquél tiempo... esbozo de un apóstol laico puertorriqueño" y la versión actualizada "Carlos M. Rodríguez... un santo puertorriqueño"- y estampas sin que nadie mostrara mayor interés. Poco a poco, sin embargo, la vida y obra del Siervo de Dios fueron llamando la atención.

"El 13 de julio de 1989 se me entrega en una misa conmemorativa un ejemplar de 'En aquél tiempo...' y, al leerlo, me dije aquí hay un cristiano, que es lo mismo que un santo", dice el padre Mario Mesa, OFM, postulador diocesano, una especie de abogado defensor, de la causa a nivel local. "Yo a Charlie lo vi entrando en la dimensión de la luz", dice el sacerdote.

Dos años después, la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) acogió positivamente la causa y ya para diciembre de 1992, el cardenal Luis Aponte Martínez, consiguió un permiso para abrir la "fase diocesana" del proceso. Esto incluyó la constitución de un tribunal en el que se recopiló información detallada sobre la vida de Carlos Manuel.

El CCMR se encargó de todo lo relacionado a esta importante fase. Colaboraron en esta etapa los sacerdotes Reynaldo Sagardía, Edward Santana, John F. Talbot y Oscar Rivera, actual abad de San Antonio Abad, según Aguiló. Este último permaneció nueve meses en Roma, luego de terminada la fase diocesana entre 1994 y 1995, para preparar los documentos que tenían que someterse. El postulador de la causa en el Vaticano es el padre Romualdo Rodrigo.

"Lo veía muy cuesta arriba por la sencilla razón de que se trataba de un joven laico poco conocido a nivel de toda la isla y era el primer caso de un laico de Puerto Rico cuyo proceso se presentaba ante la Santa Sede", reconoce el cardenal Luis Aponte Martínez, quien, como arzobispo de San Juan, fue el "obispo competente" que presentó la causa ante la Congregación.

"La labor del Círculo ha sido excelente merece toda clase de reconocimientos y de méritos", dice el Cardenal, sobre el logro de la beatificación en tan corto tiempo. El esfuerzo le ha costado al CCMR $369,628.50, según Aguiló. "Es un grupo que es perseverante y eso es lo bonito porque a veces estamos muy entusiasmados, pero no nos dura mucho el entusiasmo", destaca Haydeé Rodríguez, hermana del próximo beato. "Parece que (Carlos Manuel) les impactó tanto que son unas personas que siguen la corriente de la liturgia muy bien y han seguido trabajando eso", añade la religiosa de la orden de las Carmelitas de la Caridad de Vedruna.

El 29 de abril se cumplen ocho años, cuatro meses y 21 días desde que se abrió formalmente el proceso en una ceremonia sencilla celebrada por Aponte Martínez en la Capilla del Palacio Arzobispal, según la cuenta exacta que lleva el padre Mesa.

"Que haya llegado al final, después de haber tenido algunas dificultades, veo que Dios ha querido dar un Santo a Puerto Rico", dice convencido.

Yadira Valdivia

(El nuevo día)

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Misa para los peregrinos que irán a Roma

 EL OBISPADO de Caguas continuará hoy(martes) con la serie de actividades religiosas vinculadas a la beatificación de Carlos Manuel Rodríguez.

El obispo de la Diócesis de Caguas, Rubén González Medina, celebrará la eucaristía con los peregrinos que viajarán a Roma, Italia, para la ceremonia de beatificación de Rodríguez. La eucaristía tendrá lugar a las 7:00 de la noche en la Catedral Dulce Nombre de Jesús.

Mientras, este sábado, desde las 10:00 de la noche, en la catedral de Caguas se celebrará una vigilia en preparación para la beatificación del laico. Habrá oración, cánticos y relatos sobre Rodríguez.

POR OTRO lado, el domingo 27 de mayo será la ceremonia de traslado de los restos de Rodríguez a la Catedral Dulce Nombre de Jesús, de Caguas, parroquia en la que nació y se inició en la fe el beato puertorriqueño.

Los restos se trasladarán desde la Abadía San Antonio Abad, en Humacao, hasta el Parque Solá Morales, de Caguas, donde a las 3:00 de la tarde se celebrará una liturgia con la participación de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña.

Al que al culminar la ceremonia habrá una procesión con los restos hasta la Catedral Dulce Nombre de Jesús, su destino final para el culto de todos los fieles, y además, se inaugurará una exhibición sobre la vida y obra de Rodríguez, con documentos, fotos y otra memorabilia.

Por otro lado, la delegación del Municipio de Caguas que viajará a Roma para la ceremonia de beatificación presentó ayer un llavero conmemorativo que llevará el grupo como recordatorio a los actos.

(El nuevo día)

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Maestros del pensamiento cristiano en una colección (impresa y en Internet)

SAO PAULO, 23 abril 2001 

 Julián Marías, Alfonso López Quintás, Josef Pieper e C. S. Lewis son algunos de los autores presentes en los tres volúmenes que acaba de lanzar la Universidad de Sao Paulo de Brasil, en coedición con la Universidad Católica de Murcia y con la Harvard Law School Association.

Se trata de publicaciones impresas (Mirandum N. 12 e International Studies on Law and Education N. 3 e 4), que al mismo tiempo pueden están totalmente disponibles en Internet en la página web de la Editorial Mandruvá: http://www.hottopos.com

De estos cuatro grandes maestros del pensamiento cristiano, se presentan algunas obras inéditas hasta ahora.

A las recientes conferencias pronunciadas por Julián Marías en Madrid: «La mujer» y «El enamoramiento»; se les añade su curso sobre los grandes filósofos, «San Agustín», «Kant», «Heidegger» y «Ortega».

Del conocido filósofo alemán, Josef Pieper, se presenta el opúsculo «La imagen
cristiana del hombre», así como otros muchos artículos traducidos al portugués.

Otra de las obras publicadas es «La manipulación del hombre a través del lenguaje» del conocido especialista en este argumento, Alfonso López Quintás, quien también presenta un estudio sobre Romano Guardini.

Por último, se ofrecen dos textos antológicos de C. S. Lewis, pensador británico de origen anglicano, que está suscitando particular interés entre los cristianos de las diferentes Iglesias y confesiones.

(ZENIT.org)

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Un grupo de filólogos propone en la Universidad de Navarra crear un registro en Internet para textos científicos

Un grupo de investigadores y gestores de páginas web de diferentes instituciones académicas españolas y extranjeras han acordado en la Universidad de Navarra solicitar a los organismos correspondientes un registro de textos electrónicos basado en una numeración normalizada de localización, similar a los conocidos ISSN e ISBN.

Rafael Zafra, profesor de la Universidad de Navarra, explica que el registro, denominado ISRNN (International Standard Research Net Number), debería incluir como mínimo los siguientes datos: país, editor (persona física o jurídica con capacidad investigadora según los criterios marcados por el Ministerio de Educación y Cultura), fecha de registro, número de identificación aleatorio y una ficha de descripción, según las normas ISO 690-2. La ficha debería incorporar, además de la dirección electrónica original, otra correspondiente a la copia que obligatoriamente se deberá entregar para su almacenamiento en un depósito previsto para tal fin.

Asimismo, los filólogos firmantes señalan que "este sistema no se puede desarrollar sin contar con un organismo público que se responsabilice de la gestión del registro, de la estabilidad de la referencia, de su seguimiento y control, así como del almacenamiento y mantenimiento de la copia de respaldo de las publicaciones registradas".

Los firmantes de esta solicitud son los filólogos Antonio Bernat Vistarini (Universidad de las Islas Baleares), José Luis Canet Vallés (Universidad de Valencia), Carlos Domínguez Cintas (Instituto de Lexicografía de la RAE), Javier Fresnillo Núñez (Universidad de Alicante), Manuel Sánchez Quero (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes), Ricardo Serrano Deza (Universidad de Quebec) y Rafael Zafra Molina (Universidad de Navarra).

Una localización fija para las publicaciones científicas

Esta propuesta persigue responder a las demandas de la sociedad de la información, "que exige la consulta, de manera pública, global y sin perder ninguno de los criterios de calidad alcanzados, de los resultados de una investigación subvencionada por la propia comunidad", señala el manifiesto.

Los expertos advierten de la imposibilidad de hacer referencias fijas a este tipo de publicaciones y critican la falta de una legislación adecuada para este nuevo soporte y de un organismo oficial que gestione todo ello (con un depósito legal y un sistema de copyright). "Toda publicación científica necesita tener una localización fija, de modo que el resto de la comunidad investigadora pueda manejarla con facilidad y remitir a ella con la seguridad de que sea viable su utilización y cita. Esto es un requisito indispensable para la validez científica de cualquier publicación y no se cumple hoy en día en Internet".

En el manifiesto hay también una referencia al papel de las universidades. "Éstas, al no validar el resultado de la investigación en este soporte mediante un refrendo en los currículos, impide, por ejemplo, la creación de revistas científicas de calidad por parte de las universidades y centros de investigación, dejando a menudo el resultado de su trabajo en manos de editoriales privadas, que las gestionan y comercializan".

"En consecuencia, la posterior reutilización por la comunidad científica de estos materiales implica, por un lado, un coste económico desorbitado, imposible de asumir por la mayoría de los centros y, por otro, la cesión de la propiedad (copyright) impide la libre circulación de los conocimientos. Así, queda comprometido el uso de estos materiales en la tarea docente e investigadora, pero muy especialmente en la cada vez más demandada enseñanza basada en redes".

(Universidad de Navarra)

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El Papa indica la senda para la aprobación del Camino Neocatecumenal
Presenta el reconocimiento de unos estatutos como «requisito indispensable»

CIUDAD DEL VATICANO, 23 abril 2001

 Juan Pablo II ha tomado papel y pluma para explicar que el reconocimiento oficial y jurídico de la Iglesia católica del Camino Neocatecumenal dependerá de la aprobación de unos estatutos. Esta aprobación, añade, es competencia específica del Consejo Pontificio para los Laicos.

En una carta enviada al presidente de ese organismo vaticano, el cardenal estadounidense James Francis Stafford, con fecha del 5 de abril, el Papa destaca los frutos «preciosos» aportados en treinta años de existencia y subraya la importancia de llevar a cabo «algunos requisitos ineludibles, de los cuales depende la existencia misma del Camino».

En particular, subraya precisamente «la redacción de una precisa normativa estatutaria en vista de su reconocimiento jurídico formal». Los iniciadores del Camino comenzaron en 1997, en el Sinaí, la tarea de la redacción de los estatutos. Constituye una ardua empresa. Kiko Argüello, exponente típico del método socrático, basado en la palabra viva, quiere evitar el peligro de que el papel y las fórmulas jurídicas puedan «congelar» el frescor de espíritu que ha animado el nacimiento y la andadura del Camino.

El Camino Neocatecumenal comenzó cuando un joven español, Kiko Argüello, después de pasar por el ateísmo y sufrir una crisis existencial, decidió cambiar de rumbo, y abrazar con enorme fuerza la experiencia cristiana. En 1964, dejó todo para vivir entre los más pobres, en las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de Madrid. En contacto con los pobres, el Señor le lleva a descubrir una síntesis teológica catequética y formará con ellos, por obra del Espíritu Santo, una comunidad que vive celebrando la Palabra de Dios y la Eucaristía. Descubre así el trípode en el que se basa la vida cristiana: Palabra, Liturgia y Comunidad. Un carisma en el que se reconocen en estos momentos un millón de católicos, repartidos entre cien naciones.

En su carta, Juan Pablo II explica: «Ya en la exhortación apostólica "Christefidelis laici" subrayaba que "ningún carisma dispensa de la relación y sumisión a los pastores de la Iglesia" y citaba cuanto está escrito al respecto en la Constitución dogmática "Lumen gentium": "El juicio acerca de su autenticidad (de los carismas) y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno"».

El Santo Padre insiste en que el reconocimiento y la acogida de los carismas «no es un proceso fácil», que requiere «un discernimiento profundo de la voluntad de Dios y debe ser acompañado constantemente de la oración». El culmen de este proceso es «el acto oficial del reconocimiento y la aprobación de los estatutos, como regla de vida clara y segura», puntualiza.

La carta responde también implícitamente a los obispos que han preguntado a la Santa Sede cuál será la colocación jurídica del Camino Neocatecumenal. En la misiva deja claro que será el Consejo Pontificio para los Laicos el responsable de la aprobación eclesial del Camino y el encargado de darle seguimiento en el futuro.

Juan Pablo II concluye revelando que ha tomado esta decisión no sólo «por la autoridad que le compete» al Consejo de los Laicos, sino también «por la singular experiencia que posee en esta materia». «En esto se basa la esperanza de un feliz resultado del procedimiento, que entra ya en su fase conclusiva».

(ZENIT.org)

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Contemplar el rostro del Resucitado 

18 de abril de 2001

1. La tradicional audiencia general del miércoles hoy se ve inundada por la alegría luminosa de la Pascua. En estos días la Iglesia celebra con júbilo el gran misterio de la Resurrección. Es una alegría profunda e inextinguible, fundada en el don, que nos hace Cristo resucitado, de la Alianza nueva y eterna, una alianza que permanece porque él ya no muere más. Una alegría que no sólo se prolonga durante la octava de Pascua, considerada por la liturgia como un solo día, sino que se extiende a lo largo de cincuenta días, hasta Pentecostés. Más aún, llega a abarcar todos los tiempos y lugares.

Durante este período, la comunidad cristiana es invitada a hacer una experiencia nueva y más profunda de Cristo resucitado, que vive y actúa en la Iglesia y en el mundo.

2. En este espléndido marco de luz y alegría propias del tiempo pascual, queremos detenernos ahora a contemplar juntos el rostro del Resucitado, recordando y actualizando lo que no dudé en señalar como "núcleo esencial" de la gran herencia que nos ha dejado el jubileo del año 2000. En efecto, como subrayé en la carta apostólica Novo millennio ineunte, "si quisiéramos descubrir el núcleo esencial de la gran herencia que nos deja la experiencia jubilar, no dudaría en concretarlo en la contemplación del rostro de Cristo (...), acogido en su múltiple presencia en la Iglesia y en el mundo, y confesado como sentido de la historia y luz de nuestro camino" (n. 15).

Como en el Viernes y en el Sábado santo contemplamos el rostro doloroso de Cristo, ahora dirigimos nuestra mirada llena de fe, de amor y de gratitud al rostro del Resucitado. La Iglesia, en estos días, fija  su  mirada  en ese rostro, siguiendo el ejemplo de san Pedro, que confiesa a Cristo su amor (cf. Jn 21, 15-17), y de san Pablo, deslumbrado por Jesús resucitado en el camino de Damasco (cf. Hch 9, 3-5).

La liturgia pascual nos presenta varios encuentros de Cristo resucitado, que constituyen una invitación a profundizar en su mensaje y nos estimulan a imitar el camino de fe de quienes lo reconocieron  en aquellas primeras horas después de la resurrección. Así, las piadosas mujeres y María Magdalena nos impulsan a llevar solícitamente el anuncio del Resucitado a los discípulos (cf. Lc 24, 8-10, Jn 20, 18). El Apóstol predilecto testimonia de modo singular que precisamente el amor logra ver la realidad significada por los signos de la resurrección:  la tumba vacía, la ausencia del cadáver, los lienzos funerarios doblados. El amor ve y cree, y estimula a caminar hacia Aquel que entraña el pleno sentido de todas las cosas:  Jesús, que vive por todos los siglos.

3. En la liturgia de hoy la Iglesia contempla el rostro del Resucitado compartiendo el camino de los dos discípulos de Emaús. Al inicio de esta audiencia, hemos escuchado un pasaje de esta conocida página del evangelista san Lucas.

Aunque sea con dificultad, el camino de Emaús lleva del sentido de desolación y extravío a la plenitud de la fe pascual. Al recorrer este itinerario, también a nosotros se nos une el misterioso Compañero de viaje. Durante el trayecto, Jesús se nos acerca, se une a nosotros en el punto donde nos encontramos y nos plantea las preguntas esenciales que devuelven al corazón la esperanza. Tiene muchas cosas que explicar a propósito de su destino y del nuestro. Sobre todo revela que toda existencia humana debe pasar por su cruz para entrar en la gloria. Pero Cristo hace algo más:  parte para nosotros el pan de la comunión, ofreciendo la Mesa eucarística en la que las Escrituras cobran su pleno sentido y revelan los rasgos únicos y esplendorosos del rostro del Redentor.

4. Después de reconocer y contemplar el rostro de Cristo resucitado, también nosotros, como los dos discípulos, somos invitados a correr hasta el lugar donde se encuentran nuestros hermanos, para llevar a todos el gran anuncio:  "Hemos visto al Señor" (Jn 20, 25).

"En su resurrección hemos resucitado todos" (Prefacio pascual II):  he aquí la buena nueva que los discípulos de Cristo no se cansan de llevar al mundo, ante todo mediante el testimonio de su propia vida. Este es el don más hermoso que esperan de nosotros nuestros hermanos en este tiempo pascual.

Por eso, dejémonos conquistar por el atractivo de la resurrección de Cristo. Que la Virgen María nos ayude a gustar plenamente la alegría pascual:  una alegría que, según la promesa del Resucitado, nadie podrá arrebatarnos y no tendrá fin (cf. Jn 16, 23).

S.S. Juan Pablo II

(El Vaticano)

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«El idioma de Cervantes nunca fue una lengua de imposición, sino de encuentro»

 El nombre de Miguel de Cervantes se ha convertido en la mejor insignia de la lengua castellana. El autor del Quijote la utilizó con sencillez y profundidad regulando su uso para varios siglos, a la vez que creaba un nuevo género literario, la novela moderna, que hoy rige en buena medida los destinos de la literatura.

Nadie discute hoy este papel fundador de Cervantes, autor de la primera gran novela de la historia universal, que es el primer combate importante de la interioridad del espíritu contra la bajeza prosaica de la vida exterior. El texto cervantino abría las puertas de la modernidad al situar con precisión el lugar del hombre en el mundo, un lugar alto y difícil, y sin parangón en el universo de lo creado.

Genio magnánimo, poderoso, con la sonrisa a flor de labios y la mirada honda pero bondadosa, entregó Cervantes a las futuras generaciones un insuperable mensaje de cordialidad, de inteligencia, de fraternidad. Por eso se le ha llamado el más sabio de los hombres, porque pocos como él supieron transitar los círculos y laberintos del alma humana.

El Premio Cervantes rinde homenaje al genio que lleva su nombre, pero también rinde tributo a la lengua universal en que aquél dejó cifrada su genialidad, y a la tradición literaria de la que forma parte principalísima don Miguel. Lengua universal, lengua madre, lengua que suena con los más variados acentos en los territorios más diversos y alejados, pero lengua que es una por voluntad de sus hablantes, que la mantienen prodigiosamente cohesionada.

Los expertos se asombran ante esta unidad de la vieja lengua de Castilla, que permite a un campesino del altiplano de los Andes expresarse con palabras justas y certeras donde resuenan los viejos modos de la Edad de Oro de España.

Nunca fue la nuestra lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos quienes hicieron suyos por voluntad libérrima, el idioma de Cervantes.

Se sabe hoy que es a partir del siglo XIX cuando el castellano comienza verdaderamente su extraordinaria expansión, que no ha cesado de crecer. Y es la tradición literaria, al fijar los usos y embellecerlos, la que ha dado origen a su prodigiosa unidad.

Una tradición renovada siglo a siglo, que cantó con voz de bronce en «El Poema del Mío Cid», se hizo son de letanía en las «Coplas» de Jorge Manrique, se volvió música melancólica en Garcilaso, habló con Dios ardiendo en la llama viva de Juan de la Cruz, se volvió piedra preciosa en Góngora, se hizo pasión de vida en Lope de Vega, desplegó su caudal de furia y sarcasmo en Quevedo, se convirtió en imagen del mundo en Galdós, por sólo citar algunos nombres, y ha sonado y resonado en el esplendor literario del siglo XX y ya también del XXI, a ambas orillas del Atlántico. La muy ilustre estirpe de los Premios Cervantes así lo corrobora. Recorrer la lista de sus premiados es recorrer una parte muy sustancial de la historia literaria del siglo XX en España y en América.

Hoy honramos a la literatura y a la lengua española en la persona de uno de sus más brillantes cultivadores contemporáneos, Francisco Umbral, que ha enriquecido nuestro idioma con acento personalísimo, transfundiendo al lenguaje literario el lenguaje de la calle, acercando los registros culto y popular, haciendo de su ritmo y construcción andaduras de seda por las que discurren sus imágenes y sus intuiciones del mundo.

Umbral levanta cada día, desde hace ya cuarenta años, un periodismo de calidad, por el que circulan la ambición y las intuiciones de la mejor literatura, y a la vez alumbra libros perdurables —novelas, memorias y ensayos— como «Mortal y rosa», «El hijo de Greta Garbo», «Trilogía de Madrid», «Leyenda del César Visionario», «Larra, anatomía de un dandy», además de muchos otros, más de cien, tan hermosos como a veces inclasificables.

Umbral es, él sólo, toda una biblioteca, todo un universo, al gran modo español, que sabe ser generoso y dadivoso. Es siempre escritor, a todas horas y en todo lugar. La literatura ha sido para él una vocación y una pasión. Nadie más lejos que Umbral del escritor accidental, ocasional. Toda su vida está presidida por el fervor de la literatura, por la voluntad de cifrar en palabras la compleja realidad del mundo.

El mundo se diría que está para ser escrito, y Francisco Umbral lleva escribiéndolo, descifrándolo, desde que era adolescente en su adoptiva ciudad de Valladolid y en su juventud y madurez madrileñas.

Por la extraordinaria riqueza de su escritura, por su condición de gran creador del lenguaje, por la tensa belleza con que nos ha conquistado a través de su palabra, Francisco Umbral se merece nuestra gratitud.

Esperamos, y aún diría que necesitamos, que nos siga enseñando y deleitando. Por muchos años.

(ABC)

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Eutanasia pasiva

No sé en qué términos pensará Juan Carlos Rodríguez Ibarra legislar para Extremadura eso que se llama impropiamente la eutanasia pasiva. Pero si lo que pretende es que cada cual pueda decidir que, llegado a una situación crítica e irrecuperable en su enfermedad, no se le mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios, no se le aplique la eutanasia activa y tampoco se le prolongue abusiva e irracionalmente su proceso de muerte, sino que se le administren los tratamientos adecuados para paliar sus sufrimientos, si se trata de eso, entonces el señor Rodríguez Ibarra no necesita legislar nada, porque acabo de transcribir literalmente el texto del llamado «testamento vital» que se proporciona, a todo el que lo pida, en el número 1 de la calle de Añastro, de Madrid, donde no está ninguna asociación eutanásica, sino la sede de la Conferencia Episcopal Española.

Llamar a este buen proceder médico «eutanasia pasiva» puede desorientar muy gravemente a muchos, porque puede dar la sensación de que entre eso y la eutanasia hay muy poca distancia, cuando el trecho es enorme: es el que va desde una adecuada compañía y cuidado al que agoniza, para hacerle lo más llevadero posible el supremo trance de la muerte, hasta el provocar la muerte para acabar con la agonía. En otras palabras, la distancia es la que hay entre la medicina y el homicidio.

En la pura apariencia pueden llegar a confundirse los actos del médico en una u otra actitud, pero el médico sabe perfectamente en el fondo de su conciencia cuál es la realidad de su proceder, si lo que hace es ayudar a bien morir o dar muerte al paciente. En muchas encuestas se nos cuenta que hay una mayoría de ciudadanos que no están en contra de la eutanasia; pero todo eso depende de cómo se formulen las preguntas, y mucho me temo que se manipula por sistema la actitud de los que —como yo mismo he hecho— firmarían con gusto ese «testamento vital» que he reproducido y, al mismo tiempo, están radicalmente en contra de convertir a los médicos en verdugos.

 Ramón PI

(ABC)

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SOLO DIOS

Sólo Dios puede dar la fe...

pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar la esperanza...

pero tú puedes devolverla a tu hermano.

Sólo Dios puede dar el amor...

pero tú puedes enseñar a amar.

Sólo Dios puede dar la paz...

pero tú puedes sembrar la unión.

Sólo Dios puede dar la fuerza...

pero tú puedes animar al desanimado.

Sólo Dios es el camino...

pero tú puedes señalarlo a otros.

Sólo Dios es la luz...

pero tú puedes hacer que brille a los ojos de todos.

Sólo Dios es la vida...

pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible...

pero tú puedes hacer lo posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo...

pero prefiere contar contigo.

(Valores org.)

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Lecturas del 24-5-01 (Martes de la Segunda Semana de Pascua)

 
SANTORAL: San Fidel
 
 
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-37
 
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)
 
R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!
 
 
 ¡Reina el Señor, revestido de majestad!
 El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder.  R.
 
 El mundo está firmemente establecido: 
 ¡no se moverá jamás!
 Tu trono está firme desde siempre,
 tú existes desde la eternidad.  R.
 
 Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
 la santidad embellece tu Casa
 a lo largo de los tiempos.  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 7b-15
 
Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»
«El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»
«¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.
Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?
Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»
 
Palabra del Señor.
 
 
 
Reflexión      
 
Este evangelio, continuación del de ayer,  tenemos que leerlo despacio.
Nicodemo debía ser uno de los que creyeron en Jesús.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Se ve que era un hombre importante, muy religioso, y como buen fariseo, adepto a la Ley. Probablemente creía que el Mesías arreglaría las cosas si se reforzaba el cumplimiento fiel de la Ley. Para ellos el Mesías,  más que un rey, sería un maestro.

Y Jesús le dice, de buenas a primeras que tiene que nacer de nuevo y de arriba para entrar en el reino de los cielos.

El maestro judío no entendió, y le parecía imposible volver a nacer de nuevo.

Jesús le aclara que se refería al renacer por la fuerza del Espíritu. Tal vez, le recordara Jesús en la larga conversación que mantuvieron, las profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel, sobre el nuevo nacimiento, el corazón nuevo.

La comunidad cristiana a la que se dirige Juan sabe que ese renacer del agua y del Espíritu se refiere al Bautismo y a la fe viva en Cristo Jesús.

Nosotros hemos renacido un día por el agua y el Espíritu, pero no vivimos muchas veces la vida de ese Espíritu. Somos más legalistas que Nicodemo.

Ponemos nuestra fuerza en algunos ritos

Nos da miedo abrirnos al Espíritu Santo.

Tal vez nosotros necesitemos también renacer.

Tal vez estemos obrando con los criterios y valores del mundo en lugar de obrar inspirados por el Espíritu

Tal vez nos hemos acostumbrado a vivir solos, a ser unos solitarios sin ningún tipo de solidaridad.

Este tiempo de Pascua, en que durante sus 50 días celebramos la Resurrección del Señor, es tiempo propicio para que cada uno de nosotros volvamos a nacer por el agua y el Espíritu,  y nuestra vida y nuestros comportamientos, sean fiel reflejo de ello.

 

Y el Señor, en el pasaje del Evangelio, también habla a Nicodemo de la fe. La fe consiste en recibir a Jesús, en conocerlo y en él conocer al Padre, en reconocer en él al enviado del Padre.

Y esa fe, se ejercita en el amor. Por amor, se guarda la palabra y se cumplen los mandamientos. Jesús juzga a los hombres con arreglo a esta actitud fundamental para con él

Por eso nuestra fe, no puede ser sólo un fe teórica, nuestra fe debe ser acompañada con nuestra vida, con nuestras obras.

Vamos a pedir hoy a María que guíe nuestros pasos para que siempre vivamos conforme a lo que creemos.

 
Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.
 
Te ví, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
 
Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
 
Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.
 
Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe. Amén
Himno de la Liturgia de las Horas

 

SANTORAL: San Fidel 

 
Se llamaba Marcos Roy y nació en Sigmaringa (Alemania) en el año 1.577.   Se recibió de abogado y durante un tiempo ejerció su carrera, en Alsacia. A los 25 años, sintió el llamado de la vocación y decidió ingresar a la orden franciscana de los Capuchinos, donde fue ordenado sacerdote.

Su vida se desarrolló en un ambiente plagado de luchas y resentimientos por las reformas protestantes. Llevó una vida de gran penitencia. Distinguido como excelente y celoso predicador, fue encargado de fortalecer la recta doctrina en Suiza.

Gracias a su predicación logró convertir a muchas personas, hecho que le trajo como consecuencia la persecución de los herejes.  El 24 de abril de 1.622 fue asesinado al salir de la iglesia.

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