Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico |
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22 de febrero de 2005 |
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"Si juzgas que tienes pocos bienes para agradecer a Dios, agradécele al menos los muchos males que no tienes en la vida."
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El camino de la Cruz en la PUCPR
Ponce
Mañana miércoles 23 de febrero, se realizará el Vía Crucis Institucional. El mismo comenzará a las 12:00 del mediodia, partiendo diferentes puntos de la universidad.
Para facilitar la participación de todos, los puntos de partida serán varios: Escuela de Derecho, Complejo deportivo, Colegio de Administración de empresas y el edificio Luis A. Ferré Bacallao. Todos los grupos harán el Via Crucis con rumbo al edificio de Los Fundadores donde se unirán para formar un solo grupo para terminar en el Centro de Estudiantes de la Universidad.
Se invita a toda la comunidad a participar de esta actividad solemne.
Muere el fundador del Movimiento Comunión y Liberación
Don Luigi Giussani ha muerto hoy, 22 de febrero de 2005, a las 3:10 h.
El funeral se celebrará el jueves 24 de febrero en la Catedral (Duomo) de Milán.
A las 3:10h. de hoy, 22 de febrero de 2005, ha muerto Don Luigi Giussani en su domicilio de Milán, a causa de una insuficiencia circulatoria y renal como consecuencia de la grave neumonía que lo aquejaba estos días. Tenía 82 años.Luigi Giussani nace en 1922 en Desio, un pueblo de los alrededores de Milán. De su madre, Ángela, recibe la primera y cotidiana introducción a la fe. De su padre, Beniamino, perteneciente a una familia con una fuerte vena artística, tallador de madera y restaurador, Giussani recibe la invitación constante a preguntarse el porqué, la razón de las cosas. Giussani recuerda a menudo algunos episodios de su vida en familia, signos de un clima de gran respeto por la persona y de una educación activa en mantener despiertas las dimensiones verdaderas del corazón y de la razón. Por ejemplo, el episodio que le contempla todavía niño caminando con su madre bajo la primera luz del amanecer a la misa matutina. Queda grabada en su memoria la repentina exclamación de su madre al ver la última estrella que brillaba en la creciente luminosidad del cielo: "¡Qué bello es el mundo y qué grande Dios!". O el amor de su padre, un socialista anarquista, por la música. Pasión que le lleva no sólo a solventar momentos de dificultad en la familia cantando arias célebres, sino también a privilegiar, a pesar de los pocos lujos de una situación económica modesta, la costumbre de invitar a casa el domingo por la tarde a algún músico para escuchar en directo algunas piezas.
Luigi Giussani entra en el seminario diocesano de Milán siendo muy joven, y continúa y finaliza sus estudios en la Facultad de Teología de Venegono, bajo la guía de maestros de la talla de Gaetano Corti, Giovanni Colombo, Carlo Colombo y Carlo Figini. Además de la formación cultural y de las relaciones de estima y humanidad viva que median con algunos de sus maestros, Venegono será para Giussani un ámbito importantísimo para llevar a cabo una experiencia de amistad con algunos de sus compañeros, como Enrico Manfredini, futuro arzobispo de Bolonia, en el descubrimiento común del valor de la vocación, valor que se realiza en el mundo y para el mundo. Son años de estudio intenso y de grandes descubrimientos. Como la lectura de Leopardi que, según cuenta don Giussani, acompañaba a veces su meditación después de comulgar. En aquellos años se refuerza la convicción de que la cima de todo genio humano (se exprese como se exprese) es profecía, a menudo inconsciente, del acontecimiento de Cristo. Así le sucede que lee el himno A su mujer de Leopardi como una especie de introducción al prólogo del Evangelio de san Juan, y reconoce en Beethoven y en Donizetti expresiones vivísimas del eterno sentido religioso del hombre. Desde entonces, el reclamo a que la verdad se reconoce por la belleza con que se manifiesta formará parte siempre del método educativo del movimiento. En la historia de CL se puede hablar de un privilegio otorgado a la estética, entendida en el sentido más profundo, tomista, del término, respecto a la insistencia en el reclamo de orden ético.
Desde los años de seminario y de estudio, don Giussani aprende que sentido estético y ético provienen ambos de una correcta y apasionada claridad en lo que concierne a la ontología. Y que un gusto estético vivo es el primer indicio de dicha claridad, como muestra la más sana tradición católica y ortodoxa. La observancia de la disciplina y el orden en la vida del seminario se sumará a la fuerza de un temperamento que se distingue, en el coloquio con sus superiores y en las actividades con los compañeros, por su vivacidad y agudeza. Por ejemplo, promueve junto con algunos compañeros un panfleto interno titulado Studium Christi, un intento de dotar de un órgano de expresión a un grupo de estudiantes dedicado a descubrir la centralidad de Cristo en la comprensión de cualquier disciplina. Una vez ordenado sacerdote, don Giussani se queda como profesor en el mismo seminario de Venegono.
En esos años se especializa en el estudio de la teología oriental (especialmente la eslava), de la teología protestante americana y en la profundización de las motivaciones racionales de la adhesión a la fe y a la Iglesia. A mediados de los años 50 abandona la enseñanza en el seminario por la escuela media superior. Durante diez años, desde 1954 hasta 1964, enseña en el Liceo Clásico "G. Berchet" de Milán. Comienza a desarrollar entonces una actividad de investigación y de publicaciones, dirigida a centrar la atención dentro y fuera de la Iglesia en el problema educativo. Entre otras cosas, redefinirá la voz "Educación" para la Enciclopedia Católica.
Son los años del nacimiento y de la difusión de GS (Gioventù Studentesca). Desde 1964 hasta 1990 detentará la cátedra de Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. En más de una ocasión es enviado por sus superiores a los Estados Unidos durante breves periodos de estudio. En particular, en 1966 pasó algunos meses allí para profundizar sus trabajos sobre la teología protestante americana, periodo al que corresponde, en edición académica, una de las raras publicaciones sobre el tema con el título de Grandi linee della teologia protestante americana. Profilo storico dalle origine agli anni 50.
Hoy guía el movimiento de Comunión y Liberación, presidiendo el Consejo General (conocido comúnmente como "Centro"). Preside además la Diaconía Central, órgano directivo de la Fraternidad de Comunión y Liberación, asociación reconocida por el Pontificio Consejo para los Laicos en 1982.
Finalmente, alienta y guía la experiencia de los Memores Domini, una asociación laical también reconocida por el Pontificio Consejo para los Laicos (1988). Dicha asociación reúne a personas de CL que han elegido la consagración a Dios en la virginidad. Es consultor de la Congregación para el Clero y del Pontificio Consejo para los Laicos. Fue creado monseñor por Juan Pablo II en 1983 con el título de Prelado de honor de Su Santidad.
Desde 1993 dirige la colección «I libri dello spirito cristiano» para una de las más importantes editoriales italianas, la Rizzoli RCS.
Desde 1997 dirige la colección discográfica «Spirto gentil» realizada en colaboración con Deutsche Grammophon, que goza de un notable éxito documentado por las cifras de venta y por numerosas recensiones en revistas especializadas.
En 1995 se le asignó el Premio Internacional de la cultura católica. Es autor de numerosos ensayos que han sido traducidos a diversas lenguas: inglés, francés, español, alemán, ruso, polaco, portugués, eslovaco, esloveno, húngaro, griego y albanés. Con ellos se han formado ya miles de jóvenes y adultos.
En el 2001 con ocasión de la décima edición de la “ Corona Turrita”, el querido reconocimento de la ciudad de Desio para sus ciudadanos ilustres, viene entregado el premio a D. Luigi Giussani.
El 11 de septiembre del 2002, con ocasión del vigésimo aniversario del reconicimiento Pontificio de la Fraternidad de Comunión y Liberación, el Santo Padre Juan Pablo II escribe a D. Giussani una extensa carta autógrafa.
En el mismo año, el Presidente de la provincia de Milano, On. Ombretta Colli con la presencia del Cardenale Dionigi Tettamanzi, entrega a D. Giussani el premio “Isimbardi” medalla de oro del reconocimiento, mientras que los jóvenes del Ayuntamiento de Bassano del Grappa le otorgan la ciudadanía honoraria.
En el 2003 D. Giussani recive el Premio Macchi, dado por la Asociación de padres de Escuelas Católicas con el que se distingue en el ámbito de la educación.
En el 2004, con ocasión del quincuagésimo aniversario del nacimiento de Comunión y Liberación el Santo Padre Juan Pablo II escribe una extensa carta a D. Giussani que data del 22 de febrero del 2004.
El 16 de marzo del mismo año, durante la quinta edición de la fiesta del Estatuto de la Región de la Lombardia, D. Luigi Giussani es premiado con uno de los dieciseis sellos Longobardi que son entregado a aquellos ciudadanos que son distinguidos por méritos particulares en el ámbito social.Bush pide a Europa que le ayude en su plan de extender la democracia en el mundo
El presidente norteamericano afirma en Bruselas que «ningún poder sobre la Tierra nos dividirá nunca», y presenta Oriente Próximo como el «gran desafío común»
BRUSELAS.El presidente norteamericano George W. Bush propuso ayer a los aliados europeos que colaboren en la difusión de las ideas democráticas y la libertad en todo el mundo, particularmente en los países árabes. Fue la descripción solemne de la nueva política global que ha venido a proponer a Europa y con la que aspira a desencadenar un cambio histórico en todo el mundo. Aunque no mencionó los atentados del 11 de Septiembre de 2001, Bush exhibió la mejor arma que tienen los Estados Unidos para hacerles frente: «Nos negamos a vivir en un mundo dominado por el miedo. Los terroristas no podrán parar el avance de la libertad».
Bush fue presentado en el auditorio principal del «Concert Noble» de Bruselas por el primer ministro belga Guy Verhofstadt con palabras y gestos cálidos, que nada tienen que ver con la distancia que les separaba hace menos de un año a causa de la guerra de Irak. En este salón levantado por la aristocracia belga a mediados del siglo XIX Verhofstadt habló en inglés (con lo que se ahorraba cualquier susceptibilidad lingüística ante las que son tan sensibles en este país) y dio paso al presidente. Bush recordó la llegada a Europa hace 200 años de Benjamín Franklin, recibido entonces como un benefactor de la humanidad, y aunque «me habría gustado algo similar, mi secretaria de Estado Condoleezza Rice me advirtió que debía ser realista».
En efecto, a Bush le han recibido manifestaciones callejeras y seguramente le espera una cierta dosis de incomprensión hacia el mensaje que vino a explicar ayer. Pero en la misma línea, recordó que por encima de las divergencias que puedan aparecer, no se pueden olvidar «los logros compartidos» entre Europa y Estados Unidos, entre los que figuran decisivas batallas de la II Guerra mundial contra el nazismo. «Ningún desacuerdo temporal podrá dividirnos», dijo.
Muchas de las ideas de expansión de las libertades que expuso ayer ya las había mostrado el presidente norteamericano en otro discurso ante universitarios turcos durante la cumbre de la OTAN en Estambul. Ayer estaban dirigidas con un tono diferente hacia la Unión Europea, buscando la comprensión no solo militar, que probablemente no la tendría, sino sobre todo política. «Sabemos -dijo- que hay muchos obstáculos y que la distancia es larga» pero está claro que «la libertad es la dirección en la que se mueve la Historia».
Tal vez el asunto en el que «EE.UU. y Europa compartimos intereses estratégicos» más claramente es en la solución del conflicto de Oriente Próximo donde, según Bush, está «nuestra oportunidad más grande y nuestro objetivo inmediato» para hacer un esfuerzo conjunto y promover un arreglo razonable basado en el principio de los dos estados separados y viables.
El coste de los desafíos
A los palestinos le dijo que «sólo la democracia» les ayudará, mientras que Israel «debe cesar su política de asentamientos» de colonos. En este momento de optimismo, Bush prometió ayudar a los palestinos a construir un país «mientras la democracia crece».
El presidente norteamericano tiene bien claro cuál es el coste de mantener la actual situación de inestabilidad en la zona: «No podremos vivir en paz ni seguridad si en Oriente Medio se siguen produciendo ideologías de muerte y violencia». Más aún, dijo que «el futuro de nuestros países y el de Oriente Medio están relacionados» y si se consigue una evolución positiva, la expansión de la libertad y la democracia en esta región traerán estabilidad a todos los musulmanes «desde Marruecos a Bahrein, desde Irak hasta Afganistán». Para Bush este es el objetivo: «promover la expansión de la democracia en Oriente Medio» porque «la libertad conduce a la paz».
El próximo objetivo señalado para esta política de difusión de las libertades parece ser Líbano, que «está padeciendo la acción de un vecino opresor». Cuando Bush decía que «Siria debe poner fin a la ocupación», miles de libaneses estaban manifestándose por ello en las calles de Beirut. Ahora, Estados Unidos quiere que Siria deje a los libaneses que celebren unas elecciones sin interferencias, que podrían ser «otro hito de la libertad» como han sido las que se han celebrado en Irak y Afganistán, países en los que ha vuelto a pedir la colaboración europea.
Frente a las palabras complacientes hacia Arabia Saudí que acaba de dar un primer tímido paso de apertura, o Egipto, por su colaboración en Oriente Próximo, Irán fue otro de los blancos de las amenazas de Bush. «El mundo libre comparte el objetivo de que debe dejar de apoyar el terrorismo y abandonar los planes de desarrollar armas nucleares», dijo, y aunque afirmó que aún estamos en la época de la diplomacia, «ninguna opción puede excluirse definitivamente».
En fin, con este discurso Bush les ha explicado a los europeos cuál es su prioridad para los cuatro años de mandato y les ha pedido que le ayuden a llevar a cabo esta misión histórica. Como él mismo decía «el camino será largo» y no se puede excluir que vuelva a haber malentendidos con Europa. Pero Bush sabe bien que cuando en un país se abren las puertas a la democracia y la libertad, ya no se pueden cerrar nunca más.
Arzobispo de Valencia difunde DVD para promocionar Encuentro Mundial de Familias
VALENCIA, 21 Feb. 05El Arzobispo de Valencia, Mons. Agustín García-Gasco, presentó ante el Consejo Episcopal de la diócesis el video promocional en formato DVD del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará en esa ciudad el próximo año.
Con traducciones al inglés, italiano, alemán, portugués, francés y polaco, el material promocional será distribuido por Bisel de Comunicación, entre los movimientos familiares de Valencia y los episcopados de todo el mundo.
El documental fue grabado en agosto pasado durante cinco días en distintos escenarios de Valencia, como la Plaza de la Virgen o el cauce del río Túria, frente al Palau de la Música. Intervinieron en su realización 28 actores de distintas naciones y 15 técnicos.
El encuentro de familias cristianas es un evento que impulsó el Papa Juan Pablo II en 1994 y se ha celebrado en dos ocasiones en Roma (1994 y 2000), en Río de Janeiro (1997) y en Manila (2003).
China seguirá clonando células madre embrionarias
NUEVA YORK, 21 Feb. 05A pesar de la reciente declaración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que prohíbe cualquier forma de clonación humana, China continuará la investigación sobre la clonación de células madre embrionarias.
El representante chino en la reunión de la ONU, Su Wei, declaró que China había votado en contra, pues según su parecer "la declaración era imprecisa y la prohibición de cualquier tipo de clonación humana contraria a la dignidad puede llevar a malentendidos al tratar la clonación terapéutica".
El Comité Legal de la ONU prohibió el fin de semana pasado cualquier forma de clonación humana contraria a la dignidad humana, una propuesta que fue apoyada por 71 países, liderados por EEUU y Alemania, mientras que fue votada en contra por otros 35, entre ellos China, Bélgica y Reino Unido.
Carta apostólica de Juan Pablo II «El rápido desarrollo»
A los responsables de las comunicaciones sociales
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 21 febrero 2005
Publicamos la carta apostólica de Juan Pablo II dirigida a los responsables de las comunicaciones sociales con el título «El rápido desarrollo» publicada este lunes por la Santa Sede.
CARTA APOSTÓLICA
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
A LOS RESPONSABLES
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
1. Un signo del progreso que experimenta la sociedad actual consiste, sin duda, en el rápido desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. Al contemplar estas novedades en continua evolución resulta aún más actual cuanto se lee en el Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II «Inter mirifica» promulgado por mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, el 4 de diciembre de 1963: «Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar, con extraordinaria facilidad, todo tipo de noticias, ideas y doctrinas»[1].
I. Un camino fecundo trazado por el Decreto «Inter mirifica»
2. Transcurridos más de cuarenta años desde la publicación de aquel documento, se hace oportuna una nueva reflexión sobre los «desafíos» que las comunicaciones sociales plantean a la Iglesia, la cual, como indicó Pablo VI, «se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios»[2]. De hecho, la Iglesia no ha de contemplar tan sólo el uso de estos medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, hoy más que nunca, para integrar el mensaje salvífico en la ‘nueva cultura’ que precisamente los mismos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y de las tecnologías de la comunicación contemporánea es parte integrante de su propia misión en el tercer milenio.
Movida por esta conciencia, la comunidad cristiana ha dado pasos significativos en el uso de los medios de comunicación para la información religiosa, para la evangelización y la catequesis, para la formación de los agentes de pastoral en este sector y para la educación de una madura responsabilidad de los usuarios y destinatarios de los mismos instrumentos de la comunicación.
3. Los desafíos para la nueva evangelización, en un mundo rico en potencialidad comunicativa como el nuestro, son múltiples. Al tomar en cuenta esta realidad he querido subrayar, en la Carta encíclica «Redemptoris missio», que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola, como suele decirse, en «una aldea global». Los medios de comunicación social han alcanzado importancia hasta el punto de que son para muchos el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de «los contenidos», nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos.
Vivimos en una época de comunicación global, en que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos o por lo menos deben confrontarse con ellos. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica.
En una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo los acontecimientos de modo cuidadoso y verdadero, analizando completamente las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de la verdad y la justicia en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte dentro el cual se sitúa una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social.
II. Discernimiento evangélico y compromiso misionero
4. También el mundo de los medios de comunicación necesita la redención de Cristo. Para analizar, con los ojos de la fe, los procesos y el valor de las comunicaciones sociales resulta de indudable utilidad la profundización de la Sagrada Escritura, la cual se presenta como un «gran código» de comunicación de un mensaje no efímero y ocasional, sino fundamental en razón de su valor salvífico.
La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para acoger la revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él. A causa del pecado, esta capacidad de diálogo ha sido alterada, sea a escala personal o social, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo Dios no los ha abandonado y les ha enviado a su mismo Hijo (cf. Mc 12, 1 11). En el Verbo hecho carne el evento comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: de este modo se entrega al hombre, en el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de anunciarla y testimoniarla a sus hermanos.
5. La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su perfección en el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un diálogo fecundo. Precisamente por esto al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los discípulos «enséñanos a orar» (Lc 11, 1), podemos pedirle al Señor que nos guíe para entender cómo comunicarnos con Dios y con los hombres a través de los maravillosos instrumentos de la comunicación social. Reconducidos al horizonte de tal comunicación última y decisiva, los medios de comunicación social se revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres en cualquier latitud, superando las barreras de tiempo, de espacio y de lengua, formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe y ofreciendo a quien busca lugares seguros que permitan entrar en diálogo con el misterio de Dios revelado plenamente en Cristo Jesús.
El Verbo encarnado nos ha dejado el ejemplo de cómo comunicarnos con el Padre y con los hombres, sea viviendo momentos de silencio y de recogimiento, sea predicando en todo lugar y con todos los lenguajes posibles. Él explica las Escrituras, se expresa en parábolas, dialoga en la intimidad de las casas, habla en las plazas, en las calles, en las orillas del lago, sobre las cimas de los montes. El encuentro personal con Él no deja indiferente, al contrario, estimula a imitarlo: «Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena la luz; y lo que os digo al oído, proclamadlo desde los terrados» (Mt 10, 27).
Hay después un momento culminante en el cual la comunicación se hace comunión plena: es el encuentro eucarístico. Reconociendo a Jesús en la «fracción del pan» (cf. Lc 24, 30 31), los creyentes se sienten impulsados a anunciar su muerte y resurrección y a volverse valientes y gozosos testigos de su Reino (cf. Lc 24, 35).
6. Gracias a la Redención, la capacidad comunicativa de los creyentes se ha sanado y renovado. El encuentro con Cristo los transforma en criaturas nuevas, les permite entrar a formar parte de aquel pueblo que Él ha conquistado con su sangre muriendo sobre la Cruz, y los introduce en la vida íntima de la Trinidad, que es comunicación continua y circular de amor perfecto e infinito entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La comunicación penetra las dimensiones esenciales de la Iglesia, llamada a anunciar a todos el gozoso mensaje de la salvación. Por esto, ella asume las oportunidades ofrecidas por los instrumentos de la comunicación social como caminos ofrecidos providencialmente por Dios en nuestros días para acrecentar la comunión y hacer más incisivo el anuncio[3]. Los medios de comunicación permiten manifestar el carácter universal del Pueblo de Dios, favoreciendo un intercambio más intenso e inmediato entre las Iglesias locales y alimentando el recíproco conocimiento y colaboración.
III. Cambio de mentalidad y renovación pastoral
7. En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un apoyo excelente para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender aquellos sólidos principios indispensables para la construcción de una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana y atenta al bien común. Asimismo la Iglesia los emplea con gusto para la propia información y para dilatar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, en la conciencia de que su utilización da respuesta al mandato del Señor: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15).
Misión ciertamente no fácil en nuestra época, en la cual se ha difundido en muchos la convicción de que el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente: el hombre debería aprender a vivir en un horizonte de total ausencia de sentido, en busca de lo provisorio y de lo fugaz[4]. En este contexto, los instrumentos de comunicación pueden ser usados «para proclamar el Evangelio o para reducirlo al silencio en los corazones de los hombres»[5]. Esto representa un serio reto para los creyentes, sobre todo para los padres, familias y para cuantos son responsables de la formación de la infancia y de la juventud. Es oportuno que, con prudencia y sabiduría pastoral, se fomente en las comunidades eclesiales la dedicación al trabajo en el campo de la comunicación, y así contar con profesionales capaces de un diálogo eficaz con el vasto mundo mediático.
8. Valorizar los medios de comunicación no es sólo tarea de «entendidos» del sector, sino también de toda la comunidad eclesial. Si, como se ha dicho antes, las comunicaciones sociales comprenden todos los ámbitos de la expresión de la fe, es la vida cristiana en conjunto la que debe tener en cuenta la cultura mediática en la que vivimos: desde la liturgia, suprema y fundamental expresión de la comunicación con Dios y con los hermanos, a la catequesis que no puede prescindir del hecho de dirigirse a sujetos influenciados por el lenguaje y la cultura contemporáneos.
El fenómeno actual de las comunicaciones sociales impulsa a la Iglesia a una suerte de «conversión» pastoral y cultural para estar en grado de afrontar de manera adecuada el cambio de época que estamos viviendo. De esta exigencia se deben hacer intérpretes, sobre todo, los Pastores: es importante trabajar para que el anuncio del Evangelio se haga de modo incisivo, que estimule la escucha y favorezca la acogida[6]. En sintonía con los Pastores deben obrar todos los organismos de consejo y de coordinación de modo que, en su campo específico, se identifiquen las líneas pastorales más adecuadas para una eficaz acción misionera. Las personas consagradas, según su propio carisma, tienen una especial responsabilidad en este campo de las comunicaciones sociales. Una vez formadas espiritual y profesionalmente, «presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y, de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.»[7].
9. Al tener precisamente en cuenta la importancia de los medios de comunicación, hace ya quince años que juzgué insuficiente dejarlos a la iniciativa individual o de grupos pequeños y sugerí que se insertaran con claridad en la programación pastoral[8]. Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio al gobierno pastoral y a la organización de las diversas tareas de la comunidad cristiana. Piénsese, por ejemplo, en Internet: no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva[9]. Muchos cristianos ya están usando este nuevo instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la evangelización, para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando nuevos medios y verificando nuevas formas de utilizar los instrumentos tradicionales. Los periódicos, las revistas, las publicaciones varias, la televisión y la radio católicos siguen siendo, todavía hoy, indispensables en el panorama completo de las comunicaciones eclesiales.
Los contenidos –que, naturalmente, se deben adaptar a las necesidades de los diversos grupos-, tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información[10]. Del mismo modo, es importante garantizar la formación y la atención pastoral de los profesionales de la comunicación. Con frecuencia estas personas se encuentran ante presiones particulares y dilemas éticos que emergen del trabajo cotidiano; muchos de ellos «están sinceramente deseosos de saber y de practicar lo que es justo en el campo ético y moral» y esperan de la Iglesia orientación y apoyo[11].
IV. Los medios de comunicación, encrucijada de las grandes cuestiones sociales
10. La Iglesia, que en razón del mensaje de salvación confiado por su Señor es maestra de humanidad, siente el deber de ofrecer su propia contribución para una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades ligadas al actual desarrollo de las comunicaciones sociales. Precisamente porque influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman la mentalidad y determinan la visión de las cosas, es necesario insistir de manera clara y fuerte que los instrumentos de la comunicación social constituyen un patrimonio que se debe tutelar y promover. Es necesario que las comunicaciones sociales entren en un cuadro de derechos y deberes orgánicamente estructurados, sea desde el punto de vista de la formación y responsabilidad ética, cuanto de la referencia a las leyes y a las competencias institucionales.
El positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común es una responsabilidad de todos y de cada uno[12]. Debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, es necesario un sistema de gestión que esté en grado de salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias.
11. Se imponen algunas decisiones que se pueden sintetizar en tres opciones fundamentales: formación, participación, diálogo.
En primer lugar es necesaria una vasta obra formativa para que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que en vez de estar al servicio de las personas, las instrumentalicen y las condicionen gravemente. Esto vale, de manera especial, para los jóvenes que manifiestan una natural propensión a las innovaciones tecnológicas y que, por eso mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación.
En segundo lugar, quisiera dirigir la atención sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación responsable en la gestión de los mismos. Si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar el pluralismo y para hacer posible una verdadera participación de todos en su gestión, incluso a través de oportunas medidas legislativas. Es necesario hacer crecer la cultura de la corresponsabilidad.
Por último, no se debe olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Dichos medios constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, un «arma» destructiva, si se usan para alimentar injusticias y conflictos. De manera profética, mi predecesor el beato Juan XXIII, en la encíclica «Pacem in terris», había ya puesto en guardia a la humanidad sobre tales potenciales riesgos[13].
12. Suscita un gran interés la reflexión sobre la participación «de la opinión pública en la Iglesia» y «de la Iglesia en la opinión pública». Mi predecesor Pío XII, de feliz memoria, al encontrarse con los editores de los periódicos católicos les decía que algo faltaría en vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias[14], en el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, se reconoce el derecho a expresar la propia opinión[15]. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a las expresiones de las propias valoraciones, no es menos cierto que existe en otros campos, entre los católicos, un amplio espacio para el intercambio de opiniones, en un diálogo respetuoso de la justicia y de la prudencia.
Tanto la comunicación en el seno de la comunidad eclesial, como la de Iglesia con el mundo, exigen transparencia y un modo nuevo de afrontar las cuestiones referentes al universo de los medios de comunicación. Tal comunicación debe tender a un diálogo constructivo para promover en la comunidad cristiana una opinión pública rectamente informada y capaz de discernir. La Iglesia, al igual que otras instituciones o grupos, tiene la necesidad y el derecho de dar a conocer las propias actividades pero al mismo tiempo, cuando sea necesario, debe poder garantizar una adecuada reserva, sin que ello perjudique una comunicación puntual y suficiente de los hechos eclesiales. Es éste uno de los campos donde se requiere una mayor colaboración entre fieles laicos y pastores ya que, como subraya oportunamente el Concilio, «de este trato familiar entre los laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia, porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues estos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud tanto los asuntos espirituales como los temporales, de suerte que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo»[16].
V. Comunicar con la fuerza del Espíritu Santo
13. El gran reto para los creyentes y para las personas de buena voluntad en nuestro tiempo es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación.
También en este campo los creyentes en Cristo saben que pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Ayuda aún más necesaria si se considera cuan grandes pueden ser las dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor.
En la historia de la salvación Cristo se nos ha presentado como «comunicador» del Padre: «Dios ... en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,2). Él, Palabra eterna hecha carne, al comunicarse, manifiesta siempre respeto hacia aquellos que le escuchan, les enseña la comprensión de su situación y de sus necesidades, impulsa a la compasión por sus sufrimientos y a la firme resolución de decirles lo que tienen necesidad de escuchar, sin imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral «El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» (Mt 12,35-37).
14. El apóstol Pablo ofrece un claro mensaje también para cuantos están comprometidos en las comunicaciones sociales -políticos, comunicadores profesionales, espectadores-: « Por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan» (Ef 4,25.29).
A los operadores de la comunicación y especialmente a los creyentes que trabajan en este importante ámbito de la sociedad, aplico la invitación que desde el inicio de mi ministerio de Pastor de la Iglesia he querido lanzar al mundo entero: «¡No tengáis miedo!».
¡No tengáis miedo de las nuevas tecnologías!, ya que están «entre las cosas maravillosas» –«Inter mirifica»– que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad; también la verdad sobre nuestra dignidad y sobre nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno.
¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).
¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. » (1Cor 2,9).
A María, que nos ha dado el Verbo de vida y ha conservado en su corazón las palabras que no perecen, encomiendo el camino de la Iglesia en el mundo de hoy. Que la Virgen Santa nos ayude a comunicar, con todos lo medios, la belleza y la alegría de la vida en Cristo nuestro Salvador.
Desde el Vaticano, 24 de enero de 2005, memoria de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas.
IOANNES PAULUS II
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[1] N. 1.
[2] Exhortación Apostólica «Evangelii nuntiandi» (8 de diciembre de 1975): AAS 68 (1976), 35.
[3] Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post sinodal «Christifideles laici» (30 de diciembre de 1998), 18 24: AAS (1989), 421 435; cf. Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 10: AAS 84 (1992), 454 455.
[4] Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica «Fides et ratio» (14 de septiembre de 1998), 91: AAS 91 (1999), 76 77.
[5] Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 4: AAS 84 (1992), 450.
[6]Cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Pastores gregis», 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6.
[7]Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Vita consecrata» (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476.
[8]Juan Pablo II, Carta enc. «Redemptoris missio» (7 diciembre 1990), 37: AAS 83 (1991), 282-286.
[9] Cf. Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, «La Iglesia e Internet» (22 febrero 2002), 6: Ciudad del Vaticano, 2002, pp.13-15.
[10] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Inter mirifica, 15-16; Pont. Comisión para los Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 107: AAS 63 (1971) 631-632; Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, inst. pastoral «Ætatis novæ» (22 febrero 1992), 18: AAS 84 (1192), 460.
[11]Cf. Ibid., 19: l.c.
[12] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2494.
[13] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la 37 jornada mundial de las comunicaciones sociales (24 enero 2003): «L’Osservatore Romano», 25 enero 2003, p. 6.
[14] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen Gentium», 37; Pont. Comisión para las Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 114-117: AAS (1971), 634-635.
[15] Can. 212, § 3: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».
[16] Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen gentium», 37
Iglesia e investigación con embriones
P. Fernando Pascual
¿Por qué la Iglesia se opone a la investigación con embriones humanos “sobrantes”? La pregunta aparece, de vez, en cuando, en la prensa, entre amigos, en la parroquia. Tras esa pregunta se esconde una cierta desconfianza, a veces una acusación: la Iglesia no se interesa por el bien de los enfermos ni confía en los científicos.
Para responder, hay que tener ante nuestros ojos lo que está ocurriendo. Algunos científicos desearían investigar sobre embriones para “progresar”, para que la medicina pudiese tener más conocimientos sobre el modo de comportarse de las “células estaminales” o “células madres”. Esos científicos, en declaraciones públicas, dan a entender que a través de esas investigaciones se podrían curar, en el futuro, enfermedades como el Alzheimer o algunos graves daños (hasta ahora irreparables) en la columna vertebral, en el sistema sanguíneo o en otros órganos del cuerpo humano.
La medicina (como cualquier ciencia) sólo puede conocer desde la experiencia, desde el estudio de casos concretos, en el laboratorio o en el hospital. Además, se nos dice, “sobran” embriones, o podrían ser producidos embriones a bajo precio para poder mejorar nuestros conocimientos, para permitir el progreso de la medicina reparadora.
¿Qué dice la Iglesia sobre estos temas? Nos ofrece dos criterios que buscan defender valores sumamente importantes y que necesitan estar unidos entre sí para que la investigación sea verdaderamente honesta y seria.
El primer criterio nos dice que es lícito investigar y experimentar para que la medicina progrese, para que se puedan superar enfermedades sumamente dolorosas y dañinas. La Iglesia no se opone a la libertad de investigación entendida de modo correcto (como veremos en el segundo criterio). Podríamos recordar, incluso, que ha habido importantes hombres de Iglesia, sacerdotes (como Gregor Mendel) o laicos (como Alexis Carrel, Louis Pasteur o Jérôme Lejeune) que han ayudado mucho al desarrollo de la medicina con sus investigaciones, con sus experimentos.
El segundo criterio nos recuerda que la investigación no puede ser una actividad sin reglas éticas, ni se puede actuar en nombre de la ciencia para dañar a seres humanos.
La verdad es que en el mundo de la ciencia hay de todo (como hay de todo en el mundo de la economía, de la política, de la vida profesional). Algunos científicos trabajan sin escrúpulos, roban patentes, engañan para obtener dinero, inventan descubrimientos falsos para obtener fama. Otros han llegado más lejos: han “usado” a pacientes (niños, ancianos, prisioneros) como si fuesen animales de laboratorio, para experimentar sobre ellos con total libertad y, en no pocos causas, a costa de graves daños o de la muerte de sus víctimas.
Sentimos una fuerte repulsión hacia quien, en nombre de la “autonomía de la ciencia”, en nombre de la medicina, se ha atrevido a hacer el mal, a abusar de su saber, a engañar a sus pacientes, a provocar incluso la muerte de seres inocentes. La verdadera medicina existe para servir al hombre, no para dañarlo. No puede haber progreso médico realmente ético allí donde se usan conocimientos técnicos, destinados originalmente a curar y a ayudar, para herir o provocar la muerte de algunos seres humanos.
Esto se aplica, a pesar de los intereses de algunos, al tema de los embriones. Cada embrión es una vida humana. Para ser más preciso, es un hijo. Existe desde un padre y una madre, y merece, por lo mismo, ser respetado, ser protegido, ser ayudado para desarrollarse sin discriminaciones, sin actos que puedan dañarlo.
Es cierto que algunos embriones no serán “perfectos” (¿lo somos los adultos?), incluso que quizá tendrá algunos defectos de mayor o menor gravedad. Ello no le hace perder su valor, su dignidad, su derecho legítimo a ser asistido, acogido, en el mundo de los humanos.
Lo que acabamos de decir vale también para los embriones que algunos denominan, con poco respeto, como “sobrantes” o “supernumerarios”. Muchos de esos embriones son el resultado de técnicas de fecundación artificial sumamente injustas, que juegan con vidas humanas como si fuesen objetos sin valor, números que aumentan la probabilidad estadística de un embarazo en parejas con problemas de fertilidad. Si una pareja ya obtuvo el hijo deseado y quedan embriones “de más”, no falta quien pide que sean usados para investigar, es decir, que se permita su muerte como si fuesen vidas humanas menos importantes que las demás.
La Iglesia, y tantos hombres y mujeres de buena voluntad, defenderán la vida de esos embriones “sobrantes”, y hará lo posible para que reciban el trato que merecen. De este modo no sólo no ponemos un límite a la buena ciencia, a la medicina humanística, sino que recordamos a los científicos los deberes más profundos que caracterizan a cualquier ser humano. Sobre todo ese deber tan importante que todos estamos llamados a poner en práctica: el deber de proteger y asistir cualquier vida humana, sin discriminaciones.
Sólo en función de ese deber la ciencia médica, la investigación ética, seguirá buscando caminos de progreso para el bien de todos. También de los seres humanos más necesitados de ayuda y protección, más indefensos y desamparados: nuestros embriones, nuestros hijos.
Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.
En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida" Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: "Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean."
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.
Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: "Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos." Ser Feliz, es una actitud.
Lecturas del 22-2-05 (Martes de la Segunda Semana de Cuaresma)
SANTORAL: La cátedra de san Pedro
Lectura del libro del profeta Isaías 1, 10. 16-20
¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! íPresten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!
¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! íCesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! íBusquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!
Vengan, y discutamos -dice el Señor-. Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana.
Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país; pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 (R.: 23b)
R. Al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios.
No te acuso por tus sacrificios:
ítus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales. R.
«¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras? R.
Haces esto, ¿y yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.
El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios.» R.
X Lectura del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»
Palabra del Señor.
Reflexión
Los fariseos pretendían vivir según las normas mas estrictas de la ley, se creían los justos.
Muchos de los maestros de la ley, eran también fariseos. Jesús aconseja al pueblo que cumplan lo que ellos les predican, pero que no los imiten.....
Y al mismo tiempo que Jesús sensura a los dirigentes de Israel, se dirige también a sus discípulos y les traza un camino muy distinto del de los fariseos.
En la comunidad cristiana debe haber un gran sentido de igualdad y fraternidad.
Cuando Jesús dice: todos ustedes son hermanos, todos tienen un mismo Maestro..., nos está pidiendo que vivamos como hermanos, que entre nosotros no haya celos, no haya envidia.
Es cierto que en todo grupo humano hay distintas capacidades, pero la mayor capacidad, no debe ser motivo para querer destacarse, sino para servir.
Jesús establece una sólida norma de vida comunitaria, Él inculca que la verdadera grandeza, la mayor dignidad es el servicio a los hermanos.
Dice el Señor: porque el que se ensalce será humillado y el que se humille será ensalzado.
Muchas veces nuestro esfuerzo por elevarnos ante los hombres, nos hace rebajarnos ante Dios.
El servicio debe ser el lema de un cristiano. Y cuando al cristiano le toca ejercer algún puesto de mayor jerarquía, con mas razón aún.
En este tiempo de cuaresma, especialmente, tenemos que reflexionar sobre nuestra actitud, a la luz de la palabra de Dios, y producir los cambios necesarios.
Este es un tiempo en que la Iglesia, nos invita a convertir nuestro corazón, para llegar a la pascua, habiendo experimentado en nuestra vida algún cambio.
Por eso, cada día que pasa, estamos invitados a revisar alguna actitud de vida, y proponernos cambiar. Jesús murió y resucito históricamente hace casi 2000 años, pero Jesús resucita cuando cada hombre se transforma en un hombre nuevo conformado a su imagen. Por eso para que el día de Pascua, podamos desearnos una Feliz Pascua de Resurrección, cada uno de nosotros debe haberse esforzado por ser un hombre nuevo.
Hoy, vamos a tomarnos unos momentos, y ver cómo está nuestra vida.
¿Me siento realmente hermano? ¿Si, hermano de este que me perjudicó en esto? ¿De esa que habló mal de mí? ¿De esas personas que trabajan con nosotros o para nosotros y que a veces ni miramos? ¿O me siento superior? ¿Me siento distinto?
Vamos Hoy a buscar de hacer un gesto que haga sentir a ese otro, a alguno, que yo soy su hermano en Cristo
Hagámoslo hoy, y digamos tal vez, solo por hoy. Es así, como de a poco, vamos a ir cambiando nuestra vida.
Pidamos a Marìa la fuerza para que en esta cuaresma haya en nuestra vida verdadera conversión. No pensemos como los fariseos, que son los otros los que tienen que cambiar, todos..., tenemos que cambiar, y en este tiempo, el Señor nos acompaña con especiales gracias, para que logremos ese cambio.
Omipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre
de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día,
y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas,
tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua,
preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!
Por el hermano fuego,
que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso,
alegre: ¡loado mi Señor!
Y por la hermana tierra,
que es toda bendición,
la hermana madre tierra,
que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!
Y por los que perdonan
y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa a su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen
la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas
SANTORAL: La cátedra de san Pedro
La fiesta de la cátedra de san Pedro en Roma, celebra el día en que san Pedro, después de siete años de cátedra apostólica en Antioquía, entró en Roma para continuar su prédica y convertirla en centro de la Iglesia universal, en la Santa Sede. (Cátedra significa sede, trono, y la celebración alude a la función desempeñada por el príncipe de los apóstoles, como maestro y gobernante del pueblo fiel)
Anteriormente, esta festividad se realizaba el 18 de enero y el 22 de febrero tenía lugar la celebración de la cátedra de Antioquía, donde Pedro había establecido primero su sede. Por lo tanto se efectuaban dos celebraciones.
En 1960, el papa Juan XXIII excluyó el 18 de enero del calendario romano, quedando fijado, para la de san Pedro en Roma, el día de hoy.
Se cuenta que un día Pedro visitó a Cornelio, antiguo funcionario imperial. Cornelio recibió al extranjero con amabilidad y se le oyó decir: "Amigo, puedes disponer de esta casa para tus predicaciones". Y Pedro vio una sala y una silla de madera en ella.
Así entró Pedro como primer obispo de Roma, que sería en adelante el centro del nuevo reino de Cristo en la tierra. Unos veinticinco años gobernó san Pedro la cátedra, desde la cual predicó la doctrina que conduce a los hombres a la salvación. En Roma se guarda todavía la silla de madera en que se habría sentado el apóstol, en un relicario de bronce esculpido por Bernini.