Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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22 de agosto de 2005

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Red Pionera

Ponce, Puerto Rico

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PROGRAMAS DE ENFERMERÍA DE LA PUCPR RECIBEN REACREDITACIÓN NACIONAL

PONCE

El Departamento de Enfermería de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y sus programas de Bachillerato y Maestría en Enfermería recibieron la reacreditación de la Comisión de Acreditación de la Liga Nacional de Enfermería, NLNAC por sus siglas en inglés. Los programas recibieron la acreditación por ocho años, el período mayor que se concede.

El proceso de reacreditación comenzó con la visita de las doctoras Nancy Warren, Brenda Nichols y Sara Torres durante los días 22 al 24 de febrero de 2005 y culminó con la ratificación de la acreditación en la reunión celebrada durante los días 13-15 de julio en los cuarteles generales de la NLNAC en Nueva York.

El Programa de Bachillerato en Enfermería, primer programa de bachillerato en enfermería en Puerto Rico, fue fundado en agosto del 1956 y recibió la acreditación inicial en el 1963, tres años después de graduar su primera clase. El Programa de Maestría fundado en agosto del 1976 recibió la acreditación inicial en octubre de 1991. Desde entonces estos programas han mantenido la acreditación de prestigio que garantiza el compromiso e interés de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en mantener la evaluación de sus programas mediante los estándares de calidad más altos en la educación de enfermería.

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Comienza el periodo de matrícula en El Instituto de Educación Continua de la Pontificia Universidad Católica

El Instituto de Educación Continua de la Pontificia Universidad Católica informa que el periodo de matrícula para el semestre corriente se llevará a cabo desde el 20 al 27 de agosto de 2005. El horario de matrícula sera:

sábados de 9-12 M.
lunes a viernes de 10 A. M.-6 P.M.

Las Oficinas del Instituto de Educación Continua se encuentran en el primer piso del edificio de Administración de Empresas, entrada por la calle Universidad.
El programa de clases de Educación Continua se puede consultar aquí.

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FIRMAN ACUERDO PUCPR ARECIBO Y PEARLE VISION DE PUERTO RICO

PONCE

La Presidenta de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, la Prof. Marcelina Vélez de Santiago, y el Vicepresidente del Caribe de Pearle Vision, el Sr. Don R. Johndrow, firmaron un acuerdo colaborativo el cual establece la donación de equipo para un laboratorio de Óptica en el Recinto de Arecibo de esta institución educativa. Estuvieron presentes el Sr. Miguel Resto, Presidente de la Junta Examinadora de Ópticos de Puerto Rico y el Prof. José E. Valentín, Rector del Recinto de Arecibo. El Sr. Johndrow ha contactado otras firmas, las cuales estarán colaborando con el Recinto de Arecibo en esta alianza.

Con este acuerdo comienza el proceso por el cual el Recinto de Arecibo someterá al Consejo de Educación Superior la solicitud de autorización para iniciar el Grado Asociado en Ciencias Ópticas en dicho Recinto y lograr así el licenciamiento de ópticos para poder satisfacer la demanda de estos profesionales en las áreas norte y metro de Puerto Rico. Se proyecta el ofrecimiento de este grado en enero del 2006. Este grado ya se ofrece en el Recinto de Mayagüez de la Pontificia Universidad Católica.

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Refuta un economista el alegato de la banca local

Lunes, 22 de agosto de 2005

El señalamiento de la banca local sobre que el costo de los servicios bancarios aumentará si el Gobierno le impone una contribución de 4%, podría constituir una acción concertada para fijar precios, lo cual está prohibido por leyes locales y federales, sostuvo el economista y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Argeo Quiñones.

El economista indicó que la mera manifestación explícita de que el costo de los servicios bancarios aumentará si se le impone una contribución adicional podría ser un acto ilegal.

“Ese tipo de manifestación se puede interpretar como una amenaza y que la banca está logrando acuerdos para fijar precios. Eso se llama colusión y es ilegal”, dijo Quiñones.

El economista hizo las expresiones en el contexto de que la Asociación de Bancos ha expresado que la imposición de impuesto de 4% sobre los ingresos de intereses, antes del pago de contribuciones, aumentará los costos de operación de esas instituciones y ese incremento será trasladado a los consumidores.

Agregó que “no estaría mal” que se investigue si la Ley Antimonopolio local contiene disposiciones que prohíben ese tipo de manifestaciones. “Yo entiendo que hay leyes federales que prohíben realizar ese tipo de manifestación tanto de forma explícita como tácita”, sostuvo Quiñones.

“La banca puertorriqueña está en una condición de solvencia absoluta para poder pagar un impuesto de 4% como propone la administración de Aníbal Acevedo Vilá”, indicó el economista.

Señaló que, según información de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras, las ganancias de los bancos han tenido un incremento notable en los pasados años, mientras que sus pagos contributivos son realmente modestos.

El pasado año 2004 la banca comercial obtuvo ganancias netas por $1,407 millones. Pero el pago de contribuciones sobre ingresos ascendió a $193 millones, lo que, según dijo Quiñones, indica que la tasa contributiva efectiva de la banca es de 13.7 %.

El economista dijo que es imposible que la banca reclame que no puede pagar un incremento en sus contribuciones cuando genera ganancias tan extraordinarias y ante la realidad de la tasa contributiva efectiva de los individuos es de 10%.

“La banca paga contribuciones a un tasa que es sólo 3.7 % más alta que la que se aplica a los individuos”, dijo Quiñones.

Agregó que si se unen los ingresos de otros negocios de la banca, como los servicios hipotecarios, la brecha de ingresos con respecto a los individuos continúa ampliándose. Mientras que la tasa efectiva contributiva de la banca es muy cercana o más baja que la de los individuos.

Indicó que la banca hipotecaria obtuvo ingresos en 2004 por $538 millones, pero sólo pagó contribuciones por $7.5 millones. Esta cifra representa una tasa contributiva efectiva de 1.4%, lo cual representa una tasa ocho veces más baja que la que le aplica a los individuos.

El economista dijo que en el año 2000 la banca hipotecaria generó ingresos por $129.2 millones y sólo pago $13 millones en contribuciones, lo que representa una tasa contributiva efectiva de 10%, que similar a la tasa que aplica a los individuos.

Las entidades bancarias internacionales, la mayoría de la cuales pertenecen a bancos locales y que se conocen como EBIS, están exentas del pago de contribuciones en Puerto Rico. Esto porque su objetivo legal es realizar transacciones para clientes extranjeros.

Pero existen determinados negocios que están sujetos al pago de contribuciones, según indicó Quiñones. El economista dijo que en 2004 las EBIS obtuvieron ganancias de $660.7 millones, pero sólo pagaron $64.7 millones, que representa una tasa contributiva efectiva de 10%.

Quiñones sostuvo que es falso el alegato de la Asociación de Bancos sobre que la radicación de la medida para imponerle una contribución de 4% causó pérdidas multimillonarias en el valor de las acciones bancarias.

Senaló que esas pérdidas son la respuesta del mercado por las investigaciones que contra varios bancos locales realizan las autoridades federales por la alegada sobre estimación del valor de las acciones y de las ganancias de estas empresas.

(El nuevo día)

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Israel pone fin a 38 años de ocupación de Gaza con el desalojo del asentamiento de Netzarim

El Ejército y la policía de Israel ponen fin a 38 años de colonización judía en la franja de Gaza con la evacuación de Netzarim, el último de los 21 asentamientos establecidos en ese territorio palestino ocupado.
"Lo que nos hacéis nos rompe el corazón", dice Eyal Vered al oficial israelí que le pide que se marche de su casa con su mujer, Mijal, y sus cuatro hijos.
Vered, emocionado ante su hermosa casa de dos plantas que mira a la sinagoga y en la que solo quedan los marcos de las puertas y ventanas, le entrega al oficial una pulsera naranja, símbolo de los opositores a la retirada de la franja de Gaza.
En una tela naranja se lee "el pueblo de Israel vive". El general en reserva de las fuerzas aéreas, Ran Pekker, de 69 años, uno de un grupo de cinco militares del mismo rango que permanecen en la franja de Gaza desde hace dos semanas para mediar entre los colonos y el Ejército, coincidía hoy con el jefe de Estado Mayor que inspeccionaba la evacuación de este asentamiento clave.
Vestidos con camisetas azules en las que está escrita la frase "estamos con nosotros" han decidido pasar los últimos días en Netzarim, donde han tenido poco que hacer.
Un contender de plástico en llamas y pancartas de protesta por todo el asentamiento, fueron prácticamente los únicos actos de resistencia de los colonos de Netzarim a su desalojo.
En otra casa un grupo de chicas adolescentes pintan una enorme pancarta que reza: "Tierra de Israel nosotros te queremos". "En Netzarim Israel vencerá" y "para siempre Netzatim", rezaban otras a la entrada del asentamiento mientras entraba el Ejército israelí esta mañana para desalojar a las familias.
"Mira mamá, ha llegado el Ejército Nazi", dice un niño agarrado de la mano de su madre mientras grupos de soldados iban de casa en casa para instar a las familias a marcharse antes de que fueran sacadas por la fuerza, como han hecho en todos los demás asentamientos de la franja de Gaza.
Desde el tejado de su casa un hombre, acompañado de sus 10 hijos, reprende a dos mujeres policías que se han puesto a jugar al baloncesto con unos periodistas.
"No me extraña que os haya enviado (el primer ministro israelí, Ariel) Sharón aquí a vosotros porque sois lo peor", grita. "Bien que os divertís mientras a nosotros nos echan de nuestras casas", agrega.
Todavía esta mañana, seis jóvenes continuaban con la construcción de una casa en Netzarim. "Esta es la única forma de sentir que seguimos adelante", dice Dan Shefadia, de 21 años, mientras aplica cemento a una de las paredes.
El hecho es que a pesar de las protestas, los colonos de Netzarim, con una medía de cinco hijos por familia, han alcanzado un acuerdo con las autoridades israelíes, según el que se marcharán pacíficamente de sus casas y se mudarán al asentamiento de Ariel, en el corazón de Cisjordania.
De Netzarim, un asentamiento religioso establecido en 1984, tan solo dos de sus 64 familias se han marchado durante las últimas semanas. El resto celebró hoy al mediodía unos emotivos rezos de despedida en la sinagoga, antes de marcharse esta tarde hacia Jerusalén para rezar de nuevo ante el Muro de las Lamentaciones acompañados con la enorme "menora", candelabro de siete velas, que hasta esta mañana tocaba el tejado del templo judío en Netzarim.
"Unas 200 personas irán a rezar esta tarde al Muro", apunta un rabino del asentamiento. Netzarim, rodeado por enormes torretas de vigilancia del Ejército israelí, se encuentra a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Gaza y cerca de una de las principales carreteras de la franja de Gaza por lo que ha supuesto para los palestinos una fuente de agravios constantes y para sus residentes convertirse en el objetivo de constantes ataques.
En la radio israelí recordaban esta mañana el lema repetido por los dirigentes israelíes cuando buscaban el apoyo del sector nacionalista: "no abandonaremos ni Tel Aviv ni Netzarim" La ciudad de "Tel Aviv se queda hoy sola", afirmó hoy un comentarista.

(ABC)

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Arabes y judíos se funden en un abrazo musical en Ramala

RAMALA.

 Si hay que describir con una sola palabra el concierto ofrecido ayer en la ciudad de Ramala por la West Easter Divan, bajo la batuta de Daniel Barenboim, esa es sin duda la de emoción. Una emoción que se respiró de principio a fin a lo largo de las dos horas que duró una velada histórica para el millar de personas que presenció esta velada histórica. Por fin, y después de muchos esfuerzos, músicos árabes y judíos, acompañados por intérpretes españoles, tocaron al unísono en la ciudad palestina de Ramala. Un sueño largamente acariciado sobre todo por dos hombres: el director y pianista argentino-israelí Daniel Barenboim —ayer profundamente emocionado— y el intelectual palestino Edward Said, fallecido en 2003, que estuvo representado por su viuda.
El concierto, que llevaba por nombre «Libertad para Palestina», estuvo presidido por momentos llenos de significado. Las primeras notas musicales que sonaron fueron las de un cuarteto de viento de Mozart, interpretado por un egipcio, un sirio y dos israelíes. Países enfrentados históricamente que ayer dialogaron a través de la música. Ellos personificaron ayer, en primera persona, la convivencia, la tolerancia, el compromiso, la solidaridad, el respeto...
Así lo debió de vivir también el trompa Yubal Safiro, militar destacado durante la Segunda Intifada en el sector más cercano a Ramala, donde supervisaba el paso de los palestinos, Ayer se encontraba en el otro lado, donde todo transcurrió con normalidad gracias a los pasaportes diplomáticos concedidos por el gobierno español a la orquesta. También gracias a la cooperación de un general israelí, de origen druso, quien a última hora del sábado concedió los tres últimos permisos a tres músicos, denegados en un principio por ser militares israelíes.
Mozart dio paso a la «Quinta Sinfonía» de Beethoven, otra carga de profundidad llena de significado. Un canto a la libertad en toda regla de la que fueron testigos, además de los músicos, gran parte del gobierno palestino, y algunos representantes del español, de la Junta de Andalucía, sede actual del Divan, y del Ministerio de Asuntos Exteriores, a través del secretario de Estado Bernardino León, quien ha seguido muy de cerca este sueño, esta utopía hecha realidad.
Tanto Barenboim como la viudad de Said dijeron unas palabras al término de un concierto que representa un primer paso en un proceso que debe seguir adelante apoyado por todos. Y en las que Barenboim subrayó que el Divan no es una orquesta de paz, sino de entendimiento. Un millar de personas fueron testigos, desde sus butacas, los pasillos y las escaleras de este llamamiento a la convivencia entre dos pueblos, y que fue puesta en práctica por unos jóvenes a través de la música, rubricada con un fuerte abrazo tras el concierto.

(ABC)

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Colombia consume paz
Frijoles rojos con tocino, yogures de exóticos sabores, café orgánico... Los almacenes venden y exportan más de veinte productos comercializados por ex cultivadores de coca

BOGOTÁ.

Aunque para muchos esta solución pretende tapar el sol con los dedos, para otros es sin lugar a dudas una esperanza. ABC habló con quienes apostaron por la legalidad. Esta es la historia.

Cuenta que el día más triste de su vida fue cuando dejó de cultivar la coca. «Era dueño de cuatro hectáreas. Desde los 15 años -hoy tiene 29- me aventuré en el negocio. Le debo todo a la droga», dice mientras al otro lado de la línea suenan las rancheras mexicanas, populares en los pueblos del sur donde se produce el 50 por ciento de la cocaína que se consume en el mundo.

Marcos Baquero vive en el Guaviare, un departamento caluroso y húmedo al sureste del país. San José del Guaviare, la capital, ha sido desde siempre meca de colonos y de bonanzas: del caucho primero, de la coca después. Por estos días, sin embargo, la noticia es que la opulencia se acabó en el pueblo. Desde 2002, cuando el presidente Álvaro Uribe tomó las riendas del país y prometió fumigar hasta el último arbusto de coca, empezó por el Guaviare, el paraíso de la droga.

Los resultados son contradictorios. Si bien es cierto que disminuyeron las hectáreas de coca cultivadas en Colombia -según las cifras de EE.UU., de 144.400 en 2002, a 114.000 en 2004-, el negocio se trasladó a otros departamentos y países.

«Nos tocó cambiar», va contando Baquero. «Los insumos para producir la coca se volvieron costosos, el negocio se puso difícil, la Policía empezó a apretar». Porque la necesidad tiene cara de perro, como él mismo dice, un día se fijó en una casa de dos plantas situada a sólo 18 kilómetros de San José. Era la sede de la Asociación de Ganaderos Ecológicos del Guaviare (Asogeg), una cooperativa que desde finales de los noventa se dedica a apoyar a todo aquel que quiere dedicarse a los cultivos lícitos. Baquero es hoy el presidente de esta sociedad compuesta por más de un centenar de ex cultivadores de coca que administran uno de los negocios con mayor futuro: la venta de yogures de frutos amazónicos, que causan furor en los hipermercados de Bogotá.

El precio de la tranquilidad

«Nos traen mensualmente 400 yogures y se nos agotan en menos de una semana. A la gente le ha gustado no sólo por el sabor particular, sino porque conocen que los yogures son fabricados por ex cultivadores de coca. Se sienten con la responsabilidad de consumir paz», le contaba a este diario Mario Acevedo, portavoz de Carrefour, la cadena de supermercados francesa que desde 2001 compra productos alternativos.

Hoy, los yogures son la última novedad de los veinte productos que unas 3.000 familias campesinas han colocado con éxito en el mercado. Algunos incluso ya están siendo exportados, como los cafés orgánicos y los fríjoles rojos, reclamados en México y Jamaica. «Aposté por el negocio porque vi que había apoyo internacional», explica Baquero, quien no cambia su salario de 300 dólares mensuales -frente a los 1.700 dólares que ganaba en el cultivo de coca- por la tranquilidad de hoy.

Los expertos, sin embargo, no apuestan todas sus fichas a este proceso. Para Francisco Thoumi, director del Centro de Estudios y Observatorio de Drogas, el problema no se arregla con políticas como sustituir cultivos. «Se requieren instituciones fuertes, reformas profundas del Estado. Erradicar, sustituir, son pañitos de agua tibia entre los países productores». Marcos Baquero está de acuerdo. Pero lo pone en otros términos. El día que lo dejen de apoyar, volverá a los cultivos ilícitos. ¿Y los yogures? Duda. Ya sabe cuánto vale la tranquilidad. Y eso es una gran ganancia.

(ABC)

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Hallan en Holanda el manuscrito de un trabajo de Einstein de 1925

Un estudiante descubrió el documento en los archivos del Instituto Lorentz de Física Teórica de la Universidad de Leiden - Pueden verse hasta las huellas digitales del prestigioso científico

AMSTERDAM.- Los archivos del Instituto Lorentz de Física Teórica de la Universidad de Leiden, Holanda, albergaban un tesoro de valor incalculable para el mundo de la ciencia. Un estudiante ha descubierto un manuscrito original de un trabajo de Albert Einstein publicado en 1925 bajo el título 'Teoría Cuántica del Gas Ideal Monoatómico. Se pueden ver hasta las huellas digitales del prestigioso físico.

El documento, fechado en diciembre de 1924, es considerado uno de los últimos grandes logros de Einstein. Fue publicado en la memoria de la Academia de Ciencias de Prusia, en Berlín, en enero de 1925.

Una fotografía de alta resolución del documento de 16 páginas, en alemán, ha sido publicada con la información de su descubrimiento en la página en internet del instituto.

"Fue muy emocionante ya que uno puede incluso ver las huellas de Einstein en algunos lugares, y está lleno de anotaciones y señalamientos de su editor", dijo el profesor Carlo Beenakker, en referencia al momento en el que un estudiante encontró el delicado documento cuando buscaba material para su tesis doctoral.

Albert Einstein.

"Vamos a conservarlo como un recuerdo de sus visitas aquí, lo cual es un recuerdo que atesoraremos", dijo Beenakker. El físico alemán, de origen judío, dio clases en Berlín de 1914 a 1933, pero huyó a Estados Unidos tras el ascenso al poder de Adolf Hitler.

El documento descubierto señala que en temperaturas cercanas al cero absoluto, unos 273 grados centígrados bajo cero, las partículas de gas pueden alcanzar un estado de energía tan bajo que se unen en una estructura monoatómica. La idea fue desarrollada junto con el físico indio Satyendra Nath Bose, lo cual le valió a este estado, entonces teórico de la materia, el nombre de condensado Bose-Einstein.

En 1995, científicos de la Universidad de Colorado crearon tal condensación con una forma gaseosa del rubidio, lo cual les valió el Nobel de física en 2001.

(ABC)

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Discurso de Benedicto XVI en la ceremonia de bienvenida a Alemania

COLONIA, jueves, 18 agosto 2005

Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI en el aeropuerto de Colonia-Bonn al recibir este jueves la bienvenida a Alemania, tras el saludo que le dirigió el presidente de la República Federal, Horst Köhler.

* * *

Señor presidente del República,
ilustres autoridades políticas y civiles,
señor cardenal y venerados hermanos en el episcopado,
queridos ciudadanos de la República Federal,
queridos jóvenes

Con inmensa alegría me encuentro hoy, por vez primera después de mi elección a la Cátedra de Pedro, en mi querida patria, Alemania. Agradezco a Dios con viva emoción que me haya concedido iniciar las visitas pastorales fuera de los confines de Italia viniendo precisamente a la nación que me ha visto nacer. Vengo a Colonia con ocasión de la XX Jornada Mundial de la Juventud, que desde hace tiempo mi predecesor, el inolvidable Papa Juan Pablo II, había programado y predispuesto. Estoy sinceramente agradecido a todos los aquí presentes por la calurosa acogida que se me ha dispensado. Saludo con deferencia ante todo al presidente de la República Federal, señor Horst Köhler, al que agradezco las corteses palabras de bienvenida pronunciadas en nombre de todos los ciudadanos del República Federal de Alemania. Extiendo mi respetuoso reconocimiento a los representantes del Gobierno, a los miembros del Cuerpo diplomático y a las autoridades civiles y militares. Saludo también con afecto fraterno al pastor de la archidiócesis de Colonia, el cardenal Joachim Meisner y, con él, a los otros prelados, a los sacerdotes, los religiosos, las religiosas y a todos los que prestan su preciosa colaboración en las diversas actividades pastorales en las Diócesis de lengua alemana. Quisiera abrazar espiritualmente y con afecto en este momento a todos los habitantes de los muchos Länder de la República Federal de Alemania.

En estos días de preparación más inmediata a la Jornada Mundial de la Juventud, las diócesis de Alemania y, en particular, la diócesis y la ciudad de Colonia, se han animado con la presencia de tantos jóvenes procedentes de las diversas partes del mundo. Doy las gracias a todos los que han prestado una colaboración eficiente y generosa para organizar este acontecimiento eclesial de alcance mundial. Pienso en las parroquias, los institutos religiosos, las asociaciones, las organizaciones civiles y las personas privadas, apreciando la sensibilidad demostrada al dar una cálida y adecuada hospitalidad a los millares de peregrinos que han venido desde todos los continentes. La Iglesia que vive en Alemania, así como toda la población de la República Federal alemana, pueden enorgullecerse de una amplia y enraizada tradición de apertura mundial, como lo demuestran también las numerosas iniciativas de solidaridad, especialmente en favor de los Países en desarrollo.

Con este espíritu de sensibilidad y de acogida para con los que provienen de tradiciones y culturas diferentes, nos preparamos a vivir en Colonia la Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro de muchos jóvenes con el sucesor de Pedro es un signo de la vitalidad de la Iglesia. Me siento dichoso de estar entre los jóvenes, de apoyar su fe y de animar su esperanza. Al mismo tiempo, estoy seguro de recibir algo de los jóvenes, sobre todo de su entusiasmo, de su sensibilidad y de su disponibilidad para afrontar los desafíos del futuro. A ellos, y a cuantos los han acogido en estas jornadas ricas de acontecimientos, les envío desde ahora mi más cordial saludo. Además de los intensos momentos de oración, de reflexión y de fiesta con los jóvenes y con cuantos participarán en las múltiples manifestaciones programadas, tendré la oportunidad de encontrarme con los obispos, a los cuales dirijo ya desde ahora mi saludo fraterno. Veré luego a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, visitaré la Sinagoga para encontrar a la Comunidad hebrea, y acogeré también a los representantes de algunas Comunidades islámicas. Se trata de encuentros importantes para impulsar el camino de diálogo y cooperación en el empeño común de construir un futuro más justo y fraterno, que sea realmente digno del ser humano.

En el curso de esta Jornada Mundial de la Juventud reflexionaremos juntos sobre el tema «Hemos venido a adorarle» (Mt 2,2). No se puede perder esta oportunidad para profundizar en el sentido de la existencia humana como «peregrinación» realizada con la guía de la «estrella» en busca de Dios. Nos fijaremos juntos en las figuras de los Magos que, viniendo de tierras diferentes y lejanas, fueron de los primeros en reconocer en Jesús de Nazaret, en el Hijo de la Virgen María, al Mesías prometido, y a postrarse ante Él (cf. Mt 2,1-12). La Comunidad eclesial y la Ciudad de Colonia están especialmente vinculadas a la memoria de estas figuras emblemáticas. Como los Magos, todos los creyentes, y particularmente los jóvenes, están llamados a afrontar el camino de la vida buscando la verdad, la justicia y el amor. Es un camino cuya meta definitiva se puede alcanzar sólo mediante el encuentro con Cristo, un encuentro que no tiene lugar sin la fe. En este camino interior pueden ayudar los múltiples signos que la amplia y rica tradición cristiana ha dejado de manera indeleble en esta tierra de Alemania: desde los grandes monumentos históricos a las innumerables obras de arte diseminadas por su territorio, desde los documentos guardados en las bibliotecas a las tradiciones vividas con gran participación popular, desde los conceptos filosóficos a la reflexión teológica de tantos pensadores, desde la herencia espiritual a la experiencia mística de una muchedumbre de santos. Es un rico patrimonio cultural y espiritual que, todavía hoy, da testimonio en el corazón de Europa de la fecundidad de la fe y de la tradición cristiana. En particular, la diócesis y la región de Colonia conservan la memoria viva de grandes testigos de la civilización cristiana. Pienso, entre otros, en san Bonifacio, en santa Úrsula, en san Alberto Magno y, en tiempos más recientes, en santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y en el beato Adolph Kolping. Que estos ilustres hermanos nuestros en la fe, que han mantenido en alto la llama de la santidad a lo largo de los siglos, sean «modelos» y «patronos» de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando aquí.

Mientras renuevo a todos los presentes mi más sentido agradecimiento por la atenta acogida, ruego a Dios por el camino futuro de la Iglesia y de toda la sociedad en esta República Federal de Alemania, a la que tanto quiero. Que su larga historia y los grandes logros sociales, económicos y culturales obtenidos, impulsen a proseguir con renovado vigor por las vías del auténtico progreso y del desarrollo solidario, no sólo para la nación alemana, sino también para los demás pueblos del continente. Que la Virgen María, que mostró al Niño Jesús a los Magos cuando llegaron a Belén para adorar al Salvador, continúe intercediendo por nosotros, así como desde siglos vela sobre el Pueblo de Alemania en tantos Santuarios esparcidos por los Länder alemanes. Que Dios bendiga a los aquí presentes, y también a todos los peregrinos y a los habitantes del País. Que Dios proteja la República Federal de Alemania.

(ZENIT.org)

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Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes

COLONIA, jueves, 18 agosto 2005

 Publicamos el mensaje que Benedicto XVI dirigió, la tarde de este jueves a los jóvenes congregados en Colonia desde un barco que navegaba en las aguas del Rhin.

* * *

[En alemán]

Queridos jóvenes:
Es una dicha encontrarme con vosotros aquí, en Colonia, a orillas del Rhin. Habéis venido desde varias partes de Alemania, de Europa, del mundo, haciéndoos peregrinos tras los Magos de Oriente. Siguiendo sus huellas, queréis descubrir a Jesús. Habéis aceptado emprender el camino para llegar también vosotros a contemplar, personal y comunitariamente, el rostro de Dios manifestado en el niño acostado en el pesebre. Como vosotros, también yo me he puesto en camino para, con vosotros, arrodillarme ante la blanca Hostia consagrada, en la que los ojos de la fe reconocen la presencia real del Salvador del mundo. Todos juntos seguiremos meditando sobre el tema de esta Jornada Mundial del Juventud: «Venimos a adorarlo» (Mt 2,2).

[En inglés]
Os saludo y os recibo con inmensa alegría, queridos jóvenes, tanto si venís de cerca como de lejos, caminando por las sendas del mundo y los derroteros de vuestra vida. Saludo particularmente a los que han venido de Oriente, como los Magos. Representáis a las incontables muchedumbres de nuestros hermanos y hermanas de la humanidad que esperan, sin saberlo, que aparezca en su cielo la estrella que los conduzca a Cristo, Luz de las Gentes, para encontrar en Él la respuesta que sacie la sed de sus corazones. Saludo con afecto también a los que estáis aquí y no habéis recibido el bautismo, a los que no conocéis todavía a Cristo o no os reconocéis en la Iglesia. Precisamente a vosotros os invitaba de modo particular a este encuentro el Papa Juan Pablo II; os agradezco que hayáis decidido venir a Colonia. Alguno de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: «Había perdido conscientemente y deliberadamente la costumbre de rezar». Durante estos días podréis recobrar la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar. Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro corazón a Dios, dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el «derecho a hablaros» durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine con su luz vuestra mente y acaricie con su gracia vuestro corazón. En estos días benditos de alegría y deseo de compartir, haced la experiencia liberadora de la Iglesia como lugar de la misericordia y de la ternura de Dios para con los hombres. En la Iglesia y mediante la Iglesia llegaréis a Cristo que os espera.

[En francés]
A llegar hoy a Colonia para participar con vosotros en la XX Jornada Mundial de la Juventud, me surge espontáneamente el recuerdo emocionado y agradecido del Siervo de Dios, tan querido por todos nosotros, Juan Pablo II, que tuvo la idea brillante de convocar a los jóvenes de todo el mundo para celebrar juntos a Cristo, único Redentor del género humano. Gracias al diálogo profundo que se ha desarrollado durante más de veinte años entre el Papa y los jóvenes, muchos de ellos han podido profundizar la fe, establecer lazos de comunión, apasionarse por la Buena Nueva de la salvación en Cristo y proclamarla en muchas partes de la tierra. Este gran Papa ha sabido entender los desafíos que se presentan a los jóvenes de hoy y, confirmando su confianza en ellos, no ha dudado en incitarlos a proclamar con valentía el Evangelio y ser constructores intrépidos de la civilización de la verdad, del amor y de la paz.

Ahora me corresponde a mí recoger esta extraordinaria herencia espiritual que nos ha dejado el Papa Juan Pablo II. Él os ha querido, vosotros le habéis entendido y habéis correspondido con el entusiasmo de vuestra edad. Ahora, todos juntos tenemos el cometido de llevar a la práctica sus enseñanzas. Con este compromiso estamos aquí, en Colonia, peregrinos tras las huellas de los Magos. Según la tradición, en griego sus nombres eran Melchor, Gaspar y Baltasar. Mateo refiere en su Evangelio la pregunta que ardía en el corazón de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido?» (Mt 2, 2). Su búsqueda era el motivo por el cual emprendieron el largo viaje hasta Jerusalén. Por eso soportaron fatigas y sacrificios, sin ceder al desaliento y a la tentación de volver atrás. Ésta era la única pregunta que hacían cuando estaban cerca de la meta. También nosotros hemos venido a Colonia porque hemos sentido en el corazón, si bien de forma diversa, la misma pregunta que inducía a los hombres de Oriente a ponerse en camino. Es cierto que hoy no buscamos ya a un rey; pero estamos preocupados por la situación del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida; dónde los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente y del futuro de nuestro mundo? ¿De quién puedo fiarme; a quién confiarme? ¿Dónde está aquél que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón? Plantearse dichas cuestiones significa reconocer, ante todo, que el camino no termina hasta que se ha encontrado a Quien tiene el poder de instaurar el Reino universal de justicia y paz, al que los hombres aspiran, aunque no lo sepan construir por sí solos. Hacerse estas preguntas significa además buscar a Alguien que ni se engaña ni puede engañar, y que por eso es capaz de ofrecer una certidumbre tan firme, que merece la pena vivir por ella y, si fuera preciso, también morir por ella.

[En castellano]
Cuando se perfila en el horizonte de la existencia una respuesta como ésta, queridos amigos, hay que saber tomar las decisiones necesarias. Es como alguien que se encuentra en una bifurcación: ¿Qué camino tomar? ¿El que sugieren las pasiones o el que indica la estrella que brilla en la conciencia? Los Magos, una vez que oyeron la respuesta «en Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta» (Mt 2,5), decidieron continuar el camino y llegar hasta el final, iluminados por esta palabra. Desde Jerusalén fueron a Belén, es decir, desde la palabra que les había indicado dónde estaba el Rey de los Judíos que buscaban, hasta el encuentro con aquel Rey, que es al mismo tiempo el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. También a nosotros se nos dice aquella palabra. También nosotros hemos de hacer nuestra opción. En realidad, pensándolo bien, ésta es precisamente la experiencia que hacemos en la participación en cada Eucaristía. En efecto, en cada Misa, el encuentro con la Palabra de Dios nos introduce en la participación del misterio de la cruz y resurrección de Cristo y de este modo nos introduce en la Mesa eucarística, en la unión con Cristo. En el altar está presente al que los Magos vieron acostado entre pajas: Cristo, el Pan vivo bajado del cielo para dar la vida al mundo, el verdadero Cordero que da su propia vida para la salvación de la humanidad. Iluminados por la Palabra, siempre es en Belén – la «Casa del pan» – donde podremos tener ese encuentro sobrecogedor con la indecible grandeza de un Dios que se ha humillado hasta el punto hacerse ver en el pesebre y de darse como alimento sobre el altar.

¡Podemos imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales! Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel niño al Rey que buscaban, al Dios al que la estrella les había guiado. En Él, cubriendo el abismo entre lo finito y lo infinito, entre lo visible y lo invisible, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Misterio se ha dado a conocer, mostrándose ante nosotros en los frágiles miembros de un niño recién nacido. «Los Magos están asombrados ante lo que allí contemplan: el cielo en la tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven encerrado en un pequeñísimo cuerpo aquello que no puede ser contenido en todo el mundo» (San Pedro Crisólogo, Serm. 160,2). Durante estas jornadas, en este «Año de la Eucaristía», contemplaremos con el mismo asombro a Cristo presente en el Tabernáculo de la misericordia, en el Sacramento del altar.

[En italiano]
Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo Él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro «sí» al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que he dicho al principio de mi pontificado: « Quien deja entrar a Cristo [en la propia vida] no pierde nada, nada – absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera» (Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino, 24 abril 2005). Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo.

Os invito a que os esforcéis estos días a servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste. El encuentro con Jesucristo os permitirá gustar interiormente la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla después en vuestro entorno. Que vuestra presencia en esta ciudad sea el primer signo de anuncio del Evangelio mediante el testimonio de vuestro comportamiento y alegría de vivir. Hagamos surgir de nuestro corazón un himno de alabanza y acción de gracias al Padre por tantos bienes que nos ha dado y por el don de la fe que celebraremos juntos, manifestándolo al mundo desde esta tierra del centro de Europa, de una Europa que debe mucho al Evangelio y a los que han dado testimonio de él a lo largo de los siglos.

[En alemán]

Ahora me haré peregrino hacia la catedral de Colonia para venerar allí las reliquias de los santos Magos, que decidieron abandonar todo para seguir la estrella que los condujo al Salvador del género humano. También vosotros, queridos jóvenes, habéis tenido o tendréis ocasión de hacer la misma peregrinación. Estas reliquias no son más que el signo frágil y pobre de lo que ellos fueron y vivieron hace tantos siglos. Las reliquias nos conducen a Dios mismo; en efecto, es Él quien, con la fuerza de su gracia, da a seres frágiles la valentía de testimoniarlo ante del mundo. Cuando la Iglesia nos invita a venerar los restos mortales de los mártires y de los santos, no olvida que, en definitiva, se trata de pobres huesos humanos, pero huesos que pertenecían a personas en las que se ha posado la potencia trascendente de Dios. Las reliquias de los santos son huellas de la presencia invisible pero real que ilumina las tinieblas del mundo, manifestando el Reino de los cielos que habita dentro de nosotros. Ellas proclaman, con nosotros y por nosotros: «Maranatha» – «Ven, Señor Jesús». Queridos, con estas palabras os saludo y os cito para la vigilia del sábado por la tarde. A todos, ¡hasta luego!

[Traducción del original en alemán distribuido por la Sala de Prensa de la Santa Sede]

(ZENIT.org)

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Discurso del Papa tras visitar la catedral de Colonia

COLONIA, jueves, 18 agosto 2005

Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI desde la Roncalliplatz tras haber visitado la catedral de Colonia en el último acto público de su primer día en Alemania.

* * *

Queridos hermanos y hermanas

Es una gran alegría para mi estar esta noche con vosotros, en esta ciudad de Colonia a la que amo por tantos recuerdos que me unen a ella. Durante algunos años he vivido en la ciudad cercana de Bonn como profesor, y venía frecuentemente a Colonia donde he encontrado muchos amigos. Considero un especial designio de la Providencia el hecho de que muy pronto se estableció una relación de amistad con el Arzobispo de entonces, el Cardenal Joseph Frings, que me concedió toda su confianza y me llamó como teólogo suyo para el Concilio Vaticano II, pudiendo, de este modo, participar activamente en aquel evento histórico. También conocí al sucesor, el Cardenal Joseph Höffner, con quien me relacioné durante años, primero como colega fraterno en la Conferencia Episcopal alemana y luego en la colaboración común en diversos Dicasterios de la Curia romana. También es un buen amigo vuestro actual Arzobispo, el Cardenal Joachim Meisner, al que agradezco las palabras de calurosa acogida y el gran empeño que ha puesto durante estos meses en la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud. Deseo expresar también mi profundo reconocimiento por todo su empeño al Cardenal Karl Lehmann, Presidente de la Conferencia Episcopal alemana, y por mediación suya a los Obispos y a todos los que se han ocupado de movilizar a las fuerzas vivas de la Iglesia de este País con vistas a este gran acontecimiento eclesial de hoy. Agradezco a todos los que han preparado durante meses y meses este momento fuerte, tan esperado por todos: en particular, al Comité organizador de Colonia, pero también a las diócesis y las comunidades locales que han acogido a los jóvenes en estos últimos días. Puedo imaginar lo que todo esto significa, la energía empleada y los sacrificios que ha costado, y espero que redunden en el éxito espiritual de esta Jornada Mundial de la Juventud. Finalmente, he de manifestar mi profunda gratitud a las autoridades civiles y militares, a los responsables municipales y regionales, a los cuerpos de policía y a los agentes de seguridad de Alemania y del Land Renania Septentrional-Westfalia. En la persona del alcalde de esta ciudad doy las gracias a toda la población de Colonia por la comprensión demostrada ante la «invasión» de tantos jóvenes procedentes de todas las partes del mundo.

La ciudad de Colonia no sería lo que es sin los Reyes Magos, que tanto han influido en su historia, su cultura y su fe. En cierto sentido, la Iglesia celebra aquí todo el año la fiesta de la Epifanía. Por eso, antes de dirigirme a vosotros delante de esta magnífica catedral, he querido recogerme unos instantes en oración ante el relicario de los tres Reyes Magos, dando gracias a Dios por su testimonio de fe, de esperanza y de amor. En 1164, las reliquias de los Magos salieron de Milán y, escoltadas por el arzobispo de Colonia Reinald von Dassel, atravesaron los Alpes hasta llegar a Colonia, donde fueron acogidas con grandes manifestaciones de júbilo. En su peregrinación por Europa, las reliquias de los Magos han dejado huellas evidentes, que aún hoy permanecen en los nombres de lugares y en la devoción popular. Los habitantes de Colonia han hecho fabricar para las reliquias de los Rey Magos el relicario más precioso de todo el mundo cristiano y, como si no bastara, han levantado sobre él un relicario más grande todavía, como es esta estupenda catedral gótica que, después de los desperfectos de la guerra, ha vuelto a presentarse a los ojos de los visitantes en todo el esplendor de su belleza. Junto con Jerusalén la «Ciudad Santa», con Roma la «Ciudad Eterna», con Santiago de Compostela en España, gracias a los Magos, Colonia se ha ido convirtiendo a lo largo de los siglos en uno de los lugares de peregrinación más importantes del occidente cristiano.

Sin embargo, Colonia no es solamente la ciudad de los Magos. Está profundamente marcada por la presencia de tantos santos que, mediante el testimonio de su vida y la huella que han dejado en la historia del pueblo alemán, han contribuido al crecimiento de Europa sobre las raíces cristianas. Pienso en particular en los mártires y las mártires de los primeros siglos, como la joven Santa Úrsula y sus compañeras que, según la tradición, fueron martirizadas bajo Diocleciano. Y, ¿cómo no citar a San Bonifacio, el apóstol de Alemania, que en el año 745 fue elegido Obispo de Colonia con el consentimiento del Papa Zacarías? A esta ciudad está vinculado el nombre de San Alberto Magno, cuyo cuerpo descansa aquí cerca, en la cripta de la iglesia de San Andrés. En Colonia, Alberto Magno tuvo como discípulo a Santo Tomás de Aquino, que después fue también profesor aquí. Tampoco se puede olvidar al beato Adolph Kolping, muerto en Colonia en 1865, que, tras ser zapatero se hizo sacerdote y fundó numerosas obras sociales, sobre todo en el campo de la formación profesional. Pasando a los tiempos más recientes, pienso en Edith Stein, eminente filósofa judía del siglo XX, que entró en el Carmelo de Colonia con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz y murió en el campo de concentración de Auschwitz. El Papa Juan Pablo II la ha canonizado y declarado Copatrona de Europa, con Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena.

Con éstos y con todos los demás santos, conocidos o desconocidos, descubrimos el rostro más íntimo y más verdadero de esta ciudad y tomamos conciencia del patrimonio de valores que las generaciones cristianas que nos han precedido nos han confiado. Es un patrimonio muy rico. Hemos de estar a su altura. Es una responsabilidad que nos recuerdan hasta las piedras de los antiguos edificios de la ciudad. Por lo demás, hablando de valores espirituales, es posible dar vida a una comprensión recíproca entre los hombres y los pueblos, entre culturas y civilizaciones, aunque sean diferentes. En este contexto, dirijo un caluroso saludo a los representantes de las diversas confesiones cristianas y de las otras religiones. Doy gracias a todos por su presencia en Colonia con ocasión de este gran encuentro, esperando que ello haga progresar en el camino de la reconciliación y la unidad entre los hombres. En efecto, Colonia no sólo nos habla de Europa, sino que nos abre a la universalidad de la Iglesia y del mundo. Aquí está uno de los tres Magos que ha sido representado como un rey negro y, por lo tanto, como el representante del continente africano. Según la tradición, aquí murieron los mártires san Gereón y compañeros, de la legión tebana. Independientemente de la precisa credibilidad histórica de tales tradiciones, el culto a estos santos, que ha florecido en el curso de los siglos, atestigua la apertura universalista de los fieles de Colonia y, más en general, de la Iglesia que ha crecido en Alemania gracias a la acción apostólica de San Bonifacio. Esta apertura se ha confirmado en tiempos recientes por grandes iniciativas caritativas, como «Misereor», «Adveniat», «Missio» y «Renovabis». Estas obras, surgidas también en Colonia, hacen presente la caridad de Cristo en todos los continentes.

Ahora estáis aquí vosotros, jóvenes del mundo entero, representantes de aquellos pueblos lejanos que reconocieron a Cristo a través de los Magos y que fueron reunidos en el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, que acoge a hombres y mujeres de todas las culturas. Hoy corresponde a vosotros la tarea de vivir el aliento universal de la Iglesia. Dejáos inflamar por el fuego del Espíritu, para que un nuevo Pentecostés renueve vuestros corazones. Que por vuestra mediación, vuestros coetáneos de todas las partes de la tierra lleguen a reconocer en Cristo la verdadera respuesta a sus esperanzas y se abran a acoger al Verbo de Dios encarnado, que ha muerto y resucitado para la salvación del mundo.

(ZENIT.org)

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Homilía de Benedicto XVI en la Misa de Clausura de la JMJ Colonia 2005

Domingo 21 de agosto de 2005

Colonia - Explanada de Marienfeld

Queridos jóvenes:

Ante la sagrada Hostia, en la cual Jesús se ha hecho pan para nosotros, que interiormente sostiene y nutre nuestra vida (cf. Jn 6,35), hemos comenzado ayer tarde el camino interior de la adoración. En la Eucaristía la adoración debe llegar a ser unión. Con la Celebración eucarística nos encontramos en aquella “hora” de Jesús, de la cual habla el Evangelio de Juan. Mediante la Eucaristía, esta “hora” suya se convierte en nuestra hora, su presencia en medio de nosotros. Junto con los discípulos Él celebró la cena pascual de Israel, el memorial de la acción liberadora de Dios que había guiado a Israel de la esclavitud a la libertad. Jesús sigue los ritos de Israel. Pronuncia sobre el pan la oración de alabanza y bendición. Sin embargo, sucede algo nuevo. Él da gracias a Dios non solamente por las grandes obras del pasado; le da gracias por la propia exaltación que se realizará mediante la Cruz y la Resurrección, dirigiéndose a los discípulos también con palabras que contienen el compendio de la Ley y de los Profetas: “Esto es mi Cuerpo entregado en sacrificio por vosotros. Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre”. Y así distribuye el pan y el cáliz, y, al mismo tiempo, les encarga la tarea de volver a decir y hacer siempre en su memoria aquello que estaba diciendo y haciendo en aquel momento.

¿Qué está sucediendo? ¿Cómo Jesús puede repartir su Cuerpo y su Sangre? Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, Él anticipa su muerte, la acepta en lo más íntimo y la transforma en una acción de amor. Lo que desde el exterior es violencia brutal, desde el interior se transforma en un acto de un amor que se entrega totalmente. Esta es la transformación sustancial que se realizó en el cenáculo y que estaba destinada a suscitar un proceso de transformaciones cuyo último fin es la transformación del mundo hasta que Dios sea todo en todos (cf. 1 Cor 15,28). Desde siempre todos los hombres esperan en su corazón, de algún modo, un cambio, una transformación del mundo. Este es, ahora, el acto central de transformación capaz de renovar verdaderamente el mundo: la violencia se transforma en amor y, por tanto, la muerte en vida. Dado que este acto convierte la muerte en amor, la muerte como tal está ya, desde su interior, superada; en ella está ya presente la resurrección. La muerte ha sido, por así decir, profundamente herida, tanto que, de ahora en adelante, no puede ser la última palabra. Ésta es, por usar una imagen muy conocida para nosotros, la fisión nuclear llevada en lo más íntimo del ser; la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Solamente esta íntima explosión del bien que vence al mal puede suscitar después la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo. Todos los demás cambios son superficiales y no salvan. Por esto hablamos de redención: lo que desde lo más íntimo era necesario ha sucedido, y nosotros podemos entrar en este dinamismo. Jesús puede distribuir su Cuerpo, porqué se entrega realmente a sí mismo.

Esta primera transformación fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida lleva consigo las demás transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre. Llegados a este punto la transformación no puede detenerse, antes bien, es aquí donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que a su vez nosotros mismos seamos transformados. Nosotros mismos debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consaguíneos. Todos comemos el único pan, y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una sola cosa. La adoración, hemos dicho, llega a ser, de este modo, unión. Dios no solamente está frente a nosotros, como el Totalmente otro. Está dentro de nosotros, y nosotros estamos en Él. Su dinámica nos penetra y desde nosotros quiere propagarse a los demás y extenderse a todo el mundo, para que su amor sea realmente la medida dominante del mundo. Yo encuentro una alusión muy bella a este nuevo paso que la Última Cena nos indica con la diferente acepción de la palabra “adoración” en griego y en latín. La palabra griega es proskynesis. Significa el gesto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente autónomo, sino orientarse según la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos. Este gesto es necesario, aun cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva. Hacerla completamente nuestra será posible solamente en el segundo paso que nos presenta la Última Cena. La palabra latina adoración es ad-oratio, contacto boca a boca, beso, abrazo y, por tanto, en resumen, amor. La sumisión se hace unión, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser.

Volvamos de nuevo a la Última Cena. La novedad que allí se verificó, estaba en la nueva profundidad de la antigua oración de bendición de Israel, que ahora se hacía palabra de transformación y nos concedía el poder participar en la hora de Cristo. Jesús no nos ha encargado la tarea de repetir la Cena pascual que, por otra parte, en cuanto aniversario, no es repetible a voluntad. Nos ha dado la tarea de entrar en su “hora”. Entramos en ella mediante la palabra del poder sagrado de la consagración, una transformación que se realiza mediante la oración de alabanza, que nos sitúa en continuidad con Israel y con toda la historia de la salvación, y al mismo tiempo nos concede la novedad hacia la cual aquella oración tendía por su íntima naturaleza. Esta oración, llamada por la Iglesia “oración eucarística”, hace presente la Eucaristía. Es palabra de poder, que transforma los dones de la tierra de modo totalmente nuevo en la donación de Dios mismo y que nos compromete en este proceso de transformación. Por esto llamamos a este acontecimiento Eucaristía, que es la traducción de la palabra hebrea beracha, agradecimiento, alabanza, bendición, y asimismo transformación a partir del Señor: presencia de su “hora”. La hora de Jesús es la hora en la cual vence el amor. En otras palabras: es Dios quien ha vencido, porque Él es Amor. La hora de Jesús quiere llegar a ser nuestra hora y lo será, si nosotros, mediante la celebración de la Eucaristía, nos dejamos arrastrar por aquel proceso de transformaciones que el Señor pretende. La Eucaristía debe llegar a ser el centro de nuestra vida. No se trata de positivismo o ansia de poder, cuando la Iglesia nos dice que la Eucaristía es parte del domingo. En la mañana de Pascua, primero las mujeres y luego los discípulos tuvieron la gracia de ver al Señor. Desde entonces supieron que el primer día de la semana, el domingo, sería el día de Él, de Cristo. El día del inicio de la creación sería el día de la renovación de la creación. Creación y redención caminan juntas. Por esto es tan importante el domingo. Es bonito que hoy, en muchas culturas, el domingo sea un día libre o, juntamente con el sábado, constituya el denominado “fin de semana” libre. Pero este tiempo libre permanece vacío si en él no está Dios. ¡Queridos amigos! A veces, en principio, puede resultar incómodo tener que programar en el domingo también la Misa. Pero si os empeñáis, constataréis más tarde que es exactamente esto lo que le da sentido al tiempo libre. No os dejéis disuadir de participar en la Eucaristía dominical y ayudad también a los demás a descubrirla. Ciertamente, para que de esa emane la alegría que necesitamos, debemos aprender a comprenderla cada vez más profundamente, debemos aprender a amarla. Comprometámonos a ello, ¡vale la pena! Descubramos la íntima riqueza de la liturgia de la Iglesia y su verdadera grandeza: no somos nosotros los que hacemos fiesta para nosotros, sino que es, en cambio, el mismo Dios viviente el que prepara una fiesta para nosotros. Con el amor a la Eucaristía redescubriréis también el sacramento de la Reconciliación, en el cual la bondad misericordiosa de Dios permite siempre iniciar de nuevo nuestra vida.

Quien a descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Y de este modo, junto a olvido de Dios existe como un boom de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la “medida de cada uno” a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo! Tratemos nosotros mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia Él. Por esto es tan importante el amor a la Sagrada Escritura y, en consecuencia, conocer la fe de la Iglesia que nos muestra el sentido de la Escritura. Es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia en su fe creciente y la ha hecho y hace penetrar cada vez más en las profundidades de la verdad (cf. Jn 16,13). El Papa Juan Pablo II nos ha dejado una obra maravillosa, en la cual la fe secular se explica sintéticamente: el Catecismo de la Iglesia Católica. Yo mismo, recientemente, he podido presentar el Compendio de tal Catecismo, que ha sido elaborado a petición del difunto Papa. Son dos libros fundamentales que querría recomendaros a todos vosotros.

Obviamente, los libros por sí solos no bastan. ¡Construid comunidades basadas en la fe! En los últimos decenios han nacido movimientos y comunidades en los cuales la fuerza del Evangelio se deja sentir con vivacidad. Buscad la comunión en la fe como compañeros de camino que juntos van siguiendo el itinerario de la gran peregrinación que primero nos señalaron los Magos de Oriente. La espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero es asimismo importante conservar la comunión con el Papa y con los Obispos. Son ellos los que garantizan que no se están buscando senderos particulares, sino que a su vez se está viviendo en aquella gran familia de Dios que el Señor ha fundado con los doce Apóstoles.

Aún, una vez más, debo volver a la Eucaristía. “Porque aún siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan” dice san Pablo (1 Cor 10,17). Con esto quiere decir: puesto que recibimos al mismo Señor y Él nos acoge y nos atrae hacia sí, seamos también una sola cosa entre nosotros. Esto debe manifestarse en la vida. Debe mostrase en la capacidad de perdón. Debe manifestarse en la sensibilidad hacia las necesidades de los demás. Debe manifestarse en la disponibilidad para compartir. Debe manifestarse en el compromiso con el prójimo, tanto con el cercano como con el externamente lejano, que, sin embargo, nos mira siempre de cerca. Existen hoy formas de voluntariado, modelos de servicio mutuo, de los cuales justamente nuestra sociedad tiene necesidad urgente. No debemos, por ejemplo, abandonar a los ancianos en su soledad, no debemos pasar de largo ante los que sufren. Si pensamos y vivimos en virtud de la comunión con Cristo, entonces se nos abren los ojos. Entonces no nos adaptaremos más a seguir viviendo preocupados solamente por nosotros mismos, sino que veremos donde y como somos necesarios. Viviendo y actuando así nos daremos cuenta bien pronto que es mucho más bello ser útiles y estar a disposición de los demás que preocuparse solo de las comodidades que se nos ofrecen. Yo sé que vosotros como jóvenes aspiráis a cosas grandes, que queréis comprometeros por un mundo mejor. Demostrádselo a los hombres, demostrádselo al mundo, que espera exactamente este testimonio de los discípulos de Jesucristo y que, sobre todo mediante vuestro amor, podrá descubrir la estrella que como creyentes seguimos.

¡Caminemos con Cristo y vivamos nuestra vida como verdaderos adoradores de Dios! Amén.

(Aciprensa)

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«Bésame o me voy p´arriba»

«Al final de la misa le he tenido que decir a mi novio que me besara fuerte porque me subía pa´l cielo», decía emocionada Diana (Puerto Rico, 23). Las parejas cristianas son como son: «Intrigamos a la gente», dice Claire (23, París) del brazo de Olivier (29) «los amigos quieren saber por qué somos así». Entre dos «es más fácil vivir tu fe», dice ella, «si la vives transpiras alegría, los demás ven que no son reglas», añade él, «éstas mueren si no hay vida». Jeff (Filadelfia, 19) cree que «la fe es gris y seria para el hipócrita», su novia Missy se ha hecho un tatuaje del Día de la Juventud, «esto sí quiero que quede para siempre». El sexo es importante: «por eso queremos estar seguros», dice Nuria (Barcelona) «pierde la gracia abrir en verano los regalos de Navidad...». David añade que la fe entre dos es un «suelo sólido que compartimos». A Nuria le ayuda «saber que él se esfuerza por ser sincero, fiel y que sabe ir a pedir perdón: con Dios en medio tenemos una relación a tres muy dinámica».

(ABC)

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«Este Woodstock da para más que el de mis padres»
«Aquí Colonia: Buon ritorno alla Terra a tutti», se despedían los de Venecia de los miles que quedaban atrás, aseguraban sus mochilas o tomaban sus bicicletas para un largo viaje. Muchos decían ayer haber visitado otro mundo y no querer regresar.

Miles de jóvenes pasaron la noche al raso tras soportar una gran lluvia para poder escuchar al Papa

«¿Un nuevo Papa, sí y qué?» dice Marc (25 años, Barcelona): «Para nosotros es el representante de Jesús»


MARIENFELD.

 «Mamma, non aspettarmi. ´Sta notte dormo dal Papa» decía la lona que de noche cubría a una bandada de napolitanos. «Tanto frío... pero tanto calor luego», contaba impresionada María (14 años, Madrid) que con otros cientos de miles pasó la noche a las afueras de Colonia. «Una gran familia unida pasando la noche juntos», añade Randa, (Nueva York, 21 años) cuyos padres estuvieron en Woodstock y «a nuestro Woodstock le veo más futuro que al suyo», dice de la acampada hippie de 1969. «Esto sí que es la aldea global», diría luego Jon (26 años, Irún). Ghideon (20 años, Lyon) había renunciado a otra bandera y llevaba la blanca y amarilla de la Iglesia: «La única que vale la pena».

«No estar solos» y el disfrute de «la inmensa variedad del mundo» son las opiniones más comunes y tres amigos estadounidenses lamentan «por qué el mundo no está más unido». Silvia (28 años, Buenos Aires), cree que «hemos sido unos privilegiados por verlo, te sientes capaz de todo. Esto tenemos que llevarlo de vuelta a nuestra crisis argentina». A Ángel (15 años, Asturias, del Opus Dei) le gusta que «aquí nadie te ataca por ser cristiano». Ana María y María (Madrid, Club Peñalara) con sus 14 años se llevan unas propuestas: «Amar, ser humildes, hablar de nuestra fe». Stefan y Theresa forman una familia que ha acogido a un grupo de Barbados; parten con la idea de que «uno no puede vivir solo, la fe hay que vivirla en familia y, ésta, en comunidad».

Muchos, desde Egipto (Naziv, 30 años) a un colegio de Bilbao (Edurne, 16 años) están solos y estar aquí ha sido «un baño de universalidad». «Para un albanés es grandioso estar en comunión con todo el mundo», dice Ndre. Josephine (22 años), que estudia cine en Berlín, lamenta que «un católico allí es como una diáspora. Aquí rezando juntos hemos sentido a Dios entre nosotros». Para aislado Noel (27 años) que es paquistaní, pero no se duele por ello «pues los cristianos en su origen eran minoría». En Egipto, Naziv forma parte de un 10% de cristianos coptos y lamenta que «las mayorías radicalizan a las minorías y vicevesa». ¿Y en España? Aquí «nos encantan las iglesias abiertas de par en par, llenas de gente entrando y saliendo», «te da fuerzas cuando vienes de España», añade Jesús (28 años), que se quitó de comunista hace poco y ahora es diácono en Getafe, «un cinturón industrial pero la diócesis más joven de Europa».

«Mira intensamente»

Visto por primera vez, éste es un Papa que «no entorna los ojos cuando reza, mira intensamente», anota Noemi (bretona, 19 años) cuya gorra dice «Está vivo» donde antes ponía Nike. Su novio Rémy (18 años) parece el único que lleva una bandera de la UE. «Es la de Europa, pero es la corona de María, aunque ahora Chirac lo disimule». Éste sería «el típico cristiano de boquilla, un mero político adaptable». El copto Nazif recuerda que el ex cardenal Ratzinger ha escrito que quien busca abdicar de su cultura «no está tranquilo».

En cuanto a Benedicto XVI (aquí B16) «parecía inseguro, pero ha sabido ganarnos y lo hemos aceptado» (Jule, Bruselas). «Ahora la transición se ha hecho» (Claire, 23 años, París) «¿Un nuevo Papa, sí y qué?» dice Marc (25 años, Barcelona) que ha estado en varias Jornadas Mundiales: «Para nosotros es el representante de Jesús» y Sara (24 años, Castellón) añade que «el espíritu es el mismo, aquí o en Toronto». «Es grandioso ver que no estamos solos, te da una gran fuerza para no aislarte allí en casita». Ales (26 años, R.Checa) echa de menos a Juan Pablo II: «Nos hablaba de cerca, pero el sermón de éste ha sido impresionante». De Madrid, Javier (20 años), Blanca (15 años) y Marta (15 años) son Legionarios de Cristo y estaban «expectantes» pero B16 «ha pasado con nota». Más allá del Papa, Carolina (21 años, Granada) confiesa: «A mí lo que me pone de verdad es buscar a Jesús».

El primer acto de fe había sido ya para cientos de miles empacar el día antes para irse a 20 kms a pasarla al raso, con 13 grados y después de caer una porción del diluvio universal. Pero allí estaban, los hijos de una sociedad acomodada, tumbados sobre un barrizal, derramando una lata de tomate y quemando el saco con una vela, pero muchos con cara de estar en los alrededores del cielo. Y sin pagar. «Yo es que busco cosas importantes», decía Natacha (18 años, Barcelona). Al despedirse: «Nos vemos en Sidney. Resistid».

(ABC)

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LOS NIÑOS

Los niños vienen en tamaños, pesos y colores surtidos. Se les encuentra
dondequiera: encima, debajo, dentro, trepando, corriendo, saltando. Las mamás los adoran y las hermanas y hermanos mayores los toleran, los adultos los desconocen y el cielo los protege. Un niño es la verdad con la cara sucia, la sabiduría con el pelo desgreñado, la esperanza del futuro con una rana en el bolsillo.

Un niño tiene el apetito de un caballo, la digestión de un tragaespadas, la energía de una bomba atómica, la curiosidad de un gato, los pulmones de un dictador, la imaginación de Julio Verne, la timidez de una violeta, la audacia de una trampa de acero, el entusiasmo de una chinampina, y cuando hace algo, tiene cinco mil pulgares en cada mano.

Le encantan los dulces, la Navidad, los libros con láminas, el chico de los vecinos, el campo, el agua (en sus estados naturales), los animales grandes, Papá, los trenes, los domingos por la mañana y los carros de bomberos.

Le desagradan las visitas, la doctrina, la escuela, los libros sin láminas, las lecciones de música, las corbatas, los peluqueros, las muchachas, los abrigos, los adultos y la hora de acostarse.

Nadie más que él se levanta tan temprano ni se sienta a comer tan tarde. Nadie más puede embutirse en el bolsillo un cortaplumas oxidado, una fruta mordida, medio metro de cordel, un saquito de tabaco vacío, caramelos, seis monedas, una honda, un trozo de sustancia desconocida y un auténtico anillo supersónico con un compartimiento secreto.

Un niño es una criatura mágica; Usted puede cerrarle la puerta donde guarda las herramientas, pero no puede cerrarle la de su corazón; puede echarlo de su estudio, pero nunca de su pensamiento. Todo su poderío se rinde ante él. Es un carcelero, su amo, su jefe...El un manojito de ruido, carita sucia; pero cuando usted llega a su casa por la noche, con sus esperanzas y sus ambiciones hechas pedazos, él puede remediarlo todo con dos palabras mágicas: "Hola Papito".

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Lecturas del 22-8-05 (Lunes de la Semana 21)

SANTORAL: Santa María Virgen, Reina

Lectura del libro del profeta Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 112, 1-2. 3-4.5-6. 7-8 (R.: cf. 2)

R. Bendito sea el nombre del Señor para siempre.

Alaben, servidores del Señor,
alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. R.

Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. R.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra? R.

El levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles,
entre los nobles de su pueblo. R.

X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

El Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el Angel se alejó.

Palabra del Señor.

Reflexión

Celebramos hoy a Maria como Reina. Tal como meditamos en el quinto misterio glorioso del Rosario.

María nació Reina porque fue predestinada desde siempre para que lo fuera. Y fue predestinada para ser Reina porque fue elegida para la misión de ser la Madre de Cristo-Rey, y Mediadora universal de todas las gracias.

María es Reina, por ser Madre de Cristo y por ser con Él corredentora del género humano, pero su Reino, a semejanza con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal, es un Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz.

Y como Reina y Madre del Rey, María es coronada en sus imágenes- según costumbre de la Iglesia- para simbolizar de este modo, el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.

Vamos a pedirle hoy a Dios que nos ha dado como madre y como reina a la Madre de Cristo, que nos conceda que protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que les tiene preparada a todos los hijos en el reino de los cielos

El relato de la Anunciación que se lee en el Evangelio de hoy es la crónica de la vocación de María.

Dios, llegado el momento de culminar su programa de salvación, busca una persona obediente para entrar en el mundo de los hombres.

María no comprende cómo puede ella entrar en el plan que Dios tiene, siendo virgen. Su maternidad no será su opción personal, sino que será decisión de Dios, que ella acepta como “sierva”.

Dios entra en el mundo, a través del seno de una mujer obediente; no hay otro modo de recibir en la propia vida a Dios ni de permitirle que cumpla en nuestro mundo sus proyectos de salvación. Donde haya obedientes, a costa de lo que sea, Dios encontrará una puerta, la oportunidad, para hacerse uno de los nuestros, hombre a nuestra imagen. Y en donde le sea posible encarnarse a Dios, allí habrá salvación.

María, sin comprender las consecuencias del proyecto que Dios alimentaba sobre su vida, aceptó todas sus exigencias, como “sierva”, al servicio exclusivo de ese Dios, ejecutora fiel de su voluntad.

María venció el pecado con su obediencia. Dios encontró en María una creatura dispuesta a hacer su querer, confiada enteramente a su voluntad, hasta el extremo de renunciar a pedirle explicaciones o ponerle condiciones; sierva siempre y sólo esclava, Dios la convirtió en madre virgen, mujer inmaculada y Reina.

Los términos Reina y Señora, aplicados a María, no son una metáfora. Con esos términos designamos una verdadera preeminencia y una auténtica dignidad y potestad en los cielos y en la tierra de nuestra Madre.

María, por ser Madre del Rey, es verdadera y propiamente Reina, encontrándose en la cima de la creación.

Ella es la “primera” persona humana del universo. Ella tiene tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede concebir otra mayor después de Dios, y , fuera de Dios, nadie podrá jamás comprender.

Pero celebrar hoy a María como Reina, limitándonos a admirar, una vez más, a María, no tendría sentido si no nos dejáramos penetrar por su hazaña y no pusiéramos nuestro corazón en la manos de Dios, al servicio de su querer.

Nuestro agradecimiento a Dios por María y nuestra alegría por ser ella Reina de la Creación entera, será real sólo si nos empeñamos en imitar la obediencia de María a la voluntad de Dios, para que Cristo Rey y María Reina, puedan verdaderamente reinar en nuestro corazón y en nuestro ambiente.

Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Canten hoy, pues a ser vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dáis,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y, ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparamos también
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y, ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Santa María Virgen, Reina

María, como reina, tiene un tratamiento artístico y teológico. Desde luego, los artistas le han dado el título de reina sin ningún reparo.
Imágenes románicas con la cabeza de la Virgen María coronada, son comunes. Los artístas han sido siempre muy generosos, porque les parecía normal que María fuera reina.
La liturgia tampoco se queda atras: "Alégrate, reina del cielo". Y en las letanías se la nombra reina de los ángeles, los patriarcas, los mártires y todos los santos. La teología ha discutido más pues es mas severa. Pero al fin de cuentas le han declarado reina pues es la madre del Rey, y esto le hace ser reina en el sentido propio y formal.
María consigue todas las gracias por vía de la plegaria. Pero su intercesión es tal que coincide con el derecho regio a todas las gracias y para todos los hombrea que han de recibirlas.
San Ildefonso de Toledo era el más artista y el más teólogo cuando se ponía a hablar de María: "Tu eres señora mía porque eres sierva de mi Señor. Eres reina mía porque eres la Madre de tu Señor".
San Ruperto de Deutz decía: "Esta es la reina, por ser la madre del rey coronado".

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