Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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21 de octubre de 2004

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Conmemoran el primer aniversario de la muerte de Don Luis A. Ferré

jueves, 21 de octubre de 2004

La Familia Ferré Rangel recordará hoy el primer aniversario del fallecimiento del ex gobernador Luis A. Ferré con una ofrenda floral ante su tumba y una misa en la Catedral de Ponce.

El portavoz de la familia, Antonio Luis Ferré Rangel, informó que a las 9:00 a.m. habrá una ofrenda floral ante la tumba de Don Luis en el Cementerio Las Mercedes, de Ponce. A las 10:00 a.m., el obispo de Ponce, monseñor Félix Lázaro, oficiará una misa abierta al público en la Catedral.

"Hemos querido conmemorar este primer aniversario de la muerte de nuestro querido Don Luis con esta misa en la Catedral de Ponce, en la ciudad en que él nació, estableció el Museo de Arte y que tan ligada estuvo a Don Luis y lo está a toda nuestra familia", dijo Ferré Rangel.

El ex gobernador Ferré murió el 21 de octubre de 2003, a los 99 años y ocho meses de edad, de un fallo respiratorio, luego de haber estado recluido por cuatro semanas en un hospital del área metropolitana.

Ferré fue gobernador de Puerto Rico de 1969 a 1972. En su larga vida pública fue presidente del Senado y representante a la Cámara. También, delegado a la Convención Constituyente de 1952. En la política de Estados Unidos, presidió durante más de 40 años del Partido Republicano en Puerto Rico, lo que le permitió establecer relaciones de amistad con algunos presidentes de Estados Unidos, entre ellos Ronald Reagan y George Bush, padre.

De hecho, Bush, padre, vino expresamente a San Juan en diciembre pasado para asistir a una misa en honor a Don Luis, que se celebró en la Capilla de la Universidad del Sagrado Corazón.

Don Luis fue también un apasionado de las artes. Estableció el Museo de Arte de Ponce, considerado el segundo más importante de América Latina.

(Primera hora)

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Los seres humanos tenemos menos genes que una planta y sólo unos centenares más que un gusano

Los científicos precisan que la superior complejidad biológica de las personas no radica en el número de genes (entre 20.000 y 25.000) sino en cómo actúan

Los seres humanos tenemos menos genes que una mala hierba silvestre y sólo unos centenares más que los gusanos que se arrastran por el suelo, según una estimación a la baja realizada por el consorcio internacional de científicos que anunció el desciframiento del genoma humano en 2001.

En la revista británica «Nature», este equipo científico presenta hoy una versión mucho más completa, ordenada y detallada de la secuencia de unidades de ADN que compone el genoma, esa especie de manual de instrucciones del cuerpo humano con las claves de nuestras enfermedades y capacidades cognitivas. A partir del análisis de esta versión más refinada se estima ahora que el número de genes bascula entre 20.000 y 25.000, cifra muy inferior a la propuesta hace tres años cuando el consorcio público presentó su borrador del genoma: entre 30.000 y 40.000.

La secuencia de ADN del genoma humano disponible en 2001 era como el templo de la Sagrada Familia de Gaudí: monumental pero inacabado. En el borrador que el consorcio público presentó entonces, y en el elaborado por la empresa Celera, faltaba un 10% del ADN correspondiente a la zona del genoma más rica en genes y otro 20% de áreas con mínima presencia de genes. En total, un 30% de nuestro genoma.

«Esos borradores tenían cientos de miles de lagunas y regiones mal ensambladas donde porciones enteras del genoma estaban solapadas o mal colocadas», aclara Lincoln Stein, del Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York. «El resultado fue que todos los análisis de la estructura a gran escala del genoma humano, o sobre los mecanismos que han guiado la evolución de nuestros genes, se enfrentaron a numerosas incertidumbres y malinterpretraciones», añade Lincoln Stein.

Lagunas examinadas con lupa

Desde el año 2001, los centros del consorcio público siguieron con su trabajo para completar la secuencia de 3.000 millones de unidades de ADN existente en cada célula. Todas las lagunas en esa larga molécula se examinaron una a una. De esta forma, en la secuencia presentada hoy sólo hay 341 huecos con una media de 38 millones de esas unidades de ADN llamadas bases (ver gráfico). Los científicos estiman ahora que tienen completamente descifrado el 99% de la secuencia donde se concentran los genes, con un margen global de error muy bajo: una unidad potencialmente mal colocada por cada cien mil, lo que supera los objetivos iniciales del proyecto.

Sin embargo, todavía resta mucho por hacer. De hecho, los científicos todavía no saben el número exacto de genes existentes en nuestras células. Los genes no son otra cosa que fragmentos de unidades de ADN que codifican, como una receta con instrucciones específicas, la producción en los tejidos de las proteínas, moléculas que realizan todas las funciones importantes en los seres vivos. Los científicos pueden localizar los genes en la secuencia de ADN (un proceso llamado anotación) con programas informáticos específicos, pero que adolecen todavía de muchas limitaciones. Algunos de esos programas informáticos detectan los genes buscando patrones que definen dónde comienzan y dónde acaban en la larga hilera de ADN. Otras herramientas de «software» operan mediante la comparación de secuencias específicas de ADN con las ya conocidas de genes. La tarea es muy ardua. Los genes pequeños son difíciles de encontrar. Otros están solapados o fragmentados.

El profesor Eric Lander, del Instituto Broad de Massachusetts y uno de los líderes del proyecto, matiza que esta nueva versión mucho más completa desveló que numerosos trozos de ADN que se creían genes hace tres años son en realidad duplicados de otros que carecen de toda función. Además, con frecuencia, partes de un mismo gen se cuantificaron erróneamente como genes distintos. Todo eso explica por qué la nueva estimación de los científicos arroja una cifra global mucho menor.

Complejidad biológica

Si realmente tenemos entre 20.000 y 25.000 genes resultará que nos supera en número una planta de la familia de la mostaza llamada Arabidopsis thaliana, que con sus 27.000 genes es uno de los modelos de investigación preferidos por los biólogos. Sólo superamos en unos cientos de genes al gusano de tierra «Caernohabiditis elegans» que utilizan los científicos para estudiar la biología de los seres vivos, ya que tiene un total de 19.500. Sin embargo, los científicos subrayan que la complejidad fisiológica, claramente superior si comparamos a los humanos con gusanos y plantas, no radica en el número de genes, sino en cómo se utilizan. En los últimos años se ha descubierto que un gen humano no es una receta para una única proteína, sino que un gen puede producir cinco, seis o más proteínas a través de distintos procesos.

El profesor Francis Collins, otro de los líderes de este proyecto público internacional, explica que los seres humanos se benefician de genes capaces de codificar la producción de más de una proteína. Y también de que tenemos proteínas complejas que pueden ejecutar distintas tareas en nuestro organismo. Collins, director del Instituto Nacional del Genoma Humano de EE.UU., añade que gran parte de la complejidad biológica ni siquiera radicaría en proteínas individuales sino en sus combinaciones. «Que tengamos menos genes de lo sospechado no es mala noticia, sino al contrario. Ahora sabemos mucho más», dijo ayer Collins en declaraciones a la agencia Ap.

La incertidumbre sobre el número de genes humanos era tan alta que - medio en broma, medio en serio- la comunidad científica había organizado una «porra» a través de internet. Los investigadores y empresas de biotecnología implicadas en este campo aportaron cifras dispares que llegaban hasta los 100.000 genes. El propio Francis Collins erró en su apuesta, ya que su estimación era de 48.000 genes, el doble de lo fijado ahora por este consorcio internacional. Los científicos que integran el proyecto señalan que con toda seguridad, gracias a trabajos realizados de forma independiente por diversos laboratorios, la cifra mínima es 19.599 genes. «Tendremos que acostumbrarnos a la idea de que no tenemos muchos más genes que un gusano», comenta Gerald Rubin, especialista de la Universidad de California.

En el estudio presentado hoy en «Nature», el consorcio internacional precisa que 1.183 de esos genes humanos fueron incorporados «recientemente» mediante la duplicación de genes ya existentes. Por último, en otro trabajo relacionado, el profesor Evan Eichler, de la Universidad de Washington, afirma que la técnica empleada por la empresa Celera para descifrar el genoma humano es menos precisa porque es incapaz de detectar las regiones de ADN que están duplicadas en el genoma.

(ABC)

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La Santa Sede pide en la ONU a los países ricos ayuda para África
Denuncia la falta de compromiso por condonar la deuda externa

NUEVA YORK, miércoles, 20 octubre 2004

 La Santa Sede ha lanzado un apremiante llamamiento en la asamblea general de la ONU para pedir ayuda, en particular a los países ricos, a favor de África, continente flagelado por guerras y enfermedades.

El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, intervino este martes en la sesión plenaria de la Asamblea general dedicada al análisis de los progresos y la ayuda internacional a la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) y a la iniciativa de acabar con la malaria en la próxima década en los países en desarrollo.

El embajador del Papa ante la ONU recordó el «deber de la comunidad internacional, sobre todo de los países mas poderosos, de reajustar los desequilibrios económicos que penalizan África».

El prelado lamentó por este motivo que el «reciente Consejo de Directores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, así como la reunión de los ministros de Finanzas del G7 que lo precedió, no consiguieran llegar a un acuerdo sobre la condonación total de la deuda de los 27 países más pobres».

Al menos, reconoció, «se puede decir que por primera vez en la historia se ha alcanzado el consenso sobre la necesidad de eliminar una deuda como esa».

Ahora bien, el representante de la Iglesia ofreció como criterio promover el desarrollo de África teniendo como protagonistas a los africanos.

«La gestión solidaria de los asuntos de África por parte de los africanos permitirá avances importantes a la hora de satisfacer las necesidades fundamentales: agua potable, alimentos, viviendas, sanidad y reducción de la difusión de la malaria y el sida», recordó a la comunidad internacional.

(ZENIT.org)

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Juan Pablo II: Vanidad de las riquezas
Meditación sobre el Salmo 48

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 octubre 2004

 Publicamos la intervención de Juan Pablo II durante la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el Salmo 48, «Vanidad de las riquezas».


Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdurará en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Este es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

1. Nuestra meditación sobre el Salmo 48 se dividirá en dos etapas, como hace la Liturgia de las Vísperas, que nos lo propone en dos momentos. Comentaremos ahora de manera esencial la primera parte, en la que la reflexión toma pie de una situación difícil, como en el Salmo 72. El justo tiene que afrontar «días aciagos», pues le acechan «los malvados, que confían en su opulencia» (Cf. Salmo 48, 6-7).

La conclusión a la que llega el justo es formulada como una especie de proverbio, que volverá a aparecer al final del Salmo. Sintetiza nítidamente el mensaje de esta composición poética: «El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece» (versículo 13). En otras palabras, las «inmensas riquezas» no son una ventaja, sino todo lo contrario. Es mejor ser pobre y estar unido a Dios.

2. El proverbio parece hacerse eco de la voz austera de un antiguo sabio bíblico, el Eclesiastés o Cohélet, cuando describe el destino aparentemente igual de toda criatura viviente, la muerte, que hace totalmente inútil el apego frenético a los bienes terrenos: «Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda llevar en la mano» (Eclesiastés 5, 14). «Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra... Todos caminan hacia una misma meta» (Eclesiastés 3, 19.20).

3. Una profunda ceguera se adueña del hombre cuando cree que evitará la muerte afanándose por acumular bienes materiales: de hecho, el salmista habla de una inconciencia comparable a la de los animales.

El tema será explorado también por todas las culturas y todas las espiritualidades y será expresado de manera esencial y definitiva por Jesús, cuando declara: «Guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes» (Lucas 12, 15). Después narra la famosa parábola del rico necio que acumula bienes sin medida sin darse cuenta de que la muerte le está acechando (Cf. Lucas 12, 16-21).

4. La primera parte del Salmo está totalmente centrada precisamente en esta ilusión que se apodera del corazón del rico. Está convencido de que puede «comprar» incluso la muerte, tratando así de corromperla, como ha hecho con todas las demás cosas de las que se ha apoderado: el éxito, el triunfo sobre los demás en el ámbito social y político, la prevaricación impune, la avaricia, la comodidad, los placeres.

Pero el salmista no duda en calificar de necia esta ilusión. Recurre a una palabra que tiene un valor incluso financiero, «rescate»: «Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa» (Salmo 48, 8-10).

5. El rico, apegado a sus inmensas fortunas, está convencido de que logrará dominar incluso la muerte, tal y como ha dominado a todo y a todos con el dinero. Pero por más dinero que pueda ofrecer, su destino último será inexorable. Al igual que todos los hombres y mujeres, ricos o pobres, sabios o ignorantes, un día será llevado a la tumba, tal y como les ha sucedido a los poderosos y tendrá que dejar su tierra y ese oro tan amado, esos bienes materiales tan idolatrados (Cf. versículos 11-12). Jesús insinuará a quienes le escuchaban esta pregunta inquietante: «¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» (Mateo 16, 26). No se puede cambiar por nada pues la vida es don de Dios, «que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre» (Job 12, 10).

6. Entre los Padres de la Iglesia que han comentado el Salmo 48 merece particular atención san Ambrosio, que amplía su significado gracias a una visión más amplia, a partir de la invitación inicial que hace el salmista: «Oíd esto, todas las naciones; escuchadlo, habitantes del orbe».

El antiguo obispo de Milán comentaba: «Reconocemos aquí, precisamente al inicio, la voz del Señor salvador que llama los pueblos para que vengan a la Iglesia y renuncien al pecado, se conviertan en seguidores de la verdad y reconozcan la ventaja de la fe». De hecho, «todos los corazones de las diferentes generaciones han quedado contaminados por el veneno de la serpiente y la conciencia humana, esclava del pecado, no era capaz de desapegarse». Por esto el Señor, «por iniciativa suya, promete el perdón con la generosidad de su misericordia, para que el culpable deje de tener miedo y, con plena conciencia, se alegre de poder ofrecerse como siervo al Señor bueno, que ha sabido perdonar los pecados, premiar las virtudes» («Comentario a los doce Salmos», «Commento a dodici Salmi», n. 1: SAEMO, VIII, Milán-Roma 1980, p. 253).

7. En estas palabras del Salmo se escucha el eco de la invitación evangélica: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo» (Mateo 11, 28). Ambrosio sigue diciendo: «Como quien visita a los enfermos, como un médico que viene a curar nuestras dolorosas heridas, así nos prescribe el tratamiento, para que los hombres lo escuchen y todos corran con confianza a recibir el remedio de la curación... Llama a todos los pueblos al manantial de la sabiduría y del conocimiento, promete a todos la redención para que nadie viva en la angustia, para que nadie viva en la desesperación» (n. 2: ibídem, pp. 253.255).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia uno de los colaboradores del Papa leyó una síntesis de su intervención en castellano. Estas fueron sus palabras:]

El Salmo proclamado hoy es una invitación a reflexionar sobre la «vanidad de las riquezas» y sobre la ceguera que guía a los que se afanan únicamente en acumular bienes materiales. El rico, al pensar que todo lo puede comprar con dinero, olvida que ningún tesoro cambiará su condición mortal ni le dará la amistad con Dios y la salvación.

Por eso, el tener muchos bienes no es de por sí una ventaja, sino un peligro para el ser humano, que puede convertirse en verdadero esclavo de la avaricia. Por el contrario, la verdadera riqueza es la que se adquiere a los ojos de Dios.

[A continuación, el Papa dirigió su saludo a los presentes en castellano]

Saludo a los peregrinos de lengua española. A las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de cuya Fundadora he bendecido hoy una estatua así como a los demás grupos venidos de Latinoamérica y España. Como Jesús, invito a todos a ganar «un tesoro inagotable en los cielos» (Lucas 12, 33).

Muchas gracias por vuestra atención.

(ZENIT.org)

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¿Qué haría Jesucristo?

Mikel Agirregabiria Agirre

La campaña electoral norteamericana desata, por razones sectarias, una pregunta postergada.
Ambos contendientes Bush y Kerry han recurrido, para la movilización del electorado indeciso, a la búsqueda de todo tipo de aliados y simpatizantes, incluso en las instancias religiosas. Numerosas jerarquías y representantes religiosas de los diferentes cultos y sectores estadounidenses se han pronunciado a favor de uno u otro candidato, en función de su posicionamiento político.

Francamente, no vale la pena recopilar las exhortaciones de algunos prelados sugiriendo un aval del Dios universal a un candidato y comparando a su adversario con el mismo demonio. En plena batalla electoral y cuando parece que todo vale para ganar a cualquier precio, se desentierran grupos que han actuado incluso con parafernalia paramilitar de brazaletes con las siglas "QHJ" (¿Qué haría Jesucristo?, en Florida incluso en castellano). Intempestivas y desafortunadas opiniones que interpretan en clave partidista y unívoca la respuesta que Jesucristo podría ofrecer a sus seguidores.

Desde una perspectiva europea, todo ello denota el trasunto de la extendida percepción estadounidense de pueblo elegido y tierra prometida, como hebreos del Antiguo Testamento. Incluso hay quién se cuestiona si Dios es norteamericano. En ocasiones, los conservadores en USA actúan como ungidos por la divinidad con la Verdad absoluta. El fundamentalismo que combaten (el islámico ahora, el comunismo antes), se efectúa con una visión igualmente intolerante y fanática por parte de algunos máximos dirigentes, que se consideran “cruzados” del Bien categórico contra el Mal absoluto.

Somos mayoría en el mundo quienes creemos que, en una verdadera democracia y con el pleno respeto a la libertad religiosa (de creer o no creer), solamente cabe proponer claves éticas para guiar los pasos de cada ciudadano ante sus problemas cotidianos. Cada uno puede elegir en quién se inspira para tomar sus resoluciones. Para los creyentes cristianos, Jesucristo respeta el libre albedrío personal, al tiempo que nos ofrece criterios de ayuda en nuestras decisiones.

Jesucristo no es una mala opción, creemos muchos; mas es difícil discernir con certeza cómo obraría Jesús en cada ocasión. La suya fue una revolución salvadora basada en el amor y la esperanza. Su mensaje evangélico de amor fraterno es grandioso, pero persiste la incertidumbre de cómo acertar en cada caso.

En cada situación podríamos traducir el "¿Qué haría Jesucristo?" por el equivalente ¿Qué haría una persona que ama a todos?" Jesucristo nos instó a amar aun en difíciles circunstancias (Lucas 6:27-33). “El amor se sacrifica y no exige recompensa; sólo el amor trasciende y nos trae una paz verdadera”. La injusticia crea conflictos; pero también es cierto que toda contienda puede hallar una solución pacífica, no violenta, de restitución de la verdad y de la justicia política, económica y social.

No es verosímil que Dios apueste por soluciones bélicas, ni guerras santas. Las citas bíblicas que abogan por el entendimiento son innumerables: "Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” (Romanos 14, 17-19). El amor es el punto de partida de todo, con un querer que no excluya a nadie. No basta amar a familiares y amigos, ni a los de nuestra religión, etnia o grupo social. Derribemos los muros de prejuicios que nos hacen indiferentes ante el dolor ajeno, porque la pasividad siempre será culpable. Si anhelamos la paz, debemos practicar el amor hacia todos como si fuesen hermanos nuestros. Eso haría Jesucristo. Y nosotros somos las manos de Dios en la Tierra.

(Periodismo católico)

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Tiempo de ombligos

Mikel Agirregabiria Agirre

Vivimos una época de ‘mirarnos el ombligo’ y ‘creernos el ombligo’ del mundo
La moda en boga impone que nuestras adolescentes descubran una franja de cintura con el descarado ombligo guiñando pícaramente el ojo a los paseantes. No es extraño que los ombligos se hayan hecho visibles. La moda, siempre pasajera pero reveladora, emula explícitamente nuestra extendida inopia intelectual del ‘ombliguismo’: mirarnos a nosotros mismos y creernos el centro del universo.

La onfaloscopia fue una técnica monástica psicológica que practicaban como oración los monjes hesicastas de Grecia. Un ejercicio recursivo de contemplación del ombligo para acompasar la respiración con la repetición indefinida del nombre de Dios, para alcanzar “la guarda del corazón” como norma ascética de vida. Pero la expresión “mirarse al ombligo” quedó como sinónimo de egocentrismo, de ignorar lo que acontece más allá de nuestros intereses: La enfermedad social de nuestra era.

Peor que la empobrecedora excentricidad de mirarse el ombligo, es adicionalmente creerse el centro del mundo, o superior a los demás. Lo paradójico es que el ombligo humano es una cicatriz universal que mantenemos como testigo de nuestra dependencia, del cordón umbilical que nos unió a la humanidad a través de nuestra madre mientras vivimos en su útero. La anatomía humana, no por capricho, deja centrado el ombligo en el centro del tronco. Así ombligo se convierte en sinónimo de centro y oímos metáforas que invocan a la isla de Pascua o a Australia como ombligos del mundo.

Un libro publicado en 2003 se titula ¿Tenían ombligo Adán y Eva? Su autor, Martin Gardner, es un reputado escritor de divulgación ciencífica y matemática, redactor durante 25 años de la columna "Juegos matemáticos" del Scientific American. Versa sobre las estupideces que a lo largo de la historia se ha escrito sobre magia, ovnis, terapias alternativas y la interminable sarta de engaños, falacias y fraudes para almas simplonas, carentes de la más mínima formación y del imprescindible sentido común. Quizá el mayor engaño de la humanidad haya sido creerse el centro del universo (geocentrismo), o de algún país poderoso suponerse el corazón de la tierra, o de algunos políticos de considerarse como los ungidos por la divinidad.

La realidad es que todos estamos hechos de carne y hueso, con pieles de distintos colores, pero con ombligos que nos demuestran y recuerdan nuestra humana y frágil condición, en un minúsculo planeta que viaja por el proceloso firmamento de miríadas de estrellas. Quizá haya llegado la hora de elevar la mirada hacia el cielo y hacia los ojos… ajenos, reconociéndonos en el espejo de otras pupilas. No son las danzas del vientre o los frenéticos carnavales los peores representantes del ‘ombliguismo’, sino el egoísmo y la indiferencia de quienes olvidamos la igualdad y la fraternidad. El "yo" es una palabra tan pequeña que naufraga en el ombligo propio. Fuera nos aguarda el ilimitado espacio altruista del “vosotros” y el “ellos”, infinitamente más interesante para dedicarles nuestra atención y nuestro esfuerzo.

(Periodismo católico)

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DISFRUTA LAS FRUTILLAS.

Una persona caía por un barranco y se sostuvo en las raíces de un árbol. Arriba del barranco había un oso inmenso queriendo devorarlo. El oso rosnava, mostraba los dientes, babeaba de ansiedad por el plato que tenía delante suyo. Y abajo, listos para tragarlo cuando cayera, estaban nada más y nada menos que seis tigres tremendamente hambrientos. 

El levantaba la cabeza, miraba hacia arriba y veía el oso rosnando. Cuando el oso daba una tregua, oía el rugir de los tigres, próximos de sus pies. Los tigres abajo querían comerlo, y el oso arriba quería devorarlo.

En determinado momento, el miró al costado izquierdo y vio una frutilla roja, linda, reflejando el sol. En un esfuerzo supremo, apoyó su cuerpo, sostenido solamente por la mano derecha y, con la izquierda, tomó la frutilla.

Cuando pudo mirarla mejor quedó admirado con su belleza. Entonces llevó la frutilla a la boca y disfrutó su sabor dulce y suculento. Fue un placer supremo comer aquella frutilla tan rica.

Quizá me preguntes: "Pero, ¿y el oso?" . Olvida el oso y come las frutillas! ¿Y los tigres? Mala suerte de los tigres, ¡come la frutilla!

Siempre existirán osos queriendo comer nuestras cabezas y tigres queriendo arrancar nuestros pies. Eso hace parte de la vida, pero es importante saber comer las frutillas, siempre. Nosotros no podemos dejar de comerlas sólo porque existen osos y tigres.

Los problemas no impiden a nadie de ser feliz. El hecho de tu jefe vivir "pisoteándote" no es motivo para que dejes de querer y disfrutar de tu trabajo.

El hecho de tu cliente vivir continuamente probándote no es razón para que no des un paseo por el campo y disfrutes la naturaleza.

Come la frutilla, no dejes que ella escape. Podrá no haber otra oportunidad para experimentar algo tan sabroso. Relaja y vive un día a la vez: ¡come la frutilla! Los problemas ocurren en la vida de todos, pero la gran verdad es que el mejor momento para ser feliz es ahora!

(Valores)

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Lecturas del 21-10-04 (Jueves de la Semana 29)

SANTORAL: San Hilarión

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 3, 14-21

Hermanos:
Doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.
¡A aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o pensar, por el poder que obra en nosotros, a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y para siempre! Amén.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 32, 1-2. 4-5. 11-12. 18-19 (R.: 5b)

R. La tierra está llena del amor del Señor.

Aclamen, justos, al Señor;
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

El designio del Señor permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia! R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor.

Reflexión

"Vine a traer fuego a la tierra. Y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo" nos dice el Señor.

Algunos Santos Padres, interpretan este fuego como el del Espíritu Santo.
Este fuego puede entenderse como el fuego del amor.

En la Iglesia invocamos al Espíritu Santo diciendo:

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Todo cristiano está llamado a ser un encendido apóstol de Cristo, que trasmita su mensaje de salvación.

San Agustín decía que los hombres que creyeron en Cristo, comenzaron a arder y entonces recibieron la llama del amor. El Espíritu Santo les fue enviado como lenguas de fuego que se posaron sobre ellos e inflamados por ese fuego fueron por el mundo anunciando el evangelio.

Somos nosotros quienes ahora debemos ir por el mundo con ese fuego de amor y de paz para encender a otros en el amor a Dios.

Si en una ciudad se prendiese un fuego en distintos lugares, aunque fuese modesto y pequeño, pero que resistiese todos los embates, en poco tiempo la ciudad quedaría incendiada.
Si en una ciudad, en los puntos más dispares, se encendiese el fuego que Jesús ha traído a la tierra, y ese fuego resistiese al hielo del mundo por la buena voluntad de los habitantes, en poco tiempo la ciudad estaría incendiada de amor de Dios.

Eso es lo que lograron los primeros discípulos de Jesús, que siendo pocos, en pocos años encendieron el mundo.
Eso mismo ocurriría hoy si en nosotros se encendiera el mismo fuego y tuviéramos su mismo coraje.

Sigue diciendo Jesús en el Evangelio:

¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra?
Les digo que no.
Jesús inaugura un tiempo de esfuerzo, de lucha y de decisión.
El tiempo de paz vendrá después.
El trabajo, el esfuerzo por instaurar el Reino de Dios, provoca división en los hombres, ya que algunos se lanzan decididamente en la instauración en el mundo de la justicia, de la verdad, del amor y de la paz, mientras que otros obstaculizan decididamente esa acción.

Cuando Jesús dice más adelante en el Evangelio que romperá la paz en el seno mismo de las familias, nos dice que no toda paz es aceptable. Que la verdadera paz debe asentarse sobre los valores del Reino, y que si para lograrla es necesario romper con los vínculos terrenos, entonces deberemos hacerlo.
El Reino de Dios constituye lo único absoluto en la vida del creyente, va mucho màs alla que la estrechez de una raza o familia.
Es inevitable que la opción por el Reino provoque divisiones y actitudes encontradas-

Esa misma lucha, tenemos que tenerla en primer lugar con nosotros mismos, con nuestros instintos, con nuestro orgullo, con nuestro egoísmo. El cristiano, en primer lugar tiene que luchar contra sus propias inclinaciones, tiene que ser exigente consigo mismo.

Hoy vamos a decirle al Señor que cuente con nosotros, con nuestras pocas fuerzas y con nuestros escasos talentos y que nos dé la audacia de los primeros apóstoles para encender el mundo de hoy del amor de Dios.

A nuestros corazones
la hora del Espíritu ha llegado,
la hora de los dones
y del apostolado:
lenguas de fuego y viento huracanado.

Oh Espíritu, desciende,
orando está la Iglesia que te espera;
visítanos y enciende,
como la vez primera,
los corazones en la misma hoguera.

La fuerza y el consuelo,
el río de la gracia y de la vida
derrama desde el cielo;
la tierra envejecida
renovará su faz reverdecida.

Gloria a Dios, uno y trino:
al Padre creador, al Hijo amado,
y Espíritu divino
que nos ha regalado;
alabanza y honor le sea dado. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: San Hilarión

Hilarión tenía quince años cuando dejó su casa en Alejandría. Era hijo de una familia pagana acomodada y no se conocen bien las circunstancias de su conversión; pero todo indica que las cualidades de su espíritu se adaptaban perfectamente para recibir la doctrina cristiana.
Oyendo hablar de un anacoreta llamado Antonio que en el desierto de Egipto vivía en la soledad y la penitencia para acercarse a Cristo, Hilarión fue en su busca y permaneció dos meses en su compañía, observando sus costumbres y aprendiendo la doctrina con la que habría de conformar su vida.

Tenía veinticinco años cuando regresó al hogar paterno. Habiendo muerto sus padres, y siguiendo el ejemplo de san Antonio, vendió cuanto tenía, lo repartió entre los pobres y se internó en el desierto, cerca de Gaza, para convertirse en eremita.
Pero fracasó en su anhelo de soledad. Corre la voz de que un ermitaño santo, que cura las enfermedades, vive en una gruta, y comienzan las visitas y de pronto se encuentra convertido en patriarca de muchos que desean imitarlo. Se cuenta que llegó a reunir en torno suyo a dos mil discípulos.

San Hilarión (cuyo nombre significa alegre) es el santo de la abstinencia. Toda su vida la pasó con el mínimo alimento, indispensable para subsistir.
En el año 362 el emperador Juliano destruyó el monasterio e Hilarión se embarcó hacia Sicilia. Allí, no pudiendo resistirse -por caridad- a hacer milagros, fue descubierto y tuvo que huir a Dalmacia, luego a Chipre y a Palestina.

Hilarión ansiaba la soledad y la encontró en Bucolia. Allí vivió cinco años, beneficiando a la gente que llegaba hasta él con curaciones milagrosas; hasta que siendo inminente la muerte del santo, algunos cristianos de Pafos se apersonaron en el lugar y le oyeron decir: "Sal, sal, alma mía. ¿Porqué temes? Ya van cerca de setenta años que sirves a Cristo ¿y aún temes?"

De la vida de san Hilarión dan testimonio numerosos escritores, entre ellos san Jerónimo, san Epifanio y san Atanasio.
San Hilarión y san Martín de Tours son los primeros santos no mártires.

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