Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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20 de abril de 2004

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Red Pionera

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"El vuelo de una mariposa en el Amazonas puede cambiar el clima del mundo, si lo crees o no lo crees es indiferente para ella."


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Arqueólogos alemanes hallan una nueva Piedra de Rosetta en Egipto

POTSDAM (ALEMANIA)

 Arqueólogos alemanes han anunciado que habían encontrado una piedra del siglo II antes de Cristo con inscripciones en griego antiguo y con jeroglíficos, similar a la 'Piedra de Rosetta' que fue descubierta en 1799 y que permitió averiguar el significado de la escritura egipcia.

"Una piedra así no ha sido encontrada en 120 años", declaró Christian Tietze, profesor de la Universidad de Potsdam y director de las excavaciones realizadas en el delta del Nilo. Un equipo de arqueólogos alemanes y egipcios descubrió la piedra, que data del 238 antes de Cristo y tiene una inscripción con un decreto del rey Tolomeo III (246-221 antes de Cristo) en dos idiomas: griego antiguo y jeroglíficos del antiguo Egipto.

El texto describe los méritos del rey Tolomeo -un gran conquistador que tenía el apodo de 'El Benefactor' y bajo cuyo reinado Egipto logró su mayor esplendor- y las medidas para luchar contra el hambre, como la importación de cereales de Siria y Chipre.

"Es un documento sobre el poder y los méritos de Tolomeo III", explicó Tietze. La piedra, que mide 99 centímetros de alto, 84 de largo y 65 de grosor, fue descubierta cerca de una estatua que representa a la esposa de Ramsés IIde la antigua ciudad de Bubastis, situada 90 kilómetros al noreste de El Cairo.

La Piedra de Rosetta, descubierta cerca de la ciudad de Rachid (Rosetta) en agosto de 1799 tiene grabada la copia de un decreto de Tolomeo V Epífanes en jeroglíficos, en demótico -antiguo tipo de escritura mixto, con signos jeroglíficos y consonánticos- y griego. Jean-Francois Champollion tradujo el texto, consiguiendo de este modo averiguar el significado de los jeroglíficos egipcios.

(El mundo)

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Comisión israelí debería desbloquear los visados a los religiosos en Tierra Santa
El embajador de Israel ante la Santa Sede anuncia que la solución es inminente

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 19 abril 2004

 Una Comisión Interministerial israelí está revisando el mecanismo burocrático que provoca el retraso en la emisión de visados a religiosos y sacerdotes en Tierra Santa, tratados en ocasiones como «inmigrantes ilegales».

El mes pasado, la prensa italiana se hizo eco de la situación cada vez más difícil de los religiosos católicos que viven en Israel y en los territorios ocupados debido a la sistemática negativa por parte de las autoridades a la renovación de visados.

Según se difundió el pasado martes, la embajada de Israel ante la Santa Sede ha enviado a «Asianews» una nota oficial en la que se afirma que «directores y funcionarios de distintos ministerios... junto al embajador de Israel ante la Santa Sede han puesto en evidencia la necesidad de resolver en tiempo breve la compleja y delicada situación».

La nota afirma «que inmediatamente después de Pascua se acelerarán los procedimientos para desbloquear la acumulación de diligencias».

De acuerdo con el texto remitido por la sede diplomática israelí ante la Santa Sede, el propio primer ministro Ariel Sharon solicitó la formación de una Comisión Interministerial para «revisar los criterios, las reglas y los tiempos necesarios... así como una revisión de todo el mecanismo burocrático» que ha llevado al retraso en la emisión de los visados.

Dicha Comisión comprende a representantes de los ministerios de Exteriores, de Interior, de Justicia y de Turismo y ya ha mantenido encuentros en diversas ocasiones en febrero.

La última reunión se celebró el pasado 5 de abril en el Ministerio del Interior, y se debatió sobre el nuevo procedimiento que implica la facilitación de las prácticas burocráticas, la abreviación de los controles de seguridad y la revisión de las categorías de los visados –sacerdotes, voluntarios, trabajadores temporales, becarios, etcétera--.

Para los religiosos que viven desde hace tiempo en Israel «se hallará un estatus adecuado que consienta su permanencia» en el país.

El embajador de Israel ante la Santa Sede, Oded Ben Hur, ha asegurado a «Asianews» -- difundió esta fuente el martes pasado— que la modificación del procedimiento podrá hacer sentir sus efectos «en 7-10 días».

La nota recalca además «la gran importancia» que el gobierno israelí da «al fortalecimiento de buenas relaciones entre Israel y el mundo cristiano y en particular con los católicos y la Santa Sede» y afirma que «el nuncio apostólico en Israel será informado de toda decisión y deliberación respecto a los visados».

«Esperamos que esta vez las promesas –reiteradas otras veces en los últimos dos años—se cumplan», comentaron fuentes eclesiásticas de Jerusalén con quienes «Asianews» contactó.

(ZENIT.org)

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La Santa Sede abre el camino a impactante lista de nuevos santos y beatos

VATICANO, 19 Abr. 04

Este lunes por la mañana, en presencia del Papa Juan Pablo II, la Congregación para las Causas de los Santos promulgó 15 nuevos decretos que abren la puerta a las canonizaciones y beatificaciones de numerosos siervos de Dios, incluyendo varios mártires españoles, tres latinoamericanos, una niña española, el “Ángel de Molokai” y varios fundadores.

El Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación, leyó un discurso dedicado a las vidas de los Beatos y de los Siervos de Dios antes de anunciar los decretos que conciernen a las siguientes causas:

Milagros
Beato Alberto Hurtado Cruchaga, chileno, sacerdote de la Compañía de Jesús (1901 1952).

Beato Felice Da Nicosia (en el siglo Giacomo Amoroso), italiano, laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos (1715-1787).

Ambos serán proclamados santos en una fecha por determinarse.

Además, se anunciaron los milagros que permitirán la próxima beatificación de:

Venerable Siervo de Dios Pierre Vigne, francés, sacerdote y fundador de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento (1670-1740).

Venerable Siervo de Dios Jean du Sacré-Coeur, francés, (en el siglo León Gustave Dehon), fundador de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos) (1843-1925).

Martirio
Además, la Congregación reconoció la causa de martirio de ocho españoles que también serán beatificados próximamente:

Siervos de Dios José Tapies Sirvant, español (1869) y seis compañeros mártires: los españoles Pascual Araguás Guardia (1899), Silvestre Arnau Pascuet (1911), José Boher Foix (1887), Francisco Castell Brenuy (1866), Pedro Martret Moles (1901) y el francés José Juan Perot Juanmartí (1877), todos sacerdotes de la diócesis de Urgel (España), asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa en España (1936).

Sierva de Dios María de los Ángeles Ginard Martí (1894), española, religiosa de la Congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico, asesinada por odio a la fe durante la persecución religiosa en Dehesa de la Villa (España), en 1936.

Virtudes heroicas
La Congregación también proclamó las virtudes heroicas de varios siervos de Dios, cuyas causas quedarán solamente a la espera de un milagro para ser proclamados beatos.

Los decretos se refieren a:

Siervo de Dios Francesco Maria Greco, italiano, sacerdote y fundador de la Congregación de las Religiosas Pequeñas Obreras de los Sagrados Corazones (1857-1931).

Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero, argentino, sacerdote (1840-1914).

Siervo de Dios Silvio Gallotti, italiano, sacerdote (1881-1927).

Siervo de Dios Felice Prinetti, italiano, sacerdote de la Congregación de los Oblatos de la Virgen María y fundador de la Congregación de las Religiosas Hijas de San José (1842-1916).

Sierva de Dios Candelaria de San José, venezolana, (en el siglo Susana Paz Castillo Ramírez), religiosa y fundadora de la Congregación de las Religiosas Carmelitas de la Tercera Orden Regular, en la actualidad Religiosas Carmelitas de la Madre Candelaria (1863-1940).

Sierva de Dios Teresa del Corazón Inmaculado de María, española, (en el siglo Teresa Guasch y Toda), religiosa y cofundadora de la Congregación de las Religiosas Carmelitas Teresianas de San José (1848-1917).

- Sierva de Dios Maria della Passione di Nostro Signore Gesú Cristo, italiana, (en el siglo Maria Grazia Tarallo) religiosa del Instituto de las Religiosas Crucificadas Adoradoras de la Eucaristía (1866-1912).

- Sierva de Dios Maria Anna Barbara Cope, conocida como “Mother Marianne of Molokai”, norteamericana nacida en Alemania, religiosa de las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Syracuse, el “Angel de Molokai” que se convirtió en la asistente excepcional del P. Damián de Veuster (1838-1918).

- Sierva de Dios María del Pilar Cimadevilla y López-Dóriga, niña española (1951-1962).

(Aciprensa)

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Juan Pablo II: La paz, «don por excelencia» de Cristo resucitado
Intervención en el domingo de la Divina Misericordia

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 18 abril 2004

 Publicamos las palabras que dirigió Juan Pablo II este domingo a mediodía antes de rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

* * *

1. Desde lo alto de la Cruz, el Viernes Santo, Jesús nos dejó como testamento el perdón: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23, 34). Torturado y escarnecido, invocó misericordia para sus asesinos. Sus brazos abiertos y su corazón traspasado se convirtieron de este modo en el sacramento universal de la ternura paterna de Dios, que ofrece a todos el perdón y la reconciliación.

El día de la resurrección, al aparecerse a los discípulos, el Señor les saludó con estas palabras: «¡La paz esté con vosotros», y les mostró las manos y el costado con los signos de la pasión. Ocho días después, como leemos en la página del Evangelio de hoy, regresó para encontrarse con ellos en el Cenáculo y les dijo de nuevo: «¡La paz esté con vosotros!» (Cf. Juan 20, 19-26).

2. La paz es el don por excelencia de Cristo crucificado y resucitado, fruto de la victoria de su amor sobre el pecado y la muerte. Al ofrecerse a sí mismo, víctima inmaculada de expiación sobre el altar de la Cruz, difundió sobre la humanidad la ola benéfica de la Divina Misericordia.

Jesús, por tanto, es nuestra paz, pues es la manifestación perfecta de la Divina Misericordia. Infunde en el corazón humano, abismo siempre expuesto a la tentación del mal, el amor misericordioso de Dios.

3.Hoy, domingo «in Albis», celebramos el domingo de la Divina Misericordia. El Señor nos envía también a nosotros a llevar a todos su paz, fundada en el perdón y la remisión de los pecados. Se trata de un don extraordinario, que quiso ligar al Sacramento de la penitencia y de la reconciliación.
¡Cuánta necesidad tiene la humanidad de experimentar la eficacia de la misericordia de Dios en estos tiempos marcados por la incertidumbre creciente y por conflictos violentos!

Que María, Madre de Cristo nuestra paz, quien en el Calvario recogió su testamento de amor, nos ayude a ser testigos y apóstoles de su infinita misericordia.

(ZENIT.org)

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Querido ladrón

 José Luis Martín Descalzo

Me gustaría que este primer apunte de mi cuaderno llegase a tus manos, amigo ladrón, que hace dos semanas violentaste mi puerta, registraste mis cajones y abriste uno a uno todos mis armarios.

Me gustaría, al menos, darte las gracias, más, incluso, que por no haberte llevado nada, por no haber alterado el orden de uno solo de mis papeles.

Supongo, muchacho - porque estoy seguro de que eres poco más que un chiquillo -, que debiste maldecir a toda mi ascendencia al descubrir que en mi casa había sólo cosas que -desgraciadamente para ti, por fortuna para mí- no te interesaban en absoluto: libros, discos y algún objeto de arte muy cercano a mi alma, aunque no muy valioso.

Tú buscabas -supongo que para seguir hundiéndote en el infierno de la droga- joyas, oro, dinero. Te hubieras ahorrado el trabajo de romperme el marco de la puerta de haberme conocido.

Habrías sabido que el oro y las joyas me parecen las dos cosas más estúpidas del mundo. Y que, en cuanto al dinero, tengo una demoníaca habilidad para gastarlo más de prisa de lo que lo gano. No encontraste lo que no podías hallar. Y, sin embargo...

Sin embargo, me quitaste -con la complicidad de mi cobardía, claro- algo de mucho más valor que los diamantes. Te explicaré.

Yo he defendido siempre que la confianza es parte sustancial de la vida de los hombres; que sería preferible no vivir a hacerlo con el alma acorazada. Si yo no me fío de los que me rodean, y circundo mi vida y mi corazón de hilo espinado, no hago daño a quienes a mí se acercan, me lo hago a mí mismo. Un corazón desconfiado envejece de prisa. Un corazón cerrado a cal y canto está más muerto que si realmente muriese.

Esa es la razón por la que siempre me resistí a reforzar mis puertas (gracias a ello te resultó a ti tan fácil la función de saltarlas). Y ésa misma es la causa por la que he tenido siempre la costumbre de dejar todas las llaves puestas en sus cajones y armarios (y gracias a ello tú no precisaste destrozármelos para abrirlos).

Los tres vecinos de mi descansillo habían blindado ya las entradas de sus casas. Los tres me habían dicho mil veces que hiciera yo lo propio, ya que cada día leían en la prensa noticias de muchachos como tú. Yo siempre me reía: «En mi casa -decía- no hay cosas que puedan interesar a los ladrones.» Pero, en mi interior, era otra la razón decisiva. Sabía, sí, que la violencia es hoy uno de los grandes ejes del mundo, más prefería no verlo demasiado, no imaginar, al menos, que pudiera venir contra mí y convertirme, consiguientemente, en un «violento defensivo», en un alma clausurada.

Había aún otra razón. Si tú me conocieras sabrías que siempre he considerado a Bernanos un poco como el padre de mi alma. Pues bien: este escritor -léelo, es mucho más apasionante que la droga- rendía un verdadero culto a la confianza entre los hombres. Hasta tal punto que, cuando alguien le contó que en cierta región del Brasil las casas no tenían puertas, ni cerrojos, ni llaves, se marchó allí a vivir, seguro de que quienes así pensaban por fuerza habían de ser hombres completos.

También yo me sentía vinculado a ese culto. Prefería, incluso, ser robado a construirme el alma como un castillo roquero.

Pues bien: he cedido. Yo pecador me confieso a ti, ladrón amigo, para contarte que tu avaricia y mi cobardía juntas fueron más poderosas que todos mis propósitos.

Cuando aquella tarde encontré mi puerta abierta de par en par, gracias al juego de tus manos, algo se revolvió en el fondo de mí. No contra ti (o, al menos, no sólo contra ti), sino contra este mundo que estamos construyendo. Por eso me gustaría saber quién eres, cómo eres. Conocer si eres consciente -como yo lo soy- de lo inhabitable que, entre todos, estamos volviendo este planeta. No quiero ni pensar que la droga haya terminado ya de pulverizar tu conciencia.

Aquella noche dormí mal. Me despertaban inexistentes ruidos. Veía regresar monstruos que, a lo mejor, se parecían poco a ti o que eran como tú multiplicado, como lo que tú acabarás siendo si sigues por ese camino. Una rabia secreta me poseía. No porque tú me hubieras robado -ya que, de hecho, nada te llevaste y debía, en rigor, considerarme afortunado-, sino por vivir en una sociedad que, quizá, primero te cerró las puertas del trabajo para abrirte luego de par en par las del vicio. Y del vicio más destructor y caro.

Durante los diez días siguientes me seguí sintiendo extraño. Llegaba a casa con un amargo latir del corazón, imaginándome de nuevo la puerta violentada, entrando a ella con miedo a encontrarte dentro, navaja o pistola en mano y tembloroso.

Corta debía de ser mi confianza. Capitulé al sexto día, convencido, no sé por qué demonio, de que sólo una puerta blindada devolvería la paz a mi corazón traumatizado.

Y ahí están, cerrojos, barras, planchas de acero, llaves supercomplicadas, todo un armamento defensivo. Igual que si viviera en una caja de caudales, convertido yo mismo en un lingote de ese oro que desprecio.

Ahora me siento mucho más tranquilo. Pero mucho menos hombre. Mucho menos fraterno. Y no me duele el dinero que, gracias a tu hazaña, he debido gastar. Me duele saber que ha aumentado el número de los que desconfían, de los que viven con el alma repleta de mastines.

La culpa no es sólo tuya. Mía también. Y este sentimiento de culpa común es lo único humano que he sacado de esto. Me gustaría, por todo ello, que tú pudieras leer estas líneas y que sintieras algo parecido. Así los dos sabríamos que tu avaricia y mí miedo se juntaron para construir esta tristeza.

(Catholics)

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Resurrección, Infierno y Cielo

Josep Miró i Ardèvol.

Contaba hace tiempo en un artículo, titulado La vida después de la muerte, que a pesar de todo la mayoría de nosotros, al igual que sucedía en el pasado, cree que con la muerte no llega el fin. Es una idea, una sensación teñida de duda, difícil de imaginar ¿Qué será lo que no muere de mí? La respuesta que da nuestra cultura (herencia de un cristianismo cultural, a su vez impregnado en exceso de filosofía griega) llama Alma a esa parte que vive sin fin. Un concepto lo suficientemente abstracto, al menos hoy, como para necesitar de un acompañamiento más sensitivo. "Alma", como bien explica Julián Marías en su libro La perspectiva cristiana, puede interpretarse como otra forma de referirse a "yo mismo", es decir, a mi singularidad, mi conciencia diferenciada como persona. Soy yo quien perduro, no algo o alguien.

Pero el hecho cristiano, para escándalo de los filósofos griegos, introdujo un elemento radicalmente nuevo: la resurrección de la carne. Cuando San Pablo predica en Atenas, su confrontación con el pensamiento helénico no se da en la idea de inmortalidad, sino en la de resurrección. Ésa es la piedra angular de la fe cristiana: la resurrección. Lo dice a las claras aquel apóstol en su Carta a los Corintios: Los cristianos seríamos una banda de desgraciados si la resurrección fuera mentira. Porque la Cruz, sólo la cruz, es la historia de un gran fracaso. Pero ella se inscribe coherentemente, con preludio de victoria, en esa Resurrección que, a su vez, se articula con otra ruptura cristiana: la Encarnación.

La plenitud del Génesis, la creación del mundo y el proceso de creación del hombre (que compartimos con musulmanes y judíos), se alcanza en el Verbum caro factum est et habitavit in nobis de los cristianos; la Encarnación de Dios, Jesucristo, en la condición humana, porque "el Verbo se hizo carne y habitó en nosotros". Debería dar que pensar al mundo que, después de 2.000 años, seamos tanta gente la que continuamos creyendo a morir aquella afirmación de Juan Evangelista: "El verbo se hizo carne…". Resurrección, Encarnación de Dios, parece como si el cristianismo acumulara, como tan bien razona Julián Marías, todas las dificultades inimaginables para la comprensión humana. Pero, a pesar de ello, aquí estamos, más de los que parece, reconociéndonos (a veces con alegre sorpresa) por la palabra y el testimonio. ¿Y si esas aparentes dificultades de concepto resultasen inteligibles desde la fe y dotasen a ésta de una capacidad extraordinaria de razonar el misterio, como lo demuestran personajes de nuestro tiempo tan diferentes como Newman o Urs von Baltahasar?

Y hablar de resurrección de la carne significa hablar también de Infierno y Cielo. Ambos son los grandes olvidados de nuestro tiempo, pero su ocultación no niega su existencia. Nuestra vida ganaría en entidad si la viviéramos a partir de este dato. Es obvio que no son "un lugar", como algunos periodistas parecen descubrir extrañados en razón de unos comentarios del Papa. En la Edad Media, incluso en un mundo moderno enmarcado por el paradigma de la física newtoniana, la tentación de representarlos como "lugar" era quizás normal (aunque esa nunca ha sido la versión cristiana). Pero una sociedad que vive en la física de la relatividad o la todavía más compleja de las supercuerdas de N-dimensiones, que está inmersa en una cultura pop, donde los "agujeros negros" son famosos (aunque un 98 por ciento de la población no tenga ni idea de qué son y el 100 por 100 no sepa "a dónde" conducen), no puede extrañarse de que la eternidad, Cielo e Infierno, no se vinculen a un lugar y, por tanto, a 4 dimensiones. Eso sólo refleja la estúpida trivialidad de nuestro tiempo.

El Infierno tiene mala prensa porque significa aceptar juicio y culpa por una parte, mientras por otra parezca contradecir el Amor infinito de Dios. En realidad, el Infierno es la consecuencia lógica de nuestra libertad. Es un estado al que sólo las personas pueden acceder, porque es el fruto de nuestra capacidad de optar. Pocas gentes como una mujer, Adrienne von Speyer, han sondeado estos abismos. Ella nos acerca a la impresión de lo que no se puede describir, aunque debamos esforzarnos en ello. Es el estado donde uno es completamente extraño a sí mismo, y esta negación consciente es puro horror y miedo innombrable. El Infierno puede ser el sufrimiento como absurdo absoluto, en un estado intemporal donde todo pasado y futuro está ausente: "Sólo existe el ahora y, a pesar de ello, se da un agravamiento", dice Adrienne. En ese mismo estado, todo lo que parezca amor y esperanza ha desaparecido. En nuestra época que abomina de todo riesgo a pesar de cantar la libertad, mentar el Infierno y, por tanto, la responsabilidad última de los propios actos genera rechazo. También cuenta, claro está, el abuso histórico de las "penas del infierno", del olvido que Jesucristo vino a salvar. Pero los rechazos y los errores propios no son razones suficientes para el olvido. En definitiva, el Infierno sigue ahí.

Pienso que el Cielo resultaría más atractivo y políticamente correcto si no fuera porque también tiende a recordar el juicio, la responsabilidad del ser persona. Por otra parte, las ideas sobre el Cielo tienden a ser desdibujadas, poco atractivas. Sería una buena tarea presentar en términos más inteligibles para nuestro tiempo una aproximación sensible de esa vida perdurable, en la que toda realidad será iluminada y conocida y podremos ser radicalmente auténticos en nuestra vocación, donde las limitaciones de edad, género, carácter y condición desaparecerán y sólo quedará nuestra capacidad positiva de ser "a tope" nosotros mismos. El Cielo puede significar la máxima realización personal en la Plenitud infinita de Dios, la comprensión definitiva de nuestra semejanza y filiación divinas.

En todo esto, la radicalidad de la ruptura cristiana es tan fuerte que no han bastado 2.000 años para extenderla y conseguir que impregne la vida de este planeta. De todas formas, para los cristianos, no existe un problema de tiempo y, si me apuran, ni siquiera de "éxito". Conocemos el final de la película.

(E-Cristians)

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Predicciones fallidas
Futurología sobre antiguos vaticinios de hace 40 años
Mikel Agirregabiria Agirre.

Los pronósticos fallados abundan desde que se inició la prospectiva como arte-ciencia. Son recordados con sarcasmo algunos errores gruesos en las previsiones pioneras, tales como el cálculo de cuándo el estiércol de las caballerías alcanzaría una altura equivalente al primer piso en Manhattan o la bendición que supondría la invención del automóvil en 1900 para la seguridad de las vías públicas, pues "liberaría a la sociedad de jinetes borrachos y caballos desbocados". Incluso en 1914, al aprobarse la Ley de Impuestos sobre Ingresos en Estados Unidos, un cronista comentó que "los contribuyentes por este concepto constituyen un selecto círculo privilegiado, al que nunca podrá aspirar la simple ciudadanía".

Releo hoy un viejo artículo de hace 40 años que ilustraba cómo sería el mundo en 2004. Este mismo escrito lo leí con 10 años y, entonces, creí que viviría para contemplar aquel maravilloso futuro…, que todavía no ha llegado, ni de lejos. Los autores consultaron a los mejores especialistas mundiales de 1964 para avanzar las características y desafíos que muy probablemente tendría la vida en el presente año 2004. Se pronosticaba que, si continuase la tendencia a reducir la jornada de trabajo, la mayoría de los "obreros" disfrutaría de una semana laboral de 28 horas y un "fin de semana" de tres días, porque las "máquinas" permitirían mantener la productividad. La mitad de la energía sería probablemente atómica y algunos investigadores científicos conjeturaban que, para ahora, se habría dominado la inagotable fusión termonuclear, definida como fuerza superplutónica de la "Bomba H".

Se suponía que hoy día la tecnología permitiría construir rápidos vehículos de transporte, como trenes levitando sin fricción, aviones combinados de despegue vertical desde pequeños aeropuertos municipales y pasando a vuelo horizontal para efectuar viajes de corto o largo recorrido. Los aviones de propulsión a chorro serían de triple velocidad sónica, cruzando el Atlántico en una hora. Los camiones deberían ser piezas de museo, pues las cargas se moverían por tuberías neumáticas con dispositivos electrónicos para trasladarlas a su destino. El transporte privado sería con automóviles silenciosos impulsados por electricidad. Para los trayectos cortos en la ciudad o cercanías, creían que se habrían difundido los cinturones-cohete para dar saltos…

La ciudad, según los urbanistas, estaría dotada de espacio, aire, torres soleadas, avenidas arboladas, fuentes de alegres surtidores y parques de verde césped. En la zona central metropolitana, estaría prohibido el tránsito de vehículos y se habría instalado un sistema subterráneo de cintas transportadoras para llevar las mercancías dentro y fuera de la ciudad. Con arreglo a esos planes, los moradores de los suburbios llegarían a la urbe en grandes trenes provistos de neumáticos o en "racimos" transportados por helicópteros capaces de volar en cualesquiera condiciones atmosféricas. Después, los monorrieles les llevarían al centro, donde las aceras movibles les acercarían a su punto de destino en la metrópoli prevista para hoy.

En comunicaciones, los expertos prometían adelantos asombrosos, cumplidos en parte: televisión mundial, máquinas traductoras para conversar en cualquier idioma, teléfonos con pequeñas pantallas para verse los interlocutores, mecanismos para seleccionar por voz el número que se desea y que "todos los automóviles llevarían teléfonos". En el hogar, la telefonía respondería a las llamadas hechas desde la puerta y haría que el visitante sea visto desde cualquier lugar de la casa. El teléfono manejaría los utensilios domésticos, cocinaría las comidas, pondría en marcha la calefacción o el aire acondicionado, todo ello a distancia.

En medicina, se anunciaba la total victoria contra el catarro y las infecciones respiratorias, que habrían pasado a la historia médica. Los facultativos se ocuparían más tiempo de prevenir que curar las enfermedades. Una simple inyección o una sola píldora bastarían para inmunizar contra todas las dolencias transmisibles, contando incluso con vacunas anticancerosas. Suponían que, hacia fines del siglo XX, se habría descubierto la curación para las enfermedades cardíacas, la arteriosclerosis y la mayoría de las afecciones nerviosas. Los progresos de la inmunología permitirían vencer la resistencia al trasplante de tejidos, haciendo posible el trasplante de órganos lesionados por "piezas de recambio" humanas y hasta animales. Habría pastillas para retardar el envejecimiento y una cirugía indolora e incruenta con una "varita mágica" ultrasónica para anestesiar tejidos y cauterizarlos con un "pegamento" quirúrgico, en vez de las actuales suturas.

El ímpetu, en aquellas décadas dirigido hacia la conquista espacial, produjo los mayores desvaríos sobre el futuro. El mismo doctor Wernher von Braun sostenía que "habrán pasado apenas tres años cuando tres norteamericanos vuelen en torno a la Luna y regresen a la Tierra" (profecía cumplida en 1969 con 2 años de retraso). Su optimismo se desbordó para las décadas siguientes: "Para 2004, los viajes a la Luna se habrán convertido en cosa de todos los días. Nuestras más audaces aventuras, que tendrán como escenario el espacio que rodea al planeta, acaso se realicen antes de lo que pensamos. Creo que, dentro de 40 años, habrá astronautas que explorarán los rincones más remotos de nuestro sistema solar". Otros científicos acertaron al indicar que circularían por el espacio satélites artificiales de todo tamaño, empleo y nacionalidad, a poca altura para captar mensajes y a mayor distancia como puestos de enlace para las redes mundiales de teléfonos y de televisión. Supusieron ilusoriamente que transportarían tripulaciones y pasajeros humanos en laboratorios de investigación científica, talleres de servicio interplanetarios o estaciones terminales para viajes a la Luna, Venus, Marte y quizá más lejos. Concluían, sin advertir que los presupuestos se redirigirían nuevamente a financiar la guerra y no a invertirse en justicia, solidaridad, educación y ciencia, que "el hombre se encuentra ya en plena conquista del sistema solar".

Quizá, más que errar los expertos de los años 60, ha sido la humanidad quien se ha entretenido demasiado en campañas militares en lugar de construir un planeta más pacífico, más fraternal y más feliz. Tal vez podamos recuperar las décadas perdidas. Víctor Hugo previno que "el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles, es inalcanzable; para los temerosos, lo desconocido; para los valientes, la oportunidad", y Simone de Beauvoir nos alertó: "Interésate por el futuro porque ahí es donde pasarás el resto de tu vida". Bajo los nombres de previsión y de tradición, el futuro y el pasado, que son perspectivas imaginarias, dominan y limitan el presente. Dicen que el futuro es de los desilusionados…, pero optimistas. Muchos creemos que este mundo es una profecía de futuros mundos. El porvenir es preparar a la humanidad para lo que no ha sido nunca. El futuro no es un regalo, sino una conquista, y la educación es el factor dominante para la esperanza.

Si nunca pensamos en el futuro, nunca lo tendremos. Un hombre sin un sueño y un plan es un hombre sin futuro. Una humanidad regida por una Ética de Paz reconstruirá la Utopía. El futuro está en nuestras manos. El futuro es ahora. Nosotros somos el futuro.

(E-Cristians)

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Dar o Recibir

El pequeño Chad era un muchachito tímido y callado. Un día, al llegar a casa, dijo a su madre que quería preparar una tarjeta de San Valentín para cada chico de su clase. Ella pensó, con el corazón oprimido: "Ojalá no haga eso", pues había observado que, cuando los niños volvían de la escuela, Chad iba siempre detrás de los demás. Los otros reían, conversaban e iban abrazados, pero Chad siempre quedaba excluido.

Así y todo, por seguirle la corriente compró papel, pegamento y lápices de colores. Chad, dedicó tres semanas a trabajar con mucha paciencia, noche tras noche, hasta hacer treinta y cinco tarjetas.

Al amanecer del Día de San Valentín, Chad no cabía en sí de entusiasmo. Apiló los regalos con todo cuidado, los metió en una bolsa y salió corriendo a la calle. La madre decidió prepararle sus pastelitos favoritos, para servírselos cuando regresara de la escuela. Sabía que llegaría desilusionado y de ese modo esperaba aliviarle un poco la pena. Le dolía pensar que él no iba a recibir muchos obsequios. Ninguno, quizá.

Esa tarde, puso en la mesa los pastelitos y el vaso de leche. Al oír el bullicio de los niños, miró por la ventana. Como cabía esperar, venían riendo y divirtiéndose en grande. Y como siempre, Chad venía último, aunque caminaba algo más deprisa que de costumbre.

La madre supuso que estallaría en lágrimas en cuanto entrara. El pobre venía con los brazos vacíos. Le abrió la puerta, haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas.

-Mami te preparó leche con pastelitos -dijo.

Pero él apenas oyó esas palabras, pasó a su lado con expresión radiante, sin decir más que: -¡Ninguno! ¡Ninguno!

Ella sintió que el corazón le daba un vuelco. Y entonces el niño agregó: -¡No me olvidé de ninguno! ¡De ninguno!

Dale Galloway

(Valores org)

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Lecturas del 20-4-04 (Martes de la Segunda Semana de Pascua)

SANTORAL: Santa Inés de Montepulciano

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-37

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)

R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. R.

El mundo está firmemente establecido:
¡no se moverá jamás!
Tu trono está firme desde siempre,
tú existes desde la eternidad. R.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos. R.

X Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 7b-15

Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»
«El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»
«¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.
Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?
Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»

Palabra del Señor.

Reflexión

Este evangelio, continuación del de ayer, tenemos que leerlo despacio.
Nicodemo debía ser uno de los que creyeron en Jesús.
Se ve que era un hombre importante, muy religioso, y como buen fariseo, adepto a la Ley. Probablemente creía que el Mesías arreglaría las cosas si se reforzaba el cumplimiento fiel de la Ley. Para ellos el Mesías, más que un rey, sería un maestro.

Y Jesús le dice, de buenas a primeras que tiene que nacer de nuevo y de arriba para entrar en el reino de los cielos.

El maestro judío no entendió, y le parecía imposible volver a nacer de nuevo.

Jesús le aclara que se refería al renacer por la fuerza del Espíritu. Tal vez, le recordara Jesús en la larga conversación que mantuvieron, las profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel, sobre el nuevo nacimiento, el corazón nuevo.

La comunidad cristiana a la que se dirige Juan sabe que ese renacer del agua y del Espíritu se refiere al Bautismo y a la fe viva en Cristo Jesús.

Nosotros hemos renacido un día por el agua y el Espíritu, pero no vivimos muchas veces la vida de ese Espíritu. Somos más legalistas que Nicodemo.

Ponemos nuestra fuerza en algunos ritos

Nos da miedo abrirnos al Espíritu Santo.

Tal vez nosotros necesitemos también renacer.

Tal vez estemos obrando con los criterios y valores del mundo en lugar de obrar inspirados por el Espíritu

Tal vez nos hemos acostumbrado a vivir solos, a ser unos solitarios sin ningún tipo de solidaridad.

Este tiempo de Pascua, en que durante sus 50 días celebramos la Resurrección del Señor, es tiempo propicio para que cada uno de nosotros volvamos a nacer por el agua y el Espíritu, y nuestra vida y nuestros comportamientos, sean fiel reflejo de ello.

Y el Señor, en el pasaje del Evangelio, también habla a Nicodemo de la fe. La fe consiste en recibir a Jesús, en conocerlo y en él conocer al Padre, en reconocer en él al enviado del Padre.

Y esa fe, se ejercita en el amor. Por amor, se guarda la palabra y se cumplen los mandamientos. Jesús juzga a los hombres con arreglo a esta actitud fundamental para con él

Por eso nuestra fe, no puede ser sólo un fe teórica, nuestra fe debe ser acompañada con nuestra vida, con nuestras obras.

Vamos a pedir hoy a María que guíe nuestros pasos para que siempre vivamos conforme a lo que creemos.

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.

Te ví, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe. Amén
Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: Santa Inés de Montepulciano

De padres nobles y ricos, Inés nació en Gracciano Vecchio, pequeño pueblo cercano a Montepulciano, probablemente hacia el año 1274. Sus primeros años en el monasterio de las "saquinas" de esta última ciudad (llamadas así porque usaban un escapulario de la burda estopa con que se hacen las sacas), fueron una revelación para sus maestras, por su humildad, mortificación, tierna devoción y obediencia.
Sólo contaba Inés catorce años cuando la superiora le encomendó la administración temporal del convento.
Los ayunos y la penitencia eran su práctica habitual. La desnuda tierra le servía de lecho. "Te enfermarás", le reconvenían. "Pero la tierra, que da frutos y flores, replicaba, ¿puede traer mal alguno?".
A los quince años de edad, juntamente con su maestra en la vida religiosa, llamada Margarita, fundó el primer monasterio en Proceno, en el condado de Orvieto, distante unos treinta kilómetros de Montepulciano.
Poseía la prudencia, la inteligencia y el saber de las cosas prácticas del mundo, que, unidas a las del cielo, la hicieron acreedora al nombramiento de abadesa. "Es una niña", fundamentó el papa. A lo que todos respondieron: "Una niña santa, cuyo entendimiento supera a la edad". El sumo pontífice Nicolás IV envió su consentimiento unido a la bendición apostólica.
Inés, superiora de diecinueve años, enseñaba con el ejemplo de su vida austera. El pobrecito de Asís la guiaba en sus meditaciones. Ella le imploraba: "Tú, que has llamado hermana a la tierra, sé mi maestro y guía". Conversaba con las monjas y con la gente que llegaba en busca de alivio espiritual. Para los afligidos, los enfermos, los desvalidos, dispensaba el milagro de la conformidad con la voluntad divina.
A la entrada de la ciudad de Montepulciano vivían, en algunas mansiones, personas de vida escandalosa. Inés había prometido: "Levantaré allí una casa para la oración". Cuenta la leyenda que en ese lugar la santa hizo brotar un manantial, y la gente iba en busca de aquella agua de vida, agua de virtud prodigiosa para la curación de toda clase de enfermedades.
Muy pronto se construyó un convento. Inés, nombrada abadesa, lo anexó a la orden de Santo Domingo.
Murió el 20 de abril de 1317. Su tumba es visitada por innumerables peregrinos. Fue su biógrafo el beato Raimundo de Capua. Santa Catalina de Siena, nacida treinta años después de su muerte y que la veneraba, nos ha dejado numerosas referencias sobre la santa de Montepulciano.

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