Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
18 de mayo de 2001
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Iglesia Católica censura maltrato de deambulantes

La Iglesia Católica de Puerto Rico censuró a las autoridades que ordenaron el recogido de decenas de deambulantes para, presuntamente, realzar la celebración del certamen de Miss Universe en Bayamón.

"No se ve bien que el poder o los prejuicios sociales impongan su bota sobre los indefensos de las calles", dice el semanario católico, El Visitante.

"No es justo aislarlos o golpearlos porque la etiqueta de los días de Miss Universo así lo dictaba", agrega.

La publicación oficial de la Conferencia Episcopal censura a las autoridades que recogieron, golpearon y encarcelaron a estos deambulantes para "esconderlos" durante la celebración del concurso de belleza en que ganó la lareña Denise Quiñones.

La crítica parece ser también extensiva al juez que envió a estos deambulantes a la cárcel tras acusarlos en ausencia para no tener que lidiar con su mal olor.

Al seguir su prédica en favor de los menesterosos y desválidos, la Iglesia Católica pidió a las autoridades que en lugar de perseguir, vejar y acusar a quienes no tienen casa o enfrentan problemas sociales, se establezcan las condiciones adecuadas para que estos ciudadanos no anden errantes, ni prisioneros de la soledad y las lágrimas ocultas.

"Estos hombres y mujeres, víctimas de la injusticia y de la fealdad de corazón de muchos, sólo imploran ayuda y una solicitud más leal y sincera", dice la publicación.

El recogido de deambulantes en Bayamón provocó críticas de distintos sectores de la sociedad y de la prensa, luego que los afectados denunciaron que fueron agredidos físicamente y maltratados de palabras.

Este es el segundo incidente de esta índole en la llamada ciudad del Chicharrón, donde hace varias semanas otro grupo de deambulantes denunció que fueron recogidos en las calles por agentes policiales y abandonados en Loíza, como parte de un esfuerzo "por embellecer" a Bayamón.

(Primera hora)

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Las vidrieras abandonan las catedrales para mostrarse en una gran exposición

MADRID

Esta exposición, la primera de estas características que se organiza en España, muestra la evolución de los diversos periodos y técnicas. Entre los prestadores se hallan catedrales, parroquias, museos y colecciones privadas y públicas. Se trata de una muestra excepcional por muchos motivos: por la calidad y belleza de las piezas, por el espléndido montaje... Además, porque las obras, una vez que se clausure la exposición el 15 de julio, volverán a sus lugares de origen para las que fueron creadas. Hay obras maestras como «Personaje del Antiguo Testamento», de Gaudí, propiedad de la catedral de Mallorca, o «La Virgen del dado», de Nicolás Francés, y «Simón el Mago» (anónimo), estas dos últimas de la catedral de León.

Precisamente, ha habido protestas por el préstamo de algunas vidrieras de la catedral leonesa. El director gerente de la Fundación, Javier Aguado, señaló que se ha tratado de hacer una buena exposición, «pero no desnudar la catedral», por lo que se exhiben dibujos que no se encuentran expuestos en León, así como piezas que acaban de ser restauradas. En total, unas diez piezas, entre paneles, lancetas y dibujos. «Hemos contado con las autorizaciones pertinentes, del Cabildo y de la Junta de Castilla y León -añade Aguado-. Además, las obras han sido traídas y colocadas por un equipo del taller de restauración de la catedral».

La selección de las obras ha corrido a cargo de Víctor Nieto Alcaide, comisario de la exposición. Premio Nacional de Historia por su libro «La vidriera española, ocho siglos de luz», es una de las máximas autoridades en la materia. Lleva muchos años dedicado al estudio de «este arte frágil no suficientemente conocido. Se ama lo que se conoce, por lo que es necesario lograr que sea un arte conocido y llegue a los ciudadanos». Sus emplazamientos, la falta de estudios, el olvido, los pocos ejemplares conservados en los museos españoles y su escasa presencia en exposiciones han contribuido al desconocimiento de este arte, uno de los componentes esenciales de la arquitectura gótica del siglo XIII que experimentó un resurgimiento durante el modernismo.

(ABC)

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El sol que adoraban los mayas pudo haber precipitado el fin de su civilización

WASHINGTON.- La civilización Maya, que fue cuna de grandes astrónomos, pudo haber sucumbido en parte por culpa del Sol, ya que se han descubierto en la Peninsula del Yucatán periodos de sequía de hasta 200 años relacionados con el brillo del astro.

Los Mayas, una de las civilizaciones más desarrolladas de occidente, comenzaron a construir grandes ciudades y pirámides en América Central hacia el siglo dos después de Jesucristo, pero en el siglo noveno su fulgor comenzó a decaer.

Científicos de la Universidad de Florida han estudiado los sedimentos del lago Chichancanab, situado en el centro norte de la Peninsula del Yucatán, en México, y han comprobado que las capas de sulfato cálcico, que aumentan en los períodos de sequía, se han ido depositando en el fondo del lago de un modo peculiar.

La peculiaridad radica, según David Hodell, profesor de geología de la Universidad de Florida, en el ciclo de 208 años en el que los sedimentos calcáreos se han ido depositando, porque son casi idénticos a otros ciclos ya conocidos de 206 años en la intensidad solar.

Los científicos, que en 1995 ya establecieron una cierta relación entre los períodos de sequía y la actividad del sol, han comprobado ahora que el ciclo solar descubierto coincide con el inicio del declive de la civilización maya.

Tikal, Copan, Palenque, Bonampak y Río Bec, entre otras grandes ciudades, fueron algunos de los centros de esplendor del período maya clásico, que en su apogeo llegó a contar con 40 grandes ciudades y cerca de dos millones de pobladores cuya subsistencia se basaba en el cultivo del maíz.

El sur de México, Guatemala y el norte de Belize conforman el territorio sobre el que se desarrolló esta cultura que, pese a su declive en el siglo noveno, siguió manteniendo en Chichén Itza y Mayapán una notable presencia.

«Parece que los cambios en la emisión de la energía solar tuvieron un efecto directo en el clima del Yucatán y provocaron la recurrencia de los períodos de sequía», ha señalado Hodell en un artículo que recoge la prestigiosa revista Science.

La decadencia maya

En opinión del científico, «esto pudo haber influido en cómo evolucionó la civilización maya».

David Hodell reconoce que la energía recibida del sol en sus momentos de mayor intensidad aumenta muy poco, por lo que considera que algún mecanismo en el clima pudo haber amplificado sus efectos en el Yucatán.

Aunque los arqueólogos han demostrado que los Mayas fueron grandes conocedores de la astronomía y capaces de medir los movimientos de astros como el Sol, la Luna y muchos de los planetas —adoraban especialmente a Venus—, Hodell considera que no llegaron a intuir el ciclo de 208 años de sequía que guardaba relación con el sol.

El lago Chichancanab es un lugar muy apropiado para estudiar los períodos de sequía, porque está saturado de sulfato cálcico.

Cada vez que el agua del lago se evapora, el sulfato cálcico se precipita en el fondo, donde se acumula en capas sucesivas por períodos de estaciones o años.

«Los sedimentos, por tanto, —asegura el científico de la Universidad de Florida— representan períodos de sequía» y se han ido depositando en el lecho del lago como las capas de un pastel.

Los períodos de sequía corresponden con el momento en que las evidencias arqueológicas señalan que comenzó a decaer la cultura Maya, incluido el colapso que sufrió hacia el año 900 de nuestra era.

Esas evidencias, según mencionan los investigadores, incluyen el abandono de las ciudades y la ralentización en la construcción de grandes edificios o en las actividades de excavación de piedra.

Un aspecto que pudo haber influido además en la decadencia de los Mayas durante este largo período de sequía es el hecho de que no existían otras culturas cercanas que hubieran podido acudir en su ayuda. Ni siquiera los aztecas habían llegado al centro del actual México.

Mark Brenner, otro geólogo de los que han participado en este estudio, señala que Corea del Norte está sufriendo en estos momentos una sequía extrema, pero el país cuenta con los beneficios de la ayuda internacional.

«Es irónico que una cultura tan obsesionada con seguir el movimiento de los astros pudiera haber encontrado el comienzo de su decadencia en un ciclo solar de 206 años», ha declarado David Hodell.

(El mundo)

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"Enamorado de su misión", el Papa celebra cumpleaños 81

VATICANO, 18 May. 01 

 Aunque sin aspavientos ni celebraciones, el Papa Juan Pablo II cumple 81 años "enamorado de su misión", según afirma el Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls.

"Juan Pablo II está tan enamorado de su misión que olvida el cansancio físico", afirmó el portavoz de la Santa Sede, al hablar sobre este nuevo onomástico pontificio.

"He intentado sin éxito, al igual que otros colaboradores, que descanse", relató Navarro-Valls, quien incluso recordó una broma hecha al Pontífice durante el breve descanso que se tomó durante el Año Jubilar: "El año pasado, durante sus cortas vacaciones en la montaña, le recordé que los convenios colectivos garantizan a todos los trabajadores en Italia 30 días de vacaciones". "Después de reflexionar unos instantes –contó el vocero–, me respondió: ‘Pero yo no soy italiano, soy ciudadano del Vaticano’".

"El Papa no se acuerda nunca de los fines de semana. Trabaja el sábado, y el domingo a menudo visita las parroquias de Roma. Lleva un ritmo de trabajo impresionante", agregó.

Navarro Valls afirmó que a Juan Pablo II le espera un programa muy cargado en lo que queda del año. Entre las actividades principales figuran:

(Aciprensa)

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CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

A propósito de la NOTIFICACIÓN de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos escritos del 

RVDO. P. MARCIANO VIDAL, C.Ss.R.

1. La teología moral ha suscitado en la vida de la Iglesia de los últimos decenios un interés que no conocía desde hacía mucho tiempo. Son muchas las causas que explican este fenómeno. La atención concedida por el Concilio Vaticano II a la persona humana y a los problemas que atormentan su corazón; la nueva percepción de la dignidad de la conciencia y del respeto que se le debe; la necesidad de renovar la teología moral según un modelo que se adecue mejor a la Alianza de Dios con su Pueblo, cuyo centro es la persona de Cristo; la consolidación de una antropología de índole más personalista; el redes-cubrimiento del carácter vocacional del matrimonio cristiano; los grandes desafíos planteados a la ciencia y a la cultura por las conquistas en el campo de la bio-ingeniería. Éstos son algunos de los elementos que han contribuido a concentrar la atención de los teólogos sobre la moral.

 

2. Si se consideran los resultados adquiridos en este ámbito, es indiscutible que se ha alcanzado un progreso considerable. Aun sin mencionar las respuestas inéditas — pero no por ello menos conformes a la “mente de Cristo» (1 Co 2, 16) — ofrecidas tanto a viejos como a nuevos problemas, no es posible ignorar múltiples indicios concretos de renovación. Entre éstos cabe señalar el descubrimiento, por parte de muchos fieles, de la grandeza de la vocación cristiana y de la profunda e inalterable alegría ligada al compromiso pleno y definitivo con ella; un anuncio del Evangelio que no teme proclamar con claridad las más altas exigencias de las ‘Bienaventuranzas’, como camino ordinario de la vida cristiana al servicio de la gloria del Padre y de los hermanos que el Padre atrae hacia Sí (cfr. Jn 6, 44); la fortaleza de numerosos cristianos para afirmar la propia identidad, cuando llega el momento de dialogar con personas que no comparten sus convicciones, fortaleza que no rehuye, si es necesario, el martirio, expresión sublime de la moral cristiana; el entusiasmo de las nuevas generaciones de teólogos en el aprendizaje y en el ejercicio de su ‘vocación’.

De este florecimiento y de sus frutos, Juan Pablo II ha dejado constancia en su encíclica Veritatis splendor: «El esfuerzo de muchos teólogos, alentados por el Concilio, ya ha dado sus frutos con interesantes y útiles reflexiones sobre las verdades de la fe que hay que creer y aplicar a la vida, presentadas de manera más adecuada a la sensibilidad y a los interrogantes de los hombres de nuestro tiempo».(1)

 

3. Hay otro aspecto que conviene considerar. En un clima de efervescencia intelectual, como el que la teología moral ha conocido en el pasado y todavía conoce, se requiere un esfuerzo especial en quien, como el teólogo moralista, se ve implicado en primera persona: el esfuerzo para no perder el sentido del equilibrio y de la mesura inherente a su vocación. Ésta última comporta, en efecto, la referencia a dos polos inseparables: el respeto a la verdad íntegra debido al Pueblo de Dios, y una fuerte unión con el Magisterio de la Iglesia, depositario del deber de mantener, mediante el Espíritu del Resucitado (cfr. Jn 16, 13), al Pueblo de Dios en una fidelidad viva a la verdad, a través del tiempo y de las más variadas circunstancias.

Es oportuno detenerse sobre la apenas mencionada vocación del teólogo moralista, para precisar todavía más su contorno. La tarea del teólogo moralista es indispensable para la realidad viva de la Iglesia. A él le corresponde escrutar todo lo que podría hacer la vida según «la verdad con caridad» (Ef 4, 15) más limpia, más trasparente y más accesible a los creyentes. Con él comienza el discernimiento entre los verdaderos y los falsos problemas. Él explora «la Palabra de Dios contenida en la Escritura inspirada y transmitida por la Tradición viva de la Iglesia»(2) con objeto de extraer la luz necesaria para resolver las dificultades que se presentan.

Estas líneas generales se podrían completar con las consideraciones más específicas que la Encíclica Veritatis splendor propone al respecto.(3) Sin necesidad de descender a más detalles, es útil recordar que el trabajo de inteligencia de la fe y de las costumbres confiado al teólogo moralista no es un bloque monolítico, cerrado en sí mismo. Es esencialmente un servicio que se propone favorecer tanto el crecimiento del Pueblo de Dios en el bien, cuanto la colaboración con el Magisterio en el ejercicio de su misión de instancia última de la verdad en la Iglesia.

 

4. Con respecto a las relaciones entre el teólogo y el Magisterio, se puede constatar la existencia de algunas tensiones. Éstas no deben ser siempre interpretadas necesariamente como expresión de posiciones inconciliables  o de latentes rupturas, sino como resultado de modos diferentes de acercarse a una misma verdad, siempre difícil de aferrar en toda su complejidad y riqueza.

Cabría recordar, en la historia reciente de la Iglesia, las tensiones que existieron entre algunos teólogos y el Magisterio en los años 50. Esas tensiones — como ha reconocido el mismo Magisterio — revelaron su fecundidad sucesivamente, hasta el punto de convertirse en estímulo para el Concilio Vaticano II. Admitir las tensiones no significa descuido o indiferencia. Se trata, más bien, de la «paciencia de la maduración»,(4) que la tierra requiere para permitir que la semilla germine y produzca nuevos frutos. Dejando de lado la metáfora, se reconoce la necesidad de dejar que las nuevas ideas se adecuen gradualmente al patrimonio doctrinal de la Iglesia, para abrirlo después a las riquezas insospechables que contenía dentro de sí. El Magisterio adopta prudentemente esta actitud y le concede particular relieve, porque sabe que de ese modo se alcanzan las comprensiones más profundas de la Verdad para el mayor bien de los fieles. Es la actitud de Juan Pablo II cuando, en la encíclica citada, se abstiene de «imponer a los fieles ningún sistema teológico particular».(5) Llegará la hora de la poda y del discernimiento, pero nunca antes de que surja y se abra lo que está germinando.(6)

 

5. Junto a la tensión, puede surgir por desgracia la oposición. Ésta existe cuando la búsqueda de la verdad se realiza con detrimento del patrimonio doctrinal de la Iglesia y cristaliza en tesis ambiguas o claramente erróneas. La vigilancia realizada en este caso por los Pastores pertenece a la función que el Señor les confió de mantener intacto el «depósito de la fe» para el bien de toda la Iglesia.(7)

En efecto, considerada más de cerca, la actitud de oposición es nociva para todos. Ante todo para el teólogo, el cual, negadas algunas verdades, se expone a caer en otros errores que podrían llevarlo a cerrarse a la Verdad. Además es perjudicial para el Pueblo de Dios, que ve amenazado su acceso a la plena verdad cristiana, a la que tiene un derecho inalienable. Por último, para los Pastores de la Iglesia, que sin una sana teología, se ven privados de una ayuda para cumplir todavía mejor la tarea que el Señor les ha confiado. Cuando vigila sobre el «depósito» revelado (cfr. 1 Tm 6, 20; 2 Tm 1, 12), el Magisterio no desea destruir, sino enderezar para edificar. San Pablo lo decía a Timoteo (cfr. 2 Tm 4, 2) y Juan Pablo II lo reafirma cuando propone a la consideración de los moralistas algunas verdades que pertenecen al ‘patrimonio moral’ de la Iglesia.(8)

 

6. El resultado positivo de la vigilancia de los Pastores de la Iglesia se extiende a la comunidad teológica de la que forma parte el P. Marciano Vidal. Lo que se dice ahora constituye, para los demás miembros de esa comunidad, la ocasión de examinar sus contribuciones a la luz de lo que el Magisterio reconoce, en este caso particular, como perteneciente o no al «depósito» confiado a la Iglesia. A este respecto, la presente Notificación contiene preciosas indicaciones, algunas de las cuales son de gran importancia.

La primera de ellas es sin duda el lugar central que ocupa la persona de Cristo en la teología moral católica. Aun reconociendo el valor de la recta ratio para conocer al hombre, Cristo es sin embargo el punto de referencia indispensable y definitivo para adquirir un conocimiento íntegro de la persona humana, que será después el fundamento de un obrar moral integral, en el  que no hay dicotomía alguna entre lo que depende del humanum y lo que  procede de la fe.

Tras las huellas del Concilio Vaticano II, la Encíclica Veritatis splendor ha sido explícita sobre este punto. A Cristo se acerca el «joven rico» para recibir una enseñanza acerca de sí mismo y de lo que debe hacer para adecuarse a su propia identidad y encontrar el verdadero bien, es decir, el que consiste en realizarse según el designio de Dios (cfr. Mt 19, 16-21).(9)

Una segunda indicación importante, derivada directamente de la anterior, es la dignidad intangible de la sexualidad humana. En un contexto marcado por la exasperada sexualidad prevalente en nuestro mundo, el contorno de su auténtico significado puede fácilmente difuminarse. Por ello, el moralista cristiano puede sentir la tentación de resolver los viejos y nuevos problemas con respuestas que son más conformes a la sensibilidad y las expectativas del mundo que a la «mente de Cristo» (cfr. 1 Co 2, 16). Como sucede frecuentemente en las cuestiones doctrinales objeto de discusión, la solución buena es aquí la lectio difficilior. Como el Magisterio ha demostrado en diversas ocasiones y en diferentes contextos, no es posible aceptar ninguna transacción en este ámbito. La vocación cristiana, en sus diversos estados de vida, encuentra su condición de posibilidad en una sexualidad humana integral.

A la luz de estas observaciones se entiende el motivo por el que la Iglesia considera la masturbación y las relaciones sexuales de tipo homosexual como actos objetivamente graves.(10) Y en la misma óptica la Iglesia invita a los esposos cristianos a la paternidad responsable en el respeto de la «inseparable conexión», querida por el Creador y Redentor del hombre, entre los dos significados, unitivo y procreativo, del acto conyugal.(11) 

Las mismas razones se encuentran en la enseñanza del Magisterio sobre la fecundación artificial homóloga. En efecto, por una parte se trata de los actos propios de los esposos como único lugar digno de la procreación humana y, por otra, de la necesidad de evitar cualquier forma de manipulación del embrión humano.(12) Por lo que se refiere al respeto incondicional debido al embrión, no es suficiente afirmar la inmoralidad global del aborto, para después atenuar confusamente ese principio cuando se trata de aplicarlo a casos concretos particularmente complejos. Sobre este punto, la Iglesia ha reivindicado siempre una absoluta coherencia y continúa a hacerlo con creciente insistencia.(13) Ateniéndose firmemente al principio de la integridad de la sexualidad humana y al del respeto de la vida, conectado con el primero, la Iglesia no oprime al hombre. Más bien, lo valoriza; y lo hace sobre la base de la idea que Jesucristo y la Tradición apostólica han tenido del hombre, a pesar del contexto cultural de su tiempo. 

 

7. Una Notificación como la que el presente texto se ha propuesto comentar es siempre un evento importante en la vida de la Iglesia. Lo es en primer lugar para la persona inmediatamente interpelada, pero también para el entero Cuerpo eclesial, del cual el teólogo en cuestión es y continúa siendo miembro. En casos semejantes se pueden usar los términos ‘destruir’, pero también ‘construir’, ‘edificar’ (cfr. 2 Co 10, 8; 13, 10). A primera vista, el verbo ‘destruir’ puede parecer el más adecuado, pero a largo plazo y a la luz del amor invencible del Señor, el ‘construir’ prevalecerá y suscitará la inalterable alegría de haber perseverado en la verdad hasta el final (cfr. 2 Jn 2). En esto consiste la esperanza de la Iglesia: «nosotros sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, los que según su designio son llamados» (Rm 8, 28).

(15 de mayo de 2001)

*  *  *
 

(1) Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor (6 de agosto de 1993), n. 29: AAS 85 (1993) 1157.

(2) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum veritatis (24 de mayo de 1990), n. 6: AAS 82 (1990) 1552.

(3) Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 111-113: AAS 85 (1993) 1220-1222.

(4) Esta expresión se toma de la Instr. Donum veritatis, n. 11 (AAS 82 [1990] 1555), que la utiliza para describir la actitud que debe adoptar el teólogo si desea que su audaz investigación de la verdad dentro de la fe eclesial pueda dar frutos y «edificar».

(5) Enc. Veritatis splendor, n. 29: AAS 85 (1993) 1157.

(6) La reciente Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Dominus Iesus (6 de agosto de 2000) describe bien este proceso, aplicándolo al importante problema del diálogo interreligioso: «En la práctica y en la profundización teórica del diálogo entre la fe cristiana y las otras tradiciones religiosas surgen cuestiones nuevas, las cuales se trata de afrontar recorriendo nuevas pistas de búsqueda, adelantando propuestas y sugiriendo comportamientos, que necesitan un cuidadoso discernimento» (n. 3: AAS 92 [2000] 744).

(7) Cfr. Instr. Donum veritatis, n. 14: AAS 82 (1990) 1556.

(8) Cfr. Enc. Veritatis splendor, n. 4: AAS 85 (1993) 1135-1137.

(9) Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 2. 6-7: AAS 85 (1993) 1134-1135; Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), n. 10: AAS 71 (1979) 274.

(10) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana (29 de diciembre de 1975), nn. 8-9: AAS 68 (1976) 84-87; Carta Homosexualitatis problema (1 de octubre de 1986), nn. 3-8: AAS 79 (1987) 544-548; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2352. 2357-2359. 2396.

(11) Cfr. Pablo VI, Enc. Humanae vitae (25 de julio de 1968), nn. 11-14: AAS 60 (1968) 488-491; Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), n. 32: AAS 74 (1982) 118-120; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399.

(12) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae (22 de febrero de 1987), n. II,  B, 5: AAS 80 (1988) 92-94.

(13) Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), nn. 58-62: AAS 87 (1995)  466-472.

(El Vaticano)

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Muy aprisa

Cierta vez, un conductor se desplazaba por una de las carreteras de Estados Unidos a una velocidad excesivamente alta, cuando de repente justo después de una curva aparece un hombre parado en medio de la vía haciendo señal de parada con los brazos y de una forma desesperante. El conductor sorprendido y a la vez asustado, toca insistentemente la bocina para ver si el individuo se quitaba del camino, pero fue inútil, el hombre seguía haciendo señales de detenerse con sus brazos.

-"Debe estar loco" - dijo el conductor mientras pisaba el freno provocando un fuerte chirrido y dejando dos largas marcas negras en el pavimento, logrando así detener el auto antes de atropellar a aquel hombre.

Muy enojado, se baja del carro y dando un portazo se dirige hacia el hombre y le dice:

-"¿Acaso no tienes ojos, no ves lo peligrosa que es esta carretera y te atraviesas en ella como si nada, o acaso eres loco para no ver el peligro que corres?"...

-"No señor, no estoy loco- le contestó el individuo- Lo que pasa es que el puente que está en la próxima curva acaba de desplomarse y sabía que si no hacía algo usted en este momento ya estuviera muerto; tuve que arriesgar mi vida para ver si podía salvar la suya"

Quizás en la carretera de tu vida algún "loco" como le llaman, te ha obstaculizado el paso para darte un tratado o decirte: Cristo te ama, Cristo viene, y te has enojado sobremanera porque vas MUY APRISA. Quizás hoy yo esté obstaculizando tu camino quitándote unos minutos, pero, qué habría pasado si el conductor hace caso omiso al individuo del camino?... ... ¿Qué crees que pasará a los que oyen la advertencia de la palabra de Dios y no hacen caso?

(Valores org.)

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SANTORAL: San Félix Cantalicio
 
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 22-31
 
En aquellos días, los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta:
«Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje.
El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós.»
Los delegados, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía donde convocaron a la asamblea y le entregaron la carta. Esta fue leída y todos se alegraron por el aliento que les daba.
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 56, 8-9. 10-12 (R.: 10a)
 
R. Te alabaré en medio de los pueblos, Señor.
 
 
 Mi corazón está firme, Dios mío,
 mi corazón está firme.
 Voy a cantar al son de instrumentos: 
 ¡despierta, alma mía! 
 ¡Despierten, arpa y cítara,
 para que yo despierte a la aurora!  R.
 
 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
 te cantaré entre las naciones,
 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
 y tu fidelidad hasta las nubes.
 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
 y que tu gloria cubra toda la tierra!  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 12-17
 
Jesús dijo a sus discípulos:
«Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»
 
Palabra del Señor.
 
Reflexión 
  
Un periodista había observado durante un día cómo la Madre Teresa de Calcuta servía con todo amor y entrega a los más pobres de los pobres.
Sólo mirar esa realidad le había causado al periodista asco y repugnancia.
Y al final le dijo a la Madre Teresa:
Eso que usted hace, yo no lo haría ni por un millón de dólares.
Y entonces ella le contestó:
Yo tampoco lo haría por un millón de dólares.
 
Esta anécdota nos muestra cómo se enfrentan dos realidades distintas. Por un lado el periodista, en un mundo donde por dinero se puede conseguir... casi todo.
Por otro lado el mundo de la Madre Teresa, el mundo del amor.
 
Y en este evangelio Jesús habla de un mandamiento de amor.
Y a primera vista, no parece ser algo innovador.
En otro pasaje del Evangelio cuando un maestro de la Ley de Moisés, le pregunta a Jesús qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, y Jesús le devolvió la pregunta diciéndole: ¿Qué está escrito en la Ley?
El maestro de la Ley le responde con una cita del libro de Deuteronomio que dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y con todo tu espíritu y a tu prójimo como a ti mismo”
 
Lo que es “realmente nuevo”, es la medida de ese amor que se pide.
Porque el Antiguo Testamento hablaba de "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
En este evangelio en cambio, la medida del amor es mucho mayor, porque Jesús dice: Ámense unos a otros como Yo los he amado.
Y todos sabemos el amor con que Jesús nos amó. Nos amó hasta dar la vida por nosotros.
 
 
Y esto es lo que distingue a los cristianos el amor con que nos amamos unos a otros.
Dijo Jesús: En esto reconocerán que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a los otros.
 
Es bueno que pensemos frecuentemente en esto, porque el Señor, no nos dijo que se nos va a identificar por la cruz o la medalla que llevemos en el cuello, ni por las imágenes que tengamos en casa, ni por las peregrinaciones que hagamos a algún santuario, ni por nuestro certificado de bautismo, ni por pertenecer a un movimiento o un grupo, ni por los carismas espirituales, o el don de lenguas o el de curaciones.
Todas esas cosas son buenas en sí, si se las usa bien, pero no son lo esencial de nuestra fe.
Al cristiano no se lo distingue por alguna señal exterior. Sólo se lo distingue por el amor al prójimo, hasta lo último, a ejemplo de Jesús.
 
Por eso hoy vamos a intentar corregir el rumbo, mirar hacia adelante con ojos cristianos, y  proponernos escuchar y cumplir lo que Jesús nos pide, porque muchas veces nuestro cristianismo se queda en lo exterior únicamente.
Decía un poeta hindú:
Me gusta Cristo, pero no me gustan los cristianos porque no se parecen a él
 
Pidamos hoy a María, que nos eduque a semejanza de Jesús.
 
El Dios uno y trino,
misterio de amor,
habita en los cielos
y en mi corazón.
 
Dios escondido en el misterio,
como la luz que apaga estrellas;
Dios que te ocultas a los sabios,
y a los pequeños te revelas.
 
No es soledad, es compañía.
es un hogar tu vida eterna,
es el amor que se desborda
de un mar inmenso sin riberas.
 
Padre de todos, siempre joven,
al Hijo amado eterno que engendras,
y el Santo Espíritu procede
como el Amor que a los dos sella.
 
Padre, en tu gracia y tu ternura,
la paz, el gozo y la belleza,
danos ser hijos en el Hijo
y  hermanos todos en tu Iglesia.
 
Al Padre, al Hijo y al Espíritu,
acorde melodía eterna,
honor y gloria por los siglos
canten los cielos y la tierra.
Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL:  San Félix Cantalicio

 
Nació en al año 1513, en un pueblo llamado Cantalicio, en la ladera  de los Apeninos, provincia de Umbría. Como en la aldea no había escuela, nunca aprendió a leer y escribir.
Era bueno, alegre y paciente. Alababa a Dios al contemplar las flores y el cielo y al oír el canto de los pájaros. Se lo llamaba el pastor feliz. Los menos pobres que él pensaban: "¿Cómo es posible, siendo tan menesteroso?"
Al llegar a los treinta años sintió acrecentarse su vocación e ingresó en el convento de los capuchinos de Citta Ducale.
Félix era incansable en sus oraciones. En el convento lo destinaron al cargo de limosnero, que exige integridad de vida, y él se reconocía como criado de Dios.
Muy pronto se distinguió por su virtud, su piedad y por su amor al prójimo. Los capuchinos no pueden poseer bienes materiales; por tal motivo, el santo recorría los barrios de Roma, recogiendo limosnas (alimento y ropa) que iban a parar a manos de los pobres. A todo respondía Deo gratias y así acabaron por llamarlo: el hermano Deogracias.
Aparecía en la casa de los enfermos y aliviaba los males de todos. Visitaba a los pobres dejándoles parte de los alimentos y ropas que terminaban de darle. Fue un alma transparente, acrisolada día a día por la caridad, que es la forma más pura de amor.
Fue el santo de la gratitud. Y por esta virtud y muchas otras, un pastor, un capuchino, el hermano limosnero que no sabía leer ni escribir, mereció la alta jerarquía de la santidad.
Hay un cuadro suyo muy singular pintado por Murillo, inspirado en la leyenda según la cual, hallándose Félix un día rezando, de pronto se le apareció la Virgen y puso al niño en sus brazos.
Sus milagros, antes y después de su muerte, fueron innumerables.
San Félix de Cantalicio llevó una vida clara y sencilla. Jamás, ni en los peores momentos, dejó de estar alegre.
Murió el día 18 de Mayo de 1587.

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