Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
17 de mayo de 2001
http://www.pionet.org http://www.pucpr.edu

Suscribir a un amigo

Compartir alguna noticia , documento o link favorito

No desea seguir recibiendo el boletín

"Toda obra realizada a otros en el nombre de Dios, aumenta nuestra cuota en el Cielo."

 


ACTUALIDAD EN PUERTO RICO
DE TODO EL MUNDO
EL PAPA
DIGNIDAD Y VIDA HUMANA
PENSAMIENTO
VIVE HOY TU FE

Los rebeldes de Sierra Leona liberan a otro centenar de «niños soldados»

El grupo rebelde Frente Revolucionario Unido (RUF, en inglés), entregó a 110 «niños soldados» a la organización católica Cáritas, según reveló hoy en esta capital un portavoz de ese organismo humanitario.

Con la nueva entrega asciende a casi doscientos el número de menores que han sido liberados esta semana por las milicias del RUF para su rehabilitación, conforme al plan de paz suscrito por los rebeldes y el Gobierno hace dos años en la capital togolesa, Lomé.

Los niños fueron llevados a un campo de Cáritas cercano a la capital, donde reciben tratamiento médico, y posteriormente serán conducidos al centro católico de Port Loko, al norte de Freetown.

El empleo de niños como guerrilleros ha sido denunciado reiteradamente por organizaciones humanitarias, como una de las principales atrocidades de la guerra civil sierraleonesa, cuyo origen se remonta a principios de la década pasada.

De acuerdo con expertos en psicología, la readaptación de los niños guerreros a la sociedad entraña grandes dificultades debido a los horrores a los que han sido expuestos, muchos de los cuales han sido utilizados como «asesinos a sueldo».

(ABC)

Arriba

Los fundamentalismos en tiempos de globalización, según Andrea Riccardi
En Oriente Medio, son de carácter religioso; en Europa, nacionalistas

BARCELONA, 15 mayo 2001 

 El fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi, ha recibido hoy el Premio Internacional Catalunya por su labor en favor del diálogo interreligioso y «su convicción y vivencia de la fe en acción evangélica abierta y extendida en todo el mundo, volcada en los otros, por medio del estudio, la solidaridad y la paz», según el acuerdo mayoritario del jurado.

La Comunidad de San Egidio, fundada en 1968 en Roma, está formada por 30.000 personas que trabajan en más de 35 países en favor de los marginados. Ha desempeñado un papel decisivo en la mediación de conflictos armados, como ha sido el caso de Mozambique y Guatemala.

Especialista en la Historia de la Iglesia, Riccardi, se refirió a los diferentes conflictos que tienen lugar en estos momentos en el mundo, y particularmente al del País Vasco, en España.

«La lucha armada separatista es un nuevo ejemplo de renacimiento del fundamentalismo en este mundo globalizado que demuestra cómo en los países árabes y en Israel el fundamentalismo es de carácter religioso y en Europa tiende a defender la identidad nacional de cada uno».

Riccardi recuerda que la Comunidad de San Egidio cree «en la fuerza del diálogo para superar la violencia», en todo el mundo, también en el País Vasco. En este sentido, ha defendido el papel de la Iglesia católica en ese proceso de paz, porque «la Iglesia siempre debe trabajar para superar
la violencia».

El jurado del Premio Internacional Catalunya ha galardonadoa Riccardi «porque a través de la Comunidad de San Egidio ha promovido un amplio diálogo religioso interconfesional y cívico basado en la libertad y la justicia» y «ha incidido fuertemente en los procesos de paz de diversos países del Tercer Mundo», además de ocuparse, mediante la Comunidad, de «los marginados, los pobres, los enfermos desatendidos, los inmigrantes sin papeles y la infancia abandonada».

Riccardi, nacido en Roma en 1950, licenciado en Derecho y especializado en Historia Contemporánea e Historia de la Iglesia, ha recibido anteriormente el Premio Mundial Metodista por la Paz, el galardón de la Niwano Peace Foundation y la Medalla de Plata Mathama Gandhi de la UNESCO.

(ZENIT.org)

Arriba

 DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS MISIONEROS DEL ESPÍRITU SANTO

Sábado 12 de mayo de 2001 

Queridos Misioneros del Espíritu Santo:

1. ¡Que la paz del Resucitado y la presencia de su Espíritu estén siempre con vosotros! Os doy las gracias de todo corazón por esta visita que me hace vuestra Curia General y agradezco al Superior General, Padre Jorge Ortiz González, las cariñosas palabras que me ha dirigido.

Nuestro encuentro está en sintonía con aquél que mi Predecesor San Pío X mantuvo en 1913 con los Venerables Siervos de Dios Ramón Ibarra y González, Arzobispo de Puebla y con Concepción Cabrera de Armida, para pedirle el comienzo de la fundación. Fue en aquella ocasión cuando recibisteis el nombre: Misioneros del Espíritu Santo, del que vuestro Fundador, el Venerable Siervo de Dios, Padre Félix de Jesús Rougier dijo que era "todo el programa de vuestra vida religiosa y sacerdotal."

¡Continuad con ánimo renovado la obra que la Iglesia os ha confiado! Sé que como Curia General tenéis una tarea específica, delineada por la huella que el Espíritu Santo ha trazado en vuestro XIII Capítulo General: "Entrar en el III Milenio conscientes de que, consagrados por la misión, es necesario profundizar y orientar, con fidelidad creativa, vuestro trabajo pastoral."

Queridos hijos, llevad adelante el delicado trabajo que os compete, y bajo la guía del Espíritu Santo, ayudad a los demás hermanos para que ofrezcan en la Iglesia un testimonio elocuente de unidad y caridad pastoral.

2. En esta ocasión deseo invitaros a fijar los ojos en el Rostro de Cristo; así lo he pedido a toda la Iglesia en mi última Carta apostólica Novo millennio ineunte (cf. 16-28). Según el carisma que habéis recibido, contempladlo ungido por el Espíritu Santo, para anunciar la Buena Nueva a los pobres y proclamar el año de gracia del Señor (cf. Lc 4, 18-19); miradlo mientras emplea su tiempo y sus esfuerzos en seguir de cerca el camino espiritual de sus discípulos (cf. Mc 6, 7-13. 30-33). Vuestro modelo es, pues, Jesús Sacerdote, compasivo y misericordioso; Jesús Víctima voluntaria de un amor que se consagra en cada instante hasta dar la vida por la salvación de todo el género humano y que resucita glorioso.

De esta contemplación nace la urgencia de una conversión personal y comunitaria profunda y continuada, que implica, como decía vuestro Fundador, renovar vuestra atención amorosa a Dios, de modo que lo podáis encontrar en la oración cotidiana, en la experiencia sacramental, en la escucha atenta de la Palabra.

3. En la vida de la Iglesia y de cada Instituto religioso la unidad es favorecida por la contemplación del Resucitado y la escucha atenta de la Palabra. Querría recordaros que buscar, promover y rezar por la comunión es tarea de todos. No se trata de la uniformidad que hace perder las propias particularidades, sino del esfuerzo de encarnar todos juntos, la riqueza del cuerpo comunitario, movidos por el mismo Espíritu y comprometidos en llevar a cabo una idéntica misión. Como dice el Señor: "de este modo sabrán que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13,35).

El XIII Capítulo General ha trazado, para vuestro Instituto, puntos claros de renovación acerca de la promoción de la santidad en el Pueblo de Dios. Se trata de construir juntos un mundo más justo y más humano en el que todos se sientan hermanos según el designio de Dios. Por esto, el Capítulo os ha pedido dinamizar significativamente y efectivamente vuestro servicio a los sacerdotes y a las Obras de la Cruz. Al mismo tiempo os ha orientado a renovaros y empeñaros en el ejercicio ministerial de la dirección espiritual.

4. Empujados por el Espíritu, "Duc in altum" (Lc 5,4), remad mar adentro, transformando vuestro compromiso en orientaciones pastorales que respondan a las exigencias de vuestro carisma y las necesidades de las comunidades que os han sido confiadas.

Orientad vuestros esfuerzos hacia la difusión de una verdadera y propia pedagogía de la santidad (cf. Carta apostólica Novo millennio ineunte, 31) conscientes que "todos los fieles de cualquier estado o condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (Constitución dogmática Lumen gemtium, 40).

Por ello, puesto que vuestras Constituciones renovadas privilegian a los sacerdotes entre los destinatarios de vuestra misión pastoral (205), tendréis que renovar vuestra conciencia de que la llamada a la santidad "atañe ante todo a los obispos y a los sacerdotes. Antes que a nuestro obrar, interpela a nuestro ser. «Sed santos - dice el Dios - porque yo soy santo» (Lev 19, 2)" (Homilía de la Misa Crismal, 2001, 2).

En mi Exhortación apostólica Pastores dabo vobis encontraréis indicaciones útiles y sugerencias precisas que darán luz a vuestro proceder en este especial ministerio. Dejaos guiar del Espíritu Santo para que sea Él mismo el que os dé el impulso en vuestra fidelidad creativa. La colaboración fraterna con los obispos y con los presbíteros diocesanos es un camino privilegiado para construir según vuestro carisma la Iglesia-comunión.

5. Con cuantos compartís la misma espiritualidad tendréis que seguir empeñándoos en la construcción de una verdadera comunión eclesial. "El nuevo siglo debe comprometernos más que nunca a valorar y desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las grandes directrices del Concilio Vaticano II, sirven para asegurar y garantizar la comunión" (Carta apostólica Novo millennio ineunte, 44, cfr. 43-45). Os invito a promover, dentro de la Familia de la Cruz, "una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares dónde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades" (Carta apostólica Novo millennio ineunte, 43).

Además, como he escrito en la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis, "Es necesario redescubrir la gran tradición del acompañamiento espiritual personal, que ha dado siempre tantos y tan preciosos frutos en la vida de la iglesia" (40). Continuad con alegría y empeño vuestro estudio y vuestra preparación en lo que vuestras Constituciones llaman "el más característico de vuestros medios pastorales" (229).

6. Vuestro Capítulo General ha querido tratar el tema de las vocaciones y la internacionalización del Instituto visto desde la óptica del mandato que la Iglesia recibe del Resucitado: Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes (Mt 28, 19) y en el recuerdo de la figura y los anhelos de vuestro Fundador (cf. XIII Capítulo General, Prioridad 3).

El vivir gozosa y generosamente vuestra consagración, una mayor definición en vuestros ministerios pastorales y el amor fraterno en vuestras comunidades, se traducirán en una invitación a cuantos buscan el seguimiento radical de Jesús en la vocación religiosa y sacerdotal. "Además de promover la oración por las vocaciones, es urgente esforzarse, mediante el anuncio explícito y una catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, decidida y generosa, que hace operante la gracia de la vocación." (Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 64).

Queridos hijos, volviendo a vuestra patria, recordad las palabras de Jesús: Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta al final del mundo (Mt 28, 20). Qué el Espíritu Santo os acompañe siempre y os dé la fuerza para continuar la obra que la Iglesia os ha confiado.

Os dejo en los brazos maternos de Maria, la Madre de la Iglesia, para que entréis en el Nuevo Milenio colmados de alegre esperanza.

Juan Pablo II

(El Vaticano)

Arriba

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

NOTIFICACIÓN sobre algunos escritos del RVDO. P. MARCIANO VIDAL, C.Ss.R.

PREÁMBULO 

Una de las misiones encomendadas a la Congregación para la Doctrina de la Fe es velar y custodiar la doctrina de la fe, para que el Pueblo de Dios se mantenga fiel a la enseñanza recibida. Por ello, en ocasiones, debe hacer juicio de doctrina y advertir, incluso con notificación pública, sobre ambigüedades o errores expresados en algunas publicaciones de especial difusión que pueden dañar la fe del Pueblo de Dios, en orden a su oportuna rectificación. Tal notificación, a veces resulta necesaria, aun cuando el autor se muestre bien dispuesto a rectificar o ya esté rectificando.  

Después de un primer estudio del Diccionario de ética teológica, de La propuesta moral de Juan Pablo II. Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis Splendor y del libro Moral de Actitudes, tanto en la edición original española, como en la última edición italiana del Rvdo. P. Marciano Vidal C.Ss.R., la Congregación, a causa de los errores y de las ambigüedades encontrados, de su difusión y, sobre todo, de su influencia en la formación teológica, decidió emprender un estudio más profundo de las obras citadas siguiendo el procedimiento ordinario, según lo establecido en la Agendi Ratio in Doctrinarum Examine.  

El 13 de diciembre de 1997 la Congregación para la Doctrina de la Fe envió al Autor, a través del Rvdo. P. Joseph William Tobin, Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor, el texto de la Contestatio. Ésta comprendía una introducción sobre la fundamentación cristológica de la ética teológica, seguida de dos partes, dedicadas respectivamente a las cuestiones de carácter epistemológico (relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio; relación entre el teólogo y el Magisterio), y a los errores de carácter particular (Persona-Sexualidad-Bioética; Moral Social: Escatología-Utopía).  

El 4 de junio de 1998 se recibió el texto de la Respuesta redactada por el Rvdo. P. Marciano Vidal, ayudado por el Consejero elegido por él, y acompañada por una carta del Superior General. La Congregación examinó la Respuesta, considerándola insatisfactoria, y decidió ofrecer al Autor una nueva posibilidad de clarificar su pensamiento sobre los puntos en examen. Un nuevo texto, que comprendía algunas preguntas, fue presentado para aprobación a la Sesión Ordinaria del 20 de enero de 1999, la cual decidió conceder al Autor los tres meses previstos por la Ratio Agendi. El Santo Padre, en la Audiencia concedida al Cardenal Prefecto el 5 de febrero de 1999, aprobó este modo de proceder y el texto apenas mencionado.  

El nuevo texto, acompañado de una carta, se entregó al Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor en una reunión que tuvo lugar en la sede de este Dicasterio (7 de junio de 1999). En esta reunión se comunicó el resultado del examen de la Respuesta, así como la decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de carácter excepcional, de volver a formular los puntos en discusión, con objeto de facilitar una respuesta más puntual y precisa. Además, después de manifestar la viva esperanza de que el P. Vidal viese la nueva oportunidad que se le concedía como una llamada a una más profunda reflexión para su propio bien y para el bien de la Iglesia, en nombre de la cual desarrolla su servicio de docencia teológica, se determinó que la respuesta del P. Vidal, redactada de forma personal, inequívoca y sucinta, debía llegar a la Congregación para la Doctrina de la Fe antes del próximo 30 de septiembre.

Informado del nuevo paso emprendido por este Dicasterio, el P. Vidal, a través del propio Ordinario, aseguró que se atendría a cuanto la Congregación le pedía. El 28 de septiembre de 1999 el Superior General entregó personalmente al cardenal Prefecto el texto de la Respuesta a las «Preguntas dirigidas al Rev. P. Marciano Vidal C.Ss.R.», junto con su parecer personal. El texto de la segunda Respuesta fue sometido al juicio de las instancias propias de la Congregación, según lo establecido por la Ratio Agendi.

  

El 10 de noviembre de 1999 la Sesión Ordinaria de la Congregación, examinando todas las fases del estudio y toda la documentación producida, consideró concluido el procedimiento excepcional adoptado. La Congregación para la Doctrina de la Fe acogió con satisfacción la disponibilidad manifestada por el Autor para corregir las ambigüedades referentes a la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y a las leyes sobre el aborto, así como su declarada adhesión al Magisterio de la Iglesia por lo que se refiere a los principios doctrinales, pero notando que el Autor no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones erróneas señaladas en la Contestatio, juzgó necesario preparar una Notificación. Ésta se le presentaría al Autor en una reunión, que se convocaría con el objeto de obtener el reconocimiento explícito de los errores y ambigüedades señalados, y de verificar la disponibilidad para corregir los libros, según los principios declarados por el Autor y las modalidades establecidas por la Congregación. Además, el texto de la Notificación, completado con una relación acerca de los resultados de la reunión con el Autor y aprobado por la Sesión Ordinaria, debía ser publicado. Estas resoluciones fueron confirmadas por el Santo Padre en la Audiencia concedida al Excmo. Secretario el 12 de noviembre de 1999.  

El 2 de junio de 2000 tuvo lugar la prevista reunión con el Autor. A ella participaron el Emmo. Cardenal Prefecto, el Excmo. Secretario, S.E.R. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Granada y Miembro de la Congregación, que representaba a la Conferencia Episcopal Española, y algunos Delegados nombrados por el Dicasterio. Acompañaron al Rvdo. P. Vidal el Rvdo. P. Joseph William Tobin y el Rvdo. P. Joseph Pfab, C.Ss.R., antiguo Superior General, elegido como Consejero para esta ocasión. Comunicada formalmente la Notificación, y después de un sereno y provechoso diálogo tanto sobre las cuestiones doctrinales cuanto sobre el procedimiento que había sido fijado, el Rvdo. P. Marciano Vidal aceptó el juicio doctrinal formulado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios establecidos.  

Informados del resultado positivo de la reunión, los Emmos. e Ilmos. Miembros de la Sesión Ordinaria, el 14 de junio de 2000 y el 7 de febrero de 2001, consideraron satisfactoria la adhesión del Rvdo. P. Vidal y confirmaron las resoluciones tomadas anteriormente, es decir, que se publicara la presente Notificación. Decidieron, además, que las ediciones de Moral de Actitudes (incluido el volumen sobre la moral social), del Diccionario de ética teológica y de La propuesta moral de Juan Pablo II, así como sus traducciones a otros idiomas, anteriores a la fecha de esta Notificación no pueden ser utilizados para la formación teológica, y que el Autor debe reelaborar, especialmente Moral de Actitudes, bajo la supervisión de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española. La presente Notificación, con sus disposiciones correspondientes, ha sido comunicada, por medio del Superior General C.Ss.R., al P. Marciano Vidal, el cual la ha aceptado y firmado.  

Con tal decisión, con la que no se enjuicia al Autor ni su intención, ni la totalidad de su obra o de su ministerio teológico, sino sólo unos determinados escritos, se trata de buscar el bien de los fieles, de los pastores y de los profesores de teología moral tanto del presente como del futuro, sobre todo de aquellos que han sido formados según la teología moral del Autor o que se reconocen en las mismas perspectivas teológico-morales, a fin de que se aparten de estos errores o lagunas en los que han sido formados o persisten todavia, con las consecuencias prácticas que esto comporta en el ámbito pastoral y ministerial.

NOTA DOCTRINAL

1.Valoración general

El libro Moral de Actitudes consta de tres volúmenes. En el primero se trata de la moral fundamental.(1) El segundo volumen se divide en dos tomos, dedicados, respectivamente, a la moral de la persona y bioética teológica(2) y a la moral del amor y de la sexualidad.(3) El tercer volumen se ocupa de la moral social.(4) El Diccionario de ética teológica(5) ofrece un tratamiento más conciso de los principales conceptos y temas de la moral cristiana.  

En Moral de Actitudes se advierte la preocupación pastoral por el diálogo con «el hombre autónomo, secular y concreto».(6) En función de este objetivo se adopta una actitud benigna y comprensiva, atenta al carácter gradual y progresivo de la vida y de la educación moral, y se busca una mediación entre las posiciones consideradas extremas, teniendo presentes los datos ofrecidos por las ciencias humanas y por las diversas orientaciones culturales. Sin embargo, esta laudable preocupación frecuentemente no alcanza su objetivo, porque predomina sobre aspectos que son esenciales y constitutivos de toda presentación integral de la doctrina moral de la Iglesia; particularmente: el uso de una metodología teológica correcta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de argumentaciones completas.  

Como afirma el Autor, Moral de Actitudes está construido sobre la «opción por el paradigma de la “autonomía teónoma” reinterpretado desde la “ética de liberación”».(7) Él se propone llevar a cabo una revisión personal de ese paradigma, pero no consigue evitar algunos de los errores que contiene, que son sustancialmente los señalados por la Enc. Veritatis splendor.(8) El Autor no logra tener suficientemente en cuenta que la razón y la fe, aun siendo distintas, tienen un origen y un fin comunes, y que por tanto no se relacionan entre sí sólo para delimitar de modo siempre exclusivo y excluyente sus respectivos ámbitos de competencia, o bien para extenderlos cada una en detrimento de la otra bajo una óptica de emancipación. La «“ratio” normativa»(9) no se entiende como algo que está entre el hombre y Dios al modo de un anillo que los une,(10) sino más bien como un diafragma que se interpone entre ellos, por lo que no resulta ya posible poner en la «Sabiduría divina» el fundamento ontológico (y, por ello, objetivo) de la competencia moral que todo hombre indudablemente posee,(11) ni admitir que la razón moral pueda ser «iluminada por la Revelación divina y por la fe».(12)  

Por ello el Autor afirma repetidas veces una de las tesis determinantes del planteamiento del libro: «lo propio y específico del êthos cristiano no hay que buscarlo en el orden de los contenidos concretos del compromiso moral», sino «en el orden de la cosmovisión que acompaña» esos contenidos.(13) Sólo a partir de estas afirmaciones se debe entender — como precisa el Autor — qué significa «la referencia a Jesús de Nazaret en cuanto horizonte o ámbito nuevo de comprensión y de vivencia de la realidad»,(14) o bien en qué sentido se sostiene que la fe ofrece un «influjo», un «contexto», una «orientación»,(15) un «nuevo ámbito de referencia» y una «dimensión».(16) Aunque el Autor afirma ocasionalmente que «la Norma decisiva de la ética cristiana es Cristo» y que «no hay otra norma para el cristiano que el acontecimiento de Jesús de Nazaret».(17), su intento de fundamentación cristológica no consigue conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en Cristo.(18) La fundamentación cristológica de la ética se admite solamente en cuanto «redimensiona la normativa intramundana del personalismo de alteridad política».(19)  

La ética cristiana resultante es «una ética influida por la fe»,(20) pero se trata de un influjo débil, porque se yuxtapone de hecho a una racionalidad secularizada enteramente proyectada sobre un plano horizontal. En Moral de Actitudes no se resalta suficientemente la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia, las virtudes teologales, la oración, las bienaventuranzas, la resurrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales.  

Consecuencia del modelo moral adoptado es la atribución de un papel insuficiente a la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia, que se filtran a través de las frecuentes «opciones» y «preferencias» del Autor.(21) En el comentario a la encíclica Veritatis splendor, de modo particular, se nota la concepción deficiente de la competencia moral del Magisterio eclesiástico.(22) Aun informando a los lectores acerca de la doctrina eclesial, el Autor se separa críticamente de ella al proponer una solución a los diversos problemas de ética especial, como se verá más adelante.  

Se debe señalar, en fin, la tendencia a utilizar el método del conflicto de valores o de bienes en el estudio de los diversos problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias al nivel óntico o pre-moral.(23) Modos que llevan a tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre opción fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven positivamente por la falta de una toma de posición coherente del Autor. En el plano práctico, no se acepta la doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el valor absoluto de las normas que prohiben esas acciones.

  

2. Cuestiones particulares

El Autor afirma que los métodos interceptivos, es decir, aquéllos que actúan después de la fecundación y antes de la anidación, no son abortivos. Generalmente no se pueden considerar como medios lícitos para controlar la natalidad,(24) pero son moralmente aceptables «en situaciones de notable gravedad, cuando es imposible el recurso a otros medios».(25) El Autor aplica este mismo criterio de juicio a la esterilización, afirmando que en algunas situaciones no ofrece dificultades morales, «ya que lo que se intenta es realizar de una manera responsable un valor humano».(26) En ambos casos se trata de valoraciones contrarias a la enseñanza de la Iglesia.(27)  

El Autor sostiene que la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad posee cierta coherencia, pero no goza de suficiente fundamento bíblico(28) y adolece de importantes condicionamientos (29) y ambigüedades.(30) En ella se encuentran los fallos que pueden advertirse «en todo el edificio histórico de la ética sexual cristiana». (31) En la valoración moral de la homosexualidad — añade el Autor — se debe «adoptar una actitud de provisionalidad», y desde luego «ha de formularse en clave de búsqueda y apertura».(32) Para el homosexual irreversible un juicio cristiano coherente «no pasa necesariamente por la única salida de una moral rígida: cambio a la heterosexualidad o abstinencia total».(33) Estos juicios morales no son compatibles con la doctrina católica, para la que existe una valoración perfectamente clara y firme sobre la moralidad objetiva de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.(34) El grado de imputabilidad subjetiva que esas relaciones puedan tener en cada caso concreto es una cuestión diversa, que no está aquí en discusión.  

El Autor sostiene que no se ha probado «la gravedad ex toto genere suo de la masturbación».(35) Ciertas condiciones personales son en realidad elementos objetivos de ese comportamiento, por lo «que no es correcto hacer “abstracción objetiva” de los condicionamientos personales y formar una valoración universalmente válida desde el punto de vista objetivo».(36) «No todo acto de masturbación es “materia objetivamente grave”».(37) Sería incorrecto el juicio de la doctrina moral católica de que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas.(38) 

Con relación a la procreación responsable, considera el Autor que ninguno de los métodos actuales para regular los nacimientos reúne una bondad absoluta. «Es incoherente y arriesgado inclinar la valoración moral por un método determinado».(39) Aunque el Magisterio de la Iglesia tiene el cometido de orientar positiva y negativamente el empleo de las soluciones concretas,(40) en casos de conflicto «seguirá siendo válido el principio básico de la inviolabilidad de la conciencia moral».(41) Pero incluso fuera de los casos conflictivos, «la utilización moral de los métodos estrictamente anticonceptivos ha de ser objeto de responsable discernimiento de los cónyuges».(42) Entre los diversos criterios ofrecidos por el Autor para guiar ese discernimiento, (43) no se encuentra el valor objetivo y vinculante de la norma moral contenida en la Humanae vitae (44) y en los demás documentos del Magisterio pontificio anteriores (45) y posteriores a ella. (46)  

Sobre la fecundación in vitro homóloga el Autor se separa de la doctrina eclesial. (47) «Por lo que respecta a la fecundación completamente intraconyugal (“caso simple”), creemos que no puede ser descartada...».(48) Si se neutraliza todo lo posible la probabilidad de riesgos para el nascituro, si existe una razonable proporción entre los fracasos y el éxito fundadamente esperado, y se respeta la condición humana del embrión, «la fecundación artificial homóloga no puede ser declarada en principio como inmoral».(49  )

Sobre otros problemas de moral especial, Moral de Actitudes contiene juicios ambiguos. Es el caso, por ejemplo, de la inseminación artificial por parte de personas casadas con semen de un donador,(50) o bien el de la fecundación in vitro heteróloga(51) y el aborto. Es verdad que el autor da una valoración moral negativa del aborto en términos generales, pero su posición acerca del aborto terapéutico es ambigua:(52) al sostener la posibilidad de ciertas intervenciones médicas en algunos casos más difíciles, no se entiende claramente si se está refiriendo a lo que tradicionalmente se llamaba «aborto indirecto», o si en cambio admite también la licitud de intervenciones no comprendidas en la categoría tradicional mencionada. No menos ambigua es su posición sobre el aborto eugenésico.(53) Por lo que se refiere a las leyes abortistas, el Autor explica correctamente que el aborto no se puede considerar como contenido de un derecho individual,(54) pero a continuación añade que «no toda liberalización jurídica .del aborto es contraria frontalmente a la ética».(55) Parece que se refiere a las leyes que permiten una cierta despenalización del aborto.(56) Pero, dado que existen diversos modos de despenalizar el aborto — algunos de los cuales equivalen, en la práctica, a su legalización, mientras que ninguno de los demás es, en todo caso, aceptable según la doctrina católica(57) — y que el contexto no es suficientemente claro, al lector no le es posible entender qué tipo de leyes despenalizadoras del aborto se consideran «no contrarias frontalmente a la ética».

  

La Congregación para la Doctrina de la Fe, considerando con satisfacción los pasos dados por el Autor y su disponibilidad para seguir los textos del Magisterio, confía en que, mediante su colaboración con la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española, se llegue a un manual apto para la formación de los estudiantes de teología moral.

  

La Congregación, con esta Notificación, desea al mismo tiempo animar a los teólogos moralistas a proseguir en el camino de renovación de la Teología moral, en especial de profundización en la moral fundamental y de rigor en el método teológico-moral, conforme a las enseñanzas de Veritatis splendor, y con ese verdadero sentido de responsabilidad eclesial.

  

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el transcurso de la Audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 9 de febrero de 2001, a la luz de los pasos dados, ha confirmado Su aprobación a la presente Notificación, decidida en la Sesión Ordinaria del Dicasterio, y ha ordenado que sea publicada.

  

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 22 de febrero de 2001, Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.

+ Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

+ Tarcisio Bertone, S.D.B.
Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario

 


1 Moral de Actitudes, I. Moral fundamental, Editorial PS, Madrid 1990, 8ª ed. (ampliada y refundida en su totalidad) 902 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, I. Morale fondamentale, Cittadella Editrice, Assisi 1994, 958 pp.] (se cita Ma I según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).

2 Moral de Actitudes, II-1.ª Moral de la persona y bioética teológica, Editorial PS, Madrid 1991, 8ª ed., 797 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, II-1.ª Morale della persona e bioetica teologica, Cittadella Editrice, Assisi 1995, 896 pp.] (se cita Ma II/1 según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).

3 Moral de Actitudes, II-2.ª Moral del amor y de la sexualidad, Editorial PS, Madrid 1991, 8ª ed., 662 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, II-2.ª Morale dell’amore e della sessualità, Cittadella Editrice, Assisi 1996, 748 pp.] (se cita Ma II/2 según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).

4 Moral de Actitudes, III. Moral social, Editorial PS, Madrid 1995, 8ª ed. 1015 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, III. Morale sociale, Cittadella Editrice, Assisi 1997, 1123 pp.] (se cita Ma III según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).

5 Diccionario de ética teológica, Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1991, 649 pp. (se cita Det).

6 Ma I, p. 266 = 283; cfr. Ma I, pp. 139 = 147-148, 211-215 = 222-226.

7 Ma I, p. 260 = 276; cfr. Ma I, pp. 260-284 = 276-301.

8 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor (6 de agosto de 1993), especialmente nn. 36-37: AAS 85 (1993) 1162-1163.

9 Cfr. Ma I, p. 213 = 224.

10 Cfr. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 100, a. 2, c.

11 Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 36. 42-45: AAS 85 (1993) 1162-1163. 1166-1169.

12 Enc. Veritatis splendor, n. 44: AAS 85 (1993) 1168-1169.

13 Ma I, p. 203 = 214; la misma afirmación se encuentra en Ma II/1, pp. 131 = 140 y 139 = 148, Ma III, pp. 99-100 = 107-108 y en Ma I, p. 99 = 103 referida a la Sagrada Escritura; compárese el conjunto con Enc. Veritatis splendor, n. 37: AAS 85 (1993) 1163: «En consecuencia, se ha llegado hasta el punto de negar la existencia, en la divina Revelación, de un contenido moral específico y determinado, universalmente válido y permanente: la palabra de Dios se limitaría a proponer una exhortación, una parénesis genérica, que luego sólo la razón autónoma tendría el cometido de llenar de determinaciones normativas verdaderamente “objetivas”, es decir, adecuadas a la situación histórica concreta».

14 Ma I, pp. 203-204 = 214.

15 Ma I, pp. 192-193 = 202-203.

16 Ma I, p. 274 = 291.

17 Ma I, p. 452 = 476.

18 Cfr. Ma I, pp. 268-270 = 285-287.

19 Ma I, p. 275 = 291.

20 Ma I, p. 192 = 202-203.

21 Cfr. por ejemplo Ma I, pp. 260 = 276; 789-790 = 837-839; 816 = 872; 848 = 904; Ma II/1, pp. 400-403 = 434-437; 497 = 550-551; 597 = 660-661; Ma II/2, pp. 189 = 202; 191 = 204; 263 = 311; 264 = 312; 495 = 553.

22 Cfr. Conc. Vaticano II, Lumen gentium, 25; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum veritatis (24 de mayo de 1990), 16: AAS 82 (1990) 1557. Se vea la posición del Autor en La propuesta moral de Juan Pablo II. Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis splendor, PPC, Madrid 1994, especialmente pp. 24-26; 29; 54; 76-78; 82; 89-90; 94-95; 98; 102; 116; 120; 130-131; 136; 167. Se vea también Ma I, pp. 80 = 82-83; 145 = 154; Det, pp. 362-365 y Manuale di etica teologica, I. Morale fondamentale, Cittadella Editrice, Assisi 1994, pp. 142-145 (estas páginas, dedicadas a la encíclica Veritatis splendor, son posteriores a la edición española, y se encuentran sólo en la edición italiana).

23 Cfr. por ejemplo Ma I, p. 468 = 492.

24 Ma II/2, p. 574 = 651.

25 Ma II/2, p. 574 = 651.

26 Ma II/1, p. 641 = 714; cfr. también Ma II/2, p. 575 = 652, donde la esterilización es considerada una «solución adecuada» para algunos casos, y Det, p. 225, donde se afirma que en algunas ocasiones la esterilización será el «único método aconsejable».

27 Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. De abortu procurato (18 de noviembre de 1974), nn. 12-13: AAS 66 (1974) 737-739; Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), n. 58: AAS 87 (1995) 466-467. Para la esterilización, cfr. PABLO VI, Enc. Humanae vitae (25 de julio de 1968), n. 14 y las fuentes allí citadas: AAS 60 (1968) 490-491; Congregación para la Doctrina de la Fe, Resp. Circa sterilizationem in nosocomiis catholicis (13 de marzo de 1975): AAS 68 (1976) 738-740; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2399.

28 Cfr. Ma II/2, pp. 266-267 = 314-315.

29 Cfr. Ma II/2, p. 267 = 315.

30 Cfr. Ma II/2, p. 268 = 316; también Det, pp. 294-295.

31 Ma II/2, p. 268 = 316; cfr. pp. 268-270 = 316-318.

32 Ma II/2, pp. 281-282 = 330.

33 Ma II/2, p. 283 = 332.

34 Cfr. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tm 1, 10; Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Per-sona humana (29 de diciembre de 1975), n. 8: AAS 68 (1976) 84-85; Carta Homosexualitatis problema (1 de octubre de 1986), nn. 3-8: AAS 79 (1987) 544-548; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359. 2396.

35 Ma II/2, p. 324 = 374.

36 Ma II/2, p. 330 = 381; cfr. también Det, p. 45.

37 Ma II/2, p. 332 = 382.

38 Cfr. Decl. Persona humana, n. 9: AAS 68 (1976) 85-87; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352. Cfr. también LEÓN IX, Carta Ad splendidum nitentis, año 1054: DH 687-688.

39 Ma II/2, p. 576 = 653.

40 Cfr. Ma II/2, p. 576 = 653.

41 Ma II/2, p. 576 = 653.

42 Ma II/2, p. 576 = 653.

43 Cfr. Ma II/2, pp. 576-577 = 653-654.

44 Cfr. Enc. Humanae vitae, nn. 11-14: AAS 60 (1968) 488-491.

45 Cfr. las fuentes citadas en Enc. Humanae vitae, n. 14: AAS 60 (1968) 490-491.

46 Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), n. 32: AAS 74 (1982) 118-120; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399. Cfr. también Ma II/2, pp. 571-573 = 648-650.

47 Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae (22 de Febrero de 1987), n. II, B, 5: AAS 80 (1988) 92-94.

48 Ma II/1, p. 597 = 660.

49 Ma II/1, p. 597 = 661.

50 Cfr. Ma II/1, p. 586 = 649 y Det, p. 315.

51 Cfr. Ma II/1, p. 597 = 660.

52 Cfr. Ma II/1, p. 403 = 437.

53 Cfr. Ma II/1 p. 403 = 437-438.

54 Cfr. Ma II/1, p. 412 = 454.

55 Ma II/1, p. 412 = 454.

56 Cfr. Ma II/1, p. 408 = 442. 444.

57 Cfr. Decl. De abortu procurato, nn. 19-23: AAS 66 (1974) 742-744; Enc. Evangelium vitae, nn. 71-74: AAS 87 (1995) 483-488.

(El Vaticano)

Arriba

EL PORVENIR

Augusto y Laureano eran hermanos mellizos, jóvenes y fuertes, recién salidos del colegio. Tal cual como anda un joven cuando termina un ciclo de escolaridad, Augusto y Laureano andaban como distraídos del mundo, vueltos hacia dentro de sí mismos averiguando cómo embarcarse hacia el incierto porvenir de la madurez.

Una mañana Laureano gritó que por fin había encontrado su verdadera vocación y que iba estudiar medicina. Diez minutos después Augusto anunció: "Encontré mi vocación, voy a ser asaltante." Laureano se zambulló en la anatomía, la fisiología y la cirugía. Mientras Augusto perdió el sueño estudiando los movimientos de las casas de la gente rica, anotando características de los comercios y merodeando Bancos en sus momentos clave.

No es por decir y sin desmerecer a nadie, pero ambos mellizos se quemaron las pestañas estudiando: Laureano escrutando el microscopio, Augusto revisando combinaciones de cajas fuertes. Uno memorizaba fármacos y fórmulas de química; el otro aprendía precios y lugares para reventa de joyas, electrodomésticos y obras de arte. Apenas dormían. "Voy a la facultad para dar un final de histología. No me esperen para comer, además que estoy con una práctica de fisiología." 

"A mí tampoco me esperen. Hoy tengo un curso de tiro al blanco y de cerrajería, además tengo que visitar e inspeccionar la zona."

Un día Laureano recibió su título de médico, y al día siguiente Augusto hizo su primer robo a mano armada. Mientras uno cumplía guardias hospitalarias agotadoras, el otro hacía rondas nocturnas interminables a la pesca de incautos.

"Esta mañana salve a una anciana", decía uno.

"Esta mañana me salvé de los policías", decía el otro.

La fama del médico crecía, lo mismo que la fama de su hermano. Pero mientras al médico el trabajo se le hacía cada vez más llevadero por el cariño y el reconocimiento de la gente, al otro la vida se le volvía cada vez más solitaria y desconfiada. El día que nombraron a Laureano director del hospital, los vecinos hicieron un asado. El día que llevaron preso a Augusto, la familia le llevó a la comisaría unos versos de José Hernández: "Más cuesta aprender un vicio que aprender a trabajar."

(Valores org.)

Arriba

SANTORAL: San Pascual Bailón 
 
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 7-21
 
Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se levantó y dijo a los apóstoles y presbíteros:
«Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros días, me eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos la Palabra del Evangelio, a fin de que ellos abracen la fe. Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en favor de ellos, enviándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. El no hizo ninguna distinción entre ellos y nosotros, y los purificó por medio de la fe.
¿Por qué ahora ustedes tientan a Dios, pretendiendo imponer a los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos soportar? Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús.»
Después, toda la asamblea hizo silencio para oír a Bernabé y a Pablo, que comenzaron a relatar los signos y prodigios que Dios había realizado entre los paganos por intermedio de ellos.
Cuando dejaron de hablar, Santiago tomó la palabra, diciendo: «Hermanos, les ruego que me escuchen: Simón les ha expuesto cómo Dios dispuso desde el principio elegir entre las naciones paganas, un Pueblo consagrado a su Nombre. Con esto concuerdan las palabras de los profetas que dicen:
Después de esto, yo volveré y levantaré la choza derruida de David; restauraré sus ruinas y la reconstruiré, para que el resto de los hombres busque al Señor, lo mismo que todas las naciones que llevan mi Nombre. Así dice el Señor, que da a conocer estas cosas desde la eternidad.
Por eso considero que no se debe inquietar a los paganos que se convierten a Dios, sino que solamente se les debe escribir, pidiéndoles que se abstengan de lo que está contaminado por los ídolos, de las uniones ilegales, de la carne de animales muertos sin desangrar y de la sangre. Desde hace muchísimo tiempo, en efecto, Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores que leen la Ley en la sinagoga todos los sábados.»
 
Palabra de Dios.
 

SALMO Sal 95, 1-2a. 2b-3. 10 (R.: cf. 3)
 
R. Anuncien las maravillas del Señor
 entre los pueblos.
 
 
 Canten al Señor un canto nuevo,
 cante al Señor toda la tierra;
 canten al Señor, bendigan su Nombre.  R.
 
 Día tras día, proclamen su victoria.
 Anuncien su gloria entre las naciones,
 y sus maravillas entre los pueblos.  R.
 
 Digan entre las naciones: «íel Señor reina!
 El mundo está firme y no vacilará.
 El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»  R.
 
 
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11
 
 Jesús dijo a sus discípulos:
 «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
 
Palabra del Señor.
 
Reflexión 
  
La auténtica vida cristiana es mantenerse en el amor de Cristo, permanecer en él; ese amor se vive en la comunidad y se irradia al mundo
Eso es lo que pide ahora Jesús a sus discípulos. Les pide que permanezcan en su amor.
Ese amor no es una simple teoría, sino la fidelidad a su palabra.
 
Deberíamos sentir vergüenza de que el Señor Jesús nos repitiera tan insistentemente que nos ama y nos pidiera que permanezcamos en su amor.
 
Jesús nos ama con el mismo amor con que ama el Padre.
Cristo nos ama hasta el exceso. Y Él quiere que nosotros le amemos, como Él nos ama.
 
Es impensable, que Dios nos ame tan sin límites y nosotros respondamos a ese amor infinito con un amor frío y mezquino.
 
Cuando realmente se ama, ese amor exige sacrificios; pero esos sacrificios, no nos son costosos porque amamos.
Eso es lo que nos pasa, humanamente hablando.
 
Y con Dios no es diferente.
Si amamos a Dios, no podremos no guardar sus mandatos. Pero no los guardaremos ...porque es obligación,... ni porque le tememos,... los guardaremos por amor a Él
 
Pero nos es difícil vivir este mandamiento del Señor, si el Padre no nos atrae fuertemente hacia su Hijo, y en Él aprendemos a amar.
El Espíritu Santo debe ser nuestro maestro en este arte de amar.
 
Ese Espíritu Santo que es Amor, nos va guiando al verdadero amor paternal, hasta que en nosotros haya una entrega total como la de Jesús.
 
Y como Jesús les había hablado a sus discípulos de su partida y ellos estaban tristes, el Señor les repite una vez más : ¨les he dicho esto para que mi gozo esté en ustedes y su gozo sea colmado¨.
 
Jesús va al Padre para esperar allí a todos sus discípulos y así unirse con ellos no ya de un modo provisorio sino definitivo.
 
Por eso nada ni nadie puede arrebatar al cristiano la alegría. Porque la alegría de un cristiano no se fundamenta en algo pasajero, en ¨seguridades¨, en ¨beneficios¨. La alegría de un cristiano está en la convicción de que ha sido elegido por Dios; en que su nombre está escrito en el Reino de Dios y en la seguridad que Dios nos ama; que Jesús nos ama y nos espera en su Reino.
 
Por eso hoy, vamos a pedirle al Señor, que a pesar de los problemas y de las angustias, propias de nuestra vida, nunca dejemos de ser fieles al amor que Dios nos tiene respondiendo con nuestra vida y con nuestras obras a ese amor. Y que siempre reflejemos en nuestros rostros, la sonrisa que Dios permanentemente nos dirige a cada uno de nosotros, porque nos ama.
  
Si vivimos, vivimos para Dios;
si morimos, morimos para Dios;
en la vida y en la muerte,
somos de Dios.
 
Nuestras vidas son del Señor,
en sus manos descansarán;
el que cree y vive en él
no morirá.
 
Con Cristo viviré,
con Cristo moriré;
llevando en el cuerpo
la muerte del Señor;
llevando en el alma
la vida del Señor.
 
Si vivimos, vivimos para Dios;
si morimos, morimos para Dios;
en la vida y en la muerte,
somos de Dios. Amén.
 
Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL:  San Pascual Bailón 

Nació en Torrehermosa, poblado de Aragón, en una humildísima choza, hacia el año 1540. Su padre, apellidado Bailón, le puso por nombre "Pascual", por haber visto el niño la luz en la pascua de dicho año.
De joven, cuida cabras y ovejas. Sentado a la sombra de un árbol, lee con dificultad, pues nunca ha tenido maestro. Pero él se ha propuesto aprender a leer y escribir, y lo logra gracias a la ayuda de algunos compañeros.
El pastorcillo descalzo, cubierto con burda ropa, es feliz; canta y reza, y sigue por los senderos con su rebaño hasta el atardecer, para hincar sus rodillas y agradecer al buen Dios otro día de gozo.
En Aragón vive Martín García, rico hacendado, de cuantiosa fortuna y hombre de gran corazón, que le propone adoptarlo como hijo y legarle sus bienes. Pero Pascual quiere imitar la pobreza de Cristo.
Las colinas, el valle, el manantial, el cielo, sus oraciones, sus libros piadosos son su quehacer de todos los días, mientras siente una voz interior que lo llena de contento. Es su vocación que aflora.
Corre el año 1564 y el  joven campesino se traslada de Aragón a Valencia, presentándose como postulante en el convento franciscano de Nuestra Señora de Loreto, donde demuestra su fidelidad plena al modo de vida evangélico.
Fue un alma sencilla, abierta al misterio de Dios, que se manifiesta especialmente a los humildes. La eucaristía constituyó el centro de su vida, consagrada por completo al servicio fraterno y la alabanza silenciosa al Señor, en un tiempo histórico lleno de violencia religiosa y superficialidad espiritual.
Los años de su existencia coincidieron también con un período de reforma de la vida cristiana; Pascual fue hijo fiel de la Iglesia que entonces -como en nuestros días- buscaba renovarse en torno de la mesa de Jesús.
León XIII lo declaró patrono de los congresos eucarísticos en 1897 y también lo es de todas las cofradías del santísimo y de la adoración nocturna.
Sus reliquias se hallaban en el convento franciscano del Rosario, de Villarreal, pueblo sobre la carretera que une Valencia con Barcelona. Fueron sacrílegamente quemadas durante la guerra civil española, en 1936.

Arriba

Pionet.org