Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

Red Pionera
Ponce, Puerto Rico
14 de febrero de 2001
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Crea la UPR un programa sobre informática

LA UNIVERSIDAD de Puerto Rico (UPR) ofrecerá, a partir de agosto, un nuevo programa para adiestrar personas en el campo de diseño y mantenimiento de redes de informática.

El presidente de la UPR, Norman Maldonado hizo el anuncio ayer, en unión a ejecutivos de Cisco Systems, Inc, la compañía que ha desarrollado el programa en 109 países y 6,182 instituciones docentes a nivel mundial.

El propósito principal de programas como el que se ofrece a través del Cisco Networking Academy es disminuir la llamada "brecha digital", que no es otra cosa que la escasez mundial de talento en esta área.

Según varios estudios hechos sobre el particular, en el 2004 habrá casi dos millones de plazas vacantes para profesionales preparados en la creación, mantenimiento y mejoras a redes de informática. En Estados Unidos nada más, el déficit de estos profesionales será de 850,000 y en América Latina, de 235,000.

"NO TENEMOS un estudio sobre la brecha digital en Puerto Rico, pero Cisco tiene la percepción de que vamos a estar preparando personas para llenar las necesidades de Puerto Rico, que son bien grandes", expresó el doctor Maldonado en conferencia de prensa ayer.

Según el presidente universitario, aunque el programa se ofrecerá en 10 recintos de la UPR, los participantes no tienen que ser estudiantes del sistema, sino que estará abierto a graduados de escuela superior y personas ya empleadas por el gobierno o la empresa privada. No habrá examen de admisión, pero se tomarán en cuenta el promedio académico y la puntuación en el College Board.

EL PROGRAMA consta de 280 horas de estudio y laboratorios prácticos a través del internet, con la ayuda de un coordinador que estará presente en cada salón. El costo por semestre fue estimado en $1,800 y se espera impactar a unos 300 estudiantes al año. Los recintos que ofrecerán el programa son: Río Piedras, Ciencias Médicas, Ponce, Mayagüez, Humacao, Carolina, Bayamón, Aguadilla, Arecibo y en la Administración Central.

Wilma Colón

(El Nuevo Día)

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Celebran una fiesta al grano

MARICAO - Alrededor de 200,000 personas se darán cita en Maricao durante este fin de semana para disfrutar de la Vigésima Tercera Fiesta del Acabe del Café.

Esta fiesta es parte de una tradición puertorriqueña que tuvo su origen a principios del siglo XIX entre los pobladores de la zona central montañosa.

Cuando finalizaba la recolección del aromático grano, los dueños de las grandes haciendas reconocían a los trabajadores agrícolas y a los recogedores de café con una fiesta que duraba tres días, y en la que daban gracias a Dios por la buena cosecha.

Durante esa Fiesta del Acabe del Café, las personas acostumbraban consumir comidas típicas, tomaban pitorro acompañados por trovadores, y había música de cuerdas y bailes.

En Maricao esta fiesta se celebra desde 1979 cuando la administración municipal, el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la empresa privada y un grupo de personas organizaron la Fiesta del Acabe del Café, que este año se llevará a cabo el 16, 17 y 18 de febrero.

Los actos protocolarios comenzarán el viernes a las 7:30 de la noche, seguido por la dramatización de la Fiesta del Acabe del Café a cargo de un grupo del Centro de Envejecientes de Maricao.

EL SABADO será la apertura de la feria de artesanías para la cual se espera la participación de cerca de 150 artesanos, en unión a las exhibiciones agrícolas.

El domingo los estudiantes de escuelas de Maricao presentarán estampas del cafetal. Luego a las 3:00 de la tarde será el Concurso Nacional de Trovadores.

Uno de los mayores atractivos de esta fiesta es la Misa Jíbara que se lleva a cabo el domingo a las 9:00 mañana en la Iglesia Católica de este pueblo. Durante el servicio religioso se presentan estampas típicas como el cargador de agua, la tostadora de café y el quincallero. Todos los cánticos se realizan en décimas y música típica.

ESTA ACTIVIDAD resulta beneficiosa para la economía de Maricao y de pueblos cercanos, ya que parte de las personas que visitan este pueblo durante el fin de semana se hospedan en paradores de la zona o visitan los diferentes atractivos turísticos de la montaña.

Y aunque la cosecha de café que culminó no ha sido tan productiva como las anteriores, especialmente las cosechas antes de que el huracán Georges azotara la isla, el alcalde de Maricao, Gilberto Pérez, dijo que sobre todo la Fiesta del Acabe del Café hoy día es un evento para recordar una época y reconocer una tradición del pueblo puertorriqueño.

 Wanda Ivette Matías Torres

(El Nuevo Día)

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Obispos españoles preocupados por "moda" de ocupación de iglesias

MADRID, 14 Feb. 01

 El Secretario General y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Juan José Asenjo, expresó la preocupación del organismo por la sistemática ocupación de iglesias protagonizada por grupos de inmigrantes que plantean de esta forma distintas demandas sociales.

Mons. Asenjo se refirió en concreto a la ocupación consecutiva de parroquias durante las últimas semanas por inmigrantes que exigen la regularización de su situación legal en España. "No es lo deseable que de forma sistemática nos secuestren, entre comillas, las iglesias para llamar la atención sobre reclamaciones de distinto tipo", indicó Mons. Asenjo.

Asimismo, demandó "un poco más de respeto" hacia los espacios religiosos.

Sobre la nueva Ley de Extranjería, Mons. Asenjo pidió que se resuelva la situación de los miles de inmigrantes que han quedado en situación irregular tras su promulgación.

Según el Obispo, estos inmigrantes "están condenadas al paro, la marginación y la delincuencia", ya que insistió en que legalmente "estas personas no existen".

(Aciprensa)

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XXV Congreso de obispos amigos de los Focolares
Ochenta y cinco cardenales y obispos con la pasión por la unidad

CASTELGANDOLFO, 13 febrero 2001 .- Castelgandolfo, localidad situada a unos 30 kilómetros de Roma, reúne del 10 al 16 de febrero a 85 cardenales y obispos provenientes de 37 países de los cinco continentes. Todos tienen una pasión común: la espiritualidad de la unidad.

Se trata precisamente de obispos amigos del Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich durante la segunda guerra mundial, y que hoy día cuenta con unos 4 millones de seguidores y simpatizantes.

El hilo conductor del encuentro es la nueva carta apostólica de Juan Pablo II, «Novo Millennio Ineunte», con la que el 6 de enero pasado clausuró el Jubileo del año 2000.

En la inauguración, efectuada el sábado 10 de febrero, el cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga y promotor del encuentro, presentó un análisis vital de la reciente carta apostólica de Juan Pablo II.

Entre charlas de espiritualidad, reflexiones teológicas y testimonios, el congreso se articula en tres grandes etapas: «una espiritualidad para construir la Iglesia comunión»; «el Cristo crucificado y resucitado como fuente de la comunión eclesial»; y «la nueva evangelización que a través del diálogo alcanza el corazón de las diversas culturas, los creyentes de las varias religiones, y las realidades socio-políticas en un mundo globalizado».

Un papel decisivo tiene el intercambio de experiencias de los mismos obispos, de sacerdotes, religiosos y laicos sobre «la comunión entre los carismas», «el potencial del dolor», «la vida de comunión y la santidad», y «Jesús abandonado y la familia».

Ayer, por la tarde, la fundadora del movimiento, Chiara Lubich, ofreció la ponencia fundamental del encuentro y el jueves 15, también por la tarde, mantendrá un diálogo espontáneo con los obispos.

El Congreso, que concluirá el viernes 16, tendrá su punto culminante mañana, cuando todos los participantes irán al Vaticano para participar en una audiencia general con Juan Pablo II.

(ZENIT.org)

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El Papa insiste en el deber de brindar acogida a inmigrantes no cristianos
Mensaje del pontífice para la Jornada Mundial de las Migraciones

CIUDAD DEL VATICANO, 13 febrero 2001 

 «La pastoral de los emigrantes, camino para cumplir la misión de la Iglesia, hoy» es el tema escogido por Juan Pablo II para la Jornada Mundial de las Migraciones que se celebrará en las diferentes Iglesias locales en la fecha establecida por las Conferencias Episcopales.

Publicamos, a continuación, el mensaje íntegro del Santo Padre.

* * *



1. «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8). Estas palabras del apóstol Pablo, elegidas como lema del Gran Jubileo que acaba de terminar, llaman la atención sobre la misión de Cristo, Verbo encarnado para la salvación del mundo. Fiel a su tarea al servicio del Evangelio, la Iglesia no deja de dirigirse a los hombres de todas las nacionalidades para anunciarles la buena noticia de la salvación.

Con el presente Mensaje para la Jornada Mundial de las Migraciones, quisiera detenerme a reflexionar sobre la misión evangelizadora de la Iglesia respecto a los fenómenos amplios y complejos de la emigración y de la movilidad. Este año se ha elegido para tal celebración el siguiente tema: «La pastoral de los emigrantes, camino para cumplir la misión de la Iglesia, hoy». Se trata de un campo que interesa profundamente a los agentes de pastoral, pues ellos son conscientes de los múltiples problemas que se deben afrontar en ese ámbito y de las distintas situaciones que llevan a hombres y mujeres a dejar su propio país. Una es la movilidad elegida libremente, y otra es la que nace de haber sido forzados por motivos ideológicos, políticos o económicos. Esto no se puede dejar de tener en cuenta en la elaboración y realización de una actividad pastoral apropiada para las categorías de los emigrantes y de los itinerantes.

Con esta denominación, el organismo vaticano que tiene la tarea institucional de expresar la solicitud de la Iglesia hacia las personas implicadas en tal fenómeno resume toda la movilidad humana. Con el término de «emigrantes» se hace referencia, en primer lugar, a los prófugos y exiliados en busca de libertad y de seguridad fuera de las fronteras de la propia patria, pero igualmente a los jóvenes que estudian en el exterior y a todos aquellos que dejan el propio país para buscar en otro lugar mejores condiciones de vida. El fenómeno de las migraciones está en continua expansión; esto plantea interrogantes y desafíos para la acción pastoral de la comunidad eclesial. Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II, en el Decreto «Christus Dominus», invitaba a que se tuviera una «solicitud particular por los fieles que, por la condición de su vida, no pueden gozar suficientemente del cuidado pastoral, común y ordinario de los párrocos o carecen totalmente de él, como son la mayor parte de los emigrantes, los exiliados y prófugos» (n. 18).

En este fenómeno complejo intervienen múltiples elementos: la tendencia a favorecer la unidad jurídica y política de la familia humana; el notable incremento de los intercambios culturales; la interdependencia económica de los Estados; la liberalización del comercio y sobre todo de los capitales; la multiplicación de las empresas multinacionales; el desequilibrio entre países ricos y países pobres; el desarrollo de los medios de comunicación y de transporte.

2. El entramado de todos esos elementos produce un movimiento de masas de una zona a otra del planeta. Aunque en distintos grados y formas, la movilidad ha llegado a ser una característica general de la humanidad, que abarca directamente a muchas personas y se refleja en otras. La amplitud y la complejidad del fenómeno invitan a un profundo análisis de los cambios estructurales que se han producido, como la globalización de la economía y de la vida social. La convergencia de razas, civilizaciones y culturas, en los mismos ordenamientos jurídicos y sociales, plantea un problema urgente de convivencia. Las fronteras tienden a caer, las distancias se acortan, los acontecimientos se repercuten aun en las zonas más lejanas.

Estamos asistiendo a un cambio profundo de la manera de pensar y de vivir, que no deja de presentar, junto a elementos positivos, también aspectos ambiguos. El sentido de lo provisional invita, por ejemplo, a preferir las novedades, a veces en menoscabo de la estabilidad y de una clara jerarquía de valores; al mismo tiempo, el espíritu se hace más curioso y disponible, más sensible y listo al diálogo. En este clima, el hombre puede verse llevado a profundizar las propias convicciones, pero también a caer en un fácil relativismo. La movilidad implica siempre un desarraigo del ambiente originario, que se traduce con frecuencia en una experiencia de gran soledad, con el peligro de perderse en el anonimato. De estas situaciones se puede desprender el rechazo al nuevo contexto, pero también una aceptación acrítica, en polémica con la experiencia anterior. A veces incluso aflora la disponibilidad a actualizarse pasivamente, lo que es una fácil fuente de alienación cultural y social. Los movimientos humanos implican múltiples posibilidades de apertura, encuentro y agregación, pero no se puede ignorar que también suscitan manifestaciones de rechazo individual y colectivo, fruto de esas mentalidades cerradas que se hallan en las sociedades afectadas por desequilibrios y temores.

3. La Iglesia, en su actividad pastoral, procura tener constantemente presentes estos graves problemas. El anuncio del Evangelio se propone la salvación integral del hombre y su auténtica y efectiva liberación, logrando condiciones adecuadas a su dignidad. El conocimiento del hombre, que la Iglesia ha adquirido en Cristo, la impulsa a anunciar los derechos humanos fundamentales y a hacer oír su propia voz cuando éstos se ven atropellados. Por eso no se cansa de afirmar y defender la dignidad de la persona, destacando los derechos irrenunciables que de ella se desprenden. Éstos son, en particular, el derecho a tener una propia patria; a vivir libremente en el propio país; a vivir con la propia familia; a disponer de los bienes necesarios para llevar una vida digna; a conservar y desarrollar el propio patrimonio étnico, cultural y lingüístico; a profesar la propia religión, y a ser reconocido y tratado, en toda circunstancia, conforme a la propia dignidad de ser humano.

Estos derechos encuentran una aplicación concreta en el concepto de bien común universal. Éste abarca toda la familia de los pueblos, por encima de cualquier egoísmo nacionalista. En este contexto, precisamente, se debe considerar el derecho a emigrar. La Iglesia lo reconoce a todo hombre, en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida. Desde luego, el ejercicio de ese derecho ha de ser reglamentado, porque una aplicación indiscriminada ocasionaría daño y perjuicio al bien común de las comunidades que acogen al migrante. Ante la afluencia de tantos intereses al lado de las leyes de los distintos países, es preciso que existan normas internacionales capaces de establecer los derechos de cada uno, para impedir decisiones unilaterales que podrían ser perjudiciales para los más débiles.

A este respecto, en el Mensaje para la Jornada del Emigrante de 1993, recordé que, si bien es cierto que los países altamente desarrollados no siempre pueden absorber a todos los que emigran, hay que reconocer, sin embargo, que el criterio para determinar el límite de soportabilidad no puede ser la simple defensa del propio bienestar, descuidando las necesidades reales de quienes tristemente se ven obligados a solicitar hospitalidad.

4. La Iglesia, a través de su actividad pastoral, se preocupa porque no falte a los emigrantes la luz y el apoyo del Evangelio. Con el tiempo, ha ido aumentando su atención por los católicos que dejan su propio país. De Europa salían, sobre todo a fines del siglo XIX, masas enormes de emigrantes católicos que atravesaban el océano, con el peligro de perder la propia fe por falta de sacerdotes y de estructuras adecuadas. Al no conocer el idioma local, y sin poder, por tanto, beneficiarse de la atención pastoral ordinaria, se veían abandonados a sí mismos.

La emigración constituía, pues, de hecho, un peligro para la fe; esta era una grave preocupación para muchos Pastores, que llegaban, en algunos casos, incluso a poner trabas para su desarrollo. Más adelante, se vio claramente que el fenómeno no se podía detener. La Iglesia trató, entonces, de poner en marcha formas adecuadas de intervención pastoral, intuyendo que las migraciones podían ser un medio eficaz para la difusión de la fe en otros países. Sobre la base de la experiencia madurada en el transcurso de los años, la Iglesia elaboró una pastoral orgánica para asistir a los emigrantes y emanó la Constitución apostólica Exsul Familia Nazarethana. En ella se afirmaba que se debe tratar de garantizar a los emigrantes la misma atención y asistencia pastoral de la que gozan los cristianos del lugar, adaptando a la situación del emigrante católico la estructura de la pastoral ordinaria prevista para la preservación y desarrollo de la fe de los bautizados.

Sucesivamente, el Concilio Vaticano II afronta el fenómeno de las migraciones en sus distintas articulaciones: inmigrados, emigrados, prófugos, exiliados, estudiantes extranjeros, reuniéndolos, desde un punto de vista pastoral, en la categoría de aquellos que, al residir fuera de su propia patria, no pueden gozar del cuidado pastoral común y ordinario. Y los describe como fieles que, por vivir fuera de su propia patria o nación, necesitan la asistencia específica de un sacerdote del mismo idioma.

Se pasa de la consideración sobre la fe que está en peligro, a aquella más apropiada del derecho del emigrante al respeto, también en la atención pastoral, de su propio patrimonio cultural. Con esta perspectiva queda eliminado el límite, puesto por la Exsul Familia, de la asistencia pastoral hasta la tercera generación, y se afirma el derecho a la asistencia a los emigrantes hasta que tengan una necesidad real.

Los emigrantes no representan, en efecto, una categoría comparable a aquellas en las que está articulada la población parroquial - niños, jóvenes, personas casadas, obreros, empleados, etc. - que presentan una homogeneidad cultural y lingüística. Ellos forman parte de otra comunidad, a la que se aplica una pastoral con elementos semejantes a los del país de origen por lo que se refiere al respeto del patrimonio cultural, a la necesidad de un sacerdote del mismo idioma y a la exigencia de estructuras específicas permanentes. Se precisa una cura de almas estable, personalizada y comunitaria, capaz de ayudar a los fieles católicos en tiempo de emergencia, hasta su inserción en la Iglesia local, cuando serán capaces de valerse del ministerio ordinario de los sacerdotes en las parroquias territoriales.

5. Estos principios han sido acogidos en el ordenamiento canónico vigente, que ha introducido la pastoral de los emigrantes en la pastoral ordinaria. Más allá de las normas individuales, lo que caracteriza al nuevo Código, también en lo que respecta a la movilidad humana, es la inspiración eclesiológica del Concilio Vaticano II.

La atención pastoral a los emigrantes ha llegado a ser, pues, un actividad institucionalizada, que se dirige al fiel, considerado no tanto como individuo, sino como miembro de una comunidad particular para la cual la Iglesia organiza un servicio pastoral específico; éste, sin embargo, es, por su misma naturaleza, provisional y transitorio, aunque la ley no establezca de modo perentorio ningún término para que cese. La estructura organizativa de ese servicio no es sustitutiva, sino cumulativa respecto a la cura parroquial territorial, en la cual, según se prevé, tarde o temprano puede confluir. En efecto, la pastoral de los emigrantes, aunque tenga en cuenta que una determinada comunidad posee su propia lengua y cultura, que no han de ser ignoradas en el trabajo apostólico diario, no se propone, sin embargo, como propio objetivo específico, su conservación y desarrollo.

6. La historia enseña que cuando los fieles católicos han tenido un acompañamiento en su trasplante a otros países, no sólo han conservado la fe, sino que han encontrado un terreno fértil para profundizarla, personalizarla y dar testimonio de ella con su vida. En el transcurso de los siglos, las migraciones han representado un instrumento constante de anuncio del mensaje cristiano en enteras regiones. Hoy, el panorama de las migraciones va cambiando radicalmente: por un lado, disminuyen los flujos de emigrantes católicos; por el otro, aumentan los de emigrantes no cristianos que se van a establecer en países con mayoría católica.

En la Encíclica «Redemptoris missio» he recordado la tarea de la Iglesia hacia los emigrantes no cristianos, poniendo de relieve cómo ellos crean, con su instalación, nuevas ocasiones de contactos e intercambios culturales que impulsan a la comunidad cristiana que los acoge al diálogo, a la ayuda y a la fraternidad. Esto supone una toma de conciencia más viva de la importancia de la doctrina católica respecto a las religiones no cristianas (cf. «Nostra Aetate») para mantener un atento, constante y respetuoso diálogo interreligioso que ayude a un conocimiento y a un enriquecimiento recíprocos. «A la luz de la economía de la salvación, la Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso; sin embargo, siente la necesidad de compaginarlos en el ámbito de su misión ad gentes. En efecto, conviene que estos dos elementos mantengan su vinculación íntima y, al mismo tiempo, su distinción, por lo cual no deben ser confundidos, ni instrumentalizados, ni tampoco considerados equivalentes, como si fueran intercambiables» (n. 55).

7. La presencia de inmigrantes no cristianos en los países de antigua tradición cristiana representa un desafío para las comunidades eclesiales. Es un fenómeno que fomenta en la Iglesia la caridad, por lo que se refiere a la acogida y ayuda a estos hermanos y hermanas en la búsqueda de trabajo y de vivienda. Se trata, en cierto modo, de una acción bastante semejante a la que muchos misioneros realizan en tierra de misiones, atendiendo a los enfermos, a los pobres y a los analfabetas. He aquí el estilo del discípulo: va al encuentro de las expectativas y exigencias del prójimo necesitado. Objetivo fundamental de su misión es, de todos modos, el anuncio de Cristo y de su Evangelio. Él sabe que el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad. No existe una verdadera evangelización, en efecto, «mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi», 22).

A veces, debido a un ambiente dominado por un indiferentismo y relativismo religioso siempre más difundido, la dimensión espiritual del compromiso caritativo se manifiesta con dificultad. Surge, además, en algunos, el temor de que el ejercicio de la caridad, con miras a la evangelización, pueda estar expuesto a la acusa de proselitismo. Anunciar y testimoniar el evangelio de la caridad constituye el tejido conectivo de la misión con los emigrantes (cfr. Carta apostólica «Novo millennio ineunte», 56).

Quisiera, aquí, rendir homenaje a los muchos apóstoles que han dedicado su existencia a esta tarea misionera y recordar también los esfuerzos de la Iglesia para satisfacer las expectativas de los emigrantes. Entre ellos, deseo mencionar la Comisión Católica Internacional para las Migraciones, de cuya fundación se celebra el cincuentenario en el 2001. La Comisión nació en 1951 por iniciativa del entonces Sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Giovanni Battista Montini. Se proponía ofrecer una respuesta a las exigencias de los movimientos migratorios ante el reto de la necesidad de un nuevo lanzamiento del aparato productivo, puesto en peligro por la guerra y por la situación dramática en que se encontraban enteras poblaciones, obligadas a desplazarse debido al nuevo orden geopolítico impuesto por los vencedores. Los cincuenta años de historia de esta asociación, con las adaptaciones que se realizaron para hacer frente a los cambios de las situaciones, dan testimonio de su multiforme, atenta y substancial actividad. El futuro Pontífice Pablo VI, en su intervención con motivo de la sesión de inauguración, el 5 de junio, 1951, contemplaba la necesidad de derribar los obstáculos que impedían las migraciones para dar posibilidad de trabajo a los desocupados y un refugio a los sin techo, agregando que la causa de la recién nacida Comisión Internacional para las Migraciones era la misma causa de Cristo. Son palabras que mantienen toda su actualidad.

Mientras doy gracias al Señor por el servicio prestado, quiero expresar el deseo de que dicha Comisión pueda seguir en su empeño de prestar atención y ayuda a los refugiados y a los emigrantes, con un vigor tanto más solícito, en cuanto más difíciles e inciertas se muestran las condiciones de esas categorías de personas.

8. El anuncio del evangelio de la caridad al amplio y diversificado mundo de los emigrantes comporta, hoy, una atención especial al ámbito de la cultura. Para muchos de ellos, viajar a países extranjeros significa encontrar modos de vivir y de pensar que les son ajenos, que producen distintas reacciones. Las ciudades y las naciones presentan siempre más comunidades multiétnicas y multiculturales. Es éste un gran desafío para los cristianos. Una lectura serena de esta nueva situación pone de relieve muchos valores que merecen gran aprecio. El Espíritu Santo no está condicionado por las etnias o las culturas, e ilumina e inspira a los hombres por muchos caminos misteriosos. Él, por distintas vías, acerca a todos a la salvación, a Cristo, Verbo encarnado, que es «el cumplimiento del anhelo de todas las religiones del mundo y, por ello mismo, es su única y definitiva culminación» (Carta apostólica «Tertio millennio adveniente», 6).

Esta lectura ayudará, desde luego, al emigrante no cristiano, a ver en la propia religiosidad un fuerte elemento de identidad cultural y, al mismo tiempo, podrá darle la capacidad de descubrir los valores de la fe cristiana. Con ese objeto, es de gran utilidad la colaboración de las Iglesias locales y de los misioneros que conocen la cultura de los inmigrados. Se trata de establecer una comunicación entre las comunidades de emigrantes y las de los países de origen, informando, al mismo tiempo, a las comunidades receptoras acerca de las culturas y las religiones de los inmigrados, y los motivos que los han impulsado a emigrar.

Es importante ayudar a las comunidades receptoras, no sólo a abrirse a una hospitalidad caritativa, sino también al encuentro, a la colaboración y al intercambio de ideas; es oportuno, además, preparar el camino a agentes de pastoral que lleguen de los países de origen a los países de inmigración a trabajar entre sus compatriotas. Sería muy útil establecer para ellos centros de acogida que los preparen a sus nuevas tareas.

9. Este diálogo intercultural e interreligioso tan enriquecedor supone un clima de confianza mutua y de respeto por la libertad religiosa. Entre los sectores que se han de iluminar con la luz de Cristo está, por consiguiente, el de la libertad, en particular de la libertad religiosa - algunas veces todavía limitada o coartada - que es premisa y garantía de toda otra forma auténtica de libertad. «La libertad religiosa... --escribía en la «Redemptoris missio»-- no es un problema de la religión de mayoría o de minoría, sino más bien un derecho inalienable de toda persona humana» (n. 39).

La libertad es una dimensión constitutiva de la misma fe cristiana, ya que ésta no es la transmisión de tradiciones humanas o el punto de llegada de argumentaciones filosóficas, sino un don gratuito de Dios, que se comunica en el respeto de la conciencia humana. El Señor es quien actúa eficazmente con su Espíritu; Él es el verdadero protagonista. Los hombres son instrumentos de los que Él se sirve, asignando a cada uno su propio papel.

El Evangelio es para todos: nadie queda excluido de la posibilidad de participar en la gloria del Reino divino. La misión de la Iglesia, hoy, consiste precisamente en hacer posible, de modo concreto, a todo ser humano, sin diferencias de cultura o de raza, el encuentro con Cristo. Deseo de todo corazón que sea ofrecida esta posibilidad a todos los emigrantes y me comprometo a orar por esto.

Confío el compromiso y los propósitos generosos de todos los que atienden a los emigrantes a María, Madre de Jesús, la humilde esclava del Señor que experimentó las penas de la emigración y del exilio. Ella guíe a los emigrantes del nuevo milenio hacia Aquél que es «la luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9).

Con esos votos, imparto una especial Bendición Apostólica a todos los que trabajan en este importante campo de actividad pastoral.

IOANNES PAULUS II
N.B.: Traducción distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

(ZENIT.org)

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¿SEXO EN LAS AULAS?

Evelyn Voshege, directora de los servicios suplementarios de la escuela secundaria Mooroolbark Heights, se ha convertido en una heroína de la educación en Australia. Ante una situación desesperante (8 de cada 10 chicos suspendían la materia de literatura), Voshege decidió comenzar su gran experimento: dividir la asignatura en clases por sexos. Para sorpresa de la comunidad educativa, los resultados de los alumnos mejoraron notablemente. está convenciéndose de la eficacia de la educación separada. Este verano, David Blunkett, Secretario para la educación en Inglaterra, anunció que los planes piloto de educación estatal dividirían en clases de chicos y chicas algunas asignaturas básicas. Algo semejante puede decirse de Estados Unidos. tiene en cuenta cuántos esfuerzos han sido necesarios para garantizar el derecho de las mujeres a recibir la misma educación que los hombres. como el camino más adecuado para alcanzar la igualdad entre los sexos y eliminar el así llamado “gender gap”. De hecho, los argumentos que la apoyan tienen un peso considerable. Se dice, entre otras cosas, que prepara mejor a los alumnos para integrarse e interrelacionarse en una sociedad formada por hombres y mujeres. También contribuye a la eliminación de estereotipos sexuales, y a la ruptura de esquemas por parte de los estudiantes a la hora de elegir una profesión. embargo, continúan abriéndose paso los argumentos contrarios. Muchos expertos consideran que los niños y las niñas necesitan distintos estilos de enseñanza para alcanzar un rendimiento pleno, y que la enseñanza mixta dificulta la labor de los profesores. Los resultados de los estudios al respecto son elocuentes: por ejemplo, Lee y Bryk descubrieron efectos positivos de la educación separada en los dos sexos, a partir de una muestra de 1.807 alumnos de 75 escuelas de High School en Estados Unidos (1). Los estudiantes que recibían una educación paralela demostraban un mayor rendimiento académico y aspiraciones más altas, siendo el efecto mayor aún en el caso de las niñas. Ellas dedicaban más tiempo a su tarea escolar, y mostraban más entusiasmo en la literatura y en las matemáticas. Able, director del Duilwich College de Londres, halló que los estudiantes obtenían mejores calificaciones en el caso de la enseñanza paralela. Los resultados de las niñas eran entre un 3.3 y un 5% mejores en este caso. debe esto? Tanto niños como niñas reducen su atención y participación, y aumentan su indisciplina cuando se encuentran en clases mixtas. ¿Por qué? Seguramente, por una confluencia de factores. sabido que la maduración física y psicológica de hombres y mujeres sigue un ritmo muy distinto. Esto supone que en ciertas edades se dé un verdadero desequilibrio en el grado de madurez de los dos sexos, que hace necesaria un trato y un modo de enseñanza distintos (2). madurativo, existen diferencias psicológicas (personalidad, afectividad, voluntad, etc.) y psíquicas (forma de pensar) permanentes en ambos géneros. El estudio de Kraemer antes citado es original en este sentido: expone cómo muchas de las diferencias entre hombre y mujer tienen una base genética, que se manifiesta morfológica y fisiológicamente desde las etapas más tempranas del desarrollo embionario. coeducación como la educación paralela tienen sus pros y sus contras. De ahí que se estén sugiriendo planes que pretenden combinar lo mejor de ambas, presentando la modalidad mixta para ciertas asignaturas y la paralela para otras. Sea cual sea el tipo de educación por el cual se decante cada uno, todos debemos tener presente que niños y niñas no son iguales, y que no pueden ser enseñados de la misma manera. Una educación será verdadera si atiende a cada una de las facetas de la persona humana, respetando sus particularidades propias, potenciando sus capacidades y completando sus deficiencias. Lee and Bryk, A.S. (1986) Effects of single-sex secondary schools on student achievement and attitudes. Journal of Educational Psychology, 78, 381 – 195 del psiquiatra infantil Sebastián Kraemer: “The Fragile Male”, publicado en el British Medical Journal 1609-1612, 23.12.2000. 

Marta Rodríguez

(Muejer nueva)

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Madre, yo quiero un negro

ESTOY seguro de que casi todos ustedes, los que tienen la veleidad de leer estos renglones, son más jóvenes que quien los ha escrito. De ahí que no puedan recordar la letra de canción «Madre, yo quiero un negro, / yo quiero un negro para bailar». Debía de ser un charlestón. Fue popularísimo en los locos años veinte y en los crueles treinta.

A veces he caído en la tentación de pensar que yo también quería un negro, aunque no precisamente para bailar, pues nunca se me ha dado bien ese entretenimiento social.

Según el Diccionario de la Real Academia, por negro se entiende, entre otras muchas acepciones, pero esta es a la que me refiero, el que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.

Casi siempre que por una u otra razón se habla de estos negros, sale a relucir la cuestión del plagio. El mismo DRAE mencionado más arriba, en su vigésimo primera edición admite la palabra plagio como «Acción y efecto de plagiar» y a su vez, nos enseña que el verbo plagiar, en sentido figurado, significa «Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias».

El primer significado, el directo, ha caído en desuso: «Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre, o utilizar un siervo ajeno como si fuera propio.»

Me llama la atención, en la acepción figurada de «plagiar», el empleo del adjetivo «sustancial» y, dada mi afición a viajar por los diccionarios, emprendo el viaje. Encuentro en el DRAE: «sustancial», adj. 3. Dícese de lo esencial y más importante de una cosa.» Y en el María Moliner: «substancial», 1. Importante o interesante: «Una reforma verdaderamente substancial. No dijo nada substancial».

Como consecuencia de esta investigación puedo deducir que una presentadora de televisión, inteligente y bella, hasta nada menos que hace unos meses famosísima plagiaria -la gloria es fugaz, pero el infierno también- que ocupó páginas y páginas en la prensa escrita y minutos y más minutos en la hablada, no cometió plagio si lo que copió no es interesante, no es lo esencial y más importante de la cosa, en este caso una novela de Danielle Steel.

Puede pensarse que ésta sería una conclusión precipitada, pero lo cierto es que a ella nos inducen el María Moliner y la máxima autoridad del DRAE.

No he leído hasta ahora ninguna novela de Danielle Steel, pero por los comentarios que he encontrado en la Prensa referentes al asunto del plagio deduzco que en sus novelas, que sí pueden ser «interesantes» para cierto sector del público, no hay nada «esencial» ni «importante». En consecuencia, no pudo haber plagio.

Por contra, sabido es que genios indudables, como Shakespeare, han escrito casi todas sus obras apoderándose de situaciones, personajes, párrafos y conceptos de otros autores teatrales, novelistas y cronistas. Y, en el caso concreto del Cisne de Avon, se apoderaba precisamente de lo «interesante», «importante» y «esencial». Y no fue un plagiario.

La cuestión es espinosa. En el mundo del cine, para librar a directores y guionistas de la acusación de plagiarios, se utiliza el término «homenaje». Si un director o un guionista «fusila» -así se decía antes- una situación cómica de una película de Woody Allen se dice que le rinde un «homenaje».

Rindiendo homenajes a Chaplin y a Buster Keaton puede uno llegar a ganarse el sustento y hasta a tener cierto prestigio.

En la mayor parte de los casos de plagio que han llegado a mi conocimiento se ha acabado echando la culpa a los negros. El misterio ha quedado resuelto: el escritor no ha sido culpable del delito de plagio sino del de utilizar a un negro. Y este delito me parece que no está tipificado.

Pero, ¿cuántos negros pueden haber intervenido en las pinturas de los grandes maestros? Aceptemos que los aprendices del taller sólo pintaron los fondos, pero que esa mirada, ¡esa mirada!, del «Cardenal del Prado» sólo pudo pintarla Rafael. Aceptémoslo.

Parece que los compositores de primera categoría, cuando escriben música de fondo para las películas recurren con frecuencia al trabajo de negros, porque consideran la música de cine algo secundario.

Pues, ¿y «firmón»? Veamos el diccionario que tengo más a mano, el María Moliner: «firmón (adj. y n. calif.). Se aplica al que firma, cobrando por ello, trabajos facultativos ajenos; por ejemplo, de alguien que no tiene título legal para firmarlos».

«Arquitecto firmón» es un término de uso común. En este caso el que paga -al «firmón»- es el negro.

Nosotros -ahora hablo como actor, de cine, de teatro o de la tele- estamos libres de toda sospecha. Tenemos que entregar en el trabajo no sólo nuestro dominio del oficio sino nuestro cuerpo, nuestra presencia física. Pero con ello certificamos que el trabajo lo realizamos nosotros, cada uno. No podemos utilizar a un negro el día en que estamos desganados, o con resaca o cuando no sabemos de memoria el texto o cuando nuestra misión en la película o en la obra teatral nos parece secundaria.

Y cuando utilizamos dobles, cuando rodamos por unas escaleras o nos arrojan al agua o nos suicidamos desde un octavo piso, no hay en el procedimiento ningún secreto, ninguna sombra de delito, pues la utilización de dobles está divulgadísima entre los aficionados al cine, incluso entre el público común.

No podemos utilizar negros ni podemos plagiar. Bien que me hubiera gustado a mí, en mi juventud, plagiar a Leslie Howard y más adelante a Rafael Somoza, a Tony Leblanc o ahora a Tom Hanks o a Anthony Hopkins. En el supuesto de que consiga plagiar algunos modos de hablar, algunos ademanes, allí está mi cuerpo, mi presencia física para que el plagio ya no lo sea.

En el espectáculo existe la especialidad de «imitador». Pero en esto no hay engaño. El imitador no usurpa la personalidad de otro. Juega a imitar y lo anuncia previamente. No hay trampa, no hay delito; hay solamente la exhibición de una habilidad para regocijo de muchos, incluso del propio imitado.

Una cosa es el plagio y otra la imitación. No ya en el mundo del espectáculo sino en la literatura narrativa la imitación está aceptada. La Historia de la Literatura es un proceso de imitaciones a las que los autores, a veces inconscientemente, van añadiendo algo genuino. Imitar a Simenon no es ningún delito: es una suerte saber hacerlo.

Puede que haya más actores que, como yo, a veces hayan envidiado a los pintores, a los compositores, a los escritores ese privilegio de poder utilizar suplentes ocultos. ¡Madre, yo quiero un negro! Pasan de ciento treinta las películas en que he intervenido. ¡Ah, si en muchas de ellas hubiera podido enviar al estudio a un negro!

                                                                                                                                 Fernando Fernán-Gómez, de la Real Academia Española

(ABC)

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Los besitos de los niños

LOS NIÑOS son otro mundo. El mundo de las grandes sorpresas, de las contradicciones. Los niños rompen todos los esquemas. En general, los esquemas son falsos porque se intenta con ellos meter la vida en cuadrículas.

Y la vida no cabe en ninguna computadora, en ninguna legislación, en ningún plan. La vida es libertad, libertad es la verdad, es impulso, es expansión, es amor. La única ley válida es la ley del amor. "En esto conocerán que son mis discípulos, en que se amen unos a otros como Yo les he amado". "El que ama ha cumplido la ley. En el amor a Dios y al prójimo está contenida toda la ley y los profetas".

En esto son verdaderos maestros los niños. Los niños aman. También saben odiar, sin saber lo que significa y sin saber la calificación moral. En los niños no reina dulcemente la ingenuidad, y la mansedumbre y la bondad, y la inocencia. También dentro están las semillas del mal, de la mentira. Pero, en general, están abiertos a la vida y, por consiguiente, al amor.

Saben responder al amor. Saben distinguir entre lo que vale y lo que no vale, entre lo útil y lo bello, entre el despilfarro y la cicatería. Estos criterios son muy distintos a los de los adultos. A los niños les va muy bien el despilfarro. Les sobra todo y lo darían a manos llenas, siempre que esté en juego el amor. Les sobra vida. Escribía muy bien Antonio Gala: "Cuando era joven tenía tanta vida que me maté un poquito".

Pero los niños tienen gestos divinos de puro humanos, de una sensibilidad que rebasa todos los cálculos previsibles. Gestos que sólo ellos pueden inventar y dar vida.

Leí en "El Visitante", dirigido por un buen amigo mío, José Ortiz, una lección de "Nuestros maestros, los niños". Me conmovió el relato de la niña que envolvió una cajita de cartón con un papel, según el papá de la niña, muy caro, un verdadero gasto superfluo. La niña, le dijo: "Papá es mi regalo para ti". El papá quita el papel dorado y su asombro y su geniecito subieron un poco más el tono.

"Mira, hija, además esta vacía. ¿Para qué envolver esta cajita con este papel tan caro?". Sin querer, uno se acuerda de aquellas palabras de un apóstol, un mal apóstol que ante el derroche de un perfume carísimo derramado sobre la cabeza y los pies de Jesucristo, le dijo: ¿A qué viene este despilfarro? Podía haberse vendido y haber dado el dinero a los pobres".

-"No, papá. No está vacía. Yo soplé mis besitos dentro de ella y los he cubierto con este papel dorado". El papá, al fin, entendió. La abrazó y seguramente lloró y lloraría copiosamente. La niña le había descubierto que hay algo que no se ve, que vale inmensamente más que lo que se ve.

Los niños tienen otros ojos. Las niñas cuando juegan a hacer la comida, sienten que la hacen y que comen; cuando jugando te dan una perla, te dan una perla.

La Biblia nos habla de que el día de la creación del hombre, Dios sopló y le infundió su espíritu. Y al crear esa alma, seguro que le dio un beso muy grande y lo envolvió con nuestra piel. El día que se rompa este papel, este envoltorio, veremos, ya para entonces tendremos otros ojos, y veremos en esa cajita de la voluntad y del entendimiento los besitos de Dios. El soplo del Espíritu que crea y recrea todas las cosas.

A eso me saben a mí los besos de los niños, esos besitos que sólo los niños pueden envolver. Para los niños, los besos son mucho más reales que los cheques de banco. Los niños y las madres saben mejor que nadie, que todo cuanto puede comprarse con dinero vale poco, no vale nada. Los niños pueden guardar sus mejores caudales y tesoros en sus cajas fuertes, cajas de cartón; pero sólo ellos pueden sellarlos. Nadie los puede robar. Los besitos de los niños nadie los puede dar, ni quitar, ni robar. ¿Habrá mayor riqueza?; al menos es la más limpia.

Esos besos soplados son mejor que el Valium y, además, sin contraindicaciones. Lo que no se ve, lo que no se cuenta, lo que no va a los bancos, lo que da la vida.

Esos besos levantan muertos. Esos besos son los que infunden espíritu; los que limpian la cara y dan vida al corazón. Aquel papá, desde aquel día, guarda aquella cajita como el talismán de la vida. En los momentos de turbación, de dificultades, de agobios, aquel papá, dicen, acude a aquella cajita. En ella ahora siente el perfume y el calor de aquellos besitos de su hija que con tanto cariño los sopló y supo envolverlos.

¿Qué mejor retrato de los besos de Dios que el beso de los niños? El Hijo de Dios hace presente el amor del Padre. Los niños siguen haciendo presente el amor del mejor de los hijos, el que nos enseñó la palabra más profunda, más significativa, más densa: "Abba, Papá".

Lo angustioso sería que las niñas y los niños no mandaran besitos a sus papás. Normalmente, uno envía y devuelve lo que ha recibido. El papá de esa niña, en definitiva, demostró que era muy bueno. De primera intención no supo ver, pero luego, si comprendió que le estaba devolviendo con un cariño especial y un amor tierno de una fragancia exquisita todos aquellos abrazos y besos de su papá.

DICHOSOS LOS padres que han sembrado en sus hijos, desde bebés, la semilla del amor con delicadezas y gestos y abrazos y besos de amor entrañables. Luego, recogerán sus frutos. El amor educa, el amor forma, el amor ensancha el corazón y la inteligencia. El amor es la vida del corazón. El amor los hace fuertes. El amor los hará limpios de corazón.

Hace falta un milagro al revés para que una niña que fue querida tiernamente por sus papás no les pague con la misma moneda.

Me imagino que piensan que esto es muy romántico. Si los niños complican la vida y lloran y hacen llorar y dan mil dolores y dificultades más.

Pero solo los niños saben como nadie llenar las cajas vacías, aunque estén llenas de caudales, con los besitos soplados de su corazón.

Mateo Mateo
Sacerdote

(El Nuevo Día)

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LA LIEBRE Y EL TIGRE

Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura absoluta

era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nadie. Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido.

Que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo.

Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: "no todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas". Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, sí casi no sentía deseo de levantarse, entonces allí, en ese instante, lo oyó...

¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo: "si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre".

 

Piera de napolitano.

(Valores org.)

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Lecturas del 14-2-01 (Mìércoles de la Sexta Semana

SANTORAL: San Cirilo, monje y San Metodio, obispo

Lectura del libro del Génesis 8, 6-13. 20-22

 Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca, y soltó un cuervo, el cual revoloteó, yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca.
 Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca. Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca. Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar. Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió.
 La tierra comenzó a secarse en el año seiscientos uno de la vida de Noé, el primer día del mes. Noé retiró el techo del arca, y vio que la tierra se estaba secando.
 Luego Noé levantó un altar al Señor, y tomando animales puros y pájaros puros de todas clases, ofreció holocaustos sobre el altar. Cuando el Señor aspiró el aroma agradable, se dijo a sí mismo: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos desde su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo. De ahora en adelante, mientras dure la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.»

Palabra de Dios.


SALMO Sal 115, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 17a)

R. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

 ¿Con qué pagaré al Señor
 todo el bien que me hizo?
 Alzaré la copa de la salvación
 e invocaré el nombre del Señor.  R.

 Cumpliré mis votos al Señor,
 en presencia de todo su pueblo.
 ¡Qué penosa es para el Señor
 la muerte de sus amigos!  R.

 Cumpliré mis votos al Señor,
 en presencia de todo su pueblo,
 en los atrios de la Casa del Señor,
 en medio de ti, Jerusalén. R.



X Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 22-26

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?» El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan.»
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»

Palabra del Señor.

 
Reflexión   
 
Sólo San Marcos cuenta el relato de esta curación que tiene mucho de parecido con la curación del sordo y del tartamudo que escuchamos días atrás.
 
También en este caso, la curación la realiza Jesús un poco retirado de la gente, se usa saliva, se imponen las manos, y se le pide que no divulgue lo que ha sucedido.
 
Jesús había reprendido la ceguera de los fariseos, y en esta curación nos muestra con hechos, que los ciegos..., pueden ver.
A los discípulos de Jesús, como a este ciego,  se le irán abriendo los ojos, poco a poco, para ir comprendiendo el Reino .
 
Jesús realiza la curación, con los elementos que se usaban en esa época para curar, como por ejemplo la saliva.
Esta curación en particular, se hace por etapas y con la participación del ciego. El ciego va con Jesús fuera de la ciudad, y le va diciendo lo que ve a medida que su visión va aumentando.
 
Este milagro, tiene un profundo simbolismo.
 
En la vida espiritual también sucede que la visión se nos va haciendo cada vez más nítida para captar las realidades sobrenaturales.
Cuando recién se comienza, quienes todavía tienen una fe de niños, tienen una cierta percepción de Dios, pero a medida que la fe se hace más adulta, se perciben más claramente las cosas de Dios.
 
Los que recién empiezan son como el cieguito en la primera etapa, que veía a los hombres confusamente, como arboles caminando.
Luego, ya curado lo distinguía todo.
 
En nuestro vida espiritual no llegaremos nunca a distinguir absolutamente todo, porque es imposible para el hombre alcanzar la comprensión plena de Dios. Pero a medida que crece nuestra fe, vamos distinguiendo más las cosas de Dios y vamos adquiriendo más tranquilidad y más seguridad.
 
A la luz de este evangelio, tenemos que darnos cuenta que cuando somos ciego, recuperar la vista supone un tiempo de aprendizaje.
Vivimos en un mundo muy acelerado, queremos lograr las cosas inmediatamente. Muchas veces intentamos negociar con Dios para que nos conceda lo que le pedimos en el acto.
 
 Pero los caminos de Dios...,  van por otro lado.
 
El Señor nos enseña a ser pacientes, y a confiar. Él va a acompañarnos siempre en nuestro camino, iluminando nuestras oscuridades.
Nosotros como el ciego, empezamos a ver, pero confusamente. De Dios depende, y no de nosotros que nuestra visión sea plena.
Sólo necesitamos pedir con humildad y buscar momentos para que Jesús nos tome de la mano, nos aleje del ruido, nos hable al corazón y empecemos a ver.
 

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.
 
Te ví, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
 
Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
 
Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.
 
Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.
Himno de la Liturgia de las Horas - 
 
 

SANTORAL:  San Cirilo († 869), monje, y San Metodio († 885), obispo

Cirilo, nacido en Tesalónica, hizo brillantes estudios en Constantinopla.
En unión de su hermano Metodio evangelizaron los pueblos eslavos.
Entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres «cirílicos».
Cirilo murió en Roma el 14 de Febrero del año 869.
Metodio marchó a Panonia como obispo; allí desarrolló una infatigable labor de evangelización, teniendo que superar grandes dificultades.
Murió el 6 de Abril del año 885 en la ciudad de Vellherad.
El papa Juan pablo II nombró a estos dos hermanos, junto con San Benito, patronos de Europa.

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