Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico |
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| Red Pionera | |
| Ponce, Puerto Rico | |
| 13 de febrero de 2001 | |
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"La preocupación no cambia nada. Pero confiar en Cristo
cambia completamente la precupación."
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Demandan a sacerdote por rezar frente a clínica abortista
WASHINGTON DC, 13 Feb. 01
El Padre Norman U. Weslin, fundador del grupo pro-vida Rebaño de Cristo de Nueva York, fue demandado judicialmente por una clínica abortista por rezar frente a sus instalaciones en cuatro jornadas durante el año 2000.
Según la denuncia del grupo, el sacerdote tuvo que presentarse ante la corte el miércoles pasado porque según la clínica, delinquió al violar una orden de la corte que prohibía las oraciones frente a la clínica abortista Servicios para Mujeres GYN de Buffalo.
La orden de la corte fue en primera instancia que los activistas pro-vida realicen manifestaciones a 15 pies de las clínicas abortistas, pero en algunos casos esta distancia fue extendida a 60 pies. El Padre Weslin se arrodilló para rezar a 17 pies de la clínica.
Durante el proceso, la directora de la clínica abortista, Melinda DuBois, intentó justificar la demanda describiendo lo que hacía el sacerdote: "Él estaba arrodillado en la vereda vestido con una sotana blanca y ataviado con cosas de sacerdotes… Se arrodilló frente a la clínica y oró. Hacía esto durante 15 minutos hasta media hora."
Según Mary E. Quinn, vocera de Rebaño de Cristo, "el gobierno federal está persiguiendo a un testimonio pacífico y lleno de esperanza y de fe. ¿Por qué un juez federal pondría un sacerdote católico en prisión por rezar el rosario arrodillado frente a un centro de matanzas?".
El Padre Weslin, de unos 70 años de edad, fue liberado pero ahora tiene pendientes algunos procedimientos judiciales que cumplir en marzo.
El «Moisés» de Miguel Ángel será restaurado «en directo» en la Red
ROMA.
La penetrante mirada del «Moisés» de Miguel Ángel llegará a todos los rincones del mundo a través de Internet mientras dure la compleja restauración «en directo» de la famosa escultura ante una docena de cámaras web instaladas en los andamios. Las minicámaras permitirán ver, por primera vez, la parte posterior del «Moisés», esculpido para un grandioso mausoleo en la basílica de San Pedro que nunca llegó a construirse. El proyecto terminó en una simple capilla funeraria en la iglesia de San Pietro in Vincoli, donde hoy permanece.
La fuerza que irradia el Patriarca tras recibir las tablas de la Ley en el Monte Sinaí dejó desde el primer momento en la sombra el resto de la capilla, y muchos nobles romanos hicieron copias en yeso para sus palacios, manchando para siempre de grasa el mármol de Carrara. El profesor Antonio Forcellino, responsable de la restauración que dará comienzo a finales de mes, advierte que «por desgracia, la estatua ya no volverá nunca a su color original», pero el proyecto permitirá al menos verla entera cuando se separe de su hornacina.
Desde hace tiempo, muchas restauraciones en Roma se realizan a la vista del público. Pero la del «Moisés» tendrá un público mundial a través de un sitio web (progettomose.it) que añade a la imagen de las cámaras una amplia documentación sobre el escultor y, naturalmente, publicidad de Lottomatica, el grupo de loterías que financia el proyecto. A su vez, Helmut Newton se encargará de fotografiarlo en sus diversas fases.
Juan Vicente Boo, corresponsal
Un sacerdote devuelve a niños moldavos sus madres vendidas a la prostitución
Hijos de «esclavas» del sexo, acogidos en centros para niños abandonados
BENDER, 11 feb 2001El padre Cesare Lodeserto, sacerdote italiano que en su apostolado rescata a mujeres víctimas de las mafias de la prostitución, ha viajado a Moldavia con algunas de ellas para que puedan recuperar su hogar y sus hijos, que aquí las esperan.
Ahora bien no todos los pequeños han podido volver a ver el rostro de su mamá, que sigue recorriendo las ciudades a altas horas de la noche, soportando frío o calor, en ciudades como Roma, París o Londres.
«¿Qué queréis que os traiga de Italia?», pregunta el padre Cesare Lodeserto a la hilera de chavales que lo contemplan excitados por la novedad.
Es la Casa del Niño estatal, para pequeños abandonados, de Bendery, Moldavia, el minúsculo país salido de la órbita soviética, abrazado por Ucrania y Rumanía, donde la pobreza es evidente (Cf. Zenit, 4 de febrero de 2001).
Los chavalines dan forma a sus deseos: «Un balón», dice Olga con un lazo rosa en la cabeza. «Un juguete», dice Igor, rubito de seis años. «¡A mí mamá!», dice Bakthiar, pequeñín y de piel morena. La mamá de Bakhtiar, Elena, está en Italia.
El centro «Regina Pacis», donde la diócesis de Lecce (Italia) acoge a los clandestinos arrojados en el Adriático por traficantes en lanchas rápidas, acogió a Elena al llegar a las costas de Apulia, vendida por una mafia a otra, entre Hungría, Rumanía y Albania.
Cuando la vendieron por primera vez costaba 150 dólares, al final, dos mil. El albanés que la compró pensó invertir aquél capital humano en el mercado de carne viva de las ciudades italianas. Pero la policía la detuvo y la confió al padre Lodeserto, el mismo que hace cuatro días fue secuestrado, y amenazado antes de ser liberado, por los maleantes a los que está estropeando el negocio.
«Durante semanas no quiso hablar --recuerda el sacerdote--. Luego, la convencí. Elena ha denunciado a quienes la habían reducido a esclavitud sexual y han sido arrestados. Eran albaneses en busca y captura por homicidio».
Ahora, a la mamá de Bakhtiar le han concedido un permiso, cuya condición previa era la denuncia, para quedarse en Italia y poder ganarse la vida con un empleo digno. Trabaja como costurera. «Pero para que se pueda reunir con su hijo hacen falta tiempo y papeles», dice con resignación el sacerdote.
Lo que, en último termino busca el padre Lodeserto, arriesgando la vida de esta manera (ha sido ya secuestrado en varias ocasiones por las mafias; Cf. Zenit, 6 de febrero de 2001), es evitar que otras chicas moldavas incautas entren engañadas en el círculo de la esclavitud sexual.
Son introducidas en una red, pasando de mano en mano, en la que quedan atrapadas porque deben pagar la deuda que han contraído con sus compradores. Ellas creen que pueden salir de ese infierno, establecerse en Europa con otro tipo de trabajo y enviar dinero para mantener a sus familias. Algunas, pocas, lo logran.
Los 53 pequeños acogidos se han vestido de fiesta, muy calladitos, y sonríen todos. La directora, Vera Valerievna Gurutzura, se queja: «El año pasado el Estado nos ha dado 1.500 dólares en total». Con esto debe mantener a 53 niños y 38 empleados. Ella misma, con dos licenciaturas y treinta años de servicio, tiene un sueldo bajo y con retrasos: en enero, le dieron la paga de noviembre.
Entre los niños, el sacerdote reconoce a la hija de otra joven a la que ha ayudado a salir del agujero y que vive en Apulia. Madina, la llama y le sonríe. ¿Quieres hablar con mamá? y le enseña el teléfono móvil. La cara se transforma, está radiante: «Da, da» y asiente con la cabecita rubia.
Los niños están serios, pero apenas les miras te sonríen de oreja a oreja. «Esperan que alguien les adopte --dice la directora--. Hace dos meses vino una pareja, prometió a Sasha que volvería y no volvieron más. Pero Sasha espera todavía». Sasha tiene nueve años, y es el que más sonríe. Desde que cayó el muro, dice la directora, el número de niños abandonados ha aumentado en un 20%.
La apertura de fronteras ha despoblado Moldavia y la ha arrojado a una mayor miseria. Cesare Lodeserto se dirige ahora a un pueblecito donde viven los padres de Marija, otra joven rescatada de las mafias. Sus padres trabajaban en un koljós, tenían cuatro hijos, no estaban mal. Luego, los rusos desmantelaron el koljós, se llevaron los tractores, las máquinas, todo. Viven todo el año con lo que pueden sacar de criar un solo cerdo. Tenían una vaca pero la han vendido. Les han cortado la electricidad.
En la única habitación de la casa, le piden al sacerdote que se siente en el sofá ante el samovar, pero está apagado. Hace menos frío afuera. Cuentan su historia: Marija, a los 16 años, era la única que ganaba algo trabajando en las porquerizas del rico del pueblo: el ex jefe comunista local. Hace un año, dijo que se iba a buscar trabajo a Kishinev, la capital. Y no volvieron a saber de ella, dice la madre envuelta en su pañolón verde, de treinta y pocos años, que parece mucho mayor.
El padre Cesare Lodeserto les entrega una foto de su hija, salvada, que ahora trabaja dignamente e incluso manda algún dólar a los suyos. Han comprado mantas y han pagado los recibos de la luz. «Incluso los vecinos nos los dicen: Marija ha tenido suerte, nosotros hemos tenido suerte...».
Mensaje de Juan Pablo II para la Cuaresma
«La caridad no toma en cuenta el mal»
CIUDAD DEL VATICANO, 9 feb 2001«El único camino de la paz es el perdón». Esta es, según Juan Pablo II, la contribución específica que ofrecen los cristianos en la resolución de conflictos, no sólo en situaciones de violencia armada, sino también en las incomprensiones y litigios de la vida cotidiana.
Lo afirma en el mensaje que ha escrito con motivo de la Cuaresma, que este año comenzará el 28 de febrero (Miércoles de Ceniza).
Se trata, en el fondo, de algo que es propio únicamente del cristianismo y que se expresa con las escandalizantes palabras de Cristo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien».
Ofrecemos, a continuación, el texto íntegro del mensaje de Juan Pablo II para la Cuaresma de este año.
* * *
«La caridad no toma en cuenta el mal» (1 Cor 13,5)
1. «Mirad que subimos a Jerusalén» (Mc 10, 33). Mediante estas palabras el Señor invita a los discípulos a recorrer junto a Él el camino que partiendo de Galilea conduce hasta el lugar donde se consumará su misión redentora. Este camino a Jerusalén, que los Evangelistas presentan como la culminación del itinerario terreno de Jesús, constituye el modelo de vida del cristiano, comprometido a seguir al Maestro en la vía de la Cruz. Cristo, también, dirige esta misma invitación de «subir a Jerusalén» a los hombres y mujeres de hoy. Y lo hace con particular fuerza en este tiempo de Cuaresma, favorable para convertirse y encontrar la plena comunión con Él, participando íntimamente en el misterio de su muerte y resurrección. Por tanto, la Cuaresma representa para los creyentes la ocasión propicia para una profunda revisión de vida. En el mundo contemporáneo, junto a generosos testigos del Evangelio, no faltan bautizados que, frente a la exigente llamada para emprender la «subida a Jerusalén», adoptan una posición de sorda resistencia y, a veces, también de abierta rebelión. Son situaciones en las que la experiencia de la oración se vive de manera bastante superficial, de modo que la palabra de Dios no incide sobre la existencia. Muchos consideran insignificante el mismo Sacramento de la Penitencia y la Celebración eucarística del domingo simplemente un deber que hay que cumplir.
¿Cómo acoger la llamada a la conversión que Jesús nos dirige también en esta Cuaresma? ¿Cómo llevar a cabo un serio cambio de vida? Es necesario, ante todo, abrir el corazón a los conmovedores mensajes de la liturgia. El periodo que prepara la Pascua representa un providencial don del Señor y una preciosa posibilidad de acercarse a Él, entrando en uno mismo y poniéndose a la escucha de sus sugerencias interiores.
2. Hay cristianos que creen poder prescindir de dicho constante esfuerzo espiritual, porque no advierten la urgencia de confrontarse con la verdad del Evangelio. Ellos intentan vaciar y convertir en inocuas, para que no turben su manera da vivir, palabras como: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien» (Lc 6, 27). Tales palabras, para estas personas, resultan difíciles de aceptar y de traducir en coherentes comportamientos de vida. De hecho, son palabras que, si tomadas en serio, obligan a una radical conversión. En cambio, cuando se está ofendido y herido, se está tentado a ceder a los mecanismos psicológicos de la autocompasión y de la revancha, ignorando la invitación de Jesús a amar al proprio enemigo. Sin embargo, los sucesos humanos de cada día sacan a la luz, con gran evidencia, cómo el perdón y la reconciliación son imprescindibles para llevar a cabo una real renovación personal y social. Esto vale en las relaciones interpersonales, pero también en las relaciones entre las comunidades y entre las naciones.
3. Los numerosos y trágicos conflictos que atenazan a la humanidad, tal vez causados también por malentendidas cuestiones religiosas, han hecho que profundos fosos de odio y de violencia surgieran entre pueblos y pueblos. En algunas ocasiones, esto se ha producido entre grupos y fracciones de una misma nación. De hecho, a veces asistimos con doloroso sentido de impotencia, al reflorecer de conflictos que creíamos definitivamente superados y se tiene la impresión que algunos pueblos viven atrapados en una espiral de imparable violencia, que continuará a cosechar víctimas y víctimas, sin una concreta perspectiva de solución. Y los auspicios de paz, que se elevan de todas las partes del mundo, resultan ineficaces: el compromiso necesario para encaminar la concordia deseada no logra afianzarse.
Frente a este inquietante escenario, los cristianos no pueden permanecer indiferentes. Es por ello que en el Año jubilar, apenas concluido, me he hecho eco de la petición de perdón de la Iglesia a Dios por los pecados de sus hijos. Somos conscientes que, por desgracia, las culpas de los cristianos han ofuscado el rostro inmaculado, pero confiando en el amor misericordioso de Dios que no tiene en cuenta el mal al ver el arrepentimiento, sabemos también que podemos continuamente retomar el camino llenos de esperanza. El amor de Dios encuentra su más alta expresión justo cuando el hombre, pecador e ingrato, es readmitido a la plena comunión con Él. Bajo esta óptica, la «purificación de la memoria» es ante todo una renovada confesión de la misericordia divina, una confesión que la Iglesia, en sus diferentes niveles, está llamada constantemente a hacer propia con renovada convicción.
4. El único camino de la paz es el perdón. Aceptar y ofrecer el perdón hace posible una nueva cualidad de relaciones entre los hombres, interrumpe la espiral de odio y de venganza, y rompe las cadenas del mal que atenazan el corazón de los contrincantes. Para las naciones en busca de reconciliación y para cuantos esperan una coexistencia pacífica entre los individuos y pueblos, no hay más camino que éste: el perdón recibido y ofrecido. ¡Cuan ricas de saludables enseñanzas resuenan las palabras del Señor: «Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos!» (Mt 5, 44-45). Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación.
Éste es un desafío que concierne a cada individuo, pero también a las comunidades, a los pueblos y a la entera humanidad. Afecta, de manera especial, a las familias. No es fácil convertirse al perdón y a la reconciliación. Reconciliarse puede resultar problemático cuando en el origen se encuentra una culpa propia. Si en cambio la culpa es del otro, reconciliarse puede incluso ser visto como una irrazonable humillación. Para dar semejante paso es necesario un camino interior de conversión; se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. Su palabra no deja lugar a dudas: no sólo quien provoca la enemistad, sino también quien la padece debe buscar la reconciliación (cfr. Mt 5, 23-24). El cristiano debe hacer la paz aún cuando se sienta víctima de aquel que le ha ofendido y golpeado injustamente. El Señor mismo ha obrado así. Él espera que el discípulo le siga, cooperando de tal manera a la redención del hermano.
En nuestro tiempo, el perdón aparece principalmente como dimensión necesaria para una auténtica renovación social y para la consolidación de la paz en el mundo. La Iglesia, anunciando el perdón y el amor a los enemigos, es consciente de introducir en el patrimonio espiritual de la entera humanidad una nueva forma de relacionarse con los demás, una forma ciertamente fatigosa, pero rica en esperanza. En esto, ella sabe que puede contar con la ayuda del Señor, que nunca abandona a quien, frente a las dificultades, recurre a Él.
5. «La caridad no toma en cuenta el mal» (l Cor 13,5). En esta expresión de la primera Epístola a los Corintios, el apóstol Pablo recuerda que el perdón es una de las formas más elevadas del ejercicio de la caridad. El periodo cuaresmal representa un tiempo propicio para profundizar mejor sobre la importancia de esta verdad. Mediante el Sacramento de la reconciliación, el Padre nos concede en Cristo su perdón y esto nos empuja a vivir en la caridad, considerando al otro no como un enemigo, sino como un hermano.
Que este tiempo de penitencia y de reconciliación anime a los creyentes a pensar y a obrar bajo la orientación de una caridad autentica, abierta a todas las dimensiones del hombre. Esta actitud interior los conducirá a llevar los frutos del Espíritu (cf. Gal 5, 22) y a ofrecer, con corazón nuevo, la ayuda material a quien se encuentra en necesidad. Un corazón reconciliado con Dios y con el prójimo es un corazón generoso. En los días sagrados de la Cuaresma la «colecta» asume un valor significativo, porque no se trata de dar lo que nos es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino de hacerse cargo con solidaria solicitud de la miseria presente en el mundo. Considerar el rostro doliente y las condiciones de sufrimiento de muchos hermanos y hermanas no puede no impulsar a compartir, al menos parte de los propios bienes, con aquellos que se encuentran en dificultad. Y la ofrenda de Cuaresma resulta todavía más rica de valor, si quien la cumple se ha librado del resentimiento y de la indiferencia, obstáculos que alejan de la comunión con Dios y con los hermanos.
El mundo espera de los cristianos un testimonio coherente de comunión y de solidaridad. Al respecto, las palabras del apóstol Juan son más que nunca iluminadoras: «Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Jn 3, 17).
¡Hermanos y Hermanas! San Juan Crisostomo, comentando la enseñanza del Señor sobre el camino a Jerusalén, recuerda que Cristo no oculta a los discípulos las luchas y los sacrificios que les aguardan. Él mismo subraya cómo la renuncia al proprio «yo» resulta difícil, pero no imposible cuando se puede contar con la ayuda que Dios nos concede «mediante la comunión con la persona de Cristo» (PG 58, 619s).
He aquí porque en esta Cuaresma deseo invitar a todos los creyentes a una ardiente y confiada oración al Señor, para que conceda a cada uno hacer una renovada experiencia de su misericordia. Sólo este don nos ayudará a acoger y a vivir de manera siempre más jubilosa y generosa la caridad de Cristo, que «no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad» (1 Cor 13, 5-6).
Con estos sentimientos invoco la protección de la Madre de la Misericordia sobre el camino cuaresmal de la entera Comunidad de los creyentes y de corazón imparto a cada uno la Bendición Apostólica.
Ciudad del Vaticano, 7 de Enero 2001
IOANNES PAULUS II
N.B.: Traducción distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.
Los resultados de la investigación acerca del genoma humano son cada vez más detallados, más precisos y minuciosos. Llegará un día, seguramente no lejano, en que eso que se ha venido en llamar el mapa de la vida se conocerá en todos sus detalles, con lo que la revolución en la Medicina y la Bioquímica habrá estallado del todo: será posible conjurar todas las dolencias hereditarias y muchas que no lo son; la terapéutica será a la carta, individualizada y a la medida del genoma de cada cual; se conocerán las propensiones de cada individuo a contraer unos males con preferencia sobre otros, etcétera. El cúmulo de problemas éticos que todo eso va a plantear ya se conoce más o menos confusamente, y si llevamos ya muchos litros de tinta consumidos en comentar estas cosas, excuso decir lo que ocurrirá cuando la casuística empiece a hacer de las suyas.
Los conocimientos nuevos, amplificados por los medios de comunicación no especializados, parecen difundir una visión del hombre puramente materialista, reflejada en aquel comentario pesimista y melancólico de Severo Ochoa: hasta el amor es pura bioquímica (comentario, por cierto, que el propio Ochoa desmintió con su pena devastadora por la muerte de su mujer, aunque podría haber atribuido esta reacción a sus enzimas y sus proteínas. Nunca se sabe). Esta mentalidad materialista ya está extendiéndose en algunos medios, académicos y no académicos, y sus frutos son tanto la petición de una «carta de derechos fundamentales de los simios» como la defensa del infanticidio en las personas que nazcan severamente disminuidas física o mentalmente; tesis sostenidas, no tan paradójicamente como pudiera parecer, por las mismas personas, cuyo error básico es considerar la bioquímica en el ser humano no como el soporte material de un individuo que es a la vez materia y espíritu, sino como su misma naturaleza. Y avanzando por este camino de sabiduría, llegaremos a la conclusión de que el hombre es un bicho poco más evolucionado que la mosca del vinagre. ¿Es sensato esto?
Ramón PI
Lo que ningún ordenador puede dar
El problema no está en cómo será el trabajo del futuro, sino en qué hombres y mujeres lo construirán: así respondía un asiático de 72 años, durante 13 años prisionero del régimen comunista y que acaba de ser preconizado cardenal de la Iglesia católica, el vietnamita Nguyên Van Thuân, Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, a las afirmaciones del hombre más rico del mundo, el joven magnate de Microsoft Bill Gates, en un interesantísimo debate, organizado por la patronal de empresarios italianos, sobre el futuro de la globalización. Frente al paradigma, según Bill Gates, de la informática, unida al talento, como clave de un futuro en el que se pueda mejorar la condición de la persona humana, el recién elegido cardenal afirma que el paradigma del hombre tiene que ser el mismo hombre, la persona y su dignidad.
Los poderosos de este mundo y la Iglesia católica parecen coincidir en que, ciertamente, se puede mejorar la condición de la persona humana. La diferencia está en qué significa mejor para unos y otros. El gurú del software explicaba que la informática es el mejor instrumento de la Historia para liberar la creatividad del hombre; si se tiene en cuenta que los ordenadores se convierten en instrumentos cada vez más potentes y más baratos, entonces se podrá acercar a los países y a los ciudadanos de todo el mundo. Se trata, pues, –para él– de superar las barreras de las injusticias con la tecnología. El prelado vietnamita, en cambio, señala que un futuro mejor no puede estar en el homo faber que produce y consume cada vez más. El trabajo –afirma– no es un fin en sí mismo. La producción material no puede ser infinita; no podemos continuar así, sin preocuparnos de quién fabrica los productos que nos llegan a bajo precio. Monseñor Van Thuân, desde luego, no habla de oídas.
El nuevo cardenal, para quien el trabajo ha sido una ineludible realidad en el Vietnam comunista, incluso sin sueldo, explica: Fui carpintero, por lo que pude hacer esta cruz que fabriqué y que escondí durante años en un trozo de jabón. Y después, campesino, artesano, profesor de idiomas de mis carceleros… No habla, ciertamente, de oídas cuando muestra un modo de ver y de vivir el trabajo humano y humanizador, que nada tiene que ver con el culto al dinero, capaz sin duda de construir sofisticadísimos ordenadores, en los que pueden chatear hombres y mujeres desde los puntos más extremos del planeta, pero incapaces, por sí mismos, de generar una comunicación verdaderamente humana. Este culto idolátrico al dinero, que está para servir al hombre y no al revés, no puede por menos que generar esclavos.
De modo genial, como es habitual en él, lo describe Mingote en la viñeta que ilustra esta página. Da toda la sensación de que la cuantía económica de los premios que se conceden, por ejemplo, en los concursos que proliferan en todas las televisiones es inversamente proporcional a la calidad de la sabiduría de los concursantes. Yclaro, cuando la verdad es sustituida por el dinero, éste podrá generar hombres de oro, pero sin duda esclavos. Todo el dinero del mundo, sin un sujeto realmente humano, es incapaz de generar un gramo siquiera de ese tesoro que es la libertad. Ésta nace únicamente de la verdad. Es necesario –como concluía el Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, en el citado debate con Bill Gates– cambiar completamente la cultura: volver a poner a la persona como sujeto de la economía y del trabajo.
La juventud no es una edad, es un clima del corazón.
Es voluntad, es imaginación, es pasión.
Los años marchitan la piel, renunciar al ideal marchita el alma.
Joven es aquel que se sorprende y se maravilla, que pregunta como el niño insaciable
¿y después.....?
Desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida.
Seras tan joven como tu fé tan viejo como tu duda, tan joven como tu confianza en ti
tan joven como tu esperanza, tan viejo como tu abatimiento.....
Permanecerás joven mientras permanezcas receptivo.
Receptivo a cuanto es bello, bueno y grande.
Receptivo a los mensajes de la naturaleza del hombre y del infinito.
Autor: Douglas Mc.Arthur
SANTORAL: Benigno, presbítero y mártir
Lectura del libro del Génesis 6, 5-8; 7, 1-5. 10
Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente tendían constantemente al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. Por eso el Señor dijo: «Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que he creado -y junto con ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del cielo- porque me arrepiento de haberlos hecho.» Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor.
Entonces el Señor dijo a Noé: «Entra en el arca, junto con toda tu familia, porque he visto que eres el único verdaderamente justo en medio de esta generación. Lleva siete parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de los impuros, los machos con sus hembras -también siete parejas de todas las clases de pájaros- para perpetuar sus especies sobre la tierra. Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta días y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos los seres que hice.» Y Noé cumplió la orden que Dios le dio.
A los siete días, las aguas del Diluvio cayeron sobre la tierra.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.:11b)
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!
¡Aclamen la gloria del nombre del Señor,
adórenlo al manifestarse su santidad! R.
¡La voz del Señor sobre las aguas!
El Señor está sobre las aguas torrenciales.
¡La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es majestuosa! R.
El Dios de la gloria hace oír su trueno.
En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!»
El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,
el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.
X Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21
Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»
Ellos le respondieron: «Doce.»
«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»
Ellos le respondieron: «Siete.»
Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?»
Palabra del Señor.
Reflexión
En el Evangelio de la misa de hoy el Señor advierte a sus discípulos que estén alerta y se guarden de una mala levadura: la de los fariseos y de Herodes. No se refiere aquí a la levadura buena que han de ser sus discípulos cuando actúan en el mundo difundiendo el Reino de Dios, sino a otra, capaz también de transformar la masa desde adentro, pero para mal. La hipocresía de los fariseos y la vida desordenada de Herodes, que solo se movía por ambiciones personales, eran un mal fermento que contagiaba a la masa de Israel, corrompiéndola.
Tenemos el deber de pedir cada día que todos los cristianos seamos verdaderamente buena levadura en el medio en que nos toca actuar a cada uno de nosotros, y que muchas veces permanece alejado del Señor.
Es grave el daño que produce en el mundo la mala levadura de la doctrina adulterada y de desdichados ejemplos, aumentados y difundidos por los sectarismos. Cuando nos encontramos ante la doctrina falsa, ante situaciones de escándalo, debemos preguntarnos ¿qué hago yo para contrarrestar el mal ejemplo?, ¿Qué he hecho yo por sembrar buena doctrina?, ¿Qué hago para que mis hijos, mis amigos y conocidos adquieran la doctrina de Jesucristo?
Los discípulos no entienden al Señor la referencia que hace sobre la mala levadura. Los apóstoles no eran gente culta, y ni siquiera muy inteligente, al menos en lo que se refiere a las realidades sobrenaturales. Incluso los ejemplos y las comparaciones más sencillas les resultaban incomprensibles. “Señor, explícanos la parábola”.
Cuando Jesús, con su comparación, alude al fermento de los fariseos, ellos creen que les está recriminando por no haber comprado pan.
Estos eran los discípulos que el Señor eligió en forma personal. Así los escogió Cristo. Así aparecían antes de que, llenos del Espíritu Santo, se convirtieran en columnas de la Iglesia.
Son hombres corrientes, con limitaciones, con defectos y debilidades. Con la lengua más larga que las obras.
Y sin embargo, Jesús los llama para hacerlos pescadores de hombres y administradores de la gracia de Dios.
Esto mismo nos puede pasar a nosotros. Aunque no tengamos grandes dotes ni cualidades, el Señor nos llama, y Él hace brotar en nuestras almas su gracia para que seamos verdadera levadura en medio de un mundo.
Pidamos a María que la gracia del Espíritu Santo obre en nosotros para que como la buena levadura hace fermentar la masa del pan, sepamos nosotros llevar la Palabra del Señor a todos los que nos rodean.
Voceros de Dios,
heraldos de amor,
apóstoles santos.
Locura de cruz,
de Dios es la luz,
apóstoles santos.
Mensaje del Rey,
de amor es la ley,
apóstoles santos.
De Cristo solaz,
sois cristos de paz,
apóstoles santos.
Sois piedra frontal
del reino final,
apóstoles santos. Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas
SANTORAL: Benigno, presbítero y mártir († 303)Dicen que un fraile, en un arrebato de falsa devoción, quiso llevarse a su convento -eso que se llama robar una cosa sagrada y como agravante en un sitio también sagrado- la cabeza del santo que reposaba dentro de un relicario de plata en el monasterio de benedictinas que se llama «De las Milicias», en Todes. En su intento, y sin saber muy bien lo que pasaba, no pudo salir del templo por no poder localizar las puertas hasta poco antes tan expeditas. Así, se vio obligado a depositar la reliquia de san Benigno en el sitio que le correspondía.
Todes es una de las primeras ciudades evangelizadas de Hungría. Benigno vive en la segunda mitad del siglo III. Y se ha dado conocer entre los suyos como un insigne propagador de la fe cristiana; lo hace con alegría y con notable entusiasmo. El obispo Ponciano conoce su afán apostólico y está al tanto de la sinceridad de su vida; un día lo consagra presbítero para apoyarse en él en el cumplimiento obligado de atender a su grey y de extender la Salvación.
Llegada la persecución de Maximiano y Diocleciano, la comunidad de creyentes está confortada por la atención espiritual que con riesgo constante de su vida le presta el buen sacerdote Benigno. Socorre a los confesores de la fe presos en las cárceles; visita las casas de los débiles y les busca por los campos que los cobijan para darles aliento; y se las arregla para estar cerca de los que son torturados, acompañando hasta donde es posible humanamente a los que se disponen al martirio.
Pasado el peor momento de estupor, se llena de la audacia del Espíritu Santo y comienza a predicar con fortaleza de Jesucristo. Ahora lo hace públicamente en el intento de convertir a los paganos que están en el terrible error de la idolatría. El principal foco de atención de su discurso es hacerles comprender que los ídolos son una necedad y el culto que se les tributa supone una verdadera ofensa al único Dios que merece adoración y puede darles la salvación ofrecida a todos los hombres sin excepción. Ya no le importa su vida. Se sabe portador de la verdad y conoce bien que ella no es exclusivamente para él. Sólo Jesús es el Señor y todos han de servirle.
Lo que era presumible con ese comportamiento se hace realidad. Es apresado y obligado a apostatar, siendo inútiles los tormentos que tuvo que soportar el fiel y valiente discípulo. Por fin, muere el 13 de febrero del año 303 con la cabeza cortada, aquella que el fraile quiso cambiar de sitio.
La catequesis, es decir, llevar a Cristo a los demás, comporta la responsabilidad de ser fiel a lo que se propone y ni que decir tiene que en este contexto la vida humana no es ningún valor absoluto. ¡Qué bien lo supo hacer san Benigno sin tener que darle vueltas a los textos de las bibliotecas de las universidades que aún no se habían inventado! Fue sencillamente el don del Espíritu Santo. Hoy también hacen bastante falta sacerdotes -no sólo en Hungría- cuidadosos menos de su propia vida que de la Salvación que ofrecen y ¡obispos que los descubran!