Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico |
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12 de noviembre de 2003 |
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Sectores ponceños sin agua por hoy
miércoles, 12 de noviembre de 2003
PONCE
Más de 5,000 abonados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) en esta ciudad tendrán problemas de servicio hoy, a causa de la reubicación de una válvula, anticipó ayer Ondeo, la administradora de la empresa pública.
Herminia Torres Carlo, directora de comunicaciones de Ondeo en la región suroeste, dijo que se trata de una válvula de 18 pulgadas que hay que reubicar para mejorar el control y manejo de la red de distribución de agua en Ponce.
También dijo que la válvula actualmente está ubicada en los predios de un albergue de niños y la moverán fuera de allí, aunque a poca distancia, en la misma calle Villa al final de la ciudad.
Explicó que mientras se hacen esos trabajos, pautados para comenzar a las seis de la mañana de hoy, más de 5,000 abonados de la AAA o no tendrán servicio de agua o la recibirán con poca presión o con intermitencia.
Los sectores más afectados -abundó Torres Carlo- serán la parte norte del casco urbano de Ponce (que incluye comunidades pobres como Clausells, Ferrán y Tamarindo), parte de la zona histórica, sobre todo las calles Victoria, Villa y aledañas, el residencial Lirios del Sur, las comunidades Amalia Marín, Salistral, San Tomas y otras de la Playa de Ponce y las urbanizaciones Morel Campos y Jardines del Caribe con sus tres extensiones.
TORRES CARLO dijo que de no surgir inconvenientes en esos trabajos, el servicio de agua debe haberse restablecido a las ocho de la noche. Explicó que no habrá oasis, pero llevarán agua en camiones cisternas a las escuelas y comunidades que lo necesiten. Exhortó a llamar al (787) 259-5709 para solicitar esa ayuda.
También exhortó a que los afectados, una vez se normalice el servicio, hiervan el agua durante unos cinco minutos antes de consumirla.
Acuerdo por la excelencia académica
La Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR) logró la aprobación de una propuesta en alianza con la Universidad Interamericana de Puerto Rico (UIPR) y la Escuela de Artes Plásticas (EAP) cuyo objetivo es integrar la tecnología al currículo básico universitario.
La profesora Marcelina Vélez de Santiago, presidenta de la PUCPR hizo el anuncio sobre el acuerdo que la PUCPR, recintos de Ponce, Mayagüez, y Arecibo, la UIPR, recinto de Guayama, y la Escuela de Artes Plásticas, alcanzaron mediante un programa de Consorcio dirigido a proveer apoyo a los programas académicos de todas las instituciones participantes enriqueciendo los currículos básicos.
Para llevar a cabo este Programa fueron otorgados fondos del Departamento de Educación Federal bajo el Programa "Strenghtening Institutions - Hispanic Serving Institutions", (CFDA, #031S).
Los fondos de esta aportación federal ascienden a $2,705,848.00 y estarán disponibles para promover actividades de mejoramiento curricular durante los próximos cinco años; del 1 de octubre de 2003 al 30 de septiembre de 2008.
El Departamento de Educación Federal está financiando el 87% de este proyecto y la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Institución a cargo del Proyecto; el 13 % con una aportación de $398,744.00.
La propuesta titulada, "Fortaleciendo los logros académicos por medio de un consorcio para incorporar Tecnología en el currículo básico", va dirigida a utilizar las ventajas de la tecnología en programas de apoyo a los estudiantes y facultad en los cursos de educación general y proveerá apoyo a los proyectos relacionados con la reforma curricular.
Este proyecto impactará tres áreas del ámbito de la docencia: La implantación de programas de adiestramiento a la facultad para el uso de la tecnología como parte esencial en las actividades académicas.
La segunda área promueve el desarrollo y la implantación de programas de apoyo que promueven la retención y los logros académicos de los estudiantes a través del uso de estrategias pedagógicas innovadoras.
De igual forma se fortalecerá la infraestructura tecnológica de las instituciones participantes para promover el uso del Internet como base para diseñar y compartir recursos pedagógicos en línea.
Este consorcio brindará la oportunidad de compartir recursos pedagógicos y tecnológicos de una manera costo-efectiva entre todas las instituciones participantes y establece una relación interinstitucional vanguardista que esperamos se convierta en un modelo de colaboración para otras instituciones de Puerto Rico y Estados Unidos.
La profesora Mara Gautier, Catedrática Asociada de la PUCPR adscrita a la Escuela de Tecnología Médica dirigirá el Programa.
Foto: Los oficiales de enlace de las instituciones participantes del proyecto colaborativo el doctor Samuel Febres, UIAPR-Guayama, profesora Shirley Tavares, EAP,profesor Juan Carrión Uldaz, PUCPR- Arecibo, doctor Oscar Pérez Laguillo, PUCPR- Mayaguez, acompañan a la profesora Marcelina Velez de Santiago, presidenta de la PUCPR.
Estrenarán en España película basada en obra del Papa
MADRID, 11 Nov. 03
En el marco del V Congreso Católicos y Vida Pública, que se realizará entre el 14 y el 16 del mes en curso, se estrenará en España la película ‘Hermano de nuestro Dios’ basada en la obra teatral del mismo nombre que en 1949 escribió Karol Wojtyla.
El film fue dirigido por Krzysztof Zanussi, director polaco que durante el último Festival de Cine de Venecia recibió el Premio Robert Bresson “a la búsqueda del significado espiritual de la vida”.
La obra teatral que inspiró la realización cinematográfica gira en torno al pintor polaco y franciscano Albert Chmielowski (1845-1916) quien fuera canonizado hace catorce años por el mismo Juan Pablo II.
Juan Pablo II: La Iglesia ante la ciencia, respeto y colaboración
Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias
CIUDAD DEL VATICANO, 10 noviembre 2003Publicamos el discurso que dirigió Juan Pablo II este lunes a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias y a otros científicos de renombre mundial, reunidos en el Vaticano para celebrar el cuarto centenario de la fundación de esta institución.
* * *
Queridos miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias:
Me complace particularmente saludaros hoy al celebrar el cuarto centenario de la Academia Pontificia de las Ciencias. Doy las gracias al presidente de la Academia, el profesor Nicola Cabibbo, por las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre y por el atento gesto con el que habéis querido conmemorar el jubileo de plata de mi pontificado.
La Academia de los Linces fue fundada en Roma, en 1603, por Federico Cesi con el aliento del Papa Clemente VIII. En 1847 fue restablecida por Pío IX y en 1936 volvió a ser estructurada por Pío XI. Su historia está ligada a la de muchas otras Academias Científicas a través del mundo. Doy la bienvenida con alegría a los presidentes y representantes de esas instituciones que tan amablemente se han unido a nosotros en este día, especialmente al presidente de la Academia italiana de los Linces («Accademia dei Lincei»).
Recuerdo con gratitud las numerosas reuniones que hemos tenido durante estos veinticinco años. Me han dado la oportunidad de expresar mi gran estima por aquellos que trabajan en los diferentes campos de la ciencia. Os e escuchado con atención, he compartido vuestras preocupaciones, y considerado vuestras sugerencias. Al alentar vuestro trabajo, he subrayado la dimensión espiritual que siempre está presente en la búsqueda de la verdad. He afirmado asimismo que la investigación científica debe orientarse hacia el bien común de la sociedad y al desarrollo integral de cada uno de sus miembros.
Nuestras reuniones me han permitido al mismo tiempo clarificar importantes aspectos de la doctrina y vida de la Iglesia sobre la investigación científica. Nos une el deseo común de corregir malentendidos y, más aún, de dejarnos iluminar por la única Verdad que gobierna el mundo y guía las vidas de todos los hombres y mujeres. Cada vez estoy más convencido de que la verdad científica, que es en sí misma una participación en la Verdad divina, puede ayudar a la filosofía y a la teología a comprender de una más plena la persona humana y la Revelación de Dios sobre el hombre, revelación que es completada y perfeccionada en Jesucristo. Por este importante enriquecimiento mutuo en la búsqueda de la verdad y del beneficio del género humano, junto a toda la Iglesia, os estoy profundamente agradecido.
Los dos argumentos que habéis escogido para vuestra reunión afectan a las ciencias de la vida, y en particular a la naturaleza de la vida humana. El primero, «Mente, cerebro y educación», concentra nuestra atención sobre la complejidad de la vida humana y su preeminencia sobre las demás formas de vida. La neurociencia y la neurofisiología, a través del estudio de los procesos químicos y biológicos del cerebro, contribuyen de manera decisiva al entendimiento de su funcionamiento. Pero el estudio de la mente humana requiere algo más que la observación de los datos, propia de las ciencias neurológicas. El conocimiento de la persona humana no deriva sólo del la observación y del análisis científico, sino también de la interconexión entre el estudio empírico y la comprensión reflexiva.
Los mismos científicos perciben en el estudio de la mente humana el misterio de una dimensión espiritual que trasciende la fisiología cerebral y que hace que percibamos todas nuestras actividades como las de seres libres y autónomos, capaces de la responsabilidad y del amor, y con una dignidad. Esto se constata por el hecho de que habéis decidido ampliar vuestra investigación para incluir aspectos sobre el aprendizaje y la educación, que son actividades específicamente humanas. Por este motivo, vuestras consideraciones se concentran no sólo en la vida biológica, común a todos los seres vivientes, sino que incluyen además el trabajo de interpretación y evaluación de la mente humana.
Hoy día los científicos reconocen con frecuencia la necesidad de distinguir entre mente y cerebro, o entre las acciones de la persona con voluntad libre y los factores biológicos que constituyen la base de su intelecto y de su capacidad de aprender. En esta distinción, que no debe ser una separación, podemos ver el fundamento de esa dimensión espiritual propia de la persona humana, que la Revelación bíblica ilustra como una relación especial con Dios creador (Cf. Génesis 2, 7) a cuya imagen y semejanza todo hombre y mujer ha sido hecho (Cf. Génesis 1, 26-27).
El segundo tema de vuestra reunión afecta a la «Tecnología sobre las células estaminales y otras terapias innovadoras». La investigación en este campo ha aumentado de manera comprensible en importancia en los recientes años a causa de la esperanza que ofrece para la curación de enfermedades que afectan a muchas personas. En otras ocasiones he afirmado que las células estaminales con objetivos de experimentación o tratamiento no pueden proceder del tejidos de embriones humanos. Por el contrario, he alentado la investigación con el tejido adulto humano o con el tejido superfluo en el desarrollo normal del feto. Todo tratamiento que reivindique la salvación de vidas humanas y que sin embargo se base en la destrucción de la vida humana en su estado embrional es lógica y moralmente contradictorio, como lo es la producción de embriones humanos con el propósito directo o indirecto de la experimentación o incluso su eventual destrucción.
Distinguidos amigos, al reiteraros mi agradecimiento por vuestra gran ayuda, invoco sobre vosotros y sobre vuestras familias la bendición de Dios. Que vuestro trabajo científico traiga abundantes frutos y las actividades de la Academia Pontificia de las Ciencias sigan promoviendo el conocimiento de la verdad y de la contribución al desarrollo de todos los pueblos.
La Santa Sede ilustra en la ONU las condiciones para la «cultura de la paz»
Intervención del arzobispo Migliore ante la Asamblea General
NUEVA YORK, 11 noviembre 2003Publicamos la intervención del arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, sobre la «Cultura de la paz» pronunciada este lunes ante la Asamblea General.
* * *
Señor presidente:
Mi delegación da la bienvenida a esta oportunidad de participar una vez más en la discusión sobre «Cultura de la paz».
La Santa Sede siempre ha dado la bienvenida y ha abrazado las diferentes culturas a través de los siglos. De todos modos, al hablar de paz, mi delegación reconoce en primer lugar que la paz no es una cuestión esencialmente de estructuras, si no de personas.
La paz es ante todo una cuestión de aquellos que son suficientemente realistas para reconocer que, a pesar de todas las deficiencias de la naturaleza y de la sociedad, la paz es posible. No se puede escatimar ningún esfuerzo para alcanzarla. Por ello, la paz debe ser querida, alcanzada y compartida como un bien común de la humanidad.
Si analizamos los polvorines de guerra de nuestro tiempo, no podemos dejar de preguntarnos sobre la manera en que los medios de comunicación, los políticos y las autoridades públicas describen las realidades que rodean a esos conflictos. Los medios de comunicación que se dirigen a esas poblaciones, ¿proponen la paz? Las declaraciones públicas y los comentarios, ¿hablan de paz? Los libros de texto, ¿enseñan los caminos hacia la paz? La conversación que los jóvenes tienen con sus familias y entre ellos, ¿les preparan para la paz?
Señor presidente:
Los motivos que se dan para justificar los conflictos deben ser debidamente analizados, antes, durante y después de que tengan lugar. La necesidad de imponer una defensa armada para disuadir a la otra parte a no convertirse en un enemigo debería ser sopesada prudente y cuidadosamente con la equivalente necesidad de entrar en contacto con la otra parte, superando toda presunta enemistad, dejando las puertas abiertas a todas las soluciones pacíficas posibles. Consecuentemente, cuando aquellos que tienen la responsabilidad y la obligación de defender la paz y el orden están llamados a decidir si tienen que recurrir o no a la legítima defensa, su decisión debe estar sometida a rigurosas condiciones, indicadas por el orden moral, pues estas acciones sólo se pueden justificar cuando ha sido irreal, ineficaz o imposible aplicar todos los medios pacíficos para la solución de la crisis.
Señor presidente:
Al igual que la cultura de la guerra, la cultura de paz implica una visión ética de la vida. Presenta el camino recto y seguro que lleva al respeto de la vida. La guerra «destruye la vida de los inocentes, enseña a matar y trastorna igualmente la vida de los que matan, deja tras de sí una secuela de rencores y odios, y hace más difícil la justa solución de los mismos problemas que la han provocado» (Juan Pablo II, «Centesimus Annus», n. 52).
Este año, las Naciones Unidas celebran el quincuagesimoquinto aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Este acontecimiento nos llama a todos y a cada uno al reconocimiento fundamental de la plena dignidad de cada ser humano. De este reconocimiento surge el derecho a la paz. Pero, cuando la paz pierde su valor en la sociedad y su importancia en la vida pública, los derechos humanos y las obligaciones internacionales quedan en peligro o comprometidos
La paz es una empresa de justicia. En la raíz de la guerra, y en particular del terrorismo, agresión armada que por desgracia estamos experimentando en nuestra época, encontramos serias quejas que deben ser afrontadas cuanto antes por la comunidad internacional: injusticias sufridas, aspiraciones legítimas frustradas, pobreza mísera, discriminación, intolerancia y abuso de multitudes de gente desesperada que no tiene esperanza real de mejorar su vida. Estas injusticias incitan a la violencia, y toda injusticia puede llevar a la guerra.
La paz, que podría definirse como «la tranquilidad del orden», es un deber fundamental de cada uno. De todos modos, la paz se construye sobre la confianza mutua, y la confianza sólo puede alcanzarse con justicia y respeto. La paz exige corregir las violaciones y los abusos, rehabilitar a las víctimas y reconciliar a las partes agraviadas. La estrategia de construcción de la paz implica la superación de todos los obstáculos que impiden la aplicación de la justicia con la mirada puesta en la paz. Sólo en ese clima de paz puede echar raíces y florecer la cultura de la paz.
Señor presidente:
Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, entonces la guerra y la proliferación de armas deben ser consideradas como los mayores enemigos del desarrollo de los pueblos. Al acabar con la carrera de armamentos puede comenzar un proceso de auténtico desarme, con tratados basados en garantías auténticas y factibles. La reorientación de recursos económicos y de otro tipo que se destinan a la carrera de armamentos hacia otras necesidades, como la atención sanitaria básica, la educación para todos y el fortalecimiento de la familia, promoverá y fortalecerá la cultura de la paz.
Señor presidente:
Estos son algunos de los pensamientos que mi delegación desea compartir en el contexto del cuadragésimo aniversario de la «Pacem in Terris» («Paz en la Tierra»), la épica encíclica del Papa Juan XXIII. Permítanme concluir estas palabras de esa encíclica: «El mundo no será nunca la morada de la paz hasta que la paz no encuentre su morada en el corazón de todas y cada una de las personas».
Gracias, señor presidente.
El Papa Juan Pablo II es el número 1 de la selección polaca
11 de noviembre, 2003
CIUDAD DEL VATICANO
En un encuentro muy emotivo, integrantes del seleccionado de fútbol de Polonia le entregaron el martes al Papa Juan Pablo II una camiseta de la selección de su país, en una audiencia de la que también participó el equipo nacional italiano.
En la reunión, el jefe de la Iglesia Católica recibió la camiseta del seleccionado polaco, país del que Juan Pablo II es oriundo, con su nombre impreso y el número uno en la espalda.
Los integrantes del combinado polaco formaron al lado de sus pares italianos.
Por su parte, el seleccionado italiano le dio al Papa, de 83 años y quien fuera futbolista en su juventud, una pelota de fútbol de cristal y una camiseta autografiada momentos antes de posar con él, a un día del amistoso ante Polonia en Varsovia.
El Papa no dio indicaciones sobre cuál de los dos equipos contará con su simpatía el miércoles, pero le dijo a los integrantes del plantel italiano: "Voy a rezar una oración para cada selección", según informó la agencia de noticias italiana AGI.
Hans Küng, ¿un teólogo contra el Papa?
La decisión del Cardenal Arzobispo de Barcelona, prohibiendo que tuviese lugar en la parroquia de Santa María del Pi la presentación de las "Memorias" de Hans Küng, ha levantado una cierta polémica. ¿Volvemos a la época de la Inquisición, se preguntan algunos? ¿La Iglesia católica es tan autoritaria que pretende amordazar toda voz crítica? No faltan tampoco quienes celebran la determinación del Cardenal: Un templo parroquial, razonan, no debe de servir de marco a la exposición de opiniones que, a buen seguro, serán discrepantes con la doctrina de la Iglesia e, incluso, particularmente ácidas con la figura del Papa.
Hans Küng se ha convertido, desde hace ya décadas, en símbolo del "disenso". El teólogo suizo, otrora perito conciliar en el Vaticano II y Profesor de Teología en la Universidad de Tubinga, ha agigantado progresivamente la distancia que separa su pensamiento de la doctrina de la Iglesia. Su libro "¿Infalible? Una pregunta", en el que rechaza la infalibilidad pontificia (es decir, la inmunidad al error del magisterio del Papa, cuando éste proclama por un acto definitivo la doctrina que debe sostenerse en materia de fe y de costumbres), supuso la ruptura de la a veces tenue frontera que divide la discrepancia de la disidencia. Esta obra colmó el vaso de la paciencia romana, y la Congregación para la Doctrina de la Fe, después de un proceso, le privó del título de teólogo católico. Desde entonces, algunas de sus obras - en las que relativiza la divinidad de Cristo y la doctrina de la Trinidad - y, de modo más llamativo aun, sus posicionamientos públicos en contra del Papa, han hecho que la "reconciliación" con Roma parezca difícil, si no imposible.
¿Pero qué significa "teólogo disidente"? El sustantivo y el adjetivo no casan bien; se contraponen entre sí, se contradicen: es como hablar de un "círculo cuadrado" o de un "creyente ateo". El verdadero teólogo no se siente nunca fuera, al margen, o por encima de la Iglesia. Porque sin Iglesia no hay teología; no, desde luego, teología católica. La teología no crea la fe, no la inventa, no la cambia. La teología se remite siempre, si quiere ser fiel a su naturaleza, a la revelación que Dios confió, a través de Jesucristo, a los Apóstoles y a la Iglesia. Lo mismo que la fe es eclesial, porque creemos en la Iglesia y con ella, así la teología es eclesial, si no quiere desvirtuarse, dejando de ser teología para convertirse en un genérico e inespecífico discurso sobre cuestiones religiosas.
La eclesialidad de la teología, y la consiguiente misión eclesial del teólogo, tiene consecuencias incluso canónicas. La autoridad de la Iglesia tiene el derecho, y más aun el deber - muchas veces oneroso - , de intervenir en defensa de la fe del Pueblo de Dios, cuando ésta es amenazada por quienes, contradiciendo incluso la ética profesional, enseñan o difunden opiniones que poco o nada tienen que ver con el Credo.
Desde siempre, desde los orígenes del cristianismo, hay quienes han preferido secundar las diversas "gnosis", es decir, las especulaciones puramente humanas, antes que aceptar la regla de la fe. Pero las gnosis no salvan, ni pueden tampoco aportar a la vida el horizonte de novedad que sólo proviene de Dios. La pretensión de una teología autodenominada "critica", basada más en el recurso a investigaciones supuestamente históricas que en el depósito de la fe - contenido en la Sagrada Escritura y en la Tradición, e interpretado autorizadamente por el Magisterio -, es una pretensión fallida. Privada del suelo nutricio de la Iglesia, esa teología se convierte, más tarde o más temprano, en estéril y tiene, como tal, muy poco que aportar al hombre en su indeclinable búsqueda del sentido; que es, de un modo implícito o consciente, búsqueda de Dios y hambre de Jesucristo.Guillermo Juan Morado
Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... pero pozos al fin.
Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros aún más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado. Un día llegó a la ciudad una " moda " que seguramente había nacido en un pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie, debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y revistas especializadas.
Pasó el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior...
Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No paso mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior. Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad...
Quizá a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerme más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido...
Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo comenzó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...
Un día, sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: Adentro, muy adentro, y muy en el fondo encontró agua... !!! Nunca otro pozo había encontrado agua...
El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia afuera. La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después...
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar "el vergel". Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.
Ningún milagro -contestaba el vergel- hay que buscar en el interior, hacia lo profundo...
Muchos quisieron seguir el ejemplo del vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más, para llenarse de más y más cosas...
En la otra punta de la ciudad otro pozo decidió correr también el riesgo al vacío... Y también empezó a profundizar... Y también llegó al agua... Y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...
¿Que harás cuando se termine el agua? - le preguntaban.
No sé lo que pasará -contestaba- Pero, por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay. Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento. Un día, casi por casualidad los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma... Que el río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se habría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:
La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar...
Lecturas del 12-11-03 (Miércoles de la Semana 32)
SANTORAL: San Josafat
Lectura del libro de la Sabiduría 6, 1-11
¡Escuchen, reyes, y comprendan! ¡Aprendan, jueces de los confines de la tierra! ¡Presten atención, los que dominan multitudes y están orgullosos de esa muchedumbre de naciones! Porque el Señor les ha dado el dominio, y el poder lo han recibido del Altísimo: él examinará las obras de ustedes y juzgará sus designios.
Ya que ustedes, siendo ministros de su reino, no han gobernado con rectitud ni han respetado la Ley ni han obrado según la voluntad de Dios, él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina, ya que un juicio inexorable espera a los que están arriba.
Al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán examinados con rigor. Porque el Señor de todos no retrocede ante nadie, ni lo intimida la grandeza: él hizo al pequeño y al grande, y cuida de todos por igual, pero los poderosos serán severamente examinados.
A ustedes, soberanos, se dirigen mis palabras, para que aprendan la Sabiduría y no incurran en falta; porque los que observen santamente las leyes santas serán reconocidos como santos, y los que se dejen instruir por ellas, también en ellas encontrarán su defensa. Deseen, entonces, mis palabras; búsquenlas ardientemente, y serán instruidos.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 81, 3-4. 6-7 (R.: 8a)
R. Levántate, Señor, juzga a la tierra.
¡Defiendan al desvalido y al huérfano,
hagan justicia al oprimido y al pobre;
libren al débil y al indigente,
rescátenlos del poder de los impíos! R.
Yo había pensado: «Ustedes son dioses,
todos son hijos del Altísimo.»
Pero morirán como cualquier hombre,
caerán como cualquiera de los príncipes. R.
X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes.» Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado.»
Palabra del Señor.
Reflexión
En este pasaje, no nos vamos a detener en el milagro, sino en el agradecimiento de un extranjero, un samaritano y la ingratitud de los otros nueve curados, israelitas todos ellos.
Los diez leprosos tuvieron fe en Jesús porque le gritaron: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros. Y Jesús no los rechaza, realiza el milagro, devolviéndoles una vida normal.
Siguen creyendo en Jesús cuando los manda a presentarse a los sacerdotes y van.
Pero quedan curados y sólo el samaritano, que por cierto los superaba en fe, regresa a Jesús agradecido alabando a Dios.
A Jesús le molestó la falta de agradecimiento de los otros nueve, y en cambio le agradó la fe agradecida del extranjero.
Y entonces Jesús le dijo: “Vete: tu fe te ha salvado”.
Jesús le da la gracia de una gran curación y liberación, le da como premio a su fe una curación integral física y espiritual.
Hoy nosotros, cristianos, tal vez nos creemos con derechos y privilegios por estar bautizados, por estar en la Iglesia, y sin embargo, cuántas veces somos desagradecidos a los dones del Señor.
Muchas veces, personas alejadas de Dios, pero sin embargo personas de buena voluntad, son mucho más agradecidos, cuando se encuentran con Dios.
No seamos nosotros como los leprosos, todos ellos judíos y probablemente cumplidores de las leyes, y sin embargo con tan poca delicadeza para agradecer a Dios.
No seamos ingratos, indiferentes a los regalos que nuestro Padre nos hace cada día, sobre todo a esos regalos que nos hace por medio de Cristo, su Hijo. El perdón de los pecados y la vida nueva que nos regala en el sacramento de la reconciliación. Jesús mismo que se nos regala en la Eucaristía, no pueden pasar inadvertidos para nosotros: NO podemos no dar gracias por esos regalos.
Pidamos a María que nos enseñe a ser agradecidos a Dios por los dones que recibimos y así poder trasmitir aliento y optimismo a los que nos rodean.
Gracias, Señor, por el día,
por tu mensaje de amor
que nos das en cada flor;
por esta luz de alegría,
te doy las gracias, Señor.
Gracias, Señor, por la espina
que encontraré en el sendero,
donde marcho pregonero
de tu esperanza divina;
gracias, por ser compañero.
Gracias, Señor, porque dejas
que abrase tu amor mi ser;
porque haces aparecer
tus flores a mis abejas,
tan sedientas de beber.
Gracias por este camino,
donde caigo y me levanto,
donde te entrego mi canto
mientras marcho peregrino,
Señor, a tu monte santo.
Gracias, Señor, por la luz
que ilumina mi existir;
por este dulce dormir
que me devuelve a tu cruz.
¡Gracias, Señor, por vivir! Amén.
Himno de la Liturgia de las Horas
SANTORAL: San Josafat
Nació en Ucrania en 1580. Su padre era cónsul. Aprendió a rezar con sus madre, quien continuamente le refería pasajes de los Evangelios. Muchas veces, al llegar a la pasión y muerte del Salvador a Juan se le saltaban las lágrimas.
A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, los partidarios de Bizancio luchaban contra los partidarios de Roma. El joven Juan se inclinaba en favor de Roma.
En 1604, renunció a la vida mundana e ingresó en el monasterio de la Santísima Trinidad de los padres basilios en Lituania. Allí adoptó el nombre de Josafat, denominación de un valle en las cercanías de Jerusalén, en que se habría de realizar el juicio final, como lo dice el libro del profeta Joel.
A semejanza de los antiguos anacoretas, el joven monje se sometió a una disciplina muy estricta. Oró mucho y estudió con pasión los textos sagrados. La fama de su virtud se extendió pronto por la región y fue elegido abad.
Josafat fue nombrado arzobispo de Polotsk, en Lituania, Iglesia que seguía el rito griego. La arquidiócesis abarcaba parte de Polonia y la Rusia Blanca, región esta última donde los cristianos eran hostiles al catolicismo.
Josafat trabajó extraordinariamente para el retorno de los cismáticos a la Iglesia romana. Supo ser oriental y católico al mismo tiempo. Sus enemigos lo tildaban de ladrón de almas.
Su éxito con las conversiones, le atrajo el odio de sus antagonistas quienes decretaron su muerte. Josafat lo sabía, y sabía dónde era el centro de la conjura se hallaba en Vitebsk (ciudad de Polonia). No obstante igual se dirigió al lugar en visita pastoral, mientras mandaba preparar su sepulcro en Polotsk.
En Vitebsk predicó diariamente. Una mañana la multitud invadió el palacio episcopal pidiendo a gritos la muerte del prelado. Josafat estaba en la iglesia, orando.
Al enterarse, corrió a donde estaban los intrusos maltratando a sus servidores y se entregó.
Todos se precipitaron sobre el santo, golpeándolo, hasta que un puñal le quitó la vida y fue arrojado a las aguas del Duina.
Se cuentan innumerables milagros obrados por su intercesión, entre ellos el de la conversión de sus propios verdugos a la Iglesia católica.