Boletín Informático de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

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3 de octubre de 2007

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Red Pionera

Ponce, Puerto Rico

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 Abre ventana submarina
Francisco Quiñones Maldonado
Cabo Rojo

Natalia Álvarez y Geisha Pérez, alumnas de la escuela elemental Antonio Acarón de Cabo Rojo, tuvieron una singular experiencia educativa que seguramente jamás olvidarán.

Ambas niñas, integrantes del programa Semillas para el Ambiente de la organización Caborrojeños Pro Salud y Ambiente, junto a otros 20 compañeros de escuela recorrieron el entorno marino por la Vereda Interpretativa Submarina de Isla Ratones, diseñada por la bióloga marina Ana M. Trujillo.

Tras observar las variedades de corales y criaturas marinas en un recorrido de menos de 50 metros de distancia, Natalia catalogó la experiencia como “brutal”. Usó está palabra para referirse al impacto que le causó este panorama submarino de encanto a sus 11 años.

“Estuvo brutal por lo de nadar y ver los corales”, manifestó la niña, quien confesó que hasta ese día sólo había visto un coral en las láminas de los libros de ciencia. “Vi unos peces que nunca había visto y unos corales, que yo nunca había visto. En láminas se ven como si fueran de embuste.”.

Las expresiones de Natalia contaron con el aval de Geisha, quien con palabras sencillas expuso la gran emoción que le causó el evento. “A mí me gustó la experiencia porque pudimos bucear y conocer muchas especies de corales. Vimos el pez globo en su casita, vimos el pez que tiene la cola amarilla”, dijo.

Sin embargo, la experiencia educativa de estos estudiantes comenzó desde mucho antes de sumergirse en el mar para ver los corales y las criaturas submarinas. Al llegar al cayo, los recibió Trujillo con un juego que ella diseño.

El nombre del juego es “Adivina quien soy”. Tras sacar una tarjeta con el nombre de una de las especies que puede encontrarse en el ecosistema del islote, el niño comienza a recibir pistas que lo lleven a adivinar de qué animal o componente del entorno natural se trata.

El juego es el preámbulo a la incursión en el mar, que a su vez es precedida por una pequeña sesión de entrenamiento. En esta fase entra en acción el instructor de buceo Osvaldo Valentín, que los orienta sobre la práctica del ‘snorkeling’ y cómo comportarse en el agua.

En grupos de dos, los alumnos entran al agua, supervisados por Mayra Vincenty, otra bióloga marina y coordinadora del programa Semillas para el Ambiente de la organización. Es entonces cuando comienza el recorrido por unos diez bancos de coral debidamente señalados y rotulados.

El recorrido está demarcado por unas diez boyas interconectadas en la superficie por una cuerda blanca. Abajo hay un arrecife artificial al que está sujetado la boya con una cadena plástica color amarilla.

Bajo el agua, entre el arrecife y la boya y sujeto también por la cadena, hay un rótulo de acrílico en el que se le ofrece al visitante más información sobre el coral y lo que verá en ese arrecife.

Así los niños tienen la oportunidad de observar las distintas variedades del coral, los valles de talacea (una planta marina que constituye el principal alimento del manatí) y experimentar fugaces encuentros con pulpos, langostas y una gran variedad de peces y otras criaturas marinas que han convertido estos arrecifes en su hábitat.

La experiencia es fascinante, no sólo por los vívidos y exuberantes colores del entorno marino, sino también por la biodiversidad que caracteriza ese recorrido de menos de 50 metros de longitud y a una profundidad no mayor de seis pies, según explicó Trujillo.

“Hemos visto carruchos, un nudibranquio, descubrimos una especie de coral que no habíamos visto. Para la distancia, es una gran biodiversidad”, dijo Trujillo, quien hizo el recorrido junto a algunos de los estudiantes.

Otras de las especies que, según la bióloga marina, pueden observarse durante el recorrido lo son anémonas, poliquetos (gusanos marinos) peces sargento, isabelitas, estrellas de mar, corales pétreos y corales blandos.

(www.endi.com)

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 Centennial convoca a universitarios a contar sus historias de éxito

Si cuentas tu camino al éxito podrías ganar una beca de 1,000 dólares. La compañía de telefonía móvil Centennial de Puerto Rico anuncia su certamen Becas camino al éxito en la cual estudiantes universitarios podrían ganar 1 de 10 becas para su educación universitaria.

La convocatoria estará abierta desde el 15 de septiembre hasta el 15 de noviembre de 2007. Esta iniciativa va dirigida a motivar a que los estudiantes universitarios cuenten sus historias de éxito ya sean personales, familiares o del campo académico, donde hayan alcanzado metas o vencido obstáculos que puedan servir de inspiración para que otros puedan alcanzar el éxito.

"Estamos muy entusiasmados con esta iniciativa ya que es parte de nuestro compromiso con la educación de Puerto Rico pues entendemos que la educación es el único camino seguro al éxito. Estamos llevando a cabo este esfuerzo porque sabemos que los estudiantes universitarios enfrentan muchos retos en esa etapa, que posteriormente se convierten en logros e historias para contar, y éstos pueden servir para inspirar y motivar a otros a alcanzar sus metas. Esta es nuestra manera de reconocer a los estudiantes, aportando y siendo facilitadores en la educación de los profesionales del mañana", manifestó Moira Tamayo, vicepresidenta de Mercadeo de Operaciones Inalámbricas para Centennial Puerto Rico.

Para participar los estudiantes deben someter su historia de no más de dos páginas. Los participantes tienen que declarar y certificar que la historia es real y que puede ser comprobable.

Las historias pueden ser enviadas por correo electrónico a becascaminoalexito@centennialpr.com y también por correo regular a: Becas camino al éxito, Relaciones Públicas PO Box 71514 San Juan, Puerto Rico 00936-8614 ó entregarlas en las oficinas centrales de Centennial en la Calle San Roberto en Río Piedras.

La selección de las historias está a cargo de un jurado evaluador compuesto por tres representantes nombrados por Centennial. Entre éstos se incluirá a un educador, un líder empresarial o comunitario y un directivo de la empresa. El jurado evaluará la redacción, originalidad, profundidad e impacto de los hechos que presenten en el escrito. Los ganadores de las becas serán anunciados durante el mes de noviembre y las becas se otorgarán en diciembre.

Las historias seleccionadas formarán parte de la campaña Camino al éxito y serán publicadas por Centennial en su página de Internet y en otros medios de comunicación dándole crédito al autor y protagonista.

Para más información puede acceder a
Centennial Puerto Rico.

(www.universia.pr

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 Corea del Norte acepta una agenda para su desnuclearización
Pekín

Los seis países participantes en las negociaciones multilaterales sobre el programa nuclear norcoreano anunciaron hoy en un comunicado que el desmantelamiento del reactor nuclear de Yongbyon quedará concluido el próximo 31 de diciembre y que Estados Unidos liderará la supervisión y la financiación del proceso de desnuclearización de Pyongyang en las próximas dos semanas.

Corea del Norte se ha comprometido a facilitar una "declaración completa y correcta" sobre su programa nuclear y a concluir el desmantelamiento de su principal reactor nuclear el próximo 31 de diciembre, en virtud del acuerdo a que ha llegado con los otros cinco países negociadores --Corea del Sur, Estados Unidos, Rusia, Japón y China-- y que fue hecho público hoy.

El viceprimer ministro de Asuntos Exteriores chino, Wu Dawei, añadió que en el marco del acuserdo Estados Unidos liderará la supervisión del desmantelamiento de las instalaciones y financiará las primeras actividades en este sentido.
"El desmantelamiento del reactor experimental de cinco megawatios de Yongbyon, de la planta de reprocesamiento de Yongbyon y de la instalación de producción de energía nuclear de Yongbyon quedará concluido el 31 de diciembre de 2007", prosiguió Wu. El acuerdo es el resultado de las negociaciones celebradas la semana pasada en Beijing, en las que participaron los seis países.

(www.abc.es

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 Una «isla» de hielo ártico se parte en dos y se dirige al sur
J. M. NIEVES.
MADRID

El 13 de agosto de 2005 los medios de comunicación de todo el mundo reflejaron en sus portadas una noticia preocupante. Un enorme bloque de hielo de 66 kilómetros cuadrados (el equivalente a más de diez mil campos de fútbol) se había desprendido de la plataforma helada de Ayles, en el Ártico canadiense, y quedaba a la merced de las gélidas corrientes oceánicas. Se trataba, y se trata, del mayor desprendimiento de hielo jamás detectado por los científicos.

La gran plataforma, una auténtica isla de 15 km de longitud por 5 km de anchura y más de cuarenta metros de espesor, había quedado encallada en las costas del norte de Canadá. Pero su «siesta» estaba destinada a durar poco. Ahora, y mucho más rápido de lo que se esperaba, la gran plataforma helada se ha roto en dos partes que se dirigen, a distintas velocidades, hacia mar abierto. Y una de ellas, que en apenas una semana ha conseguido recorrer casi 100 kilómetros, se dirige directamente hacia las instalaciones de gas y petróleo de Alaska.

Luke Copland, uno de los científicos de la Universidad de Ottawa que sigue el devenir de este gigante de hielo, se muestra, en declaraciones realizadas a la cadena británica BBC, muy sorprendido por el hecho de que la «isla» se esté dirigiendo de forma tan decidida hacia el sur. «Resulta poco corriente -afirma el investigador- que un bloque de hielo vaya a la deriva en dirección sur a tanta velocidad. En el pasado, otros grandes fragmentos helados se habín quedado, tras su desprendimiento, dentro del Océano Ártico, o habían llegado como mucho hasta la zona norte de las islas Reina Isabel.
Escasez de hielo

Para Copland, la causa que está empujando la isla tan lejos hacia el sur está en la escasez de hielo marino en el Ártico este verano. Nunca, desde que se comenzó a medir el deshielo estival con satélites en 1979, se había detectado una reducción de la superficie marina helada como la de este año. El pasado 16 de septiembre, el National Snow and Ice Data Center de Estados Unidos (NSIDC), midió una extensión de 4,13 millones de km cuadrados de hielo en el Ártico, muy por debajo del mínimo anterior, de 5,32 millones de km, registrado en 2005.

«La escasez de hielo marino registrada este verano -asegura Copland- ha jugado sin duda un papel destacado. En condiciones normales, el hielo del mar bloquea el paso de estos grandes bloques, pero la escasa cantidad registrada este año, ha dejado abierto el camino hacia el sur».
Este anormal desplazamiento hacia aguas más cálidas y que por lo tanto favorecen el deshielo, ha contribuido a que el enorme bloque se rompa en dos partes y se funda con una rapidez no observada hasta el momento. Según los investigadores, en estas condiciones las dos partes de la «isla» no durarán más de diez años, cinco veces menos de lo que sería habitual si se hubiera quedado en el Océano Ártico. Las últimas mediciones realizadas sobre el terreno, el pasado mes de mayo, revelan que la placa tiene, de media, entre 42 y 45 metros de espesor.

Preocupa especialmente a los científicos el hecho de que una de las dos mitades se esté dirigiendo a mucha velocidad (unos 90 km semanales) hacia Alaska, donde abundan las plataformas de gas y petróleo.

(www.abc.es

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 Juan Pablo II no pidió la eutanasia. Hablan las pruebas
Aclaración del doctor Renzo Puccetti, especialista en Medicina Interna
ROMA, 2 octubre 2007

Publicamos el artículo que ha escrito para Zenit el doctor Renzo Puccetti, especialista en Medicina Interna y secretario del Comisión «Ciencia y Vida» de Pisa-Livorno (Italia), en el que analiza el artículo de la doctora Lina Pavanelli, médica anestesista, que con el título «La dulce muerte de Karol Wojtyla» publicó el último número de la revista italiana «MicroMega» (5/07) para afirmar que a Juan Pablo II se le aplicó la eutanasia.

* * *

Ha suscitado una cierta atención entre los medios de comunicación, más que nada por la relevancia de la personalidad objeto de debate, un reciente artículo publicado en una revista de política, según el cual el Papa Juan Pablo II habría muerto como consecuencia de una omisión terapéutica, voluntariamente elegida por el mismo pontífice en calidad de paciente (1). La autora, médica anestesista y activista política, reconoce directamente que el propio trabajo no es el resultado de un conocimiento directo de la situación clínica del paciente, pues nunca atendió directamente a Karol Wojtyla, sino de una búsqueda por Internet para obtener «noticias, notas de agencias y artículos de periódico», incluido el reciente libro escrito por el protomédico pontificio, el doctor Renato Buzzonetti (2).

El artículo tiene dos partes. En la primera la autora, basándose en elementos recogidos con las modalidades ya enunciadas, proporciona una evaluación personal de las últimas semanas de vida del Papa Juan Pablo II. Es una reconstrucción que, al menos en la intención, debería ser de tipo técnico-científico, mientras que en la segunda parte, esta reconstrucción quiere ser una valoración bioética sobre los problemas que plantean los enfermos terminales y la eutanasia

Trataremos de mostrar cómo, siguiendo el mismo itinerario metodológico, es posible llegar a conclusiones exactamente opuestas a las referidas por la autora del artículo. La tesis sostenida en ese artículo se puede resumir así: en las últimas semanas de vida del Papa Juan Pablo II, por la dificultad de deglutir causada por el mal de Parkinson, habría sido necesario introducirle una sonda nasogástrica y activar la alimentación enteral bastante antes de lo que se hizo. Según la autora, que considera «improbables» eventuales omisiones de los sanitarios que siguieron al pontífice, el retardo en emprender la alimentación artificial habría que imputarlo, como única hipótesis «plausible», al mismo Papa Karol Wojtyla, que, aún estando «informado» y habiendo «comprendido» «la gravedad de la situación y las consecuencias de la elección», la habría «rechazado» (3); tal procedimiento habría sido considerado por el mismo paciente como un «encarnizamiento terapéutico» (4). Y sin embargo la decisión del pontífice de no alimentarse habría anticipado en mucho la crisis fatal, perjudicando las defensas inmunitarias del Papa. La autora es perentoria: «Karol Wojtyla habría podido vivir todavía mucho, pero esta opción él la descartó» (5).

En el artículo afirma que la naturalidad de la muerte del Papa sería sólo aparente, «dulcemente falsa» (5). Juan Pablo II habría sido «acompañado con dulzura por un itinerario menos gravoso hacia un fin menos dramático del que habría podido encontrar» (6).

Partiendo de esta aserción, cita luego varios documentos oficiales de la Iglesia, en los que se explica el deber de ofrecer hidratación y alimentación artificial a los pacientes, para acusar por último a los católicos y al mismo Papa de incoherencia (no es casualidad el que en el inicio del artículo se cita el pasaje del Evangelio de Mateo 7, 3).

Según la moral católica, «cuando el paciente rechaza conscientemente una terapia salvavida, su acción, unida al comportamiento remisivo-omisivo de los médicos, debe ser considerada eutanasia, es decir, más precisamente, suicidio asistido» (7).

Por este motivo, según la médica autora del artículo, no hay diferencia alguna entre el caso del italiano Piergiorgio Welby [activista político, de 61 años, enfermo de una grave distrofia muscular, a quien se le desconectó el respirador el 20 de diciembre de 2006 en medio de un debate mundial sobre la eutanasia, ndr.] y la muerte de Karol Wojtyla: «la única diferencia es que a uno se le retiró, a petición propia, la asistencia tecnológica necesaria para hacerle respirar. Al otro, en cambio, por su voluntad, la asistencia no fue nunca proporcionada. Ambos pacientes murieron por falta de un instrumento indispensable para mantenerles con vida» (6).

Otro análisis

Abundamos en citas para no incurrir en malentendidos y de aquí procedemos a un análisis alternativo de los hechos. Sobre el presunto retardo en el inicio de la nutrición mediante sonda nasogástrica, la autora remonta la necesidad de tal ayuda a los «dos últimos meses de vida» del Papa (6), por tanto a los inicios de febrero, presuponiendo un retardo terapéutico de unos dos meses, atribuyendo al día 30 de marzo la colocación de la sonda (8). El Santo Padre no habría sido suficientemente alimentado durante casi dos meses, desde principios de febrero hasta finales de marzo. Y sin embargo existen una serie de elementos que contradicen esta presunción, alguno referido incluso por la misma autora.

La tarde del 1 de febrero, el Papa estaba cenando (9), por tanto era capaz de alimentarse, pero al no poder respirar, se dispuso su hospitalización en el Policlínico Gemelli, donde permaneció hasta el 10 de febrero. El 3 de febrero, el portavoz Navarro-Valls, informando sobre las condiciones generales del Santo Padre, añade que «se alimenta regularmente y hay que excluir alimentación alternativa» (10). La afirmación no parece convencer a la doctora Pavanelli, la cual parece sugerir que ya en este periodo, contrariamente a las declaraciones oficiales, se habría manifestado una insuficiente alimentación que hubiera hecho necesaria la sonda nasogástrica. Una hipótesis que mal se concilia con el hecho de que la eventual disfagia a menudo no se presenta sólo por los alimentos sólidos sino también por los líquidos y se acompaña con el peligro de pulmonía «ab ingestis» (11). Es una situación que hubiera hecho necesaria la colocación urgente de la sonda nasogástrica incluso con fines preventivos; el supuesto rechazo por el paciente es incongruente con su consenso a la siguiente y mucho más invasiva intervención de traqueotomía.

Que el problema nutricional no debía ser especialmente relevante se deduce además del hecho de que todavía el 23 de febrero, en vísperas de su última hospitalización, el Santo Padre estaba cenando (12) y según la declaración del 24 de febrero del director del Centro Parkinson de los Institutos Clínicos de Milán, el profesor Gianni Pezzoli, el Papa «tras su primera estancia en el hospital se repuso muy bien» (5). Inmediatamente después de la operación de traqueotomía, las fuentes informan de una reanudación de la alimentación (un café con leche, diez galletitas y un yogurt) (13); es difícil pensar en una repentina recuperación de la capacidad de deglutir, si la había perdido desde casi un mes. Conociendo además la pericia de los sanitarios del Gemelli y la prolongada relación de confianza entre éstos y Juan Pablo II, junto a su absoluta y total confianza en la Madre de Dios, es difícil pensar en una negligencia en la vigilancia de los síntomas disfágicos, durante todo el periodo de la última hospitalización, que se prolongó hasta el 13 de marzo. El doctor Buzzonetti precisó a continuación que la sonda nasogástrica fue introducida al Papa desde el lunes santo, es decir desde el 21 de marzo (14) y que durante el Vía Crucis del viernes santo las cámaras de televisión le enfocaron en su capilla privada de espaldas para no mostrar la sonda.

La presunta omisión no se referiría por tanto a dos meses sino, en el peor de los casos a sólo ocho días, un intervalo en el que es posible y verosímil una actitud de los médicos de espera, en la esperanza de una posible mejoría de la capacidad de deglutir. Al no presentarse esta mejoría, es posible que los médicos decidieran aplicar la sonda. No se comprende tampoco por qué motivo la doctora considera que quedó reducida la eficacia de la sonda por las breves interrupciones de pocos minutos producidas cuando el Papa se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para saludar a los peregrinos (15). No puede dejar de suscitar una cierta admiración la capacidad de la doctora para describir de manera contradictoria en dos artículos distintos la misma maniobra de remoción y aplicación de la sonda. En el primer la considera «para nada arriesgada» (3), «sencilla y poco traumática» (16), luego la define como un tormento (15).

Pero si es posible causa todavía más estupor la puesta en tela de juicio del concepto de muerte natural que, según la autora, no se verifica en la realidad con frecuencia significativa. Sorprende en efecto que la expresión del Papa Benedicto XVI «ocaso natural», sea interpretada como una muerte sin asistencia y sin modificación del curso natural de la enfermedad (5), en vez de una muerte que tenga en cuenta al hombre, su naturaleza ontológicamente racional, respetándolo, una muerte que se produzca mientras se proporcionan cuidados razonables, o, más propiamente, proporcionados a la situación. La doctora parece más de una vez querer transmitir la idea de que, atendiendo cada vez los fallos que se crean en los diversos órganos de un organismo gravemente enfermo, se pueda postergar el final en una medida casi indefinida (5; 17), casi como si, resuelto el problema nutricional, el Papa Karol Wojtyla hubiera podido vivir con toda seguridad mucho tiempo. Lamentablemente la literatura científica enseña que, tras más de diez años de enfermedad, a pesar de todas las modernas ayudas terapéuticas disponibles, los pacientes aquejados del mal de Parkinson, siguen teniendo una mortalidad en un 350% mayor que sus coetáneos no aquejados de esta patología (18).

Por último, la postura de la autora parece fuertemente influenciada por una lectura retrospectiva de los hechos, olvidando, al menos así parece, que en medicina con frecuencia la naturaleza de las acciones y omisiones se revela sólo a través del tiempo que decreta sus consecuencias. Es una consideración que marca una diferencia evidente entre el caso Welby y el del Papa Karol Wojtyla. En el primer caso se sabían muy bien las consecuencias de desconectar del paciente el aparato de respiración (una consecuencia buscada, querida por el paciente y compartida por el médico). En el segundo, la honestidad impone reconocer que el teóricamente posible, si bien improbable y no demostrado, retardo en algún día en la activación de la alimentación artificial, haya sido dictado por situaciones contingentes, que desconocemos, quizá por esperar al momento oportuno para realizar una PEG (Gastrostomía Percutánea Endoscópica) (19), o en una recuperación por parte del paciente.

Esto nos conduce así a la interpretación por así decir «bioética» de los hechos, proporcionada por la autora, que usa de manera impropia textos oficiales de la Iglesia y del Magisterio, junto a resoluciones de autorizados consensos bioéticos y de autores católicos, para afirmar que éstos sostienen que cualquier omisión de una terapia para salvar la vida haya que considerarla como eutanasia y que, en cuanto tal, implica al paciente que voluntariamente rechaza tales cuidados junto a los médicos que secundan tal petición (7). Esta perspectiva distorsiona completamente el mismo contenido de los documentos de la Iglesia, que siempre, junto a la clara indicación de la norma general, se apresuran a subrayar la necesidad de analizar la materia y las circunstancias, para dar un juicio moral sobre los actos.

Además, la doctora no tiene en cuenta la intención del agente, como desde 1980 ha claramente indicado la Congregación para la Doctrina de Fe, en su declaración «Iura et bona», que define la eutanasia como la muerte procurada «con el fin de eliminar todo dolor» (20). Como señala el profesor Pessina, hay una gran diferencia entre una pedir la muerte y poner la propia vida al servicio de los demás a través de la categoría del «sacrificio» (21). No captar la diferencia entre la eutanasia y el comportamiento de Juan Pablo II, es no ver la diferencia entre el reservarse y el entregarse. Es una elección que une a cuantos, aún considerando la vida como un bien primario, no la han considerado como el bien absoluto, y recordando que «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Juan 15, 13), no han rechazado su ejemplo sino que lo han repetido hasta el fin: «Totus tuus» (22).

Bibliografia:

1) Lina Pavanelli, «La dolce morte di Karol Wojtyla», in MicroMega 5/2007, pag. 128-140, http://micromega.repubblica.it/micromega/2007/09/la-dolce-morte-.html.
2) Ibid. pag. 129.
3) Ibid. pag. 137.
4) Ibid. pag. 132.
5) Ibid. pag 135.
6) Ibid. pag. 136.
7) Ibid. pag. 138.
8) Ibid. pag. 133.
9) Stanislaw Dziwisz, Una vita con Karol, Rizzoli, 2007 pag. 219.
10) Lina Pavanelli, op. cit., pag. 131.
11) E. Alfonsi e coll, La disfagia oro-faringea nelle sindromi parkinsoniane. Aspetti clinico-elettrofisiologici e terapeutici, Presentazione orale al XXXIII Congresso Nazionale LIMPE, Stresa 15-17 novembre 2006.
12) Ibid. 9, pag. 220.
13) «Dopo la tracheotomia, il Papa si alimenta normalmente e respira autonomamente», ZENIT, 25 febbraio 2005, http://www.zenit.org/article-5576?l=italian.
14) Luigi Accattoli, «Quel sondino che nutriva Wojtyla», in Corriere della Sera 15 S
settembre 2007, http://wwwcorriere.it/Primo_Piano/Cronache/2007/09_Settembre/15/sondino_wojtyla.shtml.
15) Lina Pavanelli, op. cit.
16) Ibid. 1 pag. 132.
17) Ibid. 1 pag. 134
18) Chen H et al, Survival of Parkinson's disease patients in a large prospective cohort of male health professionals, Mov Disord. 2006 Jul 21(7):1002-7.
19) «Papa, niente udienza del mercoledì e si parla di un nuovo intervento», La Repubblica, 29 marzo 2005, http://wwwrepubblica.it/2005/c/sezioni/esteri/papa3/udienz/udienz.html.
20) Sacra Congregazione per la Dottrina della Fede, Dichiarazione sull’eutanasia. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19800505_eutanasia_it.html.
21) Adriano Pessina, Eutanasia. Della morte e di altre cose, Cantagalli 2007, pag. 49-51.
22) Ibid. 9, pag. 221.

(www.zenit.org

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 El 'Big Bang' de Dios
IRENE HERNÁNDEZ DE VELASCO
ROMA

La Iglesia católica siempre ha mirado al cielo. Pero esta vez no lo escudriña en busca de Dios, sino de... galaxias. El Vaticano ha reunido en Roma a nada menos que 216 astrónomos procedentes de 26 países quienes, desde el pasado lunes y hasta el viernes, estarán consagrados a analizar la estructura de los discos galácticos y su evolución en el tiempo. Pero una pregunta subyace bajo esta conferencia internacional organizada por la Santa Sede: ¿es compatible la investigación cosmológica con la creencia en Dios?

"Por supuesto que sí", subraya a EL MUNDO monseñor José Funes, organizador de este congreso y director del Observatorio Vaticano, que con sus 116 años de existencia lleva a gala ser una de las más antiguas instituciones astronómicas del mundo. "El Big Bang no está en contradicción con la existencia de un Dios creador a partir de la nada. Es cierto que el Big Bang no es la prueba de la existencia de Dios, pero tampoco la niega», destaca este sacerdote argentino que, como es tradición en los astrónomos del Papa, pertenece a la orden de los jesuitas.

Monseñor Funes está convencido de que fe y ciencia no son términos contradictorios. "La Iglesia no teme a la ciencia, como algunos quieren hacer creer. Algunos pretenden presentar a la Iglesia como temerosa de que el Big Bang pueda cambiar la interpretación de la Biblia. Pero no es cierto", destaca este cura/investigador de 44 años.

Aunque, por otro lado, monseñor Funes admite que es normal que científicos y religiosos colisionen. "Ha habido y habrá conflictos entre la ciencia y la Iglesia. Un ejemplo es Galileo", reconoce en alusión al famoso astrónomo que en 1633 fue condenado por la Iglesia tras defender que la Tierra giraba alrededor del Sol. "Pero no hay que temer a los conflictos, ya que pueden superarse y nos ayudan a crecer", sentencia Funes.

Conflictos inevitables

Julio Navarro, un reputado astrónomo laico de la Universidad de Massachussets, en EEUU, confirma que ciencia y religión no están reñidas. "En estos momentos la interferencia de la Iglesia en la investigación astronómica es mínima. Es cierto que no siempre ha sido así y que no se puede decir lo mismo de todos los campos científicos. Pero le aseguro que las investigaciones que están realizando los astrónomos del Vaticano siguen los mismos criterios científicos que las que realizamos los astrónomos no religiosos", destaca este investigador, añadiendo que en las publicaciones científicas es imposible distinguir si un artículo ha sido escrito por un astrónomo del Vaticano o por uno laico. "Es más: le diré que los astrónomos religiosos que he conocido son unos acérrimos científicos, mientras que no puedo decir lo mismo de algunos de mis colegas no religiosos", señala.

Porque entre los astrónomos reunidos estos días en Roma hay creyentes, ateos, agnósticos... "Se puede borrar a Dios de la astronomía, pero también encontrarlo a través de ella", asegura Juan Funes.

(www.elmundo.es)

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 Benedicto XVI: La lógica del lucro no puede prevalecer sobre la solidaridad
Homilía del 23 de septiembre en la catedral de Velletri
CIUDAD DEL VATICANO, 2 octubre 2007

Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la catedral de la localidad italiana de Velletri, el 23 de septiembre, al realizar una visita pastoral a esa diócesis.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

De buen grado he vuelto a vosotros para presidir esta solemne celebración eucarística, respondiendo así a vuestra reiterada invitación. He vuelto con alegría para encontrarme con vuestra comunidad diocesana, que durante varios años fue, de modo singular, también mía y sigue siendo siempre muy querida.

Os saludo a todos con afecto. En primer lugar, saludo al señor cardenal Francis Arinze, que me ha sucedido como cardenal titular de esta diócesis. Saludo a vuestro pastor, el querido mons. Vincenzo Apicella, a quien agradezco las hermosas palabras de bienvenida con las que ha querido acogerme en vuestro nombre. Saludo a los demás obispos, a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los agentes pastorales, a los jóvenes y a todos los que están activamente comprometidos en las parroquias, en los movimientos, en las asociaciones y en las diversas actividades diocesanas. Saludo, asimismo, al comisario de la prefectura de Velletri, a los alcaldes de los ayuntamientos de la diócesis de Velletri-Segni, y a las demás autoridades civiles y militares que nos honran con su presencia.

Saludo a los que han venido de otras partes y, en particular, de Alemania, de Baviera, para unirse a nosotros en este día de fiesta. Mi tierra natal está unida a la vuestra por vínculos de amistad: testigo de esta amistad es la columna de bronce que me regalaron en Marktl am Inn, en septiembre del año pasado, con ocasión del viaje apostólico a Alemania. Recientemente, como ya se ha dicho, cien ayuntamientos de Baviera, me regalaron una columna casi gemela de esa, que será colocada aquí, en Velletri, como un signo más de mi afecto y de mi benevolencia. Será el signo de mi presencia espiritual entre vosotros. Al respecto, deseo dar las gracias a los que me la regalaron, al escultor y a los alcaldes, que veo aquí presentes con muchos amigos. Muchas gracias a todos.

Queridos hermanos y hermanas, sé que os habéis preparado para mi visita con un intenso camino espiritual, adoptando como lema un versículo muy significativo de la primera carta de san Juan: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él" (1 Jn 4, 16). Deus caritas est, Dios es amor: con estas palabras comienza mi primera encíclica, que atañe al centro de nuestra fe: la imagen cristiana de Dios y la consiguiente imagen del hombre y de su camino.

Me alegra que, como guía del itinerario espiritual y pastoral de la diócesis, hayáis escogido precisamente esta expresión: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él". Hemos creído en el amor: esta es la esencia del cristianismo. Por tanto, nuestra asamblea litúrgica de hoy no puede por menos de centrarse en esta verdad esencial, en el amor de Dios, capaz de dar a la existencia humana una orientación y un valor absolutamente nuevos.

El amor es la esencia del cristianismo; hace que el creyente y la comunidad cristiana sean fermento de esperanza y de paz en todas partes, prestando atención en especial a las necesidades de los pobres y los desamparados. Esta es nuestra misión común: ser fermento de esperanza y de paz porque creemos en el amor. El amor hace vivir a la Iglesia, y puesto que es eterno, la hace vivir siempre, hasta el final de los tiempos.

En los domingos pasados, san Lucas, el evangelista que más se preocupa de mostrar el amor que Jesús siente por los pobres, nos ha ofrecido varios puntos de reflexión sobre los peligros de un apego excesivo al dinero, a los bienes materiales y a todo lo que impide vivir en plenitud nuestra vocación y amar a Dios y a los hermanos.

También hoy, con una parábola que suscita en nosotros cierta sorpresa porque en ella se habla de un administrador injusto, al que se alaba (cf. Lc 16, 1-13), analizando a fondo, el Señor nos da una enseñanza seria y muy saludable. Como siempre, el Señor toma como punto de partida sucesos de la crónica diaria: habla de un administrador que está a punto de ser despedido por gestión fraudulenta de los negocios de su amo y, para asegurarse su futuro, con astucia trata de negociar con los deudores. Ciertamente es injusto, pero astuto: el evangelio no nos lo presenta como modelo a seguir en su injusticia, sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora. En efecto, la breve parábola concluye con estas palabras: "El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido" (Lc 16, 8).

Pero, ¿qué es lo que quiere decirnos Jesús con esta parábola, con esta conclusión sorprendente? Inmediatamente después de esta parábola del administrador injusto el evangelista nos presenta una serie de dichos y advertencias sobre la relación que debemos tener con el dinero y con los bienes de esta tierra. Son pequeñas frases que invitan a una opción que supone una decisión radical, una tensión interior constante.

En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y altruismo, entre bien y mal. Es incisiva y perentoria la conclusión del pasaje evangélico: "Ningún siervo puede servir a dos amos: porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo". En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16, 13). La palabra que usa para decir dinero —"mammona"— es de origen fenicio y evoca seguridad económica y éxito en los negocios. Podríamos decir que la riqueza se presenta como el ídolo al que se sacrifica todo con tal de lograr el éxito material; así, este éxito económico se convierte en el verdadero dios de una persona.

Por consiguiente, es necesaria una decisión fundamental para elegir entre Dios y "mammona"; es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad. Cuando prevalece la lógica del lucro, aumenta la desproporción entre pobres y ricos, así como una explotación dañina del planeta. Por el contrario, cuando prevalece la lógica del compartir y de la solidaridad, se puede corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo, para el bien común de todos.

En el fondo, se trata de la decisión entre el egoísmo y el amor, entre la justicia y la injusticia; en definitiva, entre Dios y Satanás. Si amar a Cristo y a los hermanos no se considera algo accesorio y superficial, sino más bien la finalidad verdadera y última de toda nuestra vida, es necesario saber hacer opciones fundamentales, estar dispuestos a renuncias radicales, si es preciso hasta el martirio. Hoy, como ayer, la vida del cristiano exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó incluso al sacrificio de sí mismo en la cruz.

Así pues, parafraseando una reflexión de san Agustín, podríamos decir que por medio de las riquezas terrenas debemos conseguir las verdaderas y eternas. En efecto, si existen personas dispuestas a todo tipo de injusticias con tal de obtener un bienestar material siempre aleatorio, ¡cuánto más nosotros, los cristianos, deberíamos preocuparnos de proveer a nuestra felicidad eterna con los bienes de esta tierra! (cf. Discursos 359, 10).

Ahora bien, la única manera de hacer que fructifiquen para la eternidad nuestras cualidades y capacidades personales, así como las riquezas que poseemos, es compartirlas con nuestros hermanos, siendo de este modo buenos administradores de lo que Dios nos encomienda. Dice Jesús: "El que es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho" (Lc 16, 10).

De esa opción fundamental, que es preciso realizar cada día, también habla hoy el profeta Amós en la primera lectura. Con palabras fuertes critica un estilo de vida típico de quienes se dejan absorber por una búsqueda egoísta del lucro de todas las maneras posibles y que se traduce en afán de ganancias, en desprecio a los pobres y en explotación de su situación en beneficio propio (cf. Am 4, 5).

El cristiano debe rechazar con energía todo esto, abriendo el corazón, por el contrario, a sentimientos de auténtica generosidad. Una generosidad que, como exhorta el apóstol san Pablo en la segunda lectura, se manifiesta en un amor sincero a todos y en la oración.

En realidad, orar por los demás es un gran gesto de caridad. El Apóstol invita, en primer lugar, a orar por los que tienen cargos de responsabilidad en la comunidad civil, porque —explica— de sus decisiones, si se encaminan a realizar el bien, derivan consecuencias positivas, asegurando la paz y "una vida tranquila y apacible, con toda piedad y dignidad" para todos (1 Tm 2, 2). Por consiguiente, no debe faltar nunca nuestra oración, que es nuestra aportación espiritual a la edificación de una comunidad eclesial fiel a Cristo y a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Queridos hermanos y hermanas, oremos, en particular, para que vuestra comunidad diocesana, que está sufriendo una serie de cambios, a causa del traslado de muchas familias jóvenes procedentes de Roma, al desarrollo del sector "terciario" y al establecimiento de muchos inmigrantes en los centros históricos, lleve a cabo una acción pastoral cada vez más orgánica y compartida, siguiendo las indicaciones que vuestro obispo va dando con elevada sensibilidad pastoral.

A este respecto, ha sido muy oportuna su carta pastoral de diciembre del año pasado con la invitación a ponerse a la escucha atenta y perseverante de la palabra de Dios, de las enseñanzas del concilio Vaticano II y del Magisterio de la Iglesia.

Pongamos en manos de la Virgen de las Gracias, cuya imagen se conserva y venera en esta hermosa catedral, todos vuestros propósitos y proyectos pastorales. Que la protección maternal de María acompañe el camino de todos los presentes y de quienes no han podido participar en esta celebración eucarística. Que la Virgen santísima vele de modo especial sobre los enfermos, sobre los ancianos, sobre los niños, sobre aquellos que se sienten solos y abandonados, y sobre quienes tienen necesidades particulares.

Que María nos libre de la codicia de las riquezas, y haga que, elevando al cielo manos libres y puras, demos gloria a Dios con toda nuestra vida (cf. Colecta). Amén.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

(www.zenit.org

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 "Me va la marcha": cuando nuestros hijos descubren la discoteca
Oscar A. Matías

En la discoteca siempre es de noche. Allí parece que puedes experimentar novedades sin poner nada en juego.

“¿Y por qué no? ¡Si va a ir todo el mundo!”.

Clara estaba dispuesta a insistir, hasta que su madre quedara convencida. Pero Nuria, sin saber cómo reaccionar ante esta primera vez, no se sentía con ganas de discutir: “¡No vas y punto! ¡Con catorce años no estás preparada para salir a la discoteca!”. Clara sabía que esa misma noche, cuando llegara su padre, el diálogo sería más fácil, y quizás –con un poco más de suerte- conseguiría convencerlo como otras veces lo había hecho.

El momento, tarde o temprano, acaba llegando. Sobreviene un día en el que ir a casa de los amigos a jugar, salir al cine a ver una película, o dar una vuelta con la bicicleta se acaba convirtiendo en “cosa de niños”. La pandilla le ha estado dando vueltas al asunto durante días, se han hablado entre ellos, conocen a otros que han ido y les han explicado las “maravillas” que ahí encontrarán… hasta que se deciden que ya es la hora de probar.

Además, en estas edades adolescentes, empiezan a sentir la atracción hacia el sexo opuesto. La discoteca será un buen sitio en dónde podrán conocer nueva gente y encontrar esa media naranja que su cuerpo les está pidiendo.

Cuando esta decisión se traslada a los padres puede llegar a ser un problema, tanto si se produce una excesiva permisividad como si hay una absoluta prohibición. Ambos extremos pueden ser contraproducentes. En todo caso lo mejor siempre será que los padres se adelanten a ese momento, sin esperar a que llegue por si solo. Hay que estar prevenidos.

La gran evasión

La noche se acaba convirtiendo en el espacio de libertad del adolescente. Los padres no están presentes, no hay un adulto que les controle, la exigencia del día escolar desaparece y los límites acaban difuminándose. Para muchos la discoteca se convierte en su desahogo, en la válvula de escape que necesitan tras la semana de colegio.

Incluso hay quienes ahí consiguen experimentar un increíble proceso de transformación: tímidos que se vuelven osados, solitarios que se ven acompañados, antipáticos que parecen simpáticos, inocentes que pierden la inocencia, rechazados que son aceptados, mojigatos que resultan audaces y fracasados que consiguen triunfar.

En la discoteca siempre es de noche. En ella muchos creen encontrar la libertad recién descubierta y la quieren estrenar a toda costa. Pueden bailar, beber, charlar, conocer gente, experimentar nuevas sensaciones, estrenar experiencias… sin poner nada en juego. Las luces relampagueantes anulan la vista; la música estridente, el oído; el alcohol, el gusto y el habla; el ambiente cargado, el olfato; y la aglomeración de cuerpos, el tacto. El desajuste de los sentidos obnubila la razón, la comunicación se hace imposible, se habla a gritos y el contacto físico sustituye a las palabras: en una discoteca hay poco que decir.

Y entonces… ¿qué hacer?

Es cierto que para muchos jóvenes las discotecas son la única forma de ocio que conocen. Si entonces prohibimos a nuestros propios hijos e hijas que vayan… ¿qué alternativa les damos? Porque la única opción que puede quedarles es la de quedarse encerrados en casa, con caras largas, perdiendo el tiempo y aburriéndose.

¿Cómo afrontar el tema de las discotecas con un hijo nuestro?

- Informarle sobre lo que se va a encontrar y cómo enfrentarse a ello.

- En ningún momento ir a la discoteca se ha de convertir en la única opción de ocio. Es razonable acudir de vez en cuando, pero no que se convierta en hábito.

- Plantear otras alternativas. Los padres deben preocuparse por educar en el ocio de los hijos. Hay que tener en cuenta que la manera de vivir el tiempo libre influye en la manera de vivir el resto del tiempo. El deporte puede ser una buena solución: quien está enganchado al deporte no lo está a la noche; en cierto modo, son incompatibles.

- Siempre pactar un horario de llegada y establecer sanciones por su incumplimiento. Es muy conveniente ir a buscarlo o, si va otro padre, estar levantados cuando llegue a casa. Aprovecharemos para preguntarle cómo le ha ido, si se lo ha pasado bien, y para observar.

- Saber o informarnos sobre dónde y con quién va.

- Controlar el dinero que gasta

- Conocer bien a nuestro/a hijo/a, no vaya a ser que el deseo de ir a la discoteca no sea sino una forma de enmascarar un problema de personalidad (timidez, sentimientos de inferioridad, inseguridad, etc…).

- Enseñarle habilidades sociales. Si no las tiene, cuando salga a una discoteca o a cualquier sitio, será pasto fácil de los manipuladores de turno.

(www.forumlibertas.com

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 La vocación del intelectual católico
Pablo Cristóbal Jiménez Lobeira.

El intelectual católico no se distingue de cualquier otro intelectual por el tema del que se ocupe, sino por cómo lo aborda.

Esta semana tuve la oportunidad de participar en un foro de jóvenes católicos preocupados por participar en la vida política y social del país. Se me invitó a introducir algunos puntos para la discusión de un tema y a lanzar algunas preguntas que suscitaran el debate. No sé a ciencia cierta cuánto obtuvieron ellos de mí; de lo que estoy seguro es de lo mucho que yo aprendí de ellos y de su entusiasmo y sus ilusiones por buscar un México mejor. Algo tiene la juventud que renueva. Un país con niños y jóvenes debiera estar siempre agradecido de la fortuna de tenerlos.

Como no había tiempo ya, por la apretada agenda de ese encuentro, para redondear y terminar la discusión con algunas conclusiones, pensé escribir la síntesis para compartirlas. Dedico estas líneas a esos jóvenes y a todos los jóvenes católicos que quieren hacer algo por México también en el terreno temporal.

Las preguntas de las cuales partimos para la discusión eran estas: 1º ¿qué es un intelectual católico?, 2º ¿cómo es posible que en un país donde los católicos constituyen un abrumadora mayoría con frecuencia no participan en los foros públicos de discusión sobre temas cruciales de la vida nacional?, 3º ¿cuál debe ser la misión de un intelectual católico en el México de hoy?

Tal vez no sea fácil dar una definición precisa de “intelectual católico”, ni siquiera una de “intelectual” a secas. Pero definitivamente un intelectual católico es un pensador que cree en la revelación que predica la Iglesia católica, y que reflexiona y, hasta cierto punto influye, en temas de discusión de interés para muchos. Ahora bien, no se trata de uno que piensa y habla necesariamente de religión. Hay también intelectuales de la teología o de la vida eclesial. Sin embargo la mayoría de los jóvenes católicos están inmersos en el mundo de la política, de la educación, de la economía, de lo social, de la empresa, del arte. Ahí hacen sus vidas. Esos ámbitos ocupan gran parte de su tiempo. Por lo tanto, si existe una vocación intelectual para ese joven conectado más con la dimensión “temporal” -que pudiéramos llamar para distinguirla de la “eterna” o estrictamente eclesial- de la realidad, por más que esta persona sea católica su distintivo no puede estar en que se dedique a lo que no tiene que ver con lo temporal.

El intelectual católico no se distingue de cualquier otro intelectual por el tema del que se ocupe, sino por cómo lo aborda. Tanto él como otro podrán hablar de la democracia, o de la pobreza, o de un conflicto internacional. Incluso puede coincidir con otros pensadores en lo que hay que hacer, pero cambiará la perspectiva de cómo, en qué medida y sobre todo por qué. El católico cree en una revelación que, entre otras, acarrea la consecuencia de cambiar el orden temporal de las cosas según esa misma revelación. Por la revelación, por ejemplo, el católico sabe que todos los hombres son hijos de Dios. Una consecuencia práctica y que ya roza el orden temporal es la dignidad de cada persona y su valor infinito. Y otra todavía más práctica es que el salario que gana la inmensa mayoría de nuestros compatriotas no da para llevar una vida mínimamente digna. Sabiendo a dónde hay que llegar, al católico toca, en el ámbito temporal de su competencia, proponer caminos que lleven a la solución; esa parte suya nadie la puede sustituir, ni la revelación (ningún libro sagrado dice que el salario mínimo de México a principios del siglo XXI es paupérrimo), ni la Iglesia misma.

Ahora paso a la segunda pregunta. En un país de mayoría católica no se oye, dentro de los foros intelectuales, la voz de quienes profesan esa fe. ¿Qué ha sucedido? ¿A qué se debe un secuestro de más de doscientos años? Baste dar un vistazo a las publicaciones de mayor difusión en diversos campos de las humanidades y las ciencias sociales al día de hoy, para advertir el vacío de aquello que los católicos querrían o podrían haber dicho y no lo dijeron. Parece haber a esto tres motivos que salieron de nuestra reflexión en conjunto.

El primero, es la labor sistemática y, a fin de cuentas eficaz, de grupos intelectuales con fobia hacia los católicos, manifiestamente una parte por lo menos de la masonería que dominó los destinos de México desde los años cuarenta del siglo XIX, y otra parte a cargo de un tipo de socialismo como el de algunos países de Europa donde, por regla general, se considera no sólo el catolicismo sino casi cualquier religión tradicional como un elemento de división, de retraso y de fanatismo que hay que eliminar o por lo menos domesticar en el moderno Estado liberal.

Una segunda explicación posible, un poco dura pero que por lo menos habría que reflexionar, es que, aunque seamos un país nominalmente católico, muchos vivimos un ateísmo práctico, es decir como si Dios no existiera. Y por lo tanto cuando se suscitan discusiones que atañen al campo profeisonal de cada uno, si es que influye en el medio, es como especialista de esa profesión, pero no como católico (ya dijimos que el verdadero intelectual católico no es el que no posee un campo de estudio, sino el que, además de poseerlo y dominarlo, lo enfoca tomando en cuenta su fe).

Una tercera y última posibilidad es que los católicos simplemente no hemos estado a la altura de lo que sucede en el mundo del pensamiento en México. Este hecho no tiene nada de católico en sí. Ser católico no implica que tenga que renunciar a razonar y a influir en la cultura a mi alrededor, más bien al contrario, y de esto encontramos ejemplos fehacientes en muchos países del mundo donde los católicos han incidido decisivamente en el pensamiento, como el Movimiento de Oxford de finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo habría que analizar si los católicos nos hemos preparado lo suficiente, si conocemos a fondo nuestra profesión y además nos hemos empapado de la revelación y de la propia fe, si conocemos la doctrina católica sobre diversos temas (por ejemplo sobre lo social), si hemos reflexionado acerca de cómo se concreta esa doctrina en nuestra realidad temporal y, finalmente, si contamos con las herramientas académicas y argumentativas para comunicar, dialogar y, en suma, hacer que nuestra voz se oiga de manera clara. Si esta no fuera la única explicación, pero resultara también cierta, por sí misma abriría un reto para los jóvenes católicos de hoy.

La misión del católico entonces quedaría dibujada de la siguiente manera. Primero. Si es católico, debería vivir su fe, y para eso conocerla y saber qué metas plantea a la dimensión temporal en términos generales y, en particular, al campo de su profesión (economía, filosofía, derecho, biología, informática, etc.). En segundo lugar, debería reflexionar a fondo en su profesión y su campo a la luz de los objetivos que le plantea la fe y llegar a conclusiones concretas. En tercero, debería formarse adecuadamente no sólo en su fe ni sólo en su campo profesional, sino también en el de la comunicación eficaz para volverse capaz de traducir al lenguaje ordinario –entendible sobre todo para los que no comparten su fe- esas conclusiones, y de presentar argumentos racionales que las apoyen. Por último debería trabajar en equipo con otros pensadores para ir encontrando respuestas a los problemas, para compartir investigaciones y para llegar a medios de publicación.

(www.periodismocatolico.com

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 Sentimientos que refuerzan la libertad
Alfonso Aguiló

Desde muy antiguo se pensó que eran malos aquellos sentimientos que disminuyeran o anularan la libertad. Ésta fue la gran preocupación de la época griega, del pensamiento oriental y de muchas de las grandes religiones antiguas.

En todas las grandes tradiciones sapienciales de la humanidad nos encontramos con una advertencia sobre la importancia de educar la libertad del hombre ante sus deseos y sentimientos. Parece como si todas ellas hubieran experimentado, ya desde muy antiguo, que en el interior del hombre hay fuerzas centrífugas y solicitaciones contrapuestas que a veces pugnan violentamente entre sí.

Todas esas tradiciones hablan de la agitación de las pasiones; todas desean la paz de una conducta prudente, guiada por una razón que se impone sobre los deseos; todas apuntan hacia una libertad interior en el hombre, una libertad que no es un punto de partida sino una conquista que cada hombre ha de realizar. Cada hombre debe adquirir el dominio de sí mismo, imponiéndose la regla de la razón, y ése es el camino de lo que Aristóteles empezó a llamar virtud: la alegría y la felicidad vendrán como fruto de una vida conforme a la virtud.

Aristóteles comparaba al hombre arrastrado por la pasión con el que está dormido, loco o embriagado: son estados que indican debilidad, no saber controlar unas fuerzas que se apoderan del individuo y que son extrañas a él.

Hay sentimientos que
disminuyen nuestra libertad
y sentimientos que la refuerzan.

Porque, aunque es cierto que el hombre arrastrado por la pasión puede realizar acciones excelsas, también sabemos que puede cometer toda clase de barbaridades.

Como ha señalado José Antonio Marina, hay valores que sentimos espontáneamente, pero hay otros que, para reconocerlos, necesitamos pensarlos. Por ejemplo, el sediento percibe de modo inmediato lo atractivo, lo deseable y lo valioso del agua: es un valor sentido; sin embargo, el enfermo renal, que también necesita ingerir grandes cantidades de agua, ha de esforzarse por beber, y actúa pensando en un valor cuya valía quizá no siente: se trata de un valor pensado.

Y esto se repite de continuo en la vida diaria. Muchas veces, las cosas que antes habíamos percibido como valiosas se nos presentan después como una realidad fría y poco atractiva, despojada de esa viva implicación que otorgaba el sentimiento. Pero el valor permanece idéntico, aunque se haya oscurecido el sentir.

Sucede entonces que nuestro deseo de buscar el bien pone límites a los demás deseos. Y así entran en escena toda una serie de normas éticas que deben regular nuestros deseos.

O sea, es como una especie de limitación autoimpuesta, una restricción de unos deseos por otros de orden superior.

Sí, aunque los valores éticos no han de entenderse habitualmente como limitación; las más de las veces serán precisamente lo contrario: un vigoroso estímulo que generará o impulsará otros sentimientos (de generosidad, de valentía, de honradez, de perdón, etc.), que en ese momento serán necesarios o convenientes.

La ética no observa con recelo
a los sentimientos.

Se trata de construir sobre el fundamento firme de las exigencias de la dignidad del hombre, del respeto a sus derechos, de la sintonía con lo que exige su naturaleza y le es propio. Y el mejor estilo afectivo, el mejor carácter, será aquél que nos sitúe en una órbita más próxima a esa singular dignidad que al ser humano corresponde. En la medida que lo logremos, se nos hará más accesible la felicidad.

(www.fluvium.org

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EL SILENCIO DE DIOS

Cuenta una antigua Leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodillo ante la cruz y dijo: "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.
El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición." ¿Cual, Señor?, - preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? !Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!, - respondió el viejo ermitaño.

- Escucha: "suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre". Haakon contestó: "Os, lo prometo, Señor!" Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y este por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.

Pero un día, llego un rico, después de haber orado, dejo allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: !Dame la bolsa que me has robado!.

El joven sorprendido, replicó: ¡No he robado ninguna bolsa!. ¡No mientas, devuélvemela enseguida!. ¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa! , Afirmó el muchacho. El rico arremetió, furioso contra él.

Sonó entonces una voz fuerte: ¡Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenia prisa para emprender su viaje.
Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo: "Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio".

“Señor, - dijo Haakon - ¿Como iba a permitir esa injusticia?". Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz.

El Señor, siguió hablando: "Tu no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabias nada. Yo si. Por eso callo. Y el Señor nuevamente guardó silencio".
Muchas veces nos preguntamos ¿por qué razón Dios no nos contesta....? ¿Por qué razón se queda callado Dios?
Muchos de nosotros quisiéramos que El nos respondiera lo que deseamos oír pero... Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que, El sabe lo que está haciendo.
En su silencio nos dice con amor: ¡CONFIAD EN MI, QUE SE BIEN LO QUE DEBO HACER!

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 Lecturas del 3-10-07 (Miércoles de la Semana 26)

SANTORAL: San Francisco de Borja

Lectura del libro de Nehemías 2, 1-8

 En el mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes, siendo yo el encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey. Como nunca había estado triste en su presencia, el rey me preguntó: « ¿Por qué tienes esa cara tan triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige.»

 Yo experimenté una gran turbación, y dije al rey: «¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no voy a estar con la cara triste, si la ciudad donde están las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido consumidas por el fuego?»

 El rey me dijo: «¿Qué es lo que quieres?»

 Yo me encomendé al Dios del cielo, y le respondí: «Si es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya.»

 El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo: «¿Cuánto tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?» Al rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un plazo. Luego dije al rey: «Si el rey lo considera conveniente, se me podrían dar cartas para los gobernadores del otro lado del Eufrates, a fin de que me faciliten el viaje a Judá. También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las puertas de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la casa donde voy a vivir.»

 El rey me concedió todo eso, porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 136, 1-2. 3. 4-5. 6 (R.: 6a)

R. Que la lengua se me pegue al paladar

 si no me acordara de ti.

 Junto a los ríos de Babilonia,

 nos sentábamos a llorar,

 acordándonos de Sión.

 En los sauces de las orillas

 teníamos colgadas nuestras cítaras.  R.

 Allí nuestros carceleros

 nos pedían cantos,

 y nuestros opresores, alegría:

 «¡Canten para nosotros un canto de Sión!»  R.

 ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor

 en tierra extranjera?

 Si me olvidara de ti, Jerusalén,

 que se paralice mi mano derecha.  R.

 Que la lengua se me pegue al paladar

 si no me acordara de ti,

 si no pusiera a Jerusalén

 por encima de todas mis alegrías.  R.

X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 57-62

Mientras Jesús y sus discípulos iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»

Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»

Y dijo a otro: «Sígueme.» El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre.» Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios.»

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos.» Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.»

Palabra del Señor.

Reflexión

Nuestro Señor, en este pasaje del evangelio, expresa claramente las exigencias que comporta el seguirle. Ser cristiano no es tarea fácil ni cómoda.

La elección del Reino no admite dilaciones. Se ha inaugurado un tiempo nuevo, y en este tiempo el hombre debe hacer la gran opción de su vida.

Jesús exige un seguimiento incondicional que supere todas las dificultadas y que renuncie a todo lo que sea necesario para unirnos a El. Seguir a Cristo lleva consigo una entrega inmediata a lo que Jesús nos pide, porque esa llamada de seguir al Señor a su paso no admite quedarse atrás.

A Jesús lo seguimos de cerca o lo perdemos.

Cristo nació pobre y todo el que quiera seguirlo lo tendrá que hacer con absoluto desapego a los bienes materiales. Jesús no tiene dónde reclinar su cabeza no sólo porque está totalmente desprendido de los bienes de este mundo, sino también porque no lo atan ni los desvían los afectos de éste mundo y sólo le interesa cumplir la voluntad del Padre.

El que quiere seguir a Cristo, no sólo debe dejar de lado la ambición por los bienes superfluos, sino que además  debe dejar de inquietarse y preocuparse incluso por los bienes necesarios.

Y este llamado del Señor es para todos nosotros, y no solamente para quienes tengan una vocación sacerdotal o religiosa, como por error podríamos llegar a creer. Seguir a Jesús es ser su discípulo. Ocasionalmente las multitudes le siguen. Pero son los verdaderos discípulos los que le siguen de un modo permanente, siempre. De tal modo que existe una equivalencia entre “ser discípulo de Jesús” y “seguirle”. Por el hecho de ser bautizado, todo cristiano es llamado a ser plenamente discípulo del Señor.

Las palabras del Señor, cuando nos convoca a seguirlo, pueden parecen ser muy duras porque Jesús le impide a quien ha llamado, enterrar a su propio padre. Pero en realidad, Jesús no se refiere a la muerte física sino a la muerte espiritual.

Jesús nos enseña con sus palabras que los derechos de Dios sobre nosotros y sobre nuestra vida son superiores incluso a los derechos de nuestros mismos padres sobre nosotros.

Seguir a Jesús supone tomar el arado con trabajo, con esfuerzo y así hacer el trabajo en el campo de Dios.

Si se mira hacia atrás, no se puede arar, uno se distrae de la misión. Los antiguos israelitas, miraron hacia atrás y sufrieron varias veces la tentación de volver al país de la esclavitud. A Egipto.

Muchas veces nos va a pasar en nuestra vida, sobre todo cuando estamos trabajando para el Señor, que nuestra mirada está fija en los ideales que tenemos adelante, pero de pronto nos vemos tentados y miramos  hacia atrás.

Muchas veces vamos a mirar hacia atrás y vamos a necesitar que el Señor enderece nuestra mirada para que podamos arar correctamente.

Cuando miremos hacia atrás, pidamos perdón sinceramente al Señor, porque esa humildad de poder reconocer nuestra falla, nos va a hacer más aptos para seguirlo a El.

La fidelidad a la propia vocación nos lleva a responder a las llamadas que Dios nos hace a lo largo de nuestras vidas. Por lo general se trata de una fidelidad en las cosas pequeñas. De amar a Dios en el trabajo, en las alegrías y en las penas.

De rechazar con firmeza aquello que signifique de alguna manera mirar donde no podemos encontrar a Jesús.

Hoy vamos a pedirle hoy  a María, que cuando el Señor llama, no busquemos excusas y le sigamos.

Tu, a quien he buscado, Señor,

en este día,

a quien he escuchado,

dame el reposo de esta noche.

Tu, a quien he cantado, Señor,

en este día,

a quien he orado,

dame el reposo de esta noche.

Tu, a quien yo he negado, Señor,

en este día,

a quien he amado,

dame el reposo de esta noche. Amen.

Himno de la Liturgia de las Horas

SANTORAL: San Francisco de Borja, Presbítero (1510-1572)

Nació en Gandía (España) en 1510, en el seno de una familia ducal. Desempeñó importantes cargos políticos en la corte del emperador Carlos V. Casado y con ocho hijos, supo vivir ejemplarmente en palacio. Sufrió una transformación interior ante el cadáver de la emperatriz Isabel que le llevó a despreciar las vanidades de la corte. Fallecida su esposa en 1546, entró en la Compañía de Jesús de la que llegó a ser superior general, gobernándola humilde, sabia y santamente e impulsó notablemente la expansión misionera. Murió en Roma el 1 de Octubre de 1572 y fue canonizado en 1671.

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